viernes, 15 de diciembre de 2017

Capitulo 1, 2 y 3 :"Venganza"



Capítulo 1
      
     Junio había llegado, acompañado de un calor tan fuerte como si ya fuera verano. El aire era espeso y húmedo. Lali estaba sentada delante del espejo de su tocador y se sentía agobiada. Cualquier otro día el calor no la habría molestado. Había crecido en el sur y sabía que con una cola de caballo, pantalones cortos, camiseta, sandalias y la cara sin maquillaje se le podía hacer frente.

     Pero no ese día.


     En poco más de una hora tenía una cita con Sam Jergen, el abogado de Vico, y debía parecer la señora de Cameron y no Lali Davenport. Jergen no la apreciaba. Todavía pensaba en ella como la chica sin escrúpulos de diecisiete años que nueve años atrás había atrapado a su cliente, casándose con él. Pero como el abogado no era estúpido, mientras Vico vivió, procuró tratarla con mucho respeto. Sin embargo, dejó de fingir el mismo día del funeral.


      - Lo siento, señorita Davenport - le dijo Jergen mientras le estrechaba la mano. Luego, sonrió con malicia -. Lo siento, quise decir, señora Cameron, claro.


     “Claro”, pensó Lali , frunciendo la boca.


     Lo que en realidad había querido llamarla era uno de los muchos nombres que le habían puesto en la ciudad. Pero ella no le había dado el placer de verla reaccionar. Ni tampoco iba a hacerlo ese día, aunque suponía que él haría lo posible por humillarla.


     Los ojos de Lali se llenaron de lágrimas. Vico había muerto.


     Aun no podía creer que su marido hubiera perdido la vida en un accidente de automóvil, en una carretera resbaladiza entre Liberty y Atlanta. Las semanas transcurridas desde su muerte, las pasó como en una nube. Había gente que entraba y salía para darle el pésame, pero en realidad, y ella lo sabía, era para mirarla bien cuando ya no había nadie para protegerla de los chismorreos.


     En un lugar como Liberty, las habladurías podían durar toda la vida, sobre todo si eran jugosos. ¿Y qué podía ser más jugoso que su viaje al altar con uno de los hermanos Cameron cuando el otro la había abandonado, y la rapidez con que se había quedado encinta?


     Si pudiera cancelar la cita... Pero no tenía sentido posponer lo inevitable. Jergen había dejado bien claro que era importante.


      - Es sobre las propiedades de su marido - le había dicho.


     Esa mañana procederían a la lectura formal del testamento y ella ya conocía su contenido. Con su sentido práctico,Vico había insistido en que leyera el texto del documento que había redactado un año antes.


     Se lo había dejado todo a ella como fideicomiso para Peter.


      - Es su legítimo derecho - le había dicho.


     Lali había titubeado.


      - ¿Estás seguro de que no quieres dejarle algo a... - no pudo pronunciar el nombre - tu hermano?


     Los ojos de Vico se ensombrecieron y pudo notar que el tiempo no había borrado su dolor. El no había tenido noticias de Pablo desde que le envió la carta acerca del matrimonio. Aunque nunca hablaban de ello, ella sabía que él no podía ni quería ver a Pablo tal cual era. Lo comprendía, porque el amor puede distorsionar el buen juicio. ¿Acaso ella no había llorado noche tras noche por Pablo cuando la abandonó? Ella, al menos, había entrado en razón.


      - No - dijo él en voz baja -. No tiene sentido. Él odiaba esta casa. Odiaba a nuestro padre. No querrá nada que lleve el nombre Cameron. Pero sé que algún día volverá, y cuando lo haga, debes decirle la verdad. Tiene derecho a saber que le diste un hijo, igual que Peter tiene derecho a conocer al hombre que es su padre en realidad.


     Lali clavó los ojos en el espejo. Pablo no tenía derecho a nada. No por parte de ella. En cuanto a Peter... Ella no quería herirlo diciéndole que su padre verdadero los había abandonado. Era mejor que creyera que su padre era Vico. Sería más feliz así, y su felicidad era lo que importaba. Por eso había aceptado casarse con Vico, y por eso pensaba irse de Liberty en cuanto leyeran el testamento.


     Esa mañana, después de que terminaran los trámites legales, tendría suficiente dinero para empezar su vida desde cero, e iba a hacerlo en un lugar lejano, donde Cameron fuera solo un nombre cualquiera. Tomar esa decisión no había sido fácil. A pesar de todo, Liberty era su hogar. Pero sin Vico, ese lugar era inhóspito. Cuanto antes se fuera, mejor.


     Lali abrió el armario. Lo primero que vio fue el traje rosa que se había puesto para el funeral. Lo había hecho por Vico, que odiaba el negro, pero había sido la comidilla y el escándalo de todos. «Al diablo con ellos», pensó. Pero ese día el futuro de Peter estaba en juego, y tenía que aparentar.


     Escogió una blusa de color crema y un traje negro de seda. Iba a pasar calor, pero era el atuendo correcto.


     Su apariencia era formal, pero ya estaba sintiendo el sudor. Su pelo se había rizado con la humedad y no había manera de que pareciera el de una dama.


     En realidad, en lugar de parecer fría y segura, tenía el aspecto de como se sentía: insegura y triste ante la pérdida de la única persona que de verdad la había querido. El espejo se empeñaba en mostrar sus sentimientos en lugar de su apariencia.


      - ¿Mami?


     Lali se volvió.

      - ¿Peter?

     Su hijo empujó la puerta y entró en la alcoba, con cara solemne. A ella se le alegró el corazón al verlo. Se agachó y lo abrazó.


      - ¿Mami? Alice dice que vas a la ciudad.


     Lali se apartó sonriente y le acarició el cabello.


      - Es cierto.


      - ¿Tienes que ir?


      - Sí. Pero no tardaré mucho, cariño. Solo una o dos horas. Te lo prometo.


     Peter asintió. La muerte de Vico lo había afectado mucho y no le gustaba separarse de su madre.


      - ¿Quieres que te traiga algo?


      - No, gracias.


      - ¿Un juego nuevo para el ordenador?


      - Papá me compró uno justo antes de... - le temblaron los labios -. Me gustaría que aún estuviera aquí, mamá.


      - A mí también - contestó Lali estrechándolo muy fuerte.


     Se quedaron así unos instantes y luego ella le preguntó:


      - ¿Y qué piensas hacer hasta que yo regrese?


      - No lo sé - contestó encogiéndose de hombros.


      - ¿Por qué no llamas a Charlie y lo invitas a venir?


      - Charlie no está en casa. Hoy es la fiesta de Sean, ¿no te acuerdas?


     «Maldita sea», pensó Lali. Había olvidado que su hijo no estaba invitado a la fiesta que celebraba un compañero de clase. Recordó que Peter le había preguntado por qué no lo habían invitado y ella le había contestado que no importaba, que ellos dos podían hacer una fiesta el mismo día y pasarlo bien.


      - Me alegro de que me lo hayas recordado - dijo Lali-. Eso quiere decir que hoy también es nuestra fiesta. Así que compraré unas cuantas cosas ricas.


      - Ajá - contestó Peter sin mucho interés. 


      - Vamos a ver.. compraré hígado...


      - ¡Puaj! Detesto el hígado.


      - Y coles de bruselas...


      - ¡Doble puaj!


      - O frijoles. Eso es. Hígado, y frijoles, y pudín de tapioca para postre.


      - ¿Eso que tiene ojos?


      - Sí. ¿Acaso no es tu comida favorita?


      - ¡No, mamá!. Esa comida no es de fiesta.


      - ¿No lo es? - Lali se sonrió y su hijo también -. Entonces creo que tendré que traer porquerías como hamburguesas, patatas fritas y chocolate malteado.


     Minutos después, mientras conducía por la carretera, pensó que eso era un soborno. ¿Pero qué más daba? Lo había hecho sonreír y eso era lo que contaba. La felicidad de su hijo lo era todo para ella. Y también lo había sido para Vico


     «Vico», pensó Lali con tristeza «Qué hombre tan maravilloso había sido».


     Agarró con fuerza el volante. ¿Por qué había ido a verla aquel día, nueve años atrás? A las pocas semanas de que Pablo se hubiera ido, llamó a la puerta del remolque. Su madre le había abierto la puerta y se había quedado atónita.


      - ¡Vaya! - dijo - Usted debe de ser.. ¿Lali? Es... es el señor Cameron.


     Lali estaba en la cocina y el corazón le dio un vuelco.


      - Pablo - dijo - ¡Oh, Pablo !


     Pero fue a Vico a quien vio cuando llegó corriendo a la puerta. Lo conocía de vista, pero nunca habían hablado.Vico era bastante mayor que Pablo y trabajaba en el banco propiedad de su padre.


      - ¿Qué quieres? - preguntó decepcionada.vico sonrió diciendo que había ido a visitarla. Como si tuviera costumbre de ir visitando a la gente del camping.


      - Sí, gracias - contestó cuando la madre le ofreció una taza de té -. ¿Estás bien? - le preguntó a Lali cuando estuvieron solos.


      - No sé a qué te refieres.


      - Mira,Lali , yo sé que tú y Pablo ... Yo sé que él significaba mucho para ti...


      - ¿Pablo ? - Lali irguió la cabeza -. Apenas si lo recuerdo.


      - Lali, por favor, yo sé que te sientes lastimada...


      - ¡Tú no sabes nada! - y sin poderse reprimir, comenzó a llorar -. Odio a tu hermano. ¿Me oyes? ¡Lo odio!


     Vico se quedó mirándola. Sin darse cuenta, Lali había puesto la mano sobre su vientre, y al alzar la vista y topar con los ojos de Vico, se sonrojó.


      - Estás embarazada - le dijo él con dulzura.


      - ¡No! - se puso lívida -. No estoy... embarazada - dijo mirando nerviosa detrás suyo -. Vete, ¿me oyes? Vete de aquí.


      - Maldita sea. No me mientas. Llevas el hijo de mi hermano - la había desarmado. Lali se dejó caer en el sofá y él se sentó a su lado -. ¿Qué piensas hacer?


      - ¡Habla en voz baja!


      - Lali - Vico le agarró la mano -, tienes que decirme lo que piensas hacer.


      - No pienso deshacerme de mi bebé - dijo, arrancando su mano de la de él - si eso es lo que estabas pensando.


      - No sé lo que estaba pensando - dijo Vico con sinceridad -. ¿No estás todavía en secundaria?


      - ¿Y?


      - ¿Y cómo esperas cuidar a tu bebé?


      - Haré lo que tenga que hacer.


      - Lo cual quiere decir que dejarás la escuela, tomarás un trabajo en Burger Pit, tendrás el bebé y vivirás en esta casa.


     Lali sentía que las mejillas le ardían.


      - Esta casa es mi hogar.


     Vico fue cortante.


      - Claro. Y es lo que quieres para tu bebé, ¿verdad? y también para ti. Déjame ayudarte, Lali


     ¡Cómo lo había odiado ese día! La había obligado a ver lo feo y pequeño que era ese cuarto, a percibir el desagradable olor a cerveza y a escuchar los ronquidos de su padre, que dormía la borrachera al otro lado del tabique.


     Pablo solía tomarla en sus brazos y decirle que algún día la apartaría de todo eso. Pero Pablo le había mentido y su hermano, sentado junto a ella, le decía que nunca lograría escapar de esa vida, y lo que era peor, su hijo, tampoco.


      - No quiero limosnas de los Cameron.


      - No te ofrezco limosnas. Lo que te ofrezco es hacer lo correcto para el hijo de Pablo . ¿Qué vas a decirle a la gente cuando vean que estás embarazada?


      - No tengo por qué decirles nada - era mentira. Liberty no era el tipo de ciudad en la que se podía decir a la gente que se ocupara de sus asuntos.


      - ¿Quieres decir que, por orgullo, prefieres que la gente juegue a adivinar quién es el padre?


      - De todos modos lo harán.


     Vico se acercó más a ella.


      - Tienes razón y por eso no te ofrezco dinero.


      - Menos mal. Lo decía en serio cuando dije que no quería...


      - Quiero que te cases conmigo, Lali


     Ella se quedó perpleja, pensando que se había vuelto loco.


      - ¿Casarme contigo?


      - Eso es.


      - ¿Estás loco? No quiero casarme contigo. No te amo y ni siquiera te conozco.


      - Estamos iguales. Yo no te amo y tampoco te conozco. Y para serte franco, tampoco quiero casarme contigo.


      - Entonces, ¿por qué ... ?


      - Por el niño. Le debes una vida decente. - Vico echó una mirada displicente alrededor del remolque, antes de mirarla a los ojos -. A menos que prefieras esto...


      - Yo crecí muy bien sin tener una casa grande como la tuya y tu dinero - ella le reprochó con rabia.


      - Sí - dijo Vico-. ¿Pero no querrías que tu hijo tuviera algo más? ¿No quieres que sea legítimo? - se inclinó hacia ella y le tomó la mano -. Dime que quieres tanto a ese bebé como para dejar que haga lo mejor para ustedes dos.


      - ¿Crees que lo que me propones es lo mejor? - Lali intentó retirar su mano, pero Vico no la soltó -. Me casaría con el demonio antes que con un Cameron.


      - Pablo me pidió que te cuidara - dijo Vico con dulzura.


     El corazón de Lali le dio un vuelco.


      - ¿Te lo pidió? - susurró, y se contestó a sí misma -. No, no lo hizo. A Pablo yo no le importo un pimiento. Lo demostró dejándome plantada sin decirme adiós. Ni siquiera intentó ponerse en contacto conmigo después de la noche en que... la noche en que...


      - Lali - Vico se puso en pie -, mi hermano hizo lo que tenía que hacer.


      - Sí, claro - soltó una carcajada -. Está claro que lo hizo.


      - Y tú también lo harás si eres la mujer que yo creo que eres, te casarás conmigo, tomarás mi nombre y criarás a tu hijo como un Cameron.


      - ¿Y tú qué? - se quedó mirando a vico anonadada -. Suponiendo que aceptara una idea tan loca, ¿qué pasaría con tu vida? Nunca viviría contigo como esposa. Nunca.


      - Lo sé, y no lo espero de ti - carraspeo - Voy a confiarte algo. Algo que creo que deberías saber - tragó saliva -. Nunca me han interesado las mujeres. No como le deben interesar a un hombre - Lali no comprendía. Por fin, se quedó mirándolo sin poder hablar -. Nadie lo sabe. Ni siquiera Pablo . Y nadie lo sabrá. Seré un marido ejemplar, y te prometo que querré al hijo de Pablo como si fuera mío. No hagas que ese bebé pague por lo que sientes contra Pablo 


      - Odio a tu hermano - dijo ella, aunque la magnitud de la mentira le oprimía el corazón.


      - Pero no odias a tu bebé - Vico sonrió con dulzura -. Me harías un favor dejándome disfrutar de un bebé que nunca podría tener. No, no digas nada. Solo dime que lo pensarás.


     Ella lo pensó, intentando ver la lógica de la propuesta, en lugar del dolor de su corazón. Y una mañana, su madre la encontró vomitando en el inodoro y le preguntó lo que Lali temía hacía semanas. Asintió.


      - Tu padre no debe saberlo - le dijo temblando la madre -. Tendrás que hacer algo, Lali, pero no en esta ciudad. Tendrás que hacerlo lejos de aquí.


     Al día siguiente, Lali telefoneó a Vico y aceptó su propuesta.


     Se casaron en el juzgado mientras la madre mojaba pañuelo tras pañuelo. Vico le puso una alianza de platino en el dedo y la besó en la mejilla. Luego, hizo que se mudara a su casa. Le envió una carta a Pablo contándole lo del matrimonio, pero Pablo nunca contestó. Y a ella, Isaiah nunca le dirigió la palabra.


     Ni tampoco la gente de la ciudad, que la miraba con picardía. Sabía que la gente andaba contando los meses desde la boda, y suponían que había atrapado a Vico con una de las trampas más antiguas.


      - No hagas caso de las habladurías - le decía Vico -. Tú sigue con tu vida.


     Y ella le había hecho caso. Y cuando Peter nació, sus días se llenaron del dulce placer de cuidarlo. Era el amor de su vida, algo bueno que Pablo le había dado. Y cuando Vico sugirió que debía buscar a Pablo para decirle que tenía un hijo, Lali dijo que no. Si Pablo no la había querido, ¿por qué tenía que saber que era padre?


      - No quiero que nunca sepa nada sobre Peter - le dijo. Prométemelo,Vico


     Él se lo prometió a regañadientes.


      - No está bien - le dijo -. Un hombre tiene derecho a saber que tiene un hijo.


     Lali giró hacia Main Street y entró en el solar de detrás de la oficina de Sam Jergen para estacionar el coche. Pensaba en lo duro que era criar y educar a un niño. La verdad era que Vico no se había involucrado mucho en criar a Peter. Tenía su propia vida, pero siempre había sido muy bueno con el niño y con ella.


     Maldición. Había otro coche. Un Jaguar negro y reluciente. Al verlo se sobresaltó porque recordó que, cuando soñaba con el futuro, Pablo solía decir que cambiaría su vieja moto Harley por un Jaguar.


     Paró el motor.


     ¿Por qué perdía el tiempo pensando en Pablo ? El pasado estaba muerto y el futuro era lo único que importaba.


     El día se hacía cada vez más caluroso. Lali caminó hacia el viejo edificio. Había llegado muy puntual. Subió las escaleras hasta el tercer piso y abrió la puerta del despacho. El vestíbulo estaba vacío y hacía mucho calor. Lali miró su reloj. Eran las nueve en punto. ¿Dónde estaba la secretaria que solía estar sentada en recepción?


      - ¿Hola? - dijo después de un par de minutos, pero no hubo respuesta. Se sentó en el sofá, pero volvió a mirar el reloj y, con un gesto displicente, se puso de pie -. ¿Hola? - Volvió a decir en voz más alta.


     Desde el final del pasillo, le llegó el rumor de risas. Se encaminó hacia el despacho de donde provenían. Oyó voces, aunque no distinguía las palabras. Un hombre y una mujer estaban hablando. La mujer era la secretaria de Jergen. Lali había hablado con ella varias veces, y por eso lo sabía. Pero el hombre no era Jergen. Tenía una voz más joven y más profunda, más ronca, incluso algo sexy.


     Se le puso la carne de gallina. Algo en la voz le resultaba familiar.


     La mujer volvió a reírse y el hombre también. Lali comenzó a temblar. Dio media vuelta para alejarse. Era obvio que había un error. Se había equivocado de día o de hora. Se iría a casa y llamaría a preguntar cuando tenía la cita.


      - ¿Señora Cameron? ¿Señora Cameron? - oyó que la llamaban.


     Llai se paró en seco. Le costaba respirar y tenía el pulso acelerado.


      - ¿Sí? - contestó y se volvió hacia la secretaria -. Siento mucho haberlos interrumpido. Me temo que me he equivocado de... - la otra mujer la miraba y ella se quedó muda. La puerta del despacho privado de Jergen estaba abierta y se podía ver a un hombre mirando por la ventana. Era alto, medía un metro ochenta y tenía el pelo castaño. Vestía un traje gris claro hecho a la medida de su ancha espalda y su esbelta y musculosa figura. Su apariencia era informal, pero algo en él indicaba que sabía que era el dueño del mundo -. Mejor será que venga un poco más tarde - dijo Lali sin aliento con una voz que no sonaba como la suya -. ¿A las diez, quizás? ¿O esta tarde? Yo pensaba que mi cita era a las nueve, pero...


      - Sí, era a las nueve. El señor Jergen tuvo que salir un momento y dijo que lo esperara en su despacho.


      - No. Lo esperaré en el vestíbulo - la mujer la asió por el brazo. Lali quería agarrarse a la pared y resistir, pero la secretaria tiró de ella y la condujo al interior del despacho -. No - repitió, pero ya era demasiado tarde. El hombre se volvió y la miró.


      - Hola,Lali - dijo Pablo 


     Y de pronto, ella lo vio todo negro.

     


Capítulo 2

     
     Pablo se había preguntado cómo iba a reaccionar Lali cuando lo viera. Había pensado en ello durante el vuelo a casa, aunque Georgia ya no era su casa. Tenía oficinas en Caracas, Londres y Nueva York, un apartamento en Aspen y un ático en Nueva York, pero cuando tuvo noticia de la muerte de Vico estaba en lo más profundo del valle del río Orinoco. Había tardado más de una semana en volver a la civilización.

     Pensó que ella era tan buena actriz, que quién sabía qué actuación iba a sacarse de la manga. Se la había imaginado tendiéndole la mano con una sonrisa fría.


      - Hola, Pablo - le diría, como si él nunca se hubiera ido. Como si nunca hubieran hecho el amor aquella noche de verano.


     O se haría la ingenua. Así lo había embaucado años atrás. Y también a su hermano. ¿Por qué no hacerlo otra vez si antes le había dado resultado? La dulce Lali. La inocente Lali


     O tal vez haría de viuda desconsolada, lo miraría con sus grandes ojos y lloraría como si se le rompiera el corazón. En realidad Pablo dudaba que fuera tan tonta como para intentar eso. Seguro que era consciente de que él, entre todos los hombres, sabía que ella no tenía corazón.


     Pero a Pablo no se le había ocurrido que ella pudiera desmayarse. Y eso fue lo que hizo. Lo miró, puso los ojos en blanco y se desplomó. Pablo reaccionó deprisa y la agarró antes de que diera contra el suelo.


      - Trae un poco de agua fría - le espetó a la secretaria de Jergen.


     La mujer salió corriendo por el pasillo y Pablo abrió con un codo la sala de reuniones y depositó a Lalisobre el sofá. La miró con indiferencia. La chica que él conocía siempre vestía pantalones cortos y camisetas. La mujer que estaba mirando vestía un traje de seda de diseño.


      - Supongo que sabe lo del matrimonio de su hermano - le había dicho Jergen cuando consiguió localizarlo -. Que Lali Davenport y él...


      - Sí - interrumpió Pablo -, eso ya lo sé. ¿Para qué me llama, señor Jergen?


     Tras un silencio, Jergen había dicho:


      - Su hermano ha tenido un accidente. Me temo que ha sido muy grave. Iba camino de Atlanta. Estaba oscuro y llovía mucho...


     Lo que sentía era curioso. Nueve años de rabia habían desaparecido en un segundo. Jergen hablaba de Victorio, su hermano. Y Pablo se daba cuenta de que quería a su hermano.


      - ¿En qué hospital está? - había preguntado, mirando el reloj -. Podría llegar a los Estados Unidos el...


      - No está en un hospital - dijo Jergen con delicadeza -. Nos ha dejado.


      - No - murmuró Pablo -. Por Dios, no - y su corazón casi se detuvo -. ¿Y Lali? ¿Ella ... ? - apretaba el teléfono con la mano -. Dígame si le ha pasado algo a ella.


      - ¿Está... está ... ?


      - Ella está bien - había contestado Jergen -. Ella no estaba en el coche. Vico viajaba a Atlanta una vez al mes y siempre iba solo.


      - ¿Siempre solo? ¿Qué quiere decir?


      - Podemos hablar de eso cuando llegue aquí.


      - Hablaremos ahora - había contestado Pablo y él abogado había cedido.


      - Su hermano estaba viéndose con otra persona - le dijo sin rodeos -. Nadie lo culpaba por eso. Su esposa era fría como el hielo. Nunca le mostraba el cariño al que un marido tiene derecho.


     Jergen le contó que dormían en diferentes alcobas y que no se demostraban afecto. Que a la doncella le había parecido escandaloso y se lo había contado a todo el mundo.


      - Esa cuñada suya es algo aparte. Enganchó a su hermano haciéndole creer que la había dejado en estado.


      - ¿Quiere decir que estaba embarazada?


      - Venga,Pablo . ¿Cree que su hermano se habría casado con ella de no ser así? Y luego, cuando ya estaba nadando en dinero de los Cameron, le mostró lo que en realidad pensaba de él.


      - Supongo que firmarían un acuerdo principal, ¿no? Jergen se había reído.


      - En primer lugar, esa mujer lo llevó al altar sin darle tiempo a pensar. No. No hubo acuerdo. Y lo que es peor, hizo testamento dejándole todo. Bueno, a usted le toca la casa, pero todo el resto es para ella.


      - Los testamentos pueden incumplirse - dijo Pablo con determinación.


     Él había ido a Liberty para eso. Sabía que no debía odiar a Vico por casarse con Lali.Ella era la culpable. Los había engatusado a los dos.


     Lali no se merecía ser la esposa de Vico. Y no se merecía ser su viuda. Y eso suponía que no debía recibir ni un centavo del patrimonio de Vico. Él lucharía por cada centavo, ganaría y lo daría a obras benéficas. O lo quemaría. Cualquier cosa antes de ver que la viuda de su hermano se hacía con el dinero. Seguro que ella lo sabía. No era de extrañar que se hubiera desmayado al verlo.


     Tendida en el sofá,Lali parecía una muñeca de trapo.


     La secretaria entró con un gran vaso de agua helada y una toalla mojada.


      - ¿Puedo hacer algo más, señor Cameron?


      - La señora se ha desmayado, eso es todo - contestó Pablo 


      - ¿No cree que ya debería haber vuelto en sí?


     Él se puso en cuclillas junto al sofá. Estaba preguntándose lo mismo. La cara de Lali estaba lívida y tenía gotas de sudor en la frente. Pablo se fijó en el traje negro de seda y la blusa de color crema y murmuró una palabrota.


      - ¡Maldita tonta, vestirse como una monja en un día tan caluroso!


     Se oyó sonar un teléfono en el vestíbulo.


      - El teléfono - exclamó la secretaria de Jergen.


     Lali gimió.


      - Parece que vuelve en sí. Vaya a hacer lo que tenga que hacer, que yo me encargo de ella - Pablo le mojó la cara con la toalla, mientras la secretaria salía y cerraba la puerta 


-Lali... - Pablo se acercó más a ella ,Lali, abre los ojos.


     Lali iba recuperando el color. Pablo titubeó un momento, pero empezó a desabrocharle la chaqueta y también los botones superiores de la blusa. Le pasó el brazo por debajo de los hombros y la atrajo hacia sí para quitarle la chaqueta. Ella, suspiró y la cabeza se le ladeó contra el hombro de él. Pablo podía sentir el aliento de ella sobre su cara, y de repente se acordó de la última vez que habían estado así. Fue la noche del baile, cuando después de hacer el amor, ella se quedó acurrucada en la curva de su brazo y su aliento le calentaba el cuello. Pablo retiró el brazo con brusquedad y ella cayó contra los cojines


 -Lali- dijo en voz cortante -Lali, venga. Si estás haciendo esto para impresionarme...


     La voz de Pablo perdió intensidad. ¿Por qué le había quitado la chaqueta? La blusa húmeda se le pegaba a la piel. Él podía ver el encaje de su sujetador. En otros tiempos, lo llevaba de simple algodón, pero entonces no necesitaba adornos. Ella era el mayor adorno que un hombre podía tener. La primera vez que se había desabrochado el corpiño, la redondez de sus senos y sus pezones suaves y rosados casi lo habían hecho perder el control.


     Tantos años... y de repente sus manos recordaban el tacto y su lengua, el gusto de esa piel sedosa.


     «Maldita sea ... », pensó Pablo y se puso en pie. ¿Qué diablos estaba haciendo? Había odiado a esa mujer durante mucho más tiempo del que la había amado. Ella había mentido, los había engañado y seducido tanto a Vicocomo a él. Ella tenía la culpa de que su hermano se hubiera matado en una carretera, y ahí estaba él, recordando cosas que habían sido mentiras, y sin embargo, poniéndose duro como una roca.


     No era de extrañar que hubiera atrapado a Vico en su red. Él había sido inteligente en cuanto a libros y cifras, pero ingenuo con las mujeres y tímido hasta el punto de evitarlas. ¿Qué posibilidades podía tener el pobre idiota ante una mujer con cara de ángel e instintos de prostituta?


      - Lali- le dijo enojado, y ella abrió los ojos. Al principio, estaban en blanco, pero cuando se fijaron en él, podía verse el miedo reflejado en la profundidad de su ojos. Tenía razón en tener miedo, pensó Pablo , y le sonrió burlón -. Encantado de verte de nuevo, nena. Pero no era necesario que me dieras una bienvenida tan memorable - Lali intentó sentarse, pero se movió demasiado deprisa y comenzó a ponerse pálida de nuevo. Pablo la acomodó contra los cojines. No quería que volviera a desmayarse. ¿Cómo iba a disfrutar la escena siguiente si ella parecía la heroína de un melodrama victoriano? -. Tranquilízate o volverás a desmayarte.


      - ¿Desmayarme?


     Su voz era floja y temblorosa. Un minuto más y él habría sentido lástima.


      - Sí - Pablo asió el vaso de la mesa y se lo dio para que bebiera. Te desmayaste. Venga, bébete esto.


      - ¿Qué es? - preguntó ella mirando con desconfianza el vaso.


      - Agua - él esbozó una sonrisa -. El arsénico se nota demasiado.


     Ella sintió rabia, pero disimuló. Tomó el vaso y bebió. - Gracias - dijo con frialdad.


      - No me des las gracias a mí. Dáselas a la secretaria de Sam. ¿Quieres que llamemos a un médico?


     Lali negó con una sacudida de cabeza. El despacho daba vueltas, pero aun así se incorporó, puso los pies en el suelo y dejó el vaso sobre la mesa.


      - Estoy bien - mintió.


      - Hay una toalla mojada si la necesitas.


      - Ya te dije que estoy bien.


     No lo estaba, pero no quería la toalla. Quería ponerse de pie para no sentirse tan en desventaja, pero no sabía si podría hacerlo sin caerse otra vez. ¿Por qué estaba tan sorprendida de verlo? Su marido estaba muerto.

 Pablo no se había molestado en volver para el funeral, pero en ese momento se trataba de otra cosa. Se trataba de las disposiciones del testamento de Vico

     Se sintió estremecer, pensando si él quería discutir por el dinero.Vico estaba convencido de que Pablo no lo querría. Ella tampoco. Se lo había dicho a Vico, pero él había contestado que le pertenecía a Peter. A su hijo. Al hijo de Pablo  y de ella.


     El hijo de Pablo 


     Hacía años que había dejado de pensar en eso, pero en ese momento tenía la prueba andante de la verdad. Veía una copia de los ojos de su hijo en los de Pablo . Peter solo era un niño, pero erguía la cabeza igual que Pablo . Y también tenía un hoyuelo en la barbilla, y los labios carnosos.


      - Recuéstate.


      - Estoy, estoy bien.


      - No lo estás - replicó Pablo  -. Recuesta la cabeza y respira hondo un par de veces - poco a poco la sala dejó de dar vueltas y ella alzó la cabeza despacio. Pablo estaba delante de ella, agarrándola por los hombros -. ¿Estás mejor?


      - Sí - ella se zafó -. ¿Qué haces aquí,Pablo ? Él se puso de pie.


      - Hago que las mujeres se desmayen al verme - dijo sonriendo.


      - Ha sido el calor.


      - Sí, eso es lo que pasa cuando uno se viste de negro en un día de calor. ¿O he de pensar que estás de luto por mi hermano? - frunció los labios -. Según me han dicho, te vestiste de rosa en su funeral.


      - ¿Y tú qué sabes? Ni siquiera te molestaste en venir al funeral.


      - No supe que Vico había... que había habido un accidente hasta semanas después de que sucediera.


      - No, claro que no.


      - Es la verdad, maldita sea. Yo estaba desplazado y... - ¿pero por qué tenía que decírselo a Lali? No le debía nada.


      - Y lo que tenías que hacer era mucho más importante - Lali se puso en pie. Tuvo la sensación de que el suelo se movía, pero no pasó nada -. No es que eso importe ahora.


      - Sí que importa - Pablo se cruzó de brazos -. Después de todo, hoy es el día de la liquidación.


      - ¿El día de la liquidación?


      - Sí. - Hoy se sabrá lo que vale el patrimonio de los Cameron - sonreía mostrando todos los dientes -. Un gran día, ¿verdad, nena?


      - Ah, ¿y por eso apareciste hoy? ¿Para reclamar tu parte?


      - Exactamente. Estoy aquí para reclamar lo que es mío - paseó su mirada sobre ella con insolencia -. Quizás quieras abrocharse la chaqueta antes de reunimos con Sam Jergen - ella se miró y luego lo miró a él. Pablo pudo ver que se ruborizaba y le sonrió -. Te la desabroché cuando te desvaneciste. Estabas acalorada y mojada - luego, bajó la voz hasta susurrar -. Eso es lo que siempre hacías mejor, estar acalorada y mojada para mí, nena.


     Ella cerró los puños y él supo que quería pegarle.


      - Es difícil de creer que Vico y tú fueran hermanos. Él era todo un caballero.


      - Por eso pudiste engañarlo para que se casara contigo.


      - Yo no lo engañé.


      - Claro que lo hiciste - ella intentó alejarse y Pablo la agarró por la muñeca -. Yo nunca he caído en esa trampa.


      - Suéltame, por favor.


      - Es la trampa más antigua del mundo.


      - Suéltame, Pablo 


      - Decirle a un hombre que te ha dejado embarazada...


     Lali se lanzó contra él.


      - ¡La cosa no fue así!


      - Y cuando él hace lo que debe, se casa contigo y te da su nombre, parpadeas y dices: «¡Ay! Lo siento, calculé mal».


      - ¿Qué?


      - Pero Vico era un buen chico. Era demasiado decente para decir: «Basta, la broma ha terminado y quiero divorciarme» - ella miraba a Pablo perpleja. Cierto que le había pedido a Vico que no le dijera nada a Pablo sobre su hijo, pero, ¿era posible que aún no supiera nada? -. «¿Embarazada? Déjame ver tus análisis», es lo que otro hombre hubiera dicho, pero no Vico. ¿Cómo lo conseguiste, Lali? No pudo ser fácil, primero llevártelo a la cama, y luego hacerlo creer que ibas a tener su bebé.


      - ¡Maldito seas! Tú lo sabes todo, ¿verdad? - su voz temblaba de rabia y los ojos echaban chispas -. Pero no fue así. Yo no... - Lali hizo una pausa. ¿Para qué decirle más de lo necesario? -. Él dijo que quería casarse conmigo.


     Pablo le apretó la muñeca.


      - ¿Qué pensabas, eh? ¿Que tal vez mi padre cambiaría de opinión sobre una furcia como tú si creía que Vico iba a darle un nieto?


      - Suéltame.

lali.
      - No puedes huir. Aún no - sonrió burlón -. Es el día de liquidación, ¿recuerdas? El testamento. ¿No quieres saber lo que vas a recibir?

     Ella consiguió zafar la mano.


      - Siento mucho decepcionarte - dijo con suavidad -, pero ya lo sé. Vico me lo dijo.


      - ¿Te lo dijo?


      - Yo nunca deseé el dinero de los Cameron.


      - Claro que no - Pablo entrecerró los ojos -. No fue por dinero por lo que te casaste con mi hermano, claro.


     «Me casé con tu hermano porque estaba embarazada de un hijo tuyo», pensó Lali. Tenía esas palabras en la punta de la lengua, pero no las dijo. Pablo nunca debería saberlo. No tenía que saber que tenía un hijo. Todo lo que tenía que hacer era aguantar durante una hora. Él se marcharía de Liberty y nunca más tendría que verlo


      - Piensa lo que quieras - le dijo -. A mí no me importa -. No me importa nada tuyo. Vine aquí  a ver a Sam Jergen y no a que me insultaran.


     Pablo sentía aumentar su rabia. Ella estaba jugando a parecer una dama. Hacía bien el papel, pero él sabía lo que era en realidad.


      - Maldita seas - gruñó, agarrándola por los hombros y empuñándola contra la pared -. No entiendo cómo diablos Vico y yo pudimos ser tan tontos.


      - ¡Quítame las manos de encima!


      - Hubo un tiempo en que querías, que las tuviera sobre ti todo el tiempo.


      - ¡Basta ya!


      - ¿Cuál es el problema? ¿No te gusta que te recuerden cómo eran las cosas antes?


      - ¡Eres... eres un bastardo!


     Pablo se rió.


      - Rasca un poco y sabrás la verdad. El papel de dama no pasa de la piel.


      - Suéltame. Suéltame o yo...


      - ¿Qué? ¿Qué vas a hacer? - las manos de él se deslizaron hacia las muñecas. Lali hizo una mueca porque le hacía daño, pero a Pablo no le importó. Ella le había hecho a él mucho más, aunque ya lo había superado, y se había librado del recuerdo de su olor y de su sabor en los brazos de otras mujeres. Lo que aún le dolía era que por su culpa hubiera odiado a su hermano durante tantos años, y ¿para qué? Ella no valía todo el dolor que había causado -. ¿Qué pensabas, Lali? ¿Que, tal vez, si tenías suerte, yo no regresaría nunca y así te quedarías con todo? ¿Con el nombre y con el dinero?


     Ella estaba llorando y él sabía que sus lágrimas eran para ablandarle el corazón y hacer de él lo que quisiera. También había llorado en sus brazos aquella noche en que hicieron el amor.


      - No llores, amor mío - le había susurrado, sintiéndose inepto y temeroso de haberle hecho daño. Y ella le había besado y le había dicho que lloraba de felicidad, porque sentía que por fin le pertenecía.


      - Yo no quería nada de eso. Ni el nombre, ni el dinero.


      - Seguro que no - Pablo le agarró la cara y la forzó a mirarlo -. Te casaste con Vico porque te enamoraste locamente de él. Sí, claro. Apuesto a que fue así.


      - Ya te lo dije. No me importa nada lo que creas.


      - ¿Te acostaste con él enseguida? ¿O lo hiciste rabiar como me hiciste a mí?. Menuda actriz que eras. Me hiciste creer que el esperar había sido idea mía y no tuya...


      - Fui idiota al salir contigo. Todo el mundo decía que no eras bueno. ¡Ojalá lo hubiera creído!


      - Por eso tú y yo hacíamos tan buena pareja. Ninguno de los dos valía nada.


      - Te odio, Pablo Cameron. Y me alegro de que volvieras porque he deseado años y años poder decírtelo. Te odio, te odio, te odio...


     Pablo le metió las manos entre los cabellos sedosos de la cabeza.


      - Eso no fue lo que dijiste aquella última noche...


      - No hagas eso. No...


      - Me dijiste: «Acaríciame. Bésame. Hazme el amor».


      - Era muy joven - Lali estaba sin aliento, luchando con fiereza para soltarse, consciente de la dureza y fuerza del cuerpo de Pablo , de su aroma, de su calor -. Y era ingenua. Pensé que tú eras especial, que tú..


      - Pensaste que yo era el billete de ida para escaparte. Dime, ¿de verdad que eras virgen, Lali? ¿O fingías al sonrojarte cuando te desvestí, y al temblar entre mis brazos?


      - Desearía no haberte conocido. Desearía...


      - Lo hacías bien. Eso te lo concedo, la rodeó con los brazos y la estrechó contra su cuerpo para que ella pudiera sentir lo que le había hecho. Era culpa suya que incluso el recuerdo de aquella noche lo excitara. Tú bocaarriba y yo dentro de ti - miró sus labios entreabiertos . ¿Lo recuerdas,Lali?, ¿Recuerdas lo que sentías cuando me movía contra ti? ¿Recuerdas el sabor de mi boca?


     Lali no pudo reprimir un sollozo.


      - Espero que haya un lugar especial para ti en el infierno.


      - Probablemente lo haya. Y puedes estar segura de que tú también estarás allí conmigo - apretó más las manos entre su cabello y le alzó la cabeza -.Lali- le dijo, y de repente revivió aquella noche, y sintió la misma ansia y el mismo ardor en la sangre...


     «¡Maldición!», pensó él. ¿Qué estaba haciendo? La soltó, se separó de ella y abrió la puerta, casi dándose de bruces con Sam Jergen.


      - Aquí están - dijo el abogado. ¿Está bien? Mi secretaria me dijo... - su voz se debilitó al mirar a Pablo y luego a Lali-. Bueno - dijo, carraspeando -, quizás debíamos tomar un descanso un par de minutos.


      - No - dijo Pablo 


      - No - dijo Lali-. Acabemos de una vez - se volvió hacia Jergen. El corazón le latía aceleradamente, pero consiguió esbozar una sonrisa de cortesía -. Debería haberme dicho que no íbamos a reunimos los dos solos.


      - El testamento les concierne a los dos, señora Cameron. Pensé que ganaríamos tiempo si discutíamos las cláusulas juntos.


      - Discutámoslas, pues, pero solo es una cuestión técnica. Conozco bien las disposiciones del testamento de mi difunto marido.


      - Ya veo - Jergen se acomodó -. ¿Todas las disposiciones?


      - Naturalmente.


     El abogado soltó un suspiro de alivio.


      - Bueno, pues eso ya está. Pero hay otros factores a tener en cuenta.


      - ¿Qué otros factores? - ella pensó en Peter, que la esperaba en casa -. Tengo cosas que hacer.


      - Lo que quiere decir - dijo Pablo despacio - es que quiere saber cuánto va a heredar - sonrió -. ¿No es cierto?


      - Se acabó - Lali se dirigió hacia la puerta. Sabía que estaba cometiendo un error al dejar que sus emociones la dominaran, pero habían pasado demasiadas cosas. El shock de ver a Pablo otra vez. La ira que aún conseguía despertar en ella. Su engreimiento al creer que podía hacerla responder sexualmente... y el horror de saber que tal vez, tal vez, era cierto -. Señor Jergen, puede que a usted le conviniera reunimos a la vez, pero a mí no. Puede llamarme cuando esté libre.


      - De viuda doliente a cliente indignada - Pablo aplaudió despacio -. ¡Qué buena actuación!.


     Ella se volvió hacia él como un ciclón.


      - Escucha, maldito hijo de...


      - Señora Cameron, señor Cameron - Jergen intervino -. Por favor, cálmense.


      - La señora tiene prisa, Sam - Pablo miró a Lali. Él todavía sonreía, pero lo que ella vio en sus ojos la dejó sin aliento -. Vayamos al grano. Deja de contar tu dinero.


      - Me estás insultando, ¿sabes?


      - No vas a tenerlo. Ni un centavo. Tengo intención de impugnar el testamento de mi hermano en los tribunales.


     Lali miró anonadada al hombre que en otros tiempos había creído amar y al que en ese momento odiaba con todas sus fuerzas. «No hace falta que lo impugnes», quería decirle. «Puedes quedarte con el dinero, hasta el último centavo ... » Pero debía tener en cuenta a Peter, y a la nueva vida que tenía que forjar para él.


      - ¿Señor Jergen? - dijo con voz suave, clavando los ojos en Pablo -. ¿Puede hacerlo?


      - Puede hacer lo que quiera, señora Cameron. Pero...


      - Olvídese del «pero», Jergen - Pablo fue despacio hacia ella. Ella quiso retroceder, pero se dio, cuenta de que no debía mostrar ningún signo de debilidad -. Voy a luchar y no me importa que el patrimonio quede bloqueado para siempre en el litigio. Eso sería estupendo. Será un placer ver cómo te gastas en los tribunales todo el dinero que ya has robado.


      - Señor Cameron, por favor. Si me dejara hablar..


      - Jergen, cuando quiera que me asesore... - Pablo soltó un suspiro -. De acuerdo, ¿qué iba a decir?

     El abogado los miró a los dos.

      - No hay nada que disputar en los tribunales - dijo despacio -. Lo que he estado tratando de decirles es que no queda ningún dinero que heredar.


     


Capítulo 3

     
     Lali miró perpleja a Sam Jergen. Estaba claro que él deseaba estar en cualquier otro lugar.

      - No lo entiendo - dijo con tacto -. ¿Qué quiere decir con que no hay dinero?


      - Exactamente lo que dije, señora Cameron. El dinero voló. Excepto quizás unos dos mil dólares en la cuenta corriente.


      - ¡Eso es imposible! - la voz de Pablo era como un látigo -. Debe de haber un error.


      - Ojalá fuera cierto. Por desgracia los hechos hablan por sí solos - Jergen levantó una gran caja del suelo y la puso sobre la mesa -. Aquí están todos los extractos bancarios. Los he repasado mil veces, primero solo y luego con el contable de su hermano. Si quiere puede hacer que su gente examine los documentos.


     Lali miró a Pablo . «¿Su gente?», pensó. Estaba tan sorprendida, que casi soltó la risa. Una frase tan grandilocuente para un hombre que se había marchado de la ciudad en moto, con lo puesto, y que seguro que había regresado en autobús, a pesar del traje tan elegante. Seguro que se lo habría sacado a alguna mujer. Esa era la única gente que podía tener a !u alrededor.


      - Pueden trabajar aquí - dijo Jergen con un gesto que indicaba que le ofrecía  toda la oficina -. Naturalmente, todo mi equipo estará a su disposición.


      - Sí - dijo Pablo . Hablaba en voz baja, pero su tono era autoritario y amenazante. De acuerdo. Pero quiero respuestas ya.


     El abogado tragaba saliva.


      - Bueno, es una historia algo complicada...


      - Pues resúmala - la sonrisa de Pablo era fría -. Puede hacerlo, ¿no es cierto?


     Jergen palideció.


      - Sí, señor. Claro.


     «¿Señor?» Lali miraba al uno y al otro. ¿Qué estaba pasando? Ella era la única beneficiaria del patrimonio de Vico, pero Sam Jergen estaba tratando a Pablo con mucha más deferencia que a ella. En realidad, a ella la había estado ignorando desde que entró en la oficina.


      - A menos que tú sepas la respuesta, mi dulce cuñada.


     Lali tardó unos instantes en darse cuenta de que le estaba hablando a ella.


      - ¿La respuesta de qué? ¿Me estás preguntando por el dinero?


     Pablo se inclinó hacia ella sonriendo con la misma sonrisa gélida de antes y dio un golpe en ambos lados dela caja de los documentos. El ruido la sobresaltó.


      - Así es - dijo él en voz baja -. Te estoy preguntando a ti, Lali. ¿Qué pasó con el dinero?


      - ¿Cómo quieres que yo lo sepa? Vico llevaba las cuentas. Yo no tenía nada que ver con esas cosas.


      - Haces que suene como si esas cosas no te interesaran, pero ambos sabemos que eso no es así - Pablo entornó los ojos -. Tuviste tiempo de sobra para hacerte con el dinero de mi hermano.


      - ¿Me estás acusando de robo?


      - Te estoy acusando de pasarte de lista, nena. Si has estado jugando con el dinero de vico...


      - Tu dinero. ¿No es eso lo que quieres decir? Acabas de decir que ibas a luchar contra mí en los tribunales.


      - Así es, en cuanto averigüe cómo lo hiciste.


      - Bueno... - dijo Jergen con cuidado -. Eso no es exactamente lo...


      - Mantente al margen, Jergen. Esté es un asunto privado.


      - Pero... pero... - Jergen se aclaró la garganta -. Usted se equivoca, señor Cameron. La señora Cameron no tiene nada que ver con lo que pasó.


     Pablo se irguió y se cruzó de brazos.


      - Demuéstrelo.


      - Si le echa una mirada a esto... - el abogado sacó una carpeta del archivador. Pablo se la quitó y comenzó a leer.


      - Es a mí a quién hay que darle explicaciones - comenzó a decir Lali, pero cuando vio la cara de Pablo, su enfado se amainó -. ¿Qué es eso? - susurró.


      - ¿Qué demonios ... ?


      - Lo sé - balbuceó Jergen -. Es increíble, ¿verdad?


      - ¿Qué? - preguntó Lali - ¿Qué es increíble?


     Ninguno de los dos hombres contestó. Pablo se llevó la carpeta a la ventana como si la luz del sol fuera a ayudarle a entender.


      - ¿Por qué? - Pablo se giró hacia el abogado -. Jergen, explíqueme esto.


      - No puedo, señor. Todo lo que puedo hacer es mostrarle las fechas y las cifras, pero no puedo explicarle por qué su hermano se metió en tamaño lío... Eso no puedo hacerlo.


      - ¿De qué están hablando? - miró al uno y luego al otro. Se habían olvidado de su existencia, y fuera lo que fuera lo que estaba pasando amenazaba todos sus sueños sobre la felicidad de Peter -. ¿Qué hay en esa carpeta, señor Jergen?


      - Es algo complicado, señora Cameron. Lo único que usted necesita saber es …


      - Lo único que usted necesita saber - dijo ella con calma, aunque temblaba por dentro - es que comete una equivocación al emplear ese tono conmigo. Yo soy su cliente. Usted trabaja para mí y no para Pablo Cameron, ¿o se le ha olvidado? Se abalanzó hacia Pablo y le quitó la carpeta. Esperaba que se resistiera, pero él la dejó agarrarla e incluso le sonrió.


      - Léela y llora


     Lali abrió la carpeta y miró la primera página. Era como una mancha. De reojo podía ver que Pablo la miraba divertido. Era tan arrogante que le entraron ganas de arrojarle algo a la cara, pero eso era una cuestión de orgullo, y hacía años que no le importaba.


     Lo único que le importaba era Peter. Pensar en él y en lo mucho que lo quería la hicieron centrarse. Lalimiró la página. Había columnas y columnas de cifras. Compras, ventas, saldos. Así página tras página, solo que los saldos eran cada vez menores. Cuando terminó, alzó la vista buscando la ayuda de Jergen, pero Pablo se había puesto delante de ella y sus ojos de acero la miraban.


      - ¿Pablo ? - le enseñó los papeles. La mano le temblaba -. ¿Qué es esto?


      - Tu futuro - le dijo casi con amabilidad -. Mira la última línea - ella leyó: Saldo total: setecientos ochenta y dos dólares con... -. Ese es tu capital , cariño - su voz era como un susurro -. La liquidación. ¿No es lo que tu esperabas, verdad?


     Él estaba demasiado cerca de ella e invadía su espacio. Lali sabía que lo hacía a propósito, que quería que perdiera el control. Y lo estaba consiguiendo. No le gustaba tenerlo tan cerca, no quería oler el aroma de su colonia. Podía ver ligeras arrugas alrededor de sus ojos. Los años no habían pasado en balde por él, y tampoco por ella. A ella la habían desgastado las habladurías y las difamaciones, pero él se había hecho más duro y más peligrosamente masculino que nunca, y la miraba con esa sonrisa irónica que la incitaba a abofetearle.


     Sintió un escalofrío y dio un paso atrás, luchando por mantener su tono bajo control.


      - Me gustaría una explicación, señor Jergen. ¿Se supone que esto es todo lo que queda del patrimonio de mi marido?


      - Ex marido - corrigió Pablo -. Vico ya no está aquí para que juegues con él.


      - Señor Jergen - continuó Lali, haciendo caso omiso del inciso de Pablo -, estoy segura de que había otros fondos. ¿Qué pasó con ellos?


      - Es complicado. Eso es lo que intento decirle, Lali....


      - Entonces simplifíquelo - repuso retirando el brazo -. Y le ruego que recuerde que mi nombre es: «señora Cameron».


     Oyó que Pablo reía, pero no le importó. Estaba cansada de que la trataran con condescendencia y mantuvo la mirada fija en el abogado hasta que lo hizo sonrojarse.


      - Como desee, señora Cameron. Para abreviar, su marido lo perdió todo en la Bolsa.


      - ¿En la Bolsa? ¿Quiere decir en acciones? Pero si Vico no era un jugador.


      - Cierto. Era un inversor prudente, o al menos lo fue hasta hace un par de años. Entonces, comenzó a comprar acciones de empresas de tecnología, un sector en que alguna gente estaba amasando fortunas de la noche al día.


      - Siga - Lali se cruzó de brazos. Quizás así no notarían que el corazón le daba saltos -. Invirtió mucho dinero y ganó mucho dinero. ¿Qué hay de malo en eso?


      - Nada, si las acciones siguen subiendo, o si se venden a tiempo. Su difunto marido cometió algunos errores. Sus acciones bajaron, pero siguió comprando. Supongo que pensaba que se recuperaría. Y..


      - Y - terminó Pablo - no se recuperó.


     Jergen sonrió agradecido.


      - Exacto. Estos papeles cuentan la historia. Hace unos meses, Vico vendió el banco y la inmobiliaria. Ya había vendido la empresa de construcción. Utilizó a un abogado de Atlanta. Supongo que porque no quería que aquí se enteraran de la gravedad de la situación. Invirtió el dinero que le quedaba en el lanzamiento de una empresa. Estoy seguro de que pensaba que recuperaría todo su capital si las cosas iban bien, pero...


      - Pero... - Lali se humedeció los labios -. Pero me dijo que iba a establecer un fondo...


      - Sí. Bueno... Me temo que no llegó a hacerlo, señora Cameron.


     A tientas, buscó detrás de ella una silla y se dejó caer.


      - De todos modos, aún queda una propiedad. La casa. El señor Cameron nunca la tocó. Está libre de cargas - «la casa». Esa enorme casa llena de corrientes de aire en la que ella nunca se sintió cómoda -. La casa es muy valiosa.


     Jergen siguió hablando. Lali oía las palabras, pero no estaba prestando atención. La casa era valiosa. De repente supo qué hacer. La silla chirrió cuando ella se puso de pie de golpe.


      - Véndala - exclamó -. Ponga la casa en venta tan pronto como sea... - sus palabras se apagaron al ver que la cara de Jergen se ponía lívida y que Pablo sonreía -. ¿Qué? - dijo mirándolos -. ¿Me he perdido algo? Señor Jergen, ¿hay alguna razón por la que no pueda poner la casa en venta?


      - Señora Cameron - Jergen titubeaba -. Señora Cameron - su voz casi parecía humana -. Mi estimada joven...


      - Déjalo Sam - interrumpió Pablo -. Yo se lo diré.


      - ¿Decirme qué?


     Pablo sonrió, estiró la mano y le acarició la mejilla.


     A pesar del pánico que le revolvía el estómago, el contacto de la piel de él contra la suya le produjo la sensación de una corriente eléctrica y, sorprendida, tuvo que tomar aliento.


      - ¡Déjame! - agarró su muñeca y le apartó la mano -. ¿Decirme, qué? - repitió.


      - No puedes vender Cameron House, Lali.


      - ¿Por qué no? ¿Porque hay que legalizarla? Yo creía que el testamento...


      - No tiene nada que ver con legalizarla. Supongo que no estabas prestando atención cuando Sam te estaba explicando las cosas de la vida - la sonrisa de Pablo se hizo más irónica -. Deja de contar con esos dólares, nena. Vico me dejó la casa a mí.


     Lali volvió a respirar hondo cuando arrancó su coche y giró hacia la calle principal.


      - ¿Quiere un poco de agua? - le había preguntado Jergen después de la increíble noticia de Pablo 


      - No - le había contestado ella -. Estoy bien.


     Suficientemente bien para intercambiar algunas frases más, salir de la sala de reuniones, y llegar hasta la calle. El sol ardía, pero no podía aliviar el frío que ella sentía al ver lo precaria que era su situación.

     Se agarró al volante para controlar sus nervios.

     Vico había dicho que iba a abrir un fondo para Peter, pero no lo había hecho. Le había dejado el dinero a ella, pero lo había perdido todo. No quedaba nada más que la Cameron House y se la había dejado a Pablo .


     Lo que Vico hubiera hecho con su dinero y con la casa no le importaba. Si había aceptado el nombre de Cameron había sido por su hijo. Y nadie podía quitarle su legitimidad. Nadie, aunque ahora era una mujer con un hijo pequeño que desde ese día no tendría un techo sobre su cabeza.


      - ¿Cuándo quieres que me vaya de la casa? - le había preguntado a Pablo 


      - Ayer - había contestado él -. Pero supongo que tendrá que ser a final de mes.


      - Muy bien - respondió ella, como si no le importara.


     Qué estupidez. Todo había sido un desastre y lo había empeorado poniéndose furiosa, no solo con Pablo y con Jergen, sino también con Vico. Cierto. Eso último no era justo, pero, ¿cómo había dejado Vico que eso sucediera? Si al menos hubiera creado el fondo para Peter, en lugar de dejarle el dinero a ella... Si no se hubiera vuelto loco con la Bolsa..


     Pensó en qué iba a decirle a Peter. Las semanas anteriores habían jugado a un juego que conseguía que el niño sonriera.


      - Cuando nos mudemos lejos, lejos de aquí - le decía y Peter contestaba con todos los sueños de un niño.


      - Cuando nos mudemos lejos, lejos de aquí, voy a vivir en una casita con un gran jardín, en vez de en una casa grande en una colina. Y voy a tener un perrito y un caballo y un gatito.


     Ella sabía que no iba a tener nada de eso. Pero Peter y ella estarían juntos y vivirían en un sitio donde solo serían una mujer y un niño y no esa mujer y el hijo que usó para conseguir casarse con Vico


     Estaba angustiada pensando qué iba a hacer. No tenía adónde ir con su hijo, ni dinero, ni trabajo. 

¿Trabajo? Para conseguir uno se necesitaba alguna preparación y ella no la tenía.

     Cuando era pequeña, había recogido fruta en el campo. A los quince años, trabajó de camarera en una cafetería. Podía volver a hacerlo. No le temía al trabajo duro, pero - ¿qué iba a hacer con Peter? ¿Quién iba a cuidarlo? No podía dejarlo solo. Antes se moriría.


     Cuando llegó a Cameron House, la casa de Pablo , apretó el botón para abrir la puerta del garaje y entró. Era la hora de la verdad. Un cansancio tremendo la invadió. Apoyó la cabeza sobre el volante, pero no tenía tiempo de sentir lástima de sí misma. Tenía que conseguir que Pablo la dejara quedarse un poco más de tiempo.

     Se secó las lágrimas y salió del coche.

      - ¿Peter? - llamó, pero no hubo respuesta -. ¿Dónde estás, cariño?


     Había una nota en la puerta del frigorífico. Era de Alice, la asistenta. Alice la despreciaba pero quería mucho a Peter. La nota decía que se habían ido al supermercado.


     Lali suspiró. Eso le daba tiempo para calmarse y para volver a la ciudad a comprar la hamburguesa con patatas fritas que le había prometido a Peter.


     Pero primero tenía que quitarse el traje, que le parecía una camisa de fuerza.


     Subió las escaleras hasta su habitación. Hacía calor. Se quitó la falda y la echó sobre una silla.


     Una imagen cruzó por su mente. Se vio tendida en el sofá de la oficina del abogado, volviendo en si en brazos de Pablo . Por un instante, el tiempo había retrocedido. Lo había mirado a los ojos y había recordado cuando se despertó la noche que habían hecho el amor cerca del lago. Solo que aquella noche él le había sonreído con dulzura, había susurrado su nombre, y la había besado con un beso ardiente que la había hecho derretirse de deseo.


     ¡Qué tonta había sido!


     ¿Por qué se había entregado con tanta facilidad? Él siempre consiguió de ella lo que quería. Su inocencia. Su amor. Y en ese momento, iba a conseguir su casa. Mucho más suya que de él. La casa en la que había vivido durante nueve años. Nueve años en los que él nunca había aparecido por allí. Se había marchado de Liberty, y no había vuelto la vista atrás.


     ¿Quería la casa? Pues que intentara conseguirla. ¿Qué importaba que Vico se la hubiera dejado? Ella estaba allí desde hacía nueve años y, cuando uno ocupaba una casa, adquiría ciertos derechos. Buscaría un abogado que representara sus intereses y no se inclinara ante los Cameron. ¿Qué juez iba a echar a la calle a una mujer y a su hijo?


     Lali sonrió aliviada.


     Se quitó el resto de la ropa y fue a darse una ducha. Pensó que el agua fría le sentaría bien y borraría la impresión de una mañana tan horrible. Había puesto las cosas muy fáciles. Seguro que Pablo estaba en la oficina de Jergen riéndose de su derrota. Pues le iba a dar una sorpresa.


     Se secó, y se puso una bata corta de algodón. Sonriendo, entró en la alcoba pensando «Preparado o no,Pablo Cameron, aquí estoy .. »


     Sus pensamientos se convirtieron en un grito de terror. Pablo estaba en la puerta con cara de rabia y con los puños cerrados.


      - Lali- resopló él -. ¿Dónde está él? - al no recibir respuesta, cerró la puerta de una patada y se abalanzó hacia ella.


     Todo lo que Lali pudo hacer fue gemir y apoyarse en la pared.

No hay comentarios:

Publicar un comentario