CAPITULO 84:
—¿Por qué nunca me lo echó en cara?
—¿Vuelves a decirme de usted?
Aquel hombre se incorporó, para sentarse a su lado.
—Nunca quise lastimarte... Y sólo guardé ese video para poder chantajear a ese estúpido si algo te ocurría... ¿Crees en mi?
—¡Te creo, Pablo!
La observó complacido.
—Entonces vas a tener que disculpar si abro tu camisa para acariciarte... Esta conversación ya se ha hecho muy larga, y me muero por tocarte...
En efecto, Lali pudo sentir aquella suavidad recorriendo la curva de sus pechos. Y luego sintió como él deslizaba el bretel del corpiño, dejando al descubierto su piel suave.
—¿Te dije alguna vez que tenes los pezones más hermosos que he visto?... Los de la mayoría de las mujeres suelen ser horribles. Demasiado oscuros, o demasiado claros. metidos hacia adentro, o salidos artificialmente para afuera... Los tuyos son justos —dijo, mientras intentaba atraparlos entre sus dedos— Me encanta la forma en que florecen cuando estás excitada...
Y mientras aún sostenía aquella parte de su intimidad, comenzó a besarla con lujuria.
—¿Has visto?... Son perfectos... Y me obedecen, como no lo hace su propietaria...
—Quizás porque a ellos los tratas mejor que a mí...
—Siempre te he tratado con respeto y dulzura.
Lali sonrió con sarcasmo, obligándolo a justificarse.
—O al menos hice mi mejor intento...
Volvió a vestirla, como si disfrutara de aquel dominio.
—Luego de aquella fiesta, todo fue para peor... No sabía que me pasaba, pero únicamente quería estar con vos... Llegaba tarde a todos los sitios, sólo por compartir la mañana a tu lado sin que nadie nos interrumpiera... ¿Puedo confesarte algo, Lali?
—Es mi regalo de bodas.
—¿Recuerdas aquella muchacha que intentó lastimarte con el cuchillo?...
—Sí.
—Esa, Lali, fue la última extraña con la que me acosté...
Su esposa lo observó, sorprendida.
—Todas las noches me sentaba aquí para abrir los preservativos y arrojarlos al cesto.
—¿Para qué hacías eso?
—Para que no te dieras cuenta hasta que punto me había enamorado de vos...
Los dos se observaron, sin vergüenza de mostrarse. El pecho de Lali subía y bajaba sin parar, movido por una mezcla de excitación, deseo, y profundo amor.
—Sentí, Pablo... –le dijo, mientras conducía la mano de su esposo a través de la tela de su camisa—. Es mi corazón.
Y también él condujo la mano de ella hasta su pecho. Luego volvieron a besarse.
—Fue un tiempo difícil, Lali... No sabía que me pasaba... Y era demasiado orgulloso como para aceptar que, simplemente, estaba enamorado.
—A mí tampoco me fue fácil darme cuenta.
—Entonces se me ocurrió lo del medio millón de dólares... Era una forma de tenerte, sin sentirme tan humillado...
—Era una forma de comprarme.
—Sí... Sin tener que involucrar los sentimientos... Estaba paralizado, Lali. Y estaba horriblemente celoso de todos esos idiotas que te rodeaban. Y más aún estaba celoso de Gas.
—Vos hablas de celos... ¡Y hasta tenes una página en Internet!... ¿Cuántas mujeres ha habido en tu vida?
—Pero vos sos la única a la que he amado... En cambio vos...
—Yo te amo a vos....
Otra vez volvieron a besarse con pasión, y con furia. Pero él se separó.

geniaaaa!!!
ResponderEliminarSON MASSSSSSS TIERRRRRRRRRNOSSSS...!!!! QUIERO MAS NOVEEEE!!!
ResponderEliminarEspero q subas pronto y ya estes mas recuperada... besos q sigas bien!!! :D
Pablo hizo d todo......esos globitos,jajajaj.
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