lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 63: Vos necia, Yo mentiroso"


Hola chicas les traigo un nuevo capi, espero que les guste me causa mucha gracias leer que se quedaron pensando en el videito jajaja, tranquis que seguro pablito sabra que hacer con el , besos genias gracias por leer siempre :)

CAPITULO 63:

—¡Pablo!... Pensamos que podía haberle ocurrido algo...
Y entonces le pareció escuchar que él le preguntaba: — ¿Pensaron..., o pensaste? Pero no estaba segura.
—¡¿Cómo?!
—¿Qué es ese ruido?... ¿Tenes encendido el televisor?
—¡No!... Es mi amiga Rochi, con el novio... ¡Es insoportable! No sé como voy a hacer para dormir...
—Escucha, Lali...
—¡¿Cómo?!
—Necesito que vayas a mi casa, a hacer algo –gritó, desde el otro lado del mundo.
—¿A su casa? ¿A esta hora?
—Ya te estoy mandando al chofer para que vaya a buscarte... ¿Todavía tenes mis llaves?
—Sí... ¿Pero es tan urgente? Aquí es muy tarde...
—¡¿Cómo?!
—¡Ya me preparo!... Dígale que me pase a buscar en quince minutos...
Pablo cortó la comunicación, y Lali  suspiró.
Sí... Cuando de Pablo se trataba, cada vez era más y más tarde para ella. Y ya no había vuelta atrás.
Los guardias de la noche la observaron con desconfianza. A diferencia de lo que ocurría con los del turno diurno, Lali apenas los conocía. Había tenido que repetir su nombre dos veces, y aún así, sólo le habían permitido acceder por la entrada principal.
Una vez en el piso veintidós, la joven digitó la clave en el tablero, rogando porque Pablo no la hubiera cambiado en su ausencia. Pero cuando las puertas del elevador finalmente se abrieron, dejando a la vista aquella sala inmensa, Lali tuvo la clara sensación de que se iba a desmayar.
Otra vez estaba allí... En aquel departamento tan ajeno como lo era su dueño para ella, y que a la vez sentía tan propio.
El elevador se cerró a su espalda con impertinencia, obligándola a ingresar en aquel recibidor de puro vidrio templado, especialmente construido para soportarlo todo. Era curioso permanecer en su interior. Era como estar en medio del corazón de la casa, y a la vez estar ausente. Verlo todo, sin poder tocar nada... Era como la felicidad que Pablo  le había enseñado aquella tarde de locura: real, pero a la vez, inalcanzable. Digitó los números en el panel de control, y las puertas transparentes se abrieron, para darle paso a aquella sala inmensa que, sin él, sin su andar arrogante, sin su perfume, se veía vacía.
Con reverencia Lali caminó por aquel pavimento que tantas veces había lavado, para alcanzar el teléfono. Pero en un impulso incontrolable, primero se desvió hacia el balcón. Y entonces pudo percibir claramente como su corazón se hacía pedazos.
Buscó su celular, y marcó el número desde el cual Pablo la había llamado una hora antes. Y, a pesar de ser ella la que había discado, otra vez aquella voz la conmovió.
—Hola, Lali.
—¿Qué hizo con la planta de jazmines?
—El día que te fuiste la tiré.
La muchacha sintió unas inexplicables ganas de llorar, pero se contuvo.
—Ya estoy aquí... ¿Qué necesita?
—Hay una película...
—¿Una película?
—Una película italiana de Nino Manfredi. Actúa, y tengo entendido que hizo también parte del libro... Se llama “Cuidado con el payaso”, y es de la década del setenta...¿La conoces?
—No... ¡Qué raro!... Pensé que había visto todas las de él...
—Busca en el micro cine... Creo que está en el último estante. Necesito que la veas.
—¿Ahora?
—Allí todavía no son las once de la noche, ¿no?
—¿Es para citarla en algún artículo?... ¿Qué debo buscar?
—Si te lo digo, no tiene gracia. Mírala y después me llamas.
—Pero el chofer  me está esperando para llevarme de nuevo a casa.
—Decile que regrese a la editorial. Lo tuyo va a demorar. Y ahora te dejo. Tengo cosas que hacer... ¡Y no olvides llamarme ni bien termines!
¡Qué extraño!... Pero aún cuando no podía entender semejante orden, Lali obedeció a su jefe sin chistar. Sentada en aquellas butacas, sola, el tiempo pasó con rapidez. Fueron dos horas intensas, sorprendentes. La proyección la había conmovido hasta las lágrimas. Y era curioso que aquella película difícil, demasiado mundana, y a la vez, casi mística, hubiera atraído la atención de Pablo.
—¿Te gustó? –preguntó él, luego del primer repique del teléfono, como si la hubiera estado esperando.
—Es... muy dura. Pero fascinante.
—Sí... También lo es para mí... Ahora necesito que vayas a mi cuarto.
—¿A su cuarto?
Lali se estremeció... Demasiados recuerdos.
—Por favor.
—¿Quiere que busque algo allí?... ¿Lo vuelvo a llamar cuando lo encuentre?
—No... No cortes... ¿Es el celular de la editorial, no?
—Sí.
—Entonces no cortes.
Mientras se desplazaba por el departamento, la joven podía sentir la voz de él acariciándola. Hablándole como si, otra vez, estuviera a su lado.
—Ya llegué.
—Ve hasta la mesilla de noche que está a la derecha de la cabecera.
—Estoy allí.
—Entonces será mejor que te acuestes, y duermas hasta mañana.
—¡¿Qué?!
—Llamé a tu casa para darte algunas indicaciones para el trabajo, y me espanté... Mañana te necesito bien descansada y despierta, porque vas a tener que entrevistarte con Colombo, así que pensé que lo mejor sería que durmieras en mi cama.
—No, pero... No pienso quedarme...
—La casa está sola, y necesito alguien que la vigile en mi ausencia... ¿Quién mejor que vos?... Podrías reencontrarte con el cine italiano... Para mañana te recomiendo “La Strada”. De seguro ya la has visto mil veces, pero... La escena del mago y Gelsomina es mi favorita.
 Sí, también lo era para Lali. Y aquella coincidencia,tontamente, la emocionó.
—Quédate, Lali... Sé que te lo pedí antes, y siempre te negaste a complacerme. Pero esta vez yo no estoy allí, así que...
Por unos segundos permanecieron callados.
—Pero cuando usted vuelva... –accedió ella al fin.
—Cuando yo vuelva te irás de mi casa y de mi vida, según lo pactado.
Lali agachó la cabeza. ¡Qué difícil...! ¡Qué difícil era decirle que no a ese hombre!
—Adiós, señor Martinez. Ya es muy tarde.
—¡Espera!
—¿Sí?
—La planta de jazmines... La tiene el portero. Se la di  para que la cuidara mientras no estoy...
Y como si se tratara del aroma de las flores, un silencio dulce los envolvió, impregnando sus espíritus.
—Hasta mañana, Lali.
Todavía con el corazón palpitante, la joven cerró su celular, observó aquella cama inmensa, y suspiró. Era increíble haber vuelto a aquel lugar adonde un día había sido tan feliz y tan miserablemente desdichada.
¿De qué clase de embrujo era capaz aquel hombre, que podía hacerla enloquecer de pasión con sólo susurrarle trivialidades al oído?
Agotada por aquel impulso irrefrenable que una vez más trepaba por sus piernas, dejándola exhausta, la muchacha se sentó en la cama. Y la suave caricia de aquel algodón hilado hasta el infinito, le hizo rememorar otras caricias más íntimas, más inolvidables... Y otra vez se sentía excitada, perdida entre los brazos de él, sometida a su hombría.Y feliz.

Se soltó el pelo, desabrochó su camisa, deslizó su pollera, se sacó los zapatos, y se aprestó a dormir, (o a recordar), sumida en aquel dulce arrebato que la tenía atrapada allí, en esa casa ajena que, por algún motivo inexplicable, sentía como su propia casa.

2 comentarios:

  1. geniooooooooo Pablito... tan protector con Lali aun en la distancia... y Lali preocupada por el jazmin... ya quiero otro cap... espero subas pronto...
    Besos q estes bien!!!

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