domingo, 21 de enero de 2018

Capitulo 1: "La Niñera"

CAPÍTULO 1

     LA COSA es que he oído que Simon Arrechavaleta es el típico chico que lo hace todo según las normas.

     MArianella miró sorprendida a su amiga y compañera de habitación temporal. Abrochándose el chaleco de brocado se encogió de hombros.

     -Entonces haré una entrevista según las normas.

     -¿Tú según las normas? -Teffy se rio a carcajadas.

     Mar sonrió y se observó en el espejo. Era el tercer conjunto que se probaba; como no se decidiera pronto llegaría tarde a la entrevista y entonces lo mismo daría que ella siguiera las normas o que no.
     Tendría que valer lo que llevaba puesto. La falda azul oscuro le rozaba el borde de la rodilla, el chaleco con brocados de colores contrastaba muy bien. Hacía demasiado calor para molestarse en ponerse una blusa. El mes de mayo estaba siendo caluroso y no necesitaba ponerse medias porque estaba morena. Con los ojos brillantes se volvió hacia su amiga.

     -¿No crees que pueda hacerlo?

     -No sé por qué no te puedo imaginar como el tipo de persona que sigue las normas. Claro que has podido estar ocultándome esa faceta tuya. Solo hace unos cuantos años que nos conocemos.

     -Me asombra que dudes de mí -dijo Mar con sorpresa fingida-. Nunca voy deprisa cuando conduzco. Compruebo mi talonario todos los meses, y siempre miro a ambos lados antes de cruzar la calle ¿Se puede ser más adicta a las normas?

     -Empiezas a trabajar a las cuatro de la tarde y no lo dejas hasta las cuatro de la mañana, y luego duermes todo el día. Desayunas pizza y cenas tostadas. Y sales con tus tías abuelas hasta mucho después del toque de queda. No está mal para empezar -dijo Teffy

     -El toque de queda para las mujeres de ochenta años es ridículo, y solo fue una vez. Además me gusta la pizza en cualquier momento del día ¿Qué me puedo hacer en el pelo?

     Mar estudió su cabello ¿Cómo podría peinarse aquello? Aquella mata salvaje  era su cruz; toda la vida había suspirado por un cabello liso, y brillante. Naturalmente, también había suspirado por ser alta y con cierto aire de fragilidad. Ninguno de aquellos deseos se había hecho realidad. Creía que estaba resignada a ser baja y delgada y con un cabello indomable, pero a veces volvían a flote los viejos sueños. Ese día era una de esas veces.

     -Recógetelo hacia atrás con un lazo que combine con el azul del chaleco -sugirió Teffy-. Si lo llevas suelto aparentas quince años y él pensará que no eres lo bastante mayor como para cuidar a sus niñas. Si te haces algo complicado pensará que eres demasiado sofisticada. De todas formas no sé por qué tienes que hacer esto. Te puedes quedar aquí perfectamente, te lo he dicho una docena de veces.

     -Has sido un salvavidas, yo no sé dónde habría ido cuando las tías se fueron a la residencia si no hubiera podido venir aquí. Pero lo que marcha bien entre nosotras dos mientras Luca está de servicio no funcionará cuando él vuelva a casa. No querréis a una tercera persona por aquí y tú lo sabes.

     El marido de TEffy era submarinista y en aquel momento estaba en un viaje de servicio de tres meses y se esperaba su vuelta antes del uno de junio. Mar sabía que los recién casados querían tener su propio espacio y estaba decidida a encontrar algo que la permitiera mudarse a un sitio para ella sola.

     Teffy se sonrojó y se encogió de hombros.

     -Me imagino.

     -Yo estoy segura de que Luca no me quiere aquí. Si consigo este trabajo, se solucionarán todos mis problemas. El anuncio hablaba de un sitio donde vivir, si lo combinas con el buen sueldo que ofrecen y con que es un tipo de trabajo que puedo hacer mientras sigo en la facultad, resulta ser absolutamente perfecto.

     -Suena demasiado bueno para ser verdad, y probablemente sea así. Además, no lo conseguirás nunca, él es auténticamente el tipo de hombre de normas y reglamentos -la avisó Teffy

     -Por Dios santo, Teffy, Simon Arrechavaleta es un experto en seguridad. Son los reyes de la espontaneidad, tienen que cubrir todas las posibilidades, así que tiene que seguir las normas y los reglamentos. Por lo que yo sé de esta gente, tienen que responder a todos los intentos que se hagan de utilizar los fallos de seguridad, frustrar los secuestros de los hombres de negocios ricos, pensar deprisa y salir adelante. No me parece que sea el tipo de persona que se pueda parar en minucias -estudió su peinado y se puso un lazo azul-. Yo creo que esto valdrá.

     -Se va caer muerto al verte.

     -De eso nada, le necesito vivo para que me contrate.
   
     Mar llegó al edificio de oficinas mucho antes de la hora programada para su entrevista. Se negó a aceptar el nerviosismo que la embargaba cuando se detuvo frente al ascensor. En vez de eso se concentró en cuál sería la mejor forma de causar una buena primera impresión. Teffy había visto el discreto anuncio del trabajo en el tablón de anuncios de la cafetería del edificio, y le habló de ello a Mar, que estaba a punto de conocer al hombre que necesitaba una niñera para sus hijas en edad preescolar.

     Salió del ascensor un momento más tarde y miró con interés a ambos lados. Nunca había estado antes en una empresa de seguridad y tenía curiosidad por ver cualquiera de los aparatos que utilizarían como norma. Debían tener monitores, cámaras de vídeo y rayos láser por todas partes.

     En vez de eso se encontró en una austera zona de recepción. No podía detectar nada que diferenciara esta de otras oficinas en las que había estado, excepto por la pintura blanca de las paredes sin cuadros. A ella la fascinaba el color, las líneas y los diseños. A lo mejor debía ofrecerles unos cuantos cuadros para realzar el sitio.

     Estuvo a punto de reírse de sí misma. Como si un negociador experto en canje de rehenes, ingeniero de seguridad, se preocupara por lo que pudiera pensar ella de las paredes de su oficina. Lo más probable es que mantuviera las paredes desnudas por alguna razón.
     No podía ser falta de dinero; los servicios de su empresa tenían gran demanda a pesar de costar un dineral. Teffy había compartido con ella esta información cuando le habló del empleo.

     La recepcionista saludó a Mar y la acompañó inmediatamente a una sala de reuniones vacía.

     -El señor Arrechavaleta estará con usted en un momento -dijo.

     MAr se sentó en una de las sillas que estaban junto a la pared, dejando vacías las que rodeaban la enorme mesa ovalada. Las ventanas daban al Este y a pesar de que la bahía de Chesapeake estaba varias manzanas más lejos ella miró con la vana esperanza de ver el agua.

     Dos minutos más tarde entró un hombre alto de pelo castaño que llevaba una carpeta. De pronto el aire pareció cargarse. Mar intentó sonreír, su corazón empezó a latir con fuerza.

     -¿Marianella Rinaldi? Soy Simon Arrechavaleta.

     Estaba de pie junto a la puerta, muy derecho, y probablemente medía unos quince centímetros más que ella, estaba cerca del metro ochenta. Su traje gris tenía un corte excelente y su camisa blanca hacía muy buen contraste. La corbata gris perla le daba el toque final. Parecía irradiar energía.

     Ella estuvo a punto de dar un brinco y saludar militarmente. Aferró su bolso para controlar el impulso, sospechando que él no le vería la gracia a una acción semejante.

     -Encantada.

     La mirada de él la recorrió con rapidez y luego se desvió a la carpeta. La abrió mientras se acercaba lentamente a la mesa, mirando los papeles que llevaba dentro.

     Una máquina de pelear, delgada y amenazadora, pensó Mar mientras lo miraba con ojos de artista, complaciéndose en las líneas y contrastes que veía. Le podía retratar como un guerrero pagano, un luchador. Protector. Pero no con traje, por supuesto, sino vestido de cuero, o de pieles de animales, o ... con poca cosa.

     De pronto ardía en deseos de hacer un boceto de aquel hombre. Le dibujaría con una lanza, o una espada, con el pecho desnudo ofreciéndose al enemigo, sabiendo que resultaría victorioso se cruzara lo que se cruzase en su camino.

     El traje no podía esconder la amplitud de sus hombros, la longitud de sus piernas. Pudo ver su pecho bien torneado bajo la camisa cuando se le abrió la chaqueta. Apostaría a que tenía músculos duros como piedras. Ella podría dar vida a sus formas con apasionado detalle.
     El color su piel iba bien con el color castaño de su pelo ¿pasaba mucho tiempo al aire libre? Ningún oficinista tenía ese tono tan oscuro. Sus ojos eran verdes, fríos y calculadores. Los labios eran gruesos, pero los mantenía en una línea apretada.

     ¿Cómo se suavizarían? Seguro que con la risa ¿Y la pasión? ¿Qué pasaría cuando besara a una mujer y le murmurase palabras dulces al oído?

     Mar dejó que su mirada bailase sobre su figura. Los deltoides, pectorales y bíceps estaban cubiertos, pero su imaginación corría con libertad. Apostaba a que estaban fuertes y desarrollados y que si se tiraba una moneda sobre ellos, rebotaría. No, un momento, eso era para las camas bien hechas y apretadas. Era allí donde rebotaban las monedas.

     Hablando de camas, se preguntó cómo estaría él en una, bajo una sábana ligera. Sospechaba que se destapaba mucho al dormir ¿estaría bronceado por todo el cuerpo o solo en la cara? ¿Se estiraría por toda la cama o se quedaría en un lado?

     De pronto, Mar se dio cuenta de que el silencio había durado demasiado. Levantó la mirada y vio que él la miraba fijamente ¿Había dicho algo? ¿Le habría preguntado algo? ¿Había leído sus pensamientos?

     Intentó sonreír, pero se asustó por la oleada de calor que la invadía. ¿Qué estaba pasando? Simplemente porque él tenía un cuerpo que envidiaría la mayoría de los hombres y por el que cualquier mujer babearía no era razón para que ella sintiera ninguna atracción específica. Amaba todas las formas del arte. Y desde luego él era una obra maestra.

     Tenía que controlarse. Quería aquel trabajo.

Simon dejó la carpeta sobre la mesa de reuniones y se apoyó en su borde, cruzando los brazos sobre el pecho y sin dejar de mirarla. De pronto le hormigueó la piel y se sintió deliciosamente femenina, como si estuviera respondiendo a la llamada primitiva del macho.
     Respiró hondo. Estaba allí para hacer una entrevista de acuerdo con las normas, no para fantasear con respecto a aquel hombre. Se sentó más derecha aún en la silla.

     -Tiene usted un currículum muy ecléctico -dijo él con lentitud-. A lo largo de los últimos siete años ha tenido siete trabajos distintos. Camarera, ayudante de biblioteca, repartidora en una floristería, ha trabajado en un centro de día, de socorrista en una playa, en Doncella Feliz, sea lo que sea eso, y trabajó en un hospital. Ninguno de los empleos duró más de ocho meses -Mar asintió con la cabeza-. Nada de esto me demuestra que tenga experiencia con niños. Y yo necesito a alguien con quien pueda contar para algo más de unos meses -cerró la carpeta como dando por concluida la entrevista.

     La invadió el pánico y se puso de pie alargando una mano, sin llegar a tocarlo, pero acercándose lo bastante como para percibir el calor que emanaba de su cuerpo. Bajó el brazo y levantó la barbilla. No podía permitir que la entrevista terminara así.

     -Puedo explicar lo del currículum ecléctico. Trabajo para pagarme los estudios en la universidad. En el pasado tenía que conseguir un empleo, trabajar en él hasta que había ahorrado lo bastante como para asistir a clases durante un semestre y entonces lo dejaba para estudiar. Cuando me quedaba sin dinero tenía que buscar otro trabajo.

     -Lo que no resuelve mi problema. Yo quiero a alguien que se quede durante algo más que unos meses.

     -Pero es lo que tiene de bueno el empleo que usted ofrece. Puedo ir a clase al mismo tiempo que trabajo, si usted está de acuerdo en que deje a sus hijas durante unas pocas horas a la semana en la guardería de la UVD. Es para que los estudiantes que tienen niños los puedan dejar allí mientras duran las clases. Pensé que podría ser aceptable. Solo sería una hora o dos al día cuatro días a la semana y le proporcionaría a sus hijas un tiempo de juego organizado con otros niños.

     -¿UVD?

     -La Universidad del Viejo Dominio, aquí en Norfolk. Con el tipo de trabajo que ofrece usted yo no tendría que dejarlo para asistir otro semestre a clases. Podría ir a clase y seguir cuidando a sus hijas y le puedo asegurar que la guardería de la universidad es excelente.

     Lo había pensado muy bien. Significaría tanto para ella poder seguir yendo a clase sin tener que perder el tiempo trabajando para ganar dinero suficiente para otro trimestre. Si él no pusiera pegas. Ella sería perfecta para sus hijas y el trabajo sería perfecto para ella.

     El la estudió con ojos desapasionados. Su expresión no le daba ninguna pista de lo que estaba pensando.

     -¿Qué está estudiando?

     -Artes gráficas. Quería estudiar Bellas Artes, pero no tiene muchas salidas a no ser que seas una artista auténticamente extraordinaria. Soy buena, pero no extraordinaria. Pero puedo combinar mi amor por el color, las líneas, las formas, y la textura en las artes gráficas y disfrutar haciéndolo. Este campo ofrece muchas más oportunidades profesionales, una vez que obtenga el título. Y para pasar el rato sigo haciendo bocetos y pintando. Así me complazco tanto en el lado práctico como en el creativo -MAr tragó saliva y sonrió. No le estaba resultando tan fácil como había esperado. Como él no decía nada ella volvió a hablar. No podía perder aquella oportunidad-. Y en cuanto a la experiencia, sé mucho de niños. Primero, por el trabajo del restaurante, sé cómo se deben comportar los niños en público y cómo no deben hacerlo; sé lo que les gusta comer y cómo mantenerlos entretenidos cuando se aburren. Segundo, por el trabajo en la playa. He visto montones de niños y conozco las normas de seguridad y cómo ponerlas en práctica. Tengo un título de primeros auxilios -sonrió con aire de suficiencia. El probablemente valoraría aquello-. Y tercero, el trabajo en el centro de día me dio experiencia porque era un centro para niños de edades entre uno y seis años.

     El no dijo nada, limitándose a observarla mientras hablaba. Mar prosiguió.

     -Y en la biblioteca yo era la que se ocupaba de leer en la hora de los niños, así que sé lo que les gusta, especialmente a los más pequeños ¿Sus hijas tienen tres y cinco años?

     El afirmó con la cabeza, pero siguió callado. Como no estaba acostumbrada a recibir tan poca ayuda, Mar 9se preguntó si estaba esperando a que ella se callase para decirle que el empleo no era para ella ¿o estaba escuchando de verdad? ¿qué más podía añadir?

     -Doncella Feliz era una empresa de limpieza, así que puedo enseñarlas las técnicas adecuadas para mantener limpio su cuarto -terminó triunfal.

     -Yo no quiero contratar a una niñera para que se vaya a los pocos meses porque ha encontrado algo mejor. La madre de las niñas ha muerto y ya han tenido bastante con una separación. Mi hermana ha estado ocupándose de ellas, pero ahora tiene que irse. Otra separación. No quiero que pronto se produzca una tercera -se puso en pie y cerró la carpeta-. Busco una mujer mayor que pueda ofrecer estabilidad y confianza. Y que no se vaya sin avisar la primera vez que algo salga mal, o que venga un hombre y se la lleve.

     -A las mujeres mayores también se las puede llevar un hombre. Y no tengo planes de casarme, así que no hay porqué preocuparse. Y no soy el tipo de mujer que se va detrás de un hombre. Estoy decidida a acabar la carrera, a encontrar trabajo en mi campo y a hacerme un nombre. Desde que estaba en el instituto ha sido esa mi ambición.

     -Y sin embargo está intentando conseguir un trabajo que no tiene nada que ver con la carrera que ha elegido. Sería mejor que intentase obtener un empleo como becaria en una empresa de artes gráficas o en una agencia de publicidad. Yo espero que las comidas se sirvan a su hora, algo de cuidado en la casa, aunque tengo un servicio de limpieza para el trabajo principal. Y un montón de atención hacia mis hijas.

     -Puedo hacerlo.

     -El trabajo no consiste solo en vigilar a las niñas. Hay que llevarlas al médico y al dentista. Ir de compras cuando necesitan ropa.

     -Si puedo trabajar y asistir a clase al mismo tiempo me graduaré en otros tres trimestres. Le podría dar seis meses más después de eso. Por aquel entonces su hija pequeña estará en el jardín de infancia y podrá contratar a alguien para que las cuide a la salida del colegio.

     -Eso no es suficiente.

     -¿Por qué no?

     Mar pensaba que estaba siendo generosa al aceptar quedarse, eso aplazaría su entrada en el mercado laboral, pero le daría la oportunidad de acabar antes la carrera ¿por qué no se daba cuenta de que le estaba ofreciendo la solución perfecta?

     Ella quería verdaderamente aquel trabajo, lo necesitaba. Si no ¿quién sabía cuánto tiempo podía tardar en acabar sus estudios? Ya tenía veinticinco años. Si tuviera la suerte de poder combinar el trabajo y la universidad tendría veintisiete cuando acabase.

     -Mi tipo de trabajo hace que a veces tenga que irme avisando solo con una hora y puede que no regrese hasta pasados varios días, a veces más. Necesito a alguien que se haga responsable de estar allí veinticuatro horas al día, siete días a la semana, para cuidar de mis hijas. Alguien a quien conozcan y en quien confíen. Alguien a quien yo conozca y con quien pueda contar.

     -Se puede contar conmigo y soy una persona en quien se puede confiar. Y estoy dispuesta a negociar casi todo -Mar no quería parecer desesperada, pero lo estaba. No tenía apartamento, ni trabajo y los exámenes finales empezaban al mes siguiente. Necesitaba encontrar un sitio antes de eso ¿por qué no podía cooperar él?

     -No parece que tenga mucho problema para encontrar trabajo. Siete empleos en siete años.

     -Pero yo tenía una casa que no me costaba nada. Ahora no la tengo. Eso significa que me llevará mucho más tiempo ahorrar lo bastante para pagar un semestre completo, y cuando estoy estudiando tengo que hacer tantas cosas que no puedo trabajar en la mayoría de los empleos y mantenerme al día con las asignaturas. Pero podría hacerlo con sus hijas, puedo hacer mis proyectos por la noche, mientras ellass duermen. Sería la mejor niñera que pueda usted encontrar.

     -¿Qué pasó con su casa?

     Respiró hondo. La verdad es que aquello no era asunto suyo, sobre todo si la entrevista iba a ser la única relación que tuviera con aquel hombre. La verdad es que no quería contarlo, siempre se ponía furiosa.

     -Las circunstancias cambiaron, eso es todo. Un aspecto que me atrajo mucho de su oferta es que tendría habitación y comida. Sería estupenda con sus niñas. Llame a la bibliotecaria y le dirá cómo les gustaba a los niños que les leyera cuentos. Llame al centro de día y le dirán que se puede confiar en mí. Llame a quien quiera de la lista, todos le dirán que son concienzuda y digna de confianza. Nunca falto al trabajo, nunca llego tarde. ¡Y trabajo duro todo el día a cambio de mi sueldo!

   Simon estuvo a punto de sonreír ante su discurso apasionado. Parecía que ella deseaba verdaderamente aquel empleo. Volvió a mirar la carpeta queriendo rechazarla, sabiendo que lo prudente sería seguir buscando. A pesar de su entusiasmo, de su lista de merecimientos que podían hacerla capaz de cuidar de Mariana y Amy él no quería a Marianella Rinaldi. El quería a alguien mayor, más asentado. Alguien que no fuera tan linda y tan vivaz.

     Sorprendido por esta última idea mantuvo los ojos en la carpeta. Había aprendido a analizar las cosas con rapidez y a tomar decisiones con poco más que su instinto. Pero los sentimientos que lo embargaban ahora no tenían nada que ver con una niñera para sus hijas.
     A lo mejor una mujer más joven sería más capaz de entenderse con ellas. No es que fueran un problema, pero con sus tres y cinco años tenían un montón de energía. Pero también, debido a lo pequeñas que eran, no quería que su vida se volviera a ver alterada en un futuro próximo.

     Tenía que admitir que ninguna de las mujeres que había entrevistado antes cumplía sus exigencias y que la verdad era que no había habido muchas solicitantes; solo siete antes de Marianella Rinaldi. Y el tiempo se acababa, su hermana Melody se marchaba la semana siguiente y él tenía que encontrar a alguien antes de que se fuera.

     Miró a Mar. Ella le mantuvo la mirada abiertamente. Sus ojos brillaban sinceros, tan distintos de los ojos color verde de Vale. Por supuesto MArianella era tan distinta de su fallecida esposa como dos personas puedan serlo. Vale había sido  dulce, tímida, y sexy de una forma callada y femenina. Ella no había querido tener una profesión, le gustaba ocuparse de la casa, cuidar a MAriana. Su cabello rubio y sus ojos claros los habían heredado sus dos hijas. Por lo menos tendría siempre esa parte de ella. Pero la echaba de menos con un dolor que no había desaparecido ni siquiera después de tres años.

     Se le acababa el tiempo. Si no encontraba a alguien que cuidara de las niñas antes de que se fuera Melody no sabía qué iba a hacer.

     -Amy entrará en primero dentro de tres años. Querría un compromiso para ese tiempo -dijo por fin, mientras su mente buscaba alternativas.

     -¿Tres años? -repitió MAr. Su mirada parecía expresar que eso le parecía mirar muy lejos hacia el futuro. Decidiera lo que decidiese, él tendría que vivir con ello. Era tres años o adiós, y si ella se negaba él tendría que seguir buscando a alguien antes de que sé fuera Melody.

     -De acuerdo. Lo dejamos en tres años, siempre que pueda llevarme a las niñas a la guardería mientras estoy-en clase. Y tengo una enorme parafernalia de cosas de arte, tendré que llevármelas ¿habrá sitio? -él asintió con la cabeza.

     -Mi hermana se ha estado ocupando de las niñas desde que murió su madre, pero se ha casado hace poco y ella y su marido se marchan este sábado. El está en la marina y ha sido destinado a San Diego. Necesito que se instale antes de eso, preferiblemente lo antes posible ¿le supone eso algún problema?

     -No.

     -Cuando yo esté en casa usted podrá librar los fines de semana, pero si estoy de viaje necesito saber que estará todo el tiempo con las niñas.

     -No hay problema.

     Había algo en aquel acuerdo que seguía preocupándolo ¿no era demasiado joven? ¿dedicaría ella de verdad su atención a las niñas? Toda su actitud lo irritaba, era demasiado desenfadada, despreocupada.

     Deseó poder valorar hasta qué punto era sincera al afirmar que no estaba interesada en el matrimonio. Una chica tan linda debía de tener los hombres haciendo cola. A lo mejor no se había encontrado aún con el adecuado ¿salía mucho con hombres?

     Simon sacudió la cabeza para apartar un sentimiento de incomodidad. Estaba contratando a una mujer para que cuidase de sus hijas, nada más, lo que hiciera en su tiempo libre era asunto de ella.

     -¿Cuándo puede trasladarse entonces?

     -La mayoría de mis cosas están en cajas, así que puedo cargarlas y llevarlas a su casa en cuanto me dé instrucciones. Puedo estar allí hoy mismo si quiere, y si no mañana.

     -Comprobaré sus referencias hoy y si todo está bien la llamaré esta noche para darle instrucciones ¿puede empezar mañana por la mañana? -dijo él con lentitud preguntándose por qué tenía ella sus cosas en cajas.

     Tenía tiempo aquella tarde para llamar a los sitios donde ella había trabajado, así como a las referencias personales que había incluido. Necesitaba saber si ella era una chalada o algo peor antes de permitirle acercarse a sus hijas.

     -ok, no hay problema. Y muchas gracias. Cuidaré muy bien de sus hijas, estoy acostumbrada a cuidar de otros ¿sabe? Hasta hace unas cuantas semanas vivía con mis tías abuelas y he cuidado de ellas durante los últimos años. Pero se acaban de trasladar a una residencia cerca de Ocean View. Siempre les gustó la playa y cuando tuvieron que marcharse decidieron vivir cerca del agua. Por supuesto ese lugar tiene algunas reglas estúpidas... -se calló de pronto.

     Simon esperó un momento, inesperadamente curioso acerca de cuáles podían ser las reglas estúpidas. Y mucho más curioso con respecto a aquella mujer de lo que le gustaría admitir. Mar alargó la mano.

     -Espero su llamada -él apretó su mano, con una conciencia instantánea de su presencia que lo pilló por sorpresa. Ella era baja, delgada, pero con curvas en los sitios adecuados. Su chaleco florecía sobre un busto lleno y al tenerla tan cerca podía aspirar su olor, ligero y fragante, como una flor de verano-. No sé cómo debo llamarlo -dijo ella casi sin aliento tirando de su mano para liberarla-. ¿Señor Arrechavaleta?
     Sorprendido al darse cuenta de que seguía reteniendo su mano la soltó rápidamente.

     -Simon esta bien . Yo la llamaré Marianella y diré a las niñas que hagan lo mismo.

     -0 Mar, que es como me llaman mis amigos.

     El la miró. No tenía intención de que se hicieran amigos. El suyo era estrictamente un acuerdo de negocios. Pero no dijo nada más que:

     -Tengo su número de teléfono. Llamaré más tarde para darle instrucciones.

     -Estoy deseando conocer mañana a las niñas -y con otra sonrisa luminosa salió de la habitación caminando ágilmente y con energía.

     Simon se volvió a apoyar en la mesa, escuchando sus pasos mientras se dirigía a los ascensores. No se parecía nada a la idea de niñera para sus hijas que él se había hecho, pero dado que no había entrevistado a nadie que encajara con aquella vaga imagen de mujer viuda, de pelo gris y un poco gruesa a la que le gustaba hacer pasteles y adoraba a los niños, sospechó que su sueño era un imposible. MAr era lo mejor que había podido encontrar en tan poco tiempo. Deseaba no estar cometiendo un error.

     Por un momento se detuvo en el recuerdo de sus ondulantes caderas cuando se marchó. Se preguntó qué aspecto tendría su pelo si se soltaba el lazo que lo sujetaba. Por lo menos ondulado. Lo bastante largo. Le gustaría verlo arremolinado alrededor de su cara.

     0 extendido como un abanico sobre una almohada.

     Frunciendo el ceño ante aquel pensamiento involuntario tomó la carpeta. Tenía que volver a su trabajo.

     La vio esperando el ascensor cuando se dirigía a su despacho y acortó el paso. Apostaba a que normalmente no llevaba falda; había algo en la forma en que se movía que hacía pensar en vaqueros y pantalones cortos que dejarían ver sus piernas.

     Suspiró e hizo lo posible por no mirarla cuando entró en el ascensor. Vale llevaba muerta tres años y nunca había mirado a otra mujer en todo aquel tiempo. No se iba a interesar ahora en una niñera temporal, no importaba lo femenina y atractiva... y sexy que fuera.
   
   
     Simon se quedó en casa al día siguiente después de comer. Había dicho a su secretaria que le volviera a organizar su programa para poder estar en casa con sus hijas cuando llegase Mar.

     La había llamado la noche anterior para confirmarla que sus referencias habían resultado ser buenas tras comprobarlas y pedirla que se presentara sobre la una en punto, justamente después del almuerzo. Mar de esta forma, se podría instalar y pasar un rato con las niñas mientras su hermana preparaba la cena. Si todo salía bien podía ser que Melody pudiera irse antes de lo planeado, para terminar con su propio equipaje.

     Ssimon estaba frente a el enorme ventanal de la casa que había comprado tras la muerte de Vale. El jardín estaba impecable, con el césped cortado uniformemente a cinco centímetros. El seto estaba meticulosamente recortado. Los dos parterres de flores, simétricos, estaban limpios de malas hierbas y sus flores de vivos colores contrastaban con el verde oscuro del césped.

     Había sido imposible permanecer en la casa que habían compartido después de la muerte de su mujer. Pero a veces sentía que marcharse había sido aún más duro, por lo menos allí habrían estado en un sitio que ella había conocido. Ella no había visto nunca aquella casa, esto hacía que la ruptura pareciera mucho más definitiva.

     Aunque nada podía ser más definitivo que la muerte.

     Cuando una ranchera polvorienta entró en su calle la estudió con curiosidad. Alguien dando una vuelta, seguro. Pero cuando se detuvo y se abrió la puerta del conductor la miró más atentamente.

     Dos segundos más tarde MArianella salía del coche. Había acertado con lo de las piernas  sexys. Embutidas en aquellos pantalones estrechos . La túnica sin mangas le llegaba hasta medio muslo, pero cuando se agachó sobre el coche la túnica se abrió revelando un trasero redondo.

     Simon estaba acostumbrado a tomar decisiones súbitas con respecto a cuentas que valían millones de dólares. Era conocido por su perspicacia y su capacidad para atajar en cualquier problema y encontrar una solución. Su nueva niñera no había llegado todavía a la puerta de entrada cuando Simon sintió de pronto la convicción de que había cometido un enorme error.

     Y era algo completamente personal. Había algo en Marinella que le hacía ser consciente de que él era un hombre, y de que ella era una mujer muy atractiva.}

     Demasiado tarde para hacer algo al respecto aquel mismo día. Ella estaba allí y lista para empezar a trabajar. Pero una sola ojeada lo convenció de que debía continuar la búsqueda de una niñera más adecuada. Una con la que no le importase compartir casa por una eternidad. Una mujer que no le recordara que él era aún bastante joven y que tenía toda su vida por delante. Una que no le provocase sentimientos de soledad.

     Dirigiéndose decidido a la puerta principal, llamó a las niñas que estaban en el piso de arriba. Haría que MAr se instalara y luego se apartaría de su camino.

     -Las instrucciones eran excelentes -dijo Mar cuando lo vio. Había sacado una caja grande del maletero. Mirando el viejo coche con cierta agitación Simon tomó la caja, sorprendiéndose por su peso-. Gracias. Quería llevar algo cuando me recibieses. Podemos descargar luego el resto, pero pensé que por qué desperdiciar un paseo con las manos vacías. Ahora que me voy a quedar y todo eso -sacó otra caja del coche-. Estoy contenta de que mis jefes anteriores le hayan dado todos buenas referencias, porque en caso contrario no estaría aquí. La señora McFanney de la floristería me dijo que parecías muy severo, pero le dije que yo estaba aquí para cuidar de tus hijas, no de ti.

     Se rio y Simon sintió que se le aceleraba extrañamente la respiración. Ella fue charlando sin parar hasta el interior, de la casa, comentando las casas tan bonitas que había en el vecindario y lo viejos que eran algunos árboles. Sus observaciones le hicieron mirar las casas de sus vecinos bajo una nueva luz. Ella soltó una exclamación al ver las flores y le dijo que estaba muy entusiasmada por mudarse allí. Parecía que no iba a parar nunca ¿no necesitaba respirar? Se detuvo en el interior de la casa, junto a la puerta y dejó de hablar mientras miraba a todas partes.

     El se preguntó cuánto duraría el silencio antes de que volviera a su charla. No estaba acostumbrado a que le hablasen tanto y pensó en medir aquella breve pausa.

     La casa no era nada extraordinario, desde luego nada que la pudiera dejar sin palabras. Dos pisos, cinco dormitorios, cuatro de ellos en el piso de arriba y uno más allá de la sala de estar. El había sido exigente con los dormitorios sabiendo que acabaría por necesitar la ayuda de una interna.

     -Es estupenda, luminosa y espaciosa -dejó la caja y entró en el salón con una agilidad que a él le gustó ¿bailaba? Se preguntó mientras dejaba la caja al lado de la de ella y la seguía a la habitación. Se movía como si hiciera ballet, con gracia y ligereza-. Hola, soy MAr-dijo acercándose al ancho sofá en el que había dos niñas pequeñas sentadas una al lado de la otra. Agachándose ante ellas sacó dos libros pequeños de su bolso-. Les traído un regalo a cada una para celebrar nuestro primer día de estar juntas.

     Sonrió y tendió un libro a la más pequeña de las dos, cuyo cabello castaño estaba recogido en dos coletas rizadas.

     -Este es uno de mis favoritos ¿lo tienes ya? se llama Huevos verdes con jamón -esperó mientras la niña miraba al libro y luego a su padre.
 Simon afirmó con la cabeza sorprendido. No había esperado que MAr le llevase nada a las niñas. Le conmovió extrañamente que hubiera pensado en ello-. Y este es para ti, es otro de mis favoritos, Vete, perro, vete. Puede que un día podamos hacer una fiesta de perros -MAr alargó el libro a la otra niña. Su pelo brillante parecía de seda. Se movió cuando ella inclinó la cabeza con timidez. Simon asintió con la cabeza y Mariana tomó el libro sonriendo tímidamente.

     -Gracias. No tenemos perro ¿cómo podemos hacer una fiesta de perros?

     -Habrá que trabajar en eso -dijo Mar sonriendo a la niña.

     Amy aferraba el libro contra su pecho, pero no había dicho una palabra.

     -Amy, da las gracias -intervino Simon

     -Gracias -su voz era tranquila, tímida. Era la que más le recordaba a Vale. Deseaba que su madre la hubiera conocido, pero Valeria había muerto al dar a luz a Amy.

     -Mar, Marian tiene cinco años y Amy tres. Digan hola a Mar, niñas. Ha venido a cuidarlas.

     -¿Eres nuestra nueva mamá? -preguntó MArian.

1 comentario:

  1. Hola percha! cómo estás? tarde pero seguro!
    que decirte de la nove, por primera vez creo que no tengo quejas
    (aprovechalo) jajaja
    Ame el capitulo desde el principio al final, la leí varias veces :D
    estos dos creo que no llegan al mes de convivencia de "niñera/Patrón" ajajja
    amo la personalidad de Mar! ajjajaj es un torpedo y el bue hace
    lo que puede jajaj me mata cómo la estudia, no hace 5 min que
    llegó a la casa
    y ya sabe que puede ser bailarina de ballet? ajjaja
    (no se como se llevaba con su esposa, porque sin duda es todo
    lo contrario
    por otra parte a Mar y basto un segundo para quedar atrapado por ella jajaja)
    sin duda Mar tiene la personalidad que él, y las niñas necesita,
    les traerá luz y alegría a la casa.
    Ni llego a la casa y ya se ve la influencia de ella sobre él, el
    no pensar a la hora de tomar una decisión, su primer "error de cálculo",
    se especializa en la seguridad y acaba de contratar un problema, creo
    le va poner la casa pata para arriba y no solo la casa jajaja (espero igual que no tenga actitudes para odiarlo tanto ¬¬ cof cof)
    bueno percha ya sabes espero más que ansiosa el próximo capitulo!
    te mando un beso!
    nos leemos!!
    Jess.

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