viernes, 4 de abril de 2014

Capítulo 51 y 52 : "En el lugar equivocado"




CAPITULO 51:

Lali no pudo resistirse. Al llegar al descansillo de la escalera volvió la vista hacia él.

-Escucha, lo único que trato de decirte es que no quiero hablar de ello. No hace ninguna falta. 

Pablo apareció en la puerta del vestidor mientras Lali descolgaba frenéticamente su ropa de la percha. Las manos le temblaban. ¿Qué le estaba ocurriendo? Un minuto más y se humillaría y lloraría histérica preguntándole qué tenía aquella helada mujer del Ártico para que la prefiriera antes que a ella.

-Eugenia estaba detrás de aquel artículo de la prensa... -declaró Pablo.

Lali se quedó muy quieta y luego, de pronto, se dio la vuelta con los 
ojos muy abiertos. Pablo le devolvió la mirada con ojos atormentados, con los puños. cerrados.

-Entonces supongo que habrá caído de ese pedestal donde la tenías... -comentó Lali sintiendo que si dejaba de hablar se derrumbaría y hundiría en sollozos.

Por fin veía en los ojos de Pablo aquello que más temía ver: el horror ante el descubrimiento de la verdadera naturaleza de Eugenia.

- Yo no la tenía en un...

-Lo siento, Pablo, pero cualquier mujer la habría calado a un kilómetro de distancia. Pero claro... - Lali cambió de tema enseguida, incapaz de hablar de algo tan doloroso-. ¿No es reconfortante saber que estaba completamente decidida a conquistarte?

-Sólo por... sólo por quién soy y lo que tengo.

-Sí, bueno -sonrió Lali-. Sé sincero. Vos valoras las mismas cosas que ella. Toda esa educación similar, el estatus, las convicciones, el dinero.

-No espero que me perdones por haberme negado a creerte -aseguró Pablo cerrando los ojos con la cabeza bien alta.

-Bien, porque no iba a hacerlo -continuó Lali buscando por el enorme vestidor-. Así que pensabas que ella estaba muy por encima de todo eso, y ahora que conoces la verdad te sientes
bastante mal. Y, por cierto, ¿cómo has sabido la verdad? -preguntó de pronto curiosa.

-Un periodista cantó. Eugenia había estado investigándote.

-Eso podría habértelo dicho yo.

-Concertó una cita con un periodista y le entregó el informe completo. Se lo dio bajo la condición de que el artículo debía humillarte. Incluso fue tan arrogante que ni siquiera se molestó en tratar de borrar su rastro.

-Quizá pensara que era demasiado arriesgado confiarle el trabajo a otro -sugirió Lali con las mejillas llenas de lágrimas, sin dejar de descolgar ropa del perchero.

-¿Viste la entrevista que hice sobre vos?

-No... -respondió Lali sorprendida.

-Esperaba que eso te hiciera volver a casa. Sabía que le habías prometido a Rochi encontrarte con ella, pero me advirtió de que le costó bastante que accedieras -confesó Pablo tenso-. Y eso de que sólo quisieras fijar tu cita con ella con una semana de antelación sinceramente, tenía pocas esperanzas de que aparecieras hoy por el parque.

-Yo no le haría nunca eso a Rochi, es una buena persona.

-Al principio, cuando hablé con Eugenia la primera vez, ella no dejó de mentir. Luego mencioné el comentario que Rochi le había oído hacer el día de nuestra boda y...

-¿No es maravilloso comprobar que crees a todo el mundo menos a mí? Crees al periodista, a Rochi... - lo condenó Lali con amargura.

-Honestamente, no podía creer que Eugenia fuera capaz de ese comportamiento -respondió Pablo apretando los dientes-. Es decir... hasta hace dos semanas, cuando fui a verla y finalmente ella perdió los nervios al comprender que había perdido.

-Ella nunca perdió, Pablo, ha salido victoriosa todo el tiempo -lo contradijo Lali con sencillez mientras las lágrimas corrían por sus mejillas-. Vos y yo no teníamos mucho en común para empezar...
pero cuando ella terminó su trabajo ya no teníamos nada. Sin embargo no debes engañarte a ti mismo creyendo que la culpa es de ella.

-Sé de quién es la culpa. Sé que te defraudé y que te hice infeliz. Me odias, ¿verdad?

-A veces... como por ejemplo ahora mismo, ¡sí! - soltó Lali de pronto dando la vuelta por donde estaba él-. Aquel día me asustó de verdad. ¡Hizo todo cuanto estuvo en su mano para persuadirme de que abortara! Insultó a mi madre, me insultó a mí de todos los modos en que se le ocurrió, ¡Y vos ni siquiera me escuchaste!

-LAli... yo -comenzó a decir Pablo dando un paso adelante.

-¡Cállate! -lo interrumpió Lali furiosa -. ¡Fui una estúpida casándome con vos! Ese día estaba tan enfadada que...

-Tenías todo el derecho del mundo a estarlo. Lo único que sé es que nunca he estado tan cerca de la violencia como el día en que me enfrenté a Eugenia -declaró Pablo con crudeza-. ¡La forma en que habló de vos era casi como para pegarle!

-¿En serio? -preguntó Lali, contenta por fin de poder gobernar sus emociones para escuchar gozosa aquel detalle-. Entonces, ¿significa eso que no va a haber una reconciliación? -Pablo la miró
perplejo-. Quiero decir, ¿Ya no vas a casarte con ella después del divorcio?

-¿Vos estás loca? ¿Casarme con ella? -exclamó Pablo incrédulo-. ¡Pero si es una lagarta!

-Bueno, te ha costado toda una vida darte cuenta, pero al fin lo has comprendido. Enhorabuena. ¿Podrías darme una maleta?

-¿Una maleta?

Lali se sentía poseída por una necesidad imperiosa de mantenerse ocupada. Pablo estaba minando su resistencia, y ella estaba decidida a que eso no ocurriera. Lali dio un paso adelante y estuvo a punto de caer ante una montaña de ropa tirada en el suelo. Miró para abajo y vio que era de Pablo. La sorteó y pasó al Iado de él. Pero entonces Pablo la agarró de la mano.

-¡Tenes que escucharme!



CAPITULO 52

-¿Me escuchaste a mí? ¡No, cuando trataba de explicarte lo que ocurría vos siempre decías o que estaba celosa o que estaba irritada a causa del embarazo! ¿Pues quieres que te diga algo, Pablo? Ahora no me ocurre nada de eso, ahora lo que me
ocurre es que estoy al límite de mi paciencia. ¡Soltame!

Pablo la soltó. La ira coloreaba sus duras y masculinas mejillas, pero era el dolor escondido en sus ojos  lo que emocionó a Lali y la
dejó atónita.

-Siento todo esto mucho más de lo que jamás imaginarás -respiró él.

Pálida y temblorosa, Lali comenzó a buscar una maleta. Era una locura, era absolutamente irracional seguir haciendo la maleta en medio de aquel torbellino sentimental, pero no podía soportar ver a Pablo herido. Y todo por culpa de aquella lagarta, que le había sorbido el seso. Lali se estremeció. Por fin encontró las maletas.

-Deja que te la baje yo -se ofreció Pablo quitándosela de las manos.

-¿Sabes?...aún no sos consciente, pero antes o después te darás cuenta de la suerte que has tenido librándote de mí -musitó ella en voz baja, apresurándose a volver al dormitorio que nunca compartirían.

-Lali... por favor, séntate para que podamos hablar -insistió Pablo con una humildad casi patética-. Necesito contarte cosas sobre Eugenia.

Lali se sintió tan perpleja ante aquel ruego que se derrumbó al borde de la cama. Quizá Pablo necesitaba un hombro en el que llorar, ¿pero por qué tenía que ser el de ella? Entonces lo comprendió. Pablo quería hacerle una confesión completa. Su conciencia no se conformaba con menos. Estaba a punto de escuchar una confesión que la deprimirían durante los próximos treinta años. Pablo la observó en silencio y dejó la maleta.
Luego se aclaró la garganta.

-Yo...

-¿No podrías tratar de abreviar? -rogó Lali. Pablo se puso aún más tenso. Su aspecto era tan lamentable que Lali se compadeció. Tenía que enfrentarse, por fin, a aquella declaración. Pablo había amado a Eugenia. Quizá en ese momento sintiera repulsión hacia ella, pero la había amado.

-Mi padre me dijo por primera vez que Eugenia sería una maravillosa esposa para mí cuando yo tenía cinco años.

-¿Cinco años? ¿Y cuántos tenía ella?

-Ocho.

- ¡Cinco años! ¡Dios de mi vida, eso es lavar el cerebro! -exclamó LAli.

-Mis abuelos murieron en un accidente automovilístico cuando mi padre era aún joven. Él se crió con la familia de su padre. Y tienes que comprender que a él le enseñaron a sentirse avergonzado de la familia de su madre, que era más humilde.

-¿Queres decir que lo criaron para que fuera un completo snob? - Pablo asintió-. Y él quería asegurarse de que vos no fallaras en ese sentido, ¿no es eso? -Pablo volvió a asentir-. Así que desde pequeño te adoctrinaron en la creencia de que Eugenia sería tu futura mujer.

-Sí, en un futuro que yo no dejaba de posponer - respiró Pablo hondo-. No podía ni siquiera confesarrne a mí mismo que no me gustaba Eugenia...

-¿Que no te gustaba Eugenia? -lo interrumpió Lalia atónita.

-¿Es que a vos te resultó agradable cuando la conociste en Chindos?

-No, pero...

-Nunca supe entender su comportamiento -continuó Pablo endureciendo su expresión-. Todos se pasaban el día halagando su comportamiento ante de mí, y es cierto que tiene muchas virtudes. Forjaron mi mente de modo que siempre creí que tenía que casarme con ella.

-Así que decidiste casarte con ella y tener una amante que te resarciera.

Pablo comprendió que aquello era una rabieta de Lali y la miró con una expresión de reproche.

-Ese tipo de matrimonios no es tan raro en el mundo en el que yo vivo. Nunca supe qué me iba a perder hasta el día en que te conocí.

-Eso no puedo creerlo -suspiró Lali

-Bueno.. es cierto que hubo unas cuantas mujeres en mi pasado -admitió Pablo-, pero ninguna me llegó tan hondo como vos. Vos y yo tuvimos aquella primera noche mágica y luego yo lo eché todo a perder. Pero no podía permanecer lejos de vos...

-Así que te casaste conmigo y volviste a echarlo todo a perder -terminó Lali por él.

Pablo se acercó a Lali y levantó los ojos para observarIa. Luego alzó las manos tratando de tomar las de Lali, pero ella las retiró. Pablo torció la boca.

-La noche en que me dijiste que estabas embarazada comprendí que estaba enamorado de vos... completamente loco por vos.

-Serías capaz de decirme cualquier cosa con tal de no perder a tu hijo, ¿ verdad? -musitó ella medio sollozando.

Los brillantes ojos de Pablo temblaron. Tomó las manos de Lali y las agarró con fuerza.

-Mi peor error fue no decirte cómo me sentía aquella noche en mi departamento. En aquel momento comprendí que nunca me casaría con Eugenia, pero fue entonces cuando comencé a sentirme terriblemente culpable. Además, justamente me llamó ella después de que vos y yo hiciéramos el amor, y eso me hizo sentirme aún
peor.

Lali vio un atisbo de esperanza. No podía dejar de mirar la expresión del rostro de Pablo, atenta a cada una de sus palabras. Y recordaba su forma de reaccionar tras la conversación telefónica, en la cama.

-Debiste de contármelo todo entonces.

-No quería que te enfadaras -explicó Pablo soltando el aire contenido-. Ni me parecía bien, a esas alturas de nuestra relación, hablarte de ella. Primero tenía que verla a ella y decirle que me
había enamorado.

-¿Y fue eso lo que le dijiste?

-¿Qué otra cosa hubiera podido decirle? -preguntó Pablo a su vez con ojos inquisitivos-. Sabía que la noticia no la impresionaría, pero era la verdad. Cuando saliste de la consulta de Gaston y me dijiste que estabas embarazada me sentí muy feliz, pero me temo que mi sentimiento de culpa hacia Eugenia era tan fuerte que arruiné lo que hubiera debido de ser una ocasión muy especial

-Comprendo cómo has debido de sentirte.

-No, no lo comprendes. Estaba enfurecido conmigo mismo por haberle dejado pensar a Eugenia que nos casaríamos durante tanto tiempo, sentía que la defraudaba -confesó Pablo-. Pero eso
no fue nada comparado con lo que sentí cuando fui a verla a París.

-¿Qué te dijo? -preguntó Lali agarrando con fuerza las manos de Pablo.

-Jugó conmigo -contestó él enervándose con el recuerdo-. Me dijo que era el hazmerreír de todo el mundo, que ningún hombre querría casarse jamás con ella. Pero no dejó de repetir que por supuesto me comprendía y me perdonaba... ¡Estuve horas con ella! Me sentí como un bastardo, estaba convencido de que había arruinado su vida.

-Es una terrible actriz... o quizá... quizá realmente te quisiera, Pablo.

-¡Debes de estar de broma!

-Yo te quiero... ¿por qué no iba a quererte ella? Te conoce desde mucho antes que yo...

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