martes, 4 de marzo de 2014

Capítulo 23 y 24: "En el lugar equivocado"



CAPITULO 23:

Aquél era un día húmedo, y en la tienda no había un solo cliente.

-¿Una taza de té, Lali? -preguntó Horace Barry .

-Gracias, sí.

Lali observó caer la lluvia mientras sorbía el té desde detrás del mostrador. Había vuelto a casa dos días atrás, pero lo ocurrido en la isla de Chindos la obsesionaba cada día más. El sexo era algo demasiado peligroso como para jugar con él, eso siempre lo había sabido. Siempre había creído que la intimidad física era algo que pertenecía por entero a las relaciones estables. Era humillante reconocer que se había acostado con un hombre al que conocía sólo desde un día antes. Había hecho una elección y, confiando en los sentimientos más que en la razón, se había equivocado. Hubiera
debido de mantener a Pablo  a distancia, y si el accidente de sus relaciones tenía consecuencias la culpa sería únicamente suya.

El señor Barry se fue pronto a casa. Justo antes de la hora de cerrar llegó un repartidor con un ramo de flores.

-¿La señorita MAriana Rinaldi?

-No creo que sea yo la MAriana Rinaldi que buscas.

-Pues la dirección es ésta.

El corazón de Lali comenzó a martillear deprisa al comprender que sólo había una persona que pudiera mandarle flores. LAli suspiró y sacó la tarjeta del sobre. Sólo había escritas seis palabras:
«De parte del pastor de cabras». Primero se puso blanca, luego colorada. Después rompió la tarjeta en pedazos y la tiró a la papelera.
Evidentemente las rosas significaban para Pablo  una disculpa. ¿Acaso había descubierto que no había sido ella la fuente de la filtración? Alguien, seguramente, se lo había demostrado, porque él
no había albergado duda alguna sobre su culpabilidad. No, Pablo  no había vacilado en creer que aquella escurridiza mujer de la limpieza le había mentido, engañado y finalmente traicionado. Esperaba que hubiera perdido un montón de dinero en aquella operación. De pronto el teléfono sonó.

-Quisiera hablar con Lali...

LAli se quedó helada al reconocer la voz. El silencio pareció llenar la atmósfera
.
-¿Qué queres?

-Estaré de vuelta en Buenos Aires esta noche, hacia las nueve. Quiero verte.

-No hay nada que hacer - tartamudeó ella tras una pausa.

-Lali... -respiró Pablo , pronunciando su nombre de un modo que la hizo temblar.

-¿Sigue Cande en su puesto de trabajo?

-Sí.

-Bien... -suspiró ella aliviada, soltando el aire contenido-. ¿Significa eso que puedo volver yo también a mi empleo?

-Eso lo discutiremos más tarde...

-Pablo , no vamos a volver a vernos nunca más - aseguró LAli acalorándose por momentos-. Todo lo que tengo que decirte te lo puedo decir ahora mismo, por teléfono: ¡me debes un puesto de
trabajo!

-Puedo buscarte algo alternativo...

-Escucha, ¿qué hay de malo en que siga trabajando en la octava planta? ¿Crees que voy a ir por ahí cuchicheando sobre ti? ¡Debes de estar bromeando! ¡No confesaría ni aunque me dieran una descarga eléctrica!

-Hablaremos de eso esta noche.

-No voy a volver a verte. ¡No quiero volver a verte! Estás tratando de asustarme, y no voy a permitirlo. Si no me dejas volver a mi puesto de trabajo iré a un tribunal y te acusaré de despido improcedente.
Conozco mis derechos, Pablo .

-LAli acabas de decirme que no confesarías ni aunque te dieran una descarga eléctrica -le recordó él.

-¿Acaso has creído que pensaba decir toda la verdad? ¿Una mentirosa tan escurridiza y convincente como yo? ¡Por supuesto que mentiría ante un tribunal!

Un silencio tenso volvió a reinar.

-Si queres volver al trabajo la semana que viene yo no voy a interponerme en tu camino -contestó Pablo  haciendo una concesión con evidente exasperación.

-Voy a volver esta noche. Vos sencillamente olvídate de que nunca nos conocimos. Yo, desde luego, ya lo he olvidado -afirmó Lali colgando el teléfono.

¿Acaso creía que le importaba si había encontrado o no a la persona responsable de la filtración? ¿De verdad imaginaba que una disculpa iba a cambiar las cosas? ¿Es que todos los hombres ricos eran igual de arrogantes? Lali cerró la tienda sintiendo un tumulto de emociones en su interior y subió a su casa.
Lo último que necesitaba era ver a Pablo. ¿Quién hubiera querido enfrentarse a la persona en cuya presencia había cometido el peor error de su vida? Lali se preparó un sándwich y veinte minutos más tarde se dirigió al edificio Martinez Intemational a trabajar. Al entrar en el vestíbulo la enorme fotografía de él la ofendió. La supervisora,
una mujer mayor, frunció el ceño al verla.

-Te tomaste el lunes libre sin decir nada a nadie - la censuró-. Ni siquiera llamaste para avisar de que estabas enferma. --Tendré que ponerlo en el informe para personal.

-Sí, lo sé, lo siento -se excusó Lali culpando a Pablo  en silencio.

A mitad del turno Lali se tomó un descanso y bajó a tomar café a la planta baja. Cande se dejó caer en un asiento a su lado.

-¿Dónde diablos te metiste el lunes por la noche?

Me preocupé mucho cuando no bajaste a tomar café. Estaba asustada, como me contaste eso del ejecutivo...

-¿Qué ejecutivo?

-Ya sabes, el que te molestaba, ese Peter. El otro día, en cuanto me puse a trabajar en tu planta, se me acercó y me preguntó dónde estabas.

-¿Cómo dices? -preguntó Lali pálida.

-Tuve que decírselo, cariño. ¿Subió a buscarte?

-No lo sé... yo no lo vi -musitó Lali preguntándose de pronto si habría sido Peter quien había escuchado la conversación de Pablo


CAPITULO 24:
 .
De pronto otra conversación entre dos mujeres de la limpieza llamó la atención de Lali.

-Apuesto a que es una secretaria o algo así...

-No tal y como iba vestida, con ese sombrero y todo eso -argumentó la otra vehemente-. Y de todos modos, ¿para qué iba a llevar a una secretaria al funeral de su padre?

-¿De quién estan hablando? - preguntó Lali aclarándose la garganta.

-De la misteriosa morocha con la que llegó el señor Martinez a Atenas -rió Cande-. ¿Una secretaria? De eso nada, no con esa ropa.

-Muchas secretarias están muy cualificadas y ganan mucho dinero -aseguró Lali.

-Esa morocha se parecía mucho a vos -bromeó otra-. Y desapareciste la noche del lunes. ¿Tienes algo que confesar?

-¿Yo... yo? -repitió LAli desconcertada.

-¡Lali hubiera estado demasiado ocupada dándole clases sobre sexismo al señor Martinez como para acompañarlo! -rió alguien.

-Esta noche voy muy retrasada, será mejor que me ponga a trabajar -comentó LAli.

Al acabar su turno Lali tomó el autobús a casa. Nada más llegar vio una limusina aparcada. La tensión se apoderó de ella y el corazón le latió acelerado. Al acercarse Pablo salió del coche con toda naturalidad.

Y, como era habitual, su aspecto era sensacional. Traje sastre gris marengo, camisa de rayas, corbata de seda. El corazón de Lali zozobró. Pablo parecía exactamente lo que era: un hombre de negocios rico y sofisticado. ¿Cómo podía haber imaginado, ni tan siquiera por un segundo, que podía relacionarse con una persona así? Lali sacó las llaves con mano temblorosa.

-No juegas limpio, Pablo . Te dije que no quería verte.

-Te hice daño y lo siento -murmuró él tranquilo.

Lali ladeó la cabeza. No estaba preparada para escuchar aquella disculpa tan penosa para su ego. De sus ojos salieron lágrimas mientras trataba de meter la llave por la cerradura. Pablo  le quitó las
llaves, abrió y dio un paso atrás. Lali entró y apagó la alarma.

-No tengo ganas de hablar con vos, ¿de acuerdo?

-No, no estoy de acuerdo. Yo quiero que hablemos.

Lali tragó. Probablemente lo único que quería era ofrecerle una explicación y marcharse, pensó. Se encogió de hombros como si aquello no le importara y trató de mantener alta su dignidad. Pablo  la siguió por las escaleras que había detrás del mostrador. Ella abrió la puerta de su casa y encendió la luz de la mesilla.

Aquella era su casa, y tenía una sola habitación, pero estaba orgullosa de ella. Había pintado las paredes de amarillo, colgado pósters y cubierto un sillón con una bonita tela de color. Dejó las llaves sobre la mesa junto a la ventana y se volvió hacia él.
Pablo  la observó con una intensidad inquietante. Lali se ruborizó y se cruzó de brazos, plenamente consciente de pronto de su pobre aspecto. Levantó la barbilla y sus miradas se encontraron. Ella se
estremeció, sintió un calor inundar sus muslos, una necesidad despertar de pronto.

-Veni a casa conmigo -rogó él con voz espesa.

-¡No! -jadeó Lali confundida ante aquella invitación.

Las densas pestañas de Pablo descendieron lentamente sobre su intensa mirada mientras él respiraba hondo, lleno de tensión.

-Tenes razón, tenemos que hablar primero - concedió él a su pesar.

¿Primero?, se preguntó Lali volviéndose temblorosa, atónita ante la idea de que él pudiera obligarla a rendirse con una sola mirada.

-El otro día, en la isla, me equivoqué totalmente con vos -admitió Pablo  sin vacilar-. Cuando me llamó mi gerente con las malas noticias no le dejé ni explicarse. No quería discutir sobre ese asunto. Me temo que pensé que habías sido vos quien había
hecho esa llamada desde el aeropuerto. Estaba furioso.

-Sí.

-Pero esta mañana he sabido que decías la verdad, había alguien más la otra noche. La cámara de seguridad del corredor lo tiene todo grabado - reveló Pablo -. Si yo hubiera estado más centrado
aquél día me hubiera acordado de la cinta de vídeo y habría comprobado de inmediato que decías la verdad -Lali asintió en silencio, sin mirarlo -. Tengo mucho carácter, pero normalmente no llego a juicios tan precipitados sobre la base de pruebas circunstanciales únicamente.

-Bueno, es cierto que las circunstancias no me favorecían, ¿verdad? -respondió Lali tratando de no darle importancia, deseosa de acabar con aquella visita - . Vos no me conocías, ¿cómo ibas a
saber que yo no hago esas cosas?

-Sos muy generosa, pero no voy a esconderme tras esa excusa. Hemos pasado el suficiente tiempo juntos, yo debería de haberlo sabido -la contradijo Pablo -. Lamento terriblemente la forma
en que te traté. Fui... brutal.

Lali no discutió ese punto. Se quedó mirando para abajo, resistiéndose a la tentación de posar los ojos sobre él. Pablo  se lo estaba poniendo difícil. No quería servirse de la excusa que ella le ofrecía como hubiera hecho la mayoría de los hombres.
No trataba de aminorar en nada su culpa, de negar su crueldad. El silencio era tenso. Lali sabía que él esperaba una respuesta, pero no tenía nada que decirle.

- El empleado que fue a la competencia con la filtración fue un ejecutivo llamado...

-¿Peter Bedoya? -preguntó Lali de improviso, sin pensar.

-¿Cómo lo sabes? Dijiste que no lo habías visto...

3 comentarios:

  1. POR DIOS POR DIOSSSSSS!!! Pense q Pablo iba a tardar mas en reaccionar pero noooo... como siempre me sorprendió... Solo espero q no vuelva a dudar de ella, q aprenda la leccion!!!
    Espero q estes mas q bien... Besos!!! :D

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  2. Lali no debiste nombrar a Peter ,ahora volverá a sospechar.
    Espero k Pablo esta vez ,la deje hablar.

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  3. Percha! Como estas? Al fin al dia con esto q empece la clases me estoy acostumbrando a los horarios ....
    La verdad q yo tbn pense q pablo iba a tardar mas en enterarse la verdad y reconocer q se equivoco con ella, y como chari dice espero que la deje hablar..
    Por otro lado fue gracioso cuando hablaban de la mujer misteriosa q acompañaba a pablo jaja me imagino su cara :p .
    Bueno percha espero mas nove! Nos hablamos ;) besos.... jessy

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