Hola chicas les traigo un nuevo capi, espero que les guste me causa mucha gracias leer que se quedaron pensando en el videito jajaja, tranquis que seguro pablito sabra que hacer con el , besos genias gracias por leer siempre :)
CAPITULO 63:
—¡Pablo!...
Pensamos que podía haberle ocurrido algo...
Y
entonces le pareció escuchar que él le preguntaba: — ¿Pensaron..., o pensaste?
Pero no estaba segura.
—¡¿Cómo?!
—¿Qué
es ese ruido?... ¿Tenes encendido el televisor?
—¡No!...
Es mi amiga Rochi, con el novio... ¡Es insoportable! No sé como voy a hacer
para dormir...
—Escucha,
Lali...
—¡¿Cómo?!
—Necesito
que vayas a mi casa, a hacer algo –gritó, desde el otro lado del mundo.
—¿A
su casa? ¿A esta hora?
—Ya
te estoy mandando al chofer para que vaya a buscarte... ¿Todavía tenes mis
llaves?
—Sí...
¿Pero es tan urgente? Aquí es muy tarde...
—¡¿Cómo?!
—¡Ya
me preparo!... Dígale que me pase a buscar en quince minutos...
Pablo
cortó la comunicación, y Lali suspiró.
Sí...
Cuando de Pablo se trataba, cada vez era más y más tarde para ella. Y ya no
había vuelta atrás.
Los
guardias de la noche la observaron con desconfianza. A diferencia de lo que
ocurría con los del turno diurno, Lali apenas los conocía. Había tenido que
repetir su nombre dos veces, y aún así, sólo le habían permitido acceder por la
entrada principal.
Una
vez en el piso veintidós, la joven digitó la clave en el tablero, rogando
porque Pablo no la hubiera cambiado en su ausencia. Pero cuando las puertas del
elevador finalmente se abrieron, dejando a la vista aquella sala inmensa, Lali
tuvo la clara sensación de que se iba a desmayar.
Otra
vez estaba allí... En aquel departamento tan ajeno como lo era su dueño para
ella, y que a la vez sentía tan propio.
El
elevador se cerró a su espalda con impertinencia, obligándola a ingresar en
aquel recibidor de puro vidrio templado, especialmente construido para
soportarlo todo. Era curioso permanecer en su interior. Era como estar en medio
del corazón de la casa, y a la vez estar ausente. Verlo todo, sin poder tocar
nada... Era como la felicidad que Pablo
le había enseñado aquella tarde de locura: real, pero a la vez,
inalcanzable. Digitó los números en el panel de control, y las puertas transparentes
se abrieron, para darle paso a aquella sala inmensa que, sin él, sin su andar
arrogante, sin su perfume, se veía vacía.
Con
reverencia Lali caminó por aquel pavimento que tantas veces había lavado, para
alcanzar el teléfono. Pero en un impulso incontrolable, primero se desvió hacia
el balcón. Y entonces pudo percibir claramente como su corazón se hacía
pedazos.
Buscó
su celular, y marcó el número desde el cual Pablo la había llamado una hora
antes. Y, a pesar de ser ella la que había discado, otra vez aquella voz la
conmovió.
—Hola,
Lali.
—¿Qué
hizo con la planta de jazmines?
—El
día que te fuiste la tiré.
La
muchacha sintió unas inexplicables ganas de llorar, pero se contuvo.
—Ya
estoy aquí... ¿Qué necesita?
—Hay
una película...
—¿Una
película?
—Una
película italiana de Nino Manfredi. Actúa, y tengo entendido que hizo también
parte del libro... Se llama “Cuidado con el payaso”, y es de la década del
setenta...¿La conoces?
—No...
¡Qué raro!... Pensé que había visto todas las de él...
—Busca
en el micro cine... Creo que está en el último estante. Necesito que la veas.
—¿Ahora?
—Allí
todavía no son las once de la noche, ¿no?
—¿Es
para citarla en algún artículo?... ¿Qué debo buscar?
—Si
te lo digo, no tiene gracia. Mírala y después me llamas.
—Pero
el chofer me está esperando para
llevarme de nuevo a casa.
—Decile
que regrese a la editorial. Lo tuyo va a demorar. Y ahora te dejo. Tengo cosas
que hacer... ¡Y no olvides llamarme ni bien termines!
¡Qué
extraño!... Pero aún cuando no podía entender semejante orden, Lali obedeció a
su jefe sin chistar. Sentada en aquellas butacas, sola, el tiempo pasó con
rapidez. Fueron dos horas intensas, sorprendentes. La proyección la había
conmovido hasta las lágrimas. Y era curioso que aquella película difícil,
demasiado mundana, y a la vez, casi mística, hubiera atraído la atención de
Pablo.
—¿Te
gustó? –preguntó él, luego del primer repique del teléfono, como si la hubiera
estado esperando.
—Es...
muy dura. Pero fascinante.
—Sí...
También lo es para mí... Ahora necesito que vayas a mi cuarto.
—¿A
su cuarto?
Lali
se estremeció... Demasiados recuerdos.
—Por
favor.
—¿Quiere
que busque algo allí?... ¿Lo vuelvo a llamar cuando lo encuentre?
—No...
No cortes... ¿Es el celular de la editorial, no?
—Sí.
—Entonces
no cortes.
Mientras
se desplazaba por el departamento, la joven podía sentir la voz de él
acariciándola. Hablándole como si, otra vez, estuviera a su lado.
—Ya
llegué.
—Ve
hasta la mesilla de noche que está a la derecha de la cabecera.
—Estoy
allí.
—Entonces
será mejor que te acuestes, y duermas hasta mañana.
—¡¿Qué?!
—Llamé
a tu casa para darte algunas indicaciones para el trabajo, y me espanté...
Mañana te necesito bien descansada y despierta, porque vas a tener que
entrevistarte con Colombo, así que pensé que lo mejor sería que durmieras en mi
cama.
—No,
pero... No pienso quedarme...
—La
casa está sola, y necesito alguien que la vigile en mi ausencia... ¿Quién mejor
que vos?... Podrías reencontrarte con el cine italiano... Para mañana te
recomiendo “La Strada”. De seguro ya la has visto mil veces, pero... La escena
del mago y Gelsomina es mi favorita.
Sí, también lo era para Lali. Y aquella
coincidencia,tontamente, la emocionó.
—Quédate,
Lali... Sé que te lo pedí antes, y siempre te negaste a complacerme. Pero esta
vez yo no estoy allí, así que...
Por
unos segundos permanecieron callados.
—Pero
cuando usted vuelva... –accedió ella al fin.
—Cuando
yo vuelva te irás de mi casa y de mi vida, según lo pactado.
Lali
agachó la cabeza. ¡Qué difícil...! ¡Qué difícil era decirle que no a ese
hombre!
—Adiós,
señor Martinez. Ya es muy tarde.
—¡Espera!
—¿Sí?
—La
planta de jazmines... La tiene el portero. Se la di para que la cuidara mientras no estoy...
Y
como si se tratara del aroma de las flores, un silencio dulce los envolvió,
impregnando sus espíritus.
—Hasta
mañana, Lali.
Todavía
con el corazón palpitante, la joven cerró su celular, observó aquella cama
inmensa, y suspiró. Era increíble haber vuelto a aquel lugar adonde un día
había sido tan feliz y tan miserablemente desdichada.
¿De
qué clase de embrujo era capaz aquel hombre, que podía hacerla enloquecer de
pasión con sólo susurrarle trivialidades al oído?
Agotada
por aquel impulso irrefrenable que una vez más trepaba por sus piernas,
dejándola exhausta, la muchacha se sentó en la cama. Y la suave caricia de
aquel algodón hilado hasta el infinito, le hizo rememorar otras caricias más
íntimas, más inolvidables... Y otra vez se sentía excitada, perdida entre los
brazos de él, sometida a su hombría.Y feliz.
Se
soltó el pelo, desabrochó su camisa, deslizó su pollera, se sacó los zapatos, y
se aprestó a dormir, (o a recordar), sumida en aquel dulce arrebato que la
tenía atrapada allí, en esa casa ajena que, por algún motivo inexplicable,
sentía como su propia casa.

geniooooooooo Pablito... tan protector con Lali aun en la distancia... y Lali preocupada por el jazmin... ya quiero otro cap... espero subas pronto...
ResponderEliminarBesos q estes bien!!!
No va a poder dormir
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