miércoles, 24 de enero de 2018
Capitulo 4 y 5 : "La Niñera"
CAPÍTULO 4
Estupida, estúpida, estúpida! Gimió Mar mientras se metía en la cama ¿cómo había podido lanzarse a sus brazos? Hacía menos de una semana que lo conocía.
El iba a pensar que estaba loca ¡Seguro! 0 peor aún ¿qué pasaría si él pensaba que ella lo había hecho a propósito? ¿se volvería a pensar el que ella estuviera cuidando a sus hijas?
Cerró los ojos, incapaz de resistir la tentación de recordar el beso. Su cuerpo todavía hormigueaba ¿cómo podía ser que el simple roce de sus labios la hubiera afectado tanto? Nunca antes había sentido algo así. A lo mejor era por la hora, o porque la había despertado de un sueño profundo.
Se pasó los dedos por los labios y se estremeció. Hacía menos de una semana que tenía el empleo y ya lo había puesto en peligro. No podía permitirse perderlo, tenía que dejar claro que ella seguía siendo la mejor opción. Tenía que asegurarse de que él no tenía ninguna duda con respecto a su capacidad.
Si él mencionaba el beso ella podía hacer como que no se acordaba ¿Podría convencerlo de que estaba sonámbula? Probablemente no, él era demasiado astuto. Maldita sea ¿qué podía hacer?
¿Por qué tenía que ser tan impetuosa? Podía haberle garantizado con tranquilidad que se ocuparía de sus hijas mientras él estaba fuera. Y puede que también hubiera resultado apropiado un tranquilo: cuídate.
Pero no, tenía que abrazarlo, besarlo, y decirle que no fuera un héroe muerto. Claro que el beso que la tenía tan preocupada era el que él le había dado a ella.
Simón normalmente se iba a trabajar antes de que se despertasen las niñas, así que no se preocuparon de su ausencia la mañana siguiente. Aunque Mar contaba con que Simón pasase la mayor parte de los fines de semana en casa, ni Matiana ni Amy parecían echarlo de menos. Incluso cuando Mar les explicó que él podría estar fuera un par de días, ellas no parecieron afectarse. La conmovió que se sintieran tan cómodas estando con ella.
Aquel día pensaba llevarlas a visitar a sus tías. Eugenia y Love habían telefoneado dos veces desde que les dio el nuevo número de teléfono y estaban ansiosas de verla y de que les hablase de su nuevo trabajo.
El teléfono sonó cuando estaban a punto de salir. Mar contestó y su corazón dio un pequeño vuelco cuando reconoció la voz de Simón
-¿Va todo bien? -preguntó. Había ruido de fondo y no se le podía oír con claridad.
-Si. Las niñas están muy bien ¿dónde estás?
-Hemos aterrizado hace unos minutos. Sigo en el aeropuerto. No sé cuánto tiempo estaré liado con esto. A veces estas cosas se resuelven rápido, pero generalmente no.
-No es peligroso ¿verdad? -él dudó antes de negarlo un tiempo lo bastante largo como para que ella lo notase ¿decía eso para tranquilizarla? Ella tenía que confiar en que él sabía cómo manejar la situación, pero empezó a preocuparse-. Las niñas están bien. Te van a echar de menos.
-Y tú ¿cómo estas?
-Bien.
-Siento lo de esta noche. No suelo ir por ahí besando a mis empleados -su voz era áspera, y tenía un tono de desaprobación. Mar tomó aire, y se sorprendió al oír su propia voz tranquila y con un tono normal.
-Yo no debí abrazarte. Espero que no hayas llegado a una conclusión equivocada. 0 sea, que no estaba coqueteando ni nada de eso. Es solo que parecía que... no sé, como te ibas y todo eso...
-No he llegado a ninguna conclusión. Tú eres cariñosa, he notado cómo tocas a las niñas. Era tarde -se aclaró la garganta-. La verdad es que fue... agradable el que alguien me dijera que tuviera cuidado.
-Ah, bueno -se aferró al teléfono deseando que se le ocurriera algo más que decir ¿querría hablar con sus hijas? Cerró los ojos y lo vio tan claramente como si estuviera allí. Cuídate, pensó con vehemencia.
-Tengo que irme. Si puedo llamaré más tarde -dijo él de pronto.
-No te preocupes por nada de aquí, estoy al cargo ¿recuerdas?
-Te sorprendería saber todo lo que recuerdo.
La línea quedó muerta. Durante un rato ella escuchó el tono del teléfono intentando descubrir qué había querido decir con aquella frase misteriosa.
-¿Nos vamos? -preguntó Mariana
-Yo ya estoy -dijo Amy dos segundos más tarde.
Colgando el teléfono, Mar sonrió a las niñas, viendo a su padre en sus caras ¡No se iba a dejar llevar por ensoñaciones acerca de Simón ! El había llamado para comprobar cómo estaban sus hijas y para pedir disculpas por el beso.
Ella no quería que pidiera disculpas. Más bien preferiría otro beso.
-Sí, nos vamos ahora mismo.
Sabía tan poco de Simón , meditó mientras conducía hacia Ocean View. El echaba de menos a su mujer, de eso se daba cuenta. Pero ya habían pasado tres años ¿Había empezado él a dejar atrás su pasado? ¿Había vuelto a salir con mujeres o seguía estando demasiado apenado para hacerlo?
A lo mejor debería hablar de él con sus tías. Ellas eran sabias y sabían qué era perder a alguien. A lo mejor le aclaraban algo de los sentimientos deSimón . Y la ayudaban a evitar situaciones incómodas, como aquel beso abrasador. En adelante tendría que vigilar su impulsividad. Simón no era un niño al que se pudiera abrazar impulsivamente cuando le apeteciera.
Como Mar había sospechado, a las tías les encantaron las niñas. Mariana y Amy empezaron a charlar con ellas enseguida sin la timidez que muestran a veces los niños con los desconocidos.
Eugenia Murray y Love Stephens tenían su propio apartamento de dos habitaciones en la residencia, pero era muy pequeño e insistieron en ir al jardín común.
-Hace un día lo bastante bueno como para estar aquí -comentó Eugenia mientras se sentaba en uno de las bancos de hierro pintados de blanco que estaban bajo un frondoso roble. Deanna se dio cuenta de que la artritis la estaba molestando y deseó que hubiera algo que ella pudiera hacer.
Eugenia era alta y delgada y el pelo blanco enmarcaba limpiamente su cara. Sus ojos eran del mismo tono azul que los de Deanna y llevaba un sencillo vestido que parecía elegante.
-Nos acatarraremos en cuanto empiece el otoño -dijo Love sentándose en el banco de al lado. También delgada, Love no tenía la misma prestancia que su hermana mayor y su ropa siempre parecía un poco desarreglada. A pesar de que siempre estaba limpia, era sorprendente lo deprisa quee se le arrugaba en cuanto se la ponía.
-Ven a sentarte conmigo, Mariana, y cuéntamelo cómo es que Mar se ha ido a vivir con ustedes . Antes vivía con nosotras ¿sabes? -dijo la tía Love señalando un sitio a su lado.
-Quiero que vengas a vernos a menudo -dijo Eugenia-. No es lo mismo ahora que vivimos separadas. Te echo de menos.
-Vendré tan a menudo como pueda escaparme -prometió Mar
-Trae a las niñas. Siempre me ha gustado estar rodeada de niños. Siento que tu padre no tuviera más. Un hijo o dos que transmitieran el apellido.
-Ya me lo has dicho más veces -no pudo evitar murmurar Mar. Siempre había sido un punto que escocía ¿no era bastante con ella? ¿por qué tenían que lamentar, primero su padre y luego sus tías, la falta de un hijo?
-Las chicas son especiales -dijo Love con amabilidad, mirando a Mar-. Fuiste especial para nosotras desde el primer día que llegaste a vivir a nuestra casa.
Mar sonrió a su tía. Pero por más que intentara Love suavizar las cosas no podía negar que los hombres querían un hijo para transmitir su apellido. Mar lo sabía, lo había oído muchas veces cuando era pequeña.
Con dos hijas ya, si Simón se volviera a casar querría un hijo. Puede que más de uno. Sus amigos Teffy y Luca habían hablado de tener hijos, Luca quería primero un chico, luego una chica.
Suspirando, Mar dejó de pensar en esas cosas. El mundo era como era y no había nada que ella pudiera hacer para cambiarlo.
Las niñas corrían por el césped, jugando y riéndose, parándose de vez en cuando a charlar con los distintos residentes y luego corriendo hacia Mar para informarla de su breve conversación.
-Son adorables -dijo Love.
-Y tienen mucha energía -añadió Eugenia.
-No siempre, están muy silenciosas y tranquilas en casa. El primer día me preocupé pensando que no iba a encajar. No sé si se debe o no a la influencia de Melody. A su padre parece gustarle que tengan una rutina estricta.
-¿Qué tal se lleva con las niñas?
-Creo que está loco por ellas, pero no sabe bien cómo tratarlas. Y en las pocas conversaciones que hemos tenido me ha parecido que su mujer se ocupaba de Marianita y él no tenía mucho que hacer con ella. Su mujer murió al dar a luz a Amy.
-Bueno, los hombres no sirven de gran cosa con los bebés -dijo Eugenia.
-Sexista. Me temo que no solo los hombres tienen puntos de vista muy definidos en ese tema.
Cuando le preguntaron que a qué se refería les contó la discusión que tuvo con Simón la primera noche acerca de su comentario sobre el trabajo de mujeres y que casi había pensado en dejar el empleo antes de empezar.
Eugenia la miró atenta, pero Mar sabía que no había contado nada de más. No había nada que contar, le gustaba trabajar para Simón . Y su beso seguiría siendo un secreto.
El fin de semana pasó con rapidez. A MAr no le importaba haber perdido sus días libres, ella y las niñas tenían muchas cosas que aprender las unas de las otras y le gustaba estar con ellas. Su inocencia y su curiosidad le parecían deliciosas.
Los primeros días de la semana siguiente, sin embargo, se le hicieron eternos. Mar asistió a sus clases, aliviada al comprobar que las niñas disfrutaban en la guardería. Les parecía que era una especie de premio, lo que simplificaba las cosas.
Tenía varios trabajos que terminar para el final del semestre y le llevaban la mayor parte de su tiempo libre, así que no era porque estuviera aburrida.
Pero se encontraba a sí misma pensando en Simón en muchos momentos del día y, desde luego, cuando él llamaba por las noches.
El miércoles, en lugar de ponerse a estudiar en cuanto acostó a las niñas se sentó al lado del teléfono. Él había llamado todas las noches a las ocho y media y, dado que según sus normas las niñas debían acostarse a las ocho, estaba claro que no llamaba para hablar con ellas. Es decir, que la llamaba a ella.
Le gustaban mucho aquellas llamadas nocturnas, aunque tenía que admitir que no tenían nada de especial. Eran perfectamente previsibles: él preguntaba por las niñas y luego le contaba cómo iban las negociaciones. Cuando habían agotado esos temas había un silencio. Ella deseaba poder verlo, adivinar qué estaba pensando ¿querría hablar de alguna otra cosa? ¿o simplemente era que le gustaba tener un contacto con su casa? Después él decía que cuidase de sus hijas y colgaba.
Pero aún así le gustaba oír su voz y le hacía sentir ternura. Había pasado más tiempo hablando con él por teléfono que en persona ¿sabía más de él por la forma en la que hablaba de las negociaciones? ¿por las breves descripciones que le daba de los miembros del equipo de rescate? ¿o se lo estaba imaginando todo otra vez?
Perdida en sus pensamientos, se sorprendió al darse cuenta de que eran más de las nueve. Esa noche no iba a llamar, tampoco es que tuviera que hacerlo, solo,que ella se había acostumbrado a sus llamadas. El probablemente pensaría que ella era tonta por desearlas tanto. Se levantó de la silla. A lo mejor las cosas estaban fuera de control allí donde estaba él. Sonó el teléfono.
-¿Hola?
-¿Mar ? Soy Simón -como si ella no reconociera su voz instantáneamente.
-¿Estás bien? -tenía voz de cansancio ¿estaría cuidándose? Por Dios, era un adulto. Se había apañado sin ella toda la vida.
-Mejor que bien. Los hemos rescatado a todos sin haber heridos.
-Eso es estupendo. Lo hiciste tú ¿no? Lo convenciste para que los soltara. Te debes de sentir un héroe. Estoy muy contenta de que todo saliera bien.
-Si, yo también estoy muy satisfecho.
-Quiero oír todos los detalles ¿qué fue lo que le hizo rendirse?
-No puedo hablar mucho. Me tengo que ir dentro de un minuto, pero quería saber cómo estabas. Ya te contaré más cuando llegue a casa.
-Estoy contenta de que hayas llamado. Lo celebraremos cuando vengas, pondré a enfriar el champán y las niñas y yo te prepararemos tu cena favorita ¿qué quieres que hagamos? -hubo un silencio al otro lado de la línea.
-No tienes por qué hacer eso -dijo con lentitud.
-A las niñas les encantará hacer una fiesta ¿o es que no celebras con ellas tus éxitos?
-Nunca lo he hecho.
-Entonces esta será la primera vez ¿cuál es tu plato favorito?
-El chuletón.
-¡Qué original! -él se rio.
-Estamos ahora liados con los informes y haciendo planes para garantizar en el futuro la seguridad de la familia. Pero quería llamarte, sabía...
-¿Sabías qué? -preguntó Mar
-Da igual. Tengo que irme ahora. Volveré a finales de semana.
-¿No sabes cuándo?
-No. Ya te informaré.
-Planearemos la fiesta para el sábado, habrás vuelto para entonces ¿no?
-Si, seguro. Cuídate, tengo que irme.
Mar colgó el receptor. No le había preguntado por las niñas, claro que había sido una conversación apresurada. Pero a pesar de sus obligaciones había hecho un hueco para llamarla.
Él lo había conseguido. Gracias a su habilidad había una familia que estaba libre y segura aquella noche. Sacó el cuaderno de apuntes y dibujó con furia, con trazos amplios para captar a Simón como un intrépido explorador, abriéndose paso por la jungla.
Lo que más trabajo le dio fue su cara, no conseguía captar la expresión. Parecía que no era capaz de pasar al papel aquel aire de tristeza que aparecía de vez en cuando. Pero sí podía dibujar su virilidad y energía, y su atractivo sexual que la atormentaba hasta el punto de que se planteó si alguna vez le podría ver solo como su jefe, como alguien que la había dado un empleo.
El viernes Mar se preguntaba si sería ese el día de la vuelta de Simón . En su llamada telefónica de la noche anterior no la había dicho nada. Ella deseaba que acabase rápidamente y volviera a Virginia. La paciencia no era la más llamativa de sus cualidades.}
Había muchas cosas que quería contarle de sus hijas. Mariana y Amy estaban floreciendo. Les encantaba jugar al aire libre y tenían mucho mejor color.
También les gustaba pintar. En cuanto vieron las pinturas de ella rogaron y engatusaron para que las dejase pintar. Mar compró unas acuarelas, un bloc de dibujo y un rollo de papel de envolver. Clavó el papel en la pared que estaba debajo de las escaleras, a la altura de las niñas, y las dejó que empezaran un mural. Pasaban las tardes al aire libre aprendiendo a pintar las flores y los árboles.
Mar colocó sus obras de arte por toda la casa, era difícil saber quién estaba más orgullosa de los dibujos, si la artista o MAr . Mariana tenía muy buen ojo para el color, a Amy le gustaba mezclarlo todo. Pero Mar trataba cada nueva creación como si fuera de un valor incalculable. Le encantaba verlas sonreír orgullosas cuando alababa su trabajo.
El viernes por la tarde las dos niñas estaban vestidas con las camisetas que MAriana les había dado para que las sirvieran de batas. Una gruesa capa de periódicos protegía el suelo de manchas mientras MAriana y Amy pintaban cuidadosamente su mural. MAr había dibujado árboles y flores y una casita de chocolate que las niñas estaban coloreando.
Mar estaba sentada en el suelo, cerca de ellas, haciendo un boceto de las niñas pintando. Le gustaba verlas tan concentradas. Maroana tenía la lengua fuera mientras se esforzaba en no salirse de los límites del dibujo al colorear, Amy mezclaba colores hasta que se sentía satisfecha del resultado y entonces los esparcía por el papel.
La puerta se abrió y entró Simón . Se detuvo atónito al ver que sus hijas estaban pintando la pared de debajo de las escaleras.
-¿Qué demonios está pasando? -dijo cerrando la puerta de una forma que no auguraba nada bueno.
Mar levantó la mirada, con el corazón en la boca ¡él había vuelto! Y estaba más maravilloso de lo que ella recordaba.
Y furioso.
Se puso en pie y se limpió las manos en sus pantalones cortos.
-Hola, ya has vuelto-. El dejó la maleta en el suelo y miró a sus hijas atentamente.
-¡No me puedo creer que las hayas dejado que pinten la pared! El salón está lleno de juguetes, hay pintura en las paredes. Están vestidas como si fueran unas golfillas ¿Es esto lo que usted llama responsabilizarse, señorita Rinaldi? ¡Niñas, dejad los pinceles y suban a su cuarto!
-Esperen un momento -ordenó MAr a las niñas, acercándose a Simón con los brazos en jarras, mirándolo a los ojos sin vacilar, ardiendo de indignación.
-¡Si hubieras dedicado un momento a saludar a tus hijas y preguntarles qué estaban haciendo te podrías haber librado de portarte como un idiota! No me puedo creer que pensaras que las iba a dejar que pintasen directamente en la pared ¿es esa la confianza que tienes en mí? ¿por qué me contrataste si crees que soy capaz de algo así? Estamos pintando un mural, sobre papel de envolver.
-¿Papel de envolver? -ella asintió con la cabeza y miró a las niñas. Las dos miraban a su padre con los ojos muy abiertos.
-Darle un beso a su padre, nenas. Estoy segura de que está muy contento de verlas -dijo Mar con una voz muy amable. Su mirada asesina hacia Simón fue para asegurarse de que él hiciera como si estuviera contento de verlas.
-Estoy contento de verlas, no necesito que nadie me lo diga.
-Puede que yo me haya engañado -murmuró ella mientras las niñas corrían hacia su padre. El las besó y luego les preguntó qué era eso que llevaban puesto.
-Son nuestras batas de pintor -dijo MAriana con orgullo-. Nos las ponemos para que no se nos manche la ropa.
-La mía es azul -dijo Amy apoyándose en la pierna de Simón y mirándolo con adoración.
-Es tan grande que parece como si te hubiera tragado -dijo Simón levantando su mirada hacia Mar-. Estoy cansado. He estado tomando decisiones continuamente durante días. Pero no tenía que haber reaccionado así al entrar en casa. Te pido disculpas.
Ella asintió con la cabeza sintiéndose un tanto aplacada. Sí que parecía cansado. Y la tensión de la responsabilidad había tenido que ser tremenda, había vidas que dependían de él.
-Recogeremos los juguetes antes de la cena y también retiraremos el cuadro. Si hubiéramos sabido que venías esta tarde, no lo habríamos empezado.
Al mirarlo más atentamente pudo ver en sus ojos y en su boca las señales del cansancio. El resto de su rabia se disipó instantáneamente.
Amy alzó los brazos y él se agachó para tomarla en brazos. La acarició en la mejilla con la nariz y la niña se rio. Por un instante MAr casi sintió... celos ¡era imposible! ¿por qué la iba a molestar que mostrase cariño a su hija?
Porque quería que le hubiera mostrado algún cariño a ella.
-¿Quieres subir conmigo y ayudarme a deshacer la maleta? -preguntó él. MAriana asintió y fue corriendo a dejar el pincel en el bote de agua.
En unos segundos Mar se quedó sola en el vestíbulo. Oía el murmullo de su voz y la risa de las niñas. Sintiéndose abandonada empezó a retirar las pinturas. Las niñas estarían ocupadas con su padre el resto de la tarde. Podrían volver a pintar otro día.
Y no estaba decepcionada ¡claro que no! No había ninguna razón para que él la hubiera saludado de ninguna forma en especial. Las llamadas telefónicas habían sido su forma de saber cómo iba todo, no habían significado nada especial para él.
Pero por un momento, Mar deseó que la hubiera dado un beso de bienvenida y la hubiera dicho que la había echado de menos.
Simón puso el último de sus trajes en el armario. Mariana no había parado de hablar ni un momento. Él la escuchaba con un oído mientras se seguía regañando a sí mismo por su estallido al llegar. No debía haber hablado a Mar de aquella forma.
Pero el sentimiento de dicha que lo golpeó al entrar en casa y ver a Mar y las niñas había sido algo inesperado, y no precisamente bienvenido. Ella era solo la niñera de sus hijas, no alguien en quien él estuviera interesado o que estuviera contento por volver a ver.
Amy saltó sobre su cama, intentando interrumpir a Maroan y contar su versión de los acontecimientos. Las dos niñas hablaban y se reían refiriéndose a cosas que él no podía reconocer. Mar sabría.
Pero él podía intentar descubrirlo. Perplejo por el cambio operado en sus hijas intentó seguir la narración de cómo habían pasado aquellos días. No esperaba encontrar un cambio semejante. Pero le gustaba. No lo entendía, pero sus personalidades parecían resplandecer ¿resultado de la influencia de Mar?
La recordó cuando se levantó del suelo, toda ella con sus movimientos armoniosos. Apretó los puños e intentó concentrarse en las niñas. Pero el recuerdo de las piernas de Mar ocupaba su mente. Y su pelo. Se estaba obsesionando con el deseo de verlo cuando no lo tuviera recogido. Incluso dormía con el pelo así, o por lo menos así lo tenía la noche que él se marchó.
Tenía que haber estado preparado para el efecto que le iba a hacer verla de nuevo ¿acaso no la había llamado todas las noches solo para hablar con ella, para oír su risa?
-Esto lo hice yo ¿te gusta? -dijo Mariana señalando la pared. Había dos dibujos colgados en ella, uno al lado del otro.
-Ese es mío papá, es bonito ¿verdad? -dijo Amy saltando en la cama.
-No se salta en la cama -dijo Simón tomándola en brazos y levantándola por encima de su cabeza. Ella aulló de risa. El la abrazó, queriendo protegerla de la fealdad del mundo. Se sentó en el borde de la cama y atrajo a Mariana hacia él.
-Cuentenme más cosas de sus cuadros -tenía que prestar atención. Luego solucionaría sus pensamientos sobre Mar, ahora les tocaba a las niñas.
Cuando Simón bajó las escaleras el vestíbulo estaba recogido, menos el alegre mural. Se detuvo a mirar los dibujos y luego sonrió ante el proceso de coloreado que habían comenzado ¿le molestaría a la artista que había en Mar aquel trabajo de principiantes?
Siguió hacia la cocina, deteniéndose en la puerta para contemplarla. Al principio ella no se dio cuenta de que él estaba allí.
Sus piernas bronceadas se movían como si estuviera bailando una melodía interior y movía las caderas de forma seductora. Picaba verduras con rapidez, tenía el pelo recogido y su cola de caballo oscilaba con sus movimientos.
El recuerdo del beso lo invadió, haciendo que olvidase todo menos el pensamiento de repetirlo. Lo que probablemente fuera la mejor forma de asustarla para que se fuera. La necesitaba para sus hijas, no para él.
-Supongo que es a ti a quien debo agradecer la muestra artística de la pared de mi dormitorio -dijo él. Ella se dio la vuelta con el cuchillo en la mano.
-Oh, me has asustado -lo observó cautelosamente unos segundos, luego se relajó-. Sí ¿te gustan los cuadros? Pensé que esas paredes necesitaban un poco de color y que ¿dónde iba a encontrar algo mejor?
-Nunca me he considerado un experto en arte moderno, pero creo que puedo aprender.
Ella se rio y él sintió una corriente de bienestar que lo recorría. Le gustaba su risa.
-No tanto moderno como infantil. AAmy, sobre todo, le gusta mezclar colores hasta que consigue un negro verdoso que se parece mucho al barro.
-Ya me he dado cuenta. Y parece que están por todas partes.
-Sí, pero los vamos cambiando. Algunas veces pintan a un ritmo de uno por minuto, así que tuvimos que establecer un plan. Si no, las paredes estarían empapeladas del suelo al techo con sus pinturas.
A él le gustó el «nosotras» implícito en su frase, demostraba que se estaba encariñando con las niñas. Eso era bueno.
-Si mi llegada inesperada altera tu organización, puedo cenar fuera.
-No seas tonto. Estoy haciendo comida china. Solo hay que picar más verduras y repartir el pollo. Debes estar cansado, seguro que te mueres de ganas de irte a la cama.
Sus palabras lo sobresaltaron. Por primera vez desde que murió Vele, Simón pensó en irse a la cama con alguien: Marianella Rinaldi. La imagen lo sorprendió. No estaba interesado en volver a intimar con nadie nunca más. La pérdida de su mujer le había causado demasiado dolor para arriesgarse a que le volviera a suceder.
Tenía su negocio, sus hijas. Su vida estaba completa.
Pero no estaba seguro de que su cuerpo se diera cuenta de eso. De pronto parecía tener una vida propia e insistía en que prestase atención a sus exigencias.
Deseaba a Mar.
-Me imagino que quieres hablar de ello -dijo Mar volviéndose a sus verduras.
¿Hablar de que la deseaba? ¿De llevársela a la cama? ¿Tan evidentes eran sus pensamientos?
-. Me refiero a la forma en que he cambiado el programa que tenías para las niñas -dijo ella al ver que él no hablaba.
Simón se apoyó en el quicio de la puerta y cruzó los brazos sobre su pecho. Mentalmente exhaló un suspiro de alivio ¡por un momento creyó que ella podía leer la mente!
-¿Cuánto lo has cambiado?
-Bastante, me temo. Yo.. .bueno no soy muy partidaria de la disciplina estricta.
-Tampoco yo, pero a los niños les gusta la rutina. Valeria decía...
-Nunca le llevaría la contraria a tu mujer, pero Mariana era más pequeña de lo que Amy es ahora cuando ella murió. Los niños necesitan nuevas rutinas y nuevos límites al crecer y cambiar. Y que se les permita explorar y descubrir el mundo, lo que funcionaba con una niña de dos años no vale para una de cinco que está a punto de empezar a ir al colegio.
Aquello parecía tener sentido. Pero Simón no le prestó la atención que merecía. Estaba asustado porque había descubierto que hablar de Vale no le causaba el tremendo dolor que le producía antes.
CAPÍTULO 5
Era sabado y Mar esperaba la visita de sus tías. Tía Love había prometido enseñar a las niñas a hacer galletas. Se preguntaba si tendría que cambiar sus planes ahora que Simón estaba en casa. Tomándose su café de la mañana miró hacia el jardín, intentando decidir si debía pedirle permiso o simplemente seguir adelante.
Simón bajó a desayunar vestido con traje. Las niñas seguían durmiendo.
-¿Vas a salir? -preguntó esperanzada. Si se marchaba durante todo el día nunca llegaría a saber que habían ido sus tías. No es que creyera que él pudiera poner ninguna objeción, no las habría invitado si de verdad creyera que a él le podía importar.
-Ya sé que normalmente este es tu día libre. Pero si pudieras cuidar hoy de las niñas yo me tomaría un día en el trabajo para pasarlo con ellas. Tengo que ir hoy a la oficina.
-No hay problema. No estaba segura de cuándo volverías, así que no hice planes -excepto la fiesta de las galletas. Podrían tomar algunas de postre.
-Te lo agradezco ¿me necesitas para algo antes de que me vaya?
La frialdad de su tono la sorprendió, era muy distinto del hombre con el que había hablado por teléfono todas las noches. Deseó por un momento que volviera aquel tono cálido de voz.
-En absoluto ¿recuerdas que tenemos esta noche la cena de celebración? estarás aquí para esa hora ¿no? -él asintió.
-¿Dónde están las niñas? ¿no deberían estar levantadas ya? -dijo mirando el reloj.
-Ya se levantarán cuando se despierten. No creo que las niñas deban seguir un horario estricto.
-Ya lo dijiste anoche. Sin embargo, son mis niñas y yo decido cómo educarlas. La rutina es importante.
-Ahí está el asunto, en que son niñas. Dales amor y atención y estarán bien. No me importa cuidarlas hoy, pero creía que querrías pasar algo de tiempo con ellas. No te han visto casi en una semana.
-Ya les dedicaré tiempo esta noche. Una de las formas en que las atiendo es asegurándome de que tengan comida, alguien que las atienda en casa y ropa bonita.
-Cosas. Ellas quieren tu atención.
El la miró fijamente durante un rato.
-Tengo que irme.
Mar lo miró fijamente mientras se iba ¿era tan terrible la idea de estar un rato en casa que ni siquiera tenía tiempo para desayunar? Ella frunció el entrecejo. Parecía querer de verdad a las niñas y la noche anterior había demostrado una paciencia notable con sus interminables preguntas y su charla. Pero había algo, algo así como que él no estaba muy seguro de cómo hablar con ellas, a no ser que respondiera preguntas.
Y casi pareció asustarse cuando Amy se le había sentado en el regazo y le había pedido que le contase un cuento.
-Hola, Mar, tengo hambre -dijo Mariana entrando en la cocina. Mar la miró y sonrió. El día acababa de empezar. Si Mariana estaba levantada Ami no tardaría mucho en seguirla.
Simón dejó su pluma y miró por la ventana. Le resultaba difícil concentrarse. Había muchos informes que leer, decisiones que tomar, correspondencia que contestar. Su secretaria le había dejado todo como a él le gustaba, y disfrutaba con su trabajo.
Pero ese día seguía viendo mentalmente a la mujer que cuidaba de sus hijas.
No estaba seguro de qué era lo que esperaba cuando volvió a casa el día anterior, pero no había sido la fuerte necesidad de arrastrarla a sus brazos y besarla, de absorber su luz, su risa, su actitud alegre.
Después de días de delicadas negociaciones con vidas humanas en la balanza, le había venido bien la serenidad y seguridad de su casa. Eso era todo.
Se levantó y se acercó a la ventana. Estaba acostumbrado a la vista: otros edificios de oficinas y un par de árboles pequeños en las aceras. El cielo tenía un color azul claro, el día prometía ser caluroso.
¿Qué estaba haciendo allí en lugar de estar en casa con sus hijas? Mar tenía razón, él debía estar pasando un rato con ellas. Pero eso significaría también pasarlo con su niñera y él no quería hacer eso. No le gustaban los sentimientos que se agitaban dentro de él. El había amado a su mujer, pero los sentimientos que tenía por Mar eran distintos. Se sentía atraído hacia ella ¿qué hombre que tuviera sangre en las venas no lo estaría? Y sin embargo ella era tan distinta de Vale como era posible. Si le hubieran preguntado, él habría dicho que le gustaban las mujeres rubias delicadas.
Pero cuando pensaba en MAr le venían a la mente escenas que se podrían calificar como de cine porno. Había estado en tensión toda la semana, y ahora estaba en un punto bajo y eso era lo que provocaba sus extrañas fantasías.
Se dirigió a la puerta, tomando la chaqueta de su traje. Terminaría el lunes y pasaría la tarde de ese sábado con sus hijas sin reparar en el atractivo de su niñera. El lunes por la mañana ya todo sería como siempre.
-¡Déjame! -dijo Amy empujando a Mariana
-Me toca a mí -Mariana se mantuvo en su sitio, protegiendo con un brazo el cuenco de la mezcla.
-Amy, le toca a MAriana . A ti te ha tocado antes, ahora tienes que esperar -dijo MAr con firmeza, tomando a la niña en brazos y apoyándosela en la cadera.
-Habrá muchos turnos -dijo tía Love acariciando la mejilla de Amy-. No vayas por la vida con esa impaciencia.
-¡Como si a los tres años se pudiera ir de otra manera! -miró hacia arriba y se quedó helada. Simón estaba en la puerta de la cocina-. Oh, creí que estabas trabajando.
Era consciente del desorden que había por todas partes, había harina en las niñas, en la encimera y en el suelo. Docenas de tazas estaban amontonadas de cualquier forma por todas partes, cada niña tenía su propio cuenco de mezcla para los dulces que estaban haciendo en aquel momento. El delicioso aroma invadía la habitación.
Tía Eugenia levantó la vista de la masa de galletas que estaba estirando, miró primero a Simón y luego a MAr
-¿Algún problema? -preguntó.
-Adelante, joven. Aunque mira bien dónde pisas por que llevas traje oscuro, quizá deberías cambiarte antes y luego te vienes con nosotras -dijo tía Love con cordialidad.
-Hola, papi -dijo Mariana-. Estamos haciendo galletas. Me toca a mi remover.
-Yo quiero que me toque -dijo Amy.
-Ya veo -por su expresión estaba claro que no era la escena que él había esperado-. MAr ¿puedo hablar contigo un momento? -sin esperar respuesta se dio la vuelta y fue hacia la entrada de la casa. MAr suspiró.
-Creo que va a se mejor que vaya a explicárselo. ¿Puedes tomar en brazos a Amy, tía Love?
MAr se quitó de encima toda la, harina que pudo y luego se fue hacia la entrada. El estaba en el salón, cerca de la ventana, mirando el impecable jardín delantero. Al oírla se dio la vuelta para mirarla, su expresión era inescrutable. MAr empezó a hablar.
-Espero que no te importe que haya invitado a mis tías a hacernos una visita. Ellas echan de menos el horno de pasteles, porque ya no tienen cocina. Y a las niñas les encanta, están como peces en el agua. Dejaremos la cocina impecable para la hora de la cena. De todas formas no te esperaba, creí que estarías trabajando todo el día.
-¿Aprovechando que el gato estaba fuera?
-No, claro que no. Lo habíamos planeado hace unos cuantos días, si quieres unirte a nosotras eres bienvenido, pero creo que tía Love tiene razón, deberías cambiarte antes. No somos exactamente el personal de cocina más limpio del mundo.
Simón la miró de arriba abajo y ella se sintió muy consciente de su mirada. Deseó no estar cubierta de harina. Deseó haberse puesto maquillaje y una ropa que mostrara bien su figura. No es que pareciera que eso pudiera importar, a juzgar por su mirada no la encontraba irresistible.
-¿Simón ? -lo miró a los ojos, esperando que no se le notase la confusión que sentía-. Ven a hacer galletas con tus hijas. A ellas les parece que eso es una fiesta, y así puedes conocer a mis tías -él vaciló un momento y luego asintió.
-Estaré allí en unos minutos -dijo con un asomo de sonrisa-. Si voy a acabar con el mismo aspecto que tú será mejor que me ponga mi ropa más vieja ¿piensas lavarlo todo cuando acabes o crees que la harina atascará la lavadora? -ella se rio.
-Lo cepillamos todo y corremos por el jardín antes de cambiamos. Eso hace que desaparezca lo peor. Te va a gustar ver a Marian y Amy en sus intentos de cocinar. Quieren probar la masa a cada vuelta que le dan y quieren hacer más de lo que saben y ninguna de las dos sabe medir los ingredientes ¡pero les encanta! Y también es bueno para mis tías.
El se acercó a ella lo bastante como para poder tomarla la barbilla con una mano y alzársela.
-¿Y tú? ¿No significa todo eso trabajo extra para ti?
-Pero merece la pena. Los días así se convierten en recuerdos especiales. La infancia debería estar llena de recuerdos especiales ¿no piensas?
El se quedó callado un momento, bajando la mano y dirigiéndose a las escaleras.
-No creo que quieras saber lo que estoy pensando en este momento, Mar
Ella esperó hasta que él desapareció de su vista, con la esperanza de que su corazón dejase de latir de aquella forma, con la esperanza de que el color de su cara no fuera el que ella se temía. No quería dar lugar a especulaciones de las tías.
Se frotó la barbilla con dedos temblorosos. El calor que subía por ella era excitante, y también le daba miedo.
Ella tenía su vida organizada, y eso no incluía una relación que llevase a vía muerta. Ella conocía sus límites y soñar despierta con su jefe era peligroso. Excitante pero peligroso para su paz mental, y para su futuro. Pensando compungida que era ya demasiado tarde para regañarse a sí misma volvió a la cocina, impaciente de que Simón se reuniera con ellas.
-¿Todo va bien? -preguntó Eugenia mirándola inquisitiva.
-Si. Simón se está cambiando y luego se unirá a nosotras ¿verdad que va a ser divertido, niñas? Papá va a ayudar.
-Bueno -dijo Mariana metiendo un dedo en la mezcla y viendo cómo se caía antes de poder probarlo.
MAr sonrió a ,sus tías y trató de ocultar su nerviosismo ¿qué pasaría si Simón quisiera que fueran limpiando mientras trabajaban, en lugar de limpiarlo todo al final? 0 si se ponía a criticar a las niñas. Ellas no lo hacían bien, pero la felicidad que había en sus ojos era la auténtica razón de hacer pasteles. Esperaba que no les aguara la fiesta, quería que el día fuera especial para Mariana y Amy y también para sus tías.
Su preocupación resultó ser infundada. Cuando Simón se unió a ellas unos minutos más tarde pareció encajar desde el primer momento, o por lo menos todo lo que podía hacerlo un hombre de cerca de dos metros que no sabía de repostería mucho más que sus hijas. Estuvo encantador con sus tías y les hizo preguntas con las que consiguió que pronto estuvieran charlando a sus anchas.
Admiró la forma de mover la masa de Mariana y observó en silencio cómo ayudaba Amy a sacar los bizcochos del horno.
-No permitirá que Amy se queme -murmuró MAr acercándose a él. No quería que se preocupara. El la miró divertido.
-¿Has venido a tranquilizarme? Creo que me doy cuenta del cuidado que pone tu tía. Es estupenda con las niñas. Las dos lo son. Tu tía Eugenia es la que tiene artritis ¿no?
-Sí, pero intenta que eso no la entorpezca.
-¿Cuándo podremos comernos los bizcochos?
-Cuando se enfríen. ¿Vas a querer cortar galletas?
-Si ¿me van a enseñar a hacerlo?
-¿No te acuerdas de cómo se hace? -bromeó Mar
-Mi madre no hacía estas cosas, normalmente comíamos dulces de pastelería. No recuerdo siquiera que hiciese bollos o galletas.
-Entonces, venga conmigo, señor, y le enseñaré todo lo que sé.
-Eso suena muy tentador -dijo él en voz lo bastante baja como para que solo lo oyera ella.
Mar sintió que se le aceleraba el corazón cuando él se puso muy cerca de ella y se apoyó en su hombro para ver cómo cortaba la masa extendida con el molde para galletas.
-Me estás empujando.
-¿Eh?
Ella se volvió y casi chocó con él. Su cara estaba a escasos centímetros de la de ella, podía ver sus ojos. El verde de su mirada era más cálido de lo que ella había visto nunca y su aliento le rozaba las mejillas. Unos milímetros más cerca y sus labios podrían rozar los de él.
El tiempo pareció detenerse. Ella sintió la sangre agolparse en sus venas. La habitación se difuminó y durante un largo instante solo estuvieron los dos, en un mundo propio.
Recordó el beso de despedida de la semana anterior ¿qué sucedería si ella levantaba levemente la cabeza y dejaba que su boca se encontrase con la de él? ¿La atraería hacia sus brazos y encendería la llama de la pasión? Estuvo a punto de ceder a sus deseos de tocarlo, de saborearlo, de sentir su fuerza y dejarse llevar por el deseo. Lo miró a los ojos y quedó hechizada al ver cómo le cambiaban de color hacia un tono plateado al ir aumentando su deseo.
-¡Mar ! -la llevó- un segundo reconocer la voz autoritaria de su tía Eugenia.
-¿Si?
-Amy te está esperando para poner las galletas en la bandeja del horno.
Avergonzada se dio cuenta de que todos los estaban mirando fijamente, a ella y a Simón . Santo Dios ¿es que había perdido la cabeza?
-Lo siento, Amy. Mira, acerca tu banqueta y ponte a mi lado. Ya he cortado un par de galletas y tendré las demás en un segundo. Puedes ayudarme si quieres.
-Muy bien.
Deanna hizo lo que pudo para no hacer caso de Simón ni de lo que había estado a punto de suceder ¡en una habitación llena de familiares! Sabía que sus tías le iban a hacer algún comentario. Su única esperanza era que las niñas no se hubieran dado cuenta de nada.
En una sesión informativa normal después de una crisis, pensó Simón, él y su equipo solían analizar toda la operación, para ver qué era lo que habían hecho bien y qué cosas se podían haber hecho de otra forma. En este caso él tenía una lista de cosas que podía haber hecho de otra manera. Que debería haber hecho de otra manera.
Intentando concentrarse en cortar las galletas y ponerlas en la bandeja que tenía su hija, reflexionó acerca de los distintos pasos que le habían llevado a olvidarse de que sus hijas y las tías de Mar estaban presentes y estar a punto de tomarla en sus brazos apasionadamente. Cosa que, a no ser que él estuviera absolutamente equivocado, ella habría secundado con entusiasmo.
Las llamadas telefónicas habían sido un error, lo habían empezado todo ¿estaría tan interesado en ella si no hubieran hablado todas las noches? ¿tan relajado en su compañía?
¿Relajado? No mucho. Ella le tenía como un muelle dispuesto a saltar.
La miró. Ella hacía lo que podía por rehuir su mirada. Echó una rápida ojeada a la habitación y se dio cuenta de que sus tías no parecían estar perturbadas por la escena. Seguían hablando con MAriana y Amy, y con él.
Pero MAr no. Estaba callada, algo extremadamente raro en ella.
A lo mejor no había empezado con las llamadas telefónicas. A lo mejor había empezado con aquel beso. ¿Cuál de ellos? ¿el beso casto que le había dado ella o el beso ardiente de él, que no había sido capaz de resistirse?
-0 a lo mejor empezó todo en la entrevista -murmuró él.
-¿Qué? -Mar lo miró.
-Nada. Pensaba en voz alta.
-Ah -ella apartó rápidamente la mirada.
Estupendo. Ahora ella ni siquiera lo miraba. No había pasado nada ¿por qué estaba ella tan preocupada?
¿Y por qué no había pasado nada? No fue porque él hubiera hecho nada para impedirlo. Él casi se había inclinado hacia delante para rozar sus labios. Las manos le ardían de deseo de acariciar sus mejillas, de sentir la suavidad de su piel. Anhelaba quitarle la harina de la barbilla y perderse en sus ojos.
Se movió, agradecido de que la encimera fuese lo bastante alta como para ocultar la reacción de su cuerpo. Estar cerca de Mar le estaba causando todo tipo de problemas.
Centrarse, eso es lo que necesitaba. Él estaba allí para dedicar tiempo a sus hijas, no a su niñera.
-¿Quién quiere cortar galletas? -preguntó. Mirando el caos que reinaba en la cocina supo que a su padre le hubiera dado un ataque. Pero él no era su padre y sus hijas parecían estar pasándoselo mejor que nunca. Nunca recordarían a su madre, pero él podía proporcionarlas recuerdos alegres de su infancia.
Mar era más sabia de lo que correspondía a su edad, pensó mientras empezaba a relajarse y a disfrutar de la tarde con Courtney y Amy. Era importante tener recuerdos felices.
Eugenia empezó a fregar los cuencos.
-Puedo hacerlo yo, tía Eugenia -dijo Mar acercándose al fregadero.
-Me gusta sentir el agua caliente en las manos, niña. Recuerda, Love es la cocinera, y yo siempre he fregado los cacharros. Pero puedes ayudarme, busca un trapo para secarlos.
Mar estaba agradecida por la tarea que la alejaba de él. Secó los cuencos y los puso en su sitio ¿quién podría sospechar que hicieran falta tantas cosas para hacer unas cuantas bandejas de dulces?
-Simón está tan enharinado como sus hijas -dijo Eugenia-. Es un joven guapo -Mar asintió. Sabía que a su tía él le tenía que parecer muy joven, pero tenía ocho años más que ella y una serie de experiencias que ella tampoco tenía-. Parece llevarse muy bien con sus hijas.
-Cuando llegué no sabía bien, parecía todo muy formal.
-Claro que un hombre tan viril necesita algún hijo, además. No me lo puedo imaginar jugando al fútbol con estas frágiles niñas, o llevándoselas al estadio.
Mar respiró hondo, intentando disimular el dolor. Sabía que su tía lo decía sin intención, se limitaba a hacer una observación. Pero a Mar le volvió a recordar por qué no podría haber nunca nada entre Simón y ella. Si él decidiera volver a casarse querría una mujer que pudiera darle hijos sanos. Chicos con los que pudiera jugar, a los que enseñar cosas de hombres. Y que pudieran perpetuar el apellido de la familia.
-¿Viene de una gran familia? -preguntó Eugenia.
-Sus padres viven cerca de aquí y tiene una hermana.
-Es verdad, La que cuidaba de las niñas hasta que tú llegaste.
Mae asintió. Para eso la habían contratado, para cuidar de las niñas. El empleo le daba la oportunidad de seguir con sus estudios al tiempo que trabajaba. No iba a arriesgarse a perderlo enamorándose de su jefe.
Terminaron de hornear a media tarde. Las niñas hacía ya rato que estaban echando la siesta. Con la cocina otra vez en orden y el delicioso aroma de los dulces llenando la casa, Mar se sintió más tranquila. Fue a buscar a Simón y le encontró trabajando con su ordenador.
-¿Puedes prestar un oído a las niñas? Creo que todavía dormirán un rato más, pero si se despiertan asegúrate de que no hagan ninguna diablura.
-¿Dónde vas?
-A llevar a mis tías. Estaré de vuelta con tiempo para hacer la cena.
-¿No se quedan a la celebración? Cuantos más mejor ¿no?
-No contaba con que se quedasen y no tengo bastante carne
.
-Pues vete a comprar más, yo las entretendré hasta que vuelvas.
-¿Estás seguro? -una cosa era que sus parientes hicieran pasteles con las niñas y otra muy distinta que se quedasen a cenar.
-Estoy seguro. Si en tu familia ha habido antes este tipo de celebraciones, creo que las necesitaremos para asegurarnos de que esta salga perfectamente.
-Simón, es solo una cena con algunos extras para hacerla especial. Creo que las niñas y yo podemos apañarnos perfectamente.
-Ah, pero no hay nada como la experiencia. Ve a comprar más comida, Mar
-¡Sí, señor! -una vez más estuvo a punto de hacer un saludo militar. Debía ser influencia de su padre.
La cena fue festiva y divertida. Mar puso a las niñas sus mejores vestidos y luego ella se puso uno que solía reservar para los domingos. Las tías gruñeron por sus vestidos, pero estaban muy bien una vez que les hubieron sacudido la harina.
Simón también se vistió, con americana de sport, pero perdonando la corbata. Como él era el homenajeado, le dijo a Mar , tenía algunos privilegios.
Las niñas hicieron un dibujo de su padre, el héroe. Mar también había esbozado un dibujo de Simón, con un teléfono en una mano y una espada en la otra. A él le brillaron los ojos cuando vio el dibujo y ella supo que él también recordaba suss conversaciones telefónicas.
Eugenia y Love contaron historias de otras cenas de celebración, recordando acontecimientos de sus vidas y de la de Mar que los cautivaron a todos.
Después de contar los premios de Mar en el instituto, Eugenia se volvió hacia ella.
-¿Fue así, no?
Pero Mar no había atendido a la historia. Estaba haciendo mentalmente otro dibujo de Simón y las niñas. Esta vez estaban rodeados de una nube de harina y de cuencos sucios que se apilaban en montones más altos que sus cabezas. La ilusión de la mirada de las niñas equilibraría la escena. Tendría que usar vestidos oscuros para acentuar el contraste con la harina.
-A veces se queda así -dijo Eugenia con indulgencia.
-¿En las nubes? -preguntó Simón estudiando a Mar que miraba a su hja mayor , aunque él no creía que la estuviera viendo.
-Cuando piensa en un cuadro -explicó Love-. Es algo que he echado de menos.
-Le pasa en los momentos más extraños. Se le ocurre una idea y quiere pintarla y entra casi en trance hasta que decide cómo lo va a hacer. ¿Verdad, Mar ? -esto último lo dijo en un tono más alto.
-¿Qué?
-Le estaba contando a Simón que cuando planificas un cuadro casi entras en trance.
-Oh -se miró con expresión de culpabilidad-. A veces.
-Y ¿sabe él que te quedas a menudo levantada toda la noche cuando estás trabajando en un cuadro? -preguntó Love en tono de burla.
-No lo haré. Tengo que levantarme pronto por las niñas. No tienes que preocuparte porque vaya a abandonar mis tareas -le dijo a Simón
-¿Estabas pensando ahora en un cuadro?
-Uno de Mariana y Amy -y tú. Esto último se lo guardó para ella. Pero le hormigueaban los dedos de ganas de usar su cuaderno de apuntes.
Era ya tarde cuando tras haber dejado a las tías y acostado a las niñas pudo retirarse a su cuarto. Su carboncillo voló sobre el papel, hizo boceto tras boceto. Simón hablando por teléfono en alguna ciudad fantasmagórica, Simón haciendo galletas con Amy y Mariana, Simón riendo por algo que había dicho tía Love. Simón muy serio mientras preparaba los chuletones en la parrilla.
Cansada, se echó hacia atrás flexionando los dedos. Miró el reloj y se dio cuenta de que eran más de las tres. Reunió todos los bocetos y los guardó en una carpeta, atándola fuertemente. El trabajo era bueno, pero habría sido mejor que se hubiera ido derecha a la cama. Pronto amanecería.
Intentó relajarse y apagó la luz. Incluso en la oscuridad de la noche podía ver la cara de Simón recordar su beso. Desear otro.
Dándose la vuelta intentó no hacer caso del grito de su corazón.
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Hola percha cómo estas?
ResponderEliminarcomo verás estoy más que al día, no me canso de decirlo amo
tu nove, hasta me es raro que no tenga quejas :o jajaj bueno
una si! me parecen muy cortos los capítulos jajaj
la verdad que venía la era hielo después del beso, pero
por suerte me equivoque!, no están para nada arrepentidos y
van por más jajaj
ame esas llamadas nocturas :D y su obsesión de ver su cabello suelto,
no se le puede caer más la baba por ella, que hace cosas que jamás imaginó
sin contar los bocetos de Mar jajaja, son tan hermosos jaja
ahora pobre Mar con lo de los hijos, sufriendo por no poder darle
el hijo varón, ojala sea un error y si pueda porque se nota que
ella también le gusta los niños y quiere.. :(
por otra parte las tías son adorables, estoy segura que se dieron
cuenta de todo , como para no hacerlo con lo obvio que son jaja
espero que la ayuden y la aconsejen :)
bueno percha ya sabes espero más que ansiosa los siguientes
capítulos! :D
nos leemos!!!
besos!
Jess.