sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 81: "Vos necia, Yo mentiroso"


Holaaa, les cuento que ya estoy mejor cada vez tengo menos tos y ya estoy yendo a la facu, espero que disfruten el capi los que vienen son reveladores, besos

CAPITULO 81:
Horas mas tarde …
—¡Felicitaciones, señora Martinez!... Y ahora, si me permite, quisiera hablar con su esposo.
La bella jueza de paz se alejó, arrastrando a Pablo con ella.
—Te darás cuenta que esto es de lo más irregular... Necesito la firma de un médico municipal que diga que...
—¿No podes pagarle a alguien?
—Podría, pero...
—¿El matrimonio es válido igual, no?
—Lo asenté en el gran libro... Ya no podrás arrepentirte, Pablo. Para el gobierno nacional sos oficialmente un hombre casado.
—Me parece bien... Hay que probar de todo, ¿no es cierto?
—La chica es muy bella, pero... ¿casarse vestida así?... ¿Dónde la encontraste? ¿Por la calle?
—Más o menos.
—Bueno... Cuando te canses de ella, o necesites el divorcio, vuelve a acordarte que yo existo... Sabes que siempre sos bienvenido...
La dama lo acarició con discreción, mientras que la novia permanecía distante, con la mirada fija en el vacío.
—Bueno, Lali... Ya estamos casados. Esta libreta roja lo prueba. ¿Queres tenerla?
—Me da igual... Pero para estar casados, falta la Iglesia.
—Insistes con eso...
—Por supuesto.
Pablo la enfrentó.
—¿No te habrás casado conmigo sólo por limpiar tu conciencia, no? Creo que sos más inteligente que eso...
—Lo soy –dijo la muchacha de esa forma altiva, que servía para dejar en claro las cosas.
—Voy a buscar el auto...
—No es necesario. El Templo está aquí, a unas calles, y bien podemos ir caminando.
Bajaron todos los pisos hasta la calle en silencio. A su lado, las parejas pasaban, vestidas con elegancia, tomándose de la mano, mirándose arrobadas. Ellos, en cambio, parecían dos extraños... O un jefe y una empleada, haciendo algún trámite engorroso, que era necesario llevar a cabo con rapidez.
Con esa misma distancia caminaron por la calle, entre el gentío indiferente. Aquella zona céntrica estaba inundada de oficinistas que, a esa hora, ya comenzaban a prepararse para el regreso a casa.
A pesar de que faltaban apenas unos pocos días para el verano, la temperatura había bajado hasta los quince grados centígrados. El día anterior había habido mas de treinta, por lo que el frío se hacía sentir, inclemente. El cielo anunciaba una lluvia de esas que últimamente había tantas, y que calificaban de verdadero vendaval.
—¿Tenes frío, Lali? –fueron las primeras palabras del novio, en más de ocho calles de recorrido.
—No... De todas forma, ya llegamos. Es aquí.
Pablo elevó la cabeza, para encontrarse con aquel enorme y añoso edificio que ocupaba la manzana completa, sólo para rematar, casi llegando a la esquina, en un bello Templo.
—De todos las Iglesias del mundo, ¿justo tenía que ser aquí? –murmuró.
—Mi confesor es un jesuita.
Y como si los hubiera estado esperando, aquel hombre doblado por los años, les salió al encuentro.
—Este es... –comenzó a presentarlo LAli.
Pero el sacerdote la interrumpió.
—Ya nos conocemos... El colegio nunca olvida a uno de sus hijos.
Lali se sorprendió.
—¿Estudiaste aquí?
—Mi padre era ex alumno. Aquí se casó, me hizo bautizar, y tomé la primera comunión... Claro que todo eso no sirvió para evitar que lo asesinaran horriblemente, dejando a su hijo de diez años huérfano, y al cuidado de nadie, mientras Dios miraba para otro lado. Al parecer Él, a diferencia del colegio, “sí” se olvida de sus hijos.
El sacerdote resopló.
—Pasa, Pablo... Como te dije un día, vos y yo tenemos una confesión pendiente... Y hoy ha llegado la hora de pagar deudas...
Pero ni bien ingresaron al recinto adonde aquella lucha iba a llevarse a cabo, el aguerrido impenitente miró a su confesor a los ojos, y estallando en furia, le espetó.
—He matado a dos hombres, y desde mi punto de vista, es Dios el que tiene que pedirme perdón...
Sí... Aquello no iba a ser fácil... Y no lo fue.
Mas tarde…
Lali escuchó el ruido del elevador al detenerse, y su corazón se paralizó. Habían llegado. Luego de tanto tiempo, de nuevo estaban allí, en aquel departamento en que se habían encontrado por primera vez.
—¿No vas a pasar? –le preguntó él, casi como si se tratara de un reto. –Me gustaría  decirte que esta es tu nueva casa, pero aquí has firmado un papel que dice exactamente lo contrario –agregó, señalando la pesada carpeta que llevaba a cuestas.
La joven se apuró a salir en el momento justo en que el elevador volvía a cerrarse.
—Tendría que haberme imaginado que, de todos los curas del mundo, justo ese iba a ser tu confesor... El tipo es un hijo de puta, y me hizo transpirar como….. Fue intenso. 
Lali permanecía a su lado, atenta a él, pero en silencio.
—¿Te vas a quedar aquí, en el recibidor?
Traspusieron la barrera vidriada, y entraron a la sala.
—Me imagino que esto no se ha parecido en nada a tu otra boda –dijo él, con orgullo.
—Casi en nada.
—¿Cómo que “casi en nada”?...

2 comentarios:

  1. Que mala onda la jueza de paz... y lo dudo Pablo no atua pesipitadamente ni se va a arrepentir y Lali tampoco porq es lo que mas quieren!!!! jajajajaja y es muy graciosa la escena con el Cura... jajaja y Pablo le canto peor q un pajarito!!!
    Y ese ultimo comentario de que su boda no se parece en nada a la otra me huele a celitis por parte de Pablito!!!!
    Quiero mas noveeeee!!! Espero q subas pronto y me alegra mucho de q estes mucho mejor!!! Besos q estes bien....!!!! :D

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