domingo, 16 de febrero de 2014
Capítulo 6 y 7 "En el lugar equivocado"
Holaa chicas , espero que esten de 10 les deo capi rapidisimo que tengo que subir en el foro y en el otro blog tambien nuevo capi, besotes
CAPITULO 6:
Cierto, concedió Lali reacia. Podía resultar sospechoso. Pero eso no justificaba el que insistiera en no perderla de vista en treinta y seis horas. El hecho de que se la llevara de viaje demostraba que estaba loco. Y además no era ése el único problema. La forma
en que Pablo la miraba la ponía furiosa. En medio de toda aquella neblina de sospechas él se había permitido el lujo de mirarla de arriba abajo, como si fuera una mercancía sexual a la venta.
Lali apretó los generosos labios y se puso a rumiar aquello.
Bastante había tenido con tolerar a Peter Bedoya, que se negaba a aceptar un no por respuesta y que estaba convencido de que era sólo cuestión de insistir. No era de extrañar que se hubiera incluso mareado. Aquel arrogante griego no había hecho sino aumentar aún más la repulsa que su subordinado había provocado en ella. Sin embargo Pablo era diferente. Pablo era uno de esos hombres salvajemente masculinos, la clase de tipo que no podía mirar a una mujer sin preguntarse cómo sería en la cama.
Impermeable a la creciente antipatía de Lali, que demostraba con un frígido silencio, Pablo la guió por el aeropuerto hasta la zona comercial. Entró directo en una boutique cara y se dirigió hacia los trajes de chaqueta. Arrojó luego en sus brazos uno negro, de la talla más pequeña, y escogió un bolso, un sombrero y un par de guantes negros largos del estante en el que estaban expuestos. El resto de las exquisitas prendas del estante parecieron deslucidas. Lali se ruborizó hasta la punta del cabello. La dependienta los seguía con
atenta e irritada mirada por toda la tienda. Finalmente Lali susurró en voz baja y mortificada:
-¿Qué diablos crees que estás haciendo?
-Comprar -explicó Pablo escueto, indiferente a las miradas de los empleados que, bien entrenados, seguían atentos cada uno de sus
movimientos.
Pablo se dirigió decidido hacia otro perchero y tiró de un vestido azul sacándolo de la percha para arrojárselo a Lali con la misma
indiferencia. Luego le siguió un largo abrigo negro y por último, tras una pausa ante un maniquí con unos pantalones cortos rosas, Pablo inclinó la cabeza y dijo, dirigiéndose a la vendedora que se acercaba:
-Esto también nos lo llevamos.
-Me temo que no está a la venta, caballero.
-Entonces quítelo del maniquí -ordenó Pablo.
-¡Pero señor Martinez! - silbó Lali ruborizada hasta el límite.
La vendedora, cuya insignia proclamaba su rango de encargada, estuvo a punto de hacer otro movimiento, pero al oír el nombre abrió la boca atónita y miró con más amabilidad al alto y morocho cliente.
-¿Es usted el se... señor Martinez?
-Sí, soy el propietario de esta cadena de tiendas - confirmó Pablo con una mirada de desaprobación -Decime, ¿es habitual que los empleados estén de pie, sin hacer nada, charlando y mirando a los clientes que los necesitan? ¿Y desde cuándo es más importante un maniquí que una venta?
-Tiene usted mucha razón, señor . Por favor, permítame que lo atienda.
-Esta señorita necesita ropa interior. Escoja usted algo -ordenó Pablo dejando que su atención recayera entonces en el estante de los zapatos y arrastrando a Lali hacia ellos-. ¿Qué número usas?
-Creo que nunca en la vida me he sentido tan violenta -comentó Lali temblando-. ¿Es así como te comportas en público normalmente?
-¿Pero qué te pasa? -exigió saber él-. No hay tiempo que perder, elegí unos zapatos.
La encargada estaba al fondo luchando por quitarle los pantalones cortos al maniquí. De pronto Lali, con un movimiento repentino, le
arrojó la ropa que llevaba en brazos a PAblo.
-¿Por qué no te vas al mostrador de embarque y me esperas allí?
-Me quedaré aquí para despachar ciertos asuntos que...
-¡No vas a quedarte aquí mientras yo elijo prendas de lencería! -exclamó Lali como una olla a presión a punto de estallar, con ojos airados y tan brillantes como una joya-. ¡Además, no necesito
tantas cosas!
-Te pago para que hagas lo que se te dice... -alegó él con ojos intensos.
- ¡Pues si voy a soportarte necesito al menos un poco de espacio!
La brillante mirada de Pablo resplandeció literalmente hablando. Un rubor oscuro acentuó los esculturales pómulos. Nunca nadie le había hablado en ese tono, y la incredulidad emanaba de él por oleadas.
CAPITULO 7:
-¡Basta, deja ya de ejercer presión en todas partes! -continuó Lali.
-Pero...
-Desde que hemos entrado aquí te has comportado de un modo atroz -lo condenó Lali sin piedad -. Vete al mostrador de embarque y cállate ya. Y procura no aterrorizar a nadie más.
LAli le dio la espalda, imperturbable ante la ira que él trataba por todos los medios de refrenar, y eligió unas sandalias de tacón alto negras. Se las probó. Le sentaban bien. Se las pasó a Pablo sin
mirarlo siquiera y se reunió con la encargada en la zona de lencería, donde eligió un camisón y algunos conjuntos de ropa interior. Discutir en público no servía más que para mortificarla. Accedería a comprar la ropa y luego la dejaría abandonada en cuanto perdiera de vista a aquel horrible hombre. La idea de tener que pasar treinta y seis horas con él la enfurecía. Pablo le devolvió el vestido azul y los zapatos.
-Ponetelo -ordenó con una insolencia estudiada.
Lali entró en el probador. Aquel hombre no tenía modales. Debía de encantarle discutir, no tenía pelos en la lengua y además era un desinhibido. Y en cuanto a su forma de reaccionar cuando alguien lo trataba con la misma medicina... ardía en llamas y estallaba como un cohete. Para cuando Lali salió del probador toda la plantilla de empleados estaba atareada envolviéndoles la mercancía. Lali nunca se había alegrado tanto en su vida de abandonar una tienda.
-Supongo que ahora querrás entrar en ésa de ahí - comentó Pablo con una expresión de condena mal disimulada, haciendo un gesto hacia una perfumería.
-No, me las arreglaré. Los hombres primitivos se lavaban los dientes con un palito, ya encontraré alguno por ahí.
Pablo se quedó mirándola atónito. Y después sorprendió terriblemente a Lali. Echó la cabeza atrás y rió con espontaneidad, realmente divertido. Lali lo miró con el pulso acelerado. Su blanca dentadura contrastaba con la piel brillante, y sus ojos verdes brillaban. El humor había borrado todo rastro de tensión de su rostro, y Lali, desorientada, fue capaz por fin de apreciar lo atractivo que era.
-No me gusta ir de compras -le confió él en secreto, con voz ronca, como si ella aún no se hubiera dado cuenta-. Por lo general otras personas compran por mí.
Lali se sintió de pronto incómodamente excitada, de modo que bajó la vista al suelo. Sin embargo en su mente seguía viendo la imagen de aquel devastador rostro perfecto. Y la conciencia de ello, la mera idea, la inquietó. Pablo MArtinez no estaba haciendo el menor esfuerzo por impresionarla, y sin embargo ella era plenamente consciente de su apabullante atractivo y sexualidad masculina. No le gustaba esa sensación, le molestaba sentirse tensa e incómoda
en presencia de él.
Lali sólo tenía veintiún años, pero ya había decidido que los hombres eran un gasto inútil de tiempo y energías. Y nunca se había arrepentido de haber llegado a esa conclusión. No odiaba al sexo masculino, pero siempre reía con ganas cuando alguien contaba un chiste sobre su inutilidad. Después de todo la experiencia de Lali
en ese campo, desde su infancia, había sido larga y traumática.
Pablo trató de obligar a Lali a que se apresurara y posó una mano sobre su espalda para que no se parara mientras caminaban por la terminal del aeropuerto. Ella se puso a la defensiva.
-Disculpa -dijo dando un paso atrás, decidida de pronto a escapar aunque sólo fuera por unos minutos.
-¿A dónde crees que vas?
-Al baño -contestó ella con énfasis - . ¿Es que pretendes venir conmigo?
-Te doy dos minutos.
Lali dejó caer las bolsas de la boutique a los pies de Pablo, y luego echó a caminar.
-Lali... -la llamó él tendiéndole un peine-, quizá debieras de hacer algo con tu pelo mientras estás ahí dentro.
Lali apretó los dientes. No había tenido tiempo ni de mirarse al espejo. Se resistió a peinarse el cabello con los dedos y continuó caminando hasta desaparecer por la puerta de los servicios. En cuestión de segundos se cepilló el cabello hasta que calló suelto y liso por los hombros. Se miró al espejo y frunció el ceño al notar que tenía las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes. El vestido era sencillo dentro de su elegancia, y eso le gustaba. Pero no era su estilo.
Apretó los labios sonrosados y generosos y examinó el peine de plata que él le había dado, recordando la facilidad con la que había adivinado su talla. Aquello no hubiera debido de sorprenderla. Pablo, de unos veintinueve años, era un mujeriego impenitente e
irrecuperable. Y era natural que lo fuera, reflexionó Lali con cinismo. Los hombres con dinero y poder vivían en un mercado lleno de mujeres deseosas de vender. Pablo era un verdadero imán para las mujeres, y él lo sabía. Y era evidente que nunca en la vida había tenido que preocuparse demasiado por endulzar sus modales, que resultaban poco menos que impresentables. Sin embargo, a pesar de todo, iba a viajar gratis a Grecia. En un avión privado y con toda clase de lujos. ¿Desventajas? Tener a Pablo pegado a sus espaldas. Aquélla iba a ser toda una aventura, se dijo Lali. Mucho más divertido que abrillantar suelos.
De repente recordó que tenía que llamar al señor Barry. Su otro jefe esperaría que ella abriera la librería a la mañana siguiente, como era habitual. Nunca llegaba hasta mediodía. A pesar de la advertencia de Pablo tenía que llamar al señor Barry, pero no podía contarle la verdad. Tendría que inventarse una excusa para explicarle su
ausencia. LAli se escondió detrás de dos mujeres altas que salían del baño y se escabulló hasta los teléfonos públicos a escasos metros. Pablo estaba de pie, en medio de la sala abarrotada, hablando distraído por el móvil.
Lali marcó el teléfono de la operadora. Como no tenía dinero tenía que pedir una llamada a cobro revertido. Justo cuando contestó la operadora Pablo volvió la cabeza arrogante hacia ella. Lali colgó de
golpe, pero no fue lo suficientemente rápida. Pablo la vio antes de que pudiera alejarse de los teléfonos.
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jajajaja por dios no puedo seguirle el hilo a Pablo... no se como va a actuar la mayor parte del tiempo no se como Lali lo aguanta!!!... Y estoy segura de q se llevo a Lali con el por algo mas q solo mantenerla vigilada el mismo..!!!
ResponderEliminarNo se si reirme de como se comporta Pablo o de apiadarme de la pobre Lali q a lo minimo la pobre salta... esta como una olla a presion!!! y con lo ultimo de que la vio hablando por telefono seguro q se cree q se estaba contactando con su supuesto informante o lo q sea asiq me las veo muy negra para Lali porq este Pablo nos ha demostrado q no tiene clemencia ante nadie!!!
QUIERO MAS NOVEEEEE!!! Me encanta asiq espero leernos prontito!!!
Besos y q estes mas q bien!!! :D
Jajajaa desde el movil,la pc no quiere trabajar.
ResponderEliminarLali le planto cara,y patece k eso le gusto a Pablo.
Espero k el se sienta fatal cuando se entere k tenia un segundo empleo ,k espero k no pierda esa gran oportunidad .