lunes, 10 de marzo de 2014

Capítulo 27 y 28: "En el lugar equivocado"



Hoolaaaa chicas como andan perdón por la demora, paso rapidisimo  dejarles nuevos capis porque no me anda el cargador y me queda poca bateria, gracias por estar siempre,besos

CAPITULO 27:

A mediados de la semana siguiente Lali le dijo al señor Barry que había fijado una cita con el encargado de la sucursal del banco.

-¿Y eso?

- Para pedir el crédito y comprar la librería – explicó Lali sonriendo.

-Deja eso para más adelante, Lali.

-Bueno, supongo que puedo cancelar la cita - murmuro ella molesta.

-Sí, es lo mejor -aconsejó el señor Barry mirando unos libros y marchándose enseguida a casa sin más explicación. Lali frunció el ceño. El señor Barry siempre había estado deseoso por retirarse.
¿Acaso había cambiado de opinión? Alejo Barry le había dado a entender que si le hacía una buena oferta para finales de ese mismo año la librería era suya. Sin embargo Lali no quería hacer una
montaña de un grano de arena. No le haría ningún daño esperar.

Pasaron dos semanas más. El señor Barry siempre había sido una persona callada, pero durante ese tiempo se mostró incluso evasivo. Distraída y preocupada, Lali miró una noche el calendario.
Fue entonces cuando, con retraso, notó que tenía otra cosa más importante de la que preocuparse. Posiblemente fuera el estrés y las noches en vela lo que le habían provocado aquel retraso en su ciclo menstrual. Llevaba una semana de retraso. Pero cuanto más pensaba y se preocupada por la posibilidad de estar embarazada más fácil le parecía.

Aquella misma noche, al entrar en el edificio de  MArtinez International, Lali vio a Pablo por primera vez en el plazo de casi tres semanas. Alto, morocho,lindo bien vestido, se dirigía al ascensor con otros tres hombres. El susto la obligó a dejar de respirar. Se detuvo de pronto, involuntariamente, y comenzó a sudar.

-¿Qué tal estás, Lali? -inquirió él con la mayor naturalidad.

Lali parpadeó con la mirada fija en el suelo y levantó el rostro lentamente. Su enormes e incrédulos ojos se centraron en Pablo, parado junto a ella, mientras el corazón le latía como un loco. Unos ojos verdes la miraban insondables.

-Parece como si acabaras de ver un fantasma - continuó Pablo en un murmullo.

Lali observó que los tres ejecutivos esperaban a Pablo sujetándole la puerta del ascensor, atentos a la escena. Aquello la hizo reaccionar.

-¡Vete, por el amor de Dios! ¡Se supone que no me conoces!

-¡Da igual lo que haga, todo te parece mal! ¿Por qué tendrán que ser las mujeres tan irracionales?

-¿Y por qué serán los hombres tan increíblemente estúpidos? -respiró Lali apresurándose a pasar por su lado con la cabeza gacha.

Antes de escapar, no obstante, Lali notó que había cerca otras mujeres de la limpieza. Y todas la miraban. Entonces sintió que se hundía. Cuando más tarde bajó a disfrutar de su descanso habitual se sintió muy incómoda. Nada más llegar ella se produjo un silencio, y hubo miradas y murmullos cuando se marchó. ¿Pero qué otra
reacción hubiera podido esperar de sus compañeras de trabajo? Candela  la siguió hasta el ascensor.

-¿Podemos hablar vos y yo? -Lali asintió-. Lali, las chicas han estado atando cabos y han llegado a ciertas conclusiones antes incluso de que comenzaras hoy a trabajar. Todo el mundo sabe
que cambiamos de planta aquella noche y que desapareciste una semana
.
-Pues no creí que le interesara a nadie.

-Por lo general no, pero algunas chicas habían comentado precisamente cómo te parecías a la morocha que salió en los diarios con el señor Martinez. No es que nadie sospechara, pero hoy... esa forma de detenerse el señor Martinez y de acercarse a vos... es tan sospechosa...

-Yo haré que dejen de murmurar.

-Hace un par de semanas el señor Martinez pasó por mi lado y me saludó. ¡Me llamó por mi nombre! Fue la primera vez en la vida. Algo ha cambiado, de alguna forma. Antes hubiera jurado que ni siquiera sabía cómo me llamaba, te aseguro que siempre he pensado que ni siquiera me veía - suspiró-. No tengo tiempo para los rumores, Lalii.
Sos vos quien me preocupa...

-Yo estoy bien... estoy más triste, y soy más madura -le confió Lali mientras el ascensor de servicio llegaba a su planta.

-Me gustaría poder ayudarte... -añadió Cande con una mueca.

-Ya no soy una niña, Cande.

Una sola noche podía cambiar el curso de unavida. Su madre había sido una madre soltera, y nadie mejor que ella sabía lo difícil que era criar a un hijo en esas condiciones. Pero probablemente
estuviera siendo demasiado pesimista. Lali decidió comprar un test del embarazo y hacérselo al día siguiente. Sería más rápido que esperar a la cita del ginecólogo.

Estaba saliendo de uno de los ascensores de la octava planta cuando se abrió otro en la zona de recepción. Volvió la cabeza esperando ver al guardia de seguridad y se quedó helada. Pablo caminaba a grandes pasos hacia ella. Lali se dio la vuelta y comenzó a abrillantar el suelo con el aparato eléctrico, decidida a seguir con su trabajo.
La máquina se puso en marcha pero de pronto se paró, como sin fuerzas. Lali se volvió. Pablo la había desenchufado y la miraba con ojos desafiantes.

-Deja de huir de mí.

-No sé de qué estás hablando -tartamudeó ella, poco preparada para un ataque como aquél.

-Sí, lo sabes muy bien. Estás tratando de esconderte tras el hecho de que trabajas para mí, pero es demasiado tarde -continuó él con una fría ironía.

-Yo sólo quiero que me dejes en paz.

-Cada vez que me miras tus ojos me dicen lo contrario -respondió él sosteniendo su mirada tranquilo y alcanzando la mano de Lali antes de que ella pudiera darse cuenta de cuáles eran sus intenciones - .Tienes el pulso acelerado. Estás temblando...

-¡De ira! -respondió ella soltándose y dándole la espalda-. Sé lo que quiero en la vida y, créeme, vos no estás incluido en el lote.

-¿Y qué hay en ese lote?

-¿De verdad queres saberlo?

-Sí, de verdad quiero saberlo.

-Muy bien. Pues quiero comprar una librería. Ésa es la razón por la que tengo dos trabajos. Llevo mucho tiempo ahorrando y pronto pediré un crédito.

-Te lo doy yo ahora mismo, con contrato legal -se ofreció Pablo.

Lali dio un grito de frustración, entró en la oficina más cercana y vació la papelera.

-¿Es que no lo entendes? -preguntó saliendo de nuevo-. No quiero ningún favor, no necesito ninguna ayuda.

-Pero estás dejando que tu trabajo aquí sea una barrera entre nosotros dos.

-Pablo... serías incapaz de reconocer que una sólida muralla de ladrillo es una barrera.

-No debería de haberte pedido que fueras mi amante -murmuró Pablo.

Lali estuvo tentada de mirarlo a los ojos. La tensión de su cuerpo se desvaneció ligeramente.

-No...

-Era demasiado pronto -añadió Pablo.

-¡De verdad que sos lento a la hora de comprender!

Un brillo divertido cruzó los ojos asombrados de Pablo.

- Te he echado de menos,pethi mou.

Aquella sonrisa era como el calor del sol. Lali apartó los ojos de él como si se quemara.

-Así que estás aburrido de tanto servilismo y necesitas algo nuevo. ¿Se te ha ocurrido alguna vez llamar a una agencia matrimonial?

-Pronto terminarás tu trabajo aquí. Déjame que te lleve a cenar a algún lugar.

Lali lo observó, apoyado contra la puerta, como un depredador que se hubiera tomado un rato de descanso. Pablo era capaz de hacer surgir en ella el hambre y la pasión más poderosas. Lali recordó todas las noches pasadas en vela, tratando de olvidarlo a él y odiándose a sí misma por su debilidad. Y sin embargo ahí estaba de nuevo esa excitación, ese anhelo doloroso que iba mucho más allá del mero deseo físico...


CAPITULO 28:

-Lali... -comenzó a decir él en voz baja.

-Cuando termino mi trabajo me voy a la cama, -contestó ella escueta, agachándose para seguir abrillantando el suelo.

-Bien, entonces nos saltamos la cena.

Lali se enfadó ante aquella sugerencia y se enderezó de pronto. Pero lo repentino del movimiento le produjo un mareo. La vista se le
nubló, se sentía incapaz de enfocar las cosas correctamente. De pronto sintió que se caía, que caía en la oscuridad, que le fallaban las piernas.
Más tarde Lali comenzó a recuperar poco a poco la conciencia, pero seguía mareada y sentía náuseas. Abrió los ojos lentamente. Pablo estaba muy cerca de ella. Estaban en el ascensor, y él la llevaba en brazos, comprendió finalmente sintiéndose aún más confusa.

-Pablo...

-¿Sí? -preguntó él sin disimular su agresividad, agarrándola con brazos firmes contra su pecho.

-¿Qué ha ocurrido?

-Te has desmayado.

-Yo nunca me desmayo... -aseguró ella luchando por recobrar el sentido.

-Ya has tenido bastante con esa abrillantadora, es evidente que eso no es para ti.

-¡PAblo... soltame!

-Si te suelto te volverás a caer. Tenes un aspecto horrible, pero no es sorprendente, ¿no te parece? - continuó Pablo en tono acusador-. Trabajas seis días a la semana en la librería, y te pasas más de la mitad del tiempo sola, arreglándotelas sin nadie.

-¿Y cómo sabes vos eso? -jadeó Lali asombrada.

-Me he molestado en enterarme -contestó él con un brillo en los ojos-. Tu otro jefe se lo ha montado bien. Se pasa por la librería hacia mediodía y luego, a media tarde, se vuelve a casa. ¿Cómo esperas poder trabajar todo el día y después cinco noches a la semana en un trabajo físico agotador?

-Soy joven y saludable -protestó Lali mientras las puertas del ascensor se abrían -. ¿A dónde diablos me llevas?

-A casa -contestó él dando gigantescos pasos y dirigiéndose por el vestíbulo hacia el exterior.

LAli hizo un esfuerzo y apartó la mirada de él para fijarse en los guardias de seguridad del área de recepción. Uno de ellos se apresuraba a abrirles las puertas mientras el otro observaba la escena tratando de no delatar su reacción
.
-¿Cómo crees que voy a poder seguir trabajando aquí después de esto? -inquirió Lali

-Buenas noches, señor Martinez -dijo el guardia  que les abrió la puerta.

-Mm... sí, es una buena noche -contestó Pablo sin inmutarse.

Lali cerró los ojos y sintió el frío del aire nocturno quemarle las mejillas.

-Si no me sintiera tan mal te estrangularía por esto, Pablo.

Pablo la dejó en el asiento trasero de la limusina y se sentó a su lado sin ninguna muestra de arrepentimiento.

-Tenemos que esperar, Vico está vaciando tu casillero -advirtió él.

Lali comprendió lo que decía, pero no le dio importancia. La puerta del coche se cerró y el vehículo arrancó minutos más tarde. Sólo cuando logró calmarse y volver a la normalidad Lali abrió los ojos. Pablo la observaba desde el otro rincón de la limusina con una sonrisa de satisfacción.

-¡No me mires así!

-¿Cómo te miro? -murmuró él con voz ronca. Igual que un hombre que contemplara su coche nuevo, pensó Lali. Con un orgulloso sentido de la posesión.

-Nada ha cambiado -advirtió ella airada.

-A veces sos terriblemente ingenua -respondió él con fría indolencia.

-Lo fui, en la isla, pero no volveré a serIo -lo corrigió Lali ácida-. Y si lo que buscas es ingenuidad, bueno... estoy segura de que con tanto dinero habrá mucha gente dispuesta a vender.

Una lenta y ardiente sonrisa curvó los sensuales labios de Pablo.

-¿Y dónde iba yo a encontrar a una mujer con tanto coraje y tan mordaz como vos?

-Si yo estuviera en tu pellejo comenzaría a preocuparme por las cosas que te resultan atractivas en una mujer.

-Sos un continuo desafío para mí -rió él-. Me encanta ver que no te impresiona lo más mínimo quién sea yo ni qué posea. No tienes ni idea de lo escasa que resulta esa cualidad entre la gente que me rodea.

Lali apartó la mirada de aquellos rasgos de devastador atractivo y magnetismo con un enorme esfuerzo. Recordó el trato que Pablo tenía con la gente que lo rodeaba y con sus familiares y comprendió que entre ellos había una barrera. Pablo era tan reservado que todos mantenían con él una distancia formal. Excepto ella. Su orgullo había exigido siempre que la tratara como a un igual.
Y sin embargo, si se hubiera mantenido reservada y en silencio ella también, nada de aquello habría ocurrido. No tendría que enfrentarse a un casi seguro desastre. Porque si estaba embarazada, ¿cómo diablos iba a arreglárselas? Sus planes de
futuro nunca habían incluido esa posibilidad. Sin embargo era una estupidez dejarse llevar por el pánico mientras no se hiciera la prueba.

-De repente estás a miles de kilómetros de distancia -dijo Pablo. Laliparpadeó y le devolvió la mirada, comprendiendo de pronto que la limusina se había detenido-. Claro, estás agotada.

-No, creo que estoy embarazada -soltó Lali sin pensarlo siquiera. Pablo se quedó helado, paralizado por el susto-. Quizá... quizá hubiera debido de decírtelo... de otro modo - musitó Lali incapaz de
pensar en otro modo de soltar aquella bomba sin que le estallara en la cara.

Lo cierto era que no había tenido la intención de decírselo, ni siquiera lo había pensado, pero el estrés y la ira la habían traicionado. Lali estaba en tal estado de nervios que ni siquiera se había dado cuenta de que había salido del coche y de que estaba a punto de salir de un ascensor desconocido.

2 comentarios:

  1. Jajjaajaj,la llevó a casa ,pero a la d el .
    K bomba le tiro Lali.Le salió natural.

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  2. Hola percha como estás? paso super rapido antes de ir a la facu....
    te cuento que estoy super al día :D solo que no te podía comentar antes después te cuento porque...
    pero ya estoy de vuelta y a la noche sin falta subo nove...
    ahora en cuanto a la nove
    jajajajjaja! morí de risa como se lo dijo que estaba embarazada, sin vueltas...! jajajja
    eso si Mas le vale que pablo se porte ya que esta en la mira! jajjaja....
    me muero por leer lo que sigue ;).. espero más que ansiosa el prox cap...
    te escribo mas tarde....
    besos percha que estes bien ;)

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