viernes, 28 de diciembre de 2012

Capìtulo 10: "Vos necia, Yo mentiroso"


Holaa  chicas como les prometi les traigo el nuevo capii, y es larguito hee espero q les guste y se pongan al dia las que siempre leen, besos

CARO


CAPITULO 10:
—¡Vamos, Rochi! Hace una hora que te espero, y ya no sé como quitarme de encima a tu jefe.
—Vos siempre tan impaciente, Lali. Apenas son las nueve. Mi turno todavía no se acaba.
—¿Y para qué me pediste que te viniera a buscar tan temprano, entonces?
—Quería que conocieras a unas personas, y...

Su amiga se exasperó.
—¡Otra vez, Ro! Te dije que no estaba interesada en salir con los tipos que conoces en los eventos en que trabajas.
—¡No seas tan amargada! A estos me los presentaron en un Congreso de Medicina. Son médicos.
—¡Ni aunque fueran millonarios! ¡No me interesan!
—Sos vos la que necesita encontrar un marido antes de los treinta, no yo... Y ya tenes veintisiete. El tiempo pasa, amiguita. Deberías agradecerme.

Dos tipos de unos cuarenta años se acercaron hasta ellas. Eran lindos, y tenían aspecto de prósperos, pero todo en su actitud parecía gritar “trampa”. Para empezar, sus maletines y sus trajes eran más los de un visitador médico, que los de un doctor. Sus perfumes eran baratos, y no como las delicadas fragancias importadas en que solían invertir los solteros de esa edad. Incluso, el más bajo exhalaba un olor intenso a champú para niños. El otro, en cambio, tenía el típico halo claro en su dedo anular. ¡Idiotas!
Ni bien saludaron a las muchachas con unos besos babosos, se apuraron a anunciar que la cita iba a ser breve. Tenían que regresar antes de la medianoche, porque, a primera hora de la mañana siguiente, les habían pautado una operación de cerebro. Por supuesto, durante el transcurso de la charla quedó en claro que aquellos tipos nefastos no habían estado nunca en contacto con un cerebro ajeno, y mucho menos con el propio.
Posiblemente aquella fuera una de sus primeras escapadas, ya que ninguno de los dos había perfeccionado la delicada trama de mentiras que solía acompañar al infiel experimentado.
Sí, porque a esa altura de su derrotero como soltera por la ciudad, Lali ya era toda una experta en engaños y ardides masculinos.Durante la primera media hora de la cita, los dos idiotas comenzaron a competir con disimulo, (¿?), para quedarse con Rochi. Lali  ya estaba acostumbrada. Su compañera era de una belleza impactante, y solía usar una pollera  tan pequeña como su moral.
Luego de hacer el ridículo por un rato, por fin se impuso el tipo con aroma de bebé. El del anillo olvidado, en cambio, tuvo que conformarse con el premio consuelo. Claro que Lali no se consideraba a sí misma como de descarte. Por el contrario, se sabía hermosa, y conocía su poder sobre los hombres inteligentes. Pero con tipos como aquellos, más preocupados por un buen culo, o unas gomas como repisa, ella, gracias a Dios, no tenía demasiada chance.
Por un tiempo largo el del anillo faltante, que al parecer ya se había resignado a su poca suerte, intentó una conversación íntima que lo acercara pronto a su objetivo. Fue entonces cuando comenzaron a surgir historias sobre autos importados y vacaciones al Caribe, tan falsas y ridículas como su presunto protagonista. En todas ellas el epílogo que se desprendía era el mismo: “terminamos en la cama, y la maté, porque en la cama soy el mejor”. Y cada vez que el tipo la contemplaba buscando su admiración, Lali apenas podía contener la risa.
Rochi, en cambio, escuchaba al otro arrobada, de seguro imaginándose mientras paseaba en un lujoso modelo deportivo alemán. Y es que, a pesar de haber oído historias semejantes cientos de veces, de boca de otros tantos hombres, la pobre muchacha todavía conservaba la ilusión de que, alguna vez, tales fantasías fueran reales.
—Así que sos periodista –aseveró el tipo sin el anillo—.¿Dónde trabajas?
—Bueno –se apuró a contestar Rochi, temiendo que Lali dijera alguna barbaridad—, en realidad ella es...
No pudo seguir, porque su amiga se anticipó a terminar la frase.
—Asistente de Pablo Martinez –confesó, sin faltar a la verdad.
—¿Pablo Martinez? ¿El de “Rompiendo las pelotas”?
—Sí. El de “RLP”.
—¡Vaya! –exclamó el otro con admiración— Ese fulano está metido en todos los líos que se arman en la política. ¡Parece saberlo todo! Me pregunto como hará...

Lali sonrió, y bastó aquel gesto inocente para que su amiga, del otro lado de la mesa, se pusiera a temblar. ¡Conocía esa sonrisa y, lo que era peor, lo que venía después!

—¡Qué rico está el cordero patagónico! –mencionó Rocio, en un intento vano por cambiar el tema.
—En realidad –contestó Lali, impiadosa—, mi jefe tiene el único archivo con datos interrelacionados del país. Todo lo que sos o tenes, figura en él.
—¡Guau! –se sorprendió su acompañante—. Me encantaría ver el de Tinelli, o el de Suar.
—Pero no sólo están los famosos de la televisión – continuó la muchacha con fingida inocencia—. “Todos” figuramos.
—¿“Todos”, cómo quien? –preguntó el que parecía más listo, con algo de preocupación.
—Te daré un ejemplo –explicó LAli, encantada—.Hace ya un mes, una noche Rochi y yo salimos con un par de idiotas. Los tipos nos habían dicho que eran solteros, y que trabajaban en un hospital. ¡¿Podrán creer que nos estaban mintiendo?!

El del anillo faltante se atragantó, pero el otro salió rápidamente en su auxilio.

—Hay gente para todo –comentó compungido.
—¡Ni que lo digas! Bueno, por fortuna, al llegar a casa lo primero que hice fue entrar en los archivos de mi jefe. Allí figuraba todo: estado civil, domicilio actualizado, estudios, profesión. ¡Y nada de lo que habían dicho resultó cierto!
—¡Qué desfachatados! –simuló espantarse el que parecía más listo.
—¿Y qué hiciste? –preguntó en un hilo de voz el otro.
—¡¿Qué iba a hacer?! ¡Lo único posible! Me comuniqué de inmediato con la mujer, le aporté las pruebas concretas, y para las ocho de la noche ya la pobre muchacha había cambiado la cerradura de su casa, y vaciado las cuentas bancarias conjuntas. ¡Era lo mínimo que ese idiota semerecía!

El compañero de Lali miró al otro con un gesto desfalleciente, obligándolo a intervenir.

—Sí, se lo merecen por torpes –replicó “aroma de bebé”, con la vista fija en su amigo—, por dar sus nombres verdaderos.

Lali volvió a sonreír. Aquellos presuntos “Rafa y Gero”, varias veces habían intercalado un “Néstor y Lalo”... ¡Principiantes!
—¡Claro que no nos dieron sus verdaderos nombres! Pero me bastó buscar la matrícula del automóvil que conducía uno, y mirar los datos de la tarjeta de crédito que usó para pagar la cuenta el otro, para que quedaran al descubierto.
—¡¿La matrícula?! ¿Anotaste el número de las placas? – preguntó el “sin anillo”, al borde del colapso. Y de inmediato se dirigió a su compinche—: ¿Por qué no meacompañas al “toillete”, amigo? Creo que el cordero está haciendo su efecto.

En menos de un segundo, y como por arte de magia, los dos farsantes habían desaparecido.

—¡¿Por qué hiciste eso, Lali?! ¡Sos horrible!
—¿Qué pretendías? ¿Acaso no te has dado cuenta que no han dicho ni una sola cosa cierta desde que se sentaron?
—¿Y con eso, qué? Todos mentimos un poco.
—¡Son casados!
—¡¿Y con eso, qué?! De seguro Rafa no es feliz con su mujer, si el pobrecito tiene que ir por allí en busca de una aventura.
—¡Ni siquiera se llama Rafa!
—Ya sé. El tuyo le decía Néstor todo el tiempo.
—¡Silencio! Allí vienen.

Lali se apuró a ponerse de pie, y salirles al encuentro. ¡Lo único que faltaba era que se fugaran sin pagar su parte!

—Nos ha surgido algo, muchachas. La operación de cerebro...
—¡No me digas! –se espantó la presunta periodista— De seguro explotó antes de tiempo... “Perfume de bebé” la miró con desconfianza, pero se imitó a decir: —Algo así... Tenemos que irnos.
—¿Ya pagaron la cuenta? –los apuró Lali.
—¿La cuenta?... Ah, sí, sí, claro... Me había olvidado... Aquí les dejo doscientos pesos.

—¿Y nosotras cómo nos volvemos a casa? –preguntó con auténtica inocencia Rochi.
—¿Por qué no nos llevan en su auto? –añadió con malicia su amiga.
—¡No! –gritaron ambos galanes al unísono.

—Aquí les dejamos veinte más para un taxi... ¡Hasta luego!

—¡Hasta luego, Néstor! –contestó Lali con una sonrisa.

Y el pobre “Rafa” se estremeció.

Luego de eso, la huida de los dos galanes fue tan precipitada, que apenas quedó como recuerdo de su presencia el viento colándose desde la calle. En cambio, para cuando las muchachas salieron de allí, el enojo de Rocio perduraba.

—No te entiendo, Lali. No entiendo lo que queres.
—Un hombre sincero, y no un estúpido mentiroso. Alguien que me diga la verdad.
 
—¿Queres escuchar mi verdad, Lali? Mi verdad es que esta noche voy a dormir sola.
—Igual lo hubieras hecho. ¿No los escuchaste? ¡Tenían que operar cerebros!... ¡Cerebros! –repitió la muchacha, sin poder contener la risa.

Su amiga, en cambio, oculta por las sombras, lloraba. Su dolor era tan sincero, que de inmediato Lali  se conmovió.
—¿Qué te ocurre, Ro?
—¡¿Qué me ocurre?! Te diré que me ocurre. Me ocurre que en un mes cumplo treinta. ¡Treinta!... ¿Sabes dónde se suponía que iba a estar yo a los treinta? Desfilando con Tyra Banks, para Victoria´s Secrets, y casada con Brad Pitt.
—No eran unas metas muy realistas, amiga.

—¡¿Qué me importa la realidad?! ¡Era mi sueño! ¿Sabes lo que es un sueño, Lali?... Pero cuando llegué a la Capital para modelar, me di cuenta que era demasiado baja para alta costura, demasiado linda para actriz, demasiado común para la publicidad gráfica. Una más... Y entonces me convencí a mi misma de que eso no era el fin del mundo. Que no tenía que volver derrotada a mi provincia, de donde me había ido gritando con soberbia. Que bastaba que me casara con un tipo millonario y buen mozo, de esos que había tantos en las revistas. Pero la realidad, tu puta realidad, me golpeó otra vez. Los millonarios y lindos, sólo se casan con millonarias y lindas..., o con millonarias. Y los millonarios y feos, no están interesados en comprometerse con una cara bonita, cuando la pueden comprar por poco. Y entonces me di cuenta que yo, que creía que valía tanto, no me cotizaba a mucho más de dos mil pesos por noche. Así que decidí dejarme de joder, y conformarme con un marido, como todas las demás. Cualquier marido. Cualquier tipo que me mantuviera cuando comenzaran a salirme arrugas y celulitis. Pero, ¿sabes qué?, de nuevo esa mierda de tu realidad. Los hombres se acuestan con las lindas, pero se casan con las feas...

Rochi estaba tan descontrolada, que lloraba a los gritos. Algunas personas que pasaban por allí se habían detenido para observarla. Y entonces, irreflexivamente, y como si faltara algo para terminar el show, la muchacha se levantó la pollera hasta la cintura, dejando al descubierto unas bellas piernas largas, mientras señalaba algo en su nalga izquierda, apenas tapada por una braga que se resumía en unos pocos hilos.

—¿Ves esto, Lali? ¡¿Ves esto?! Este hueco que tengo aquí se llama celulitis, Lali. Y la celulitis forma parte de tu puta realidad. ¡Claro que a vos no te interesa! Porque yo tenga celulitis, el mundo no es más injusto, ni se empeora el hambre en el África, así que a vos no te importa. Te cagas en las mujeres, y en los huecos de sus piernas.
 
 Lali, avergonzada por la pequeña multitud que se había reunido a su alrededor, obligó a su amiga a bajarse la pollera, arrastrándola fuera de aquel circo. Durante unas calles, las dos jóvenes caminaron en silencio, pero finalmente Rochi volvió a hablar.
—Quiero un hombre que me ame. No me importa si es casado, viudo o soltero. Me da lo mismo si es sincero o mentiroso... Quiero alguien que me caliente por las noches, y me ayude a levantarme por las mañanas. ¿Es mucho pedir?
—Es lo que queremos todas –replicó Lali, apesadumbrada.

—Vos, al menos, ya lo tuviste, aunque fuera por un tiempo.

—¿Y crees que eso es una ventaja? ¿Crees que es fácil vivir cuando has sepultado la mitad de tu vida? ¿Sabes qué se siente cuando ves morir al hombre que amas entre tus brazos? Sí, amar y ser amada así fue maravilloso, pero... perder a Gas fue devastador. Porque sé que luego de él no habrá otro amor para mí. O, al menos, otro tan intenso. Porque así se ama sólo una vez en la vida, y yo ya perdí la chance.
Ahora era Lali la que había comenzado a llorar, y su amiga la que la consolaba. Pero Rochi  seguía descontenta. Sí, quizás su celulitis no pudiera compararse con la pérdida de un gran amor... ¡Pero también dolía mucho!
—Cuando vos hablas, Lali, los hombres te miran maravillados...
—Espantados, diría mejor. Todavía muchos se asustan por una mujer que piensa.
—Pero yo, en cambio... Yo sólo tengo mis piernas, mi culo, y estos implantes que aún no termino de pagar. Y si eso se cae...
—Si eso se cae, queda Rochi, la mujer que no te atreves a buscar, obsesionada como estás por la belleza. Créeme, no va a servirte un tipo que te acaricie mientrasmiente. Todas nos engañamos diciendo que queremos un hombre. Pero no es cierto: queremos un gran amor, y eso...
—Pues yo me conformo con...
—No, no te conformes. No vale la pena. Para ser infeliz no hace falta compañía.
—Pues yo me conformo con cinco minutos de buen sexo... ¿No extrañas el sexo?
Lali se estremeció. No, no extrañaba el sexo. Lo extrañaba a Gas. Y ese placer intenso colándose entre sus piernas cada vez que él la tomaba en sus brazos. Esa pasión incontrolable que la sacudía hasta hacerla perder la razón. Su pobre amiga Rochi  ni sospechaba todas las cosas que se podían hacer en la cama, con un poco de amor. Ella se conformaba sólo con sexo... Mejor.
Lali, en cambio, iba a tener que soportar para siempre aquel recuerdo que la consumía. Que la llenaba de ansias imposibles de saciar. Sí, ahora le quedaba sólo la mitad de su vida. Y nunca más podría volver a ser feliz o eso creía……

2 comentarios:

  1. nooooo no no... me dio mucha tristesa ka historia de Lali... debe ser muy triste perder un ser querido y mas en tus brasos.... y Rochi pobre debe ser super desesperante para ella estar en esa situacion!!!!
    Y Lali esta muy resignada a encontrar un amor mucho mejor q el q tuvo con Gas pero estoy segura q Pablo la va a hacer llegar a las estrellas.... sacan chispas los 2!!!!
    Espero q subas pronto y q pases un hermoso año nuevo... y este año q comienza lo empieses y termines con la mejor....
    Besos q estes bien!!!! ♥

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