viernes, 26 de enero de 2018
Capitulo 8,9 y 10 (Final): "La niñera"
CAPÍTULO 8
Hijos! ¿Qué les pasaba a los hombres? Había oído aquello toda su vida, primero a su padre, luego a sus tías, Teffy y Luca , y después Simón. Dándose la vuelta Mar empezó a subir las escaleras, ella quería a aquellas niñas, y sabía que Simón también. ¡Y sin embargo él pensaba que se relacionaría mejor con chicos! Si pasara más tiempo con ellas se relacionaría estupendamente. Estaban avanzando mucho en las cenas, él hacía preguntas y Mariana y Amy se abrían a él y le contaban los que habían hecho durante el día. Y él parecía disfrutar con ello.
Se le cayó el alma a los pies. Su tía tenía razón, si él se volvía a casar alguna vez querría hijos que llevaran su apellido. Hijos con los que relacionarse.
-¿Mar ?
-Tengo que bañar a las niñas.
-Baja cuando acabes.
Ella asintió, pero no tenía ninguna intención de pasar ni un momento con aquel hombre excepto aquellos a los que estaba obligada. A pesar de sus esfuerzos había estado fantaseando acerca de tener una relación con él. Se estaba enamorando y no había ningún futuro. Incluso si él superaba la pérdida de Valeria ella no podría casarse con él sabiendo que nunca podría darle los hijos que deseaba.
Tenía que guardar las distancias y superar aquel... capricho tan pronto como fuera capaz.
Los exámenes finales eran la semana siguiente. Dedicaría todas sus energías a estudiar, a terminar su proyecto y a centrarse en el trabajo del curso. A lo mejor podía asistir a alguna clase aquel verano, para acelerar el proceso.
Mar preparó una cena rápida, bocadillos y ensalada. Las niñas le contaron a su padre cómo había sido el día en la playa, riendo e interrumpiéndose la una a la otra. Simón escuchaba, contemplándolas desconcertado. Dos veces miró a Mar para que se lo explicara.
Cosa que probablemente no hubiera tenido que hacer si fueran chicos, rezongó ella para sí mientras compartía sin ganas las explicaciones de lo que habían hecho en la playa.
-Debería haber ido. Parece que lo habéis pasado muy bien.
-Sí, deberías haberlo hecho. Creo que las niñas habrían disfrutado más. Y no puedes estar traba¡ando todo el tiempo.
-La próxima vez que vayas iré yo también.
MAr desvió la mirada. No volvería a unirse a ninguna actividad familiar. Su comentario la había hecho ver claro que lo mejor que podía hacer era centrar su atención donde sí tenía futuro y no en inútiles esfuerzos con Simón
Pero no dijo nada, se limitó a sonreír cortésmente. Antes de que hubiera acabado la cena MAriana preguntó si Simón quería ver con ellas una película antes de que se fueran a la cama.
-¿Qué película?
-¿Podemos alquilar una?
-Creo que sí -miró hacia Mar -. ¿Alguna sugerencia?
-El vídeo club tiene una sección dedicada a las películas infantiles. Llévatelas y que elijan ellas -dijo empezando a retirar las cosas de la mesa.
-¿Vendrás con nosotros?
-Estoy cansada, creo que me acostaré pronto.
Simón y las niñas se fueron mientras ella estaba limpiando la cocina y cuando volvieron ella ya estaba en su cuarto con la puerta cerrada. Naturalmente el vídeo y la televisión estaban en el cuarto de estar, al otro lado de su puerta. Podía oír las voces de las niñas, la de Simón y el murmullo de la televisión. Se preguntó qué película habrían alquilado. Se le hizo la boca agua con el olor de las palomitas. Había cenado bien, pero había algo en el olor de las palomitas que siempre la tentaba.
Se fue a la mesa a trabajar en su proyecto, estaba ya casi terminado y no le llevó mucho tiempo dar los toques finales.
Complacida con su trabajo lo enrolló y lo metió en un tubo para protegerlo. La televisión seguía sonando ¿estarían los tres sentados juntos en el sofá? ¿o se habría sentado Simón en un sillón dejándoles el sofá a las niñas?
Empezó a hacer un dibujo de Simón y las niñas sentados en el sofá. Una vez terminado lo contempló satisfecha y empezó a hacer otro. Era ya tarde cuando dejó a un lado el cuaderno de dibujo y se estiró.
Estaba completamente despierta, pero era más de medianoche. No se oía ningún ruido, todos estaban en la cama desde hacía horas. Se sentía cansada después de haber dibujado durante horas. Y todo ese trabajo era solo para verlo ella, no compartiría con nadie sus bocetos de Simón
A lo mejor un día, en un futuro lejano, hacía una exposición en una galería y podría enmarcar algunos de los dibujos. Decidió ir a dar un paseo por el jardín, a lo mejor el aire fresco de la noche le despejaba la cabeza y luego intentaría dormir. Aunque debería estar agotada se sentía llena de energía.
Salió al jardín. Los árboles impedían una vista panorámica, pero lo que veía la llenaba de paz. No había luna, pero el cielo estaba salpicado de millones de puntos de luz. Era un noche perfumada, con un leve soplo de brisa. Paseó por el jardín hasta que sintió frío y pensó en irse a la cama.
Tropezó en un juguete de las niñas y estuvo a punto de caerse. Lo dejó a un lado y se dirigió a la casa. Se detuvo un momento en la puerta para mirar otra vez las estrellas. A lo mejor podía llevarse a las niñas a la playa una noche para que vieran el cielo negro como el terciopelo y salpicado de estrellas.
Se dio la vuelta para entrar cuando alguien la sujetó por detrás.
-Muy bien ¿qué estabas haciendo por aquí? -dijo Simón con voz dura.
-Simón, soy yo, Mar, vivo aquí -él ha hizo dar la vuelta, sujetándola fuertemente por los brazos. Ella alargó su mano, pero al tocar piel desnuda, la retiró inmediatamente, como si quemara. Intentó verlo en la oscuridad.
-¿Mar ? ¿Qué hacías fuera a estas horas?
-No podía dormir. Pensé que me sentaría bien un poco de aire fresco, ¿es un delito?
-No, claro que no. Oí algo, bajé las escaleras y encontré la puerta abierta. Sé que la había cerrado antes de subir. Cuando te vi entrar pensé... no importa.
-¿Que era un ladrón? -estuvo a punto de reírse-. Por lo menos ya sé que estamos seguras cuando estás en casa. Debes tener el sueño ligero.
-No estaba dormido.
-Oh.
Ella era consciente de que él seguía sujetándola, pero ya no era en forma de captura sino casi de ¿caricia? Sentía el calor de su cuerpo y extendió la mano para tocar su pecho desnudo. La piel estaba caliente y los músculos duros al tacto. Abrió la mano y apretó la palma contra él, acercándose más. Su corazón se desbocó.
-No quería preocuparte -dijo ella con suavidad.
-¿Por qué estás levantada todavía?
-Trabajé en mi proyecto, lo terminé, y luego dibujé un poco. Cuando me di cuenta de lo tarde que era lo dejé, pero necesitaba estirar las piernas, así que salí a tomar un poco el aire. Ahora tengo que irme a la cama -y alejarse de las tentaciones. Pero sus pies se negaron a moverse.
-Trabajas demasiado. Deberías haberte acostado pronto, como dijiste.
-¿Eso lo dice un hombre que se ha pasado todo el sábado trabajando?
-Costumbre.
-¿Costumbre?
-Cuando murió Valeria al principio usaba el trabajo como un medio para olvidar. Para mantener ocupada mi mente y no pensar en ella. Ahora es solo un hábito.
-Tienes que pasar más tiempo con tus hijas. Espera -dijo antes de que él pudiera responder-. Antes dijiste que no te podías relacionar bien con ellas, pero eso no tiene nada que ver con que sean niñas ¿sabes? Tienes que pasar tiempo con ellas, descubrir qué es lo que les gusta. Enseñarlas cosas que ellas quieran aprender. Pueden jugar a la pelota o aprender a nadar, o lo que te parezca adecuado.
-Son tan pequeñas. Me da miedo de que se hagan daño.
-No se romperán si tienes un poco de sentido común. Corre con ellas, ríete, juega. Pero sobre todo pasa tiempo con ellas -las manos de él subieron de sus brazos a sus hombros y luego a su cabeza, acariciándola el pelo, soltando el prendedor que lo mantenía retirado y tocando su pelo como si fueran de seda-. Simón-ella volvía a tener problemas para respirar ¿tenía él idea de lo que le pasaba cuando la tocaba?
-Tienes que enseñarme a hacerlo, Mar
-¿Cómo? -ella estaba confusa ¿de qué estaba hablando él?
-Enseñarme a ser un buen padre -dijo rozando sus labios con los de ella-. Pasar tiempo con nosotros para que yo sepa que lo estoy haciendo bien -volvió a besarla en los labios y luego siguió la línea de su mandíbula con breves besos ardientes.
Estaba perdida. Su sentido común se desvaneció. Se acercó más a él y cerró los ojos cuando él se apoderó de su boca con un beso abrasador. Ella le devolvió beso por beso. Cuando su lengua rozó sus labios ella los abrió, temblando de deleite. Se apretó contra su pecho, deseando que aquel momento no acabase nunca. Él hizo más profundo su beso, transportándola más allá de las estrellas.
De pronto le volvió la cordura.
-No te apartes, MAr -murmuró él, besando de nuevo su frente, sus mejillas, sus ojos.
-No podemos hacer esto -dijo ella sin aliento, apoyando su frente en la barbilla de él, deseando ser capaz de superar sus inhibiciones y dejarse ir.
Soltó sus manos, que de alguna forma se habían instalado solas tras el cuello de él y las bajó lentamente y luego las usó para apartar aquel pecho duro como una roca. Él la soltó instantáneamente.
-¿Quieres que te pida disculpas?
-No. Nada de eso -las rodillas se negaban a sujetarla.
-¿Entonces?
Ella deseó que la luz hubiera estado encendida para poder verlo. Pero entonces él la vería a ella ¿sospecharía él cómo la habían afectado sus besos?
-Esto no puede ir a ninguna parte.
-No lo hará -su tono era ligero.
-Entonces no hay por qué tentar al destino ¿no?
-¿Y le estamos tentando?
-Podría ser -dijo lentamente-. Tengo que irme a la cama. Mañana voy a ver a mis tías.
-¿Huyendo?
Ella se fue corriendo hacia su cuarto, como si él la estuviera persiguiendo. Cosa que nunca haría, por supuesto, excepto en sus fantasías.
Se apoyó contra la puerta reviviendo el beso. Poderoso y erótico, todavía podía sentir las sensaciones que la habían convertido por dentro en un flan.
Se apresuró a acostarse, decidida a apartar los últimos minutos de su mente y dormirse. Quería ver a sus tías. Puede que comentarr con ellas el problema que tenía.
¿Cómo podía estar enamorándose de un hombre que no quería ningún compromiso y que si alguna vez se volvía a casar querría más hijos, especialmente varones?
Pero el sueño no vino con rapidez. Mar se quedó despierta mucho tiempo, mirando fijamente a la oscuridad y tratando de no sentir ese dolor en su corazón.
El domingo Mar pasó el día con sus tías, pero decidió no hablarlas de Simón . Ya sabía lo que le iban a decir ¿no tenía planeado su futuro? Era mejor seguir con aquello que arriesgarse a sufrir al enamorarse sin poder casarse.
Estuvo fuera hasta que tuvo la seguridad de que las niñas estarían ya acostadas. Entró en la casa sin hacer ruido y se fue directamente a su cuarto sin ver a nadie. Oyó a Simón, pero no lo llamó. Afortunadamente él no estaba en el cuarto de estar.
El lunes por la mañana pospuso el momento de ir a la cocina hasta que oyó a Mariana llamándola. Cuando entró la niña estaba subida a la encimera tratando de sacar una caja de cereales de uno de los armarios.
-¿Qué estás haciendo? -preguntó Mar tomándola por la cintura y dejándola en el suelo.
-Tenía hambre y tú no estabas ¿te has dormido?
-Un poco ¿dónde está Amy?
-Está mirando cómo se viste papá -Mar sacó un tazón y fue a la nevera a buscar leche fría. A ella no le habría importado mirar cómo se vestía el papá de las niñas. 0 cómo se desnudaba-. Se va otra vez.
-Lo sé, pero son solo unos días. Amy y tú podéis. pintar el mural y puede que lo acabéis antes de que vuelva a casa.
Simón entró en la cocina llevando en brazos a Amy en el momento en que sonó el timbre de la puerta.
-Vienen a buscarme. Dejo aquí el coche -dejó a Amy en su silla y la dio un beso. Otro a Mariana y luego se enderezó y miró directamente a Mar .Ella se dio cuenta de que él quería darle también a ella un beso de despedida y dio un paso atrás-. Volveré el miércoles -saludó con la cabeza y se fue.
Mar se quedó inmóvil oyendo cómo saludaba a alguien y luego cerraba la puerta tras él.
-¿Puedo comer? -preguntó Amy mirando a Mar
El no podía besarla delante de las niñas, pensaba ella mientras preparaba el desayuno de Amy. Pero había querido hacerlo, lo sabía. Y aquella vez ella no lo habría apartado.
A las nueve de la noche Mar supo que Simón no llamaría. No había dicho que fuera a hacerlo, pero ella recordaba sus llamadas diarias desde Latinoamérica. Había pensado que él haría lo mismo desde Washington.
Se fue a su cuarto a estudiar. Al día siguiente tenía el primero de los exámenes finales y estaba decidida a aprobarlo. Naturalmente el proyecto suponía un alto porcentaje de la nota, pero también habría una prueba escrita.
Desgraciadamente no se podía concentrar. Se preguntaba qué estaría haciendo Simón¿habría llevado a sus clientes a cenar? ¿o había salido con amigos para divertirse y relajarse?
¿Habría alguna mujer que él conociera desde hacía tiempo y que también hubiera conocido a Valeria? ¿Alguien con quien pudiera hablar, una vieja amiga?
Era incapaz de prestar atención a las palabras, que bailaban delante de ella. El teléfono sonó. Corrió a la cocina y lo levantó antes del tercer timbrazo.
-¿Hola?
-¿Mar ?
-Sí.
-¿Están acostadas las niñas?
-Sí -hubo un pequeño silencio.
-¿Estás bien?
-Sí.
-Aunque no estás tan charlatana como siempre.
-Quizá sea mejor, así no te pongo la cabeza como un bombo.
-No me importaría -Ma se preguntó qué querría deci
r.
-¿Va todo bien por allí?
-Más o menos como esperaba.
-Pensé que habrías salido a cenar.
-Lo hice. Terminamos hace un rato. Por eso he llamado tarde.
-No sabía si ibas a llamar.
-¿Querías que lo hiciera? -ella contuvo el aliento ¿se atrevería a admitirlo?
-Sí, sí quería -dijo con firmeza. Él se rio con suavidad.
-¿Por qué? Después de lo de ayer casi esperaba que dejaras que respondiera el contestador.
-Ayer era mi día libre.
-¿Y por eso tenías que entrar a hurtadillas anoche?
-No entré a hurtadillas... exactamente.
-Solo supe que estabas en casa porque vi tu coche aparcado -prudentemente, Mar se quedó callada. Ella le había evitado el día anterior, pero el tenía que saber por qué-. ¿Mar ? Háblame.
-¿De qué?
-De cualquier cosa.
Apretando el auricular decidió hacer la pregunta que había estado atormentándola desde que llegó.
-¿Por qué no hay fotos de Valeria para que las vean las niñas? -oyó cómo él respiraba hondo y se preguntó si no había ido demasiado lejos. Pero él había dicho que podía hablar de cualquier cosa.
-Las retiré todas cuando murió.
-Hace tres años de eso. Creo que a Mariana le gustaría ver una foto de su madre. Preguntó cuando vio la que yo tengo de la mía en la cómoda. Ella no la recuerda, creo.
-Eso no es verdad.
-Simón tú no hablas de ella, no hay fotos ¿Cómo puede recordar una niña pequeña cuando no hay nada que refresque su memoria? Y Amy nunca tuvo nada que recordar -él estaba callado. Mar se preguntó qué más podía decir ¿Le había hecho enfadarse? ¿Entristecerse?-. ¿Simón?
-¿Qué?
-Cuéntame algo más de Valeria
-Como tú misma has dicho, está muerta.
-Pero no olvidada. Era una parte importante de tu vida y de la de tus hijas. Quiero saber más de ella.
-¿Por qué? -para saber con qué estaba luchando, fue su primer pensamiento, pero lo apartó.
-Para ayudar a las niñas, naturalmente.
-Escucha, MAr , si de verdad quieres saber más cosas de ella te las contaré cuando vuelva a casa.
-No, da lo mismo ¿cuándo vuelves?
-El miércoles por la tarde. Te llamaré mañana. Escuchó cómo colgaba él y lentamente colgó también ella. No debía de haber sacado el tema de conversación de Valeria. Sabía que iba a oír el tono de amor en su voz cuando hablase de ella. ¿Alguna vez percibiría ella ese amor cuando alguien hablase de ella?
Simón colgó el teléfono y se levantó de la cama del hotel y fue hacia la ventana. Washington brillaba en la noche, la cúpula del Capitolio estaba iluminada para que todo el mundo la viera. Apoyó la frente en el cristal y la vista que había ante él se fue difuminando mientras intentaba recordar a Valeria.
Cada día le resultaba más difícil. Lentamente tuvo que admitir que eso le pasaba desde que había entrevistado a una pétisa de piernas sexis.
CAPÍTULO 9
CUANDO sonó el teléfono el martes por la noche, MAr no lo descolgó, dejó que lo hiciera el contestador automático. -¿Mar ? Soy Simón. Por favor si estas ahí ponte.
Apretó los puños y se negó a descolgar. Tenía que guardar las distancias, había pensado mucho en ello y por fin empezaba a hacerlo.
-Estoy en el Willard de Washington. Llámame.
Dijo el número y colgó. Luego volvió a oír el mensaje por el placer de oír su voz y se fue a estudiar a su cuarto. No se dejaría arrastrar más por su pasión, tenía que mantener las distancias y lograr un poco de perspectiva.
Una hora más tarde el teléfono volvió a sonar. Tampoco contestó esta vez. Había empezado a estudiar para otro examen, conocía la materia y no estaba preocupada, pero no le vendría mal un repaso. Intentó concentrarse, pero oía el murmullo de la voz de Simón en el contestador.
Unos minutos más tarde sonó la puerta de la calle. Sorprendida, MAr miró el reloj. Era más tarde de las diez ¿Quién podría ser a esas horas?
Fue a la puerta y miró a través del panel de cristal. Había una pareja en el porche. Los conocía de vista, vivían en la misma calle. Abrió la puerta.
-¿Si?
-¿Es usted Marianella Rinaldi? -preguntó la mujer.
-Sí.
-Simon Arrechavaleta ha estado intentando hablar con usted- toda la noche -le tendió un papel-. Este es su número de teléfono. Quiere que lo llame. Pensó que podía haber pasado algo, ya que no respondía a sus llamadas.
Mar tomó el papel sintiéndose culpable. Naturalmente Simón se habría preocupado al ver que no contestaba. Sabía que tenían que estar en casa. Si no lo llamaba, se preocuparía más.
-Ahora mismo lo llamo.
-Compruebe antes que no le pasa nada al teléfono. Esperaremos. Puede que haya alguna avería y por eso no ha podido hablar.
-Estoy segura de que está bien. Si no puedo hablar con él los avisaré. Viven en la casa amarilla ¿verdad?
-Sí, somos Susan y Bill Peters. Hace varias semanas que la veo, pero no había tenido oportunidad de acercarme. Bienvenida al barrio.
-Gracias. Llamaré a Simón ahora. Gracias por haber venido.
La pareja se fue y Mar cerró la puerta. Menuda idiota había sido. Seguro que Simón estaba preocupado por sus hijas. Fue a la cocina y marcó el número.
-Arrechavaleta
-Hola Simón, soy Mar
-¿Va todo bien? He intentado hablar contigo varias veces, pero siempre salía el contestador.
-Todo está bien. Yo estaba... estudiando. Tengo exámenes finales esta semana. Mañana tengo uno.
-No puede ser que estés tan ocupada como para no poder levantar el teléfono y decirme que no puedes hablar -ella se quedó callada. Debería haber hecho eso.
-No quería preocuparte. Lo siento.
-¿Qué te pasa, Mar?
No se lo podía contar. Lo último que él quería oír era que la niñera de sus hijas se estaba enamorando de él y que tenía que proteger su corazón de la única forma que conocía. Y sin embargo ¿había otra forma de que dejara de presionarla?
-¿MAr?
-No puedo hablar, Simón. De verdad que tengo que estudiar. Todas estamos bien. Las niñas se fueron a la cama a su hora y pasamos un buen día. El mural está casi acabado, pero ahora tengo que irme. Buenas noches.
-Espera ¿a qué hora es tu examen final de mañana?
-A las diez.
-Bien. Para las tres habrás acabado ¿no?
-Acabaré antes de mediodía.
-¿Puedes ir a recogerme al aeropuerto? Llegaré en el vuelo de las tres en punto. Larry se queda aquí hasta el viernes así que necesito que alguien me lleve a casa.
-Vale, estaremos allí. Tengo que irme. -Buenas noches, Mar
Colgó el teléfono. Su corazón estaba desbocado. Mar sonaba muy íntimo viniendo Simón . El estaría en casa al día siguiente. Y entonces ¿qué?
Mar y las niñas llegaron pronto al aeropuerto. Fueron hasta la sala y se sentaron a esperar el vuelo. Amy y Maeiana estaban entusiasmadas con los aviones y los miraban despegar y aterrizar sorprendidas.
Cuando llegó el vuelo de Simón, Mar se puso en pie y fue a un lugar donde él pudiera verlas al salir. Había otras personas esperando. Por fin salió Simón
-Hola, papá -lo llamó Mariana
¡Papá! ¿viniste en avión? -preguntó Amy.
El se agachó a besar a las niñas, dándolas un abrazo. Luego se enderezó y miró a Mar , después, con los ojos brillantes, la tomó en sus brazos y la besó en la boca.
Sorprendida se dejó hacer, disfrutando del contacto, del latir de su corazón y del sentimiento de locura y romanticismo. El la soltó y esperó.
MAr lo miró confusa y luego se sintió invadida por la tristeza. No podía quedarse. No podía formar parte de su familia queriéndolo como lo quería. Tenía que marcharse.
El se pondría furioso. Ella le había prometido tres años. Pero si le explicaba la razón tendría que dejarla marchar. De hecho, si él sospechase que ella lo amaba probablemente la despediría para evitarla el problema de tener que marcharse.
El la tomó por la barbilla y volvió a besarla en los labios.
-Las echado de menos, a ti y a las niñas -ella intentó sonreír pero no le salió muy bien.
-Nosotras también te hemos echado de menos ¿acabaste con tus asuntos?
El se echó a andar tomando a Mariana de la mano. Mar llevaba a Amy. Por un momento sintió que eran una familia. Lo deseaba tanto que casi le dolía. Iba a ser muy duro dejarlos.
-Todo ha ido bien. Mejor de lo que esperaba. Por eso se ha quedado Larry, él terminará con los detalles y volverá para el fin de semana ¿Qué habéis hecho las tres? ¿Qué tal te ha ido el examen?
-Creo que bien. Tengo el último el viernes por la mañana.
-Así que estarás libre y lista para la fiesta el viernes por la noche ¿no?
-¿El viernes?
-La fiesta de los Andrew. Te lo pedí hace tiempo ¿recuerdas?
Se le había olvidado completamente. No podía ir ¿o sí? Sería la última noche juntos, un recuerdo para siempre.
-Si me acuerdo ¿a qué hora es?
-Nos iremos a eso de las siete y media. Dado que se te olvidó me imagino que no buscaste canguro ¿no?
-No.
-Jarcie Sue Morton se quedaba con las niñas si teníamos que salir Melody y yo. Está en el cuaderno de direcciones en el cajón que hay debajo del teléfono. Mira a ver si puede venir.
-No hay mucho tiempo. Si no puede se lo puedo pedir a mis tías. Tendrían que quedarse a dormir, hay toque de queda en su residencia. No pueden salir hasta tarde. Normas estúpidas, si quieres saber mi opinión.
Simón asintió divertido.
-Gracias por venir a buscarme.
-A las niñas les ha gustado mucho mirar los aviones. A lo mejor volvemos otro día solo para verlos.
Al llegar el fin de semana MAr pensaba que se había imaginado ella el beso del aeropuerto. Simon no había hecho nada desde que volvió que pudiera hacerla pensar que recordaba haberla besado. El jueves había vuelto pronto a casa y había pasado tiempo con las niñas antes de la cena. Cuando las niñas se acostaron él se fue a su despacho.
Mar no podía quejarse porque eso le daba tiempo para estudiar. Aunque no se podía concentrar, si él iba a la cocina ella iba a buscar un vaso de agua. Si él veía la televisión ella podía verle por la puerta abierta. Pero él no se acercó a ella.
El viernes terminó sus exámenes, recogió a las niñas de la guardería y se dirigió al centro comercial a buscar un vestido para la noche.
Quería un modelo perfecto. Uno que permaneciera en el recuerdo de Simon mucho después de que ella se hubiera ido. También quería algo que le diera valor para decirle que se marchaba. Iría a la fiesta, se divertiría todo lo que pudiera, y se lo diría cuando volvieran a casa.
Claro que no podría irse inmediatamente. Le daría unas cuantas semanas para que encontrase a alguien. Pero cuanto antes empezara mejor y ella tendría también que buscar otro trabajo.
Por un momento le surgió la duda ¿Tenía que marcharse? ¿Podría vencer lo que. sentía por Simon sin tener que irse?
Ella no creía que fuera a superar el haberse enamorado. Nunca había querido un hombre para compartir con él su vida. Sabiendo que no podía tener niños se había resignado a vivir sola. No había cambiado nada por haberse enamorado.
¡Se lo diría esa misma noche!
-Estás muy guapa, Mar -dijo MAriana con una sonrisa.
-Gracias, cariño. Estoy contenta de que te guste -MAr se miró al espejo. Estaba guapa. El vestido era perfecto, de un color rosa oscuro, suave y femenino pero muy sexy. Era corto, dejando ver sus piernas moldeadas por los altos tacones. Simon era lo bastante alto como para que pudiera llevarlos y él no quedar a su altura.
Se hizo un complicado peinado que la dejaba el cuello desnudo y mostraba sus pendientes de plata.
-Yo también estoy guapa -dijo Amy mirando el maquillaje que le había puesto su hermana. Las dos niñas habían querido pintarse. Se habían puesto tanta sombra y barra de labios que casi parecían payasos, pero las dos pensaban que estaban perfectas.
Se preguntó qué diría Simon . A lo mejor debía avisarlo para que les dijera un cumplido.
-¿Estás lista? -era la hora. Había oído llegar a Simon con la canguro hacía unos minutos.
Entraron en el cuarto de estar. Jamie Sue saludó a las niñas que corrieron hacia ella para enseñarla el maquillaje.
Simon miró a Mar de arriba abajo. Ella se ruborizó. Deseó que hubieran estado solos ¿la habría besado él si hubiera sido así?
-Estás muy hermosa -dijo él con suavidad.
-¿Y yo, papá? -dijo Amy moviendo mucho las pestañas. Antes de que Simon pudiera decir nada, Mar se acercó a él y le tocó el brazo.
-Las niñas decidieron arreglarse conmigo, están guapísimas ¿verdad?
-Ten confianza en mí -murmuró él. Se agachó hasta la altura de Amy y estudió su cara con gran seriedad, luego sonrió-. Estás preciosa, cariño. Muy arreglada.
-Sí. Y MAriana y yo nos vamos a volver a arreglar. La próxima vez llevaremos vestidos bonitos, como MAr
-Estoy deseando verlo.
-¿Podemos ir a bailar? -preguntó Marian
-Un día, cuando hayáis crecido un poco -se enderezó y miró a Jamie Sue-. ¿Alguna pregunta?
-No señor. Todo irá bien, siempre son buenas. Que se diviertan.
Los Andrew tenían una casa de campo. El aparcamiento estaba difícil y habían contratado servicio de aparcacoches, así que Simon condujo hasta la puerta y entregó las llaves a un joven. La terraza que rodeaba la casa estaba atestada de invitados. Camareros uniformados iban de acá para allá con bebidas y canapés.
Simon y Mar entraron en la casa y saludaron a los anfitriones. Luego se mezclaron con el resto de los invitados.
-¿Has venido por diversión o por negocios? -preguntó Marianella al ver que parecía buscar a alguien entre la multitud.
-Negocios. Las grandes fiestas no son precisamente mi idea de diversión.
-¿Por qué no?
-Prefiero las hamburguesas en el jardín trasero o ver la televisión con mis hijas.
-Lo hubieras pasado bien en la playa el pasado fin de semana.
-Ya te he dicho que la próxima vez iré.
Por un momento Mar estuvo a punto de olvidar que no habría próxima vez para ella. Sonrió y miró a otro lado. Cambió de idea, no iba a estropear la noche diciéndole que se iba. Ya tendría tiempo a la mañana siguiente.
-¿Proporciona seguridad tu empresa a los domicilios privados o solo a oficinas y edificios públicos?
-Las dos cosas. Y los Andrew son clientes desde hace años. Fueron uno de mis primeros domicilios privados. Te gustará Caridad Andrew si tienes oportunidad de hablar con ella. Te dejará la cabeza como un bombo, pero es graciosa y muy amable. Ah, aquí está la persona que quería ver -le puso la mano en la cintura y la guió hacia una pareja que acababa de llegar.
Pronto estuvo Mar escuchando a Simon y a Lance Warwick hablando de los inconvenientes de no utilizar los servicios de la compañía de Simon y comparándolos con los gastos. Cuando la esposa preguntó si Deanna trabajaba para Simon ella le explicó su relación.
Como Jenny Warwick tenía dos niños pequeños pronto estuvieron hablando de actividades veraniegas adecuadas para preescolares.
Caridad Andrew se unió a ellos pidiéndoles que fueran al jardín.
-Allí hay baile. Y las mesas del bufé están llenas -habló brevemente con Mar y Jenny y se dirigió a otro grupo.
El jardín trasero era enorme, con un toldo sobre las mesas a la izquierda y una orquesta de cinco músicos al fondo, además de una pista de baile. Linternas japonesas lo iluminaban todo.
Cuando Simon le pidió que bailase con él MAr sintió que le iba a estallar el corazón. Era una canción lenta y fue a sus brazos sin vacilar. Estaba allí para crearse un buen recuerdo y ¿qué mejor manera de hacerlo que bailar con el hombre que amaba?
Se adaptaban perfectamente en el baile. Ella se relajó y empezó a disfrutar el movimiento, de sentirse rodeada por sus brazos, del aroma de su perfume.
-¿Te estás divirtiendo? -la preguntó al oído.
Mar cerró los ojos y se imaginó cómo sería estar con él para siempre. Ir juntos a la cama y pasar la noche entrelazados. Oír su voz en la oscuridad de la noche diciendo cosas que solo ella habría oído nunca.
-He estado pensando en lo que dijiste de las fotos de Valeria-dijo él después de un rato.
-¿Qué?
-Que Marian y Amy necesitan fotografías de su madre para que sepan cómo era, para recordar que era su madre -ella asintió. Amaba las fotografías que tenía de sus padres. Era tan difícil recordarlos si no fuera por las fotografías-. El jueves por la noche saqué la caja de un armario para elegir un par de ellas. Las retiré todas cuando murió. Era extraño. Las miré anoche y fue mucho más fácil de lo que yo creía que iba a ser -dijo Simon .
Más fácil, pero no fácil. Valeria era joven y bonita cuando murió y habían sido felices el tiempo que estuvieron juntos. Por lo menos tenía eso.
Pero Vale había muerto y era hora de seguir hacia delante. Atrajo más a MAr, comparando involuntariamente a las dos mujeres. Valeria había sido mucho más alta, era más fácil bailar con Mar.
Y los sentimientos que tenía hacia MAr también eran distintos. Ella lo sorprendía con sus puntos de vista, su forma de ser y su entusiasmo por la vida. Lo sacudía, y él necesitaba eso. Había mantenido un férreo control sobre sus emociones durante tres años. Casi había privado a sus hijas de su padre.
Eso le hizo pensar en qué sucedería si a él le pasase algo ¿Quién amaría a sus hijas como él? ¿Quién se ocuparía de ellas hasta que se hicieran unas mujeres?
La canción acabó y Mar se apartó, sonriéndole. Simon tenía un deseo urgente de besarla. Pero no allí, no en medio de una fiesta de más de cien invitados. Cuando la besara quería que fuera en la intimidad de su casa.
Y puede que esta vez no se conformara con besos. Le había dicho a ella que no quería un lío, pero ahora se preguntaba si no sería mentira. Deseaba a MArianella Rinaldi y tenía intención de tenerla.
CAPÍTULO 10
Marianella se despertó el sábado por la mañana en un estado de ánimo maravilloso. La fiesta había sido estupenda. Recordó cómo habían bailado Simon y ella toda la noche. Simon también parecía haberlo pasado bien.
El único momento de tensión fue cuando él se fue para llevar a casa a la canguro. Le había pedido que lo esperase, pero ella corrió a su cuarto como un animalito asustado. Tenía que proteger su corazón y un encuentro nocturno con Simon no era la mejor forma de hacerlo.
Pensó qué iba a hacer con su día libre. Ya no tenía clases y se anunciaba un perezoso día de verano. Tenía todo el fin de semana ante ella, pero no tenía planes ni ningún deseo ardiente de hacer nada en especial.
Le comunicaría a Simon su decisión de marcharse, pero la necesidad urgente del día del aeropuerto se había desvanecido. Había tiempo suficiente el lunes para decírselo. El no podía hacer nada para buscar una sustituta en el fin de semana, ¿por qué preocuparlo?
A lo mejor iba a la biblioteca y buscaba una novela para llevarse a la playa. Leer, nadar y echarse una siesta parecía un buen programa.
Por un momento la realidad de marcharse le resultó abrumadora, había tomado cariño a las niñas y las iba a echar mucho de menos cuando se fuera ¿las querría la próxima niñera? ¿habría alguien más que las estimulase a pintar, a correr y a reír? ¿0 seguirían el régimen estricto que había seguido Melody?
Se puso unos shorts y una camiseta sin mangas y se dirigió a la cocina. Entonces se dio cuenta de lo tarde que era, más de las once. Estaba sorprendida de no haber oído a las niñas ¿Dónde estarían todos?
Miró por la ventana y vio a MAriana y Amy jugando en el foso de arena, con un cubo de agua a su lado. MArian estaba muy concentrada en construir un castillo, usando el agua para mojar la arena. Amy cavaba al azar, muy atenta también. Estaban hablando, pero Mar no podía oírlas.
Corrió hacia su cuarto a buscar el cuaderno de apuntes. Tomó un par de carboncillos y volvió a la cocina empezando a dibujar a las niñas. El cuaderno estaba casi lleno de apuntes de la familia Arrechavaleta, desde sus dibujos fantásticos de Simon vestido de vikingo hasta los distintos retratos de las niñas. Sabía que era el mejor trabajo que había hecho nunca.
-Buenos días -se dio la vuelta sorprendida al oír la voz de Simon , no lo había oído. Estaba apoyado en el quicio de la puerta, mirándola.
-Hola.
-Ayer te fuiste muy pronto a la cama.
-Estaba cansada. Lo pasé muy bien, tus amigos son muy agradables.
-¿Has desayunado?
-No, es ya casi la hora del almuerzo, esperaré un poco y ya comeré algo cuando salga.
-¿Vas a algún sitio?
-Pensaba ir a la biblioteca. Luego vi a las niñas en el jardín y quise captarlas en el papel.
-¿Puedo verlo? -se acercó a ella. Mar casi no podía respirar ¿le gustaría? ¿Pensaría que había captado el gesto de concentración de MArian, que había captado las personalidades de sus hijas?
-Claro.
Por primera vez se preguntó cómo le iba a hablar de su decisión de marcharse. El se iba a decepcionar porque no se quedaba el tiempo acordado. Pero la próxima vez encontraría a alguien que no cometiera el error de enamorarse de su jefe.
-Tienes talento -murmuró él al ver el dibujo.
Sonrojada dio un paso atrás. Estaba feliz de que le hubiera gustado el dibujo, pero no era buena idea estar cerca de él. Deseó lanzarse a sus brazos y pedirle que la besara. Seguro que se sorprendería mucho.
-¿Quieres café? -preguntó, necesitaba hacer algo.
-Vale.
Ella se volvió para llenar la cafetera pero al oír el ruido de papel se giró a toda prisa ¡Demasiado tarde! El ya estaba mirando sus otros dibujos.
-¡No! -corrió hacia él, pero Simon no la hizo caso, estaba mirando el dibujo del guerrero vikingo. Pasó otra página y encontró uno en el que él estaba en la cama, con una sábana sobre la parte inferior del cuerpo. Sus músculos resaltaban claramente.
Mar se quedó inmóvil, deseando que la tierra se abriera y se la tragase. Alargó la mano para quitarle el cuaderno, pero él se dio la vuelta poniendo su cuerpo entre ella y el cuaderno, pasó otra página, y otra más.
De pronto, bajó el cuaderno y la miró. Sus ojos eran ardientes y escrutadores. Mar no sabía qué hacer pero no podía apartar su mirada de la de él. Se pasó la lengua por los labios nerviosamente y la mirada de él la siguió como la de un halcón.
-Estos son... interesantes. Una vez me dijiste que eras buena, pero no súper. Creo que eres demasiado crítica. Yo creo que estos dibujos son excelentes.
-Tareas para clase.
-No lo creo -buscó el del vikingo y se lo mostró-. ¿Este?
Ella tragó saliva mirando el dibujo, era uno de los mejores. El le enseñó el guerrero en reposo con las niñas en el jardín. El silencio se hizo más espeso ¿qué podía decir?
-MAr , hay algo que quería haberte dicho anoche, pero desapareciste antes de que volviera de llevar a la niñera a su casa. Ahora pienso que fue mejor, que esperásemos, quiero decir.
¿Eh? ¿De qué querías hablar?
El dejó el cuaderno sobre la encimera y se cruzó los brazos sobre el pecho.
-No estoy seguro de cómo empezar.
Ella se sorprendió, nunca había pensado que oiría a Simon expresar ninguna inseguridad ¿la iba a despedir? ¿se había dado cuenta de que los dibujos eran las fantasías de una mujer enamorada?
Estuvo a punto de echarse a reír. Ella había planeado dimitir el lunes y él la iba a echar en ese momento. Debía haber respetado su plan original.
-Parece que te gustan las niñas.
-Las quiero. Son encantadoras. Has hecho una buena tarea al educarlas. Espero que sigas haciéndolo.
-Mientras esté.
-¿Qué quieres decir? -la entró el pánico-. ¿No estás enfermo, verdad? ¿No tienes ninguna enfermedad grave, no?
-No, pero nunca se sabe. Ya han perdido a uno de sus padres. Me preocupa pensar lo que sucedería si a mí me pasase algo.
-Ah, bueno. Estoy segura de no te pasará nada. Y en el caso improbable de que fuera así, tus- padres están ahí.
-Son demasiado viejos para hacerse cargo de dos niñas revoltosas. No querría que ellas tuvieran que vivir con gente tan mayor.
-Melody.
-En realidad estaba pensando que sería mejor para ellas que si me pasara algo pudieran estar en la casa, seguir con sus costumbres -MAr asintió con la cabeza preguntándose adónde querría ir a parar-. Quiero que tú te quedes a cargo de las niñas si a mí me sucede algo. Que les des la continuidad y el amor que necesitan.
-¿Quieres que sea la tutora de las niñas si te pasa algo?
-El dinero no sería ningún problema. Yo lo dejaría previsto. Pero ellas te adoran. Has traído algo nuevo a sus vidas y se nota la diferencia.
-Simon, probablemente llegues a viejo, no me necesitas como tutora -aquella conversación no estaba saliendo como ella esperaba. Ya iba siendo hora de decirle que se iba, antes de que él hablase de los dibujos.
-Lo harias MAr? ¿Estarias interesada En formar parte de esta familia y estar aquí para ellas?
-No sé cómo puedo pensar en ello -él se detuvo un momento y luego dijo:
-Se simplificarían mucho las cosas si nos casásemos.
¡Casarse! La alegría la invadió. No podía pensar. Simon estaba sugiriendo que se casaran.
-Iba a marcharme -dijo ella.
-¿Marcharte? ¿De qué estás hablando?
-No, de nada. No puedo pensar. No puedo casarme contigo -él la miró atentamente-. Quiero decir, tú no puedes querer casarte conmigo.
-No te lo habría dicho si no fuera así. Y después de ver tus dibujos sospecho que no te soy totalmente indiferente.
Ella dejó de mirarlo y resbaló su mirada por la cocina, como buscando algo que la guiase. ¡Casarse con él! Ella lo quería ¿cómo no iba a desear pasar con él el resto de su vida?
Pero él no la amaba a ella. Los dibujos solo mostraban sus sentimientos, no los de él. El no había insinuado siquiera que hubiera ninguna implicación sentimental por su parte ¿Sería ella solo una esposa suplente? ¿alguien que cuidara de sus hijas?
Ella sacudió la cabeza. Él evidentemente no sabía un dato importante que le haría retirar su propuesta en un instante.
-No puedo tener hijos -él pareció sorprendido.
-No lo sabía ¿Quieres niños? Más, quiero decir, aparte de Amy y MArian.
-Claro que no. Pero los hombres quieren hijos varones.
-Lo dices como si fuera una ley o algo así.
-Sé que los hombres quieren hijos. Lo he oído toda mi vida. Hijos para hacer cosas con ellos, para relacionarse con ellos, de hombre a hombre. Tú dijiste eso, que te relacionarías mejor con chicos. Y necesitas un hijo para que lleve tu apellido.
Él se acercó a ella, que estaba apoyada en la encimera. Puso una mano a cada lado de sus caderas, sujetándola entre los brazos, pero sin tocarla. MAr lo miró indefensa.
-Yo ya tengo dos hijas. No tenía idea de tener más. No creo que eso sea un problema.
-Pero un hijo...
-¿Qué tienen de malo las niñas?
-¡Nada! Pero toda mi vida he oído lo triste que era que mis padres no hubieran tenido un hijo, que mi padre no tuviera un chico que siguiera sus pasos y llevara el apellido de la familia.
-Entonces es que a lo mejor tus padres querían un chico. Pero apuesto a que querían a su niña. No querían un chico en lugar de ti, sino además ¿no?
MAr se dio cuenta de que él tenía razón. Nunca le había oído decir a nadie que hubiera deseado que ella fuera chico. Incluso sus tías hablaban de más niños.
-Supongo, pero...
-¿Es esa la razón por la que decías que no te casarías nunca? ¿Porque no puedes tener niños?
Ella asintió con la cabeza ¿sería posible que él siguiera queriendo casarse? ¿a pesar de todo?
-Eso no es un problema para nosotros. Tenemos a las niñas. Y yo tengo dos hermanos que pueden continuar el apellido de la familia. Nunca fue esa una meta de mi vida.
La esperanza empezó a florecer, pero ¿podría casarse con un hombre sabiendo que amaba a una mujer muerta?
-¿Así que quieres que nos casemos para que las niñas tengan una nueva madre?
Simon vaciló y la miró a los ojos.
-No exactamente.
-¿Entonces qué exactamente?
-Quiero una esposa. Quiero que tú seas mi esposa, MAr
Se le llenaron los ojos de lágrimas. Ojalá fuera cierto lo que decía.
-No llores. No quería hacerte llorar. Si la idea de ser mi mujer es tan disparatada podemos encontrar un plan alternativo.
-Eso suena muy profesional, lo del plan alternativo.
-Puedes sacarte tu título, encontrar un trabajo. Lo que tú quieras. No llores, haré lo que me pidas.
-¿Podrías quererme?
-¿Qué has dicho? -Simon se quedó helado, sus ojos lanzaban destellos.
-Nada, no he dicho nada -deseó morirse ¿podría escaparse de entre sus brazos, salir corriendo y no volver nunca más?
-Una de las cosas que pensé que tendría que hacer era darte tiempo. Esperaba que llegases a interesarte por mí como por mis hijas. Pero al ver los dibujos tan sexys que has hecho supe que no tenía que esperar. No estoy seguro de cómo ha pasado, pero la mujer que hizo esos dibujos no me es indiferente. Yo te quiero, Mar. Quiero que seas mi mujer. Te deseo de todas las formas que un hombre desea a una mujer.
-Pero tú quieres a Valeria
-La quería, la quise mucho y siempre habrá un sitio en mi corazón para ella. Pero se ha ido, Mar. Y tú estás aquí. Hermosa, con talento, cálida y cariñosa. Tus besos me vuelven loco, tu amor por la vida alegra mi corazón. Hay tantas cosas que quiero explorar contigo, como ver ese cabello tuyo esparcido en mi almohada o oír tu risa todos los días. Quiero que me mires con el amor que brilla en tus ojos cuando miras a mis hijas. Quiero verte por la mañana y por la noche y envejecer contigo. Lo quiero todo, MAr.
-Dijiste que no querías volver a casarte
-Estaba asustado. Siempre tendré miedo de que te pase algo, pero tengo que correr el riesgo. Si no sé que te marcharás, antes o después y eso es algo que no puedo soportar. Quiero que te quedes en mi vida para siempre.
-¿Para siempre? Oh,Simon , te quiero tanto. Iba a marcharme porque no podía soportar estar enamorándome más y más y pensar que no había ninguna esperanza de un final feliz.
-¿Significa eso que tu respuesta es «sí»? -dijo él abrazándola.
-Sí, sí. No puedo creerlo. Hace diez minutos estaba pensando cómo decirte que me marchaba. Y ahora me quedo y me voy a casar contigo, y a tener una familia. Oh, Simon un día tendremos nietos ¿de verdad me quieres?
-Claro que te quiero. Luché contra ello, pero no pude.
-No estás preocupado por lo que te pueda suceder, ¿verdad?
El sonrió.
-Era la única excusa que se me ocurrió. Pensé que si nos casábamos las cosas acabarían por salir bien. Contaba con que los besos y el hacer el amor te conquistarían.
-No hacía falta. Me conquistaste con tu primera llamada desde Latinoamérica. Luego me esforcé para que no lo notaras.
-Podías haberme dado una pista.
-Desde que tuve la infección que me impidió tener hijos eliminé el matrimonio de mi plan de vida. Iba a ser una profesional.
-Si quieres trabajar, puedes hacerlo. Si quieres pintar por placer, también. Lo único que te pido es que nos quieras a mí y a las niñas.
-No pides mucho, Simon . Nada que no tengas ya. Te quiero con toda mi alma. Seré la mejor esposa del mundo.
-Basta con que seas tú misma, cariño. Eso hará que seas la mejor del mundo.
-La mejor esposa.
-No. La mejor. Punto y aparte.
Ella hubiera dicho algo más, pero su beso la dejó sin palabras. Su corazón se inundó de amor y rodeó el cuello de él con sus brazos.
Tendrían que solucionar algunas cosas, con las niñas, con la familia de él, pero eso ahora no la preocupaba. Sabía que estaba donde tenía que estar, entre los brazos de Simon Arrechavaleta. Para siempre, había dicho él.
Parecía bastante tiempo.
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ResponderEliminarHola percha como estás?
ResponderEliminaracá estoy de nuevo! jajaj espero acordarme lo que te había
comentado JUM JUM espero que esta vez se publique, y tenga en cuenta
mi tristeza no como vos cof cof jajaja
como te había dicho anteriormente me dio mucha tristeza la situación de
Mar, tenía la esperanza que sea un error o que ocurra un milagro
y se le de el de tener el bebé varón :(, por el que tanto sufrió
hubiese sido muy lindo,pero supongo que son cosas de pasa también :(
me encanto que el haya sido muy comprensivo con ella.
sacando ese temita, AME la novela! son tan pero tannn tiernos!
me encanto tanto que me quedo el sin sabor de que siguiera, :(
y así ya que estamos, como un comentario al aire, como para tenerlo
en cuenta de acá a futuro jajaja (la cual sea aplicable a la nove que
ya empezaste a subir :D ) que el final feliz dure más que los últimos
renglones cof cof jajaja
no es queja ni nada pero todas tienen el denominador común que son felices
en los últimos renglones, y el sufrimiento como que se explaya cof cof jaja
la cual esa ultima parte por suerte no se aplico acá, no se si estoy más
emocionada por la ternura de la novela o porque ame a Simón que no la hizo
sufrir a mar y fue tan tierno con ella jajaja (cosa raras en tus noves cof cof)
espero lo tengas en cuenta con mi simón y seas paciente con él que necesitará
de tu amor y tu comprensión jajajja! (otro comentario extra:P)
ahora si volviendo a la novela te dije que son muy tiernos? creo que si
pero no me canso de decirlo, cuando leía el final me daban ganas de entrar
en la novela y abrazarlos!! son tan dulce! y como me reí con los dibujos
de Mar, su imaginación volaba y él con su obsesión de verla con el cabello
suelto jajaja. Sigo sin entender como simón se llevaba con su esposa anterior
es que va tanto con la personalidad de Mar que no se entiende, pero bueno
estos dos son pura ternura que me quede con muchas ganas de leer la boda y
mucho más..
bueno creo que no me falta nada por comentar, o al menos
es todo lo que me acuerdo por ahora.. jajajja
Gracias por compartir tus noves, más allá de las quejas sabes que las amo!
nos estamos leyendo!
besos!
Jess
Que bueno que te gusto percha, es la idea. Con el tema de la felicidad en los ultimos capitulo te puedo decir que son noves cortas jaja tendria que tener 333 capitulos para hacerte sufrir mas cofcof o bien con momentos mas felices. La realidad que las adaptaciones son cortas. Inicio nudo y desenlace. Percha espero leer tu nove pronto y que no me haga enojar mas jum jaja. }besos
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