martes, 25 de febrero de 2014

Capítulo 15 y 16: "En el lugar equivocado"



Hola les dejo doble capis son cortitos pero bueeno jaja sepan esperar lo mejor esta por venir, no se olviden de pasar por el otro blog el de adaptacionespablali.blogspot.com que  actualize tambien , besos

CAPITULO 15:

-¿Será que se ha convertido en una mala costumbre eso de vigilarme para que no llame por teléfono? -preguntó Lali.

En ese instante Eugenia se acercó a ellos a paso lento. Lali se ruborizó bajo su atenta mirada, inquisitiva y fría. Se sentía incómoda en presencia de aquella mujer, aunque no sabía por qué.

-La señorita Rinaldi parece exhausta, Pablo. Estoy segura de que apreciaría mucho si pudiera retirarse a descansar.

-Sí, sí... me gustaría -intervino Lali. La bella rubia sonrió y miró a Lali con aprobación. Pablo llamó a una criada con un imperioso gesto de los dedos.

-Te veré más tarde -dijo Pablo volviendo a entrar en el salón.

¿Por qué sentía como si lo estuviera abandonando?, se preguntó Lali inquieta y molesta mientras seguía a la sirvienta. Apenas lo
conocía, ¿qué estaba pasando? La sirvienta la llevó hasta un ascensor que había en el vestíbulo. Bajaron en él y luego atravesaron un corredor que las llevó directas al jardín. Intrigada, Lali siguió a la chica por un sendero en pendiente hasta un pequeño edificio justo a la derecha de una franja de arena dorada. Era un
lugar de ensueño. El interior estaba maravillosamente fresco. Era
una especie de casa de invitados, pensó Lali admirando el espacioso salón. Con grandes ventanas y contraventanas que la protegían del sol, cómodos sofás y suelo de mármol. No había cocina, sólo un frigorífico escondido y bien surtido. Y dos dormitorios con baño tipo suite. Sus paquetes estaban de hecho ya en uno de ellos.
Lali aprovechó la oportunidad para tomar una ducha y tratar de olvidarse de todo. Sin embargo Pablo volvía a su mente una y otra vez. Su imagen se mantenía ahí, negándose a desaparecer. De pronto recordó la forma en que se había acercado a pasos agigantados hasta ella y se echó a temblar negándose a analizar su propia respuesta. «¿Por qué quiero estar con vos ahora?», había
preguntado él incrédulo. ¿Y por qué lo había esperado ella conteniendo el aliento?

Aquélla no era la forma en que tenía por costumbre comportarse con el sexo opuesto. De hecho Pablo debería de haberse hundido como una piedra bajo el peso de sus prejuicios. Lali siempre desconfiaba de los hombres atractivos, y era muy consciente de que los hombres ricos veían a las mujeres como trofeos. Su propio padre había sido uno de ellos. Sin embargo de pronto se veía forzada a admitir que ni siquiera sus más fuertes convicciones
tenían porqué influir sobre su comportamiento.

Pablo irradiaba magnetismo, aunque eso no excusara el hecho de que se hubiera comportado como una colegiala. En la vida real Cenicienta hubiera contemplado a su príncipe de lejos, fuera de su alcance, bailando con una princesa. No, Pablo no era un ser superior para ella, pero era una persona tan fría, despiadada, dura y con tan alto estatus que resultaba completamente fuera de su alcance. Se sentía atraída hacia él, eso era todo.

Lali se puso el camisón de tirantes y salió fuera. La sirvienta volvió a aparecer con una bandeja. Lali comió con apetito y luego se acurrucó en el sofá para caer dormida. La llegada de otra bandeja de comida fue lo que la despertó. No tenía hambre. El sol comenzaba a ponerse, no podía creer que hubiera estado durmiendo toda la tarde. No iba a poder dormir durante la noche, y era una lástima no haber aprovechado para salir a pasear y ver la playa.

Lali rebuscó por entre los CDs almacenados junto al equipo de música. Sonrió para sí misma y puso uno de flamenco recordando las interminables clases que su madre le había obligado a tomar.
Bailar era el mejor modo de exteriorizar las emociones. Dejó que el ritmo invadiera su cuerpo y fluyera por él creando una serie de movimientos experimentales y después relajó los músculos.
Entonces, justo con el ritmo más rápido, se dejó llevar por la pasión de la música. Su respiración era entrecortada y rápida, tenía los
músculos tensos y la piel sudorosa. De pronto, al terminar la música, Lali se detuvo. Dejó que su cabeza cayera y arqueó la espalda en una curva perfecta.

-Eso ha sido increíble... -comentó PAblo en un murmullo lleno de énfasis, con voz ronca. Lali giró sobre sus talones mientras su mirada ausente desaparecía para adquirir una expresión de desconcierto. Pablo estaba de pie, entre sombras, cerca de la puerta. Se había quitado el saco y la corbata, pero aún parecía una estatua de bronce-. Ha sido extraordinario, con tanta pasión
en cada movimiento... cada gesto cuenta una historia.

Un ligero rubor subió a las mejillas de Lali, que se enfadó.



CAPITULO 16:

-Deberías de haberme dicho que estabas aquí... ¡no tenías derecho a observarme en silencio!

-No quería interrumpirte... -contestó Pablo con un brillo en la mirada, que quedó fija sobre los labios rosas de ella.

Lali abrió la boca. Una tensión comenzaba a apoderarse de su cuerpo y del aire.

-Ésa no es excusa... -protestó ella.

-Cristo, ¿hay algún hombre que te haya interrumpido y siga vivo? -preguntó Pablo echando atrás la cabeza sin dejar de contemplarla.

Lali estaba tan tensa y tan quieta que podía sentir cada uno de los latidos de su corazón. Su mirada colisionó con la de él y sintió que la intoxicaba. Mareada y desorientada, fue incapaz de pronunciar ninguna frase con sentido como respuesta. De hecho le resultaba tan difícil seguir pensando que sencillamente se quedó mirándolo.
Pero su cuerpo sí que respondía. Sus pulmones respiraron hondo arriba y abajo, y sus pezones se tensaron prominentes.

Pablo dejó que sus ojos vagaran hambrientos por aquel bello rostro y después, a paso lento, por la esbelta figura. La tela del camisón colgaba de los tirantes como una segunda piel, trasparentando la
lujuriosa figura, moldeando sus pechos y pezones, ajustando las caderas y la línea de sus muslos. La sexualidad de aquella mirada fija cautivó a Lali que, llena de excitación, se sintió incapaz de
resistir.

-Verte bailar ha sido la experiencia más erótica que jamás haya vivido fuera de una cama - confesó Pablo-. Nunca he sentido una necesidad como ésta de poseer a ninguna mujer. En este
preciso instante estoy disfrutando como un loco adolescente ante la maravilla de sentir algo tan intenso.

Lali se echó a temblar, atónita ante lo directo de aquella declaración, incapaz de pensar. ¿Adolescente? ¿Pablo Martinez un adolescente? ¿Qué clase de acercamiento era ése? Lali miró
involuntariamente para abajo y se quedó helada. Apenas llevaba nada, y sin embargo no había sentido ninguna necesidad de taparse nada más verlo.
De pronto, precipitadamente y con el rostro todo colorado, Lali tomó lo primero que encontró en el sofá y se envolvió como si fuera una sábana. No era de extrañar que Pablo se acercara a ella a pasos
agigantados. Los hombres apenas distinguían o pensaban nada cuando una mujer se vestía para provocar. De hecho Lali estaba convencida de que la mayor parte de los hombres vivían constantemente al borde de la tentación.

Pablo dejó escapar una risa suave, irónica. Sus fuertes rasgos ya no mostraban tensión alguna. Observaba a Lali, de pie con aquellos ojos oscuros y el rostro ruborizado.

-Medio niña, medio mujer. ¡Qué combinación más confusa!

-Deja de hablar así -lo urgió Lali evitando su mirada-. No sabes lo que dices. Fingiré que no te he oído, sé que no podes evitar ser como sos, así que no voy a ofenderme...

-Quizá no sea éste el momento más apropiado para decirte que  vos sos la única luz que ha brillado para mí en un día oscuro como éste - respiró Pablo mientras se alejaba de ella.

-Eso es porque soy una extraña para vos... ¿es que no te das cuenta? -continuó Lali con voz temblorosa, emocionada a su pesar por la sinceridad del comentario-. No tengo ninguna expectativa sobre vos, no conozco tu vida. No te pido nada, ni hago juicios.

-Al contrario, no dejas de hacer juicios arbitrarios sobre mí -la contradijo Pablo
.
-Me voy a dar un paseo por la playa -declaró Lali sintiéndose embargada por la tormenta emocional que comenzaba a desarrollarse en su interior.

Lali abrió la puerta y salió. La luz de la luna se reflejaba en la superficie del agua susurrante de la playa. Era una noche clara, cálida y sin brisa. Caminó descalza por la arena y trató de luchar
contra el tumulto interior que él había desatado. Era plenamente consciente de lo que él sentía y por lo que estaba pasando.
La forma en que Pablo la miraba era como para quedarse helada, como para asustarse. Pero era también como para quedarse electrificada. La hacía sentirse como borracha incluso cuando no
estaba presente. Era como si un loco y fatuo pensamiento se hubiera apoderado de ella hasta robarle el sentido común. En el plazo de veinticuatro horas Pablo había vuelto todo su mundo
del revés, había derribado todas sus defensas, había sacado de ella todo un mundo de vulnerable emociones que por lo general guardaba bajo llave en su interior.

2 comentarios:

  1. Me marea Pablo con sus cambios de humor... en un momento se muestra muy cerrado y en el otro le dice cosas como esa a Lali la pobre a duras penas puede manejarlo jajaja y cuando no se escapa jajaja
    Espero q subas pronto!!! Besos q estes bien!!! :D

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  2. Mori cuando le hablo tan cariñoso ,para mi sonó sincero.
    Espero k la siga a la playa.
    Besos

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