lunes, 17 de febrero de 2014

Capítulo 8, 9 y 10 : "En el lugar equivocado"



Hola se preguntaran porque hoy les dejo 3 caps la respuesta es la siguiente  uno son cortitos(no se porque los separe asi pero si cambio algo tengo que modificar todo jaja) y dos: me voy a la costa vuelvo el sabado y no se si aya voy a poder subir voy a tratar de llevar la compu pero nose si tenga tiempo, pero no se preocupen que a mas tardar el sabado ala tarde- noche les compenso con otros 3 caps, espero que les guste , falta poco para que pase  lo mas importante , besos


CAPITULO 8:

Lali se quedó paralizada ante los ojos  que la miraban fijos como si hubiera cometido un crimen. El rostro de Pablo se fue tensando mientras se acercaba. Y Lali, que sabía muy bien qué se sentía cuando un miembro del sexo opuesto la aburría o molestaba, descubrió lo que se sentía cuando la atemorizaba...

Unos peligrosos ojos escrutaron el pálido rostro de Lali.

-¡Te pierdo de vista un instante y te pones a llamar por teléfono! ¡Estabas filtrando la información! ¡Has traicionado mi confianza! -la condenó Pablo sin disimular su ira.

A pesar de estar temblando y de tener el estómago agarrotado Lali no pudo dejar de sentirse fascinada ante aquel temperamento mediterráneo explosivo, volátil y lleno de dramatismo. Le resultaba completamente extraño.

-Señor Martinez... -comenzó a decir tratando por todos los medios de hacerle comprender que no debía de suponer siempre lo peor.

-Has hecho tu elección, así sea. ¡Voy a destruirte por esto! -añadió Pablo letal.

-Lo has malinterpretado -protestó ella febril-. ¡Sólo he podido llamar a la operadora!

Pablo la miró despreciativo y se alejó a grandes pasos. La ira se expresaba en cada movimiento de su cuerpo.
Por un instante Lali se quedó paralizada, desconcertada. Pablo la había arrastrado hasta el aeropuerto, la había maltratado y de pronto la dejaba ahí, tirada y sin dinero. Sólo el miedo a lo que pudiera sucederle a Cande la hizo correr tras él.

-¡Apártate de mi camino! -gritó él al verla.

-¡No es lo que vos pensas! -explicó Lali acalorada. Pablo continuó andando sin hacerle caso-. ¡Sos un necio! ¡Lo único que estaba haciendo era una llamada a cobro revertido a mi jefe de la librería,
¿vale?

-¿De qué librería estás hablando? -preguntó Pablo de mal humor, volviéndose hacia ella de mala gana.

Lali se quedó mirándolo con el ceño fruncido, notando de repente que faltaba algo.

-¿Qué diablos has hecho con las bolsas? ¡Por el amor de Dios, has salido corriendo y te las has dejado tiradas ahí en medio?

Lali se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos. Vio las bolsas en el suelo y se apresuró a recogerlas para volver junto a él.

-¿Qué librería? -repitió Pablo sin inmutarse al verla llegar cargada.

-Trabajo en una librería durante el día. Y además vivo justo encima... 

- Lali hizo una pausa para recuperar el aliento-. Tengo que hablar con el señor Barry para avisarle de que mañana no iré, si desaparezco de repente llamará a la policía...

-¡Tonterías! Pensará que te has escapado con tu novio. Los empleados de tu edad son de poco fiar - aseguró Pablo sin dejarse impresionar.

Ofendida ante aquella respuesta, Lali respiró hondo y trató de mantener la calma, pero no funcionó.

-¿Sabes? ¡Estoy hasta aca de vos! -exclamó llevándose la mano a lo alto de la cabeza-. Yo no tengo ningún novio, y además soy una empleada de fiar. No me subestimes ni me hables en ese tono, yo nunca falto a mi trabajo. Llevo cinco años en el mismo empleo, y durante los dos últimos se puede decir que casi he llevado sola el negocio...

-¿Y entonces qué estás haciendo limpiando pisos por la noche? -preguntó él incisivo.

-Necesito el dinero ¿Es que es asunto tuyo?

-Tu insolencia me pone de mal humor.

-Vos a mí tampoco me gustas... ¿qué esperabas? No he hecho nada malo, sólo he cometido un error, y me estás tratando como si fuera un criminal. Me haces chantaje para que haga cosas que no quiero y... además... no me gusta esa idea de que como soy pobre no debo de ser muy honesta.

-¿Has terminado ya? -Lali se puso colorada y apretó los labios-. No estoy de humor para soportar estas tonterías, hoy menos que nunca. Vamos, ya hemos perdido suficiente tiempo.

-Entonces... ¿me crees? -preguntó Lali unos segundos más tarde mientras trataba de caminar a su paso.


CAPITULO 9

-Lo único que creo es que te he descubierto antes de  que pudieras desobedecer mi orden de no acercarte a un teléfono -dijo Pablo- Eres pequeña y escurridiza. ¿Por qué no me sorprende?

-¡Yo no soy escurridiza!

-Podías haberme dicho que tenías otro empleo, no soy una persona tan poco razonable -añadió Pablo - .Pero has preferido hacerlo a escondidas.

Si volvía a pronunciar la palabra «escurridiza» lo abofetearía, se dijo Lali con el rostro encendido. Se sentía incapaz de disculparse, pero más aún de pedirle permiso para hacer cualquier cosa. Y aquella llamada era necesaria. Por desgracia iba a tener que contarle al señor Barry una mentirijilla delante de él. Lali no tenía por costumbre mentir. Por el contrario, era incluso demasiado directa y sincera. Conocía bien sus defectos, pero algunos de ellos eran su mejor defensa. Era una persona terriblemente independiente, no le gustaba trabajar en equipo y le encantaba disponer de libertad para decidir por sí misma. Por eso aquellos dos empleos encajaban bien con su personalidad.

Casi una hora más tarde, cuando el tenso silencio de Pablo estaba a punto de acabar con los nervios de Lali, un hombre alto apareció con las llaves de su casa y el pasaporte. Los dos hombres se pusieron a hablar en griego ignorándola por completo.

-Espero que hayas dejado mi casa en orden - recalcó entonces Lali en voz alta-. Y que la hayas dejado bien cerrada -añadió sin poder evitar que un gemido saliera de su boca-. ¡Por el amor de Dios! ¿Cómo diablos has entrado con la alarma conectada? ¿Has vuelto a conectarla...?

-Mis empleados de seguridad no son estúpidos - alegó Pablo ofendido-. Lo han dejado todo en orden.

-Debe de ser reconfortante saber que cuentas con empleados tan eficientes como ladrones -comentó LAli. Pablo le lanzó una mirada tormentosa-. Es de mala educación ignorar a las personas - añadió
ella dándose la vuelta.

Lo cierto era que no era más que una mujer de la limpieza, se dijo Lali exasperada. El escalafón más bajo de todo el personal. Y estaba tratando con un hombre acostumbrado a ser servido a todas horas. El hecho de que se comportara desde ese momento como si fuera invisible no abrumó a Pablo, que evidentemente esperaba que se mantuviera en un respetuoso silencio y que no hablara a menos que le preguntaran. Sin embargo Lali nunca había sido una persona callada. De pronto sintió frío, así que sacó el abrigo de la bolsa, le quitó la etiqueta y se lo puso. Le llegaba hasta el suelo. Si se subía el cuello parecería un fantasma.

-Toma -dijo Pablo tendiéndole su móvil. Lali parpadeó confusa-. Tu historia encaja. Vico, el que ha ido a tu casa a por el pasaporte, lo confirma. Puedes llamar al propietario de la librería.

Lali marcó el teléfono. En cuanto escuchó la voz del señor Barry le explicó que faltaría al trabajo un par de días y se disculpó por no haber avisado con más tiempo. Puso de excusa la enfermedad de un amigo. Luego colgó el teléfono. Pablo la miró de reojo.

-Sos una buena mentirosa, resultas muy convincente.

Unas cuantas horas más tarde Lali había cambiado de estado de ánimo. Miraba a su alrededor con curiosidad. En el interior del jet los  asientos eran de piel de color crema y la decoración elegante. El espacio destinado a los pasajeros parecía más un salón de lujo que un avión. ¿Acaso Pablo Martinez se daba cuenta de la suerte que tenía? ¡En absoluto! Lali observó a su anfitrión. Habían estado esperando a que el aeropuerto les concediera permiso para despegar, y mientras tanto él había recorrido la habitación de un lado a otro rebosante de frustración e impaciencia. Por fin habían despegado, pero él seguía exactamente igual.

Lali estuvo contemplándolo. Tenía el cabello Castaño oscuro, perfectamente peinado, con un estilo que encajaba con la forma de su cabeza. Los ojos, espectaculares, estaban enmarcados por
largas pestañas. Las pupilas eran del color de la noche, capaces de brillar como las estrellas. Y los fuertes pómulos le añadían carácter. La nariz, arrogante, parecía advertir de ello. ¿Y aquella boca, generosa y perfecta? Inspiraba pasión y sensualidad. Lali no pudo dejar de preguntarse cómo tal conjunto de rasgos podían dar lugar a un rostro tan devastador. Para cuando llegó a ese punto de la reflexión se dio cuenta de que estaba excitada, y tuvo que admitir algo que hubiera estado perfectamente dispuesta a negar. ¿A quién
había querido engañar al decir que Pablo Martinez le producía repulsión? Aquella revelación dejó atónita a Lali, que hacía años que no se sentía atraída por ningún hombre. Pero tenía que tratarse simplemente de unas pocas hormonas que, mediante trampas, pretendían recordarle que podía ser tan estúpida como cualquier otra mujer.

Pablo resultaba increíblemente sexy aún de mal humor, y si era ella quien se había dado cuenta entonces es que era verdaderamente sexy. Poseía esa extraña fluidez en los movimientos que tenían los hombres con perfecta conciencia de su propio cuerpo, se movía como un enorme gato sobre patas almohadilladas. Y su cuerpo era perfecto. Hombros anchos, estómago plano y tenso, caderas estrechas, muslos largos y poderosos... Lali iba tomando buena nota de todos los detalles. Un hombre de ensueño... hasta que abría la boca. O mientras no la dejara cargar con las bolsas o la mirara con aquel infinito desdén sin ocurrírsele preguntar siquiera si tenía hambre o sed. Pablo Martinez no era un hombre de sentimientos. Era duro, egoísta, de mente cuadrada y por completo centrado en sus propios deseos...


CAPITULO 10:

De pronto Pablo la vio mirándolo y frunció el ceño. Lali se encogió asustada sintiendo de pronto que le faltaba el aliento. Sin embargo
aquella era uná sensación nueva para ella, como si estuviera al borde de la más pura excitación, incapaz de apartar los ojos de él. Era una excitación enfebrecida. El corazón le latía acelerado en los oídos mientras la boca se le quedaba de pronto seca. Una llama ardiente se retorció en su interior dándole color a su semblante.

-Son las tres de la madrugada en Grecia, deberías tratar de dormir -murmuró Pablo con voz espesa.

El  sonido de aquella voz profunda y masculina fue como miel para los oídos de ella, la hizo estremecerse. Parpadeó y se puso en pie.

-¿Dormir?

Pablo alargó una mano y pulsó un botón. Sus alucinantes ojos estaban semiocultos por las espesas pestañas. Lali se sintió intensamente violenta. Mientras se ponía en pie, mirando a todas partes menos a él, apareció una azafata que la guió hasta un compartimento con una cama.
Lali se dejó caer al borde de ella, desconcertada ante la poderosa reacción de sus pechos y de sus pezones, completamente tensos. Nunca en la vida la había mirado ningún hombre haciéndola sentir
una excitación y una urgencia tan fuertes y poderosas. Pero Pablo lo había conseguido.

LAli estaba perpleja ante aquel descubrimiento, y tan avergonzada de su reacción física que había sido incapaz de controlarse. ¿Acaso se había dado cuenta él de lo sucedido? Cerró los ojos con fuerza.
Estaba asustada ante la sospecha de que Pablo no sólo lo había notado, sino que además había querido perderla de vista precisamente por eso.
Un par de horas más tarde una voz insistente y suave despertó a Lali de un sueño poco reparador.

-¿Señorita Rinaldi...?

Lali se incorporó y se apoyó lentamente sobre los codos. La azafata asomaba la cabeza por la puerta con expresión insegura y una bandeja en las manos ,Lali se incorporó otro poco más y sonrió
aceptando el ofrecimiento.

-Gracias...¿sí?

-Nosotros... bueno, el personal de vuelo y yo nos preguntábamos si querría usted quizá despertar al señor Martinez -señaló la azafata-. Aterrizaremos dentro de quince minutos, y naturalmente ninguno de nosotros quiere molestarlo...

-¿Molestarlo? -inquirió Lali preguntándose por qué le hacía aquel extraño ruego.

-Alguien tiene que despertar al señor  para que se vista para el funeral.

-¿El funeral? -repitió LAli.

-Me temo que este vuelo va muy retrasado, señorita . Entre el retraso sufrido en Buenos Aires y el de aquí, a la hora de aterrizar, no queda tiempo. El señor Martinez tendrá que asistir al funeral directamente desde el aeropuerto. Espero que no lo considere una intromisión, pero quería decirle que todos nos alegramos mucho de
que el señor MArtinez tenga a alguien en quien apoyarse en estos momentos -añadió volviendo a salir.

Lali se quedó mirando al vacío, completamente despierta. De modo que Pablo viajaba a Grecia para asistir a un funeral. Y ésa era la razón por la que le había comprado tanta ropa negra. El personal de vuelo debía de haber llegado a la conclusión de que ella era una persona importante para Pablo simplemente por el hecho de que lo
acompañaba. Y recordaba haberle oído decir que, precisamente en ese viaje, no deseaba tener compañía. Lali no podía dejar de preguntarse de quién sería el funeral.

Tras dejar la bandeja del desayuno a un lado Lali se levantó y se apresuró a entrar en el baño. Le hubiera encantado tomar una ducha, pero no había tiempo. Sacó el traje negro y se lo
puso. El aspecto que adquirió con él la dejó atónita. La chaqueta se le ajustaba como un guante, marcándole la cintura, destacándole los pechos. Y la estrecha pollera se le pegaba a cada curva. Estaba fantástica. Lali se ruborizó mientras se miraba al espejo. Aquello era vanidad y superficialidad.

Volvió a la zona de pasajeros y vio a Pablo dormido en una posición imposible en el sillón. Apenas cabía con aquellas largas piernas. Su corazón se enterneció. Él se había quitado la corbata y la chaqueta, y llevaba la camisa de seda abierta. El escote  y el mentón, con la sombra de una barba naciente, le hacían parecer más joven, más accesible. Y además parecía exhausto. Le hubiera ido bien la cama de no haber estado ella. LALi se puso tensa. Todo el personal de vuelo temía molestarlo e inmiscuirse en su dolor, y ella no había hecho otra cosa desde el momento de conocerlo. Se sentía culpable. Era natural que no hubiera estado de humor. Puso una mano sobre su hombro y lo sacudió. Sus largas pestañas se
levantaron lentamente. Pablo suspiró y miró el reloj. Se puso en pie y se dirigió al compartimento en el que estaba la cama.

-¿Señor Martinez? -lo llamó Lali. PAblo se quedó quieto, pero no contestó-. No sabía que ibas a un funeral.


3 comentarios:

  1. K caracter !!!!!.
    Lali tiene k suavizarlo.

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  2. Hola hola percha!!
    eso si que no me lo esperaba pobre Pablo!!
    con razón esta bastante alterado, de quién será el funeral, por como temen sus empleados
    despertarlo debe ser alguien muy cercano a él.
    Igual así en el fondo se re porto con lali ya que le dejo dormir a ella en la cama..
    Ya quiero ver que pasa... :D
    espero más cap!!
    besos!!

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  3. POR DIOS Q CARACTERRR PABLO!!! Es mejor q Lali amanse a la bestia antes de q mate a alguien jajaja sus empleados no quisieron despertarlo, a mi parecer por miedo a q los mordiera jajaja
    Igual me intriga saber quien es la persona q fallecio y si era cercano a el ademas de como tomara la preocupacion por parte de Lali...
    Quiero mas para ver como sigue este par y saber si no se matan antes de q aterrice el avion...

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