jueves, 25 de enero de 2018
Capitulo 6 y 7 : "La Niñera"
CAPÍTULO 6
Mar se despertó el domingo y se dio cuenta de que era el primer día desde que se había trasladado a la casa de los Masters en que no era responsable de las niñas. Feliz por ese descubrimiento y por sentimiento inesperado de libertad empezó a planear lo que haría en su día libre.
Primero se daría el gusto de desayunar en el restaurante que estaba cerca de la residencia de sus tías y que tenía una terraza que daba al mar. Compraría el periódico del domingo y disfrutaría de su lectura, de su desayuno y de su rato de tranquilidad a solas.
Luego iría a buscar a las tías y las llevaría a la iglesia de su antiguo barrio. Les gustaría ver a los viejos amigos. Puede que se parasen a comer en la cafetería que estaba cerca de la universidad. Llamaría a Teffy después de dejar a sus tías para ver si quería acompañarla al cine.
Con todo del día organizado, Mar se tomó su tiempo para vestirse. Antes de que hubiera acabado oyó a las niñas bajar las escaleras. Sonriendo pensó cómo era posible que unas niñas tan delicadas hicieran a veces tanto ruido.
Como hacía calor se puso un alegre vestido de verano de color amarillo. Las sandalias blancas mostraban la laca rosa pálido de las uñas de sus pies. Se retiró el pelo para que le diera el aire en la nuca. Pasaría por la cocina antes de irse para que Simón supiera que se marchaba y decir adiós a las niñas.
Cuando entró, Amy y Mariana estaban tomando sus cerales y Simón se estaba sirviendo una taza de café. Se quedó sin aliento al verlo. Llevaba pantalones cortos y una camiseta sin mangas que exhibía los músculos de sus brazos. Era la representación del cuerpo perfecto de hombre.
Volvieron a hormiguearle los dedos de ganas de dibujarle en alguna pose pagana. Pero también de hacer algo más que dibujarlo. Pasar los dedos sobre su cuerpo, acariciarlo, saborearlo. Respiró hondo y sonrió con la esperanza de que su sonrisa no revelase nada y pareciera simplemente amistosa.
El la oyó y alzó la vista, mirándola de arriba abajo. Mar sintió su mirada como una caricia.
-Me voy -dijo tras unos segundos de silencio. Él asintió con la cabeza.
-¿Dónde vas? -preguntó Mariana
-Es el día libre de Mar. Va a salir y no es asunto tuyo dónde va -dijo Simón volviéndose hacia su hija-. Terminar ya de desayunar.
-Yo quiero ir.
-No puedes. Mar tiene algún tiempo para ella sola.
-¿Estarás bien? -preguntó Mar , dudando de pronto si marcharse o no. El afirmó mirándola a los ojos-. Puedo volver con tiempo para hacer la cena.
-No hace falta. Vamos a casa de mis padres, no volveremos hasta después de que oscurezca -por un momento la miró divertido-. Te agradezco tu oferta de ayudarnos en tu día libre. Muestra una gran responsabilidad por tu parte.
Ella se encogió de hombros. No era solo su sentido de la responsabilidad. Se preguntaba cómo se las iba a apañar cocinando para los tres. 0 cómo las vestiría. El era su padre, claro, pero a veces parecía estar muy perdido con las niñas. Pero si no la necesitaba...
-A no ser que me llamen por la noche, puedes tomarte todo el tiempo hasta mañana por la mañana -dijo él apoyándose en la encimera y cruzando los brazos sobre el pecho.
Mar estuvo a punto de suspirar de nuevo. Parecía tan fuerte y masculino y seguro de sí mismo... tenía que marcharse o acabaría por pedirle que le dejase pasar el día libre con él. Y con sus hijas, por supuesto.
Simón la observó mientras daba un beso de despedida a sus hijass y se marchaba. Se quedó recostado contra la encimera como si no tuviera nada que hacer en este mundo, horrorizado por las sensaciones que se agitaban dentro de él. Quería besarla otra vez. Tomarla entre sus brazos y cerrar sus labios sobre los de ella hasta que el mundo desapareciera.
Estaba muy linda y más sexy que nadie que él hubiera visto nunca. El vestido flotaba con sus movimientos, dibujando su figura.
Escuchó cómo ponía el motor en marcha y luego siguió escuchando hasta que dejó de oírlo. ¿Adónde iría? ¿Con quién pasaría el día? Quería saberlo, casi exigía saberlo. No porque se le ocurriera ninguna razón legítima para hacerlo, no era asunto suyo, como le había dicho a su hija.
Pero eso no hacía que su curiosidad fuera menor.
Ni tampoco el deseo rabioso de tocarla, de estar con ella. De escuchar su charla y deleitarse con su manera de mirar el mundo. Se rascó la nuca, apartándose de la encimera. Tenía un montón de cosas que hacer, unos padres a los que visitar, y dos niñas pequeñas que cuidar. No tenía tiempo para fantasear con Mar.
Pero era más fácil decirlo que hacerlo. Simón empezó a sospechar que aquel iba a ser un día muy largo.
Era más tarde de las diez de la noche cuando Simón volvió a casa. Su padre había querido conocer todos los detalles de su última misión, y Simón esperó hasta que se quedaron solos después de la cena para contárselos. Como ya era tarde cuando salió de casa de sus padres, las dos niñas se habían quedado dormidas inmediatamente en el coche.
Al entrar en la calle se sintió complacido al ver luces en la casa y la ranchera de Mar aparcada en su sitio de siempre. Mar estaba en casa. Apareció en cuanto él detuvo el coche.
-Dijiste después de que oscurezca, pero ya empezaba a preguntarme si volveríais esta noche.
Llevaba pantalones cortos y una camiseta muy pequeña. No podía ver el color en la oscuridad, pero sí que era muy ceñida.
-Salimos tarde de allí. Las dos niñas están dormidas, las subiré a su cuarto, pero esta noche no hay baño.
-Yo llevaré a Amy si tu llevas a Mariana -dijo ella.
Simón asintió. Parecía un plan sensato. Pero por un momento recordó otro tiempo, otra casa, otra mujer. Habían vuelto de visitar a unos amigos y Mariana era aún un bebé. vale la había subido a su habitación.
MAr no se parecía nada a Valeria , pero la escena era familiar. Padres que llevaban en brazos a los niños hasta la casa. Que cerraban la puerta al mundo y mantenían segura a la familia en su propio pío paraíso.
Subió las escaleras con el ceño fruncido ¿de dónde le venían aquellos estúpidos pensamientos? El no era ningún poeta y no necesitaba otra esposa. Mar cuidaba de sus hijas porque la había contratado para ello. Cuando fueran mayores tendría que buscar otra solución.
-Gracias -dijo en tono brusco cuando ella arropó a Amy.
-¿Se han divertido? -preguntó ella acariciando suavemente a Amy, como si no quisiera dejarla.
-Mi madre se las llevó al club de campo para que pudieran nadar.
-Estoy segura de que les gustó mucho. Hemos jugado con la manguera un par de tardes, pensé que podría llevarlas a la playa algún día. Mariana dice que sabe nadar.
-La enseñó Mel el verano pasado. Amy era demasiado pequeña.
-Espero que aprenda pronto. Le gusta hacer todo lo que hace su hermana.
-Hay mucho tiempo -dijo Simón mirando a sus hijas.
¿Y tú? ¿lo pasaste bien?
El la miró y durante un momento se le olvidó la visita y que estaba en el cuarto de sus hijas. Solo podía pensar en lo guapa que estaba Mar y en cuánto la deseaba. Pisando el freno contestó.
-Es tarde. No quiero entretenerte. Gracias por subir a Amy.
-De nada. Buenas noches -salió rápidamente de la habitación ¿era decepción lo que había habido en su tono de voz?
-¡No necesito esto! -murmuró él mientras apagaba las luces. Al día siguiente todo volvería a la normalidad. El volvería a la rutina de su trabajo y aquella aberración se desvanecería. 0 al menos eso esperaba él.
«¿Qué esperabas?», se preguntó Mar cuando fue a la cocina a prepararse un vaso de té helado antes de irse a su cuarto. No eran amigos. El no tenía porqué contarle nada de su día ni preguntar por el de ella.
Él lo había dejado perfectamente claro. No tendría que decírselo dos veces. A partir de aquel momento ella lo iba a hacer todo según las normas, como su amiga Teffy le había dicho que le gustaba a él todo.
Ardiendo de indignación y de vergüenza, se fue a su cuarto y cerró la puerta, decidida a que él nunca tuviera el menor indicio del anhelo que ella sentía. Si solo quería una niñera para sus hijos, eso sería lo que tendría.
No le prestaría un oído amigo si él quería charlar, ni se interesaría en lo que él estuviera haciendo. Y desde luego no echaría de menos el pasar más tiempo con él.
«Mentirosa» le dijo su voz interior.
Se bebió el té y se dejó caer sobre la silla que estaba cerca de la ventana. Había poca cosa que ver en la oscuridad. Los árboles daban sombra al jardín, impidiendo que entrase la luz de las estrellas.
A lo mejor él se iba otra vez de viaje y la llamaba todas las noches. ¿Era esa la única forma en la que podían hablar? Por un momento consideró la idea de llamarle por teléfono al piso de arriba para preguntarle qué tal le había ido el día. Lo malo era que no tenía móvil, y de todas formas ¿de qué serviría?
¿Quería ella que sirviera para algo? Tenía su vida organizada y no tenía tiempo para ese tipo de cosas. No haría nada que pusiera en peligro su empleo.
El lunes Mar hizo lo que pudo por poner su plan en acción. Fue a clase, se llevó a las niñas a la compra y se aseguró de que la casa estuviera impoluta y la cena en la mesa a las seis de la tarde.
Se refrenó para no hablar directamente a Simón a no ser que él la preguntase algo y evitó mirarlo a los ojos. Eso ayudó algo a contener los sentimientos, pero incluso sin mirarlo directamente durante la cena, era perfectamente consciente de su presencia.
El martes las niñas y ella almorzaron en el parque mientras el servicio de limpieza se hacía cargo de la casa. Había dejado la pintura del mural para el miércoles, para tener tiempo para recoger antes de que llegase Simón. La cena fue perfecta y otra vez a su hora. Una o dos veces durante la cena sintió la mirada de Simón sobre ella, como si estuviera desconcertado. Pero dedicó su atención a las niñas e hizo lo posible para olvidarse de él y de las sensaciones que la embargaban cuando él estaba cerca.
El jueves por la tarde Mar estaba a punto de volverse loca. Sentada en el jardín trasero mientras las niñas jugaban a pillarse una a la otra, se recostó en el tronco de un árbol y cerró los ojos. La tensión de seguir estrictamente el horario la tenía frenética. ¿Y todo para qué? Simón probablemente no se había dado cuenta siquiera, o no le importaba.
Todas las noches de aquella semana había llegado puntual para la cena y luego había pasado el resto de la tarde en su cuarto trabajando. Estaba desperdiciando un tiempo valioso para estar con sus hijas.
Ellas no parecían echar nada de menos ¿era ese el patrón normal de conducta? ¿ver a su papá a la hora de la cena y desaparecer de su camino el resto del tiempo?
Se sentía aislada ¿qué había sucedido? El la había besado y estuvo a punto de besarla el sábado anterior, cuando hacían las galletas.
No era demasiado pedir un poco de tranquila conversación adulta por las noches ¿no? 0 por lo menos a la hora de la cena. Seguro que con Melody sí hablaba
.
A lo mejor era su técnica lo que estaba fallando. A lo mejor debería estimular la conversación entre el padre y las niñas y poco a poco ir introduciendo la conversación entre ellos.
Quería saber más cosas de Simón, cómo pensaba, qué sentía, cómo había llegado a dedicarse a la seguridad como profesión, qué planes y qué sueños tenía para sus hijas.
Y no podía negar la sensación que sentía. Al principio solo le pasaba cuando él entraba en la habitación, pero había llegado un momento en que le bastaba con pensar en él.
La gente besaba por distintas razones ¿qué razón había tenido Simón para besarla? ¿quería volver a hacerlo?
-Estoy cansada, Mar -dijo Amy sentándose a su lado.
-Ya me imagino, cariño, hace un rato que deberías estar echando la siesta ¿quieres dormir hoy aquí en la sombra?
-¿Fuera?
Mar se rio y la abrazó.
-¿Por qué no? Traeré una manta y una almohada y las pondré aquí a la sombra. Puedes dormir bajo este árbol y yo me tumbaré a tu lado.
-¿Y Mariana?
-Y también Mariana.
-¿Qué? -preguntó Mariana que llegó corriendo.
-Vamos a echar la siesta aquí, a la sombra ¿verdad que será divertido?
-¿En una tienda?
-No, cariño, aquí al aire libre. Extenderemos una manta grande y cada una traerá una almohada. Podemos mirar las hojas del árbol hasta que nos quedemos dormidas.
-Nunca he dormido en el jardín -dijo Mariana
-Pues viviremos peligrosamente -dijo Mar riendo. A veces aquellas niñas eran demasiado tranquilas y faltas de aventura. Los niños tenían que ser espontáneos y tener ganas de nuevas experiencias.
Ella les contó cuentos mientras miraban el cielo azul a través de las hojas del árbol. Las tres se quedaron pronto dormidas.
Mar se despertó la primera. No tenía intención de pasarse la tarde durmiendo, pero después de haber trabajado en su proyecto de fin de curso mientras dormían las niñas y de haberse quedado despierta todas las noches. pensando en Simón, no era raro que al haberse relajado le hubiera pasado eso.
Se quedó aún tumbada un rato, disfrutando del canto de los pájaros, de la caricia del viento y de la proximidad de las niñas.
Oyó entonces el ruido de un coche a la entrada y se sentó inmediatamente, mirando su reloj. Era más tarde de lo que ella creía. Simón estaba en casa y ella ni siquiera había pensado en la cena. Poniéndose de pie corrió hacia la casa, intentando que se le ocurriera una idea para cenar. No podía permitir que él descubriera que había pasado la tarde durmiendo.
Entró corriendo en la cocina en el momento en que entraba Simón. Lo miró segura de que su culpabilidad era evidente.
-¿Hay un fuego? -preguntó Simón con tono perezoso.
-Estaba echando una ojeada a las niñas, que están durmiendo la siesta en el jardín -él echó una ojeada a la cocina.
-¿No hay cena?
-Pensé que hoy podíamos cenar en el jardín. Hacer hamburguesas en la barbacoa y hacer helado.
-¿Hacer helado?
-Sí, tienes una máquina de hacer helado ¿no?
-No que yo sepa.
-Ah.
Él la miró fijamente y ella se preguntó si algo estaba mal ¿tendría hierba en el pelo? Sabía que probablemente estaba hecha un desastre ¡no era justo! Incluso después de todo un día en la oficina él tenía un aspecto impecable.
-¿Es eso un acicate para hacer planes en un momento?
-Sí. Algo espontáneo, los niños necesitan eso en sus vidas. Los adultos también, por cierto.
-¿Todos los adultos? -preguntó él acercándose.
-Eso creo ¿tú no? Le da un toque especial a la vida. Piensa en lo aburrido que sería todo si siempre hiciéramos las mismas cosas un día tras otro.
-¿Las cosas rutinarias quieres decir? -se acercó un poco más.
Mar empezó a sentir aquel aleteo familiar en su interior. Su mente estaba a punto de entrar en cortocircuito ¿hasta dónde pensaba acercarse?
-Sí. No. No quiero decir que la rutina sea aburrida, necesariamente -¿acaso no había propuesto él un programa estricto para sus hijas? No podía ofenderlo-. Pero si hay rutina es aún más importante que haya algo de espontaneidad.
-Espontaneidad.
El estaba lo bastante cerca como para tocarla, como para sentir el calor de su cuerpo. Mar tragó saliva y dio un paso atrás, pero se encontró con la encimera. El dio otro paso hacia delante.
-Me preguntaba cuánto tiempo duraría la rutina -dijo él alargando una mano para retirar un mechón de pelo de su mejilla y pasarlo por detrás de su oreja. Las rodillas de Mar amenazaron con no sostenerla.
-¿Si? -lo miraba a los ojos que parecían cambiar de verde 'a un tono plateado que la cautivaba.
-Toda la semana pasada me contaste por teléfono todas las cosas contrarias a la rutina que habíais hecho mis hijas y tú. Esta semana todo parece distinto.
-Pensé que era eso lo que querías -dijo casi sin aliento.
-Me gusta el orden, pero no necesariamente la vida sin imaginación.
-Oh -¿se había quedado él con todo el aire? Y si no era así ¿por qué la costaba tanto respirar?
-Me gusta la idea de una cena al aire libre. Es algo innovador y que creo que les gustará a las niñas.
Ella asintió con la cabeza, dejando que su mirada se fijase en la boca de él. Deseaba que la besase otra vez ¿cómo podría hacérselo saber sin parecer atrevida y fuera de lugar?
Probablemente no había nada que pudiera hacer, pero ya pensaría en algo. Tenía que hacerlo o irse volviendo loca poco a poco.
-Me estás confundiendo -murmuró.
-¿Por qué? -encogiéndose de hombros se movió hacia un lado apartándose de él.
-No sé qué es lo que quieres, Simón
-¿Qué quieres decir? -dijo él frunciendo el ceño y metiéndose la mano en el bolsillo.
-Que no sé qué quieres de mí.
-Quiero que cuides de mis hijas.
-¿Y eso es todo? Antes de marcharte me besaste como... -se detuvo. No tenía por qué decirle a aquel hombre que su beso no había sido como cualquier otro que la hubieran dado-. Bueno, estuvo muy bien. Y después, el sábado cuando estaban aquí mis tías y todo eso...
-Un par de besos ¿me estás diciendo que nunca te habían besado antes?
-No. Es algo más que los besos. Llamaste todas las noches cuando estabas fuera y no solo hablamos de las niñas. Y luego el domingo fue como si me ordenaras que me alejase, «no hagas preguntas, no esperes nada».
-Mar, yo no...
-No, está bien. Quiero decir que dejes claro lo que quieres. Pero ahora, es este momento.
-En este momento quiero besarte ¿quieres que lo haga?
-Pero eso no significará nada.
El la acercó, poniendo las manos a ambos lados de su cuello, acariciando su mandíbula con los pulgares.
-Puede significar que dos personas se gustan y que les gusta lo que sucede cuando están juntas. Me gusta tocarte, besarte. No irá más lejos. No estoy buscando un lío ni quiero volver a comprometerme. Y ¿no me dijiste tú que no estabas interesada en ninguna relación permanente? ¿era verdad o solo palabras?
-No quiero comprometerme, esa parte es cierta. Nunca me casaré. Y no puedo tener un lío contigo.
-No te lo he pedido
-Pero creo que no me importaría otro beso -dijo atropelladamente. Había algo en algún sitio que atentaba a la lógica, pero en aquel momento no podía imaginarse qué podía ser. Simón quería besarla y Mar sentía que su día no estaría completo si él no lo hacía.
-¿Se ha hecho daño Mar ? -preguntó Amy desde la puerta.
Mar y Simón se apartaron de un salto.
-¿Qué?
-No cariño, no me he hecho daño.
-¿Por qué te iba a dar un beso papá para curarte?
Mar miró a Simón
-Tú te ocupas de esto, yo voy a empezar a preparar las hamburguesas.
Se sentía abochornada ¿qué habría pasado si él la hubiera besado? ¿y si los hubieran visto las niñas?
El cariño entre familiares era importante, pero Simón y ella no tenían ninguna relación y nunca la tendrían. No quería que nadie se hiciera una idea equivocada.
Pero la decepción que la inundaba era difícil de contener. Habían estado tan cerca, tan maravillosamente cerca. Si Amy se hubiera despertado unos minutos más tarde...
Mar se preguntaba qué impresión tendría de la cena una persona de fuera. Fue un enorme éxito. Las niñas se mantuvieron junto a su padre contemplando como ponía la carne en la parrilla con total concentración y fascinación.
Mar no las culpaba, a ella también le hubiera gustado sentarse a contemplar a Simón. Pero hizo una ensalada, reunió las especias y salsas, puso la mesa y llevó las bebidas. El estar ocupada era más práctico y la alejaba de sus sueños tontos.
Después de comer, fueron todos en el coche de Simón a la tienda de helados. No había ninguna máquina en la casa para hacerlos. Mar se preguntó si podría encontrar una en algún sitio para la próxima vez que se le ocurriera la idea. Sabía que las niñas no podrían mover la manivela cuando el helado empezara a estar sólido, pero les encantaría moverla al principio.
Durante un rato Mar se permitió imaginar que siempre sería así: Simón hablando con ella y con las niñas, las niñas contentas y excitadas y el corazón de ella lleno de alegría.
Volvieron a casa después de las nueve. Mar se preguntó si Simón diría algo porque las niñas estuvieran levantadas hasta tan tarde. Era una clara ruptura de la rutina. Pero era verano y habían elaborado otro bello recuerdo. Mar pensaba que había merecido la pena.
Bañó a las niñas y las acostó. Simón subió entonces a arroparlas. Ella besó a las niñas y se sorprendió cuando él la sujetó por la muñeca para que no se fuera.
-No te vayas aún. No tardo ni un minuto.
El besó a las niñas y salieron juntos de la habitación, lo que hizo pensar a Mar en sus padres, en una familia, en algo que ella no volvería a tener nunca cuando saliera de la casa de los arrechavaleta.
-Tenemos unos asuntos pendientes -dijo él cuando bajaban por las escaleras.
CAPÍTULO 7
UNOS asuntos pendientes? ¡El beso!
-¿Quieres que nos sentemos fuera? -preguntó él inesperadamente.
-Estaría bien -y aún estaría mejor que ella fuera capaz de tener algún pensamiento coherente. Pero su proximidad hacía que todas las células de su cuerpo solo pudieran centrarse en una cosa. El hombro de él rozaba levemente el de ella cuando caminaban, él acortó su paso para adaptarse al de ella. Se sentaron en la mesa en la que habían cenado, ante unos vasos de té con hielo.
-Tenía intención de haber comentado esto contigo antes, pero nos distrajimos con otras cosas -dijo él recostándose en la silla y estirando las piernas. Estuvo callado durante un momento, luego la miró-. Tengo que ir a Washington por negocios la semana próxima. Esta vez por lo menos han avisado y yo me marcharé a una hora razonable.
-Estaremos bien -dijo ella sonriendo.
Ella jugueteó con su vaso, sintiendo el frío del hielo contra sus labios. ¡Lástima que no pudiera enfriar todo su cuerpo!
-Hay algo más -ella dejó el vaso sobre la mesa y lo miró fijamente, sorprendida por su tono de voz.
-¿Qué?
-Tengo que asistir a una fiesta a finales de la semana próxima ¿Irías conmigo? Ya sé que no forma parte de tus obligaciones laborales, pero prefiero ir contigo que con cualquier otra persona.
Ella contuvo el aliento Simón quería llevarla a una fiesta? ¿presentársela a sus amigos y compañeros de trabajo?
-¿Como en una cita?
-Si quieres. Hemos hablado antes de eso, de la amistad, dado que ninguno de los dos busca nada más. Y como los dos sabemos lo que queremos, nadie se puede hacer falsas esperanzas. Parece que siempre que invito a una mujer para que me acompañe a una fiesta de negocios piensa inmediatamente que hay algo más. Generalmente llevo a alguien para no asistir solo.
Ella se alegró de que la oscuridad ocultase su expresión y habló con la esperanza de que su voz sonase normal.
-Probablemente sea un buen plan -no se iba a sentir decepcionada ¿no habían dicho los dos que no querían que creciera nada entre ellos? Los hombres y las mujeres generalmente iban en 'parejas a las fiestas. Si él tenía que asistir a una por asuntos de negocios ella lo acompañaría y estaría complacida de que la hubiera invitado a ella en lugar de a alguien de la oficina-. Encantada de ayudarte ¿es una fiesta muy formal?
-Hay que ir de etiqueta. Si eso es un problema te puedo comprar un traje de noche.
-Tengo vestidos -ella frunció el ceño al mirarlo, deseando poder verlo mejor-. ¿No dará lugar a cotilleos el que vayamos juntos?
-No sé por qué iba a hacerlo. Vivimos en la misma casa, no podemos evitar pasar tiempo juntos y llegar a conocernos. Y ayudarnos el uno al otro si la ocasión lo pide.
-Pero no tener un lío -necesitaba tener muy claro ese punto porque estaba muy confusa en todos los demás.
-Exacto.
-Simón, prácticamente toda la semana has hecho como si no me vieras. ¡Ahora quieres que sea tu pareja para una fiesta! Yo pensé que nos estábamos... conociendo un poco mejor la semana pasada cuando llamabas por teléfono. Luego todo cambió durante el fin de semana. Te da por estar ardiente y luego frío ¿cuánto va a durar esta tregua?
El se quedó callado durante unos momentos. Luego alzó la vista y la miró directamente a los ojos.
-Sabes que no quiero comprometerme. No quiero volver a pasar nunca más por la pérdida de alguien que me importe. No es que no me importes,Mar. Sí, me importas. Eres bonita y divertida y vital y traes un soplo de aire fresco a esta casa. Me gusta eso.
-Pero no lo bastante para perseguirlo.
-No es eso, es más bien un intento de desterrar los sentimientos inquietantes que tengo cuando tú estás cerca.
Aquello era algo inesperado ¿había entonces atracción entre ambos? Lentamente, ella empezó a sonreír, tenía una mirada divertida.
-¿Y funcionó? -porque si era así ella quería aprender sus técnicas de retirada. El sacudió la cabeza sin dejar de mirarla-. Así que lo siguiente que queda por intentar es que seamos amigos ¿no?
-¿Tienes una idea mejor? -preguntó él con impaciencia.
-No. ¿Tienes la esperanza de que la costumbre dará paso al desprecio? Si es así, estoy dispuesta a ayudarte -impulsivamente se inclinó hacia él, le besó en la mejilla y luego se puso en pie-. Ahora que ya hemos dejado esto claro, me tengo que ir a estudiar. Tengo que terminar un proyecto de arte para el próximo martes. Supone un porcentaje muy alto de mi nota.
-¿Te vas? Pensé que querrías hablar algo más -dijo él poniéndose también de pie.
-Tengo que hacer el trabajo. Necesito esas horas nocturnas, no puedo trabajar en el proyecto mientras las niñas están levantadas ¿no sueles tú traerte trabajo a casa?
Él asintió con la cabeza y se acercó a ella.
-Gracias por tu ayuda -y tras decir esto la tomó en sus brazos y la besó.
MAr cerró los ojos sorprendida. Dos segundos más tarde se relajó y se entregó al puro placer, pasó sus brazos alrededor del cuello de él y le devolvió el beso con toda la pasión acumulada que había en ella.
El mundo pareció inclinarse, girar y cubrirlos con un caleidoscopio de colores. Ambos jadeaban cuando se apartaron lentamente. Mar pasó sus manos por los hombros de él, luego por su pecho y finalmente las apartó.
-Buenas noches -dijo casi sin aliento y se fue corriendo a su habitación. Cerró la puerta y fue hacia la ventana ¿estaría allí todavía? No, solo quedaba la mesa vacía. Sonrió, ¡unos asuntos pendientes!
Tardó unos cuantos minutos en calmarse lo bastante como para ponerse a trabajar.
El viernes Mar y las niñas siguieron pintando el mural. A Mariana y a Amy les gustaba mucho pintar y hubieran seguido haciéndolo toda la noche, pero Mar quería dejarlo todo recogido antes de que llegase Simón. Podría haberlo hecho si no hubiera sonado el teléfono. Era Melody, ella y su marido habían llegado a California y echaba de menos a las niñas.
Mariana y Amy tenían tantas cosas que contar que estuvieron al teléfono más de una hora. Seguían hablando cuando Simón entró en la cocina. Mar lo miró sintiéndose culpable por el desorden de la entrada ¿qué hora sería?
-Has venido pronto ¿te encuentras mal? -él sacudió la cabeza indicando con un gesto a las niñas que hablaban por teléfono.
-Es Melody, está en California.
-Ah -besó a las niñas-. ¿Puedo hablar yo con Mel?
Amy acabó con su historia y casi le dio en la cabeza con el teléfono al pasárselo.
-Es la tía Melody, se ha mudado.
-Lo sé. Hola Mel ¿qué tal les ha ido?
Mar se fue a la entrada dejando a solas a la familia Masters. Tenía unos minutos para retirarlo todo. Había estado con las niñas mientras hablaban por teléfono, pero ahora que Simón había llegado ya no tenía que ser parte de la familia.
Por un momento sintió pena porque ella nunca disfrutaría de una relación de familia, porque nunca tendría hijos o nietos.
A lo mejor se llevaba con ella el mural cuando se marchase, para que le recordase los días felices pasados con Mariana y Amy.
«Ya está bien» se regañó. Sabía que las cosas iban a ser así desde que era adolescente. Estaba contenta con sus planes para el futuro, las cosas que no se podían cambiar había que aceptarlas y vivir con ellas.
Y mientras tanto ella estaba loca por las niñas de Simón . Eran brillantes, divertidas y deliciosas, y pensó que ella les había llevado algo de lo que carecían, un poco de aventura y diversión. Por no mencionar la valoración del arte.
-Me preguntaba dónde habrías ido -dijo Simón. Se acercó al mural y lo miró con atención-. Va progresando, ya está hecho más de la mitad. Y puedo distinguir la aportación de Amy desde un kilómetro.
-Quería haber recogido todo antes de que llegaras, pero has llegado antes y ellas se lo estaban pasando demasiado bien para dejarlo.
-¿Por miedo a mi reacción? -la miraba divertido.
-Algo así.
-No me lo creo. Algo me dice que hay muy pocas cosas que te den miedo.
-Sigue pensándolo ¿por qué has venido tan pronto?
-Soy el jefe, así que decidí que podía irme si quería -no tenía intención de decirla que la verdadera razón era que estaba impaciente por verla-. ¿Quieres que salgamos esta noche a cenar unas pizzas? -era una comida que le gustaba a Mariana muy especialmente. El era perfectamente consciente que la explicación que le había dado la noche anterior para invitarla a la fiesta de trabajo era muy poco convincente. Estaba contento de que no hubiera preguntado más. Como por ejemplo una explicación para aquella fuerte atracción física-. Me cambiaré y nos vamos.
-No te sientas obligado a incluirme. Si quieres salir con las niñas, hazlo. Yo puedo tomar cualquier cosa -se dirigió a la cocina con las tazas llenas de agua, el trapo y los pinceles.
-Quiero que vayamos todos juntos -por un momento él se preguntó si ella se negaría. Los términos del contrato eran que si él estaba en casa, ella dejaba de estar de servicio. A lo mejor ella prefería no comer con ellos.
-Entonces arreglaré a las niñas. Gracias -ella sonrió tímidamente y desapareció en la cocina.
Simón se quedó en el vestíbulo. Se negaba a analizar los sentimientos que había provocado su sonrisa, quería concentrarse en los aspectos positivos de tenerla con sus hijas, como la pintura que tanto parecía gustarles.
Pero estaba intrigado con ella. Parecía despreocupada y frívola algunas veces, y sin embargo mostraba gran paciencia con sus hijas. Y su cariño era evidente, a pesar del escaso tiempo que llevaba con ellas. No era lo que él había esperado, pero encajaba bien.
Mucho mejor de lo que él había esperado.
Fue hacia su cuarto pensando que él y Mar podían disfrutar de una relación profesional que les permitía compartir cosas como salir una noche a cenar pizza. El haría eso con cualquier mujer que cuidase de sus hijas.
¿Y los besos?
La pizzería estaba abarrotada. Los adolescentes charlaban en grupos y las parejas se reían y se llamaban a gritos. Los padres jóvenes corrían tras sus hijos o los enviaban con monedas a la sala de máquinas. Alguna pareja mayor aquí y allá comía tranquilamente contemplando la actividad con fascinación.
El olor era apetitoso, el ruido terrible y el conjunto de una confusión total. Pero a juzgar por las sonrisas de la gente, era perfecto.
Encargaron pizzas y refrescos y Simón encontró una mesa cerca del fondo. En cuanto se sentaron Mariana quiso ir a la sala de vídeo juegos.
-¿Sabe jugar? -pregunto Mar con sorpresa
.
-En realidad no, pero le encanta el de las carreras de coches. Yo la llevaré. Lo siento, se me olvidó comentarte lo mucho que le gustan los juegos.
-No hay problema, Amy y yo cuidaremos la mesa. Pero si llega la pizza antes que ustedes será sálvese quien pueda.
Simón asintió, rozando su hombro cuando él y Mariana se dirigían a la sala de máquinas. Quería hacer más, pero mantenía un férreo control sobre sus impulsos. Sabía mejor que nadie que aquello podía ir demasiado lejos.
Y una vez que se hubieran acostumbrado a estar el uno con el otro probablemente descendería su deseo de pasar con ella todos los momentos en que estaba despierto. Por no mencionar de los otros.
Era difícil hablar con tanto ruido, pero cuando Simón y Mariana volvieron ella les preguntó qué tal les había ido. Mariana lo explicó todo y Simón intervino en un par de ocasiones para aclarar la narración.
Cuando llegó la pizza las niñas empezaron a comer alegremente y a observar a los otros clientes de la pizzería.
-Cuéntame cómo te metiste en el negocio de la seguridad.
-Comencé con la negociación de rehenes. Si puedes evitar que te secuestren no hay que llegar a la negociación, así que empecé a buscar formas para que las personas con alto riesgo pudieran reforzar su seguridad.
-¿Eras policía? Lo digo por la negociación de rehenes.
-FBI.
-Ah.
-Dejé la agencia cuando me casé con Valeria . No quería a un agente por marido. A los dos nos gustaba Norfolk así que nos establecimos aquí. En aquel momento yo podía haber montado mi empresa en cualquier sitio.
-¿No habría más clientes de alta seguridad en cualquier otro sitio? 0 sea, que no me parece que Norfolk, Virginia sea el lugar más peligroso en el que se pueda vivir.
-No lo es. Es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Un buen lugar para criar una familia, yo voy a los lugares en los que está el trabajo, pero prefiero vivir aquí.
-¿Así que tu viaje a Washington de la próxima semana es por trabajo?
-Solo para ver a algunos clientes y mantenerme en contacto con los amigos.
-¿Con el FBI?
-Algunos de ellos aconsejan mis servicios y no quiero secar esa fuente. Pero la mayoría de mis clientes vienen aconsejados por otros.
-Y la familia de Latinoamérica, la que liberaste ¿te contratará para su seguridad?
-Ya lo hicieron cuando estuve allí. Tengo un equipo con ellos ahora.
-¿Cuántos empleados tienes?
-¿En el trabajo? Setenta a tiempo completo y otros cincuenta como eventuales cuando hacen falta. Una en casa.
-¿Es suficiente?
-Lo bastante como para que yo pueda controlar lo que pasa y cumplir al mismo tiempo con las necesidades de los clientes. Seguimos creciendo, pero sin prisas. Cada paso debe asentarse en roca firme.
-Planificado y organizado -murmuró ella, recordando la forma en la que él quería que se llevase su casa.
-No hay mucho sitio para la espontaneidad en esto. Pero -alargó la mano y usó el pulgar para limpiar el labio de ella de salsa de tomate-. Puede haber lugar para la espontaneidad en otros aspectos de mi vida.
Ella se echó un poco para atrás porque la inesperada caricia la había desconcertado. Necesitaba ganar perspectiva. Pero a pesar de sus esfuerzos se preguntó si estaba manteniendo la cabeza en su sitio. No llevaba ni tres semanas trabajando para aquel hombre y ya apenas podía recordar su vida anterior. Y le estaba costando mucho trabajo aferrarse a sus planes para el futuro.
Un futuro que no incluiría a un atractivo negociador de rehenes ni a sus dos adorables hijas. Si se sentía así después de tres semanas ¿cómo se iba a sentir cuando hubieran pasado tres años?
Probablemente enamorada hasta los huesos de aquel hombre.
El pensamiento apareció de repente y la sorprendió.
-Disculpa, tengo que... -MAr se levantó de la silla, deseando irse corriendo del restaurante. Huir. Pero al mirar la expresión desconcertada de Simón se dio cuenta de que no podía hacerlo-. Voy al cuarto de baño.
Una vez allí se miró en el espejo, buscando alguna clave en la expresión de su rostro que le diera una idea de qué hacer. No podía estar enamorándose de Simón . No había futuro para ninguno de los dos.
-El sigue enamorado de Valeria -se dijo en voz alta. Y ella no se podía permitir enamorarse. No de alguien que quería más de lo que ella podía darle-. A lo mejor no -se dijo esperanzada. En ese momento entraron dos adolescentes y Mar abrió el grifo para lavarse las manos. No podía quedarse allí escondida toda la noche.
«Voy a salir y a comportarme con normalidad. En cuanto lleguemos a casa tengo muchas cosas en las que pensar ¿Puedo quedarme? ¿0 sería mejor que me fuera ahora que aún estoy a tiempo?» se dijo a sí misma.
Aunque ella creía que ya era demasiado tarde, que marchándose no borraría la imagen de él de su mente ni cambiaría los sentimientos que surgían en ella cada vez que pensaba en él. Y si se marchaba no podría continuar con sus planes de graduarse antes de cumplir los veintiocho.
Volvió lentamente a la mesa, pensando en las docenas de dibujos que había hecho de Jay desde que lo conocía. Puede que fuera simplemente el hecho de vivir con un hombre atractivo lo que hacía que tuviera esas fantasías, a lo mejor le habría pasado con cualquier otro.
Pero al verlo sentado en la mesa sintió ganas de apresurarse. No quería perder ni un segundo de tiempo de estar con él. Simón la miró con preocupación cuando se sentó de nuevo.
-¿Va todo bien?
Ella asintió. Podría superar aquello y algún día recordarlo con nostalgia. No había nada que la impidiera mantener el contacto con las niñas cuando ya se hubiera ido. Verlas de vez en cuando. Enterarse de qué hacía su padre.
-¿Has comido bastante? -preguntó Simón
-Sí, estaba buena. No queda mucho, parece que te ha gustado.
-Hacía mucho que no salíamos a tomar pizza. Melo a veces encargaba una para que la llevasen a casa -ella miró hacia las niñas porque le daba miedo mirarlo a él ahora que sabía cuáles eran sus sentimientos-. ¿Tienes planes para el fin de semana? -preguntó él después de un momento.
-Puede que mañana vaya a la playa.
-Yo quiero ir. Dijiste que nos ibas a llevar ¿podemos ir nosotras también? -dijo Mariana
-Mañana es el día libre de Mar . No las cuida en su día libre -dijo Simón
-¿Por qué no venís? Podíamos llevarnos la comida, alquilar una sombrilla y pasar así el día. Estoy segura de que a las niñas les gustará jugar en el agua y hacer castillos de arena -sugirió Mar. Y a ella le encantaría ver a Simón en bañador. Y pasar unas horas con él.
El no se negó inmediatamente, pero sabía que lo haría ¿Porqué no se tiraba directamente a los pies de el? Pensó disgustada consigo misma.
-¿Podemos, papá? -Mariana casi saltaba en su silla por la emoción-. Hace mucho que no vamos a la playa.
-Yo quiero ir -dijo Amy apuntándose al entusiasmo de su hermana.
-Mañana no -dijo Simón por fin-. Tengo cosas que hacer para preparar mi viaje de la próxima semana. Había pensado llevarme trabajo a casa este fin de semana.
-Puedo llevármelas si quieres -dijo Mar.La decepción parecía ser una constante con él. Sonrió a las niñas-. Me las llevaré mañana y así podrás trabajar todo lo que quieras.
-No puedo pedirte que hagas eso en tu día libre.
-No lo has hecho. Me ofrecí yo. Creo que será divertido. Te haré saber dónde estamos por si acabas pronto y quieres unirte a nosotras.
El sábado parecía ser eterno. Simón organizó todas las cosas que necesitaba para su próximo viaje. Luego vagó por la casa, sintiendo que estaba vacía.
Había sabido la noche anterior que no se atrevería a unirse a MAr y las niñas en la playa. Necesitaba mantener la distancia para sentirse seguro. Y ver a Mar en traje de baño era una forma garantizada de olvidarlo todo acerca de las distancias. Pero el día parecía largo y vacío sin ellas.
Al mirar los dibujos que Mar había esparcido por todas las habitaciones se sorprendió de lo distinta que parecía la casa. Muy distinta del escaparate inmaculado que había mantenido Vale ¿Hubiera colgado ella las obras de Mariana? ¿Las habría exhibido orgullosa para que su hija se sintiera que las valoraba?
Tomó una muñeca y la puso en el sofá, sentándose a su lado. Cerró los ojos y se echó hacia atrás. Ahora le era difícil recordar cómo era Vale, cada vez que intentaba recordarla aparecía la cara de Mar ante él y su risa resonaba en sus oídos.
Ella era vital y alegre y tenía un entusiasmo por vivir que resultaba contagioso. Se preguntó cómo serían sus cuadros y si estaba realmente resignada a seguir la ruta del arte comercial o si secretamente deseaba pintar por el puro placer de hacerlo.
Se levantó y fue hacia el cuarto de estar. Mar había dejado la puerta abierta. No era espiar si no entraba en la habitación. Se quedó en el umbral estudiando los cambios que ella había hecho.
Había dos pares de pantalones cortos sobre la cama ¿había estado intentando decidir cuáles se pondría? Había un gran lienzo sobre un caballete, orientado hacia la ventana para que le diera más luz. Tenía curiosidad por ver en qué estaba trabajando, pero había un límite en cuanto a invadir su espacio. Sobre la cómoda había un cuaderno de apuntes abierto. No podía ver bien la figura que había dibujado, parecía un vikingo ¿sería para su proyecto?
Se apoyó en el quicio de la puerta oliendo el perfume de Mar . Miró los frascos que había sobre la cómoda preguntándose qué perfume usaría.
De pronto se preguntó si no había sido un tonto al desaprovechar la oportunidad de pasar el día con ella. De verla riendo con sus hijas, corriendo por la playa y haciendo castillos fantásticos junto al borde del agua.
Pero lo que más echaba de menos era la oportunidad de verla en traje de baño, con la piel brillante por el agua y el pelo mojado.
La próxima vez iría. Podía controlar la atracción que parecía haber entre ellos. Ella no había hecho nunca nada inadecuado en presencia de las niñas. Un día en la playa habría sido divertido.
Era más de media tarde cuando volvieron. Simón salió de su estudio cuando las niñas entraron corriendo en la casa, venían sonrosadas y dejando un reguero de arena a su paso.
-Suban corriendo que lo primero que hay que hacer es darse un baño -estaba diciendo Mar mientras maniobraba para entrar con un balón de playa, dos toallas empapadas y una bolsa. Ella también estaba sonrosada. Llevaba un pantalón corto y una camiseta que la cubrían, pero las manchas de humedad le hicieron darse cuenta de que se lo había puesto encima del bañador mojado.
-Hola, papá -Mariana fue hacia Simón-. Lo hemos pasado en la playa fenomenal. Hemos hecho un castillo de gigantes y Amy persiguió a los cangrejos. Y luego ;Mar dijo que nos traíamos encima la mitad de la playa, pero no era verdad porque era una playa muy grande.
-Yo casi pesqué un cangrejo, pero se metió en el agujero -dijo Amy corriendo para adelantar a Mariana.
Simón podía ver el brillo de la arena en sus brazos y piernas. Se podía imaginar cómo debía estar la ranchera de Mar
-Parece haber sido un día perfecto.
-Sí. Debías haber venido, nos hubieras podido ayudar con el castillo. Arriba niñas, es hora de darse un baño antes de la cena -dijo Mar
Subieron las escaleras haciendo tanto ruido como si fueran un pequeño rebaño de elefantes. Las observó hasta que desaparecieron de su vista. Luego se volvió para mirar a MAr
-No sé muy bien cómo tratar a mis hijas. Creo que quizá lo hubiera hecho mejor con hijos.
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