sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 45 y 46: "En el lugar equivocado"



CAPITULO 45:

Pero era demasiado tarde. Lali se había acercado al diario lo suficiente como para reconocer una fotografía de su boda junto a otras más pequeñas, y entre ellas una de su padre, Salvador Rinaldi, saliendo de un Mercedes. Era la primera vez que Lali lo veía en el plazo de cinco años.

-No creo que debas de leer esto, te vas a poner furiosa -dijo Pablo soltando el aire contenido.

Lali se quedó mirando el diario atónita. Había una foto de la humilde calle en la que ella había nacido y se había criado. Y debajo ponía: «Desde la pobreza... hasta más allá de la avaricia. ¿Cómo? ¡Con un bebé de un millón de dólares!»

-¡Oh, no... -exclamó Lali temblando y sintiendo náuseas debido al shock y a la humillación por lo que todo el mundo leería esa mañana.

-No es precisamente el modo en el que me hubiera gustado anunciar la llegada de nuestro primer hijo -comentó Pablo en voz baja y cargada, apenas contenida.

-No...

-Si me hubieras avisado de cuánto escándalo había en tu pasado quizá habría podido protegerte y ocultar al menos una parte.

Lali se estremeció al escuchar cierta censura en el tono de voz de Pablo, pero al leer el artículo no pudo reprochárselo. Resultaba nauseabundo. Habían incluido en él toda la cruda verdad, pero también un montón de mentiras y de exageraciones.

-Para empezar ni siquiera tenía idea de que tu  madre y vos estuvieran casi marginadas en la ciudad en la que vivíais.

-Pablo... era una ciudad muy pequeña, y mi madre era una madre soltera... no era aceptable para la gente - contestó Lali aclarándose la garganta, a punto de llorar-. Y mi abuelo murió debiendo un montón de dinero a los comercios locales. Es imposible que contara con la simpatía de la gente en esas circunstancias. Además, cuando los vecinos veían a mi padre... bueno, todo el mundo  sabía que estaba casado.

-¿Por qué no me dijiste que tu padre rechazó a tu madre y se casó con una secretaria joven al poco de morir su primera esposa? -inquirió Pablo
.
Pablo parecía concentrarse en sus tristes antecedentes más que en las ofensas y crueles comentarios sobre su situación actual. Decían de ella que era una cazafortunas que había conseguido echarle el lazo a un hombre rico y que se había aferrado a él con las dos manos. Aquello la ponía enferma.

-Lali... -insistió Pablo.

-Bueno, para ser sinceros... no es algo que me guste recordar precisamente - tartamudeó Lali herida -. Mi padre ni siquiera se molestó en decirle a mi madre que había otra mujer en su vida, ella se enteró por los diarios. Y se quedó destrozada.

-Sí, pero yo hubiera preferido saber por vos que se quitó la vida.

-¡Eso no es cierto! -gritó Lali volviéndose hacia él temblorosa y enfadada-. Estaba tomando medicamentos para la depresión, vivía en su pequeño mundo interior. Un día salió a la calle y llegó a un cruce casi sin mirar, y fue entonces cuando la atropellaron.

Pablo la observó con ojos ardientes y puños cerrados.

-Vos entonces tenías dieciséis años. ¿Cómo te las arreglaste sola siendo tan pequeña?

-Mi adorado padre mandó a su abogado para que arreglara todo lo del funeral. Él no asistió, por supuesto.

-Y luego, ¿qué? ¿Por qué dejaste el colegio?

-¿Qué otra alternativa tenía? -preguntó a su vez Lali sorprendida.

-Tu padre debería de haberse asegurado al menos de que completaras tu educación...

-¿Y por qué iba a hacerlo después de pasarse dieciséis años demostrándome que yo no significaba nada para él? Tenía miedo de que su mujer descubriera mi existencia y lo echara de casa. Todo el dinero era de ella -explicó Lali.

-¿Entonces qué hiciste cuando murió tu madre?

-Vivíamos en un piso de alquiler, así que lo vendí todo y me marché a Buenos Aires. Estuve en un albergue hasta que encontré un empleo con el señor Barry. Y al año siguiente él me ofreció la casa de encima de la librería. Pablo, ¿por qué estamos hablando de mi infancia? -preguntó Lali observándolo irritada-. Yo nunca te he contado ninguna mentira. Quizá no te contara todos los detalles, pero no te he ofendido.

-En este momento desearía estrangularte -confesó Pablo con ojos brillantes-. Preferiría hablar de otra cosa, quizá así vaya calmándome.

Lali frunció el ceño llena de confusión. ¿Acaso la culpaba a ella por el artículo? ¿Pero cómo podía hacer algo así? Lali finalmente se lo preguntó, segura de haberlo interpretado mal.

-¡Por supuesto que te culpo! -replicó Pablo lleno de ira ante una pregunta que evidentemente consideraba estúpida.

-Pero... ¿por que?

-Te han seguido la pista, Lali. Si ahora mi imagen no es buena es porque vos, con tu falta de discreción, nos has traído toda esta infamia a los dos.

-¿Falta de discreción? -repitió LAli pálida.

-¡Gaston ni siquiera le contó a Rocio que estabas embarazada! Sabe que su mujer es una cotorra. Y ahora yo me entero de que mi mujer no sabe guardar un secreto. ¿A cuánta gente has ido contándole que estás embarazada?

-¡A nadie!

-No puede ser, se lo tienes que haber dicho a alguien, pongo la mano en el fuego por Gaston. La prensa nunca habría podido enterarse de todo esto tan deprisa si no hubiera sido porque ha salido de tu boca.

Lali recordó entonces haberle dicho a Peter que esperaba un niño e, inmediatamente, se ruborizó. Pablo la observaba atento, sin perder detalle. Pero la mente de Lali siguió reflexionando acelerada. Peter conocía su embarazo, pero no sabía nada sobre su infancia. De pronto se quedó inmóvil y lo comprendió todo de súbito. No podía creer que hubiera sido tan estúpida como para no adivinar antes quién estaba detrás de todo.

-¿A quién? LAli, quiero una confesión completa. Sólo entonces me calmaré -añadió Pablo haciendo una promesa poco seguro de cumplirla.

Lali lo observó en silencio. Si decía el nombre de la persona que, de hecho, era ya terreno peligroso dentro de su relación, Pablo estallaría. Sin embargo tenía que defenderse.




CAPITULO 46

-Lali... -insistió Pablo.

-¿Quieres de verdad saber quién creo que está detrás de todo esto? -preguntó Lali tragando-. En mi opinión la candidata más probable es Eugenia -Pablo se quedó mirándola con ojos extrañados, como si pensara que estaba loca - Tiene que haber sido ella, lo sabía todo de mi infancia, y me odia... -continuó Lali valiente.

-¿Pero es que has perdido el juicio? -preguntó Pablo furioso, casi suplicante.

-Si te sirve de consuelo te diré que Eugenia te ha utilizado a vos también -añadió LAli incapaz de seguir escogiendo cuidadosamente las palabras-. Me dijo que era fácil hacerte sentirte violento, que te revolverías contra mí.

-Estás tan devorada por los celos que ni siquiera puedes ver las cosas con objetividad, y mucho menos aún pensar con racionalidad...

-En este preciso instante no estoy celosa, Pablo - declaró Lali levantando el mentón-. Si Eugenia cruzara ahora esa puerta te avisaría de su visita sin rechistar.

-¡Ya basta! -gritó Pablo.

-¡No he terminado! -exclamó Lali, cuya ira aumentaba al tiempo que la de él, inexplicablemente, parecía menguar-. ¡Te la mereces! ¡Desearía que te hubieras casado con ella! ¡Te habrías congelado en tu noche de bodas!

Pablo respiró profundamente, despacio, y luego dijo:
-Creo que ha llegado el momento en el que la luna de miel acaba mal.

-No te soporto más, ni a vos ni a esa arpía -respondió Lali.

-Mala suerte -dijo Pablo con extrema tranquilidad.

-¿Qué quieres decir con eso de mala suerte? -inquirió Lali extrañada ante el cambio de actitud.

-Sos mi mujer y no vas a marcharte a ninguna parte. De hecho, mientras demuestres que sigues teniéndole esa manía a Eugenia, te quedarás en la isla. Tengo que confesar que temblaba literalmente ante la idea de que ustedes dos se encontraran. ¡Pero mírate! ¡Si estás casi saltando de rabia!

-¿Y qué esperabas? -gritó Lali con voz rota.

Pablo puso un brazo decidido alrededor de su temblorosa figura.

-Esto no es bueno para el niño...

-¡Quítame las manos de encima!

-¡Pero si apenas sos capaz de controlarte! Esto tiene que ser tu nivel de hormonas -decidió Pablo observándola con gravedad, aliviado de encontrar una explicación satisfactoria.

-¿Mi... nivel de hormonas? -susurró Lali.

-En los primeros estadios del embarazo las mujeres son propensas a cambios emocionales que pueden requerir un apoyo y una comprensión extra por parte de los demás -Lali abrió la boca
atónita ante aquel comentario erudito-. He sido demasiado duro con vos - añadió obligándola a sentarse en el sofá.

-Pablo... ¿a qué demonios estás jugando?

-Te has alterado mucho al ver ese artículo -explicó Pablo sentándose a su lado-. Hubiera debido de ser más benevolente contigo, aunque le hubieras dicho que estabas embarazada a toda la plantilla del edificio .

-Bueno, ¿y qué?

-¡Me he puesto tan furioso al ver cómo te atacaban en la prensa! -continuó Pablo atrayéndola hacia sí y estrechándola-. ¡Y saber todo lo que has tenido que pasar, desde tan pequeña, con esos padres tan egoístas! Eso me ha alterado mucho, desde luego. Pero gracias a Dios al hablarme de Eugenia he comprendido que esto se nos estaba escapando de las manos.

-No puedo vivir con vos si no confías en mí.


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