Holaa chicas les traigo nuevos capis, se vino el rock nomas , besos chicas las quiero
CAPITULO 17:
Y, para ser sinceros, Lali sabía que no podía confiar en sí misma estando junto a él. Deseaba a Pablo, lo deseaba como jamás había
deseado a ningún hombre, y sólo darse cuenta de ello resultaba aterrador. Pero mucho más peligroso era aún pensar que se moría de ganas de hablar con él, de escucharlo, de estar con él...
Todo en su interior la advertía del peligro. Pablo era incapaz de enfrentarse a sus propios sentimientos en aquel momento, y por eso centraba su atención sobre ella. Ésa era la cruda realidad, la verdad sobre su supuesto deseo hacia ella. Era la técnica masculina habitual para evitar la verdad. Pablo hubiera bailado sobre cristales antes de admitir que deseaba hablar sobre las relaciones que había mantenido con su padre.
Lali volvió de pronto sobre sus pasos tomando una decisión. PAblo estaba mirando al mar con las manos en los bolsillos del pantalón.
-Apuesto a que nunca te ha ocurrido realmente nada malo -respiró Lali.
-¿De qué diablos estás hablando? -preguntó PAblo volviéndose.
-¿Tuviste una infancia feliz?
-Sí.
-¿Y tuviste una relación íntima con tu padre antes de alejaros el uno del otro?
-Por supuesto -confirmó Pablo desalentándola que preguntara más.
-Entonces, ¿por qué no puedes concentrarte en los buenos momentos que pasaste con él?
-¿Qué sabes vos de cómo me siento? -preguntó él agresivo.
-Sé cómo te sentis, pero sencillamente no comprendo cómo no aprecias más la suerte que tuviste al disfrutar de todos aquellos años de felicidad con tu padre -Pablo se volvió, incapaz de pronunciar palabra,con expresión de ira-. Yo... tuve un padre que ni siquiera le dejó a mi madre inscribirme en el registro con su apellido, un padre con el que me crucé en una ocasión por la calle y que fingió no conocerme -confesó Lali-. Y sin embargo mi madre nunca dejó de venerar la tierra que él pisaba -Pablo la miró frunciendo el
ceño, lleno de incredulidad-. Tuve una pelea muy fuerte con mi madre el día antes de morir - continuó Lali estremeciéndose por las lágrimas-. Yo tenía dieciséis años, y la quería tanto que me moría de preocupación por ella. Pretendía sacarla de su estado de depresión, persuadirla de que valia la pena vivir aunque fuera sin mi padre...
Pablo se había acercado sin que LAli lo advirtiera. Cerró los brazos en torno a ella y la estrechó con fuerza. Lali pensó fugazmente en que nada estaba ocurriendo como había imaginado. La cálida e
íntima fragancia de él inundaba sus sentidos al respirar. La tranquilidad, el apoyo que significaba su poderoso cuerpo resultaba embriagador.
Era Pablo quien hacía de pronto las preguntas, y sin vacilar. Y Lali se lo contó todo. Su madre, Gimena, era la hija única de un próspero viudo, y nunca había tenido que enfrentarse a la realidad. Vivía idolatrada por su padre. A los veintiún años se enamoró y se comprometió con el padre de Lali, Salvador. Pero poco después su padre sufrió una bancarrota y todo se vino abajo.
-Salva no quería a mi madre sin su dinero - continuó Lali-. Rompió el compromiso y poco después se casó con la hija rica de un industrial.
-¿Así que dejó a tu madre cuando estaba embarazada?
-No, no fue tan sencillo. Unas semanas después de casarse mi padre fue a ver a mi madre y le dijo que había cometido un tremendo error, que aún la amaba. Y ese mismo día me concibieron a mí. Mi madre creyó que él abandonaría a su mujer.
-Ah... -murmuró Pablo-, pero no era ésa su intención,¿no?
-Mi madre apenas tenía experiencia, y seguía loca por él -admitió Lali suspirando-. No quiero seguir hablando de ellos.
-Tranquila -dijo Pablo con voz ronca, dejando que sus manos se deslizaran por la espalda de ella hasta las curvas de sus caderas, apretándola contra su cuerpo tenso.
-Ahora te toca a vos - musitó Lali con naturalidad, temblando y pensando en apartarse de él, decidiendo hacerlo y descubriendo que era incapaz.
-¿Que me toca a mí? -repitió él con voz espesa.
-Sí, es tu turno -insistió ella.
-Mi padre me dijo que ya era hora de que me casara. Yo le dije que no, que aún no estaba preparado... y él me dijo: «pues no quiero volver a verte ni hablar con vos hasta el día en que lo estés»-recitó Pablo de memoria, con énfasis.
Lali levantó la cabeza para mirarlo con el ceño fruncido.
-Ésa es tu forma de decirme que me ocupe de mis propios asuntos, ¿no?
-No.
-¿Quieres decir que tu padre esperaba de verdad que te casaras cuando él quería? -repitió sin ocultar su asombro.
-Mis padres tampoco se conocieron ni se casaron así, sin más,Lali. Se conocían desde la infancia, crecieron sabiendo lo que se esperaba de ellos y luego, cuando llegó el momento... sus padres se reunieron y fijaron la fecha -terminó Pablo en un tono de voz tenso.
-¡Por el amor de Dios, eso es de la Edad Media!
-Para vos quizá, pero mis padres fueron felices - continuó Pablo apartándole el pelo de la frente con dedos tiernos, haciéndola temblar y obligándola a estrecharse contra él-. En Grecia el matrimonio sigue siendo un asunto familiar.
-No quiero criticar a tu padre pero... -comenzó a decir Lali vacilando, volviendo el rostro de modo que rozara la palma de la mano de él y
comenzando a respirar entrecortadamente-, creo que debería de haberse dado cuenta de que los tiempos han cambiado. Vos sos un hombre hecho y derecho, y él te trató como si fueras...
-Él sabía qué era lo mejor para mí -la interrumpió Pablo con voz de seda-. Puede que yo haya sido educado en un colegio inglés, pero soy griego, Lali. El matrimonio es un paso decisivo en la vida. Los ingleses confían en el amor y tienen una tasa de divorcios muy alta...
-Sí, pero...
-En esta vida es más importante escoger a una compañera con inteligencia -afirmó Pablo levantándola en brazos y posando su sensual boca sobre la de ella con hambre, como si estuviera
cansado de hablar sobre ese asunto.
CAPITULO 18:
Lali sintió que la cabeza le daba vueltas, que el corazón le latía con violencia. Él necesitaba hablar. Aquello no era lo que había planeado. Y desde luego no era lo que se suponía que debía ocurrir
entre los dos. En cuestión de segundos se apartaría de él, pararía aquello antes de que fuera irremediable. Sin embargo sus brazos habían rodeado a Pablo por el cuello y sus dedos se enredaban en el sedoso cabello. Una nube de debilidad la envolvió de tal modo que cuando pasaron los treinta segundos que se había prometido
de plazo apenas recordaba por qué se lo había impuesto.
-Esto era inevitable -jadeó Pablo levantándola en brazos para llevarla dentro justo cuando ella comenzaba a tambalearse y sus piernas
comenzaban a flojear.
Lali tenía la mente en blanco, los ojos cautivos en las pupilas de él. Su corazón zozobraba, tenía el pulso acelerado. El mareo y la euforia se apoderaron de ella. Levantó una mano insegura y la posó sobre la mejilla de Pablo con un vergonzoso sentido de la posesión por completo nuevo para ella. Sus dedos extendidos celebraron la dura tersura de su piel, sus pupilas dilatadas buscaron cada uno de los detalles de él que podían apreciarse a aquella distancia.
Las largas y negras pestañas, la expresión dramática de sus cejas, oscuras y bien definidas, la belleza masculina de su cráneo y de su estructura ósea, la perfección, recta y arrogante, de su nariz. Lali acarició el mentón agresivo con una ternura asombrosa, absorbida por entero en la tarea. Nunca nada le había parecido tan natural.
-Sos realmente hermoso -dijo sin poder evitarlo. Pablo la puso encima de algo firme y deliciosamente confortable y luego se tumbó sobre ella. Se quedó contemplando su mirada perdida con ojos
ardientes y, gimiendo, dijo:
-Cuando te quité ese pañuelo de la cabeza pensé que eras la cosa más perfecta que jamás hubiera visto en mi vida. Tu pelo, tu piel, tus ojos. Me dejaste completamente fascinado...
-Pues supongo que vos me estás dejando fascinada a mí ahora- tartamudeó Lali comprendiendo de pronto que estaba sobre una cama en una habitación en penumbras y sintiendo un desmayo.
-Bajo esa superficie dura sos muy dulce... - continuó Pablo inclinando la cabeza orgullosa.
Lali hubiera podido perderse en aquellos ojos, hubiera podido sentir la debilidad que la clavaba a una hipnótica quietud. Pablo tomó de
nuevo sus labios abriéndoselos con la punta de la lengua. El corazón de Lali retumbó y toda ella tembló, incapaz de respirar. Su sumisión fue absoluta, instintiva. No hubiera podido resistirse a
la tentación de aquel beso ni aunque su vida hubiera dependido de ello. Era como volver a nacer, y cada nueva sensación le resultaba tan fresca e intensa que se sentía atada sin remedio, esperando deseosa la siguiente.
-Tan dulce -jadeó él en voz baja mientras Lali gemía y respiraba sofocadamente bajo su experta boca, con respuestas temblorosas.
Pablo se quitó la camisa y elevó a Lali hacia él, haciéndola sentarse. Lali se puso tensa. Todo su campo de visión estaba lleno con aquel pecho ancho y bronceado y aquel espeso y oscuro vello rizado que marcaba cada músculo antes de serpentear para convertirse en una fina línea sedosa sobre el estómago plano. Pablo levantó sus manos y las puso sobre su pecho como si el hecho de que ella lo tocara fuera lo más natural del mundo.
-Pablo... -dijo ella temblorosa mientras asombrosas olas de excitación la recorrían al conocer su calor con los dedos.
Había tanto por conocer, pensó Lali sintiendo de pronto que todo aquello se le escapaba, que él la alentaba y esperaba a una amante experta.
-Tócame -la invitó él. Lali se examinó las manos como si esperara que ellas solas, sin ninguna orden consciente, se apartaran de él. Pero Pablo era tan fascinante, la hacía sentirse tan bien que fue
incapaz.
-Vas... vas demasiado rápido para mí -musitó seria, sin comprender cómo podía ser que estuvieran casi desnudos en la cama.
-Si queres que me vaya me iré -dijo él poniendo una mano sobre las de ella.
Un miedo helado agarrotó a Lali, que levantó la cabeza para encontrarse con aquellos ojos verdes y aquel rostro firme y anhelante. Apartarse o quedarse. No había término medio. Y si él se
marchaba quizá nunca volviera a pedirle nada.
Quizá pensara incluso que ella lo había provocado en vano. Por fin Lali pensó que si Pablo no veía razón alguna para no disfrutar el uno del otro era porque no la había.
-Pero es que yo... -comenzó ella a decir sin saber muy bien cómo terminar, atemorizada pensando en que iba a parecer una virgen puritana y lo iba a echar todo a perder.
-Decídite -insistió Pablo con urgencia, lleno de necesidad-. No soy de piedra, y ahora mismo me muero por vos...
Las manos de Lali temblaron bajo las de él. No podía apartar los ojos de Pablo. La intensidad de su mirada la derretía en su interior.
-Yo también te deseo... tanto.
Pablo la posó con cuidado de nuevo sobre la cama.
-No te haré nada que vos no quieras que te haga, pethi mou.
-Por supuesto, pero...
-Abre tu boca para mí -la urgió él con voz rota.
Y Lali lo hizo, captando de inmediato su fuego ardiente. No notó, en cambio, cuando él le deslizó los tirantes del camisón por los brazos. De pronto Pablo se apartó para seguir bajando la prenda por sus caderas, y Lali vio con asombro sus pechos desnudos y llenos, sus pezones rosas tensos.
-Sos exquisita -jadeó él.Pablo volvió a ella y dejó que su dedo pulgar acariciara el hinchado pecho, que la palma de su mano lo abrazara con firmeza por debajo y, por fin, que su boca se cerrara sobre él. Y le causó tal cúmulo de sensaciones que Lali gritó. Su cabeza cayó sobre la almohada, todo pensamiento se suspendió. Las manos de Lali agarraron a Pablo de los hombros mientras él acariciaba su sensible carne con la lengua, los dientes y los labios. De pronto era ella la que se moría por él, la que ardía como una loca por cada caricia certera, llevada por la más urgente necesidad, dejándose consumir por el fuego.
Pablo rodó por la cama sin previo aviso y deslizó las sábanas hasta abajo, con los ojos fijos en la pálida y rosada piel del cuerpo de Lali. Era como ser consumida visualmente. Lali estaba excitada, apenas podía respirar, y sentía tal necesidad como nunca en la vida la hubiera podido imaginar. Los ojos de Lali observaron a Pablo,
siguieron cada uno de sus movimientos. No podía soportar que se alejara de ella.
-¿Pablo ...? -musitó insegura.

BUUUAaaaH1.Tengo k madrugar y ya son las 4 y media d la madrugada.
ResponderEliminarMas tarde te leo.
GUACHAAAAAA!! MIRA DONDELO LO CORTASTE!! Ya quiero saber como sigue...
ResponderEliminarEspero q subas pronto... Besos q estes bien!!! :D
Jajajjaja,Lali k no se puede separar .
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