jueves, 1 de agosto de 2013

Capítulo 71; "Vos necia, Yo mentiroso"



Hola les dejo rapidisimo el el nuevo capii , besotes

Capitulo 71:
—¡Lalita ! ¡Qué gusto verte!
—¿Y Cande?
—La pobrecita está adentro, acostada. Hoy no se siente nada bien... Ha tenido contracciones desde la mañana. ¿Queres verla?
Lali ingresó a la vivienda contigua al negocio. El lugar era modesto, y por estar en un interior, sumamente oscuro y deprimente.
—¿Qué haces aquí, Lali?...
—¿Cómo estás?
—¿No lo ves?... Ahora que está por nacer, estoy muerta de miedo... ¿Le dijiste?
—Te prometí que no lo haría, y cumplí... Pero me he arrepentido. Ha sido una promesa torpe. Vico tiene que hacerse responsable de esto. Tiene la obligación deestar aquí, a tu lado.
—¡No! Él no tiene ninguna obligación... Y no quiero su lástima.
—¡¿Cómo que no tiene obligación? ¿Es el padre, o no?
—Él no quería tenerlo.
—¿Acaso vos lo buscaste?... No. Este bebé llegó sin consultar, y vos estás aquí lista para asumir tu responsabilidad, mientras que él está por allí, como si nada.
—Él no quería...
—Así como nadie quiere atropellar a nadie. Las cosas suceden. Aún cuando uno sea cuidadoso y responsable, aún cuando no sea su intención, las cosas suceden. Y una vez que alguien queda atrapado bajo las ruedas de tu auto, no basta con mirar hacia otro lado, y decir: “yo no quería”. Hay que hacerse cargo.
—Por eso me dio el dinero para el aborto, y buscó la clínica.
—Con “hacerse cargo” no me refiero a sacar un revolver y rematar a tu víctima... Me refiero a actuar como un adulto, y asumir “todas” las consecuencias de tus actos. Aún las no deseadas.
—Él quería que yo abortara...
—Y lo desprecio horriblemente por eso. Aquel día que nos encontramos vos y yo, iba directo a su casa, a aceptar la propuesta de matrimonio que me había hecho. Nunca lo amé, pero tenía muchas cosas por las cuales lo quería y lo admiraba, así que creí que no se merecía que lo castigara con mi indiferencia... ¿Sabes?, si cuando supo que estabas embarazada me lo hubiera contado, si me hubiera pedido que lo ayudara a ser un buen padre, yo hubiera accedido encantada, y quizás hoy estaríamos casados. Pero no...
—Tuvo miedo.
—¿Lo defendes?... ¿Por qué las mujeres siempre justificamos a los hombres? ¿Será por eso que nunca se deciden a crecer, o madurar?...
La muchacha observó a la futura madre una vez más.
—Escucha, Cande... Has vuelto a hacer otra de esas caras... ¿Cada cuánto tenes los dolores?
—No sé... Pero son insoportables...
—Me doy cuenta que estás asustada, pero... A mí me parece que...
—¡No!... Todavía faltan tres... ¡ay!... días.
—Las primerizas pueden adelantarse o atrasarse, y tres días no son nada... ¿Por qué no vas a consultar?
—Cuando la tía cierre... ¡Ay!... el negocio. ¡Ay!
Y bastó aquello para que Lali actuara empujada por el mismo miedo que a la otra la paralizaba. En cuestión de minutos ya estaban subidas a un taxi. Pero no habían recorrido demasiado, cuando Cande empezó a gritar, desesperada.
—¡Ya viene!... ¡Ya viene!
—¿Cuánto falta, señor?
—Hay una manifestación... Creo que el hospital está en huelga...
Cande pegaba gritos, y se contorsionaba. Y Lali se desesperó.
Salió del auto y se dirigió directamente a un tipo que sostenía una pancarta, mientras un bombo azotaba los oídos de todos.
—¿Dónde consigo un médico?... Allí adentro hay una mujer a punto de parir.
El tipo dejó de saltar, y se dirigió a un hombre que pasaba, de elegante traje.
—Doctor Fuentes... ¡Ahora es una parturienta!
—Un infarto, una parturienta... ¡¿Me viste la cara, López?!
Pero, a pesar de las protestas, el joven doctor acompañó a Lali hasta el auto.
—Uh... Esto no va a esperar a una desconcentración...
—¡No me manchen el auto!... ¡Después soy yo el que tiene que limpiar!
El médico observó a Lali, sin descuidar a su paciente.
—¿Atendiste alguna vez un parto?
—¡Nunca!
—¡Felicitaciones!... Estás bien jodida entonces.... Abre la otra puerta, y asómate por allí. Vos, chofer, desplaza esta porquería de asiento para adelante.
—¿Quién va a pagar por...?
—¡Yo, idiota!... Deja de chillar –le respondió aquel hombre práctico.
Afuera era el caos. Los gritos, los estribillos, los bocinazos. Pero en aquel pequeño recinto se hizo la luz. Lali nunca hubiera imaginado que un parto era algo semejante. Claro que sabía... Todos saben... Pero estar allí, era otra cosa. Jamás había presenciado un acto tan humano, y a la vez tan divino. Tan doloroso, y tan festivo...
Nunca había pensado en la sangre, la excrescencia, la piel desgarrándose... Y luego aquel bebé, escurriéndose en medio de esa miasma, casi como una rata gigante... Aborrecible... Y a la vez emocionante. Y bastó escuchar su llanto fuerte y potente, para que Lali amara a aquel niño, que ahora le parecía hermoso...
Sí, aquella nueva esperanza bien ameritaba todo el dolor, el miedo, el valor que Cande había demostrado.
—Allí viene la ambulancia... Tarde, como siempre.
Cuando ya me he manchado el traje... Es la tercera vez que va a la tintorería desde que la huelga ha empezado –se quejó el médico.
Los enfermeros se acercaron, y el hombre intentó terminar con su labor antes de que trasladaran a su paciente.
—Toma a tu ahijado –le dijo a Lali, mientras le entregaba el bebé, todavía con un grueso cordón umbilical colgando.
Y ella se emocionó hasta las lágrimas. Aquel era el hijo de Vico. Un hijo que bien hubiera podido ser el suyo. Un varón como su padre, y que si el destino le jugaba a su favor, nunca iba a tener necesidad de mentir, para encontrar algo de felicidad. Tras la ambulancia, llegaron los reporteros, en busca de la nota emotiva.
Y entonces, como ocurría siempre en la vida, el milagro se tiñó de negocio. Y ya nadie lo volvió a recordar.
Lali miró la hora en su reloj. El departamento debía estar vacío... Pero ella tenía la llave, y mucho tiempo. Abrió la puerta, y ya se estaba dirigiendo hacia la mesa, cuando un rumor la distrajo. Era como un suspiro fuerte, o un quejido... Y entonces, contrariando toda lógica, en vez  de salir de allí, o gritar llamando al dueño de casa, simplemente se dirigió hacia la fuente del sonido: el dormitorio.
Abrió la puerta y, por supuesto, lo vio... Era de esperar. Un hombre capaz de engañar y mentir, no iba a refrenar otros instintos más fáciles de satisfacer. No iba a...
—¡Rochi!
—Hola, Lalita... –dijo su amiga, incorporándose desnuda en la cama.
—¡Lali! –gritó en cambio Vico, con horror.
De inmediato comenzó a vestirse, mientras intentaba vanamente justificarse.
—No es lo que parece... Yo... Yo te puedo explicar, Lali...
—Es una santurrona, pero no es tan idiota –terció Rochi, mientras encendía un cigarrillo—. La buena de Lalita no necesita explicaciones.
—No... No las necesito... Sólo por curiosidad, ¿desde cuándo?
—¡Nunca antes habíamos...! –comenzó a decir él.
Pero la voz de su amante lo interrumpió, sin misericordia.
—A las dos semanas de que viniera por primera vez a casa... Cayó un día preguntando por vos, y una cosa lleva a la otra...
—¡Pero no era todo el tiempo! –intentó justificarse aquel galán, ahora parado a medio vestir, muy cerca de Lali.
Pero ella sólo se limitó a mirarlo con indiferencia.
—¡Qué pretendías! –le replicó su antiguo vecino, enardecido al darse cuenta que ya todo era inútil— ¡Soy un hombre!... ¡Tengo necesidades!
—No... Si las necesidades las puedo entender muy bien –respondió al fin la muchacha—. Sos un hombre, y tenes las mismas necesidades que tenemos todos... Pero lo que no puedo entender es la mentira... –Y desnudándolo con su mirada, agregó— O el asesinato.
—¿A qué te referís? –preguntó él, escondiendo la cara—. Lo que te hayan dicho, es una calumnia.
—Pues esta tarde he sostenido a tu calumnia entre mis brazos... Ah, por cierto, ¡felicidades!, es un varón... morocho, y con tus mismos ojos...
—¡¿Qué ocurre?! –se conmocionó Rochi.
—¡Eso es imposible!... ¡No puede ser!... Yo mismo...
Lali lo interrumpió, adolorida.
—¿Qué?... ¿Pagaste por el aborto?... Pero, ¿sabes lo que ocurre, Victorio? Dios es más grande... No es que si no vas a Misa no te ve... Él, a  diferencia de vos, sabe bien lo que hace. Y por qué.
La muchacha aprovechó el desconcierto que había provocado, para dirigirse a la sala. Pero cuando ya estaba por salir del cuarto, todavía agregó.
—Por cierto... A Candela no le interesa que la hagas de padre... Tuviste tu oportunidad, y la desperdiciaste... Pero yo me voy a encargar de convencerla para que te formule una demanda civil por alimentos... Sos un hombre rico, Vico. Y no lo sos por tu propio mérito, sino por tu herencia. Yo voy a cuidar de que tu bebé comparta también esa herencia. ¡Te lo juro!... –Y, luego de reflexionar, agregó—. Es curioso... Cuando te peleaste con tus padres, y viniste a dormir a nuestra casa, Leda me llamó para advertirme sobre vos... Me dijo, “Nunca confíes en Vico, porque no es de confiar”... Y a mí me pareció tan terrible que una madre hablara así de su propio hijo, que le perdí de inmediato todo el cariño que le tenía... ¡Pobre! Lo único que había pretendido era advertirme... Y yo no supe escucharla...

Lali se dio media vuelta, y salió de aquel cuarto como había entrado. ¿Cuántas otras veces se habría negado a escuchar la verdad?

3 comentarios:

  1. Que capitulonnnnn huelga parto niño amorios y mentiras... yo a Vico ya le hubiese dado una buena patada en sus partes es de lo peor a la final y Rochi turra mal..!!! Cero codigos esta chica se nota q le tiene celos a Lali porq ha querido todo lo q esta ha tenido!!!
    Se extraña Pablito!!!

    Quiero mas cappppp... Espero q subas pronto!!! Besos q estes bien!!! :D

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  2. hola .. siempre leo la nove .. soy adicta , no puedo dormir tranquila sin ver la pagina. ojala en algun capitulo sea pablo quien.cuente la historia ...
    saludos desde chile

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  3. X problemas no pude entrar antes.Ya estoy al dia,aunque solo comente en el primero.k me faltaba y en este,x k lo hago x movil y se me complica .Los problemitas son d vision ,y me cuesta el digital.Pablo no va a aguantar,la tiene k ir a buscar.Madrina!!!Rochi si k es envidiosa,ademas adicta al sexo,k equivicada esta,d esa manera no va a enganchar a ningun tipo,xk ellos se aprovechan d lo ligerita k es

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