miércoles, 29 de noviembre de 2017

"Venganza" : Prólogo




     Prólogo
   
     LA familia Cameron vivía en Liberty desde siempre.

     Al principio cultivaron la tierra. Después montaron un rancho, y luego subdividieron el terreno y construyeron casas. También eran propietarios del mayor banco de Liberty y de la empresa inmobiliaria más próspera.

     La gente hablaba con respeto de Isaiah Cameron y de su hijo mayor,Victorio, pero no de Pablo , el pequeño.
     Pablo hablaba de su hermano con cariño y el sheriff Steele con consternación.
   
     A Pablo no le importaba. En el verano de sus dieciocho años, ya había perdido toda esperanza de que su padre lo mirara con cariño, como miraba a Vico.

     Pablo medía algo más de un metro setenta y cinco. Tenía el pelo castaño, los ojos verdes y una figura delgada y musculosa, formada a base de trabajar de peón en las construcciones de su padre. Isaiah nunca le dio un centavo a menos que trabajara para ganarlo.

     Desde el día en que nació, el chico sólo había dado problemas.

     La población femenina de Liberty también hablaba de Pablo , pero en voz baja. Soñaban, fantaseaban y suspiraban por él. Podía escoger las chicas que quería, de todas las edades y tallas, coqueteaba con todas y se acostaba con las más bonitas. Nunca pretendió herir los sentimientos de ninguna, pero era tan inconstante, qué rompió muchos corazones.

     Vico era tan distinto de Pablo como la noche del día. Lo preocupaba mucho que Pablo algún día se metiera en un lío de verdad. Isaiah creía que era algo inevitable.

      - El día que naciste me arruinaste la vida - le había dicho Isaiah más de una vez.
     Pablo no lo dudaba. Su madre había muerto al traerlo al mundo y nada podría reparar esa pérdida.
     El momento que todos temían llegó antes de lo esperado por una serie de acontecimientos sin conexión aparente entre sí.

     Se llamaba Mariana o Lali como todos sus conocdos la llamaban. Su padre era un hombre que iba de ciudad en ciudad por todo el sur, trabajando en lo que encontraba y arrastrando a Lali y a su mujer. Ese verano se instalaron en una roulotte en las afueras de Liberty.

     Un día Pablo entró en la cafetería de la escuela secundaria. Su mirada se clavó en un ángel con el cabello largo,morocho y unos ojos marrones con verdadero brillo de diamantes.

     Pablo le lanzó una sonrisa devastadora, y puso en juego todo su encanto. No pasó nada. Tardó al menos una semana en conseguir que Lali le devolviera una sonrisa, otra en que aceptara comer con él, y cuando por fin logró que aceptara salir con él, ya estaba loco por ella.

     Sus amigos pensaban que estaba trastornado. Lali era bonita, pero no tenía la chispa de otras chicas y no trataba a Pablo como si fuera un gran premio. Eso a Pablo no le importaba. Ella tenía una frescura y una dulzura que él nunca había conocido, y se le metió en el corazón.

     Después de la segunda cita, Pablo quería más. Pero no sexo. Estaba seguro de que Lali aún era inocente. Por primera vez en su vida, Pablo no quería seducir a una chica, sino hablar y estar junto a ella. Lali era buena y dulce y le veía a él algunas buenas cualidades. Eso era una experiencia nueva para él, y cuando Lali le dijo que era inteligente, empezó a estudiar y sin darse cuenta aprobó todos sus exámenes. De pronto, los estudios le parecieron interesantes. Empezó a ir a clase todos los días.

     Lali le estaba cambiando la vida y eso a Pablo le encantaba. Lo cierto era que la amaba. Quería decírselo y pedirle que fueran novios, pero antes tenía algo desagradable que hacer. Algo que solucionar.

     Había estado viendo a una mujer. No era la primera casada de Liberty que había intentado seducirlo, pero sí la primera en conseguirlo. Se llamaba Emilia, y era joven y sexy, y estaba aburrida de ser la esposa de Nicolas Francke, un hombre gordo, mucho mayor que ella, que era dueño de gran parte de los negocios y de los políticos de la ciudad.

     Pablo se había fijado en ella, como todos los hombres de la ciudad.

     Un día, cuando su antigua moto Harley lo había dejado tirado camino de Windham Lake y él intentaba arreglarla, Emilia detuvo su Cadillac en el arcén. Hacía un calor húmedo y él se había quitado la camisa. . Emilia lo saludó. Tras unos minutos, salió del coche.

      - ¿Sabes mucho de motores? - le preguntó con voz melosa.

     Sin prestarle mucha atención, Pablo le contestó:

      - Lo suficiente como para intentar arreglar mi motor.

      - ¿Entonces, querrías intentarlo con el mío? - le dijo ella, riendo.

     Entonces Pablo la miró de los pies a la cabeza, paseando la mirada por sus largas piernas y el generoso busto. Había visto cómo pasaba la lengua por los labios y supo enseguida a qué motor se refería.

     Cuando conoció a Pablo , llevaba un par de meses acostándose con Emilia. Los viernes por la tarde, cuando el marido iba al condado vecino a jugar al golf, Pablo montaba en su moto hasta la casa del lago y luego la montaba a ella hasta que los dos quedaban exhaustos. Nunca había sido tan divertido como él esperaba y, cuando conoció a Lali, dejó de ir. Pensó que Emilia deduciría que todo había terminado.

     No tenía deseos de ver a ninguna mujer aparte de Lali, aunque eso significara no acostarse con nadie. Ya lo tenía decidido, puesto que Lali era inocente. Pero en las dos últimas citas la temperatura había subido. Lali había gimoteado en sus brazos. Él le había acariciado los senos y ella, agarrando su mano, la había llevado hasta su vientre. Era una invitación tentadora, pero él no la había aprovechado.

     Lali era una flor fresca y no se debía cortar así como así. Esperaría hasta terminar la secundaria y tener un trabajo para comprarle una alianza, ponerse de rodillas y pedirle que fuera su esposa.

     Pero entonces, todo se fue a pique.

     Emilia lo telefoneó la tarde del baile de fin de curso del instituto. Tenía que verlo, le dijo. Era urgente. Parecía presa del pánico y Pablo montó en la Harley y fue a su casa. La urgencia no era otra que saber dónde se había metido porque no lo había visto en muchas semanas.Pablo le dijo con tanta suavidad como pudo que todo había terminado entre ellos.

     Ella no aceptó bien la noticia. Lloriqueo, se puso furiosa, y luego lo amenazó.

      - A mí nadie me deja plantada, Pablo Cameron - le gritó mientras él se marchaba -. Nada termina hasta que yo lo diga. ¡No puedes hacer lo que te dé la gana y luego irte como si tal cosa!

     Esa noche, Pablo se puso el esmoquin de alquiler, le pidió prestado el coche a Vico y fue a buscar a Lali

     Cuando Isaiah se enteró de que su hijo menor iba a salir con una chica que vivía en el camping, le advirtió que tuviera cuidado con las mujeres que solo iban detrás del nombre y el dinero de los Cameron.

     A Pablo , el discurso le resultó gracioso puesto que todo el mundo sabía que él tenía el nombre, pero no el dinero. Isaiah siempre dejaba bien claro que tenía un hijo bueno y uno malo, y que Pablo nunca vería ni un centavo.

     Esa noche, condujo hasta el remolque y recogió a Lali. Ella estaba preciosa, casi etérea, con el vestido de encaje blanco y seda rosa que ella misma se había hecho. La ayudó a entrar en el coche de Vico y partieron hacia el gimnasio del instituto. A mitad de camino,Lali le puso la mano sobre el muslo.Pablo sintió como si la piel le quemara y la garganta se le quedara seca.

      - No quiero ir al baile - le susurró ella -. Por favor llévame al lago, Cole, a nuestro lugar.

     Pablo dudó aunque ya sentía que la sangre se le agolpaba en la entrepierna.

     Su lugar era un rincón con césped, escondido entre los árboles, donde le había acariciado los pechos y casi, casi había perdido el control.

      - ¿Estás segura? - le preguntó en un tono de voz espeso y ardiente.

     Lali le contestó con un beso.

     Pablo condujo hasta el lago, sacó una manta del maletero y la tendió sobre la hierba. Desnudó a Lali y se desnudó también. Y al recibir el dulce regalo de la virginidad de Lali, encontró por fin todo lo que siempre había soñado.

      - Voy a casarme contigo - le susurró mientras ella yacía en sus brazos y sonreía, lo besaba en la boca y lo incitaba a entrar en ella una y otra vez.

     A medianoche, la acompañó hasta el remolque. Era la hora límite que ella tenía para volver a casa. Incluso en esa noche especial en que él le había declarado su amor y la había hecho suya para siempre. Demasiado feliz para dormir, condujo hasta las colinas desde donde se veía toda la ciudad y se quedó pensando en lo mucho que quería a Lali y en la vida que iban a compartir.

     Ya amanecía cuando regresó a la gran casa que nunca le había parecido un hogar. Metió el coche en el garaje y se coló en su cuarto sin que nadie lo oyera. Estaba profundamente dormido cuando Isaiah abrió de golpe la puerta.

      - ¡Imbécil! - le gritó, agarrando a Pablo de un brazo y sacándolo de la cama -. ¿Estabas borracho, o simplemente eres estúpido?

     Anonadado, medio dormido, Pablo parpadeó y miró a su padre.

      - ¿Qué pasa?

     El padre le dio una bofetada.

      - No me vengas con cuentos... Anoche asaltaste la casa de los Francke.

      - ¿Qué?

      - Ya me has oído. Forzaste la puerta y destrozaste el salón.

      - No sé de qué me estás hablando. Ni siquiera estuve cerca de esa zona.

      - La mujer de Francke te vio. Estaba en el comité organizador del baile y, cuando regresaba a su casa, te vio saltar por la ventana.

      - No me importa lo que diga. No pudo verme porque yo no estaba allí.

      - Dice que está segura de que eras tú, y que lo hiciste porque no te dio lo que tú querías.

      - La señora dice que has estado husmeando alrededor de ella como un perro alrededor de un hueso - dijo otra voz.

      - Era el sheriff Steele, que estaba de pie junto a la puerta.

      - Eso tampoco es verdad - replicó Pablo .

      - ¿No?

      - No - contestó Pablo con frialdad -. En todo caso sería al revés, sheriff. Está enojada porque no hago lo que ella quiere.

     Isaiah alzó la mano para pegarle, pero la dura mirada de Pablo lo hizo detenerse.

      - Esa mujer dice que te vio.

      - Está mintiendo. Anoche no estuve ni siquiera cerca de casa de los Francke.

      - ¿Entonces, dónde estuviste? Ya hice averiguaciones - dijo Steele - y sé que no fuiste al baile. Tampoco estabas en el instituto. La señora Francke te habría visto. Entonces, si no fuiste a su casa y la destrozaste, ¿dónde estuviste? - abrió la boca para decir que junto al lago con Lali, pero la cerró de golpe. El sheriff sonrió -. ¿Se te ha comido la lengua el gato?

     Pablo se quedó mirando a los dos hombres. ¿Cómo podía decirles la verdad sin implicar a Lali? Toda la ciudad empezaría a chismorrear, inventándose historias que circularían cada vez más exageradas. Y la idea de que el sheriff fuera a casa de Lali para confirmar su versión le revolvía el estómago. El padre de Lali era un alcohólico y era malo. Quién sabe lo qué haría si aparecía la policía a interrogar a su hija.

      - Contéstale - resopló Isaiah.

      - Ya he dicho todo lo que tengo que decir. Yo no he hecho lo que la señora Francke dice.

      - ¿Tienes forma de demostrarlo? - preguntó el sheriff. - La única prueba que tengo es mi palabra.

      - Tu palabra... - exclamó el padre riéndose -. Tu palabra no vale para nada, como tú. No sé cómo he podido tener dos hijos y que uno no valga nada.

     Pablo vio la cara agobiada de su hermano, que entraba en esos momentos en la habitación.

      - Yo no lo hice - dijo tanto para Victorio como para los demás.

      - Yo sé que no lo hiciste - dijo Vico, pero no sirvió de nada.

     A partir de ese momento todo fue muy deprisa. Francke le había dicho al sheriff que no presentaría la denuncia si le pagaban por los destrozos y el sheriff dijo que no serviría de nada encerrar a Pablo

      - Ya no eres mi hijo - dijo Isaiah con frialdad -. Quiero que te marches de mi casa esta noche.

      - Yo no fui... - Pablo quiso defenderse, pero era inútil. A la mañana siguiente, toda la ciudad lo sabría y él sería un paria. Solo había una salida de ese lío. Tenía que irse de Liberty y no volver hasta ser más importante que las mentiras que Emilia Francke había inventado. Entonces, podría hacerles tragar sus acusaciones e ir en busca de Lali y reclamarla como propia.

     Antes de irse, tenía que ver a Lali y contarle lo ocurrido. Le prometería que algún día volvería por ella. ¿Pero cómo podía hacerlo? Solo con acercarse al camping, la comprometería.Lali, su dulce e inocente Lali, escucharía su historia e insistiría en hablar con el sheriff y con Isaiah para defenderlo. Y eso sería su ruina. ¿No era precisamente eso lo que él intentaba evitar? Solo tenía una manera de demostrar su amor por esa chica. Tenía que dejarla sin mirar atrás. La verdad era que se merecía a alguien mejor que él. Sus sueños no solo se habían desvanecido, sino que habían muerto.

      - ¡Quiero que te vayas de aquí! - le dijo Isaiah. Tienes diez minutos para hacer las maletas.

     Pablo echó vaqueros y camisetas en un macuto. Cuando terminó, Isaiah le dio un billete de cien dólares. Él lo agarró, lo rompió en mil pedazos y se lo tiró a los pies. Salió de la casa que nunca había sido su hogar y montó en su Harley. Ya se oía rugir el motor cuando vio a Vico bajando por las escaleras.

      - Pablo - le gritó Vico -. Espera.

     La moto ya había comenzado a rodar.

      - Cuida de Lali

      - ¿Qué tengo que decirle?

     «Que la amo», pensó Pablo , «que siempre la amaré ... ».

      - Nada. ¿Me oyes, Vico? Cuídala. Asegúrate de que esté bien, y no le digas lo que ha pasado.

      - Sí, pero preguntará...

      - Deja que piense que me cansé y que me marché. Será mejor para ella que salga de su vida.

      - No, Pablo , por favor..

      - ¡Júralo!

     Vico suspiró.

      - Sí - dijo -. De acuerdo. ¿Pero a dónde vas a ir? ¿De qué vas a vivir? Pablo ...

     Pablo apretó el acelerador y salió zumbando por la carretera.

     Dos años más tarde, había trabajado por todo el estado de Georgia, y había atravesado todos los mares del mundo en un buque petrolero hasta llegar a Kuwait. Había madurado. Había dejado de ser insolente. Su suerte había cambiado y ya no estaba tan amargado como antes.

     Pensaba en volver a casa a ver a Vico, e incluso, en reconciliarse con su padre. Pero sobre todo, pensaba en Lali, en regresar a buscarla y en la vida que podrían tener juntos. Ya estaba haciendo planes para regresar cuando recibió una carta de Vico. El sobre estaba sucio y deteriorado, como si hubiera estado siguiéndolo por todo el mundo.

     Pablo abrió el sobre y leyó la carta. Decía que su padre había muerto de un ataque al corazón hacía más de un año.

     Esperaba sentir algún dolor por la muerte del hombre que lo había engendrado, pero lo único que sintió fue decepción por no haber podido demostrarle lo equivocado que estaba sobre su hijo menor.

     Papá me lo dejó todo a mí, escribía Vico. Por supuesto que no debería haber sido así y cuando regreses, lo arreglaremos.

     Pablo sonrió. Eso era lo que Vico pensaba, pero él no quería ni un centavo del dinero de los Cameron. Dio la vuelta al papel y se quedó de piedra al leer:

     No sé muy bien cómo decirte esto. Entiéndelo. Lo hice porque tú me dijiste que cuidara de Lali. Estaba tan sola cuando te fuiste... tan desesperada...

      - No - balbuceó Pablo -. No...

     Su hermano se había casado. Se había casado con Lali, con la chica que él amaba, la chica que adoraba y cuyo recuerdo lo había mantenido con vida mientras luchaba por encontrar un lugar en el mundo.

      - Te quiero - ella le había dicho -. Nunca querré a nadie más que a ti.

     Pero lo único que quería era el nombre y el dinero de los Cameron.

     El resto de la carta estaba emborronado. Pablo arrugó el papel mientras lanzaba un gemido de rabia y angustia. Rasgó la carta en mil pedazos y la echó al viento que no dejaba de soplar en el desierto. Luego, le volvió la espalda a su hogar, a Vico, a Lali, y a todo en lo que había creído.

     Desde ese momento, su único objetivo era volverse rico, y lo único que deseaba era vengarse.

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