Holaa como andan como les prometi algun dia voy a subir seguido jajja, y como mis mejores comentaristas ya leyeron les dejo un nuevo capi :) les quiero agradecer por pasar siempre y hacermelo saber, sin mas les dejo con el cap espero q les guste y no odien a mi Pabli empresario, besos
CARO
CAPÍTULO
7:
—¡No hay caso!... La maldita hoja no se puede
reconstruir.
—¿Nos podemos ir a casa, entonces? –preguntó Agustin
Sierra, esperanzado.
Pero la mirada de su jefe lo persuadió de no
insistir.
—No te preocupes, Pablo –intentó consolarlo
Benja—, en el programa sólo estaban
pautados cinco minutos para promover la nota
de la revista, así que puedo
rellenarlos con facilidad.
El editor en jefe de “RLP”, por el contrario,
se entristeció.
—En cambio para mí ya es muy tarde para
llenar con estupideces las cinco páginas
destinadas al artículo.
—¿Queres que te dé el material de Charly García?
–se ofreció Benja con solicitud—.
A la gente siempre le interesa.
—¿Qué hizo esta vez? ¿Subió un poco más alto,
y se tiró del quinto piso, y no del
cuarto, a la piscina del hotel?
—No... Unas prostitutas le reclaman por no
abonarle lo pactado...
—¡Mierda! –se ofuscó Pablo— ¡¿Creen que a
alguien le interesan sus locuras?!
Tengo un reportaje sobre uno de los mayores
casos de corrupción del año, y
ustedes...
No pudo terminar. Una secretaria acababa de
entrar con una carpeta, a pesar de que ya eran más de las tres de la madrugada.
Y es que esa era una de las características de aquella redacción: las horas de
trabajo se sucedían a lo largo del día y de la noche con total regularidad.
—El currículum que pidió, señor.
—Gracias. Puede retirarse.
—¿A mi casa? –preguntó la dama, esperanzada.
—¡A su oficina!
La pobre mujer se apuró a salir, y los tres
hombres volvieron a quedar solos.
—¿Qué es eso? –preguntó Agus.
—Ya que no puedo tener la hoja, al menos
demando una explicación. Y quizás aquí
la encuentre.
—“Mariana Esposito” –leyó Benja, con
sorpresa—. ¡¿Haz hecho investigar a tu
empleada?! ¡Ya es el colmo de la paranoia!
—Desde que ella llegó a mi vida, comenzaron
los problemas.
—¿Y por qué no la despides? –preguntó Agus
con inocencia.
Pero fue Benja el que le respondió.
—Al parecer es muy buena limpiando retretes.
Mientras su amigo hablaba, el editor en jefe
había continuado examinando las hojas del currículum de Lali.
—¡Guau! –exclamó al fin—. ¿Tenes a una
licenciada en ciencias políticas para que
te limpie el retrete, Pablo? ¡Sí que debes
tener una mierda pegajosa!
—¡¿Qué decis?! –se sorprendió su jefe.
Y de inmediato le arrebató los papeles que el
otro estaba leyendo.
—¡¿Ciencias Políticas de la Universidad de
Cuyo?! ¡Lo que les dije! ¡Ella es la espía!
Y, quizás, hasta fue ella la que infectó
la... ¡¿Casada?! ¡¿Cómo que es “casada”?!
Esta vez fue Benja el que le arrebató el
papel.
—¿Está divorciada?
—Aquí dice “casada” –insistió Pablo, sacando
una vez más el currículum de manos
de su amigo—. ¿Qué edad tiene?
Y otra vez las hojas viajaron por el aire,
para aterrizar junto al bello conductor televisivo.
—Veintisiete. Aparentemente, si no me fallan
las matemáticas, se casó a los veinte.
—¿Y el marido dónde mierda está? ¡Nunca habla
de un marido! –insistió Pablo.
—Con vos nunca habla de nada.
—Por supuesto, si cuando vos llegas no dejan
de cacarear.
Olvidado por los otros dos, Agustin se
escandalizó.
—¡Señores! –los conminó— ¿O debo llamarlos “señoras”?
Parecen unas viejas
chismosas... Una licenciada trabaja limpiando
retretes, y a ustedes sólo les llama la
atención su estado civil. ¿Tan buena está la
nena?
—Pequeña, pero hermosa –exclamó Benja.
—Una más –se impuso Pablo.
—Pues para ser una del montón, te interesaste
demasiado –se burló su editor.
—Porque la pequeña me está jodiendo –se apuró
a defenderse Pablo.
Pero Benja no lo dejó terminar.
—Eso es lo que vos quisieras.
—¡Señores!... ¿Por qué mejor no nos ocupamos
de la página perdida, y de nuestra
principal sospechosa?
—¿Dice el nombre del marido? –insistió Pablo,
sin prestarle atención.
—“Gaston Dalmau” –leyó Benja.
—¿Gaston Dalmau?... ¿Por qué me suena?...
Mucho me suena...
—Ahora que lo dices –se extrañó Pablo—, a mí también...
¿Cuál es su ocupación?
—Periodista –leyó Benja—. ¡Guau! Quizás tenes
razón, y ella te robó la hoja para...
—¡Ya sé! –rugió Agus—. Gaston Dalmau era ese periodista
de “La Voz del Pueblo”,
que acribillaron en la puerta de su casa, en
la provincia de Mendoza. Yo mismo cubrí
esa nota, porque estaba allí. Había ido a
hacer trekking, y alguien me alcanzó la foto
de la pobre viuda, con el cadáver de su
marido entre los brazos. Incluso creo que la
entrevisté.
—Lo recuerdo... –dijo Pablo— Fue hace dos
años.
—Más o menos. El tipo estaba investigando
unas “comisiones” por el tendido de la
red cloacal. Un asunto más sucio que la
mierda, y que, por supuesto, estaba en
manos de Nicolas Vasquez.
—¡Vasquez! ¿Cómo se animó a meterse con él,
el muy pelotudo? Con un tipo así no
se juega –se espantó -Benja.
—Y menos cuando se es un periodista de
provincia –le contestó Agus, mientras su
jefe los miraba, pensativo.
—¿Y vos decis que mi Lali es su viuda?
–reflexionó Martinez, con asombro.
Y bastó aquella extraña elección de palabras
para que sus colaboradores cruzaran una mirada de entendimiento.
—No sé si “tu” Lali, pero Mariana Esposito,
sí.
—¡Yo sabía que esa turrita se estaba
guardando muchas cosas! –explotó al fin—.
¿Tenes el número de Alejo, el tipo que hace
seguimientos?
—No creo que sea necesario, Pablo –intentó
disuadirlo Benja —. Es evidente que
Lali es una buena muchacha, y, aunque no lo
fuera, ella ha firmado un acuerdo de
confidencialidad antes de trabajar con vos.
No se expondría a...
—Alcánzame un papel. Vas a comunicarte con
Alejo, y le vas a pedir que averigüe
todo lo que te voy a anotar.
—Acá tenes.
Benja observó a su amigo escribir cosa tras
cosa, hasta agotar la carilla.
—¿Todo eso? ¿No es un poco demasiado?
—No –respondió Pablo, inconmovible.
Y fue en el preciso momento en que dio vuelta
la hoja para continuar con su loca
tarea, cuando lo supo.
—¡La página ocho! –gritó alborozado— ¡La puta
página ocho!
—¿En mi escritorio? –se sorprendió su editor—
¡Mierda! Debí dejarla aquí cuando te
entregué el escrito. Al fin, ¡tanto lío, por
nada!
—Bueno –reclamó Benja a su jefe, en tono
enojado—, ahora que la maldita hoja
apareció, ya sabes lo que tenes que hacer.
—¡Claro! ¡Publicar la nota cuanto antes! No
quiero más errores.
—¡No! ¡Tenes que pedirle perdón a Lali! No
tenías derecho a desconfiar de ella, y
mucho menos, a hurgar en su pasado.
—¡¿Pedirle perdón?! ¿Te has vuelto loco? Le
pago lo suficiente como para que sea
ella la que tenga que disculparse conmigo por
su altivez.
Agus sonrió al escuchar a su jefe.
“¿Altivez?”, se dijo. “¡Cómo si alguien pudiera superarte en eso!”. Pero calló.
En efecto, su jefe pagaba lo suficiente como para no tener que pedir perdón. Y
jamás lo hacía......
Pablo se cree el SUPERIOR de todos,que prepotente!! tiene q cambiar o sino ni Lali ni nosotras lo vamos a querer ni ver :s y eso de q le debe una disculpa, tiene toda la razon Benja!
ResponderEliminaruna SORPRESA al saber el pasado de Lali,pobrecita!! :( (Vico,te estoy esperando para q nos hagas morir de amor y feliz a Lali) jajaja
nononono Pablo es tremendo y se notoron sus celitis por la noticia de q Lali este casada y ese "MI LALI" q utilizo lo re delato!!!.... y pobre q fea la historia de ella...!!!! y Benja un amor como la defiende... y tiene razon tendria q disculparse con Lali... Igual todo es muy confuso y enredado por ahora!!!!
ResponderEliminarEspero q estes bien y pases una hermosa navidad...!!!!
Besos q estes bien!!!!! :)