domingo, 16 de marzo de 2014

Capítulo 31 y 32: "En el lugar equivocado"



Holaa chicas les traigo por fin nuevos capis, tenganle paciencia a Pablito no se le  da del todo  bien lo de expresar lo que que siente me parece jajaja, pasen por mi otro blog que acabo de subir el final, besos

PD: chicas les pido un favor plis podrian ustedes familiarizarse con este foro?? http://www.artelenovelas.com.ar/foro/viewforum.php?f=29    asi seria mas facil para mi subir ya que tengo lectoras aca y aya, por supuesto esta nove la terminaria aca pero la ventaja de subir alla es que puedo subir mas de dos noves y la ventaja para ustedes es que pueden leer no solo mi nove si no muchas mas pablalis y demas que estan buenisimas, es facil crearse el usuario y despues solo guardan el favorito la pagina de fics y siempren entran directamente tambien es facil de comentar prueben y me cuentan que onda , si no se acostumbran y demas no hay drama puedo seguir con estos dos blogs y subir de dos en dos las noves


PD2 : Chari te agende en el cel , viste para avisarte como me dijiste pero no te pregunte si tenes wasap?? que seria mas facil para mi jaja porque no me aparece


CAPITULO 31:

Y de pronto pareció tomar una decisión. Tomó las manos de ella y la estrechó entre sus brazos. Y poseyó su boca con crudó, ardiente anhelo. Lali jadeó. Después él comenzó a quitarle el resto de la
ropa.

-Te quiero toda entera -dijo él haciéndola recostarse sobre las almohadas y dejando que sus seguras manos acariciaran los sensibles pechos de ella -. Pero con tranquilidad, pethi mou. Lali
sintió una excitación recorrer todo su cuerpo incluso antes de que él acariciara sus prominentes pezones. Sólo pudo gemir y jadear y levantarse para tirar de él y volver a besarlo en la sensual boca. Dejó que sus dedos se detuvieran en el estómago plano mientras sentía cómo los músculos del torso de Pablo se tensaban al acariciarle el vello.
Pablo sonrió al ver la audacia que mostraba Lali y se tumbó para observarla con ojos brillantes, dejando que lo explorara. Y después la atrajo a sus brazos con lento erotismo y le enseñó lo que más le
gustaba. Lali, tensa e insegura como estaba, se dejó llevar por una intensa necesidad de darle placer.

-Basta -gimió Pablo al poco rato, levantándola con poderosos brazos para besarla apenas sin aliento y escrutar su rostro-. Aprendes demasiado deprisa.

-¿En serio? -preguntó Lali temblorosa. Se apoyó sobre el torso plano de él y se dejó llevar por los besos. Pablo rodó por la cama y comenzó a acariciarla hasta volverla loca. Nada existía para ella excepto Pablo y aquella tumultuosa necesidad que la poseía.

-Por favor... -jadeó ella impotente. Pablo, se deslizó entre sus muslos abiertos y la penetró con un gruñido terrenal de satisfacción. 

Aquello le causó a Lali una intensa sensación de placer. El se movía deprisa, llegaba a lo más hondo. Cada embestida de él la hacía arder como fuego líquido. Lali se colgó de él abandonándose salvajemente, estaba fuera de sí mucho antes de que él la condujera al clímax. Y cuando volvió en sí fue con lágrimas en los ojos y llena de extrañeza.

-Me haces sentirme tan especial... -susurró con voz trémula comprendiendo que se sentía así por primera vez en su vida. Justo entonces sonó el teléfono-. No contestes.

-Estoy esperando una llamada -respondió Pablo rodando por la cama para levantar el auricular.

LAli lo observó hablar y, aunque no veía sus ojos, sintió de pronto una distancia entre ellos. Él hablaba en griego, y sus facciones estaban tensas. Segundos más tarde colgó.

-Voy a tomar una ducha, y luego puede que trabaje un poco -anunció él-. Trata de dormir, Lali.

-¿Qué ocurre? -preguntó Lali al verlo levantarse de la cama sin decir nada más.

-Nada que deba preocuparte.

-¡Quizá prefieras que desaparezca por arte de magia! -exclamó Lali.

Pablo se pasó la mano por los cabellos y juró largamente en voz baja, en griego. Sus ojos verdes brillaban. Respiró hondo, entrecortadamente, tratando de controlar su carácter, visiblemente
alterado, y dijo:

-Lali, vos acostate y dormí...

-Me voy a casa -contestó ella furiosa, temerosa y confundida, sacando las piernas de la cama.

-¡Yo quiero que te quedes!

-Pues no es lo que parece.

-No estoy dispuesto a suplicar, yineka mou - advirtió Pablo.

Aquella forma de dirigirse a ella la aplacó. Al menos Lali creyó que se trataba de un término cariñoso en griego. Escuchó el ruido del agua correr y reflexionó. Sin embargo su inseguridad fue en aumento. No pudo evitar cuestionarse su comportamiento, la renovada intimidad a la que lo había invitado, sus errores.
Se había arrojado a los pies de Pablo buscando desesperadamente convencerse de que entre ellos dos había una relación. Lo amaba, pero eso no era excusa para que se humillara. Hubiera debido de
resistirse a su propia debilidad. ¿Por qué tenía que equivocarse siempre con él?

Lali salió de la cama y recogió aprisa su ropa. Recorrió el pasillo hasta encontrar la habitación en la que se había cambiado y se tumbó en esa cama. Si Pablo quería que estuviera con él la
buscaría. Y si no era así entonces había hecho lo mejor. Lali estuvo despierta durante mucho tiempo, pero Pablo no apareció ni trató de persuadirla para que volviera a sus brazos.


CAPITULO 32:

A la mañana siguiente el mayordomo le llevó el desayuno a la cama. Después Pablo la llamó por el interfono y le dijo que había concertado una cita con un ginecólogo para aquella misma mañana.

-Gaston Dalmau es amigo personal mío. Si eso te hace sentirte incómoda trataré de arreglarlo de otro modo -aseguró Pablo con tacto.

-No me importa qué ginecólogo me vea -respondió Lali.

Lali se mostró indiferente ante todos los intentos de Pablo por mantener una conversación mientras recorrían la ciudad de Buenos Aires. No podía soportar la mera cortesía entre ellos dos. Quizá lo amara, pero en aquel preciso instante lo odiaba por haber sucumbido a su debilidad. Lo odiaba por sucumbir con entusiasmo y hacerla después sentirse diez veces peor. Hubiera deseado no haberlo conocido. Lo deseó con tanta fuerza que lo dijo en voz alta,
justo antes de salir del fabuloso Ferrari.

-Pues yo no lo deseo -contestó Pablo mientras caminaba a grandes pasos para alcanzarla -.Y estoy seguro de que vos tampoco.

-¿Y vos cómo sabes qué siento yo? ¿Y para qué has salido del coche?

-Para ir con vos, naturalmente...

-¡Al diablo! ¡Esto voy a hacerlo yo sola!

Veinte minutos más tarde la incertidumbre tocó a su fin.

-Estás embarazada -le informó Gaston.

-¿Seguro? ... Es decir, ¿no cabe ninguna duda?

-Definitivamente. No cabe ninguna duda. Al principio es normal que te sientas un poco mal - continuó el médico-. Lo que no me acaba de gustar es tu peso. Estás muy delgada.

-Me he saltado algunas comidas últimamente - admitió LAli

-La náusea suele restar apetito, tenes que tratar de comer con regularidad. Eso suele ayudar. ¿Vas a llevar a término este embarazo?

Lali asintió sin levantar la cabeza. Había creído que estaría preparada para aquella noticia, pero de pronto descubría que no era así. Estaba confusa, tenía miedo. Diez minutos más tarde estaba en la sala de espera vacía tratando de calmarse. Podía ver el Ferrari por la ventana. Al salir a la calle Pablo caminó a grandes pasos hacia ella. Sus ojos intensos la miraron expectantes. Lali se quedó mirándolo.

-Así que hay algo que celebrar -dijo Pablo abriendo la puerta del coche y haciéndola entrar.

-¿Podrías por una vez en tu vida decir algo sincero?

-Vamos a ser padres -explicó Pablo-. Yo, personalmente, creo que la concepción de mi primer hijo es un hecho importante, pero si vos no tenes nada positivo que decir será mejor que te calles.

Lali rió. Pablo se giró a su lado e inmediatamente puso en marcha el motor del vehículo. Luego ella se mordió el labio y preguntó:

-¿Cómo te sientes en realidad?

-Destrozado... orgulloso de mí mismo, en cierto sentido... sentimental -enumeró Pablo con voz ronca, tomándola de la mano en el semáforo.

-Yo me siento sencillamente muy confusa.

-Pareces cansada. Te llevaré de vuelta a mi departamento para que puedas dormir.

-No, le prometí al señor Barry que iría en cuanto pudiera... y de todos modos tengo que cambiarme de ropa -añadió insegura.

-Preferiría que te quedaras en mi departamento - insistió Pablo soltándole la mano al cambiar la luz del semáforo-. Esta tarde tengo que volar a París, y dudo mucho de que pueda volver antes de mañana por la noche.

Consternada por la noticia, Lali miró a Pablo de reojo. Estaba tenso, pero lo cierto era que había admitido con franqueza que se sentía destrozado. Si ella estaba confusa, ¿por qué no podía estarlo él
también?

-Creo que estaré más cómoda en mi casa -añadió con firmeza.

-Espero que cuando seas mi esposa hagas todo lo que te diga -murmuró Pablo inexpresivo. Un silencio pesado se apoderó de ambos. Lali abrió enormemente los ojos. No podía creer que él
hubiera dicho lo que había dicho-. Sobre todo cuando lo que me preocupa es tu bienestar.

-No estarás pidiéndome en serio que me case con vos,¿no?

-Muy en serio.

-Pero si apenas nos conocemos...

-Nos conocemos lo suficiente. Vos me gustas, te respeto. Te deseo. ¿Qué más queres?

-¿Y qué hay del... amor?

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