Holaa como andan? espero que bien les deo doble cap, ya se acerca el final , espero que les guste , besos
CARO
CAPITULO 73
—¿Te acuerdas de la noche antes de que te marcharas a Chicago?
—Basta...
—A mí no se me olvida. Fue lo más erótico que hemos hecho nunca juntos. Tan lento y suave...
—No pienso seguir aquí sentada escuchándote.
—Te sentaste mucho más cerca de Smith.
—Estaba muy disgustada. Él me había concertado una cita que yo no quería con el doctor Bryner.
—Me alegro. No tienes buen aspecto.
—Muchas gracias —replicó ella, enfadada—. Yo también te quiero.
—Claro que me quieres, ¿verdad? Me lo has dicho una y otra vez —musitó él. Sintió que había llegado el momento de decir la verdad—. Lali, tú vales millones para mí. Eres vicepresidente de una empresa mucho más grande que la mía. Estás acostumbrada a tomar decisiones, a dar órdenes, a hacerte cargo... Yo te podría haber ofrecido el matrimonio cuando sólo eras una camarera en mi restaurante y me habría sentido cómodo. Sin embargo, ofrecérselo a la viuda de Nicolas Tennison es algo muy diferente. ¿Qué puedo darte yo que tú ya no tengas? ¿Cómo te puedo pedir que dejes un imperio para venirte a vivir a Montana y conformarte con ser mi esposa y la madre de Ian?
—Pero me ofreciste matrimonio —dijo ella, asombrada.
—Sí, pero sabía que estaba soñando. Te deseo desesperadamente. No te miento. Cuando te veo con Ian, se me pone la piel de gallina pensando lo que podría ser tenerte en mi casa todo el tiempo. Sin embargo, sé que es sólo un sueño. Como tú me has dicho en alguna ocasión, tienes obligaciones y responsabilidades. Estás acostumbrada a ser ejecutiva. Después de eso, quedarte en casa con tu hijo no te resultaría satisfactorio. Si quieres regresar a Chicago, no me opondré. Me gustaría ver a Ian de vez en cuando. Si me dejaras tenerlo algún fin de semana o tal vez durante unos días en verano... — concluyó él, poniéndose de pie. Tenía un dolor muy intenso reflejado en la mirada.
— ¿Qué es lo que estás diciendo?
—Que por fin he comprendido lo que has estado tratando de decirme desde el principio. Que ya no eres la adolescente que yo conocía. Hasta hoy, no me he dado cuenta de lo que egoísta que he sido. Sin embargo, no es demasiado tarde para corregir errores. Regresa a Chicago con Smith y Ian si eso es lo que quieres. Seguramente estás mejor sin mí —musitó. No quería pensar en el hijo que ella llevaba en las entrañas porque, si lo hacía, sabía que se volvería loco — . Adiós, mi niña...
Tras mirarla una vez más, se dio la vuelta para dirigirse hacia la puerta. Se le escapó un sollozo de la garganta al ver que el pasado se repetía de nuevo.
— ¡No! —gritó ella—. ¡No! ¡Si te vuelvo a perder, no quiero seguir viviendo! -Pablo se dio la vuelta con el rostro lleno de alegría.
—¿Qué es lo que has dicho?
Lali extendió los brazos.
—Que te amo —musitó con el rostro lleno de lágrimas—. No me importa lo que tú tengas que ofrecerme. ¡Quiero vivir contigo! Por favor, no te vayas...
Pablo regresó a su lado y se arrodilló ante ella. Lali se apretó contra su cuerpo, temblando. Entonces, giró la cabeza para buscarle la boca. Cuando la encontró, gimió de placer cuando los cálidos labios de Pablo le devolvieron la pasión que ella le transmitía.
Él levantó la cabeza y vio que Lali tenía el rostro ruborizado y radiante. Le tocó la mejilla con dedos temblorosos y se sentó a su lado sobre el sofá. Entonces, volvió a abrazarla, de manera que ella tuvo que apoyar la mejilla sobre el firme torso y sentir así los latidos del corazón de Pablo.
—Encontraremos la manera —dijo él, acariciándole suavemente el cabello—. Me puedes dejar a Ian cuando tengas que irte de viaje de negocios. Smith puede viajar contigo y cuidarte...
—No lo comprendes. Lo he dejado.
—¿Que has dejado qué?
—Mi trabajo —contestó, sonriendo a pesar de las lágrimas al ver la expresión de asombro del rostro de Pablo—. Les he dicho que Vico haría mucho mejor trabajo que yo y que presentaba mi dimisión. Les dije que tenía una fusión de otro tipo en mente.
—No me lo habías dicho...
—No me diste oportunidad. Desenfundaste las pistolas en cuanto llegué de Chicago. No pude conseguir que me escucharas.
—Recibí una llamada de teléfono...
—De uno de nuestros directivos. Sí, lo sé. Abandonó la reunión antes de que terminara.
—No puedo asimilarlo... ¿Lo has dejado todo por mí? ¡Esa empresa lo era todo para ti!
—No. Lo eres tú. Y nuestro hijo —afirmó ella—. Además... hay otra cosa, Pablo —añadió con voz preocupada.
— Sí, claro que hay algo más —repitió él, colocándole la mano sobre el vientre.
—¿Lo sabes?
—Sí —respondió él, besándola muy dulcemente—. Esta vez no me voy a perder ni un segundo. Cuidaré de ti.
Lali se sintió llena de felicidad. Le tocó los labios con la punta de los dedos y los delineó.
—Oh, te quiero tanto... No sabía cómo iba a seguir con vida si tú me dejabas escapar una segunda vez.
—Mi madre me ayudó a ver las cosas claras. Se puso furiosa porque yo te dejé marchar.
—Tu madre y yo nos hemos unido mucho —dijo Lali sonriendo—. Entre las dos cuidaremos de ti.
—Te he echado tanto de menos... Todos los días, todas las noches... Cuanto más tiempo permanecías lejos, más te echaba de menos. Hasta que empecé a encontrar razones que no existían. Temía perderte. Cuando tenías dieciocho años, creía que eras demasiado joven para amar. Cuando descubrí quién eras realmente, me aseguré que tú no te conformarías con la única vida que yo podía ofrecerte. Llevo años luchando contra ti, Lali, porque sabía que, si cedía, existía la posibilidad de que no pudiera tenerte para siempre.
— Yo creía que era porque odiabas el efecto que producía en ti.
CAPITULO 74
—Eso también —admitió—. Me convertirse en una víctima de la lujuria sin un ápice de control. Sin embargo, el mundo comenzaba contigo. Eras como un arco iris. Cuando te marchabas, los colores desaparecían de mi vida.
—¿De verdad que quieres que estemos juntos? Si es por Ian, o por el bebé, o porque me deseas...
—Estás buscando palabras que no le he dicho a nadie —dijo él con voz ronca, tras besarle la mano—. Palabras que no he dicho en toda mi vida...
—No. Sólo deseo saber que quieres un compromiso real. Me conformo con eso. No me queda orgullo. Me conformaré sólo con eso, Pablo, si es lo único que puedes darme.
—No... No lo comprendes. Es que nunca he dicho esas palabras...
Lali sintió que se le paraba el corazón. Si no hubiera estado ciega, habría comprendido todo lo que él sentía. Estaba escrito en su rostro, en su respiración, en el modo en el que la tocaba... Le estaba diciendo que jamás había pronunciado las palabras, no que no las hubiera sentido. De repente, y sin duda alguna, supo que él la amaba. No sólo eso, sino que era todo su mundo. Se lo estaba diciendo tan claramente como si lo hubiera gritado a los cuatro vientos.
-Oh...
—Sí. Me comprendes, ¿verdad? Lo comprendiste antes de que te marcharas de mis brazos, la última vez que hicimos el amor. Jamás había sido así. Compartimos algo tan especial que yo me ahogo sólo con tratar de expresarlo. Hicimos al niño entonces, ¿verdad?
—¿Cómo sabes lo del niño si ni siquiera yo estoy segura?
—Te miré el vientre y Smith me guiñó el ojo. El pánico se apoderó de mí al pensar en lo que ocurriría si no te podía convencer para que no te marcharas. El pensamiento de vivir sin ti me aterra.
—Lo comprendo perfectamente —susurró ella. Entonces, le rodeó el cuello con las manos y tiró de él—. Bésame...
—¿Y si no puedo parar?
—Claro que podrás. Tienes que casarte conmigo muy rápidamente para que nuestro bebé tenga un apellido. El correcto en esta ocasión —afirmó ella.
—Me casaré contigo mañana mismo si podemos organizarlo.
—Ian es tu hijo. Tendremos que hacer algo sobre su apellido.
—Ya hablaremos de eso más tarde —musitó—. ¿Sabes lo hermosa que eres? Te miro y me duele el corazón.
—Yo siento lo mismo cuando te miro Pablo. Últimamente he estado tan cansada... No duermo bien.
—De ahora en adelante, dormirás conmigo. Te acunaré entre mis brazos hasta que te duermas. Sería capaz de matar por ti. Moriría por ti. Tú eres mi vida...
Los ojos de Lali se llenaron de lágrimas. Se aferró a Pablo con fuerza.
—Pensaba que no eras capaz de decir las palabras —murmuró.
—La próxima vez que te haga el amor te las diré.
—Lo dices sin palabras, cuando me amas, Pablo —dijo ella, sonriendo. Entonces, empezó a moverse lenta y sensualmente contra él de manera que el cuerpo se le endureciera con aquel contacto—. Me deseas, ¿verdad?
Sin decir nada más, LAli bajó la mano y comenzó a acariciarlo. Pablo se sobresaltó ante lo inesperado de aquel movimiento.
— ¡No hagas eso!
—Eres un santo... —lo acusó ella, sentándosele en el regazo.
— ¡De eso ni hablar! —replicó él—. Tú aún no sabes mucho de hombres,¿verdad?
—Sé que cuando los hombres se ponen como estás tú ahora, están muy abiertos a las sugerencias —afirmó ella con picardía—. ¿Quieres oír una?
—No estamos solo...
—En ese caso, tendrás que llevarme a tu casa.
—¿Quieres venir?
—Por supuesto. Iremos todos. Si estás seguro de que eso es lo que deseas...
—Me preocupas, Lali. Estás dejando tanto por mí...
—No he dejado mi asiento en la junta de accionistas de Vico, ni mi herencia ni mis posesiones. Sin embargo, cuando los niños sean mayores, si tienes un puesto para mí en Arrechavaleta Properties, tal vez sienta la tentación de volver.
—Tendrás que mantenerte al día para que no te oxides.
—¿Y los poderes? —preguntó ella, riendo.
—Si nos casamos, serán bienes gananciales. Lo que es tuyo es mío, señora Arrechavaleta. Todo queda en familia.
—En ese caso, supongo que tienes todo lo que deseo... —susurró muy sugerentemente.
— ¡ Lali!
—Supongo que estar embarazada me está afectando a las hormonas —susurró—, porque en lo único en lo que pienso desde hace días es en estar desnuda a tu lado.
— ¡Por el amor de Dios, para!
—Si hago rápidamente las maletas, podemos estar en tu casa dentro de treinta minutos —musitó—. Y esta noche, yo puedo ir a tu dormitorio, o tú puedes venir al mío, para que hagamos dulcemente el amor. Será como si fuera la primera vez, porque ya no hay secretos entre nosotros.
—Te juro que te compensaré, Lali —afirmó él, acariciándole suavemente el vientre.
Ella lo besó.
—Los dos tenemos que compensarnos. De hecho, estoy deseando hacerlo...
Pablo sonrió antes de ceder a la tentación de los brazos y los labios de Lali. Sin embargo, la pasión casi no había desaparecido entre ellos cuando Smith y Ian entraron por la puerta. Entonces, lo importante fueron las explicaciones, aunque el señor Smith no necesitaba ninguna. La alegría que veía en los rostros de Pablo y Lali lo decía todo. Con una sonrisa de oreja a oreja, Ian y él se fueron a hacer las maletas.

me gustoooooo ya quiero una boda!! #LoveForPablo
ResponderEliminarPablo también jugó bien sus cartas!!!
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