sábado, 24 de agosto de 2013

Capítulo 85: "Vos necia, Yo mentiroso"


Holaa chicas les cuento que yo estoy prácticamente recuperada y me siento mucho mejor, con un poco de tristeza les anuncio que queda un capitulo mas y se termina esta gran adaptación espero que disfruten de estos últimos capis , gracias a las que siempre leen y comentan me hacen sentir que no es en vano los capis que subo, besotes

CAPITULO 85:
—Y entonces me rechazaste... ¡Maldición! ¡Cómo me lastimaste, rechazándome!...
Su dolor, aún por la simple evocación, era auténtico. Por un instante Pablo se quedó pensativo, pero luego sonrió con picardía.
—Y a la vez, ¡cómo me gustó que lo hicieras!... ¡Todavía guardo tu braga!... ¡Y verte ahí, parada frente a mi escritorio, quitándotela!... ¡Fue increíble!
—Pues a mí no me causó ninguna gracia.
—¿No me deseabas ni un poco?
—Sólo un poco...
—¿Mentís?
—Sí.
—Pues me encanta que lo hagas.
Y volvió a cubrirla con la sombra de aquella pasión que lo atenazaba, recorriendo su cuerpo con deseo.
—Espera, Pablo... ¿Qué hay de aquello que ocurrió en el galpón?... Peter dijo...
—De todos los hombres del mundo, ¿por qué elegiste a ese estúpido?
—Ya te dije. Estaba ahí.
—Yo también estaba ahí, pero, al parecer, mis mentiras no eran tantas como para conquistarte.
Lali le respondió, divertida.
—¡No creas! A mentiroso no te supera nadie. Y ya para ese momento yo estaba completamente enamorada...
—¿En serio?
—No te distraigas... ¿Cómo supiste...?
—Un día vino ese estúpido de Peter a hablarme de vos. A preguntarme qué pensaba hacer, ahora que me habías rechazado.
—¿Y qué pensabas hacer?
—¡Olvidarte! Me habías tratado muy mal, y siempre fui demasiado orgulloso como para volver atrás.. Y, de verdad, si la estúpida de Rocio no me hubiera invitado aquel domingo a tu casa...
—¿Insistes con esa historia?
—Prácticamente fue cuestión de llegar, para que se arrojara en mis brazos...Todavía recuerdo ese horrible vestido violeta con pintas rosas...
Lali se sorprendió.
—¡Es una traidora!... Ella sabía bien lo que yo sentía por vos... ¿Por qué aceptaste su invitación?
—Fui sólo para tirármela a mi antojo. Quería darte una lección. Quería demorarme lo suficiente con ella, como para que nos encontraras juntos... Quería que escucharas toda aquella pasión que te estabas perdiendo.
—Pero yo llegué antes de tiempo...
—Y bastó verte, para olvidar de inmediato mi venganza... Y me humillé, Lali. Me humillé ante vos...Prácticamente te supliqué para que volvieras...
—Me moría por volver a tu lado...
—Lo cierto es que cuando aquel idiota de Peter te mencionó, me imaginé que algo se traía... Así que comisioné a su secretaria para que no le pasara tus mensajes, y revisara su agenda.
—Y cruzabas nuestros trabajos para que no coincidieran los horarios libres.
—¿Astuto, no?
—Enfermo, diría más bien...
—Sí... Realmente lo estaba. De celos, de envidia... De amor. Por eso no le perdía pisada a aquel hijo de puta. Pero cuando viniste con lo de tu cita de las ocho, me estremecí. Era obvio que Peter intentaba ganarme de mano... Para colmo, Maca no se separaba de mí ni a sol ni a sombra, y el idiota de Benja estaba en casa, quejándose... ¡No pude evitar que te fueras!
—¿Cómo nos alcanzaste?
—Gracias a un buen amigo... Lanzani lo había ido a ver esa tarde, para poder ubicar el galpón de Vasquez. A él le había parecido todo muy raro, y, por supuesto, me llamó... Pero yo debía estar muy enojado, o algo así, porque entendí mal... Creí que el plan de Peter era más simple. Llevarte al galpón, mostrarte su buena voluntad hacia vos, y recurrir al viejo truco de “Se me descompuso el auto, tendremos que pasar la noche juntos”... Así que pensé alcanzarlos en lo de Vasquez , ya que ustedes tenían la delantera, seguirlos, y aparecerme por allí en cuanto aquel estúpido intentara montar su numerito...
—¿Y con qué excusa ibas a aparecer?
—Cualquiera, aunque fuera estúpida.
—Pero yo iba a darme cuenta de que nos habías seguido.
—¿Acaso ignorabas que había mandado cortar los neumáticos de Victorio?... Pero igual te fuiste conmigo aquella noche...
—Muy astuto...
—Te lo dije... Sabía que, puesta en esa situación, ibas a aceptar ser salvada, sin hacer demasiadas preguntas.
—¿Cómo te diste cuenta que necesitábamos ayuda?
—Tardaban demasiado... En realidad, fui hasta allá esperando ver a aquel idiota sobre vos...
—Y, entonces, ¿por qué llevabas el arma?
—Siempre la tengo en mi auto... Y ya me ha salvado la vida en varias oportunidades.
—Lo bueno sería, ahora que sos mi esposo, que no te volvieras a arriesgar como para necesitarla...
—Ahora que soy tu esposo..., (¡suena muy bien eso!). Ahora que soy tu esposo, intentaré no arriesgarme.
—Odio las armas.
—La primera vez que maté a un hombre, fue en la guerra... Yo era un experto tirador. Desde pequeño había acompañado a mi tío en sus excursiones de caza, y la idea de matar a una presa me excitaba... Matar al enemigo... Pero cuando estaba allí, con las balas silbando en mis oídos, muerto de miedo, aquel enemigo resultó ser otro muchacho, tan asustado como yo, y que no debía tener muchos más de los veintidós años que yo tenía por entonces... Todavía me persigue su mirada... Y es que aquello no es algo que uno pueda arrancar de la memoria con facilidad... Por eso me prometí que nunca más iba a volver a matar a alguien, a menos que fuera a cambio de mi vida... Y lo cumplí... Sólo maté a otro, y no me arrepiento... Pero esa noche en el galpón, cuando vi que ese tipo apretaba el caño de su arma contra tu cabeza, de verdad estaba dispuesto a disparar... Porque vos ya eras mi vida...
Volvió a besarla con dulzura.
—¡Qué difícil fue estar cerca de vos, Lali, sin tener derecho de tocarte!... Cómo me gustaba sentir aquella intimidad, tu calor... Recuerdo que no podía dormir por la excitación, y, cuando el sueño por fin me vencía, me levantaba más excitado aún... ¡Mierda que son sensuales las tareas de la casa!... Te agachabas, te estirabas... ¡Y cuando limpiabas ese balcón!... Cuantas veces fantaseé con hacerte el amor allí mismo, con el sol pegando de frente...
Pablo sonrió.
—Y lo mejor de todo, es que ahora, cualquier día en que estés distraída, lo voy a hacer...
—Ni lo sueñes –replicó ella, tratando de ocultar la excitación que le producía la sola idea.
—Sí... Aquella época fue una locura... Sentía... Sentía miles de cosas... Y estaba entregado. Ya ni me molestaba en mentirme a mí mismo. Sabía exactamente lo que me ocurría con vos... Y entonces, cuando más desprotegido estaba, me lastimaste de la forma más horrible.
—¿A qué te referís?


3 comentarios:

  1. porfavor no la termines nuuuuunca... saludos desde Chile

    ResponderEliminar
  2. Geniaaaaa!! Ha sido de mi mayor agrado poder leer esta nove contigo... sos una GRANDE por darnos una historia tan linda!!! Muchas GRACIAS!!!! Triste xq se termina pero contenta de haberla compartido con vos!!! Besos y sube pronto!!!

    ResponderEliminar
  3. intentaré no arriesgarme ,Peter no lo promete ,solo lo intentará.La deseo todo el tiempo y d todas las formas.

    ResponderEliminar