CAPITULO 49:
Dias despues...
El rostro ansioso de Rocio Igarzabal se iluminó en el instante en que vio a Lali acercarse por el parque.
-¡Gracias a Dios que has venido! -exclamó levantándose del banco.
-No quería mezclarte en esto, Rochi, en serio. Sólo te llamé porque necesitaba que le dieras un mensaje a Pablo, pero ahora veo que ha sido un error...
-¡No, de ningún modo ha sido un error!
-Sí, lo es -suspiró Lali-. No quería escribirle una carta, no sabía qué decirle... y tampoco quería hablar personalmente con él pero... nunca hubiera debido de involucrarte en esto.
-¡Lali, Pablo está destrozado!
-¿Le diste mi mensaje?
-¿Acaso crees que diciéndole que estás bien y que quieres el divorcio va a sentirse mejor? -preguntó Rocio extrañada.
-Es lo mejor. ¿Te acordaste de decirle que le dejaré ver al bebé siempre que quiera?
-Sí, pero no le sirvió de consuelo como vos pensabas - respondió Rochi -. Al fin y al cabo el bebé no nacerá hasta dentro de seis meses...
-Bueno, eso no puedo evitarlo. ¿Está aún en París?
-No, según Gaston se pasó la semana buscándote. Y después se agarró la peor borrachera de su vida. Gas lo trajo a casa a dormir la resaca en la habitación de invitados...
-¿La peor qué? Cuéntamelo otra vez.
-Muy bien. Por orden cronológico: Pablo se levanta y se encuentra con tu nota, ¿no es así?
-No lo sé, para entonces yo ya me había ido. Supongo que se marchó a París.
Aquella misma noche Lali había metido unas cuantas cosas en la maleta y había salido del departamento decidida a evitar cualquier nueva disputa con Pablo. Sentía que habían discutido demasiado, que sólo le quedaba su orgullo. Y sólo podría conservar ese orgullo manteniéndose a distancia de Pablo, al menos hasta que pudiera controlar sus reacciones.
-Bueno, pues si me permites decirlo la mayor parte de los maridos no discuten y luego simplementesiguen adelante como si fuera un día normal y corriente -explicó Rochi-. Incluso los más testarudos como Pablo tienen sus sentimientos.
-Escucha, vos estás de su parte porque no comprendes nada y lo conoces a él mejor que a mí, pero...
-¡Qué va! La verdad es que me ha sorprendido mucho cómo se lo ha tomado. Nunca pensé que Pablo dormiría una borrachera en mi casa.
-Así que se pasó la primera semana buscándome... -dijo Lali expectante, incitando a Rochi a contarle más.
-¿Cómo crees que nos enteramos nosotros de que habías desaparecido? Pablo llamó a Gaston. Y estaba realmente de mal humor. Tuviste suerte de no estar delante.
-Nunca le he visto beber... -confesó Lali.
-A la segunda semana, sencillamente, se derrumbó. Se sentó y se puso a beber y a beber hasta el estupor. Gas estaba terriblemente preocupado por él. Pablo nunca hace ese tipo de cosas. Lo tienes bien agarrado, Lali y creo que si de verdad has decidido abandonarlo deberías de haberlo hecho de un modo más considerado.
-¡Pero si le dije que me marchaba! -se defendió Lali levantando el mentón.
-¡Pero él no creyó que lo decías en serio!
-Para mí era evidente que nuestro matrimonio no funcionaba.
-Pues el día de su boda yo pensé que estabas loca por él, y cuando comimos juntos a la semana de volver de Chindos me lo pareció aún más. Te pasabas el tiempo hablando de él.
-Y estoy loca por él -musitó Lali.
-Pero entonces, ¿porqué diablos le estás haciendo esto? -preguntó Rochi paralizada.
-Espero que se lo hayas contado absolutamente todo, Rochi -intervino entonces Pablo-. La búsqueda interminable, la desesperación, las borracheras y los ataques de autocompasión...
Ambas mujeres se dieron la vuelta. Rochi ruborizada, Lali pálida. Pero Pablo sólo tenía ojos para su mujer. Rochi, con un gesto de culpabilidad, dio un paso atrás.
CAPITULO 50
-Esta vez sí que la he hecho buena, ¿verdad? - inquirió Pablo.
-Pablo... ¿me permites que te diga que no es ésa la actitud que deberías de tomar? -sugirió Rochi.
-No... vos no sabes qué ha pasado, ni nunca lo sabrás -le informó Pablo-. Es una suerte que hable en griego cuando bebo. Lo que ha ocurrido aquí es y continuará siendo un misterio para vos, Rochi.
-Eugenia... -murmuró entonces la rubia con aires de superioridad antes de marcharse.
Pablo se quedó perplejo, perdió el color.
-Teniendo en cuenta que te has valido de Rochi para llegar hasta mí no has sido muy amable con ella - observó Lali-. Nunca habría accedido a verla si hubiera sabido que ibas a aparecer.
-Bueno, es que Rochi me torturó con sus preguntas en el peor momento -contestó Pablo tenso, tratando de calmarse. Lali lo miró con los ojos llenos de dolor-. No me mires así, me lo pones todo mucho más difícil -gruñó Pablo.
Lali miró a otro lado instantáneamente. Sí, por supuesto que Pablo veía en sus ojos cómo se sentía. Siempre había sido capaz de ver en su interior. Perpleja ante la idea de que su amor le resultara
tan evidente, Lali no puso pegas cuando él alargó un brazo y la condujo hasta la limusina. Pablo recogió el ticket del aparcamiento y traspasó las puertas. Era evidente que se sentía culpable. Sabía
cuánto daño le había hecho. ¿Y qué iba a lograr tratando de evitar un encuentro que él estaba decidido a celebrar?
Lali lo miró de reojo, en silencio, mientras el opulento vehículo transitaba entre el tráfico. En dos semanas y media él había perdido bastante peso, observó. De pronto le pareció como si un
abismo inconmensurable los separara. Nunca hubiera creído posible que Pablo tuviera un aspecto tan sombrío. Aquél era el fin de su matrimonio.
-Está bien... -dijo ella.
-No, no está bien -la contradijo Pablo-. ¿Dónde has estado viviendo?
-En una casa de las afueras, no tenía muchas ganas de buscar -admitió Pablo.
-¿Y no se te ocurrió que yo me volvería loco buscándote? -exigió saber Pablo, de pronto de mal humor.
-¿Y por qué iba a pensarlo? -suspiró Lali-. He cuidado de mí misma durante mucho tiempo, yo no soy una de esas chicas inútiles e impotentes.
El silencio se hizo más denso.
-No -concedió Pablo-, pero podes hacerme sentirme impotente a mi.
-¿Cómo? ¿Quieres decir impotente al buscarme y no encontrarme? No había ninguna necesidad. No pretendía desaparecer para siempre ni ninguna estupidez de ésas. Te lo dije bien claro en la nota...
-Eh... si: «Pablo, lo siento, pero he tenido que vaciar tu cartera... -recitó él de memoria-. Casarme con vos ha sido un error. Estaremos en contacto. No me busques... Bueno, supongo que no ibas a hacerlo, ¿ verdad?»
-No sé por qué tenes que recitar toda la nota que te escribí -protestó Lali sintiéndose como una estúpida-. Estaba enfadada, y no disponía de mucho tiempo. ¡Tenes suerte de que te dejara una nota!
-Supongo que en eso tenes razón -susurró al fin Pablo
.
Lali lo miró molesta, notando su tensión.
-Te aseguro que no pensé que te darías cuenta hasta mucho más tarde...
-Más tarde. Tardaste once días en llamar a Rochi - le recordó Pablo.
-Tenía cosas que hacer.
Como por ejemplo tratar de vivir sin él, tratar de descubrir cómo seguir existiendo con aquel dolor agónico que se intensificaba con cada hora que pasaba, tratar de olvidar todos los buenos recuerdos, el sexo. Para Lali hacer el amor con Pablo había sido alucinante, perfecto. ¿Pero cómo podía saber qué había sido para él? Pablo se había mostrado entusiasta, pero quizá fuera sexualmente insaciable.
-Y bien, ¿qué has estado haciendo?
-He estado haciendo planes -mintió Lali, que no había hecho sino vagar de un lado a otro. Lali salió de la limusina y se dio cuenta entonces de que no habían llegado al apartamento de Pablo, sino
a la preciosa mansión que habían estado visitando justo el mismo día en que lo abandonó-. ¿Qué diablos estamos haciendo aquí?
-La compré -explicó Dio.
-Sí, dijiste que sería una buena inversión -recordó Lali abriendo la puerta.
-Era una broma.
¿Sería eso cierto?, se preguntó Lali, que había pasado dos semanas recordando cada una de las frases de Pablo y tratando de fortalecerse. Había sido una pérdida de tiempo. Un simple vistazo a aquel cuerpo y estaba hipnotizada. A pesar de aquel nuevo aspecto se sentía tan atraída hacia él como la misma primera noche de Chindos.
-¿Y qué has hecho con el resto de mis cosas? - preguntó Lali tratando de llenar el silencio.
-Están aquí.
-¿Dónde?
-En el dormitorio principal.
-Ah, bien. Así que no les has dicho a los sirvientes que no iba a volver -comentó LAli comenzando a subir la enorme escalera.
-¿A dónde vas?
- Voy a hacer la maleta, así aprovecho que estoy aquí.
-Lali... -comenzó Pablo a decir con voz cansada- ... sé que me he comportado como un completo idiota...
-Pablo, no quiero oírlo -anunció Lali subiendo las escaleras deprisa-, no ha sido culpa de nadie. Nos casamos simplemente porque estaba embarazada, y fue una estupidez... ¿de acuerdo? Pero no es para tanto, ¿si?
-¿Cómo que no es para tanto? -repitió Pablo

No hay comentarios:
Publicar un comentario