Holaa chicas como les prometi les traigo el nuevo capii, y es larguito hee espero q les guste y se pongan al dia las que siempre leen, besos
CARO
CAPITULO
10:
—¡Vamos, Rochi! Hace una hora que te espero, y ya no sé
como quitarme de encima a tu jefe.
—Vos siempre tan impaciente, Lali. Apenas son las nueve.
Mi turno todavía no se acaba.
—¿Y para qué me pediste que te viniera a buscar tan temprano,
entonces?
—Quería que conocieras a unas personas, y...
Su amiga se exasperó.
—¡Otra vez, Ro! Te dije que no estaba interesada en salir
con los tipos que conoces en los eventos en que trabajas.
—¡No seas tan amargada! A estos me los presentaron en un
Congreso de Medicina. Son médicos.
—¡Ni aunque fueran millonarios! ¡No me interesan!
—Sos vos la que necesita encontrar un marido antes de los
treinta, no yo... Y ya tenes veintisiete. El tiempo pasa, amiguita. Deberías
agradecerme.
Dos tipos de unos cuarenta años se acercaron hasta ellas.
Eran lindos, y tenían aspecto de prósperos, pero todo en su actitud parecía
gritar “trampa”. Para empezar, sus maletines y sus trajes eran más los de un
visitador médico, que los de un doctor. Sus perfumes eran baratos, y no como
las delicadas fragancias importadas en que solían invertir los solteros de esa
edad. Incluso, el más bajo exhalaba un olor intenso a champú para niños. El
otro, en cambio, tenía el típico halo claro en su dedo anular. ¡Idiotas!
Ni bien saludaron a las muchachas con unos besos babosos,
se apuraron a anunciar que la cita iba a ser breve. Tenían que regresar antes
de la medianoche, porque, a primera hora de la mañana siguiente, les habían
pautado una operación de cerebro. Por supuesto, durante el transcurso de la
charla quedó en claro que aquellos tipos nefastos no habían estado nunca en contacto
con un cerebro ajeno, y mucho menos con el propio.
Posiblemente aquella fuera una de sus primeras escapadas,
ya que ninguno de los dos había perfeccionado la delicada trama de mentiras que
solía acompañar al infiel experimentado.
Sí, porque a esa altura de su derrotero como soltera por la
ciudad, Lali ya era toda una experta en engaños y ardides masculinos.Durante la primera media hora de la cita, los dos idiotas
comenzaron a competir con disimulo, (¿?), para quedarse con Rochi. Lali ya estaba acostumbrada. Su compañera era de
una belleza impactante, y solía usar una pollera tan pequeña como su moral.
Luego de hacer el ridículo por un rato, por fin se impuso
el tipo con aroma de bebé. El del anillo olvidado, en cambio, tuvo que conformarse
con el premio consuelo. Claro que Lali no se consideraba a sí misma como de descarte.
Por el contrario, se sabía hermosa, y conocía su poder sobre los hombres
inteligentes. Pero con tipos como aquellos, más preocupados por un buen culo, o
unas gomas como repisa, ella, gracias a Dios, no tenía demasiada chance.
Por un tiempo largo el del anillo faltante, que al
parecer ya se había resignado a su poca suerte, intentó una conversación íntima
que lo acercara pronto a su objetivo. Fue entonces cuando comenzaron a surgir
historias sobre autos importados y vacaciones al Caribe, tan falsas y ridículas
como su presunto protagonista. En todas ellas el epílogo que se desprendía era
el mismo: “terminamos en la cama, y la maté, porque en la cama soy el
mejor”. Y cada vez que el tipo la contemplaba buscando su admiración, Lali
apenas podía contener la risa.
Rochi, en cambio, escuchaba al otro arrobada, de seguro
imaginándose mientras paseaba en un lujoso modelo deportivo alemán. Y es que, a
pesar de haber oído historias semejantes cientos de veces, de boca de otros
tantos hombres, la pobre muchacha todavía conservaba la ilusión de que, alguna
vez, tales fantasías fueran reales.
—Así que sos periodista –aseveró el tipo sin el
anillo—.¿Dónde trabajas?
—Bueno –se apuró a contestar Rochi, temiendo que Lali
dijera alguna barbaridad—, en realidad ella es...
No pudo seguir, porque su amiga se anticipó a terminar la
frase.
—Asistente de Pablo Martinez –confesó, sin faltar a la
verdad.
—¿Pablo Martinez? ¿El de “Rompiendo las pelotas”?
—Sí. El de “RLP”.
—¡Vaya! –exclamó el otro con admiración— Ese fulano está
metido en todos los líos que se arman en la política. ¡Parece saberlo todo! Me
pregunto como hará...
Lali sonrió, y bastó aquel gesto inocente para que su amiga,
del otro lado de la mesa, se pusiera a temblar. ¡Conocía esa sonrisa y, lo que
era peor, lo que venía después!
—¡Qué rico está el cordero patagónico! –mencionó Rocio,
en un intento vano por cambiar el tema.
—En realidad –contestó Lali, impiadosa—, mi jefe tiene el
único archivo con datos interrelacionados del país. Todo lo que sos o tenes,
figura en él.
—¡Guau! –se sorprendió su acompañante—. Me encantaría ver
el de Tinelli, o el de Suar.
—Pero no sólo están los famosos de la televisión – continuó
la muchacha con fingida inocencia—. “Todos” figuramos.
—¿“Todos”, cómo quien? –preguntó el que parecía más listo,
con algo de preocupación.
—Te daré un ejemplo –explicó LAli, encantada—.Hace ya un
mes, una noche Rochi y yo salimos con un par de idiotas. Los tipos nos habían
dicho que eran solteros, y que trabajaban en un hospital. ¡¿Podrán creer que nos estaban
mintiendo?!
El del anillo faltante se atragantó, pero el otro salió rápidamente
en su auxilio.
—Hay gente para todo –comentó compungido.
—¡Ni que lo digas! Bueno, por fortuna, al llegar a casa lo
primero que hice fue entrar en los archivos de mi jefe. Allí figuraba todo: estado
civil, domicilio actualizado, estudios, profesión. ¡Y nada de lo que habían dicho
resultó cierto!
—¡Qué desfachatados! –simuló espantarse el que parecía más
listo.
—¿Y qué hiciste? –preguntó en un hilo de voz el otro.
—¡¿Qué iba a hacer?! ¡Lo único posible! Me comuniqué de
inmediato con la mujer, le aporté las pruebas concretas, y para las ocho de la
noche ya la pobre muchacha había cambiado la cerradura de su casa, y vaciado las
cuentas bancarias conjuntas. ¡Era lo mínimo que ese idiota semerecía!
El compañero de Lali miró al otro con un gesto desfalleciente,
obligándolo a intervenir.
—Sí, se lo merecen por torpes –replicó “aroma de bebé”, con
la vista fija en su amigo—, por dar sus nombres verdaderos.
Lali volvió a sonreír. Aquellos presuntos “Rafa y Gero”,
varias veces habían intercalado un “Néstor y Lalo”... ¡Principiantes!
—¡Claro que no nos dieron sus verdaderos nombres! Pero me
bastó buscar la matrícula del automóvil que conducía uno, y mirar los
datos de la tarjeta de crédito que usó para pagar la cuenta el otro, para que quedaran
al descubierto.
—¡¿La matrícula?! ¿Anotaste el número de las placas? – preguntó
el “sin anillo”, al borde del colapso. Y de inmediato se dirigió a su
compinche—: ¿Por qué no meacompañas al “toillete”, amigo? Creo que el cordero está haciendo
su efecto.
En menos de un segundo, y como por arte de magia, los dos
farsantes habían desaparecido.
—¡¿Por qué hiciste eso, Lali?! ¡Sos horrible!
—¿Qué pretendías? ¿Acaso no te has dado cuenta que no han
dicho ni una sola cosa cierta desde que se sentaron?
—¿Y con eso, qué? Todos mentimos un poco.
—¡Son casados!
—¡¿Y con eso, qué?! De seguro Rafa no es feliz con su
mujer, si el pobrecito tiene que ir por allí en busca de una aventura.
—¡Ni siquiera se llama Rafa!
—Ya sé. El tuyo le decía Néstor todo el tiempo.
—¡Silencio! Allí vienen.
Lali se apuró a ponerse de pie, y salirles al encuentro. ¡Lo
único que faltaba era que se fugaran sin pagar su parte!
—Nos ha surgido algo, muchachas. La operación de cerebro...
—¡No me digas! –se espantó la presunta periodista— De seguro
explotó antes de tiempo... “Perfume de bebé” la miró con desconfianza,
pero se imitó a decir: —Algo así... Tenemos que irnos.
—¿Ya pagaron la cuenta? –los apuró Lali.
—¿La cuenta?... Ah, sí, sí, claro... Me había olvidado...
Aquí les dejo doscientos pesos.
—¿Y nosotras cómo nos volvemos a casa? –preguntó con
auténtica inocencia Rochi.
—¿Por qué no nos llevan en su auto? –añadió con malicia
su amiga.
—¡No! –gritaron ambos galanes al unísono.—Aquí les dejamos veinte más para un taxi... ¡Hasta luego!
—¡Hasta luego, Néstor! –contestó Lali con una sonrisa.
Y el pobre “Rafa” se estremeció.
Luego de eso, la huida de los dos galanes fue tan
precipitada, que apenas quedó como recuerdo de su presencia el viento colándose
desde la calle. En cambio, para cuando las muchachas salieron de allí, el enojo
de Rocio perduraba.
—No te entiendo, Lali. No entiendo lo que queres.
—Un hombre sincero, y no un estúpido mentiroso. Alguien
que me diga la verdad.
—¿Queres escuchar mi verdad, Lali? Mi verdad es que esta
noche voy a dormir sola.
—Igual lo hubieras hecho. ¿No los escuchaste? ¡Tenían que
operar cerebros!... ¡Cerebros! –repitió la muchacha, sin poder contener la
risa.
Su amiga, en cambio, oculta por las sombras, lloraba. Su dolor
era tan sincero, que de inmediato Lali se conmovió.
—¿Qué te ocurre, Ro?
—¡¿Qué me ocurre?! Te diré que me ocurre. Me ocurre que
en un mes cumplo treinta. ¡Treinta!... ¿Sabes dónde se suponía que iba a
estar yo a los treinta? Desfilando con Tyra Banks, para Victoria´s Secrets, y
casada con Brad Pitt.
—No eran unas metas muy realistas, amiga.—¡¿Qué me importa la realidad?! ¡Era mi sueño! ¿Sabes lo que es un sueño, Lali?... Pero cuando llegué a la Capital para modelar, me di cuenta que era demasiado baja para alta costura, demasiado linda para actriz, demasiado común para la publicidad gráfica. Una más... Y entonces me convencí a mi misma de que eso no era el fin del mundo. Que no tenía que volver derrotada a mi provincia, de donde me había ido gritando con soberbia. Que bastaba que me casara con un tipo millonario y buen mozo, de esos que había tantos en las revistas. Pero la realidad, tu puta realidad, me golpeó otra vez. Los millonarios y lindos, sólo se casan con millonarias y lindas..., o con millonarias. Y los millonarios y feos, no están interesados en comprometerse con una cara bonita, cuando la pueden comprar por poco. Y entonces me di cuenta que yo, que creía que valía tanto, no me cotizaba a mucho más de dos mil pesos por noche. Así que decidí dejarme de joder, y conformarme con un marido, como todas las demás. Cualquier marido. Cualquier tipo que me mantuviera cuando comenzaran a salirme arrugas y celulitis. Pero, ¿sabes qué?, de nuevo esa mierda de tu realidad. Los hombres se acuestan con las lindas, pero se casan con las feas...
Rochi estaba tan descontrolada, que lloraba a los gritos. Algunas personas que pasaban por allí se habían detenido para observarla. Y entonces, irreflexivamente, y como si faltara algo para terminar el show, la muchacha se levantó la pollera hasta la cintura, dejando al descubierto unas bellas piernas largas, mientras señalaba algo en su nalga izquierda, apenas tapada por una braga que se resumía en unos pocos hilos.
—¿Ves esto, Lali? ¡¿Ves esto?! Este hueco que tengo aquí se llama celulitis, Lali. Y la celulitis forma parte de tu puta realidad. ¡Claro que a vos no te interesa! Porque yo tenga celulitis, el mundo no es más injusto, ni se empeora el hambre en el África, así que a vos no te importa. Te cagas en las mujeres, y en los huecos de sus piernas.
—Es lo que queremos todas –replicó Lali, apesadumbrada.
—Vos, al menos, ya lo tuviste, aunque fuera por un tiempo.
—¿Y crees que eso es una ventaja? ¿Crees que es fácil vivir cuando has sepultado la mitad de tu vida? ¿Sabes qué se siente cuando ves morir al hombre que amas entre tus brazos? Sí, amar y ser amada así fue maravilloso, pero... perder a Gas fue devastador. Porque sé que luego de él no habrá otro amor para mí. O, al menos, otro tan intenso. Porque así se ama sólo una vez en la vida, y yo ya perdí la chance.
Ahora era Lali la que había comenzado a llorar, y su amiga
la que la consolaba. Pero Rochi seguía
descontenta. Sí, quizás su celulitis no pudiera compararse con la pérdida de un
gran amor... ¡Pero también dolía mucho!
—Cuando vos hablas, Lali, los hombres te miran maravillados...
—Espantados, diría mejor. Todavía muchos se asustan por
una mujer que piensa.
—Pero yo, en cambio... Yo sólo tengo mis piernas, mi culo,
y estos implantes que aún no termino de pagar. Y si eso se cae...
—Si eso se cae, queda Rochi, la mujer que no te atreves a
buscar, obsesionada como estás por la belleza. Créeme, no va a servirte un
tipo que te acaricie mientrasmiente. Todas nos engañamos diciendo que queremos un
hombre. Pero no es cierto: queremos un gran amor, y eso...
—Pues yo me conformo con...
—No, no te conformes. No vale la pena. Para ser infeliz no
hace falta compañía.
—Pues yo me conformo con cinco minutos de buen sexo...
¿No extrañas el sexo?
Lali se estremeció. No, no extrañaba el sexo. Lo
extrañaba a Gas. Y ese placer intenso colándose entre sus piernas cada vez que
él la tomaba en sus brazos. Esa pasión incontrolable que la sacudía hasta
hacerla perder la razón. Su pobre amiga Rochi ni sospechaba todas las cosas que se podían
hacer en la cama, con un poco de amor. Ella se conformaba sólo con sexo... Mejor.
Lali, en cambio, iba a tener que soportar para siempre
aquel recuerdo que la consumía. Que la llenaba de ansias imposibles de saciar. Sí,
ahora le quedaba sólo la mitad de su vida. Y nunca más podría volver a ser
feliz o eso creía……

nooooo no no... me dio mucha tristesa ka historia de Lali... debe ser muy triste perder un ser querido y mas en tus brasos.... y Rochi pobre debe ser super desesperante para ella estar en esa situacion!!!!
ResponderEliminarY Lali esta muy resignada a encontrar un amor mucho mejor q el q tuvo con Gas pero estoy segura q Pablo la va a hacer llegar a las estrellas.... sacan chispas los 2!!!!
Espero q subas pronto y q pases un hermoso año nuevo... y este año q comienza lo empieses y termines con la mejor....
Besos q estes bien!!!! ♥
Today, I went to the beach front with my kids.
ResponderEliminarI found a sea shell and gave it to my 4 year old daughter and said "You can hear the ocean if you put this to your ear." She
put the shell to her ear and screamed. There was a hermit crab inside and it pinched
her ear. She never wants to go back! LoL I
know this is entirely off topic but I had to tell someone!
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