CAPITULO 47:
-Por supuesto que confío en vos... con una sola excepción -añadió Pablo sin vacilar-. Y no creo que haga falta que volvamos a discutir sobre esa excepción nunca mas.
Lali respiró hondo. Lo único que tenía realmente era una derrota frente a Eugenia. Sin embargo no podía insistir en sus acusaciones, no quería destruir su matrimonio antes incluso de que hubiera empezado. Eugenia ya se estaba ocupando de ello, y con éxito. ¿Cómo iba a enfrentarse a ella sin pruebas? ¿Acaso debía humillarse y pedirle a Rocio que repitiera ante Pablo lo que había oído? Lo cierto era que ningún comentario probaría nunca todas sus
acusaciones contra Eugenia.
-Y en cuanto a los diarios mis abogados me han dicho que puedo demandarlos, y eso es exactamente lo que voy a hacer -continuó Pablo.
-¿Para qué molestarte? -preguntó Lali temblorosa, involuntariamente.
-Si alguien te ataca a vos es como si me atacara a mí. Tu reputación está en entredicho, te defenderé.
-Pues no te sientas obligado a hacerlo por mí - musitó Lali-. Ya sabes lo que dicen, a palabras necias..
.
-Tendrán que retractarse en privado de todo, y publicarlo después -continuó Pablo mirando de pronto el delicado perfil de Lali-. Y tendrán que revelarme además su fuente de información.
Lali levantó la cabeza esperanzada, pero luego volvió a bajar la mirada.
-Los periodistas jamás revelan sus fuentes -comentó.
-Te sorprendería saber lo que son capaces de hacer a puerta cerrada cuando se ejerce sobre ellos la suficiente presión -aseguró Pablo-. ¿Cómo te encuentras?
-Creo que... me gustaría estar sola -confesó Lali. Pablo se puso tenso-. Lo siento, es lo único que quiero - añadió Lali apartándose lentamente y poniéndose en pie- .Iré a dar un paseo.
-Iré con vos.
-No.
Lali pudo observar la frustración de Pablo. Lo amaba, y mucho. De no ser así no hubiera sentido aquel dolor. Sin embargo necesitaba
tiempo para calmarse y asimilar lo ocurrido. Lali tomó el sendero que llevaba a la casita de invitados. En cuanto llegó a la playa de arena se quitó los zapatos y caminó hasta la orilla. El sol brillaba produciendo fuertes reflejos sobre el agua. Hacía más calor que en su última visita, pero eso le encantaba. Aquel sol parecía capaz de acabar con sus estremecimientos.
Aquél era el primer día de su luna de miel, y sin embargo Eugenia había conseguido separarlos prácticamente. Pablo estaba ofendido, y ella se había convertido en su talón de Aquiles. Él era un hombre orgulloso, y Lali no tenía deseos de que dejara de serIo. No obstante habían tenido otra discusión que no los llevaría a ninguna parte. ¿Cuántas más podría soportar su matrimonio antes de que Pablo decidiera que no tenían futuro?
Lali había llegado lejos cuando vio a Pablo acercarse por la playa con una cesta de picnic.
-Te pedí que me dejaras sola -le recordó Lali con suavidad.
-Llevas ya tres horas sola, pethi mou. Ahora tenes que comer -contestó él sosteniendo su mirada.
-¿Y eso lo sabes porque lo has leído en el libro que te dio Gaston?
-Quería estar con vos , ¿acaso es un crimen?
-No, yo también quería estar con vos -concedió Lali.
-Pero no lo suficiente como para volver a la villa.
-Tengo que admitir que, a veces, me gusta que me persigas -admitió Lali, suspirando.
-Nunca había conocido a ninguna mujer que estuviera dispuesta a confesar algo así -comentó Pablo extrañado,riendo.
-No seas tonto, Pablo. Yo puedo admitirlo porque estamos casados.
La sonrisa de Pablo emocionó a Lali, que finalmente tomó una decisión. Quizá su marido fuera incapaz de reconocer la malicia de Eugenia, pero los hombres en general tardaban en notar las artimañas femeninas, y aquella contrincante era muy inteligente. Y lo más importante de todo, Pablo parecía feliz casado con ella. No parecía un hombre triste o desesperanzado por haber tenido que renunciar a la mujer a la que amaba. ¿O acaso era mucho más práctico de lo que pensaba?
-¿En qué estás pensando? -preguntó Pablo.
-En vos
-Pues tu expresión no era muy amable...
-Sólo pensaba en que me gustaría que nuestro matrimonio durara para siempre.
Toda la tensión entre ambos desapareció. Pablo podía regocijarse de comprobar que su mujer lo tenía siempre en el pensamiento, y en efecto aquello pareció agradarle. Lali observó la sonrisa que curvaba sus labios. Sólo entonces se dio cuenta de que él era el centro de su vida. Aunque quizá no fuera una buena idea hacérselo saber.
-Hoy en día hay que trabajar duro para mantener un matrimonio a flote -añadió ella.
-Pero nosotros no tenemos ningún problema - afirmó Pablo.
Lali echó un vistazo a la cesta del picnic y reprimió una sonrisa. Pablo se había apresurado mucho a negar que tuvieran algún problema. Pero después de que él descargara su ira culpándola por
el artículo del diario, ¿qué otro daño podía causarles Eugenia?
-Mi reacción ante ese artículo ha sido exagerada - se disculpó Pablo.
-¿En serio?
-También hay escándalos entre mis antepasados - aseguró Pablo.
-Basta ya, no trates de hacerme sentirme mejor.
-Mi abuelo fue desheredado temporalmente por casarse con mi abuela.
-¿La hermana de Polly y de Lefki? -preguntó Lali sorprendida-. ¡Por el amor de Dios! ¿Y por qué?
-Era una chica de la isla. Su padre era... -Pablo vaciló-. Bueno, cuidaba cabras.
-¿Que cuidaba cabras? -repitió LAli, incrédula.
-Pero no vayas por ahí contándolo... -advirtió Pablo
.
LAli fue incapaz de decir nada durante unos segundos. Recordaba haber comparado a Pablo con un pastor de cabras. De pronto se echó a reír a carcajadas y se dejó caer sobre la arena
.
-Lo siento, Pablo, es que es... tan divertido.
-Sabía que podía confiar en vos -aseguró Pabloio inclinándose sobre ella y contemplando su sonrisa y sus ojos brillantes.
LAli se estremeció. Sus dedos siguieron la línea que dibujaba la masculina mandíbula.
-¿Tenes mucha hambre? -preguntó ella en un susurro.
Pablo gimió produciendo un sonido ronco y masculino y se tumbó sobre ella. Su boca se posó sobre la de Lali invadiéndola sensualmente y contestando a la pregunta.
CAPITULO 48:
Dias despues..
Lali había visto la sauna y el gimnasio de la planta baja de la enorme mansión, y se disponía a inspeccionar la piscina cubierta.
-Creo que esta casa te gusta -murmuró Pablo.
-Sí, me gusta más al natural que en el vídeo que nos mandó el agente -aseguró Lali.
-Entonces lo único que tenemos que hacer es mudarnos.
-¿A vos también te gusta? - preguntó ella girándose hacia él.
-Tiene de todo, así que la compramos.
-¡Será una casa maravillosa para nuestra familia! - exclamó Lali arrojándose a sus brazos-. No irás a comprarla sólo por mí, ¿verdad?
-¿Me crees capaz de una cosa así?
-Sí -suspiró Lali-. Pero es aquí donde vamos a vivir, y por eso es importante que te guste tanto como a mí. Así que decime, ¿qué te parece?
-Será una buena inversión -contestó Pablo encogiéndose de hombros. Lali gruñó-. Y la localización es excelente...
-¡PAblo!
Pablo la estrechó entre sus brazos dejando que la expresión seria de su rostro se desvaneciera.
-Saltas por cualquier cosa, señora Martinez. Me encanta la casa, ¿de acuerdo?
-Siento haberte arrastrado a ver todas las demás, temía que hubiera alguna que valiera la pena. En realidad en cuanto vi ésta en el vídeo supe que era exactamente lo que quería, por eso la dejé para
el final.
Lali subió a la limusina en estado de éxtasis. Llevaban casados un mes. Habían pasado tres gloriosas semanas en Chindos, y Lali se sentía tan feliz que creía vivir en el paraíso. Al principio había temido que la vuelta a Buenos Aires acabara con la magia de su matrimonio, pero nada había cambiado a pesar de estar Pablo tan ocupado.
Aquella noche, en el departamento del ático, Pablo salió del baño con el cabello mojado y una toalla enrollada en las caderas.
-Lali... tengo que decirte algo.
Lali se sentó en la cama y sonrió.
-¿Ocurre algo?
-No, no ocurre nada malo -aseguró Pablo-. Mañana por la mañana volaré a París a ver a Eugenia -Lali parpadeó-. Naturalmente, espero que eso no sea un problema entre nosotros dos. Yo soy quien le lleva todos sus intereses financieros desde que su padre murió.
Lali se quedó helada ante aquella nueva revelación.
-¿Y por qué no me lo habías dicho antes?
-Para ser sinceros no creo que eso tenga relación con vos, es una responsabilidad que acepté mucho antes de conocerte - Lali se puso pálida. Aquello no era sinceridad, era sencillamente brutalidad.
Pablo, impaciente, dejó escapar el aire contenido-. Quiero que seas sensata, yo veo a Eugenia con regularidad...
-¿Sensata?
Su marido se veía regularmente con su peor enemigo. Y ella tenía que mostrarse sensata. Pablo se acercó a la cama y se sentó. Luego la tomó de la mano, pero Lali la apartó.
-¿Es que no puedes comportarte como un adulto? - la censuró él poniéndose en pie - . Comprendo que te sintieras insegura al principio, cuando nos casamos...
-¡Qué sensible!
-Pero ya has tenido tiempo de...
-¿Te parece?
-Lo que a mí me parece es que no tenes alternativa - soltó Pablo de pronto mirándola con ojos helados.
-Siempre hay una alternativa, Pablo.
-En este caso no -la contradijo él-. Seguiré llevandolos asuntos financieros de Eugenia mientras ella lo desee, así que voy a seguir viéndola. Es así, y vos debes aceptarlo.
-Pues es algo que no puedo aceptar -aseguró Lali levantando la cabeza bien alta, con las mejillas coloradas, furiosa de pronto consigo misma -. ¡Qué estúpida he sido! Toda mi vida he vivido sola, y ahora... pero quería que nuestro matrimonio funcionara, que no nos separáramos nunca...
-¿Qué estás tratando de decirme?
-Te niegas a aceptar que Eugenia me amenazó y trató de hacerme chantaje para que abortara, ¿verdad?
-¡Por favor, basta ya, no insistas en esa estupidez!
-No me crees. Muy bien. Perfecto -contestó Lali dando un piña en la almohada y acostándose-. Es bueno saber dónde está tu lealtad, Pablo, saber que te casaste conmigo pensando que era una
mentirosa...
-Pero una mentirosa muy linda... -susurró Pablo con voz suave y amable.
-¡No bromees con las cosas importantes! -lo censuró LAli-. Si te vas a París yo me voy.
-De ningún modo vas a marcharte...
-¡Por supuesto que sí! Confías en ella más de lo que confías en mí, así que ésa es tu elección - respondió Lali con amargura -.¡O te deshaces de ella o yo me voy! ¡No te quiero si no puedes
darme siquiera una centésima de tu lealtad!
-No hay problema -contestó Pablo en voz baja. Lali lo escuchó alejarse de la habitación. Entonces se levantó de la cama, abrió la puerta y gritó:
-¡Lo digo en serio, Pablo!
PAblo se volvió hacia ella y la miró con ojos airados.
-Haz lo que te de la gana, yo me voy mañana a París, y no pienso darme prisa en volver.
-Pablo... no estoy mintiendo. Escúchame...
-¡No, escúchame vos a mí! No sos mi dueña, no puedes decirme lo que tengo que hacer, a dónde tengo que ir ni con quién. ¿Has comprendido bien eso? ¡Cuando hayas logrado controlar ese ataque de celos llámame! Pero no tardes demasiado, al fin
y al cabo Eugenia es mucho más de lo que sos vos - murmuró Pablo despectivo.
Lali sintió que el color y la ira se desvanecían de sus mejillas. Pablo juró en griego y se volvió hacia ella, pero Lali le cerró la puerta en las narices echando el pestillo.
-¡Lali, abrí la puerta!
Las lágrimas resbalaron por las mejillas de Lali, que se hizo un bollito en la cama. «Eugenia es mucho más de lo que sos vos», repitió Lali en silencio.Por fin Pablo había revelado sus sentimientos en un momento de ira, y las comparaciones que seguía estableciendo la herían terriblemente. «Es más importante escoger a una compañera con inteligencia», había dicho él en una ocasión. ¿Y qué había de inteligente en su precipitada boda?, se preguntó Lali sollozando en la cama.
Durante las últimas semanas él había fingido ser feliz, y lo
había hecho a la perfección. Pero en el fondo de su corazón Pablo sabía que ella no era más que la peor alternativa. Y Lali no podía vivir con él así...

k raro entrar y no ver comentarios.
ResponderEliminarCulpa tuya .Ahora los hago en el foro.
Tengo k decirte k me lío ,un poco todavía ,no se cuando subis los caps ,y tengo k repasar toda la lista ,y si tengo suerte habéis subido .
Besos