CAPITULO 53:
-Lali... -la llamó Pablo dando un salto y arrastrándola con él. Su mirada, fija, mostraba un intenso placer y alivio ante aquella sencilla confesión -.LAli, cariño, deliciosa Lali... -respiró entrecortadamente-. Eugenia no me prestaría ni un minuto de su tiempo si yo no tuviera dinero. Está obsesionada con casarse con un hombre rico, no puede creer que no me guste ni que no quiera hablarle de amor... Incluso me dijo que si quería podía conservarte a ti como...
-Como amante...
-Pero yo le dije que te amaba demasiado como para hacerte eso -continuó Pablo apartándole el pelo de la frente con dedos cariñosos y ojos tan tiernos que Lali tuvo finalmente que creer en sus
palabras-. Cuando la vi hace dos semanas, sin embargo, fue sincera. Me dijo que si le hubiera surgido algún partido mejor se habría casado hacía años.
-Me alegro de que estuviera enfadada en lugar de herida - admitió Lali.
-¿A pesar de todo el daño que te ha hecho? - preguntó Pablo sin disimular su incredulidad.
Lali le soltó las manos con cuidado y contestó:
-Puedo ser generosa cuando gano.
Pablo la estrechó entre sus brazos con fuerza y posó los labios sobre los de ella con pasión. Luego, al enterrar el rostro en el cabello de Lali, ella tembló y se sintió débil.
-Nunca soñé que significaría tanto para mí el que una mujer me confesara su amor -admitió Pablo.
-Y pensar que vos podrías habérmelo dicho a mí en lugar de ir a contárselo a Eugenia... -comentó Lali sin poder resistirse-. Si me hubieras dicho que me amabas nunca te habría abandonado.
-Pero no vas a volver a abandonarme nunca más - exigió Pablo con entusiasmo.
-No me atrevería ni a soñarlo... -bromeó ella regocijándose en aquella nueva intimidad de mutua confianza que le permitía hacer y decir lo que quería -.No si vas a emborracharte y a autocompadecerte...
Pablo la llevó a la cama y la miró con intensos ojos
-Sos una picarona...
-Te conozco bien... así que será mejor que te andes con cuidado...
-Te adoro -declaró Pablo con voz ronca-. Pero no vas a decirme lo que tengo que hacer.
Lali deslizó los dedos por la cabellera y susurró:
-Bésame...
Y Pablo lo hizo. Después levantó la cabeza con un brillo cómplice en los ojos y mirada intensa y comentó:
-Embarazada, descalza y en el dormitorio, agapi mou.
-Lo has dicho mal, no era así.
-Lo he hecho a propósito -contestó él con una sonrisa.
-Bueno, pues si estamos negociando, ¿qué hay de todo eso de «vos no sos mi dueña, no puedes decirme lo que tengo que hacer, a dónde tengo que ir ni con quién»? -inquirió Lali.
-Sabía que recordarías cada palabra.
-Me reservo ese derecho.
-Podrías haber sido un agente realmente provocador en el departamento de mantenimiento del edificio -comentó él con
ojos brillantes , llenos de deseo y de satisfacción -. Creo que es mucho más seguro tenerte en mi cama.
-Pues yo debo de confesar que la cueva familiar resulta bastante confortable -suspiró Lali feliz, con una mirada de aprobación a su alrededor.
Y, tras una risa ronca, Pablo la besó y procedió a demostrarle los beneficios de compartir aquella cueva familiar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario