jueves, 27 de marzo de 2014

Capítulo 43 y 44: "En el lugar equivocado"



CAPITULO 43:

 Entonces  Lali hizo un enorme esfuerzo.

-Está bien - sonrió tensa -. Ella ha sido parte de tu vida durante mucho tiempo, lo comprendo...

-Siempre había creído tener tacto hasta el momento en que te conocí -confesó Pablo llegando a la puerta.

-Bueno, es todo ese peloteo que te rodea lo que te ha confundido siempre -contestó Lali.

-No, no es eso, sos vos -la contradijo él-. Estoy tan acostumbrado a oírte decir lo que piensas en cada momento que cuando estoy con vos me relajo.

-Eso es bueno -respondió LAli.

Al menos debía de serIo casi siempre, se corrigió en silencio. Sin embargo en aquel momento la comparación la hería. No sólo por su trivialidad, sino porque significaba que Pablo tenía a Eugenia en
mente incluso el día de su boda. Al entrar en el hall Pablo la hizo volver a la realidad.

-Me temo que tenemos compañía -suspiró.

Dos diminutas damas, bien entradas en años y casi con idéntico rostro y sonrisa, los esperaban en el salón. Lali creía haberlas visto antes, vestidas de negro, en el funeral del padre de Pablo. Él las saludó en griego, dejó a Lali en el suelo descalza y le presentó a las hermanas gemelas de su abuela: Polly y Lefki.

-Pablo no tiene madre que pueda darte la bienvenida -dijo Polly en inglés, con un pesado acento-. Por eso hemos venido a dártela nosotras.

-A darte la bienvenida -repitió Letki contenta.

-Lefki, eso ya lo he dicho yo -la reprendió su hermana.

-Pero no vamos a quedarnos mucho tiempo - añadió Lefki mirando a su hermana.

Lali no pudo evitar reir.
Una abundante cena los esperaba en el salón. Polly y Lefki se sentaron juntas en un sofá. Eran tan pequeñas que los pies ni siquiera les llegaban al suelo. Discutieron entre ellas y, entre disputa y disputa, presionaron a Pablo para que comiera. Su amor hacia él era evidente. Cuando finalmente se marcharon Pablo la miró y se disculpó:

-Lo siento. Polly y Lefki viven en la isla, y nunca han salido de ella. Comprendo que para mucha gente resultan excéntricas, salen poco de casa.

-No, no te disculpes, yo las encuentro encantadoras.

-Me alegro -contestó Pablo guiándola por las amplias escaleras y enseñándole un fabuloso dormitorio amueblado con opulencia donde comenzó a quitarse la chaqueta y la corbata.

Observar a Pablo desnudarse le cortó la respiración. LAli se quedó paralizada. Los ojos de ambos se encontraron llenos de brillo sensual. Lali sintió que el corazón le galopaba. Desnudo, con aquel vello negro y brillante que era toda una fiesta para los sentidos, Pablo se acercó a ella a grandes pasos. Luego le desabrochó los botones de la chaqueta uno a uno y se la deslizó por los hombros.

-Quiero volverte loca de pasión -dijo él con voz ronca.

-Eso ya lo ha hecho mi imaginación... -confesó Lali

Pablo le desabrochó el corpiño y curvó las manos para abrazar sus pechos llenos. Sonrió satisfecho al oírla jadear y rozó con los dedos los sensibles pezones. Y de pronto la empujó suavemente sobre la cama y se tumbó sobre ella. La boca de Pablo ardía sobre uno de aquellos pechos, su lengua era como lava. Una fiera respuesta provocó en ella gemidos y labios abiertos.

Pablo levantó la cabeza con ojos hambrientos, crudos. Se apartó ligeramente y le quitó la pollera y el resto de la ropa con manos impacientes. Sus ojos recorrían aquella desnudez sin ocultar su deseo. Lali se sintió arder.

-Sos tan perfecta que... tengo que tomar una ducha para tranquilizarme -confesó Pablo.

-Yo también.

Lali se apoyó sobre Pablo bajo la cascada de agua en la ducha. Su cuerpo estaba débil y hambriento, pero su mente seguía tensa. No seguiría siendo perfecta durante mucho tiempo. Sus pechos, de
hecho, estaban ya más llenos. Pronto el bebé haría magia con la esbelta figura que tanto le gustaba a Pablo. Perdería la cintura, se le hincharía el vientre. ¿Seguiría Pablo encontrándola atractiva entonces?

-Dentro de unos meses pareceré un balón - musitó LAli impotente, incapaz de callar ante su temor.

-Hmm... -suspiró Pablo deslizando una mano por aquel estómago aún plano y jugando con los dedos-. Espero ese día con impaciencia.

-¿Lo esperas con impaciencia? -repitió Lali débilmente.



CAPITULO 44:

Pablo se sentó en el asiento de la ducha y tiró de Lali para sentarla encima. Ladeó la cabeza hacia atrás y dejó que las gotas de agua cayeran en todas direcciones sobre él antes de abrir los ojos y mirar de nuevo a Lali. Una sonrisa amplia curvaba sus sensuales labios.

-Supongo que debe de ser un sentimiento masculino, agape mou. Tenes a mi hijo dentro de ti, y eso me vuelve loco de excitación.

-¿En serio? -preguntó Lali mirándolo perpleja.

Pablo, con ojos brillantes como el oro, levantó a Lali para volver a sentarla a horcajadas sobre él. Y observó divertido la reacción de ella al sentir su erección.

-¡Oh...!

Lali se quedó de pronto sin respiración. Su cuerpo reaccionó con un violento entusiasmo al de él. Pablo la tomó de la cabeza y besó sus labios apasionadamente, con brevedad pero con hambre, excitándola al máximo.

-Así que.. ¿qué crees que podemos hacer al respecto? -preguntó él con voz ronca.

-Lo que quieras - susurró ella apenas capaz de mantener un hilo de voz.

Pablo rió, gimió de satisfacción. Y se tomó sus palabras al pie de la letra. La urgencia de aquel deseo excitó y dejó perpleja a un tiempo a Lali. Tras el clímax Pablo la secó con una toalla disculpándose y riendo a carcajadas al mismo tiempo.

-No le digas nunca a nadie que consumamos nuestro matrimonio en la ducha -respiró él-. ¡No podría mantener la cabeza alta nunca más!

-¿Y porqué?

-Hubiera debido de ser más romántico -contestó él posándola sobre la magnífica cama-. Al fin y al cabo es nuestra noche de bodas -le recordó con un brillo en los ojos-. Es que sólo de pensar en que iba
a hacer el amor con vos y sin ninguna protección por primera vez en mi vida me ha puesto... a tono.

-Pues por mí perfecto que te pongas a tono -le confió Lali riendo sofocadamente y alargando los brazos para atraerlo hacia sí.

-Me gusta esto, me gusta que riamos incluso en la cama. Nunca antes había estado así -sonrió Pablo.

LAli se despertó hacia el amanecer. Deambuló medio dormida por el baño y se quedó un rato contemplando a Pablo mientras dormía. Por un segundo no pudo creer que fuera su marido. Se retiró el pelo de la frente y sonrió. Los miedos que habían atenazado su corazón la noche anterior le parecieron de pronto exagerados y remotos.
Su cuerpo clamaba por el de él. Y él la deseaba a ella, no sólo al bebé. Ni siquiera el embarazo había conseguido enfriar su deseo. Y si sólo se hubiera casado por honor nunca habría mostrado tanto entusiasmo como amante. Pablo se había pasado la noche entera demostrándole, una y otra vez, que la encontraba deseable. Le había restaurado su confianza en sí misma. Lali se deslizó en la cama al lado de Pablo suspirando. Se sentía increíblemente feliz.

Una sonriente sirvienta la despertó a la mañana siguiente al abrir las cortinas. Eran más de las once, y Pablo no estaba. Lali no podía creer que hubiera dormido tanto. Le llevaron el desayuno a la cama en una bandeja. Se sentía como una reina. Tras el desayuno, LAli se miró al espejo y se apresuró a ducharse. Cuando terminó de secarse el pelo y de maquillarse se encontró con que alguien había deshecho su equipaje y guardado su ropa en el enorme vestidor.
Se había comprado ropa de sport justo antes de la boda, así que se puso un vestido nuevo y bajó las escaleras.

Entonces escuchó la voz de Pablo. Hablaba en voz alta, casi a gritos. ¿Estaría enfadado? Un hombre salió apresuradamente de una habitación hasta el hall. Miró a Lali, se ruborizó y dijo algo en griego antes de marcharse. LAli frunció el ceño.

Pablo estaba en un despacho hablando por teléfono. Hablaba en griego y recorría la habitación furioso de un lado a otro. Lali se quedó observándolo desde la puerta, y tras unos instantes sus ojos se desviaron hacia un diario desplegado sobre la mesa. Era un diario inglés. Pablo colgó el teléfono y se dio la vuelta. Entonces la vio.
-Cristos... ¿qué estás haciendo vos aquí? -preguntó desconcertado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario