lunes, 3 de febrero de 2014

Capítulo 71 y 72 : "Volveré para Vengarme"



Holaa como andan les iba dejar un capi, pero se merecen doble capi jaja se lo ansiosas que son (igual que yo) jajaja apenas termine esta adaptación empieza otra,gracias por comentar siempre, besos
CARO

CAPITULO 71

—¿Por qué estás llorando? —Le preguntó Pablo, con un gesto de arrogancia—. ¿Vuelves a tener la conciencia culpable?

—No tengo nada de lo que sentirme culpable.

—¿Acaso robarme mi empresa delante de mis narices no te parece razón suficiente?

—Si no te gusta, róbamela a mí.

—Gracias. Eso es precisamente lo que tenía en mente —replicó. Entonces, miró de nuevo a Smith—. Supongo que eres su nuevo interés amoroso.

—Esa suerte que tengo —repuso Smith.

—Suéltala y sal fuera —le ordenó en voz muy baja.

—Estaré encantando, pero lo haré cuando deje de nevar —dijo Smith, sin perder los nervios—. No quiero que te caigas de espaldas.

Pablo avanzó hacia él con una ira que casi no podía contener.

—No te atrevas a tocarlo —le desafió Lali—. Él me quiere. No me grita ni duda de todo lo que le digo ni pasea a sus mujeres delante de mí. ¡Tampoco me utiliza para llegar a mi hijo!

—Yo jamás hice eso —dijo Pablo.

—¿No? —Preguntó ella con los ojos llenos de lágrimas—. Me sedujiste para poder tenerme en la casa y así ver a Ian. Sin embargo, cuando descubriste que yo tenía el control de tu empresa dejaste de sentir cariño por nosotros. Eso me dijiste la semana pasada. Tal vez jamás nos quisiste. Lo único que te importa es tu maldita empresa —sollozó, ya abiertamente, antes de ocultar el rostro contra la camisa de Smith—. ¡Vete a dirigirla! ¡No la quiero! ¡No la quise nunca!

Pablo no sabía qué decir. Jamás se había sentido tan indefenso. Probablemente Lali tenía derecho a creer que aquellos habían sido sus motivos. Se había mostrado muy hostil con ella desde que regresó y la había acusado de haberlo vendido sin molestarse en conocer su versión de la historia. Le había dicho cosas terribles...

Se maldijo por su propia estupidez. La ausencia de Lali lo había vuelto loco. Además, la maestría con la que se había enfrentado a su cuñado y había aguantado su posición le había herido en su orgullo.

—Lali... Tal vez podríamos ir a dar un paseo en coche. Para hablar...

—Ve a hablar tú solo, Pablo. Ya no pienso volver a hablar contigo. Mañana, nos marcharemos a Chicago. Si quieres buscarte un abogado para tratar de arrebatarme a Ian, hazlo. Sin embargo, espero que el abogado sea bueno y tengas mucho tiempo y dinero, porque tendrás que encontrarnos primero.

—No se trata de eso, Lali —susurró. Temía que efectivamente pudiera huir y que él nunca pudiera encontrarla.

—Vete... —musitó ella, secándose las lágrimas con un pañuelo que le dio el señor Smith.

— ¿Me vas a escuchar por lo menos?

--- No.

—Mira, yo...

---¡Papá!

Ian entró corriendo y se arrojó a los brazos de Pablo. Este cerró los ojos para saborear aquel amor tan puro y volvió a colocar al niño en el suelo.

—Papá, ¿has venido a verme? Harry está en el jardín. Ya sabe ir por los palos. ¿Quieres verlo?

—Dentro de un momento, hijo.

—Tu papá tiene que marcharse, Ian —dijo Lali—. Está muy ocupado.

Pablo miró a Lali y comprendió que todo era culpa suya. Tal vez más de lo que había pensado en un principio. De repente, sin saber por qué, miró a Lali al vientre. Lo observó con mucha curiosidad. Como Lali se estaba secando los ojos, no se dio cuenta de aquella mirada,  pero el señor Smith sí.
Cuando miró al guardaespaldas, vio que éste le guiñaba un ojo. Pablo comprendió inmediatamente lo que significaba y se sintió embargado por la sorpresa y el gozo.

Con un suave movimiento de cabeza, Smith le indicó que no se delatara. Conocía a Lali.  Si Pablo mostraba que sabía su estado, Lali saldría huyendo. Smith no quería que eso ocurriera. Ella amaba a Pablo y, si aquella mirada servía de indicación, él se moría de amor por ella. Todo había sido un estúpido malentendido. No iba a consentir que los dos vivieran otros seis años de tristeza por una tontería. No sabía qué hacer, pero tenía que pensar en algo antes de que Lali tomara una desastrosa decisión por orgullo. Como su jefa no estaba en condiciones de pensar racionalmente, él iba a hacerlo en su nombre.


CAPITULO 72

Pablo no sabía qué hacer. Aunque había esperado que hubiera otro hijo, la realidad le resultó abrumadora. En silencio, Smith le estaba advirtiendo que no empujara a Lali. Evidentemente, estaba fuera de control emocionalmente y lo que le había dicho la noche que regresó lo había empeorado todo. Había estado tan cerca de conseguir que ella se marchara como hacía seis años...

Entonces, él había permitido que sus dudas e inseguridades turbaran los sentimientos que tenía hacia ella. Jamás habría creído que perdería la batalla por conseguir los poderes. Aunque su propia junta de accionistas se aliara con Lali y rechazara la absorción de Tennison, ella seguiría teniendo todos los ases en la manga. A pesar de todos sus esfuerzos, Lali controlaba su empresa. Ella era su dueña. Su orgullo masculino se había llevado un duro golpe. Cuando ella se presentó en la casa no había podido pensar con claridad. Por eso la había echado. Tampoco se había imaginado que ella estuviera embarazada. Una vez más, la había rechazado. ¿Es que nunca iba a aprender de sus propios errores?

—Dios, soy un estúpido de primera clase —dijo en voz alta. Entonces, observó la sorpresa que se dibujó en los ojos de Lali—. Sí, me has oído bien. No aprendo nunca. Si algo va mal, siempre es culpa tuya, no mía. Perdí los poderes y mi orgullo no pudo soportarlo. Tiré por la ventana todo en lo que habíamos estado trabajando y te mandé hacer las maletas. Ni siquiera con eso me bastó. Te dije que mi empresa significaba más para mí que Ian o tú y te amenacé con llevarte a los tribunales para conseguir la custodia del niño. Soy una joya. Si estuviera en tu lugar, haría que Smith me arrojara a la calle por la ventana.

Lali no sabía qué decir. Estaba esperando más acusaciones, más ira. No había anticipado algo así. Lo miró atónita, sin poder hablar.

—Es mejor que esperemos hasta que te hayas curado —comentó Smith—. No queremos deshacer el duro trabajo del doctor Danbury. Además, tendríamos que sustituir la ventana y con este frío...

—Tienes razón —afirmó Pablo.

Ian se había marchado al ver que los adultos empezaban de nuevo a discutir. El señor Smith miró hacia la puerta trasera y sonrió.

—Es mejor que vaya a ver qué está haciendo Ian. Si ha vuelto a salir al jardín, debería ponerse un abrigo más grueso.

—No puedes dejarme aquí con él —aulló Lali.

—Venga ya, Mar —dijo Smith—. No puedes estar huyendo toda la vida. Mira, Pablo. Ya ha empezado a hacer las maletas para marcharse de aquí. Si quieres hacer algo al respecto, es mejor que te des prisa.

— ¡Traidor!—lo acusó ella.

Smith se limitó a dedicarle una sonrisa antes de marcharse. De repente, se quedaron solos. Lali se sentía muy vulnerable con Pablo, nerviosa y tímida. No podía mirarlo a los ojos y él no dijo ni una palabra.
Pablo se sacó un cigarrillo del bolsillo y lo encendió. Entonces, miró el encendedor que ella le había dado hacía tanto tiempo.

—¿Sabes que llevo este encendedor desde que te marchaste de Billings? Me lo diste tú, ¿te acuerdas?

—Sí. No tenía mucho dinero, pero compré el más caro que me pude permitir. Está chapado en plata. Pensé que se lo darías a uno de tus hombres o lo tirarías después de que yo me hubiera marchado. Cuando regresé, me sorprendió mucho ver que seguías utilizándolo.

—Era lo único que me quedaba de ti. Cada vez que lo tocaba, era como tocarte a ti. Como recordarte.

—Yo creí que eso sería lo último que desearías.

—¿De verdad? —preguntó Pablo. Se acercó al sofá y se sentó enfrente de ella—. La semana pasada dije muchas tonterías. He venido para disculparme. Debería haber venido antes, pero mi orgullo no me lo ha permitido y ni siquiera estaba seguro de que me dejaras entrar después del modo en el que te traté. He venido a decirte que me gustaría que el señor Smith, Ian y tú regresen a casa.

—Ésa no es nuestra casa...

—Sí que lo es —susurró él, en un tono tan tierno de voz, que provocó de nuevo lágrimas en los ojos de Lali—. La casa no es un lugar, sino la gente que vive en ella. Echo de menos a la iguana. La casa está muy vacía sin ella. No tengo marcas de las uñas en las cortinas ni escamas en la alfombra. Se me está rompiendo el corazón.

—Tal vez el señor Smith te la preste —afirmó ella, sin ceder ni un ápice—. O tú te podrías comprar una iguana para ti.

—Puede que tenga una recaída si no estás cerca — insistió—. Me obligo mucho.

—Tu madre está muy preocupada al respecto —comentó ella.

—Y tiene razón. Si tú regresaras a casa, seguramente me tomaría las cosas con más calma. Ian podría leerme cuentos y Smith y yo nos pelearíamos por ti.

—El señor Smith es mi amigo. Mejor de lo que tú lo hayas sido nunca.

—No lo dudo. Los cuida con la ferocidad de un mastín. Mientras él esté cerca, no les ocurrirá nada. He cambiado de opinión sobre él. Tendrá que quedarse con nosotros. Tal vez se pueda ocupar de la seguridad de mi empresa.

—El señor Smith se viene conmigo. Y yo me marcho a Chicago.

—Estarás sola. Como yo. Ni siquiera Ian o Smith podrían compensar eso.

—Llevo mucho tiempo sola, Pablo. Estoy acostumbrada. Sólo necesito mi trabajo.

—No lo creo.

—Lo creías cuando me echaste.

Pablo  dio una profunda calada al cigarrillo y soltó una nube de humo.

—Me porté como un idiota. Los hombres se portan así cuando se sienten amenazados.

—Si yo no hubiera conseguido esos poderes, Vico te habría absorbido sin dudarlo. Habría despedido a toda tu gente y habría colocado a los suyos. Tú te habrías quedado en la calle. Es el hermano de Nicolas y él lo enseñó muy bien. Como a mí.

—Yo creía que tú te habrías adueñado de mi empresa para demostrarle a Vico que no podía quedarse con la tuya.

—Estaba salvando tu preciosa empresa para nuestro hijo. Doy por sentado que tienes la intención de retirarte algún día. Alguien tenía que salvarte de Vico... 

Él no la estaba escuchando. No hacía más que pensar lo hermosa que era, con aquel largo cabello, los ojos marrones y la piel radiante.

—Pablo, ¿me estás escuchando?

— Sí... Tu rostro tiene mejor color que la semana pasada, pero aún sigues muy pálida. ¿Comes bien?

—Sí. Cuando no te estoy maldiciendo.

Pablo sonrió y apagó el cigarrillo.

—Si regresas a casa conmigo, te volveré a hacer el amor —susurró con voz profunda—. Ahora ya no nos tendremos que conformar con una vez, dado que tengo la espalda curada.

—Unas cuantas horas de placer... Eso es lo único que yo he significado siempre para ti. ¡No pienso volver a acostarme contigo! Y tampoco voy a vivir contigo-

3 comentarios:

  1. Ahhhh, repito... el sr smith es lo massss!! quiero uno para mi :P Que bueno que pablito se haya dado cuenta de que se portó como un idiota y que haya pedido perdón, esperemos que lali lo acepte y vivan felices para siempre con su nuevo baby :D jajaja Ian es un amorrr! Me mató pablo diciendo que extrañaba a la iguana XD subi pronto Caro!!! tus adaptaciones son lo massssss. Dani.

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  2. Lali se lo está cobrando y bien ,lo k le hizo ,y dijo Pablo le dolió mucho.
    Smith es adoración pura.

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  3. NOOOO Q BUENO Q SE PUSO ESTO!!!
    quiero massssss noveeeeeeee!!1
    Espero q subas pronto... Besos q estes bien!!!

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