Capítulo 4
IR a la casa no entraba en los planes de Pablo
Había visto a Lali marcharse del bufete del abogado. Iba con la cabeza erguida y caminaba airosa, aunque su rostro estaba gris.
- Es una situación muy dura - dijo Jergen tras unos instantes.
- Sí - dijo Pablo con media sonrisa -. Así es la vida.
- No siento lástima por esa mujer, me entiende, pero quizás debería darle un poco más de tiempo para dejar Cameron House.
Pablo lo miró como si estuviera loco.
- ¿Por qué?
- Pues porque es un preaviso muy corto. Si fuera ante un juez, seguro que le daría treinta días, o tal vez más.
- Yo no soy juez. Y si ella tiene la mitad de inteligencia que creo, no gastará el poco dinero que le queda en honorarios legales.
- Estoy de acuerdo, señor, lo que quiero decir es que si se tiene en cuenta...
- ¿Si se tiene en cuenta qué? - Pablo miró al abogado, que de repente sudaba -. Habla claro, Jergen. No estoy de humor para adivinanzas.
- Quizás debería haberlo mencionado antes. Tengo obligación de mantener cierta discreción en lo que respecta a la vida privada de mis clientes, pero...
- ¿Pero qué?
- Que la señora Cameron no está sola en la casa.
Se hizo un gran silencio en la sala de reuniones.
- ¿No lo está? - preguntó Pablo por fin en voz muy queda.
- No - el abogado buscaba las palabras exactas -. Quiero decir que si estuviera sola, tal vez...
- Acaba de una vez. ¿Quién vive en esa casa con mi cuñada?
Jergen respiró hondo y por fin lo soltó:
- Peter. Y por supuesto, no tendrá dinero para mantenerlo.
A Pablo le hervía la sangre, y no oyó el resto de lo que el abogado decía. Salió de la sala y bajó las escaleras corriendo, pero cuando llegó abajo, Lali ya se había ido. Tiró la chaqueta dentro del Jaguar y arrancó.
Su hermano no se había enfriado aún en la tumba y Lali ya se había buscado un amante, lo había instalado en la casa familiar de los Cameron y lo mantenía con dinero de los Cameron.
Pisó el acelerador, y tocando el claxon se abrió camino entre el tráfico, buscando los atajos por los que antes circulaba en la moto.
Sentía una rabia cada vez mayor. Ya había visto lo que quería ver: la cara de Lali al enterarse de que sus planes se iban abajo. Pero no le parecía suficiente. No después de lo que Jergen le había cho.
Su dulce cuñada tenía un hombre. Un amante que vivía en esa maldita casa, dormía en su cama, besándola y acariciando ese cuerpo que tiempo atrás le había ofrecido a él.
- Diablos - exclamó Pablo -. Tengo que verlo.
Veinte minutos después, ya veía Cameron House, tan grande y tan fea como él la recordaba. Seguro que Laliya estaría en brazos de su amante, diciéndole que no había herencia. Solo una viuda rica podía permitirse tener un amante y pagar por sus servicios.
Subió las escaleras del porche de dos en dos y llamó con todas sus fuerzas. Luego dio puñetazos en la puerta gritando:
- ¡Lali! ¡Lali! - gritó. La puerta seguía cerrada y la casa en silencio. A Pablo , le rechinaban los dientes. No iba a quedarse allí fuera mientras su cuñadita buscaba consuelo en brazos de su amante. Ya iba a abrir la puerta a empujones cuando se acordó de la llave que tiempo atrás solía estar bajo la alfombrilla. La buscó y allí estaba. Abrió la puerta y entró.
La casa seguía igual que antes, grande, oscura y con unos muebles agobiantes. Pablo podía sentir la rabia en todos los músculos de su cuerpo. Siguió llamando a Lali. Atravesó deprisa toda la planta baja, seguro de que la mujer que buscaba estaría arriba, seguro de que vería algo que no iba a gustarle. Pero esa era de nuevo su casa y no la de ella, y tenía derecho a echar a quien estuviera viviendo con ella. Ella le debía un respeto a la memoria de su hermano y esa era la razón de la furia que corría por sus venas.
Volvió a llamarla y comenzó a subir las escaleras.
Entonces, oyó ruido de agua. Alguien estaba bañándose. Abrió de golpe el dormitorio principal, y luego el de Vico, que estaban vacíos. Se dio cuenta de que el ruido provenía de su antiguo dormitorio, y entró. La alcoba estaba casi igual que cuando él la dejó. Los mismos muebles, las mismas cortinas... Solo el olor era distinto. Era el aroma de Lali. Justo en ese momento se abrió la puerta del baño y apareció ella con una bata de algodón ligero que resaltaba la línea de sus senos.Lali, con el pelo húmedo cayéndole por la espalda, Lali con sus piernas elegantes y desnudas, igual que aquella noche en que lo apretaron por la cintura.
- ¡Lali! - exclamó y, al oírlo, ella se volvió y gritó. El grito y el terror reflejado en su linda cara aumentaron la rabia de Pablo -. ¿Dónde está él? - ella se puso aún más pálida, retrocedió tambaleándose hacia la pared y él cerró la puerta de una patada -. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde está él?
- ¿Quién?
- Sabes muy bien quién - la empujó a un lado y miró en el cuarto de baño -. Me refiero a Peter - miró dentro del armario. Lo movía el instinto. Furioso, se volvió y la miró echando chispas por los ojos -. Dime dónde está - él sabía que Peter existía. ¡Lo sabía! Era inevitable que lo supiera, pero ella nunca pensó que se pondría tan furioso -. Contéstame, maldita sea. ¿Dónde está?
- ¿Cómo lo has ... ? - le temblaba la voz -. No lo sé.
Pablo la recorrió con la mirada y ella se sonrojó. Quería taparse con la toalla, pero no podía permitir que él supiera lo vulnerable que era. «Alice, dondequiera que estés, no vengas aún», pensó.
- Venga. Puedes hacerlo mejor. Él está aquí. ¿Qué hombre en su sano juicio no estaría esperando verte salir de la ducha?
- Te digo que no... - Lali tomó aliento. «¿Hombre?», pensó.
- No me digas que ya se ha ido - Pablo hizo una mueca -. ¿Le dijiste lo del dinero? ¿Sabe que no podrás mantenerte con lo poco que queda y mucho menos mantener a un amante? - ella se dio cuenta de que Pablo no sabía que ella tenía un hijo. Creía que tenía un amante. ¡Un amante! La idea era tan ridícula, que no pudo evitar reírse, histérica, a carcajadas. La cara de Pablo estaba roja de ira. Agarró a Lali por los hombros -. ¿De quién te ríes, de mi hermano o de mí?
- No me río - balbuceó. Estaba riendo y sollozando a la vez.
- Maldita seas - rezongó Pablo , la agarró entre sus brazos y la besó.
Todo había ocurrido tan rápidamente que no había pensado lo que hacía. ¿Por qué la había besado? Ella tenía todo lo que más despreciaba en una mujer. Era una embustera intrigante con la habilidad de conseguir que los hombres hicieran lo que nunca habían pensado hacer.
Sentía tal rabia y tal furia contra ella que no le importó que ella luchara por zafarse de su abrazo y que apartara la cara para que no la besara. Ella se lo debía por todos los años que la había odiado y la había deseado.
- Para - le imploró Lali, y él se rió, y la besó una y otra vez, su boca, dura, sus manos rudas. Entonces, Lali soltó una queja de miedo y desesperación que penetró en el poco corazón que a él le quedaba.
- Lali- susurró, y el beso se hizo más suave. La boca de Pablo recorrió la de ella con dulzura mientras pronunciaba su nombre una y otra vez, y ella suspiró y le brindó su boca.
Mil recuerdos lo invadieron. La tibia y sedosa suavidad de su piel. El dulce sabor a miel de su boca, el aroma de su pelo. La sensación de su cuerpo cálido junto al suyo, de sus senos apretados contra su pecho, de las caderas levantadas para que él pudiera penetrarla.
Ella era la única mujer que él no había olvidado, una mezcla vertiginosa de sensualidad e inocencia. Tenerla de nuevo entre sus brazos, sentir su entrega... hizo que la sangre se le agolpara en lo más íntimo.
Gimió y hundió la cara en el hombro de ella, junto al cuello. Siempre le había gustado el olor y el sabor de ese lugar. Con solo besarla allí y mordisquearla, ella gemía y suspiraba su nombre.
Las manos de ella se deslizaron bajo su camisa. Pablo se dio cuenta de que ella temblaba e intentaba negar lo que sentía, pero era demasiado tarde. Él deslizó las manos bajo la bata y le acarició los senos. Qué placer, qué ardor. Le acarició los pezones con los pulgares y ella pronunció su nombre.
-Pablo .Pablo , por favor …
Igual que en el pasado... esas palabras lo enardecieron, pero también le recordaron lo intrigante que era ella.
La soltó de golpe. Lali se tambaleó, abrió los ojos y se quedó mirándolo horrorizada.
- ¡Cielos! - exclamó Pablo . Se apartó y tomó varias bocanadas de aire. Se le hizo un nudo en el estómago, disgustado de pensar que aún podía causarle tanto efecto.
- ¡Malnacido! - el puñetazo en la espalda lo pilló por sorpresa. Lali volvió a pegarle y él se dio la vuelta y la agarró por las muñecas, pero antes ella le había arañado un labio. Tenía los ojos llenos de lágrimas y le temblaba la boca. Trató de zafarse y levantar la rodilla, pero él la empujó y cayó sobre la cama -. ¡Sal de mi casa! ¿Estás sordo? ¡Vete!
- Te estás repitiendo - dijo Pablo con frialdad mientras se limpiaba la sangre del labio.
- ¡Y tú aún estás aquí!
- Lali, quizás no entendiste lo que Sam Jergen dijo. Esta casa es mía. Piénsalo. No puedes echar a un hombre de su propiedad.
- La casa es mía - ella lo miró a los ojos -. Yo vivo aquí. He vivido aquí desde hace nueve años.
- ¿Y? ¿Crees que eso te da algún derecho? - Pablo se cruzó de brazos -. Mi hermano hizo testamento. Me dejó la casa a mí. Final de la historia.
- Tu hermano era mi marido. Dijo que me dejaría dinero, pero no quedó nada. Vivo aquí y tú no. La tenencia es lo que cuenta. ¡Ese es el final de la historia!
- ¿Es eso lo que tu amante te ha dicho?
Se puso pálida.
- No necesito a nadie para distinguir el bien del mal.
- El miércoles - puntualizó Pablo -, o estás fuera de aquí a las nueve de la mañana, o...
- ¿O qué? ¿Vas a pedirle al sheriff que me desaloje? - esbozó una sonrisa de hielo y agarró el teléfono -. ¿Qué te parece si le pido que te eche a ti?
- Nadie puede echarme. Ya te lo he dicho. Esta casa es...
- Tuya. Y tal vez lo sea cuando yo esté dispuesta a irme. Hasta entonces, yo soy quien vive aquí. Y eso te convierte en un intruso. Te doy la última oportunidad,Pablo . O te vas por propia iniciativa, o esperas a que venga el sheriff. Estoy segura de que estará encantado de cumplir con su deber cívico y arrestarte por allanamiento, o por forzar la puerta y entrar, o como se diga.
- Adelante... - Pablo , hablaba con exagerada cortesía -. Llama al sheriff. Estoy seguro de que te ayudará encantado.
Pablo sabía que no iba a hacerlo. Y Lali también. El sheriff no tenía mejor opinión de ella que el resto de la gente de la ciudad. Pero los hechos eran los hechos, que Pablo había forzado la puerta y había entrado y que parecía tan peligroso e impresentable como cuando se fue de Liberty.
«Peligroso, sí, pero no impresentable», pensó Lali. La verdad era que estaba guapísimo y excitante, la fantasía de cualquier mujer hecha realidad. Incluso la de ella
.
Y lo peor era que la había tomado en sus brazos, como en todos esos sueños que todavía tenía. A veces, se despertaba con el cuerpo ansioso por sentir sus manos sobre la piel. Soñaba con sus dedos ásperos acariciándola los senos y los muslos. El recuerdo de aquella noche que hicieron el amor formaba parte de ella. La dureza del cuerpo de CPablo . El calor de sus ojos y la emoción de saber que ella era la causa.
Llai se volvió de espaldas y manoseó el teléfono. Estaba nerviosa y no podía acordarse del número del sheriff. Todo porque él la había asustado, la había puesto furiosa y le había hecho recordar cosas que durante años había intentado olvidar.
¿Cómo? ¿Cómo había conseguido que ella quisiera derretirse junto a él y dejarse hacer lo mismo que aquella maravillosa noche junto al lago?
- ¿Qué pasa, Lali? - ella alzó la cara. El la miraba con una intensidad que la hacía estremecer, como si supiera lo que ella estaba pensando. Cuelga el teléfono - su voz era suave, casi un ronroneo. Lali le volvió la espalda. No quería sentir su mirada -. Te he dicho que cuelgues - la agarró por la cintura. Ella resopló y se lanzó contra él.
- ¡No te atrevas a tocarme!
- ¿Por qué no? - sonrió -. ¿Sabes? Creía que hace un rato estabas actuando. Tal vez me equivoqué. Tal vez el problema sea algo más complicado.
- El problema será complicado para ti en cuanto llame al sheriff.
- El problema es que tal vez yo te atraigo demasiado.
Ella parpadeó. Su tono era tan seguro, que Lali quiso reírse, pero no lo hizo por si volvía a besarla. Le sonrió.
- Me sorprende que quepamos en la habitación, tú, yo y toda tu vanidad.
- Tengo razón, ¿verdad? - se le acercó. Ella intentó apartarse, pero la mesilla se lo impidió -. Te gusta el sexo. Siempre te gustó.
- Voy a llamar al sheriff.
- Hazlo. Pero tal vez debas pensar lo que vas a decirle.
- Le diré la verdad. Que forzaste la entrada a mi casa.
- Departamento del sheriff - contestó una voz
.
- ¿De veras? - Pablo sonrió con ironía, mientras sacaba del bolsillo una llave y se la mostraba. Era igual a la suya -. Me parece difícil acusar a un hombre de forzar la puerta cuando la ha abierto con una llave.
- Departamento del sheriff - repitió la voz -. Señorita, ¿necesita ayuda?
- No - dijo -. Lo siento, me he equivocado al marcar - dejó el teléfono en su sitio -. De acuerdo. Me has convencido. Ésta es tu casa y yo no debería estar aquí.
- Claro que no. Nunca debiste, y desde luego, no deberías estar aquí con tu último...
La puerta se abrió y ambos se sobresaltaron. Lali sintió que se le doblaban las rodillas. «No, por favor, no», pensó.
- ¿Mami? - Peter entró en la alcoba -. Mira lo que Alice me ha comprado... Oh. ¿Quién es ese?- preguntó.
Lali se forzó a sonreír.
- Peter, cariño. Ven y saluda a... tu tío.
Capítulo 5
Lali había temido ese momento durante meses después del nacimiento de su bebé. Pero con el tiempo había conseguido estar tranquila. Hasta que entró en el despacho de Sam Jergen y entonces le entró pavor.
Sabía que iba a ser difícil esconderle a Pablo la existencia de Peter. Tarde o temprano, alguien diría algo que lo haría sospechar. Y alguien lo hizo. Posiblemente, Jergen. Y Pablo había creído que era su amante.
Pablo y su hijo se miraban sorprendidos. Sus expresiones eran idénticas. Dos pares de ojos verdes y grandes. Dos barbillas con hoyuelo. Dos bocas carnosas. Peter una miniatura de Pablo , de su padre.
No. No debía pensar así. Vico era el padre de Peter. Pablo pertenecía al pasado.
Peter fue el primero en reaccionar.
- Mami, ¿de verdad que es mi tío?
- Sí, cariño - dijo con fingida alegría -. Es tu tío
.
Peter no sabía qué pensar. Pablo tampoco, y no le quitaba los ojos de encima.
¿Qué estaba pensando? ¿Qué veía?
«Que no vea la verdad. Por favor, la verdad, no», pensó Lali
- Es igualito a Pablo - había dicho Vico en el primer cumpleaños.
- ¿Por qué nunca me dijiste que tenía un tío?
Lali carraspeó.
- No sé... no se me ocurrió.
- No - la voz de Pablo era como el hielo -. Supongo que nunca se te ocurrió - Pablo fue hacia la puerta y por un momento Lali pensó que iba a marcharse sin hacer caso del niño, pero no hubo suerte. Se detuvo ante él -. Hola.
- Hola - contestó Peter con timidez. Pablo se agachó y le tendió la mano. - Me llamo Pablo -Peter dudó, y luego le dio la suya. - ¿Qué edad tienes, Pete?
- Es Peter - dijo Lali -. Su nombre es...
- Es Peter, pero algunos niños me llaman Pete.
La mentirijilla casi le rompe el corazón a Lali. No había otros niños.
- Entonces, Pete. ¿Cuántos años tienes?
Lali quería agarrar a su hijo y salir corriendo.
- Seis.
- Seis- Pablo repitió, soltando la mano del niño. Ya todo tenía sentido. No había entendido bien a Sam Jergen. Creía que Lali había fingido estar embarazada, pero en realidad lo estaba. Y Vic no iba a abandonar a su propio hijo. Vico había hecho lo que debía -. Seis- volvió a repetir con voz suave, pero con furia reprimida.
- Sí. ¿Y tú cuántos tienes? - le preguntó el niño.
Pablo respiró hondo para reprimirse. Solo la mitad de los genes del niño era Davenport. La otra mitad era Cameron, la sangre de Vico
- Solo unos pocos más que tú - dijo sonriendo con furia contenida. Mientras él aún estaba ansiando acariciar a Lali, ella ya llevaba el hijo de Vico
- ¿Y cómo es que no sabía nada de ti? - preguntó Peter.
- Una buena pregunta, Lali
- Es bonito tener sorpresas de vez en cuando, ¿No crees, Peter? - dijo Lali
Pablo se puso de pie y respiró hondo.
- Mira,Pablo , estoy segura de que tienes... preguntas, pero...
- ¿Yo? ¿Preguntas? - Pablo hizo una mueca -. Ni una. ¿Por qué iba a tener preguntas si cualquiera con dos dedos de frente puede saber las respuestas - sus ojos la desnudaron -. Le pedí a Vico que cuidara de ti - le dijo -. Tenía que haberle dicho que se cuidara él.
- ¿Le dijiste que me cuidara? - Lali soltó una carcajada amarga -. Vamos, no hace falta que mintamos después de tantos años. Yo fui en lo último en lo que pensaste, después de aquella noche.
- ¿Qué noche?
Lali contuvo la respiración. Peter la estaba mirando. Se agachó y, aunque ya era algo grande, lo alzó para abrazarlo.
- Eh, ¿sabes qué?
- Bájame, mami - Peter parecía avergonzado -. Ya no soy un bebé.
- Enseguida, pero déjame darte un buen abrazo. - dejó al niño en el suelo, le alborotó el pelo, y le sonrió -. Acabo de acordarme de que no te traje la hamburguesa que te prometí. ¿Por qué no vamos a la ciudad y...
- Quizás debas vestirte primero - dijo Pablo en voz baja.
Ella lo miró y se controló para no darle el gusto de verla sonrojarse.
- Me pondré unos vaqueros y una camiseta - la voz dulce para Peter y la mirada de hielo para Pablo -, y nos vamos a la ciudad.
- Ya me comí una hamburguesa - Alice me la compró.
- Entonces nos tomaremos un helado.
- Mami, no puedo tomarme un helado antes de la cena. Tú siempre dices eso.
- ¿Sí? - Lali miró al reloj. Tenía razón. Bueno... - Pablo no mostraba intención de marcharse -, pues de todos modos podemos ir a la ciudad a comprar pollo frito y alquilar un vídeo. Y podemos cenar mientras lo vemos.
- Me parece divertido - dijo Peter y le sonrió a Pablo -. ¿Sabes una cosa? Cuando me desperté esta mañana no tenía un tío.
Pablo sonrió a su hijo.
- Bueno, yo tampoco tenía un sobrino. Estamos en paz.
- ¿Eres hermano de mi mamá, o de mi papá? Eso es lo que son los tíos, ¿no?
- Peter, ¿por qué no te lavas un poco para que podamos ... ?
- Eso es lo que son, Pete. Soy hermano de tu papá.
- Ah... - se puso serio -. Mi papá está muerto. ¿Lo sabías?
- Sí. Sí, lo sabía.
- ¿Y por eso has venido? ¿Porque mi papá está muerto y ahora vas a cuidamos a mami y a mí?
- ¡Peter! - Lali se dio cuenta de que su tono era duro. El hombre y el niño la miraron, el hijo, sorprendido, y Pablo con rabia contenida. No podían continuar así -. Peter, ya sabes que no es de buena educación hacer tantas preguntas.
- Puede que no a un extraño - el tono de Pablo era cortante -, pero yo no lo soy, Lali. Somos de la misma sangre, aunque tal vez hubieras preferido que yo no lo supiera.
- Por favor - lo miró implorante -, no hablemos de eso ahora.
- No. No hablemos - se puso tenso -. Pero te prometo que hablaremos de ello.
- ¿Hablar de qué? - preguntó Peter -. Si tú vas a quedarte aquí y..
- Peter - dijo Lali con una sonrisa forzada -, ¿no quieres que vayamos a buscar el vídeo?
- Claro - contestó, mirando a Pablo -. ¿Tengo que llamarte «Pablo », o «tío Pablo »?
- Llámame Pablo
- Bueno - dijo Lali-, ¿no es estupendo que sen hayan conocido?.Pablo , no queremos entretenerte más. Sé que estabas a punto de irte cuando...
- Sí - repuso Pablo muy despacio -. Así es. Por muy extraño que les parezca, iba precisamente a la ciudad a ver si todavía existe la antigua tienda de pollo frito en Main Street. Por los planes que tenian para esta noche, deduzco que sí.
- Sí. Así es. Pero...
- ¿No es coincidencia? Había pensado en comprar algo de pollo y traerlo para que cenáramos juntos. ¿Qué te parece la idea, Peter?
- No - espetó Lali -. Quiero decir, gracias, pero no queremos molestarle.
- No es molestia - contestó con los ojos fijos en los de ella -. Después de todo,Lali, somos familia.
- Somos familia, mami.
Lali quería gritar.
- Me encantaría decir que sí - mintió -, pero... pero, es demasiado pronto para cenar.
- Venga, Lali- dijo Pablo con aparente dulzura -. Intenta por una vez relajarte.
Ella lo miró, sabiendo que la trampa se cerraba alrededor de ella y no podía hacer nada para evitarlo.
- Solo es... - hizo una pausa - pollo frito y un vídeo infantil. Te... te aburrirás.
Pablo sonrió y de nuevo la desnudó con los ojos.
- Nada tuyo podría aburrir a un hombre.
Lali sintió que se le encendían las mejillas.
- Bueno - dijo con tono cortante y frío -. Como quieras. Ve a la ciudad, compra pollo y alquila un vídeo. Si insistes en pasar aquí la tarde, yo no puedo detenerte, a menos que ponga el cerrojo - se contuvo y fingió una sonrisa -. Peter y yo te estaremos esperando.
- Tú estarás esperando -Pablo puso la mano en el hombro del niño -, porque Pete y yo nos vamos a la ciudad.
- ¡No!
- Tendrás que enseñarme dónde está la tienda de vídeos - dijo Pablo ignorando a Lali-. Cuando yo vivía aquí, no había ninguna.
- Está al lado de la tienda de pollo frito - dijo Peter, saltando de la emoción -. Lo que hacemos es pedir el pollo y luego...
- ¿Están sordos los dos? Dije que no.
Los dos se volvieron a mirarla. En lugar de sentir pánico, estaba furiosa. ¿Cómo se atrevía Pablo Cameron a irrumpir en su vida y tomar el control? Decidió que no iba a permitirlo y, cuanto antes él lo supiera, mejor.
- Mi hijo se queda aquí conmigo -Lali dio un paso adelante, puso las manos sobre los hombros de Peter y lo apartó de Pablo -. No pienso dejarlo ir a ninguna parte contigo. ¿Crees que estoy loca? Mi hijo no va... «no va a ser como tú», estuvo a punto de decir, pero se contuvo a tiempo y dijo lo primero que se le pasó por la cabeza -. Mi hijo no va a ir montado en la parte de atrás de una motocicleta.
- ¡Qué bien! ¡Una motocicleta! - dijo Peter, lleno de admiración -. ¿Tienes una moto? ¿Dónde? No la he visto. Solo vi un coche negro y largo. Uno que tiene un gato pintado.
Pablo se rió.
- Eres muy observador, ¿lo sabías? - miró a Lali-. Es un Jaguar, nuevecito, con todos los cinturones de seguridad y alarmas posibles. ¿Decepcionante, verdad?
«Atrapada otra vez», pensó Lali
- Mami... ¿Puedo ir con Pablo ? Di que sí, mami, por favor.
Quería decir que no. Decirle a Pablo que la casa aún le pertenecía y que quería que se marchara de inmediato. Pero él no iba a hacerle caso. Y estaba Peter, con la cara radiante de emoción. Era la primera vez en varias semanas que parecía feliz.
- Bueno - concedió, aceptando la derrota -. Puedes ir - estiró los brazos para agarrar a su hijo y darle un beso -. Te quiero - le susurró.
- Yo también - contestó Peter, pero con la impaciencia de un niño que está a punto de emprender una gran aventura. Se zafó de los brazos de Lali y le sonrió a Pablo -. Podemos ir por las cosas y que mami se vista mientras estemos fuera.
Pablo la miró detenidamente de arriba a abajo y ella se sonrojó.
- De la boca de los niños... - dijo en tono amable y la miró a los ojos -. ¿Sabes, Lali? Se me acaba de ocurrir. ¿Sospechabas que vendría a visitarte? ¿Te llamó Jergen, y te avisó de que tal vez vendría aquí? - su sonrisa se heló - ¿Y por eso te vestiste así a propósito?
- ¿Qué quiere decir a propósito? - preguntó Peter - Es algo que dicen los mayores - contestó Pablo -. Significa que alguien hace algo aposta.
Pablo sonrió a Lali y luego le dio la mano a Peter.
Y el niño que ella tanto quería y el hombre al que odiaba se fueron sin más.
El viaje a la ciudad debía haber durado media hora. Transcurridas dos horas, Lali estaba frenética. ¿Dónde estaba su hijo? ¿Dónde estaba Pablo ? ¿Por qué había dejado que la intimidara? Él era un chico malo, la oveja negra que siempre volvía. Tenía el mismo aspecto peligroso e inestable que cuando tenía dieciocho años.
Y el Jaguar.. El Jaguar no la impresionaba. Ya no era una adolescente.
Pablo solo había vuelto para reclamar la herencia de Vico. Había descubierto que tenía un hijo y también lo reclamaba. Y ella, ¿qué había hecho? Dejarlo salirse con la suya, como años atrás.
Lo que Pablo quería,Pablo lo conseguía. Por lo que fuera, quería impresionar a Peter. Ella había dejado que la manipulara y él se había ganado a su hijo ofreciéndole pollo grasiento, un estúpido vídeo y un paseo en un coche que seguramente habría alquilado. Sonó el teléfono.
- ¿Dónde diablos están? - exigió.
- Vaya sentido de la hospitalidad - contestó Pablo riendo.
- Y vaya sentido de la responsabilidad. ¿Tienes idea del tiempo que lleván fuera?
- Un poco más de lo que pensábamos, supongo.
- ¿Supones? - podía oír el tono histérico de su propia voz y tomó aliento -. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde están?
- ¿Dónde estamos, Pete?
No podía entender lo que Peter decía, pero oía su voz infantil muy excitada. ¿Y todo por qué? Por un poco de atención que le prodigaba el mismo hombre que lo había dejado plantado cuando aún estaba en el vientre materno y nunca había vuelto la vista atrás.
- Pablo
- Sí, te he oído. Pete dice...
- Se llama Peter.
- Sí, ya me lo dijiste. Estarnos en North Road, tal vez a dos millas de...
- Ya sé dónde está North Road.
- Pues yo no lo sabía. Es una calle nueva. Pete me llevó a hacer un tour. La ciudad ha cambiado mucho desde que la vi por última vez.
- La ciudad no es lo único que ha cambiado. Ya no puedes pisotearme - intentaba mantenerse bajo control -. ¡Trae a mi hijo a casa de inmediato!
Lali colgó con brusquedad.
Cuando media hora después, sonó el timbre, estaba preparada. O al menos así lo creía. Pero no lo estaba para ver a su hijito agarrado de la mano de Pablo con cara de felicidad y de adoración. Idéntico a su padre.
- Peter - dijo Lali-. Ve a tu habitación.
- Pero el pollo está caliente
- Ve a tu habitación, Peter.
- Alquilamos Aladino - respondió - ¿Verdad, Pablo ? Porque Pablo no la había visto.
- Podras verla más tarde - clavó los ojos en Pablo - Pablo dijo que había leído el libro cuando era un niño como yo. Pablo dijo...
- Me importa un pimiento... - respiró hondo un par de veces -. Peter, si quieres ver el vídeo, ve a tu habitación ahora. Si no, no te dejaré verlo.
A Peter se le saltaron las lágrimas. - No es justo. Tú dijiste...
- Hey - Pablo se agachó, le puso la mano en el hombro y le sonrió -. Tu mamá está disgustada, Petey -
«Petey», pensó Lali. Había pasado de Peter a Pete y a Petey en un abrir y cerrar de ojos -. Tu mamá está disgustada conmigo y no contigo - se puso de pie y la miró con ojos de hielo -. ¿No es verdad,Lali?
- Sí - contestó Lali, enojada consigo misma -. Sí - repitió con dulzura -. Esto no tiene nada que ver contigo, cariño.
- Entonces podemos...
- No - su voz era dura, pero la suavizó con una sonrisa -.Pablo y yo tenemos que hablar. Cosas de mayores, Peter. Y tú te aburrirías. Mira, déjalo todo aquí,Pablo y yo tendremos nuestra charla y, dentro de un ratito, puedes bajar y veremos la película juntos.
- ¿Los tres?
- Peter - Lali tomó aire -. Haz lo que te digo.
El chico miró a Pablo
- Venga, campeón - le dijo Pablo -. Te veré más tarde.
- ¿Lo prometes?
- Sí, lo prometo - el niño dudó, dio un paso adelante y se abrazó a las piernas del hombre que creía era su tío. El gesto del niño sorprendió a Pablo , pero se sorprendió aún más de su propia reacción: se le había hecho un nudo en la garganta. Nunca se había fijado mucho en los niños. Estaban por todas partes, pero no tomaban parte de su mundo. Lo sorprendía que ese niño le hubiera llegado tan rápidamente al corazón. Era sangre de Vico. Era su sobrino. Y si se hubiera quedado en Liberty, si no hubiera tenido que huir para proteger la reputación de Lali, podría haber sido su hijo. Si se hubiera quedado, si le hubiera dicho a Lali que se casara con él, si ella hubiera aceptado… -. No te preocupes. Ahora haz caso. Cuanto antes tu madre y yo tengamos nuestra charla, antes podremos hincarle el diente a ese pollo.
- ¿De verdad?
- Dame una oportunidad, campeón. ¿Crees que desperdiciaría la ocasión de pelearme contigo por comerme esas alitas tan crujientes? - Peter se rió, y salió corriendo escaleras arriba. Lali lo miraba y, cuando oyó que cerraba la puerta de su habitación, se volvió hacia Pablo
- En la biblioteca - dijo con frialdad y se encaminó por el pasillo.
- Sí, señora - murmuró y la siguió.
Todo estaba igual en la biblioteca. Las mismas cortinas de damasco, los mismos muebles de cuero. LAli se sentó en una butaca y Pablo en el sofá, estirando la piernas. Llevaba la camisa arremangada y Lali trató de no fijarse en la protuberancia de sus bíceps.
- No deberías haberlo hecho.
- ¿Hacer qué? - su tono era de pura inocencia -. Incluso mi padre me dejaba sentar aquí,Lali. ¿O estás intentando decirme que me siente erguido, junte las piernas y ponga las manos sobre el regazo como él lo habría hecho? - sonrió irónico -. Si es eso, vas a llevarte una decepción.
- Sabes lo que quiero decir. Decirle todas esas mentiras a Peter.
- No soy un mentiroso.
- Claro que lo eres. A mí me mentiste hace muchos años, y ahora le mientes a mi hijo.
-Lo que pasó entre tú y yo no tiene nada que ver con esto. Al chico nunca le mentiría.
Lali se puso en pie.
- ¿Y cómo llamarías a las promesas que le hiciste? Que vas a estar aquí cuando vuelva a bajar.. que vas a cenar aquí y que vas a ver una película infantil con él - se sorprendía de su propia ira. Ella sí era tonta. Y por eso estaba mirando al hombre que odiaba y pensaba que era muy atractivo. Y se excitaba solo de mirarlo -. Tienes que irte - susurró -. Tienes que irte antes de que causes un daño mayor,Pablo. Antes de que hagas más promesas que no piensas cumplir.
Él se puso de pie.
- Ya te dije que esto no tiene nada que ver con nosotros.
- Sí que tiene que ver. Todo. Te conozco. Sé cómo eres realmente debajo de ese... encanto - tenía un nudo en la garganta. Tragó saliva y continuó -. Peter es un niño. Está en una edad en que cree todo lo que le dicen. ¿Puedes entenderlo?
- Tú eres la que no entiendes, Lali- se acercó despacio a ella sin dejar de mirarla -. Yo no le mentí.
- Le dijiste que te quedarías a cenar.
- Y me quedaré.
- Y que verías la película con él.
- Eso también lo haré.
- Pablo , sé razonable. Aunque te deje quedarte esta noche...
- ¿Si me dejas? - su rostro se ofuscó -. Pareces olvidarte, de que esta es mi casa. Si quiero quedarme para la cena, si quiero quedarme hasta el próximo siglo, tengo derecho a hacerlo.
- No puedes. Ningún juez...
- Ah... Así que esa es la cuestión. Crees que el compartir el techo conmigo, incluso durante unas horas, puede quitarte la razón legal.
- No, claro que no. Nunca pensé...
- Eso es. Nunca lo pensaste. Ni una sola vez - hizo una mueca, sacó las manos de los bolsillos y la agarró por los brazos -. ¿No lo pensaste cuando sedujiste a mi hermano, ni cuando te hacía el amor?
Lalise zafó de un tirón.
- Sal de aquí. ¡Sal de mi casa! - su voz temblaba mientras le señalaba la puerta - ¡Vete!
Los dos se miraron. Solo se oía la respiración de Lali y el tictac del reloj sobre la chimenea.
- Escúchame - le dijo en voz baja -, y escúchame bien. Esta casa es mía.
- No lo es. Yo vivo aquí y...
- Tú vives aquí, pero yo soy el dueño. Quizás, si te concentras, podrás ver la diferencia.
- Pablo ,Pablo , yo... yo...
- ¿Tú qué? ¿Vas a buscar un abogado y vas a luchar contra mí? ¿Con qué vas a pagar los honorarios, eh?
- Esa es... - se estremeció - Esa es la cuestión. No tengo dinero. Y sé bien que eso a ti no te importa...
- Acertaste. No me importa.
- Pero está mi hijo...
Querrás decir, el hijo de Vico
- Sí, el hijo de Vico- alzó la vista implorando -. Peter es solo un niño. No tiene nada que ver con todo esto.
Pablo se cruzó de brazos con indiferencia.
- Sigue...
Tenía que seguir. No tenía elección. Pablo iba ganando. ¿Qué importaba el orgullo?
- No es que yo quiera quedarme en esta casa. Él sonrió.
- Mejor, porque no vas a quedarte.
- Ya había hecho planes para irme de Liberty. Para empezar de cero en otro lugar donde nadie nos conozca.
- Muy bien. Otro lugar en donde encuentres un idiota que no sepa que mantuviste a mi hermano fuera de tu cama.
- Tú no sabes nada de mi relación con Vico
- ¿Ah, no?
Se acercó a ella y, al ver su expresión, Lali retrocedió.
- No. No sabes nada. Yo amaba a Vico
- Tú no sabes el significado de esa palabra.
- Lo amaba y los dos queríamos a Peter y...
- ¡Mantén al niño al margen de esto!
- No puedo hacerlo. Peter es la razón por la que quiero irme de Liberty. Solo necesito un poco de tiempo para retomar las riendas de mi vida. Buscaré un trabajo en Atlanta.
Pablo se rió.
- Las mujeres con tu talento no encuentran trabajos, sino a idiotas que las mantengan.
- Encontraré un trabajo. Ahorraré un poco de dinero, y me mudaré.
- Eso ya puedes hacerlo. Mudarte, quiero decir.
- Acabo de decírtelo. No puedo. Necesito dinero.
Se quedó perpleja cuando Pablo la agarró y la atrajo junto a él.
- Lo que necesitas - dijo con brusquedad - es un hombre.
- No. No...
Pablo la besó en la boca con furia y pasión reprimida durante mucho tiempo. Lali protestó e intentó zafarse, pero él la aprisionó mientras le introducía la lengua entre los labios probando de nuevo un sabor que nunca había olvidado. Y de repente, el tiempo retrocedió. Volvía a tener dieciocho años y ella era su chica. Y estaba entre sus brazos, devolviéndole el beso y con el cuerpo estirado para acomodarse al de él. Compartiendo suspiros. Ella era suya, y era todo lo que siempre había deseado...
Pablo la apartó de golpe y se limpió la boca con la mano. Vio que ella abría los ojos confundida, y por un instante pensó que ella estaba tan impresionada como él por el poder de ese beso hambriento.
Respiró un par de veces y volvió a la realidad.
- No funcionará - murmuró -. Yo sé lo que eres. Ya no soy un muchacho,Lali, y también sé que no soy como mi hermano.
- No - la voz de Lali temblaba. Soltó una leve risa y se secó las lágrimas -. No lo eres.
- Dile al niño que lo siento, pero que he tenido que irme.
- Claro.
- Dile que no tenía intención de romper mi promesa.
- No - el tono de Lali tenía un punto irónico -. Claro que no.
Pablo fue hacia la puerta, comenzó a abrirla y miró a Lali
- ¿A qué hora se va a dormir?
- A las nueve. Pero no veo...
- Dile que hoy puede quedarse un poco más - miró su reloj -. Si puede aguantar, cenaremos dentro de dos horas y podemos ver la cinta.
- ¿De qué me estás hablando? Creía que habíamos acordado...
- ¿No te has enterado aún? Yo soy el que pone las reglas. Tú no tienes ocasión de estar de acuerdo en nada.
Pablo salió al vestíbulo. Ella corrió tras él, llamándolo y pidiéndole que le aclarara lo que había dicho.
Pero acabó parada en el porche, mirando el polvo que levantaba el Jaguar al arrancar.
Capítulo 6
Pablo siempre conducía rápido. A veces, demasiado rápido. Cuando era muchacho, en Liberty, su Harley volaba por las carreteras de tierra.
Ve más despacio o uno de estos días vas a desaparecer - le decía Vico. Y Pablo sonreía diciéndole que no se preocupara, que nunca haría nada de lo que su padre le predijera.
Las predicciones de su padre no se habían cumplido. Vico tenía que haber sido rico y próspero. Él tenía que verse pobre y hundido. Por el contrario, había conseguido amasar una fortuna y su hermano Vico había muerto sin un centavo, estrellándose en una carretera.
La ironía era difícil de creer. La vida había llevado a los hermanos Cameron en dos direcciones opuestas y la culpa había sido de una mujer. Si Vico no se hubiera casado con Lali , o si Lali hubiera sido una esposa como es debido, Vico no se habría estrellado en la carretera de Atlanta. Tampoco habría invertido todo su dinero en la Bolsa. Debía resultar caro mantener a una mujer como Lali. Aunque no lo parecía, pues ella no llevaba joyas, excepto la alianza. Pero seguro que había conseguido sacarle mucho más a Vico. La dulce e inocente Lali Davenport había resultado ser una oportunista.
El nombre, la casa...
El hijo que su hermano había sembrado en su vientre.
No quería pensar en eso. En Lali y Vico haciendo el amor. En cualquier otro hombre acariciándola, saboreando su boca, respirando su fragancia. Los años lo habían hecho mucho más sensato. El amor era solo deseo. Y él todavía la deseaba. Estaba más hermosa que nunca, era más atractiva, y más traicionera.
¿Por qué había querido mantener en secreto la existencia de Peter? No tenía sentido. El crío era su carta comodín. Lali sabía que él no dudaría en echarla de la casa, pero que no iba a echar al hijo de su hermano.
Pablo condujo más deprisa.
El día antes a esa hora estaba en Nueva York tomando copas con su banquero. Liberty, Georgia y todo lo que había dejado atrás parecían cosas de otro planeta. Y si les dedicó un minuto fue para sentir haber faltado al funeral de Vico y para anticipar el placer de fastidiar a Lali, negándole todo lo que le había costado tanto conseguir.
Pero el juego había cambiado. Ya no se trataba de lo que había sucedido años atrás, sino del futuro. El futuro de Peter.Vico había dejado a su hijo sin un centavo y el único talento de su viuda era manipular a los hombres en beneficio propio. No hacía falta mucha imaginación para saber lo que le esperaba al niño.
Pablo detuvo el Jaguar a un lado de la carretera. Estaba anocheciendo y se oía el canto de los pájaros. Las estrellas brillaban como luciérnagas.
No estaba bien. Un niño no tenía por qué pagar por los errores de sus padres ni por sus debilidades ni por la muerte de uno de ellos. ¿Acaso él no lo sabía mejor que nadie? Peter era inocente. Los niños siempre lo eran y siempre acababan pagando el precio más alto.
Ya era noche cerrada. Le había dicho a LAli que volvería en un par de horas. Tenía que aclarar sus ideas y hacer planes.
Después de un buen rato, Pablo arrancó el coche y volvió a la ciudad.Había refrescado mucho.
LAli estaba sentada sobre un cojín en el suelo delante de la chimenea. Se había cambiado y llevaba vaqueros y un suéter. La sala estaba caldeada, pero ella sentía frío en el alma. Había sido un día largo y horrible.
Todos sus planes y esperanzas de comenzar una vida nueva para Peter habían fracasado. No podía culpar a Vico. No era su intención dejarlos sin nada. Habían hablado mucho sobre el futuro de Peter. Un colegio privado, una buena universidad...
A ella le gustaba pensar que la vida de Peter sería diferente a la suya. Que no conocería la pobreza y la incertidumbre.
No sabía cómo decirle a Peter lo que le esperaba. Que no tenían dinero, ni casa. Él solo era un crío y no entendía el odio que podía consumir a los adultos, ni el daño que eran capaces de hacerse.
¿Acaso los habría oído gritarse? Era casi seguro que sí, porque al poco rato de que Pablo se fuera, había bajado.
- ¿Mami? - dijo -. ¿Dónde está Pablo ?
- Pablo tuvo que irse, cariño. Se había olvidado de una cita de negocios.
- ¿Se ha ido? - preguntó Peter.
- Sí.
- Oh... - fue todo lo que exclamó, pero le temblaban los labios y a Lali casi se le partió el corazón.
- Ven aquí. Dame un abrazo.
- No, gracias.
Solo quiso comer un sándwich y un vaso de leche y se fue a la cama sin decir nada más.
Lali se quedó, delante del fuego pensando que Peter lo superaría, porque ella haría todo lo posible. Harían algo especial. Lo llevaría al parque de atracciones aunque fuera caro. Pero luego, ¿cómo iba a arreglárselas sin dinero? Tenía que quedarse en la casa hasta que un juez la obligara a marcharse.
Lo que necesitaba era un buen abogado para enfrentarse a Sam Jergen y a su cliente, y eso no iba a ser fácil. Había llamado a alguno, pero las habladurías corrían muy rápido por Liberty. Todo el mundo sabía que Pablo había vuelto, que Vico le había dejado la casa, y que a ella la había dejado sin blanca. El primero le dijo que no tenía tiempo libre, el segundo le preguntó sin rodeos que cómo esperaba pagarle. El tercero le dijo:
- No puede permitirse mis honorarios. Además, aunque pudiera, ¿de qué iba a servir? Litigar contra su cuñado sería una pérdida de tiempo. No puede ganar. No contra él.
- ¿Por qué? - le preguntó Lali
Al abogado eso le pareció muy divertido porque soltó una carcajada y le colgó. Pero había otros abogados. Ya encontraría alguno.
Tenía sueño, pero siguió junto al fuego. Estaba tan cansada, que se quedó dormida en el suelo.
Soñó que alguien sollozaba con desesperación. Se oía una voz de mujer que decía:
- ¿Por qué me abandonó? Yo lo amaba tanto... Lo amaba de todo corazón.
Lali se acercaba a la mujer y le preguntaba:
- ¿Quién eres? ¿Por qué lloras por un hombre que nunca te amó?
- No lo sé - contestaba ella, y en la distancia comenzó a doblar una campana -. No lo sé - repitió la mujer alzando la cara y Lali vio que era su propia cara, sus ojos, su propia tristeza...
Asustada, se despertó con el corazón acelerado. El fuego se había apagado y la sala estaba fría y oscura. A lo lejos, se oía sonar el timbre de la puerta.
Lali se puso en pie de un salto y encendió la lámpara más cercana. Eran las nueve. ¿Quién sería tan tarde? Salió deprisa a abrir para que el ruido no despertara a Peter, pero cuando llegó a la puerta, ésta se abría.
- Llamé al timbre - dijo Pablo dando un paso al frente.
- Llamaste al timbre, pero yo no abrí la puerta con suficiente rapidez para tu gusto, por lo que entraste sin más - Lali se había asustado, pero su enfado era por verlo y también por el sueño -. Es la segunda vez que entras sin permiso en esta casa,Pablo . No voy a tolerarlo.
Él se rió y entró.
- ¿Qué vas a hacer para evitarlo?
Con los labios apretados, ella lo vio entrar en la cocina, agarrar un tazón y servirse café. Se puso furiosa.
- Actúa como si estuvieras en tu casa... - le dijo irónica.
- Gracias - el tono cortés era tan falso como su sonrisa -. Pienso hacerlo.
- De acuerdo,Pablo . ¿Qué es lo que quieres? Él dio un sorbo al café.
- Está bueno - sonrió otra vez. Y ella lo habría abofeteado, pero su instinto le dijo que él no lo toleraría por segunda vez.
- Contesta, por favor. ¿Qué quieres?
«A ti», fue lo que él pensó. Por la mañana había visto a Lali elegante, medio desnuda por la tarde, pero, por razones que no podía comprender, la Lali de esos momentos, con vaqueros y suéter, y despeinada, era la que más lo excitaba.
Había pasado la última hora en un bar oyendo canciones tristes delante de un par de cervezas y tratando de convencerse de que lo que planeaba hacer estaba bien. No tenía elección y no le importaba si a su cuñada le gustaba el plan o no.
Y ese era el problema. No la consideraba su cuñada. Era su chica que a los diecisiete años iba vestida con ropa muy grande después de que estuvieran nadando en el lago y el traje de baño mojado revelara sus pezones y lo volviera loco de deseo. Él había sacado de la Harley su suéter de rugby y le había dicho:
- Toma. Ponte esto antes de que me acerque a ti y te quite el traje de baño de un tirón - ella se había sonrojado y susurrado que tal vez eso era lo que ella también quería que hiciera. Y mientras se ponía la prenda, él había deslizado las manos debajo del suéter y le había acariciado los senos.
Se volvió, maldiciendo la erección que le habían causado los recuerdos, y se sirvió más café.
- ¿Peter está dormido? - preguntó.
- Sí.
- ¿Estaba disgustado?
- No es más que un niño, Pablo . Es muy pequeño para saber que algunas personas dicen las cosas solo para impresionar.
- No fue así. Yo... - suspiró -. Siento haberlo decepcionado.
- No tiene importancia - respondió Lali encogiéndose de hombros.
- Claro que la tiene. No debe prometerse nada a los niños si no se hace en serio. Y yo le prometí en serio que pasaría la tarde con él.
Lali se sorprendió, pues parecía que estaba arrepentido de verdad. Quizás Pablo Cameron distinguía entre dejar plantada a una mujer y dejar plantado a un niño. Había pasado mucho tiempo y había madurado. Estaba claro que la vida le había hecho madurar y había pasado de ser un chico atractivo a ser un hombre espléndido y peligroso. «Déjalo ya», pensó y le sonrió con indiferencia.
- Le diré a Peter que pasaste por aquí antes de irte.
- ¿Acaso dije que me iba,Lali? Esta es mi casa. ¿Por qué iba a irme?
- Porque no vives aquí - respiró hondo -. Voy a pleitear contigo por Cameron House.
- Y perderás. Eso es si encuentras un abogado que quiera representarte.
- Encontraré alguno.
- Asegúrate de decirle que no puedes pagar un anticipo. ¿O es que tienes algún dinero escondido?
- Cuando la casa sea mía, la venderé y tendré suficiente dinero para pagar los honorarios y para que Peter y yo podamos empezar una nueva vida.
- ¿Así que vas a hacerlo por el niño?
- Sí, - replicó Lali, herida por el tono desdeñoso de Pablo -. Esa es la razón exacta por lo que pienso hacerlo, aunque eso no es asunto tuyo.
- ¿Mudarte sin más? Arrancar a Pete...
- Peter.
- ¿Arrancar a Pete de su casa, su escuela, sus amigos, después de haber perdido a su padre? Diablos, Lali, ya sé que la idea de irse te atrae, pero también debes tener en cuenta las necesidades del niño.
- Para tu información, Peter odia vivir en este lugar, y no tiene amigos.
- ¿Por qué no?
- Porque... porque esto es Liberty. No sé dónde habrás estado estos últimos años,Pablo , pero la ciudad es igual que siempre. La gente chismorrea y juzga. Cuando Vico vivía, lo respetaban, pero ahora que se ha ido...
Se quedó callada, pero había dicho lo suficiente y él comprendió. LAli había salido con él. Él se había marchado y ella se había liado con su hermano. Era lo suficiente para un chisme jugoso, pero, por si fuera poco, ella se había quedado embarazada. Y un matrimonio precipitado entre un Cameron y una Davenport era noticia suficiente para chismorrear durante cien años.
- Un infierno - dijo él con voz suave.
- Exactamente - asintió ella.
- Y las cosas han empeorado desde la muerte de Vico,¿verdad?
- Nadie invita a Peter a jugar en su casa, ni a ninguna fiesta. Él es... una especie de marginado.
- Lo que quieres decir - dijo cortante - es que el niño está pagando por tus pecados.
- Bueno quien eres tú para hablar de pecados - ella lo miró furiosa -. Te marchaste de la ciudad y nunca volviste la vista atrás para ver si... si tu hermano te necesitaba.
- ¿Por qué iba a necesitarme si te tenía a ti?
- ¡Maldito seas, Pablo Cameron! No tienes ni idea de cómo fue mi vida después de que te fueras. Si no hubiera sido por Victorio... - se quedó mirándolo fijamente, con los ojos nublados por las lágrimas, y consciente de que había estado a punto de decir cosas que no debía -. Esto no tiene sentido. El pasado ha muerto y lo único que importa es el futuro. El futuro de mi hijo. Y ese futuro no está en esta maldita ciudad.
- Estoy de acuerdo.
- ¿Lo dices en serio? - Lali lo miraba incrédula.
- Completamente - se puso tenso -. Tienes razón. Me había olvidado de cómo puede ser esta ciudad. Dales un cotilleo y le sacarán el jugo igual que un perro a un hueso.
- Sí. Así es. Por eso tengo que...
- Tienes que poner a la ciudad de rodillas.
Lali soltó una carcajada amarga.
- No puedo hacerlo,Pablo.Vico podía. Bueno, tampoco. Solo conseguía que fingieran que aceptaban a Peter, pero...
- Yo puedo.
- ¿Tú? - ella parpadeó sorprendida.
- Así es - Pablo se cruzó de brazos en actitud desafiante -. ¿Qué pasa? ¿No crees que yo pueda hacer que todos en esta maldita ciudad deseen no haber oído nunca el nombre de los Cameron?
Lali titubeó.
- Mira, todo lo que yo quiero es...
- ¿Acaso te he preguntado lo que tú quieres?
- Todo lo que necesito es algo de dinero. Lo justo para poder empezar en otro lugar - respiró hondo -. Te propongo un trato.
- ¿Tú me propones un trato? - él preguntó con ironía.
- Te quedas con la casa. No pleitearé. Solo deja que Peter y yo vivamos aquí durante un tiempo hasta que encuentre un trabajo. Hasta que me organice...
- Tal vez podría dejarte vivir aquí hasta que venda la casa - dijo él en tono amable - y luego darte, digamos, la mitad del precio de venta. ¿Qué te parece?
Le parecía demasiado bueno para ser verdad. Le estaba tendiendo una trampa y ella lo sabía. Tenía que averiguar cómo evitar caer en ella.
- Bueno - dijo con cautela -, eso me parece muy... muy generoso. Y..
- Y me estarías muy agradecida. ¿Verdad, Lali?
- Sería... claro... Quiero decir..
- No tienes que explicarme lo que quieres decir - Pablo se movió muy rápido y la abrazó. Aunque ella interpuso los codos, él ya la había agarrado y había posado su boca en la de ella. Su beso era un testimonio salvaje del deseo que sentía. Ella intentó apartarse, pero él no se lo permitió, obligándola a abrir la boca para él. Ella sintió que lo odiaba. Lo odiaba, pero gemía, y dejó que la besara hasta que no hubo otra cosa en el universo que no fuera ese hombre que la tenía cautiva de su pasión. Pablo se apartó un poco y se quedó mirándola con ojos ardientes-. Mi hermano no tuvo ni una oportunidad. El pobre estuvo perdido desde el instante mismo en que fuiste tras él.
- Sal de mi casa - la voz le temblaba y sentía que los dedos de él se le clavaban en la carne -. ¡Vete de aquí!
- ¿No te acuerdas de la conversación que tuvimos? - ella trató de zafarse, pero él no la dejó -. Ya te dije que no puedes echarme de mi propia casa.
- Y yo te dije que estoy dispuesta a pleitear contigo. Parece que todos piensan que los Cameron son invulnerables. Pues ya no. Yo sé cómo funciona el mundo,Pablo . El dinero da poder. Y el dinero de los Cameron es... - se tambaleó cuando Pablo la soltó de pronto. Él sacó la cartera, tomó una tarjeta y la lanzó sobre la mesa. Lali lo miró desconfiada -. ¿Qué es eso?
- Es la razón por la que no vas a pleitear conmigo. Vamos, mira... - ella tomó la tarjeta como si fuera una bomba que iba a explotar -. Léela en voz alta.
Ella tomó aliento y leyó:
- Pablo Cameron. Petrolífera Cameron. Explotaciones Petrolíferas Cameron. Recursos Energéticos Cameron. Compañía de Invers...
- Inversiones - dijo Pablo con frialdad al ver que la voz de Lali temblaba. Ella alzó la vista y palideció -. Ese soy yo. Han sido siete años muy interesantes.
- Ya lo veo... Te has dedicado a los negocios.
- Digamos - respondió riendo - que no necesito para nada esta casa y los tres cuartos de millón que se le puedan sacar.
- ¿Entonces, por qué ... ?
- ¿Por qué no te la dejo? Podría hacerlo. Podría dejarla hecha cenizas y darte un cheque por lo que vale sin pestañear, - le pasó un dedo por la mejilla. Ella lo miró como hipnotizada -. Pero no voy a hacerlo porque sé lo que tú eres.
- Pablo , el pasado está muerto. Lo que te pido es por el futuro de Peter.
- Exactamente. El chico es el hijo de mi hermano. Y Vico era sangre de mi sangre. No debía haberlo culpado por lo que tú hiciste. Yo lo quería - la voz se le quebraba y suspiró -. Peter es un Cameron y yo también - hizo una mueca -. Tú eres basura y siempre lo serás.
- ¡Maldito seas! - Lali lloraba con rabia -. ¿Por qué tuviste que volver? Te odio. ¡Te odio con todo mi corazón!
- Eso simplifica las cosas. No necesitamos fingir.
- No sé de qué me estás hablando - retrocedió -. Y tampoco me importa. Podré arreglármelas sin tu ayuda. Peter y yo...
- Peter ya no es tu problema.
- ¿Mi problema? - ella se rió -. Es mi hijo y lo quiero. ¿Eso va más allá de tu capacidad de comprensión?
- Pensé en echarte a la calle - Pablo dijo con calma -. Ahí es donde deberías estar. Pero puedo ver que el niño te quiere y que tú lo quieres a tu manera. Por eso voy a dejar que te quedes,Lali. Puedes seguir siendo su madre.
- ¡Estás loco! ¡Tú no eres Dios! ¡Tú no puedes dejarme seguir siendo la madre de mi hijo!
- Haré lo que sea mejor para mi sobrino. No solo tengo dinero, sino que tengo amigos poderosos - la agarró de nuevo -. Todos estarán de acuerdo en que no eres apta para criar a Peter.
- Estas loco- ella no podía respirar -. Tú no podrías...
- ¿Crees que no? A ver quién gana. Si yo, o la mujer que se acostó conmigo y luego con mi hermano, consiguió lo que quería, e hizo que mi hermano se fuera a los brazos de otra mujer.
- No sabes la ridiculez que estás diciendo.
- Vico se estrelló en la carretera de Atlanta. Toda la ciudad sabe por qué estaba allí,Lali. Porque tú le negaste los placeres de tu cama -Lali soltó una carcajada. Aunque nada tenía gracia, no pudo evitarlo. La mirada de Pablo se volvió de hielo -. Ríe si quieres, pero te prometo que perderás al niño... a menos que cooperes.
- Ah... - ella se zafó de sus manos -. Ya estamos. El gran soborno. Acuéstate conmigo, Lali, y no te quitaré a tu hijo. ¿Lo he entendido bien?
- No del todo - clavó sus ojos en los de ella -. No te estoy pidiendo que te acuestes conmigo. Te estoy diciendo que vas a casarte conmigo.

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