martes, 18 de marzo de 2014

Capítulo 33 y 34: "En el lugar equivocado"


Holaaa como o habia mencionado antes voy a seguir subiendo por aca hasta terminar la nove,les agradesco Chari y  Jess porque ya vi que entraron al mundo de foro jajaja,bueno sin mas dejo dos nuevos capis ye epilogo en la otra nove,besos


CAPITULO 33:

-¿Qué hay de nuestro hijo? -Lali se puso pálida-. Quiero casarme con vos -añadió Pablo con énfasis.

-No, en realidad no. Hoy en día la gente ya no se casa porque esté embarazada - protestó Lali con el corazón acelerado.

-La gente como yo sí.

-Pablo, yo... -Lali tragó.

-Vos sabes que lo que digo tiene sentido.

-Sí, pero...

-Nos casaremos en cuanto lo haya arreglado todo -  afirmó Pablo resuelto.

-Lo pensaré - respondió ella.

Pablo detuvo el Ferrari frente a la librería. Luego le soltó el cinturón de seguridad a Lali y dijo:

-Deberías de estar avergonzada de vos misma, yineka mou. ¿Dices que lo pensarás? Anoche no podías esperar a...

-¡Pablo! -gimió Lali medio riendo, medio en tono de reproche.

-Lali, o sos una sinvergüenza que me ha utilizado para disfrutar del sexo o... o... o sos una mujer decente que sencillamente no puede resistírseme.

Lali se ruborizó, hipnotizada por su proximidad. Levantó una mano sin darse cuenta y trazó con el dedo la sensual y prohibida curva de los labios de Pablo diciendo:

-No puedo resistirme... y vos lo sabes -reconoció desesperada por que él la besara.

Pero Pablo se echó atrás.

-Te llamaré mañana.

Lali parpadeó perpleja al ver que la dejaba libre. ¿Cómo era posible que Pablo quisiera casarse con ella?

-No puedo dejar que te cases conmigo -dijo de pronto.

-Pues yo no pienso casarme con una mujer que lo discute todo.

-No bromees con cosas tan serias -rogó ella.

-Vos y yo... funcionará -aseguró Pablo con voz espesa.

-Sí pero... ¿serás feliz? -insistió Lali obsesionada con aquella pregunta cuando, en el fondo, lo único que deseaba era arrastrarlo de inmediato a la primera iglesia.

Pablo gruñó lleno de frustración.

-Es evidente que debería de haberte hecho una proposición en regla, con una romántica cena, flores, anillo...

-No, esas cosas no son importantes -contestó Lali haciendo una mueca.

-Entonces es que mi proposición ha debido de ser excesivamente torpe -explicó Pablo con ojos brillantes y rasgos ansiosos-. Quiero casarme con vos, Lali. Y la única palabra que necesito oír ahora es sí.

-Sí.. -respondió Lali casi sin darse cuenta.

-No ha sido tan difícil, ¿no? -la media sonrisa de Pablo hizo estallar el corazón de Lali. Luego él se volvió y miró el reloj-. Y ahora me temo que tengo que irme directo al aeropuerto. Nos vemos mañana.

-¿Y qué pasa esta noche? -preguntó Lali mientras salía del coche.

-Estaré ocupado.

-Está bien, lo comprendo -asintió Lali ruborizada, mintiendo.

Pablo se marchó y Lali sintió que le habían sucedido demasiadas cosas aquel día como para poder siquiera pensar. Le parecía mentira que Pablo le hubiera pedido que se casaran y que ella le hubiera contestado que sí. ¿Acaso los cuentos de hadas se hacían realidad? Pablo quería casarse con ella, pero no la amaba. Sin embargo el amor acabaría por surgir en él, pensó decidida a no echar a perder su felicidad.


CAPITULO 34:

Al día siguiente, por la tarde, una limusina se detuvo delante de la librería. Lali creyó que Pablo había vuelto antes de lo esperado, pero enseguida se puso tensa al ver que Eugenia salía del
vehículo y entraba en la tienda.

-¿Hay algún lugar en el que podamos hablar? - inquirió la griega a modo de saludo.

Lali, desconcertada ante aquella exigencia desdeñosa, se ruborizó.

-Lo siento pero, ¿de qué se trata...?

-Podemos hablar en mi coche -continuó Eugenia girándose y saliendo de la tienda, esperando, evidentemente, que Lali la siguiera.

LAli vaciló. No le gustaba que la trataran de aquel modo, pero al fin y al cabo emilia era pariente de Pablo, y si se había molestado en buscarla era porque conocía la situación y tenía algo que decir.
Lali tomó su chaqueta y salió. El chófer le abrió la puerta. Eugenia la escrutó durante unos instantes antes de decir:

-¡Dependienta de una librería y mujer de la limpieza! ¡Pablo debía de estar verdaderamente perturbado aquella noche en Chindos! Confieso que no me gustó que te llevara el otro día al funeral de su padre, pero en tan penosas circunstancias estaba dispuesta a hacer la vista gorda sobre una pequeña indiscreción...

-¿Pequeña indiscreción...? -inquirió Lali ruborizada, elevando el mentón -. ¿Y por qué ibas vos a hacer la vista gorda en relación al
comportamiento de Pablo?

-Los hombres siempre serán hombres. Yo quiero mucho a Pablo, por supuesto, pero no soy una persona celosa. Ni soy tampoco posesiva en lo relativo al sexo. Siempre supuse que Pablo tendría
una amante después de nuestro matrimonio...

-¿matrimonio? -la interrumpió Lali incrédula.

-No lo sabías, ¿verdad? -rió Eugenia observando su confusión-. Pablo y yo estamos comprometidos prácticamente desde la cuna. Toda nuestra vida hemos sabido que algún día nos casaríamos...

-No... ¡eso no es verdad! -la interrumpió Lali temblorosa-. Pablo me lo hubiera dicho... -añadió mientras su voz se iba debilitando y recordaba la conversación que había tenido con él en la playa.

-¿Y por qué iba a decírtelo a vos? Vos no sos sino una más de la larga lista de diversiones de Pablo, ninguna de las cuales tiene verdadera importancia para su vida -replicó Eugenia-. Si pertenecieras a nuestro círculo social sabrías que nuestras
familias llevan tiempo esperando el momento de anunciar formalmente nuestro compromiso.

La neblina de la confusión se había aclarado por fin en la mente de Lali. Se sentía absolutamente hundida, traicionada, enferma de dolor y de mortificación. Eugenia  no era la pariente cercana que ella había supuesto. Pablo tenía concertado su matrimonio. Y sólo él podía haber llamado a eso «escoger a una compañera con
inteligencia». su padre, por supuesto, tenía a una candidata en mente cuando presionó a su hijo para que se casara. Y Pablo le había contestado que «aún no estaba preparado». Estaba demasiado ocupado pasándoselo bien con bellas y apasionadas mujeres como para casarse. Y mientras tanto Eugenia esperaba pacientemente.

-Lo que no comprendo es cómo podes aceptar que Pablo esté... con otra mujer -tartamudeó Lali impotente.

-Pablo y yo tenemos lazos que vos nunca podrías soñar. Compartimos el mismo estatus, la misma cultura, expectativas. Somos la pareja perfecta -le informó Eugenia con aires de superioridad -. Por desgracia Pablo se siente atraído por cierta idea muy tierna, aunque destructiva. Cree que tiene que casarse contigo por el bien de su hijo.

-¿Pablo te lo ha dicho...? -preguntó LAli horrorizada ante la indiscreción de Pablo, sintiéndose avergonzada.

-Ayer viajó a París y pasó la velada conmigo. ¿Es que eso tampoco lo sabías? -sonrió la rubia-. Pues créeme, estaba destrozado. ¡Se siente tan culpable! Sin embargo yo soy una mujer práctica. ¿Cuánto me costaría persuadirte de que un aborto sería la mejor solución? ¿Quinientas mil libras? - Lali miró incrédula a Eugenia-. ¿Un millón? Soy una mujer muy rica, y estoy dispuesta a ser generosa. Siempre puedes decirle a Pablo que tuviste un accidente. Ni siquiera voy a insistir en que te alejes de él. Puedes seguir siendo su amante. ¡Porque, en serio, no durarías ni cinco minutos como su mujer!

-¡No quiero tu dinero... y no voy a librarme de mi hijo! -aseguró Lali inquieta ante la frialdad de la otra mujer.

-¡Pero no puedes casarte con él! ¿Te imaginas los titulares? «Pablo MArtinez se casa con una mujer de la limpieza» -sugirió Eugenia con un gesto de repulsión-. Pablo es un hombre muy orgulloso, y vos no vas a ser para él más que motivo de vergüenza. Te odiará mucho antes de que los diarios terminen de contar las circunstancias en que naciste y toda la larga lista de tus amantes.

-¿Y qué sabes vos de las circunstancias en que yo nací? -exigió saber LAli.

-Sé todo lo que hay que saber sobre vos, Lali. El dinero compra información. Estás enamorada de Pablo. Gracias a Dios yo nunca he sentido la necesidad de mezclarme en esas intrincadas
emociones. Bien, decídete. Si te casas con Pablo acabará en divorcio. Cierto, serás su primera mujer, pero lo perderás sin remedio.

-No voy a casarme con él.

-Ahora ya sos más sensata -concedió la rubia con una fría sonrisa de satisfacción - . Cuando a un hombre se le tiende una trampa siempre se acaba en el odio y los tribunales. Y en cuanto al niño...
deberías de haber aprendido de los errores de tu madre. Traerte a ti al mundo no le sirvió de mucho, ¿no crees? Y todos esos patéticos años de lealtad hacia tu padre... ¡todo para terminar viéndolo casarse con una secretaria, una mujer con la mitad de años que ella, en cuanto se vio viudo y libre!

Airada ante aquella salvaje crítica que ni siquiera venía a cuento, Lali se puso en pie y trató de salir del coche.

-No voy a seguir escuchando ni una palabra más sobre esto...

-La puerta está cerrada. Aún no he terminado. No quiero que tengas a ese niño...

-¡Mi hijo es asunto mío! -exclamó Lali-. ¡Y ahora abre la puerta y deja de amenazarme! Eugenia le hizo un gesto al chófer con una
lánguida mano.

-Piensa en lo que te he dicho. Yo puedo ser una enemiga muy dura, y pronto descubrirás que Pablo siente un tremendo respeto por mí.

Lali salió a la calle deseosa de escapar. Subió las escaleras de la librería y se sentó al borde de la cama, pero una vez allí las lágrimas no salieron de sus ojos. En lugar de ello una especie de rabia y de
dolor comenzaron a arremolinarse en su interior. Pablo no había sido honesto con ella. Ella se había visto arrastrada a una situación en la que su única defensa era la ignorancia. Estaba embarazada de
un hombre que estaba virtualmente comprometido con otra mujer, se había metido involuntariamente en el terreno de otra, y de repente le echaban la culpa todo. Y en cuanto a Pablo... Pablo, con su detestable sentido del honor y su maliciosa y fría futura esposa tenía exactamente lo que se merecía. Y cuanto antes se lo dijera mejor.

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