martes, 23 de enero de 2018

Caítulo 2 y 3: "La Niñera"




CAPÍTULO 2
     Mar sacudió la cabeza. Sintió una punzada y tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la sonrisa. Ella no sería nunca la mamá de nadie.

     -No cariño, no lo soy. Soy tu nueva niñera. Voy a cuidar de ti y de tu hermana cuando tu papá no esté en casa. Nos divertiremos mucho juntas ¿Cuál es tu juego favorito?

     MAr intentó concentrarse en las niñas y olvidarse del hombre que estaba a su lado. El no llevaba traje aquel día sino unos vaqueros viejos que moldeaban sus piernas mucho mejor que los pantalones del día anterior.

     Pero era lo que revelaba su camiseta con las mangas cortadas lo que la hacía contener el aliento. La suave piel de sus brazos y los músculos que se contraían al moverse. Deseó pasar la punta de los dedos por aquellos músculos, sentir su calor y su fuerza. La simple idea hacía que le costase trabajo pensar con claridad.

     Ella estaba allí para cuidar de las hijas, no para fantasear con el padre. Bueno, en realidad no era fantasear sino una justa apreciación de un ejemplo excelente de anatomía humana, eso era todo.

     -Me pareció oír voces -MAr se volvió y vio una mujer alta y llamativa. Tenía el  pelo rubio se parecía un poco a Simon, pero los ojos eran amistosos-. Debes de ser Marianella Rinaldi. Yo soy Meloy Arrechavaleta , la hermana de Saimon y estoy encantada de que hayas venido. Se nos echa el tiempo encima. Mi marido jura que nos iremos el próximo sábado pase lo que pase, pero yo sé que él pensaba secretamente que acabaría quedándome aquí hasta que Simon encontrase a alguien.

     -Ahora puede irse sin preocupación. Yo las cuidaré muy bien. Tengo entendido que se va a San Diego -dijo MAr poniéndose en pie y dándole la mano.

     -Así es, al otro lado del país ¿has estado allí alguna vez?

     -No, nací en Norfolk y nunca he estado en otro sitio.

     -Nosotros también somos de aquí. Pero imagino que Simon le ha dicho que me casé con un oficial de la marina. Imagino que veré mucho mundo durante los próximos veinte años. Estoy acostumbrada a ello, supongo que es lo que me ha tocado vivir. Estoy contenta de que no estuvieras trabajando en otro sitio y de que puedas empezar inmediatamente. Jay podría haber encontrado por aquí cerca a alguien que las cuidara durante el día, pero siempre existe la posibilidad de que lo llamen en medio de la noche.

     Simon se dirigió hacia la puerta.

     -Descargaré tus cosas. Mel puede enseñarte tu habitación y explicarte el horario.

     Mar asintió y siguió a Melody a través de la casa hasta un espacioso dormitorio de la planta baja. Las dos niñas iban detrás, cada una llevando su libro nuevo.

     -Este es. El cuarto de baño está allí. Está separado del resto de los dormitorios, para que puedas tener algo de intimidad. Simon tiene un monitor de bebés en el dormitorio de las niñas. Cuando él no esté en casa puedes tomar el altavoz y escucharlas desde aquí abajo.

     Mar asintió, dejó el bolso sobre la cama y miró lo que iba a ser su habitación durante los tres próximos años. Una pared estaba cubierta por un ventanal que daba a un enorme jardín trasero en el que altos olmos y chopos proporcionaban sombra. No había cuadros en las paredes, observó, pero ella tenía muchos que podía colgar para sentirse en casa.

     Estudió los muebles. Le gustaba el roble claro y, a pesar de que la cama era doble y muy grande seguía habiendo mucho espacio en la habitación, suficiente para su caballete y sus pinturas. El ventanal le daría mucha luz natural.

     Por un momento sintió pena por la pérdida de su vieja habitación. Echó de menos el enorme arce que rozaba su ventana cuando hacía viento; las flores que su tía Love había sembrado con tanta paciencia. La madera del suelo que crujía bajo los pies cada vez que daba un paso.

     Pero aquello había terminado y no había nada que hacer al respecto y el nuevo dormitorio era mucho mejor que la diminuta habitación que había utilizado en el pequeño apartamento de Teffy.

     -Entren -dijo a las niñas que esperaban en la puerta-. Pueden ayudarme a sacar las cosas de las cajas y decirme qué es lo que les gusta hacer, cuáles son sus  juegos favoritos y a lo mejor me pueden contar un cuento.
   
   
     A la hora de la cena MAr ya sabía que el empleo no iba a ser exactamente como se lo había imaginado ella con su optimismo característico. Las niñas se comportaban maravillosamente, quizá demasiado buenas. Melody le había explicado el horario con gran detalle, todo parecía diseñado como una ciencia exacta: la hora de levantarse, cuándo había que jugar, cuándo se echaban la siesta, cuándo se bañaban. Incluso las comidas tenían horas específicas para cada día.

     -Simon no siempre llega para comer con ellas -dijo MElody cuando las niñas se subieron a jugar y Mar y ella fueron a la cocina a preparar la cena-. Como ellas cenan a las seis en punto todas las tardes, si él se retrasa en la oficina come algo antes de venir a casa. Suele llegar antes de que se acuesten, si le resulta posible. Naturalmente, si está de viaje... ¿Sabes que le pueden llamar desde cualquier sitio sin aviso previo? Si hay un problema en Latinoamérica o cualquier otro lugar lo llaman a menudo para negociar el canje de rehenes. 0 si hay alguna amenaza y los clientes quieren que se les instalen inmediatamente medidas de seguridad. A veces va él y otras delega en alguno de los hombres que trabaja para él. Nunca sabemos cuándo le van a llamar. Es el precio que tiene que pagar por ser uno de los mejores en su campo.

     MAr asintió preguntándose cómo podría cuestionar con tacto el horario de las niñas. Le parecía demasiado rígido para unas niñas tan pequeñas. El orden era importante, pero había que dejar también espacio a la flexibilidad.

     -Me lo ha anotado todo -dijo Mar con lentitud-. ¿Le dijo Simon que voy a ir a clase en la universidad? Dejaré a las niñas en la guardería mientras estoy en clase.

     -No, no me dijo nada -Melody frunció el ceño y miró por la ventana un momento-. Supongo que sabe lo que hace. Como irá a clase a la misma hora todos los días no creo que haya problema. Simon dirige el barco con disciplina y cree que la rutina es importante para los niños.

     -¿Esto es un barco?}

     -No, lo siento, es solo una expresión de nuestro padre, él es almirante. Cuando éramos pequeños él se aseguró de que nuestra madre llevara la casa según un programa estricto. Supongo que Simon lo aprendió de él. De todas formas si se establece una rutina las cosas funcionan mejor. Y sustituyen lo que falta.

     -¿Cómo murió la madre de las niñas? -preguntó descaradamente Mar sabiendo que sería más fácil preguntárselo a Melody que a su imponente hermano. MEl pareció sorprendida y miró hacia la puerta como para comprobar que Simon no estaba allí.

     -No hablamos de Valeria. Simon no ha superado su pérdida. Tuvo una embolia y murió de repente al dar a luz a Amy.

     -¿Hace tres años? -preguntó Mar . Ella había trabajado en un hospital durante un tiempo y sabía de las etapas del dolor y de la recuperación. Tres años parecía mucho tiempo para no querer hablar de una persona amada que había muerto. No es que hubiera un periodo específico, cada persona tenía que cicatrizar a su manera, pero aun así...

     -Ella no llegó a abrazar a Amy. Nos sacudió a todos, era tan joven.

     -Es triste. Siento su pérdida y la de las niñas. Es duro no tener madre cuando eres pequeña, lo sé porque la mía murió cuando yo tenía siete años. Creo que no me he fijado en las fotos de Valeria en el cuarto de las niñas cuando me enseñó la casa.

     -No hay ninguna. Simon no podía soportar al principio que se la recordaran. Estaba loco por ella. Me imagino que luego nunca pensó en poner alguna. Yo sé que tiene montones de fotos en algún sitio, a no ser que las haya destruido después de que ella muriese. Estaba destrozado, eran la pareja perfecta y él la adoraba.

     Valeria era un bonito nombre ¿había sido linda ? Se preguntó Mar. Por un momento envidió a aquella mujer. Ella no tendría nunca un matrimonio perfecto, de hecho no tenía la menor intención de casarse. Pero eso no la impedía preguntarse cómo sería el que alguien la adorase.

     -Por lo menos tiene a las niñas ¿Cuáles son sus comidas favoritas? -preguntó Mar intentando alejar su curiosidad por la mujer de Simon

     Estaba allí para cuidar de las niñas y nada más.
   
   
     MAr consideró todo lo que le había dicho Melody cuando se sentaron a cenar a las seis en punto. Observó a Mariana y Amy complacida de comprobar que sus modales a la mesa eran excelentes, no se parecían en nada a los niños que había visto en el restaurante. Aquellas señoritas eran tranquilas y bien educadas. Puede que demasiado tranquilas.

     -¿Le han contado a su papá que hemos leído los libros nuevos? -preguntó cuando hubo una pausa en la conversación de los adultos. Simon la miró y después miró a las niñas.

     -MAr nos ha leído los libros nuevos, papá -dijo MAriana

     -Eso está muy bien ¿les gustaron? -Mariana  asintió. Amy miró a su hermana y luego asintió también con la cabeza.

     Mar esperaba que Simon les preguntase de qué trataban los libros o dónde los habían leído o cualquier cosa para seguir con el diálogo. Pero él siguió comiendo sin decir nada. Mar le lanzó una mirada heladora. El la miró a su vez extrañado por su expresión.

     -¿Sucede algo?

     Ella suspiró y sacudió la cabeza. Si él no lo sabía no era cosa de ella decírselo.

     Siguió observando cómo se relacionaban los miembros de la familia. Ella no tenía mucho con qué comparar, sus ancianas tías eran sus únicos familiares, pero siempre habían charlado a la hora de la comida, comentándose lo que habían hecho en el día. Las echaba de menos.
     Sentía mucha añoranza por una casa que había dejado de ser la suya y acabó de cenar deseando poder retirarse a su cuarto. Solo era el primer día, habría tiempo suficiente para pensar bien las cosas y hacer los cambios que creyera necesarios.
   
   
     Al día siguiente por la tarde Melody se fue a su casa a organizar las cosas para la mudanza, Jay se había ido a la oficina y Mar había pasado el día sola con las niñas.

     Estaba encantada de haber descubierto que no eran los perfectos angelitos que ella había creído. Corrió tras ellas todo el día. Lo pasaron muy bien jugando a la pelota en el jardín de atrás y también con el escondite. Después de almorzar un sándwich de mantequilla de cacahuete y plátano, cosa que no habían probado antes y que decidieron que pasaba a ser uno de sus favoritos, se habían instalado en la enorme cama de Ma y ella les había vuelto a leer los libros. Las dos niñas se habían quedado dormidas rápidamente, dando tiempo a Mar a recoger su habitación y tener un momento de tranquilidad tomándose un té con hielo.

     Luego habían jugado en el suelo de la cocina mientras ella preparaba la cena. En contra de lo que le había dicho Melody, las niñas tenían sus platos favoritos. A MAriana le encantaban los espaguetis y las albóndigas y a Amy las chuletas de cerdo. Como no estaba segura de si Simon iría a cenar a casa o no decidió preparar espaguetis. Era fácil hacer más o preparar solo lo necesario para las tres.

     Las niñas jugaron con unos cuantos espaguetis crudos a retirar uno sin mover los demás. De vez en cuando se rompía uno y Mar les daba otro entero. Barrería todo en un segundo cuando hubieran terminado. Las niñas estaban encantadas con el nuevo juego y era muy agradable oír sus risas mientras removía la salsa.

     -¿Cómo han ido las cosas hoy? -preguntó Simon desde la puerta de la cocina.

     MAr se dio la vuelta. El corazón le latía algo más rápido. El traje que llevaba él tenía un corte perfecto y mostraba sus anchos hombros y también gritaba porque se lo quitasen. «Ya está bien» se regañó a sí misma.

     -Hola -se aclaró la garganta-. No sabía si ibas a venir a cenar o no. No falta mucho. Amy, Marian  vayan a dar un beso a su papá y que les cuente qué tal le ha ido el día mientras termino de hacer la cena. Y ustedes podéis contarle todo lo que hemos hecho.

     Simon miró la sartén frunciendo el ceño..

     -¿No está aún la cena? Son casi las seis.

     -Ya casi está lista. Unos diez minutos más o menos. No creo que nadie esté en peligro si la cena no está en la mesa precisamente a las seis ¿pones tú la mesa o se supone que la tienen que poner las niñas?

     -Yo pensaba que la ponías tú ¿no es trabajo de mujeres?

     Mar se quedó rígida, lo miró a los ojos y se sintió invadida por la incredulidad. Antes de que pudiera recordar el consejo de sus tías de contar hasta diez antes de dejarse ir por la ira dijo.

     -Perdona ¿has dicho que es trabajo de mujeres? -Simon vaciló y luego afirmó con la cabeza, con la atención completamente centrada en ella-.¡No puedo creer que hayas dicho eso! -arrojó la cuchara sobre la encimera y se limpió las manos-. No puedo creerlo. No me lo voy a creer.

     -¿Qué?

     -Que nadie pueda hoy en día pensar eso y mucho menos decirlo ¿trabajo de mujeres? Vaya comentario más sexista. Si esa es tu forma de pensar tendré que pensarme si me interesa el empleo.

     -¿Qué es lo que tienes que pensar? Firmaste por tres años. No puedes irte, acabas de empezar.

     -No tenía ni idea de que iba a trabajar para un... Neandertal. Tu forma de pensar desapareció en la II Guerra Mundial, cuando las mujeres fueron a trabajar para que América siguiera funcionando mientras los hombres se iban a luchar. Si piensas que voy a seguir trabajando para alguien que piensa así estás loco. Está claro que me equivoqué en la entrevista.

     -Un momento -él se acercó, pisando los espaguetis del suelo que crujieron. Frunciendo el ceño rodeó a sus hijas hasta que estuvo al lado de Mar -. No quería decir eso, no significaba nada. Yo pensé...

     -Peor aún. ¿Dices cosas como esa y no las piensas?

     Simon sacudió la cabeza. Volvió a mirarla y respiró hondo, evidentemente tratando de controlarse.

     -Volvamos a empezar. Yo pensé que pondrías tú la mesa, si quieres que la ponga yo lo haré.

     -¿Quién lo hacía antes? -preguntó ella con los brazos en jarras.

     El dudó un momento y miró a las niñas que hacían caso omiso a la conversación, muy ocupadas con su nuevo juego.

     -Melody generalmente tenía puesta la mesa cuando yo llegaba. Supongo que la ponía ella. Cuando la madre de las niñas vivía la ponía siempre ella. Valeria decía que un hombre tenía bastante con traer el pan a casa. Le gustaba ocuparse de las tareas del hogar, era lo que siempre había querido hacer.

     La indignación de Mar se disipó inmediatamente ante el tono sombrío de la voz de él. Le parecía que las mujeres de su vida le habían malcriado más allá de toda salvación. Pero a ella no la habían contratado como criada. Solo para cuidar de las niñas y enseñarlas. Y una de las cosas que pensaba ensañarlas era que no estaban en este mundo para hacer de camareras de los hombres.

     A no ser que ellas quisieran hacerlo, como parecía ser que había querido hacerlo Valeria

     -Bueno -no sabía qué decir. Tenía un genio que se encendía deprisa, pero que no solía durar mucho.

     -Si poner la mesa es un tema trascendental lo haré yo cuando llegue a casa. Pero no puedes despedirte -el -el tono acerado de su voz la advertía de que no debía abusar de la situación.

     -De acuerdo -Mar intentó sonreír-. A veces se me calienta la cabeza y digo cosas que no siempre pienso. No es que no creyera lo que dije de trabajar para un Neandertal porque sí lo creo, pero en este caso puede que haya circunstancias atenuantes.

     -¿Vamos a volver a empezar?

     Ella se rio con nerviosismo y sacudió la cabeza. Recogió la cuchara y volvió a remover la salsa. Comprobó la pasta y echó una ojeada al horno. El olor del pan de ajo llenó la habitación.

     -No tiene importancia, solo que siento haberme precipitado en mis conclusiones. La cena está lista.

     Al final pusieron la mesa entre todos. Preguntándose que nuevos escollos surgirían, Mar esperó a que las niñas empezasen a comer para mirar a Simon disimuladamente. No podía reaccionar de forma tan impetuosa cada vez que sucediera algo. Necesitaba aquel empleo, él la pagaba un buen sueldo y tenía derecho a dictar las normas de su casa. Y ella había firmado un contrato por tres años.

     -A lo mejor podríamos reunirnos esta noche cuando las niñas estén en la cama y revisar algunas de las normas. Mel me explicó el horario, pero tengo algunas preguntas y sugerencias que hacer. Y evidentemente tengo que aprender algunas cosas acerca de ti y saber cómo funciona tu familia antes de que vuelva a meter la pata como antes -dijo ella en lo,que le pareció que era un tono de voz razonable. El asintió.

     -Muy bien, baja en cuanto acuestes a las niñas y hablaremos.

     -¿No vas a arroparlas o ese es otro aspecto del trabajo de las mujeres? ¿Qué es lo que haces exactamente con las niñas, señor Arrechavaleta?

     Simon miró a MAr sintiendo la crítica en su mirada ¿quién era ella para juzgar la forma en que él llevaba su casa? Se había instalado el día anterior. Trabajaba para él. Tenía que ser ella la que se adaptase a su programa y no él quien cambiara de costumbres.

     -Vale se ocupaba de criar a la niña, decía que era su trabajo, igual que yo tenía el mío. Además, si establezco una costumbre y luego tengo que alterarla porque estoy de viaje resulta peor para ellas.

     -Los niños son resistentes, se adaptan a todo.

     -La forma en que tenemos establecidas las cosas funciona para nosotros -dijo él. Si le hubiera hablado con ese tono a uno de los hombres de su trabajo, ellos habrían acatado sus órdenes sin contestar.

     -Puede que funcione, pero no parece una cosa muy alegre -murmuró ella.

     Simon se contuvo para no responder. Mar no se parecía nada a su mujer. Valeria había sido la primera en sugerir que sus viajes podían alterar la vida de la niña. Nada había cambiado cuando la sustituyó Melody. El seguía haciendo viajes, trabajando hasta tarde, y no podía contar con llegar a casa a la misma hora todos los días.

     Irónicamente había sido Valeria la que había muerto. Su trabajo a veces era peligroso, no se podía negar, pero en vez de haberla dejado viuda, había sido ella quien le había abandonado. Y con dos niñas.

     El añoraba las rutinas tranquilizadoras que ella había establecido. Sus brazos dándole la bienvenida ¡la echaba de menos!
     Ahora, en vez de su cálida sonrisa tenía a una extraña al otro lado de la mesa que lo miraba furiosa.

     -¿Qué? -preguntó ¿se le habría olvidado algo? -MAriana te ha preguntado si te gustan los espaguetis, es su plato favorito -dijo Mar con la voz tranquila pero con los ojos llameantes.

     -¿De verdad? -miró a Mariana y sonrió-. Me encantan los espaguetis, cariño. Era mi comida favorita cuando era pequeño.

     -MAr me deja ayudar -dijo con orgullo.

     -Eso está muy bien -se cruzó su mirada con la de ella. Por lo menos a las niñas parecía gustarles, y el primer día siempre era difícil. Las cosas se arreglarían. Ellos iban a hablar sobre las niñas y dejar todo establecido aquella noche. El iba a conseguir que aquello funcionara, no tenía más opciones.
   
   
     MAr salió del cuarto de las niñas y bajó las escaleras. Al final Simon había subido a arroparlas y quería dejarle aquel rato de intimidad con sus hijas. Estaban recién bañadas y preciosas con sus camisones. El contraste entre las niñas, pequeñas y femeninas y su duro padre la conmovía, le encantaría pintarlos a los tres.

     Simon podía ser un guerrero descansando, con las niñas a ambos lados. En un jardín, con su cuerpo masculino contrastando con las flores y el ambiente sereno.

     Se sentó en una silla del salón, relajándose por primera vez en aquel día. Echaba de menos a sus tías. Iría a verlas al día siguiente, llevándose a las niñas, les iban a gustar Eugenia y Love. Tenía que preguntarle a Simon si las tías podían ir de visita a la casa cuando él no estuviera. La tía Love echaba de menos su cocina y Mar sabía que nadie podía resistirse a los pasteles de su tía. A las niñas les parecería algo muy especial poder hacer galletas con tía Love, a Mar siempre se lo había parecido.

     -¿Qué has hecho hoy con ellas? Están muy cansadas. Creo que se durmieron antes de que cerrara la puerta ¿no durmieron siesta? -preguntó Simon al entrar en el salón.

     Más que andar parecía que desfilaba, pensó Mar , poniéndose muy derecha y alerta. Su fatiga desapareció, se sentía más viva que nunca.

     -Naturalmente que durmieron la siesta, pero han estado muy ocupadas todo el día. Hemos jugado en el jardín por la mañana, el escondite todavía les parece muy divertido y con los setos y los muebles de jardín tuvimos muchos sitios para escondernos.

     Simon se sentó en el sofá y estiró las piernas cerrando los ojos.

     -¿Se han agotado por jugar al escondite?

     -No, también fuimos de paseo, para explorar el vecindario. Tenía esperanzas de encontrar un parque al que pudiéramos ir andando para que pudieran cambiar de escenario de vez en cuando, pero no encontramos ninguno -Mar se detuvo y lo miró-. ¿Estás levantado por culpa mía? Podemos hablar mañana si lo prefieres.

     El abrió un ojo, sacudió la cabeza, y lo volvió a cerrar.

     -No estoy cansado, estaba escuchándote. Me concentro mejor con los ojos cerrados. Así que no hay ningún parque por aquí cerca.

     -No, pero fue un largo paseo. Luego comimos y les leí los libros nuevos. Entonces se quedaron dormidas durante un par de horas. Cuando se despertaron jugamos a la pelota en el jardín hasta que me puse a hacer la cena. Puedo prepararte un café o algo. No he preparado ningún bollo ni nada, pero lo haré en cuanto vaya a la tienda y compre los ingredientes. No tienes gran cosa en la despensa.

     Simon levantó la cabeza y abrió los ojos.

     -¿Te ha enseñado RaMel chael dónde guardo el dinero para los gastos de casa? Pago en metálico en las tiendas pequeñas, pero firmo cheques para las cuentas. Hay que abrirte una cuenta para que puedas firmar cuando yo no esté -su mirada se dirigió a sus piernas.

     Mar se sintió incómoda. Quizá debía haberse puesto pantalones largos o una falda, pero los pantalones cortos eran muy cómodos con el calor de Virginia. La casa estaba ahora más fresca, pero durante el día ella había dejado las ventanas abiertas para que entrase el aire. Aún no era verano y no había puesto el aire acondicionado. Simon la miró a los ojos.

     -Mañana me tomaré un rato a la hora del almuerzo y nos encontraremos en el banco. Hablemos ahora de las grandes normas que querías comentar.

     -Supongo que es una cuestión de puntos de vista -dijo Mar con lentitud-. Me dejaste pasmada con tu comentario acerca del trabajo de la mujer.

     -Y di en un punto sensible.

     -Sí. Me criaron dos tías que lo hacían todo en casa, así que yo creo que todo el mundo debe echar una mano. Si tú tienes ideas distintas puede que tengamos que discutirlas. Si yo no encajo será mejor que lo descubramos antes de que las niñas me tomen cariño.

     -Su madre y la mía eran amas de casa. A Valeria le encantaba ser esposa y luego madre. Ella se ocupaba de arreglar la casa y siempre estaba inmaculada. Sus comidas eran creativas y elegantes. Cuando nació MAriana ella le cosía vestidos e hizo las cortinas para su cuarto. Cada uno tenía su papel en el matrimonio y a ella le gustaba ser ama de casa. Me temo que sigo esperando lo mismo, lo que no es justo para ti.

     Mar lo miró fijamente. Nunca le había oído hablar tanto, ni tan elocuentemente. Su amor por la esposa muerta resplandecía en cada una de sus palabras ¿qué se sentiría cuando te querían así? ¿cómo sería saber que eres la luz en la vida de alguien?

     -Pero ese papel no vale para todo el mundo ¿no preferirías que tus hijas crecieran sabiendo que pueden elegir lo que quieren y lo que no quieren hacer?

     -Claro que quiero eso para ellas. Pero poner la mesa no les va a condicionar para toda su vida.

     -No, pero oír a un hombre decir que ese es trabajo de mujeres sí podría hacerlo. Mientras yo esté aquí las enseñaré a limpiar y a guardar las cosas en su sitio. Pero todo el mundo tiene que saber unas nociones básicas de cómo llevar una casa, no solo las niñas.

     -Entiendo tu postura y la respeto. Me refrenaré para no hacer comentarios machistas de Neandertal en el futuro, si tú te refrenas de convertir a mis hijas en feministas ardientes.

     Mar sonrió, contenta de descubrir que Simon tenía sentido del humor.

     -De acuerdo. Además, cuando seas mayor puede que te venga bien que ellas sepan cómo segar el césped o cambiar bujías.

     -¿Y tú las vas a enseñar eso?

     -Ahora no, son muy pequeñas.

     -Está claro que eres el resultado de la educación de tus tías.

     -Así es. Nosotras lo hacíamos todo en la vieja casa y cuidábamos los coches para ahorrar unos dólares.

     -¿Las mismas tías que ahora viven en Ocean View?

     -Sí, las echo mucho de menos.

     -Entonces ¿por qué están ellas allí y tú aquí?
   

   
     CAPÍTULO 3

     ES UNA larga historia.
    Simón sintió ganas de oírla. No pensaba que ella pudiera contarle lo que había sucedido en unas pocas palabras. Se arrellanó en el sofá para escucharla. Le gustaba su voz, baja y con un leve acento de Virginia.

     -Tengo unos minutos -murmuró.

     -Entonces será mejor que te hable de las niñas y ya te contaré mi vida en otro momento -dijo ella con algo de aspereza. Él la miró perezosamente.

     -Son las nueve menos cuarto de la noche. No pareces lo bastante mayor como para tener una historia muy larga. Cuéntame algo más de ti y luego hablaremos de las niñas.

     Mar suspiró teatralmente y se encogió de hombros.

     -Mis padres murieron cuando yo tenía siete años y fui a vivir con tía Eugenia y tía Love.

     -¿Love?

     -En realidad se llama Patricia Lovitte Stephens, pero sus padres la llamaban Love cuando era pequeña y con ese nombre se quedó ¿Quieres que te diga también el nombre completo de tía Eugenia? -él sacudió la cabeza sintiéndose levemente divertido-. De todas formas eran las tías de mi padre, así que son mis tías abuelas. Andaban por los sesenta cuando yo fui a vivir con ellas.

     -Un poco mayores para hacerse cargo de una niña de siete.

     -No parecía ser así. Tienen más energía que la mayoría de la gente que tiene la mitad de sus años. De todas formas no había nadie más. Así que para bien o para mal estábamos juntas, aunque yo me di cuenta más tarde de que ellas se podían haber negado a tenerme y haberme mandado a una familia de acogida. Pero ellas nunca hubieran hecho una cosa así. Me quisieron desde el primer momento, yo tardé un poco más en quererlas porque echaba de menos a mis padres. Pero las tías sabían lo bastante como para darme tiempo. Ahora estoy loca por ellas, por supuesto, como todo el mundo que las conoce.

     -¿Discutieron? -ella lo miró y frunció el ceño-. Lo digo porque ya no vivís juntas.

     -No. La casa en la que habían vivido los últimos veintiocho años no les pertenecía. Se la alquilaban al señor Phelps. El era también todo un personaje, era ya más viejo que Matusalén cuando yo llegué allí. Sigamos, la casa tenía goteras cuando llovía y el viento silbaba en algunas habitaciones porque las ventanas no cerraban bien y costaba una fortuna calentarla, pero era nuestra casa. Y era barata, el señor Phelps les puso un alquiler muy bajo cuando llegaron y nunca se lo subió.

     -Déjame adivinar. El señor Phelps ya no está entre nosotros y sus herederos no eran tan generosos.

     -Exactamente. Su hijo no podía esperar para subir el alquiler, pero nosotras no teníamos bastante para pagar lo que pedía y hubiera sido verdaderamente estúpido pagar tanto por una casa que se estaba cayendo a pedazos. Así que las tías decidieron buscar una residencia, pueden permitirse pagar la que encontraron y les encanta estar al lado de la playa.

     -Pero su traslado te dejó en la calle.

     Mar lo miró con recelo. Simón casi se rio al ver su expresión. La historia sonaba a telenovela ¿no podía ella verle la gracia?

     -Tengo una buena amiga que me invitó a vivir con ella. Pero su marido viene pronto y yo sé que quieren estar solos. Además apareció este estupendo empleo y aquí estoy.

     -¿Así que tu comentario misterioso de haber cuidado a otros significaba que habías cuidado de tus tías?

     -Algo así. En los últimos años yo hacía casi todas las comidas, aunque tía Love es la mejor pastelera del mundo. Hace las mejores tartas y bollos y sus galletas se deshacen en la boca. Eugenia nunca fue una gran cocinera y ahora tiene artritis, y eso la limita mucho.. Pero las dos tienen la cabeza como un reloj. Su memoria es mucho mejor que la mía. Te van a encantar.

     -¿Qué?

     -Puf. Quiero decir, o sea que ¿puedo invitar a venir alguien de vez en cuando? Ellas querrán ver dónde vivo. Y a las niñas les van a gustar mucho, eso es lo que quería decir, que a las niñas les van a encantar. Es como tener abuelas.

     -Tienen abuelos en Hampton.

     -Ya lo sé. Melody me dijo que se habían ido allí al jubilarse.

     -Y tienen los padres de su madre que viven en Georgia.

     -¿Tíos y tías?

     -Dos tíos y dos tías.

     -Bien, si están acostumbradas a tener parientes alrededor no les molestarán unos cuantos más.

     Simón no quería que compartieran los familiares de Mar. No quería que creara un lugar en las vidas de sus hijas que luego fuera difícil de llenar cuando se marchase. Y a pesar de su afirmación de que no quería casarse, él no confiaba en que fuera a quedarse los tres años enteros. Esa era la razón por la que él iba a seguir buscando una niñera que cumpliera con sus requisitos.

     Esa era la única razón. No los sentimientos que provocaba en él cuando la tenía cerca. El podía controlar eso, era para proteger a sus hijas por lo que necesitaba reemplazar a Mar, pronto.

     -¿Por qué dijiste que el matrimonio no era para ti? -preguntó de pronto porque necesitaba saberlo. A lo mejor ella le contaba algo que lo convenciera de que en realidad pensaba lo que decía y que no se había limitado a soltarlo para causar una impresión favorable en la entrevista. Ella sacudió la cabeza.

     -No nos conocemos lo bastante como para compartir algo tan personal. Tendrás que creerme con respecto a eso, no espero casarme nunca -Marnse puso de pie sonriendo cortésmente, pero Simón vio la distancia que había en su mirada y sintió como si se hubiera levantado un muro entre ellos. Interesante reacción a una pregunta muy sencilla-. Voy a recoger la cocina y luego me retiraré. Dime dónde está el banco y me encontraré allí contigo mañana.

     Simón se puso también de pie, tan cerca de ella que podía haber alargado una mano y tocarla el hombro.

     -¿Quieres que te ayude con la cocina? -sus palabras lo sorprendieron. Nunca le había ofrecido ayuda a Vale, aunque le había gustado sentarse a tomar un café con ella mientras trabajaba.

     -No, gracias ¿el banco?

     Evidentemente había terminado el tiempo de charla. Y ni siquiera habían empezado con las niñas ¿por qué había provocado una reacción así su pregunta? ¿estaba ella recuperándose de la pérdida de alguien igual que él?

     El nunca había pensado en volver a casarse, así que podía entender esa razón. Y si era así ¿por qué no lo decía directamente?
   
     «No espero casarme nunca». Las palabras resonaban en la cabeza de Mar mientras fregaba las sartenes y cazuelas y las guardaba en su sitio. Durante años había tenido cuidado de no tener ninguna relación muy estrecha con ningún hombre para no tener que decirle que ella nunca podría tener niños.

     Una cita ocasional estaba bien, especialmente si al hombre le gustaban las mismas actividades que a ella, pero al primer síntoma de que él podía ir en serio ella se retiraba.

     Estaba contenta con su vida y con los planes que había hecho para su futuro. Había puesto su pasión en el trabajo y había encontrado placer en otros aspectos de la vida, igual que había hecho la tía Love. No iba a afligirse por lo que no podía ser.

     Y durante tres años iba a formar parte de aquella familia, sin que su corazón se comprometiera. Lo haría lo mejor que pudiera con aquellas niñas preciosas y para cuando hubiera terminado su estancia tendría su título y puede que alguna experiencia para empezar a trabajar en su profesión. El hecho de que entonces tendría ya veintiocho años no la preocupaba. Tendría toda la vida por delante y no importaba cuánto tiempo durase su preparación básica, siempre que se mantuviera centrada en ella.

     Apagó las luces y se fue a su cuarto. Las cajas que había llevado Simón el día anterior seguían aún amontonadas en una esquina. Puede que al día siguiente pudiera desempaquetar algunas. Lo primero que iba a intentar localizar eran sus pinturas y la tinta y las plumillas para poder empezar a dibujar. Puede incluso que hiciera un boceto del guerrero.

     Mientras se preparaba para acostarse, Mar mantuvo a raya sus emociones, pero una vez que se hubo deslizado entre las sábanas y apagó la luz, estas se desbocaron y amenazaron con sobrepasarla.

     Nunca se había disipado el deseo de tener una pareja. A pesar del rígido control que ejercía sobre sus pensamientos, el anhelo subía a la superficie. Quería que la amasen por sí misma y compartir ese amor del que se sentía llena con alguien muy especial. Saber que había una persona en el mundo que la valoraría, la amaría, la apoyaría en sus sueños y le ofrecería consuelo cuando las cosas no salieran como ella había esperado.

     A veces la invadía el miedo. Miedo por el futuro solitario al que se enfrentaba, los años interminables en los que estaría sola una vez que hubieran muerto sus tías. Pero aquella noche lo dejó a un lado, concentrándose en cómo dibujaría a Simón como un antiguo rey guerrero. Con un castillo en ruinas al fondo, decidió un instante antes de quedarse dormida.
   
   
     -¿Estás seguro de que quieres hacer esto? -le preguntó a Simón al día siguiente cuando la mujer de la ventanilla del banco fue a buscar los impresos. Mar y las niñas se habían encontrado con Simón en el banco. De pronto Mar se dio cuenta de que él le estaba dando firma en su cuenta, de que ponía sus bienes en manos de ella. Sus padres, le había explicado, tenían también poderes en su cuenta, pero él se los estaba otorgando para el cuidado de las niñas cuando él no estuviera-. Quiero decir que el poder firmar en esta cuenta significa que tengo acceso a todo tu dinero. Yo pensaba que íbamos a abrir una cuenta para los gastos domésticos;

     El se acercó a ella, su aliento le rozaba las mejillas cuando hablaba. Ella podía ver las finas arrugas de sus ojos y tuvo que contenerse para no tocarlas. Estaban en un sitio público y él solo estaba hablando. Pero el deseo era fuerte. Intentó concentrarse.

     -Si te confío a mis hijas ¿por qué no te iba a confiar mi dinero? Siempre puedo obtener más dinero.

     Mar sabía que no tenía dudas de que ella pudiera fugarse con los fondos, pero la sorprendió la profundidad de su confianza.

     -Ok . Y no tienes por qué preocuparte, yo nunca tomaría tu dinero.

     -Lo sé -él se echó hacia atrás cuando volvió la empleada del banco.

     Mar respiró hondo e intentó relajar sus nervios en tensión. Aquel hombre la estaba volviendo loca y no tenía ni idea de ello. Como debía ser. Ella simplemente tenía que dejar de encontrarle intrigante y fascinador y también hechicero, o él acabaría por sospechar lo que pasaba.

     Firmó los impresos intentando distanciarse de lo que estaba haciendo. Tenía firma en su cuenta; cuando él estuviera de viaje sería obligación de ella asegurarse de que se pagasen a tiempo las facturas, de que se comprase la comida y de que las niñas tuvieran vestidos y zapatos. La responsabilidad le parecía pesada, casi la de una esposa. Esperaba que no tuviera que ir a ningún sitio durante mucho tiempo.

     -¿Qué les parece que comamos en McDonald's? -preguntó Simón a la salida del banco. El tenía a Amy en brazos y Mar a su lado no se sintió demasiado alta por primera vez en su vida. Sonrió ante la respuesta entusiasta de Mariana y la tomó de la mano.

     -Vamos entonces, tu papá tiene que volver pronto al trabajo.

     -¿Viniste en tu ranchera? -preguntó él cuando ella se detuvo ante el coche polvoriento-. Tengo un coche en el garaje. Creo que Mel te dijo que lo usaras.

     -Lo hizo, pero prefiero el mío. Puede que sea viejo, pero el motor está en perfectas condiciones. Mis tías nunca me habrían dejado que lo usara si no fuera así.

     -¿Y quién le hizo la puesta a punto, tú o ellas? -Mar abrió la puerta de atrás y esperó mientras Mariana entraba en el coche.

     -La última vez la hice yo, bajo la supervisión de la tía Eugenia. Va como la seda. Venga, atrévete, te llevaré hasta el McDonald's y podrás comprobarlo por ti mismo. Otra ventaja es su tamaño. Si tuviéramos un golpe es un coche viejo y pesado y sólido. Puede soportar un buen impacto sin daños.

     -Espero que no estés planeando ningún choque.

     -No -dijo Mar riendo-. Y si te fijas en el coche verás que aunque es viejo no tiene una sola abolladura. Eso te dirá algo acerca de mi excelente expediente de conductora.

     A Simón le gustaba la burla que había en el tono de Mar.Hizo una representación exagerada del acto de revisar el coche y de su sorpresa al descubrir que las palabras de ella eran ciertas. No había ni una sola marca.

     -Parece estar bien-ella volvió a reírse y él se dio cuenta de que era algo que ella hacía con mucha frecuencia.

     -Está en perfectas condiciones y lo sabes.

     Le recorrió un vago sentimiento de culpa al sentarse en el asiento del pasajero. Estudió a Mar mientras se ponía el cinturón de seguridad y ponía en marcha el motor. Ella vestía unos pantalones ajustados, de una tela blanca que parecía acariciar sus largas piernas. La camiseta era de un azul profundo que hacía parecer más oscuros sus ojos. Tenía el pelo recogido hacia atrás, la única forma en que lo había visto ¿cuándo se lo soltaría para dejarlo flotar sobre los hombros?

     Miró hacia delante apartando el pensamiento. No tenía la menor intención de coquetear con su empleada.

     El almuerzo había sido una mala idea. Parecían una familia, pero no la familia que él creyó que iba a tener siempre. Vale no estaba y en su lugar se encontraba sentado con una chica  de piernas sexis con ojos marrones como . Su risa era contagiosa y la gente que estaba cerca sonreía al oírla.

     Ella se inclinó sobre Mariana escuchando con atención lo que quería la niña para comer. El abrazó otra vez a Amy, complacido por el calor de su pequeño cuerpo. No podía sentir curiosidad por Mar. Se negaba a hacerlo.

     Las niñas comieron deprisa, más interesadas en ir a la zona de juegos. Tan pronto como pudieron se apresuraron a ir al tobogán y las demás cosas diseñadas para divertir a los niños.

     Simón comió a buen ritmo, mirando su reloj. Tenía mucho tiempo antes de que tuviera que volver a la oficina, pero cuanto antes acabase antes podría irse y volver al trabajo. Necesitaba algo que distrajera su mente de Marianella.
     Él la observó mientras mordisqueaba una patata frita. Casi podía sentir el sabor mientras ella volvía a impregnarla de ketchup y le daba un pequeño mordisco.

     -¿Tienes intención de acabar el almuerzo antes de la hora de la cena? -preguntó al darse cuenta de que comía más despacio que él y que sus hijas. Ella sonrió y asintió con la cabeza. Simón sintió una punzada. Era tan bonita como un rayo de sol y lo preocupaba haberse dado cuenta de ello.

     -Me gusta disfrutar de la comida, incluso en un restaurante de comida rápida. Hay que saborearla, gozar con ella.

     Sensual. Esa fue la palabra que le vino a la cabeza mientras la observaba. Parecía gozar de todos los aspectos de la vida, desde el visual al táctil. En el escaso tiempo que llevaba cuidando de sus hijas él se había dado cuenta de la cantidad de veces que las tocaba, las retiraba un mechón de pelo, las daba una palmadita en el hombro o las abrazaba cuando decían algo que le gustase. ¿Le abrazaría a él si dijera algo que le gustase? Simón se puso de pie bruscamente y recogió los restos.

     -Tengo que volver a la oficina.

     -¿Ya? Las niñas acaban de ponerse a jugar.

     -Volveré andando al banco para recoger mi coche. No está tan lejos. Quédate aquí y cuando acaben de jugar te las llevas a casa.

     -¡Sí, señor! -su sonrisa era también contagiosa.

     Simón se dio la vuelta y salió rápidamente. Necesitaba tomar perspectiva. El paseo le daría un tiempo de estar solo y también una salida para la energía que parecía envolverlo.
   
   
     Mar acostó a Amy aquella noche y la arropó. Qué niñas más cariñosas tenía Simón ¿se daba cuenta de lo afortunado que era? Eran tan tranquilas y amables, a no ser que se las dejara sueltas en el jardín. Allí corrían y gritaban y se reían cómo los niños que ella veía en el parque. Como había hecho ella cuando era niña. Y como había pensado una vez que harían sus propios hijos.

     -¿Dónde está papá? -preguntó otra vez Amy.

     -Hoy llegará tarde ¿recuerdas? No creo que tarde mucho, y cuando venga subirá a darte un beso de buenas noches, y si estás dormida subirá lo mismo.

     -A veces se va -dijo Mariana desde su cama.

     -Lo sé, pero siempre vuelve ¿no? -dijo Mar preguntándose de pronto qué pasaría si Simón alguna vez no volviera ¿qué harían las niñas sin tener por lo menos a uno de sus padres? Lo mismo que había hecho ella, ir a vivir con sus parientes. Tenían a la tía Rachael y a ambas parejas de abuelos, y más familia. No sería el fin del mundo, solo el fin del mundo que ellas conocían.

     Mar bajó las escaleras con el monitor para niños en la mano ¿Se había retrasado Simón deliberadamente? ¿Había sido por algo que ella hubiera dicho en la comida?

     A lo mejor era solo parte de su trabajo ¿Cómo había llegado él a tener una profesión dedicada al canje de rehenes y de las instalaciones de alta seguridad? ¿Se lo contaría si se lo preguntara?

     A las once Mar dejó de esperar. Había dejado un plato en el horno, pero lo guardó en la nevera. Seguro que él ya había cenado. Comprobó las puertas y las ventanas y se fue a la cama.
   
   
     -¿Mar? -el golpe en la puerta volvió a sonar. Desorientada se alzó apoyándose en un codo.

     -¿Si?

     -Mar, soy Simón . Despierta.

     Retiró la sábana y miró el reloj. Eran las tres.. Corrió hacia la puerta y la abrió ¿había alguna emergencia? ¿pasaba algo con alguna de las niñas?

     Simón estaba allí se le podía entrever a la luz de la cocina. No había encendido ninguna luz en el cuarto de estar.

     -¿Qué pasa? ¿Es una de las niñas?

     -No, están bien. Acabo de llegar a casa y hacer la maleta. Me voy dentro de unos minutos y tengo que hablar contigo. Un loco tiene a una familia secuestrada en una hacienda. Llevamos toda la noche negociando la situación -nombró un país de Latinoamérica famoso por su inestabilidad-. La policía de allí ha pedido mi ayuda y no puedo decir que no. Tengo que irme en... menos de diez minutos. Vendrá a buscarme uno de los hombres de la empresa. Dejaré aquí mi coche. Úsalo si quieres o si le pasa algo a la ranchera. 0 usa el que está en el garaje ¿Alguna pregunta de último momento?

     Ella lo miró sin entender nada. El parecía el mismo de siempre, quizá más duro, más tenso.

     -No creo. Has dejado una lista de teléfonos de contacto, conozco la rutina. Cuidaré bien de tus hijas ¿Las has visto? ¿Les has dado un beso de despedida?

     -Sí. Las dos están profundamente dormidas ¿estarás bien con ellas? Si necesitas cualquier cosa llama a mis padres.

     -Lo sé. Pero no voy a necesitarlos. Estarás de vuelta antes de que nos demos cuenta ¿no?

     -No sé cuánto tiempo estaré fuera.

     -Oh.

     Mar no supo por qué lo había hecho, pero alzó los brazos y le dio un fuerte abrazo y un beso ligero en los labios.
     -Cuídate. No seas un héroe muerto -susurró.

     Los brazos de Simón  la rodearon, sujetándola con firmeza, hasta que Mar se preguntó si la iba a soltar alguna vez. Un silbido que vino del exterior hizo que aflojara su abrazo.

     -Es para mí. Tengo que irme -su boca se aplastó contra la de ella en un beso apasionado que Marr sintió hasta los talones.
     Y luego, de pronto, se fue.
   

2 comentarios:

  1. Hola percha cómo estas?
    sin duda estos capitulos me dejo o.O totalmente sorprendida
    pobre Mar , ojala que sea una equivocación o un mal entendido :(
    quiero leerla con un bebé:D , aunque por lo menos ahora tiene esas
    dos hermosas nenas tan chiquitas y que la necesitan tanto :D,
    tanto como el padre cof cof! jajaja, me mata lo que se le ocurre
    mirándola, y como la tiene estudiada como cuantas veces le toca
    a sus hijas jajaj .
    otra cosa que me sorprendió sin duda fue el final, fue cómo que
    me perdí ajaja; lo leí varias veces por las dudas ajaja
    osea yo sabía que no iban a durar mucho sin que pase algo, eso era obvio
    pero así como tan rápido o mejor dicho tan abiertamente los dos como si
    nada jajano será un sueño? ajajja porque esta bien que quería el abrazo
    que le daba a sus hijos jajaj pero el beso? jajaj demasiado bueno para ser
    verdad y espero que sea un sueño, porque no tendría sentido más de parte
    de Simón pero más que sentido cambiará todo dramáticamente para mal a su
    vuelta, cuando haga lo que mejor sabe hacer que es pensar en la seguridad
    y elcontrol, cosa que con ella no lo esta demostrando mucho la verdad jajaj
    así que espero que sea un sueño o que no cambie para mal la relación
    cuando vuelva, si es que no se tira de algún puente cuando reaccione
    y se de cuenta lo que hizo jajaj..
    bueno percha ya sabes que espero más que ansiosa el próximo capitulo

    te mando un beso
    Jess.

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    1. Percha qu bueno que te guste la nove, las cosas pasan rapidas con los payasitos ademas esta nove es cortita. Porque s evienen muchas mas

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