viernes, 21 de marzo de 2014
Capítulo 37 y 38: "En el lugar equivocado"
CAPITULO 37
-Eché un vistazo a los archivos antes de cambiar de trabajo. Llevo años pensando en llamarte, pero ya sabes cómo son estas cosas...
-¿Demasiadas mujeres y demasiado poco tiempo?
-Sí, eso es, bueno, no puedo evitar ser tan famoso. No, seré sincero, la verdad es que he estado saliendo con una chica que...
-Contá, contá... ¿qué quería?, ¿otra cita?
-¿Podría... quieres que pase dentro?, hace frío.
-No lo creo oportuno, Peter. Te comportaste como un tonto en la empresa. He oído decir que te marchaste en circunstancias no muy
claras, ¿es eso verdad?
-¡Por supuesto que no! -la contradijo él sonriendo satisfecho-. He tenido suerte y he conseguido ascender, eso es todo.
-¿Y sigues estando en ese nuevo trabajo? -inquirió Lali sin poder resistirse, preguntándose si Pablo tendría razón.
-¡Claro que no! ¡Me he marchado de allí también! Era una empresa que no me convenía, ya me entiendes. ¿Quieres que demos una vuelta en mi coche?
-Estoy embarazada, Peter.
-¿Que estás... qué? ¡Dios mío!, ¿qué ha ocurrido?
-Pues...
-¡Demonios! ¿Y quién es el padre? ¿Dónde está? - LAli se encogió de hombros-. Ya comprendo. Bueno, bien... quizá vuelva a llamarte... el año que viene o algo así -musitó Peter-. O quizá nunca. No
estoy para niños en esta época de mi vida.
-Gracias por tu sinceridad -respondió Lali impotente y divertida, poniéndose de puntillas y besándolo en la mejilla.
Peter rió extrañado, bajó la cabeza y, con las manos sobre los hombros de ella, murmuró algo en su oído. Un segundo más tarde algo lo apartó violentamente de LAli. Ella levantó la cabeza y
llegó justo a tiempo de ver a Pablo insultándolo en griego y arrojándolo contra la pared tras darle una piña.
-¡Ya basta! -gritó Lali.
-¡Apártate de ella! -gritó Pablo acorralándolo -.¿Me oyes? ¡O te apartas de mi mujer o te las verás conmigo!
CAPITULO 38:
-¡Te estás comportando como un salvaje, Pablo! - gritó Lali.
Pablo soltó por fin a Peter con un gesto de desprecio. Luego observó a Lali con ojos brillantes y llenos de reproches.
-Y vos pregúntate a ti misma de quién es la culpa. Te he visto besándolo...
-En la mejilla -se apresuró a decir Peter tratando de recuperar el aliento-. ¿Sabes? Podrías tener problemas si te acusara de asalto.
-Haz lo que te de la gana -replicó Pablo sin prestarle atención.
-Y más aún si voy a los diarios a contar cierta historia -musitó Peter.
-Vos lo que le mereces es una buena piña por haberte aprovechado de esa información que oíste en la oficina -intervino Lali por fin.
-¿Éste es... Peter Bedoya? -preguntó Pablo tras una pausa, helado.
Peter hizo gala entonces de su instinto de supervivencia y desapareció de improviso en su coche. En un minuto se había ido. Lali se estremeció. No podía dejar de mirar a Pablo. Su pelo brillaba a la luz de las farolas.
-¡Peter Bedoya! ¿Qué diablos estaba haciendo él aquí?
-¡Vamos, por favor! -gimió Lali-. Sólo pasaba por aquí. Y no me importa lo que pienses de lo que has visto. ¡No tienes derecho a comportarte como un bruto!
-¡Cristos! ¿Cómo crees que me siento al verte con otro hombre? -gruñó Pablo-. ¡Me dijiste que me mantuviera alejado de ti, me estás tratando como si tuviera lepra! ¡No puedo soportarlo más!
-Es que no sé qué va a ocurrir ahora -confesó Lali.
-Pues yo sí... -respiró Pablo alargando los brazos para levantarla y posar su boca sobre la de ella.
Aquel fiero y exigente beso dejó a Lali atónita y tambaleándose. El crudo deseo de Pablo le hizo perder el control, desató todas las emociones que ella tanto había luchado por gobernar. La cabeza le
daba vueltas, el corazón le latía acelerado, y la excitación comenzaba a atenazarla. LAli se estremeció, se agarró al fuerte y musculoso cuerpo de él, gimió desde lo más profundo de su garganta y se agarró a sus hombros.
Pablo se apartó. Sus ojos brillaban como el fuego mientras contemplaba el rostro de Lali.
-Siempre consigues sacar el animal que hay en mí, pethi mou -dijo con voz ronca entrando en la tienda y dejándola en el suelo-. ¿Dónde está el sistema de alarma?
-¿La... alarma? -repitió LAli desde otro mundo.
Pablo la encontró, la encendió y apagó las luces. Luego tomó el bolso de Lali y la sacó fuera.
-¿Qué estás haciendo?
-Vamos a ir a cenar y a hablar.
-Pero si no estoy vestida para...
-Llevas ropa encima, ¿no? Estás maravillosa - añadió Pablo obligándola a entrar en el Ferrari sin mirarla siquiera.
El rincón del restaurante en el que se sentaron estaba vacío. Lali levantó la copa de vino. Pablo la miró, pero luego levantó una mano y le quitó la copa.
-¡No puedes beber eso!
-¿Y por qué no?
- ¡Estás embarazada! Es mucho mejor que no bebas nada de alcohol. ¿Es que no lo sabías?
-¿Y por qué iba a saberlo?
-Bueno, pues porque sos una mujer...
-¿Y?
-Se supone que una mujer sabe ese tipo de cosas - explicó Pablo frunciendo el ceño.
-Bueno, pues yo no. Tengo veintiún años, estoy soltera y mi único objetivo en la vida es... bueno, era... -musitó Pablo en voz baja-. ¿Por qué iba a interesarme lo que debe o no hacer una mujer
embarazada?
-Pues no lo sé pero... ocurre que Gaston me dio este libro. Es para futuros padres, como yo - explicó Pablo encogiéndose de hombros tras ver la expresión de extrañeza de Lali-. Sólo lo he hojeado un poco.
Lali estaba segura de que Pablo había leído cada palabra. Aquello la conmovió. Él había hecho un esfuerzo mayor que ella, que además trabajaba en una librería.
-Quieres de verdad a este niño, ¿no es eso?
-Sólo si vos también entras en el lote.
-¿Y qué significa eso?
-Que por tu forma de comportarte ya no sé qué esperar. No quieres estar embarazada, no quieres estar conmigo... excepto en la cama -se corrigió Pablo con una mirada desafiante.
-Eso no es cierto... sí que quiero a este niño -lloró-. ¡Por el amor de Dios! ¿Por qué estoy llorando?
-Ahora estás muy alterada por tus hormonas, eso te pone muy sentimental -aseguró Pablo alargando una mano hacia ella.
-¿Y has leído también en ese libro que me pondría estupida?
-No, pero recomienda al padre mostrarse comprensivo y tratar de apoyar a la madre.
-Vos no tenes tacto.
Una sonrisa divertida curvó los sensuales labios de Pablo. Lali sintió que su corazón se aceleraba. Era tan atractivo que no podía apartar los ojos de él.
-Todavía quiero casarme con vos -declaró Pablo-. Pero si vos tenes una solución mejor, dímela... mientras no implique que vas a tener al niño en una sillita todo el día, detrás del mostrador...
-No, no es eso lo que deseo.
-¿Entonces qué? ¿Dejarlo para salir a trabajar?
-Pues...
-¿Negándote a recibir mi apoyo financiero?
-Pablo, yo...
-No, escúchame -se impuso él-. Si no nos casamos este niño crecerá fuera de mi familia. Y no voy a mantenerlo en secreto, así que no creo que te agradezca el hecho de ser diferente del resto de los hijos que, algún día, tendré en mi futuro matrimonio... con otra mujer.
Lali se desinfló como si fuera un balón. Otra mujer significaba Eugenia, que odiaría a aquel niño cada vez que fuera a visitarlos. Eugenia que, viéndose al fin como madrastra, no dudaría
en humillar y denigrar al hijo ilegítimo. LAli sintió que se le encogía el estómago.
-¿He dicho algo por fin que haya hecho un milagro en vos? -murmuró Pablo con voz de seda.
-Quizá fuera un poco exagerada al decir que no te quería ni muerta.
-¿Significa acaso que sí vamos a casarnos? -inquirió Pablo con suavidad.
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