Holaa chicas volvii :D espero que todas esten bien y con ganas de leer jaja nuevamente voy a subir lo mas seguido que pueda asique conforme lean avisenme asi subo mas, besos genias las quiero
CAPITULO 11:
-¿Es que no lees los diarios? -preguntó él dándose la vuelta con el ceño fruncido.
-No, no tengo tiempo
.
-Es el funeral de mi padre.
Lali respiró hondo, pero eso no la hizo sentirse mejor. La circunstancia no podía ser peor. Era natural que hubiera deseado estar solo, pero entonces, ¿por qué había insistido en que loacompañara? Hubiera deseado comprender por qué aquella información que había oído era tan importante. Pablo había estado trabajando hasta la noche antes del funeral de su padre. ¿Acaso su
muerte había sido repentina? ¿No hubiera debido de estar antes con él?
Eran más de las siete de la mañana cuando Pablo y Lali aterrizaron en el aeropuerto de Atenas. El sol lucía brillante. Los guardias los saludaron con gesto grave al pasar la aduana, y pronto una ola de periodistas con cámaras, gritando, se acercó a ellos. Sólo unos cuantos guardias los contenían. Lali se quedó helada al sentir los flashes de las cámaras. Pablo puso un brazo alrededor de sus
hombros y la guió por el aeropuerto imperturbable, sin contestar a una sola de las preguntas que le dirigían en todos los idiomas.
-¿Quién es la mujer que lo acompaña? -oyó Lali que preguntaba un hombre en inglés.
Lali estaba escandalizada ante el comportamiento de los paparazzi. ¿Qué había sido de la intimidad? Pablo se dirigía al funeral de su padre, ¿acaso lo seguían fuera a donde fuera? Con frecuencia en el trabajo, durante los descansos, Lali había oído hablar a sus compañeras sobre la vida privada de Pablo. Era la comidilla interminable de los titulares y de la prensa amarilla. Había tenido aventuras con las mujeres más atractivas, y se le consideraba todo un dios del sexo. Pero Lali siempre se había considerado por encima de todo eso. No le inspiraba el menor interés un hombre al que ni conocía ni podía conocer, así que no había prestado atención. Pablo y Lali cambiaron de terminal y entraron en una pequeña sala de espera.
-¿Es siempre así con los periodistas? -preguntó ella.
-Sí, bueno, me temo que hoy tu presencia ha causado más excitación de lo habitual -contestó Pablo encogiéndose de hombros.
-Pues espero que nadie me reconozca. ¿Qué estamos esperando?
-A un avión que nos llevará a la isla en la que se celebra el funeral.
Otro vuelo, pensó Lali reprimiendo un suspiro. El viaje parecía interminable
.
-¿Otra isla?
-Chindos. ¿Pero será posible que no sepas nada de mí? ¡Es que no sabes nada! -comentó Pablo sorprendido-. No estoy acostumbrado.
-Pero apuesto a que es bueno para vos... es la prueba de que no sos el centro del universo - musitó Lali haciendo una mueca-. Lo siento, lo siento, sólo estaba pensando en voz alta.
-Tenes una desastrosa falta de tacto que debe de causarte graves problemas -comentó Pablo escrutándola con una sonrisa.
-La gente ya me conoce -contestó Lali tragando, agradecida de que él no hubiera explotado.
-¿Y por qué siempre buscas pelea? Pareces tan delicada y femenina... -continuó Pablo sin dejar de observarIa.
-¡No, por favor, delicada no...!
-¿Bonita?
-¡Eso es peor! -lo censuró ella-. Los hombres se niegan a tomarme en serio, es el problema de ser de pelo marron y bajita...
-Pero si vos no tenes pelo oscuro , tenes un pelo muy llamativo -comentó Pablo con desdén-. Si de verdad no queres provocar esa actitud en los hombres no te tiñas de ese color.
-Es mi pelo, es natural. lo herede de mi abuela -explicó LAli acostumbrada a las sospechas, ya que su pelo era oscuro pero no era un marron comun, tampoco llegaba a ser castaño.
-¿Natural? No te creo. Quítate el sombrero.
Tras unos segundos de vacilación Lali lo hizo. El color de su pelo brillaba contrastando con el negro del abrigo.
-¿Lo ves? Es natural.
PAblo miró fijamente aquel cabello. El silencio era tan espeso que podía cortarse. Lali lo observó con los ojos entrecerrados. Pablo era alto y reservado. Y el elegante traje le sentaba de un modo impresionante. Pero no podía seguir así.
Lali se echó a temblar, se daba cuenta de que era incapaz de mantener el control. Cada vez que miraba Pablo sentía una desesperada e inmensa excitación sexual. No podía soportar que
le ocurriera eso con ningún hombre. Era una debilidad, algo irracional, humillante...
-¿Cómo es ser una mujer de la limpieza? -preguntó Pablo de pronto, medio tartamudeando.
-Escuchame, no hace falta que me des conversación.
-Ha sido una pregunta sincera.
-Bueno, bien, pues es... aburrido, repetitivo y además está mal pagado -explicó LAlli con insolencia-. Así que si esperabas otra cosa siento decepcionarte.
-Y entonces, ¿por qué lo haces?
-Tengo un buen horario, y además no tengo a ningún jefe malhumorado detrás. No me gusta que me controlen.
-Ya me he dado cuenta. Deberías de solucionar ese problema y tratar de buscar un empleo mejor. Aunque quizá no tengas ninguna preparación ni experiencia en ninguna otra cosa.
-Ya tengo planes, gracias. Soy una mujer ambiciosa, dentro de lo que cabe. No estaré abrillantando suelos mucho tiempo -explicó Lali
burlona.
-No es muy buena idea contarme eso precisamente a mí -comentó Pablo escrutándola con duros ojos -. Yo nunca bromeo con los negocios, Lali.
-Ni yo. Los negocios son lo primero en mi vida. Y lo último. Lo son todo.
-¿En serio?
-Sí, y te advierto que ya me debes bastante dinero - informó Lali amable-. ¿Te has dado cuenta de que espero que me pagues por cada una de las horas que he perdido?
-Naturalmente.
-Con horas extra incluidas -especificó Lali dispuesta a luchar-. Me tomo muy en serio eso de que me hagan pasar hambre, no me den tiempo para descansar y me tengan despierta hasta las tres de la mañana.
-Sos tu peor enemigo, Lali -murmuró PAblo con ojos sonrientes-. Te hubiera pagado mil veces más si te hubieras quedado calladita.
-Bueno, no soy una avara. Y a propósito, cuando dije que no iba a seguir abrillantando suelos durante mucho tiempo no estaba pensando en lo que oí, eso ya lo he olvidado.
-¿Y cómo has podido olvidarlo? -preguntó él incrédulo.
-Aunque hubiera comprendido la importancia de ese comentario, cosa que no es así, soy una persona honesta. Nunca hubiera tratado de aprovecharme de esa información.
-Los peores son los que se pasan la vida diciéndote lo honestos que son.
-¡Es evidente que creerás lo que se te antoje, así que adelante! -exclamó Lali ofendida.
-No podes culparme por tomar precauciones. Aquella confiada afirmación llenó a Lali de resentimiento. ¿A quién se creía que estaba engañando? Él no había vacilado en utilizar su poder como arma, y el hecho de que ella hubiera tratado de ver el lado positivo de la situación no lo alteraba en nada.
-No te atrevas a justificarte, llama a las cosas por su nombre -advirtió Lali-. Si vos y yo no fuéramos quienes somos yo no estaría aquí. Y si Cande y yo no necesitáramos nuestros empleos te habría mandado a donde te mereces.
-Me lo imagino -soltó él con voz de seda.
-Y sabes muy bien que arrastrarme de este modo... bueno, no es precisamente un trato de ensueño, ¿no crees? No quisiera ser irrespetuosa, pero no me gustan los funerales.
-¡Pues a mi padre le hubieras encantado! -exclamó Pablo con un brillo en los ojos.
CAPITULO 12:
-¿Es que él era de los buenos?
Pablo volvió a ponerse tenso. Toda la expresión divertida de su rostro desapareció. En silencio, asintió con gesto duro. Luego le dio la espalda a Lali, que hubiera deseado mantener la boca cerrada. Entonces alguien llamó a la puerta. Era hora de marcharse. Ambos salieron al creciente calor del sol y caminaron hasta embarcar en un
pequeño avión. ¿Cómo había podido tener tan poco tacto?
El avión sobrevoló las aguas del Adriático. Sólo el ruido del motor llenaba el silencio. Lali sintió que los párpados le pesaban. Se hundió en el asiento y se durmió. Le costó despertar y tardó en comprender dónde estaba. Abrió los ojos confusa. Estaba tumbada en el enorme asiento trasero de una limusina de lunas tintadas. De pronto, con un ruido metálico y caro, la puerta se abrió. Un joven rubio se quedó mirándola.
-Así que vos sos la última conquista de Pablo... Tengo que decírselo a mi primo, tiene buen gusto. No es de extrañar que no hayas querido entrar en la iglesia, algunos de los parientes de su madre son de estrechas miras. Me llamo Benjamin .
Lali se incorporó, tensa ante la mirada de aquel joven, fija en sus piernas. Tiró de la pollera y contestó:
-¡No soy la última conquista de Pablo!
-Bien, ésa es una buena noticia -sonrió Benja deslizándose por el asiento y cerrando la puerta-. Entonces, si no sos de Pablo, ¿qué estás haciendo aquí, esperándolo a las puertas del cementerio?
-Trabajo para él, ¿de acuerdo?
-Por mí de acuerdo... -contestó el joven imperturbable ante la helada mirada de ella, alargando un brazo confiado hasta su cabello murmurando contra su mejilla ruborizada -: Sos verdaderamente una muñeca...
La puerta del coche volvió a abrirse, pero en esa ocasión era Pablo que, echando un vistazo a la escena, aparentemente íntima, rugió de ira. Alargó un poderoso brazo, agarró al joven del cuello y lo sacó de la limusina para echarle un grito en griego. Lali, atónita e inmóvil, miró a Pablo.
-Ella dijo que no era tu chica... ¿crees que me habría abalanzado sobre ella de no ser así? -gritó Benja mientras se alejaba echando chispas.
Pablo entró en el coche con expresión seria y rasgos endurecidos, como de bronce, sin decir palabra. Sus ojos brillaron de ira al exclamar con desprecio:
-¡No te he traído aquí para que vayas tendiendo trampas a los hombres!
Lali, que tenía temperamento y que de hecho estaba ya alterada, estalló. Reaccionó instintivamente, levantando una mano y
cacheteando el rostro de Pablo con fuerza.
-¡Ningún hombre habla así de mí! -la mejilla de PAblo quedó marcada. Él la miró atónito. Ella sabía que había ido muy lejos, pero
estaba demasiado enfadada como para reconocerlo-. ¡Y tu vanidoso primo se merece otra! ¿Quién diablos se ha creído que es? ¡Llamarme muñeca y acariciarme el pelo como si yo fuera un juguete! ¿Y cómo te has atrevido a comportarte así, haciéndole creer me rebajaría a ser tu chica?
-¿Rebajarte...? -repitió Pablo nervioso, con ojos brillantes.
-¡Sí, rebajarme! -confirmó Lali temblando-. Las mujeres no somos objetos que los hombres puedan poseer...
-Yo podría persuadirte de que me pertenecieras si quisiera -declaró Pablo medio gritando.
Lali respiró hondo al escuchar aquello. Lo escrutó con ojos irritados y contestó:
-¿Con qué? ¿Con un hacha primitiva? Porque déjame que te diga una cosa: sólo conseguirías que entrara en la cueva familiar noqueándome y arrastrándome de los pelos.
Pablo la atrajo entonces a sus brazos sin previo aviso, sin aceptar un no por respuesta, y apretó sus labios contra los de ella. El shock paralizó a Lali, pero otra sorpresa aún más grande la esperaba. Cuando aquella sensual boca la poseyó hambrienta fue como si el mundo se hubiera detenido y ella estuviera volando por el cielo,
directa hacia el sol. Porque el ardor y el ansia que Pablo hizo surgir en ella hubiera podido hacer arder todo el planeta. La cabeza le daba vueltas, todo razonamiento fue suspendido durante aquel instante de pura sensación. Pablo la estrechó con más fuerza aún, y
Lali sintió que la sangre le hervía por las venas. Pablo se apartó de ella con respiración entrecortada y ojos brillantes, con una sonrisa de satisfacción que fue incapaz de ocultar.

AMEEEEE EL CAPPPP!!! ESTA LALI ES LO MASSS!! Y eso lo va a traer de los pelos a Pablo jajaja ya se muestra posesivo con Lali y ella bien q lo supo frenar cuando se paso de listo y le falto al respeto creo q nadie lo ha hecho antes y bien merecido q se lo tenia... y me imagino q el fue quien la also y la cargo a la limosina un tierno mientras me lo imagino!!!
ResponderEliminarOOOOOOO me dejo con la boca abierta cuando la beso porq definitivamente no esperaba eso.... igual no lo entiendo bien, es bastante complicado el chico... esperemos q Lali si sepa manejarlo mejor jajaja
Espero q hayas pasado unas hermosas vacaciones q merecido te las tenias!!! Nos leemos prontito... Besos!!
K caracter tiene Lali .
ResponderEliminarSe derritió con el beso .Espero k Pablo no se agrande aún más.