Holiii como andan??, espero que bien , les traigo un nuevo cap. espero que les guste gracias a las de siempre por leer y comentar, besotes muchos
CARO
Capítulo 47:
—No me atrajo... Estaba ahí... Y no era mucho peor que los demás... ¿Me da el informe?
—Toma...
Su jefe le alargó un grueso fajo de hojas, que la joven miró con decepción.
—¿Todo esto tengo que corregir?
—Échale un vistazo cuando tengas tiempo.
Lali se dirigió hacia el escáner, e inició su tarea, mientras que Pablo se sentó en el sillón, y comenzó a observarla con descaro.
—¿Sabes? –dijo al fin—, habitualmente entiendo poco a las mujeres, ¡pero vos!... sos un verdadero enigma para mí... Cuando Maca vino con esa historia de que quería casarse, me pareció estúpido, pero comprensible. Decía que estaba enamorada, que siempre había soñado con una fiesta, con el vestido... Todas esas estupideces que a ustedes las mujeres les encantan... Era comprensible. Yo mismo he llegado a apostar más de medio millón en Las Vegas, de una sola sentada, sólo por sentir la adrenalina de perderlo... Quería darse el gusto, y lo hizo... ¡Pero vos!... En cinco años de matrimonio, de seguro...
Pablo se interrumpió.
—¿Qué? –preguntó la muchacha intrigada.
—Mil veces has debido arrepentirte por haberte casado.
—Nunca.
—¡Mientes!
—¡De verdad!
—¿Qué puede haber de especial en tener a la misma persona pegada a tu espalda, durante cinco años? ¡Hasta hacer el amor se termina volviendo aburrido!
Lali miró a su jefe con una cara tal, que Pablo no necesitó que hablara, para adivinar la magnitud de aquella felicidad que le habían arrebatado.
Sin embargo, insistió.
—Pero, ¿qué encuentras tan especial en el matrimonio?
—Todo.
—Eso es lo mismo que decir “nada”. Se más específica.
—Es como... Mire, cuando usted llega a casa, lo primero que hace es sacarse los zapatos y la camisa, ¿por qué?
—¡¿Por qué?!
—¿Por qué?
—Qué sé yo... Para sentirme libre..., porque no me gusta tener nada que me ate, que me lastime.
—Por lo mismo quiero volver a casarme... Nunca fui más libre, y me sentí más segura que junto a Gas... Podía llegar a casa y ser yo misma, sin que nadie me juzgara. Podía darme el lujo de ser feliz, sin tener que pedir permiso. Podía vivir a mi manera, sin darle explicaciones a nadie.
—¡Vamos!... Los maridos juzgan... ¡Y se burlan!
—Y escuchan, y acompañan, y entienden... Si no, ¿qué clase de esposo es?... Compartir la intimidad con alguien que se ama es... ¡increíble! Es como esto que estamos haciendo ahora usted y yo, pero todo el tiempo... Una charla sin apuro, y sin otro objetivo más que charlar... Una comunicación espontánea y sincera, que ni siquiera necesita de palabras. A veces con Gas no nos hablábamos en todo el día. Y no era incómodo... Por el contrario, era delicioso... Hay que estar muy bien con alguien para poder compartir el silencio.
—Disculpa que no te crea... Todo eso suena mejor de lo que es... Yo no puedo imaginarme haciendo el amor dos veces seguidas con una misma persona, y mucho menos, el resto de mi vida.
—Eso es simplemente porque nunca has hecho el amor. De lo contrario te hubieras dado cuenta que tener sexo no se parece en nada a hacer el amor.
Pablo la observó, complacido.
—Ni vos ni yo estamos en condiciones de comparar, Lali... Vos, según decís, nunca has tenido sexo por simple lujuria, y yo...
—¿Lujuria?... ¡Un montón de veces! Y es delicioso cuando conoces tanto al otro, y te conoces tanto, que no necesitas perder el tiempo para encontrar el placer... Es algo que solemos hablar mucho con Rochi. Ella divide su vida sexual en “Tuve un orgasmo, o no”. Yo, en cambio, solía dividirla en... nada. Hiciéramos lo que hiciéramos, estaba bien. Un minuto, o cinco días seguidos... Una caricia al pasar, o...
Lali perdió la vista en el horizonte, y se ruborizó, mientras Pablo se revolvía en el sillón, incómodo.
—Tu visión del matrimonio es extraña, Lali.
—¿Usted es hijo de padres separados, Pablo?
Al escucharla, su jefe se molestó, pero no por la pregunta.¿Otra vez le decía de “usted”? si ya le habia empezado hablar de "vos"
—De verdad –insistió la muchacha—. Usted habla como si hubiera experimentado un divorcio en carne propia.
—Lamento desilusionarte. Cuando murieron mis padres, llevaban..., no sé, imagino que al menos once años juntos.
—¿Y eran felices?
—He borrado esa parte de mi historia. Tengo muy pocos recuerdos.
—¡Qué raro!... Porque usted ya era grande cuando ellos...
—Tenía diez años... Pero cada uno se protege del dolor de la pérdida como puede. Yo olvido. Vos, en cambio, idealizas... Es obvio que recuerdas sólo lo bueno.
—¿Por qué duda de mí?
—Cuando comencé a trabajar en Washington, me acosté con un millón de mujeres
casadas. Eran buenas en la cama, no traían complicaciones, y pocas veces
reclamaban por exclusividad... Y, más que nada, yo tenía apenas veinte años, y
quería experimentar.
—¿Lo hacía sólo por eso, o usaba su cama para obtener información?
—¡Me ofende que lo preguntes!... Para ser una mujer a quién no le gusta que la confundan con una puta, juzgas demasiado fácil a los demás... Nunca me acosté con nadie por otra cosa más que el sexo. Y hasta ahora no he tenido quejas.
—Usted no, pero yo sí... En mi cuello, ¿lo recuerda? Pero esa es otra historia.
—Ustedes siempre se toman el sexo muy a la tremenda... ¡Y el matrimonio!
—Por lo que usted cuenta, aquellas norteamericanas no lo hacían.
—¡Ellas más que ninguna!... Odiaban a sus maridos, pero los seguían sin chistar, con tal de no arruinarles su carrera política, o dejar desprotegidos a sus hijos.
—Y cuando no seguían a sus maridos, se acostaban con vos... ¡Lindas esposas!
Otra vez el tuteo... Pablo sonrió complacido.
—No... No te confundas, Lali... No eran ellas el problema, sino el matrimonio. Estar tanto tiempo junto a alguien, necesariamente te lleva a odiarlo... ¿Alguna vez te conté como empezó mi fortuna?
—No –respondió la muchacha.
Y no mentía. Después de todo, no era él quién le había contado la historia.
—Yo me estaba acostando con la mujer de un senador, y un día, al llegar a su casa, me esperaba con una amiga. Era una vieja fea, que te hubiera encantado. ¡Un ejemplo de esposa feliz! Treinta años de fidelidad... Y fue cuestión de verme, para que la dama comenzara a escupir todo el veneno que había acumulado durante ese tiempo. Odiaba a su marido, que por aquel entonces intentaba postularse para la presidencia del país. Habían sido treinta años de dormir con el enemigo, de espiar por encima de su hombro, de buscar pacientemente los mejores sitios para asestar la puñalada fatal... Te la voy a hacer corta. Durante cinco meses nos reunimos todos los viernes para que me diera datos comprometedores de su esposo, simulando ser amantes. Y ni uno de esos días intentó seducirme, aunque creo, que al final, ya algo le gustaba... Cuando vendí la noticia en dos millones de dólares, sólo aceptó un ramo de rosas... No... No la había movido la lujuria o la codicia. ¡Era odio! Un odio despiadado, acumulado durante treinta años de convivencia forzada.
—Quizás no se había casado por los motivos correctos...
—Por el contrario, un día me confesó que había amado a su marido con locura...
—Entonces ahí está tu explicación... De seguro, todavía lo amaba...
Pablo observó a su empleada sin entender. Pero igual, sentir aquel tuteo cómplice de sus labios, lo complacía, así que no se quejó.
—Como sea, Lali... Si buscas a un hombre con tantas cualidades..., alguien capaz de meterse en tu carne y en tu alma..., de cubrirte como si fuera tu propia piel, no sé como se te ocurrió que el idiota de Victorio, o el estúpido de Peter, podían servirte.
—Ya te dije... Estaban allí –respondió despreocupada, atenta a su tarea.
Por unos segundos Pablo la observó afanarse en la máquina.
Lali se agachaba, se movía, se inclinaba hacia un lado...
—Me parece que este escáner se trabó...
Parte de su rodete se había soltado, y ahora un mechón de pelo jugueteaba frente a sus ojos. Lucía... distinta.
—No debe ser difícil para una mujer como vos conseguir marido...
—¡Ojalá!... No sos el único hombre del mundo con aversión al matrimonio. La mayoría llega a la Iglesia engañado, atrapados por la carnada del sexo sin compromiso... Pero a mí no me gusta hacer trampa... Así que basta que diga que busco marido y que necesito tener un hijo antes de los treinta, para...
—¡Espera! ¡Espera!... ¡¿Cómo?! ¿Un hijo antes de los treinta?... ¿“Necesitas” tener un hijo antes de los treinta? ¡Eso es nuevo!
Lali se ruborizó. Distraída, había hablado demasiado.
—Es una historia larga –se justificó, hundiéndose un poco más en la maldita máquina que no quería funcionar.
—¿Por qué “necesitas” un hijo?
La joven suspiró.
—Cuando me casé con Gas, los dos teníamos casi veinte. No queríamos hijos, porque, entre el estudio, y el trabajo, no había tiempo para eso. ¡Pero tampocoqueríamos cuidarnos! Habíamos esperado tanto para... Me refiero a que los dos nos habíamos casado vírgenes, y los métodos de control de la natalidad aceptados por la Iglesia se basan en la abstinencia... Así que decidimos que los tres primeros meses no nos cuidaríamos, rezando a Dios para que se cumplieran en nosotros las estadísticas que dicen que en la mayoría de los casos se tarda al menos cuatro en lograr un embarazo... El tiempo transcurrió, y con él, la vida. Y para cuando quisimos acordarnos, ya llevábamos tres años de casados, y todavía no nos habíamos cuidado nunca... Yo solía decir que quería ser madre joven. La mía tenía cuarenta cuando me tuvo, y yo se lo reprochaba continuamente. ¡Cómo si ella hubiera tenido la culpa! Pero los hijos somos así... ¡Siempre encontramos algo para reprochar!
—Mi madre me tuvo a los veinte, y... ¡Es una lotería!...No es cuestión de edad. De seguro vos pudiste disfrutar de la tuya más tiempo que yo...
—Es cierto... Pero me hubiera gustado tener una madre más vital... Una que me acompañara a todas partes, como hacía mi suegra.
—Sos rara, Lali! ¡Ahora me vas a decir que te llevabas bien con tu suegra!
—¡La adoro! Es una mujer simple, pero encantadora... Y se moría por tener un nieto.
—Y entonces te sometiste a esos horribles estudios y análisis para...
—¡A todos! No me quedó uno sin hacer. Y cuanto más horrible y denigrante, peor. Yo no quería... A mí me gustan los niños, pero, la verdad, de haber dependido sólo de mí, hubiera adoptado uno sin más trámite, y que la naturaleza se hiciera cargo del resto.
—¿Era el que no podía?
—¡Eso era lo peor! Era él... De haber sido yo, de seguro hubiéramos seguido
intentándolo y nada más... ¡Pero como era él! Parecía una cuestión de honor.
—Entiendo a tu marido.
—Yo no. A mí me daba lo mismo.
—Una cosa es elegir, y otra es no poder.
—Fuimos al médico, y nos sugirió hacer una fertilización asistida. ¡Pero costaba una fortuna! La enfermedad de mi madre se había llevado mi herencia, y la familia de Gas apenas lograba sobrevivir, así que, como nadie podía ayudarnos, por un tiempo nos olvidamos del asunto.
—¿La Iglesia acepta la fertilización asistida?
—El médico, que era católico, me había asegurado que iba a implantarme todos los embriones concebidos...
—¿Y llegaste a hacerlo alguna vez?
—Como te dije, tuvimos que olvidar la idea por un tiempo. Pero un día, como si fuera un signo de Dios, el dinero llegó mágicamente. Una tía de Gas, una hermana del padre que él ni sabía que existía, había muerto en Buenos Aires, y le había dejado unos dólares... Bastó cobrar esa suma, que, por cierto, apenas alcanzaba, y todo se puso en marcha. El esperma de Gas fue revisado, seleccionado, y congelado. Así que sólo faltaba yo... Era cuestión de que ovulara, y... Recuerdo aquel día, porque lo llevo marcado a fuego en mi memoria... Era un día hermoso... No tendrían que ocurrir cosas horribles los días hermosos... Yo estaba feliz. Había ido a visitar a mi suegra, y junto a ella habíamos controlado el reactivo. ¡No había dudas! Estaba ovulando... ¡Me moría por decírselo a Gas! Así que corrí a casa. Quería que me acompañara a la clínica para que estuviera allí cuando me extrajeran el óvulo... De verdad corría... Estaba feliz... Pero las últimas dos calles dejé de hacerlo. No porque estuviera cansada, porque me encantaba correr... No... Fue porque... No sé... Porque quería sentir el sol en mi piel. ¡Quería sentirme viva!... Y entonces pasó aquel auto... Y luego escuché el ruido de los disparos...
Lali hizo un largo silencio, y Pablo no la interrumpió.
—Cuando murió Gas, simplemente no podía entenderlo... Era ridículo intentar seguir respirando, cuando la mitad de mi misma estaba sepultada bajo tierra... No podía hacer nada... No podía pensar... Y es que uno nunca sabe como va a reaccionar frente a algo así...
—Yo jamás pude perdonarle a mis padres que se hayan muerto... Creo que es la primera vez que lo digo en voz alta, pero... sentí que me habían abandonado...
Por un segundo se miraron, cada uno descubriendo la realidad del otro. Explorando su interior. Pero fue sólo un segundo.
—Luego del entierro, mi suegra y yo pasamos cinco días completos encerradas, llorando... Y entonces Cielo me hizo prometerle que iba a seguir adelante con lo del embarazo, y que iba a tener al hijo de Gas.
—¿Se puede hacer eso?
—El esperma estaba congelado... “Está” congelado. Y sale muy caro mantenerlo así.
—¿Concebir un hijo de tu marido muerto? ¡Me parece horrible! ¿La Iglesia no dice nada sobre el asunto?
—No sé... Nunca averigüé, porque a mí también me parece horrible... No puedo hacerlo... En el momento lo prometí porque estaba loca de dolor... Era como si, enmedio de una carrera, alguien borrara la línea de llegada en la recta final. No sabía como detenerme... Pero después, a medida que el tiempo pasaba, me di cuenta de que no iba a poder... No quiero tener el hijo de Gas, sin Gas... No puedo imaginar como se siente descubrir en la sonrisa de mi bebé, el recordatorio de esa felicidad que nunca más voy a poder recuperar...
—Se lo dijiste de inmediato a tu suegra, me imagino.
—Y fue muy difícil... Lloramos durante horas, y por fin, lo único que conseguí fue aplazar la condena... Pactamos que si para los treinta no había tenido un hijo con otro, iba a usar el esperma de Gas... Y ahora ella, que apenas tiene para comer, sigue pagando al banco en que está almacenado..... Sueña con el día en que yo...
—¡Esa promesa es una estupidez!
—Pero es una promesa.
—¡¿Pensas cumplirla?!

hola , soy de nuevo yo , la de Chile :) saludos . me llamo Barbara . publica luego nove porfi :)
ResponderEliminarDuro lo k le toco a Lali.Pxblo esta muuuuuuy interesado.
ResponderEliminarEste cap es triste pobre Lali todo lo que sufrio y lo q vivio junto a Gas, debe de ser una situacion horrible q el dia q se suponia fuera uno de los mas felices se vea arruinado por semejante tragedia!!!!
ResponderEliminarY Pablo mas tierno sincerandose con ella!!!! Estos dos estan a punto caramelo!!!!!
Espero q paseeeeee algo pronto entre estos dos....
Besos y nos estamos leyendo...!!!!! :D