Hola les dejo rapidisimo el el nuevo capii , besotes
Capitulo 71:
—¡Lalita
! ¡Qué gusto verte!
—¿Y
Cande?
—La
pobrecita está adentro, acostada. Hoy no se siente nada bien... Ha tenido
contracciones desde la mañana. ¿Queres verla?
Lali
ingresó a la vivienda contigua al negocio. El lugar era modesto, y por estar en
un interior, sumamente oscuro y deprimente.
—¿Qué
haces aquí, Lali?...
—¿Cómo
estás?
—¿No
lo ves?... Ahora que está por nacer, estoy muerta de miedo... ¿Le dijiste?
—Te
prometí que no lo haría, y cumplí... Pero me he arrepentido. Ha sido una promesa
torpe. Vico tiene que hacerse responsable de esto. Tiene la obligación deestar
aquí, a tu lado.
—¡No!
Él no tiene ninguna obligación... Y no quiero su lástima.
—¡¿Cómo
que no tiene obligación? ¿Es el padre, o no?
—Él
no quería tenerlo.
—¿Acaso
vos lo buscaste?... No. Este bebé llegó sin consultar, y vos estás aquí lista
para asumir tu responsabilidad, mientras que él está por allí, como si nada.
—Él
no quería...
—Así
como nadie quiere atropellar a nadie. Las cosas suceden. Aún cuando uno sea
cuidadoso y responsable, aún cuando no sea su intención, las cosas suceden. Y
una vez que alguien queda atrapado bajo las ruedas de tu auto, no basta con
mirar hacia otro lado, y decir: “yo no quería”. Hay que hacerse cargo.
—Por
eso me dio el dinero para el aborto, y buscó la clínica.
—Con
“hacerse cargo” no me refiero a sacar un revolver y rematar a tu víctima... Me
refiero a actuar como un adulto, y asumir “todas” las consecuencias de tus
actos. Aún las no deseadas.
—Él
quería que yo abortara...
—Y
lo desprecio horriblemente por eso. Aquel día que nos encontramos vos y yo, iba
directo a su casa, a aceptar la propuesta de matrimonio que me había hecho.
Nunca lo amé, pero tenía muchas cosas por las cuales lo quería y lo admiraba,
así que creí que no se merecía que lo castigara con mi indiferencia... ¿Sabes?,
si cuando supo que estabas embarazada me lo hubiera contado, si me hubiera
pedido que lo ayudara a ser un buen padre, yo hubiera accedido encantada, y
quizás hoy estaríamos casados. Pero no...
—Tuvo
miedo.
—¿Lo
defendes?... ¿Por qué las mujeres siempre justificamos a los hombres? ¿Será por
eso que nunca se deciden a crecer, o madurar?...
La
muchacha observó a la futura madre una vez más.
—Escucha,
Cande... Has vuelto a hacer otra de esas caras... ¿Cada cuánto tenes los
dolores?
—No
sé... Pero son insoportables...
—Me
doy cuenta que estás asustada, pero... A mí me parece que...
—¡No!...
Todavía faltan tres... ¡ay!... días.
—Las
primerizas pueden adelantarse o atrasarse, y tres días no son nada... ¿Por qué
no vas a consultar?
—Cuando
la tía cierre... ¡Ay!... el negocio. ¡Ay!
Y
bastó aquello para que Lali actuara empujada por el mismo miedo que a la otra
la paralizaba. En cuestión de minutos ya estaban subidas a un taxi. Pero no
habían recorrido demasiado, cuando Cande empezó a gritar, desesperada.
—¡Ya
viene!... ¡Ya viene!
—¿Cuánto
falta, señor?
—Hay
una manifestación... Creo que el hospital está en huelga...
Cande
pegaba gritos, y se contorsionaba. Y Lali se desesperó.
Salió
del auto y se dirigió directamente a un tipo que sostenía una pancarta,
mientras un bombo azotaba los oídos de todos.
—¿Dónde
consigo un médico?... Allí adentro hay una mujer a punto de parir.
El
tipo dejó de saltar, y se dirigió a un hombre que pasaba, de elegante traje.
—Doctor
Fuentes... ¡Ahora es una parturienta!
—Un
infarto, una parturienta... ¡¿Me viste la cara, López?!
Pero,
a pesar de las protestas, el joven doctor acompañó a Lali hasta el auto.
—Uh...
Esto no va a esperar a una desconcentración...
—¡No
me manchen el auto!... ¡Después soy yo el que tiene que limpiar!
El
médico observó a Lali, sin descuidar a su paciente.
—¿Atendiste
alguna vez un parto?
—¡Nunca!
—¡Felicitaciones!...
Estás bien jodida entonces.... Abre la otra puerta, y asómate por allí. Vos,
chofer, desplaza esta porquería de asiento para adelante.
—¿Quién
va a pagar por...?
—¡Yo,
idiota!... Deja de chillar –le respondió aquel hombre práctico.
Afuera
era el caos. Los gritos, los estribillos, los bocinazos. Pero en aquel pequeño
recinto se hizo la luz. Lali nunca hubiera imaginado que un parto era algo
semejante. Claro que sabía... Todos saben... Pero estar allí, era otra cosa.
Jamás había presenciado un acto tan humano, y a la vez tan divino. Tan
doloroso, y tan festivo...
Nunca
había pensado en la sangre, la excrescencia, la piel desgarrándose... Y luego
aquel bebé, escurriéndose en medio de esa miasma, casi como una rata gigante...
Aborrecible... Y a la vez emocionante. Y bastó escuchar su llanto fuerte y
potente, para que Lali amara a aquel niño, que ahora le parecía hermoso...
Sí,
aquella nueva esperanza bien ameritaba todo el dolor, el miedo, el valor que
Cande había demostrado.
—Allí
viene la ambulancia... Tarde, como siempre.
Cuando
ya me he manchado el traje... Es la tercera vez que va a la tintorería desde
que la huelga ha empezado –se quejó el médico.
Los
enfermeros se acercaron, y el hombre intentó terminar con su labor antes de que
trasladaran a su paciente.
—Toma
a tu ahijado –le dijo a Lali, mientras le entregaba el bebé, todavía con un
grueso cordón umbilical colgando.
Y
ella se emocionó hasta las lágrimas. Aquel era el hijo de Vico. Un hijo que
bien hubiera podido ser el suyo. Un varón como su padre, y que si el destino le
jugaba a su favor, nunca iba a tener necesidad de mentir, para encontrar algo
de felicidad. Tras la ambulancia, llegaron los reporteros, en busca de la nota
emotiva.
Y
entonces, como ocurría siempre en la vida, el milagro se tiñó de negocio. Y ya
nadie lo volvió a recordar.
Lali
miró la hora en su reloj. El departamento debía estar vacío... Pero ella tenía
la llave, y mucho tiempo. Abrió la puerta, y ya se estaba dirigiendo hacia la
mesa, cuando un rumor la distrajo. Era como un suspiro fuerte, o un quejido...
Y entonces, contrariando toda lógica, en vez
de salir de allí, o gritar llamando al dueño de casa, simplemente se
dirigió hacia la fuente del sonido: el dormitorio.
Abrió
la puerta y, por supuesto, lo vio... Era de esperar. Un hombre capaz de engañar
y mentir, no iba a refrenar otros instintos más fáciles de satisfacer. No iba
a...
—¡Rochi!
—Hola,
Lalita... –dijo su amiga, incorporándose desnuda en la cama.
—¡Lali!
–gritó en cambio Vico, con horror.
De
inmediato comenzó a vestirse, mientras intentaba vanamente justificarse.
—No
es lo que parece... Yo... Yo te puedo explicar, Lali...
—Es
una santurrona, pero no es tan idiota –terció Rochi, mientras encendía un
cigarrillo—. La buena de Lalita no necesita explicaciones.
—No...
No las necesito... Sólo por curiosidad, ¿desde cuándo?
—¡Nunca
antes habíamos...! –comenzó a decir él.
Pero
la voz de su amante lo interrumpió, sin misericordia.
—A
las dos semanas de que viniera por primera vez a casa... Cayó un día
preguntando por vos, y una cosa lleva a la otra...
—¡Pero
no era todo el tiempo! –intentó justificarse aquel galán, ahora parado a medio
vestir, muy cerca de Lali.
Pero
ella sólo se limitó a mirarlo con indiferencia.
—¡Qué
pretendías! –le replicó su antiguo vecino, enardecido al darse cuenta que ya
todo era inútil— ¡Soy un hombre!... ¡Tengo necesidades!
—No...
Si las necesidades las puedo entender muy bien –respondió al fin la muchacha—.
Sos un hombre, y tenes las mismas necesidades que tenemos todos... Pero lo que
no puedo entender es la mentira... –Y desnudándolo con su mirada, agregó— O el
asesinato.
—¿A
qué te referís? –preguntó él, escondiendo la cara—. Lo que te hayan dicho, es
una calumnia.
—Pues
esta tarde he sostenido a tu calumnia entre mis brazos... Ah, por cierto,
¡felicidades!, es un varón... morocho, y con tus mismos ojos...
—¡¿Qué
ocurre?! –se conmocionó Rochi.
—¡Eso
es imposible!... ¡No puede ser!... Yo mismo...
Lali
lo interrumpió, adolorida.
—¿Qué?...
¿Pagaste por el aborto?... Pero, ¿sabes lo que ocurre, Victorio? Dios es más
grande... No es que si no vas a Misa no te ve... Él, a diferencia de vos, sabe bien lo que hace. Y
por qué.
La
muchacha aprovechó el desconcierto que había provocado, para dirigirse a la
sala. Pero cuando ya estaba por salir del cuarto, todavía agregó.
—Por
cierto... A Candela no le interesa que la hagas de padre... Tuviste tu
oportunidad, y la desperdiciaste... Pero yo me voy a encargar de convencerla
para que te formule una demanda civil por alimentos... Sos un hombre rico,
Vico. Y no lo sos por tu propio mérito, sino por tu herencia. Yo voy a cuidar
de que tu bebé comparta también esa herencia. ¡Te lo juro!... –Y, luego de
reflexionar, agregó—. Es curioso... Cuando te peleaste con tus padres, y
viniste a dormir a nuestra casa, Leda me llamó para advertirme sobre vos... Me
dijo, “Nunca confíes en Vico, porque no es de confiar”... Y a mí me pareció tan
terrible que una madre hablara así de su propio hijo, que le perdí de inmediato
todo el cariño que le tenía... ¡Pobre! Lo único que había pretendido era
advertirme... Y yo no supe escucharla...
Lali
se dio media vuelta, y salió de aquel cuarto como había entrado. ¿Cuántas otras
veces se habría negado a escuchar la verdad?

Que capitulonnnnn huelga parto niño amorios y mentiras... yo a Vico ya le hubiese dado una buena patada en sus partes es de lo peor a la final y Rochi turra mal..!!! Cero codigos esta chica se nota q le tiene celos a Lali porq ha querido todo lo q esta ha tenido!!!
ResponderEliminarSe extraña Pablito!!!
Quiero mas cappppp... Espero q subas pronto!!! Besos q estes bien!!! :D
hola .. siempre leo la nove .. soy adicta , no puedo dormir tranquila sin ver la pagina. ojala en algun capitulo sea pablo quien.cuente la historia ...
ResponderEliminarsaludos desde chile
X problemas no pude entrar antes.Ya estoy al dia,aunque solo comente en el primero.k me faltaba y en este,x k lo hago x movil y se me complica .Los problemitas son d vision ,y me cuesta el digital.Pablo no va a aguantar,la tiene k ir a buscar.Madrina!!!Rochi si k es envidiosa,ademas adicta al sexo,k equivicada esta,d esa manera no va a enganchar a ningun tipo,xk ellos se aprovechan d lo ligerita k es
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