jueves, 18 de julio de 2013

Capítulo 64:"Vos necia, Yo mentiroso"



CAPITULO 64:
Lali , todavía dormida, acariciaba su almohada, gemía, daba vueltas, se estremecía de placer.
Durante unos minutos estuvo sonando aquella musiquita estúpida de su celular, pero ella no podía escucharla, atrapada como estaba por aquel sueño profundo que la tenía cautiva. Pero cuando, de tanto vibrar, el pequeño aparato terminó cayendo sobre su cara, por fin abrió los ojos, y despertó a una realidad menos dulce y más esquiva, pero igual de atrapante.
Medio dormida, ni siquiera se tomó el trabajo de revisar el visor para saber quien era, (¿o fue porque no se atrevía a averiguarlo?)
—Hola...
...
—¡Vico!....
...
—¿A mi casa?
...
—¡No! No vayas a mi casa... No estoy allí.
...
—Vas a hacer un escándalo de esto, pero... Estoy en lo de Pablo.
Lali  separó el pequeño aparato de su oreja, para aminorar el impacto de los gritos de su novio.
—Te recuerdo que él sigue en Estados Unidos...
...
—No... No me lo pidió. Yo se lo pedí a él. Rochi estaba con Nico, y...
Otra vez la muchacha se vio forzada a alejar el telefonito.
—¿Qué? ¿Ahora también te vas a enfurecer por lo que hace Rochi ? ¿Qué te importa a vos si se acuesta o no con Nico?
...
—¡Basta de decirle puta!... Rochi ya es grande, y no tiene por qué pedirte permiso. ¡Y yo tampoco!
...
—Sí, pienso quedarme aquí hasta que Pablo vuelva.
...
—¡Lo llamo como se me dé la gana!
...
—Sí... Por supuesto que estuve pensando en lo de nuestro casamiento... Pero es que..., no sé... Necesito más tiempo.
La muchacha perdió su mirada en aquella cama inmensa, y se estremeció. ¿Estaba bien casarse con alguien por lástima, cuando se suspiraba por otro?
....
—¿Cuándo?
...
—¡¿Hoy?! Pero no puedo hoy. Tengo que encontrarme con alguien, y...
....
—¡Claro que me interesa un puesto en la editorial Perfiles! Lo sabes mejor que nadie. Y, por supuesto que quiero entrevistarme con tu jefe, pero...
...
—¿A qué hora es?
...
—Estaré allí.
Y sin tomarse el trabajo de decir adiós, la joven cerró su pequeño celular con enojo. Lo arrojó a un costado, y volvió a acostarse, dejando que las sábanas la acariciaran otra vez.
¿Para qué negarlo? Mal que le pesara, aquella mañana había amanecido húmeda de placer y deseo... Y por más que lo intentara, podía cerrar sus piernas, podía poner en blanco su mente, pero no podía acallar su corazón. ...¿O sí?
Mas tarde…
—Tus trabajos son impresionantes... Me gustó como manejaste lo del diputado, porque es muy difícil poder remontar una transmisión en vivo, luego de algo así... Lo hiciste muy bien. Pero, por desgracia, en este momento mi equipo está completo...
—¡¿Cómo?! –se sobresaltó Vico al escucharlo—. Ayer usted dijo que...
—¡Ayer!... Pensé que iba a tener una baja, y... Pero lamentablemente no ocurrió, así que no necesito a nadie.
—¿Y el puesto de Martita López?... Usted dijo.
—No... No va a poder ser... Pero estoy seguro que en cualquier otra oportunidad, quizás más adelante, cuando te desvincules totalmente de Martinez...
—Ya estoy desvinculada... Sólo lo cubro hasta que él regrese, pero después quedo libre.
Aquel hombretón rubicundo sonrió de una forma extraña.
—Claro, lo imagino –se limitó a decir—. Pero por ahora...
Las despedidas fueron rápidas, y, en cuestión de segundos, otra vez Lali y Vico estaban en la calle.
—Te lo dije, Vico.
—¡Me lo dijo ayer!... ¡Y fue él quien lo ofreció!... No... Aquí está pasando algo muy raro... Espera, Lali. Ya vuelvo.
—¡No!.... No puedo esperarte. Tengo que...
Pero fue inútil. Estaba gritando al vacío. Por diez minutos permaneció parada allí, en el patio interno de la redacción. Todavía no se sentía el calor sofocante del verano, pero el sol ya calentaba sin piedad. La muchacha aprovechó aquella espera para cerrar los ojos, y dejarse acariciar por sus rayos.
Su mente comenzó a vagar, presa de aquella sensación. Sí, así eran las cosas con Pablo. Igual que con el sol, sus caricias la quemaban, haciéndola sentir más viva. Pero no ignoraba que si no se protegía, o si permanecía demasiado bajo su influjo, tarde o temprano iba a terminar pagando las consecuencias.
—¡Fue él!
El grito de Vico la obligó a abrir los ojos, y volver a la realidad.
—¡Yo sabía!... ¡Fue él! –insistió.
—¿A qué te referís?
—A que esta mañana Martinez  llamó a mi jefe para pedirle que no te contratara. Y en este negocio, las palabras de ese hijo de puta son ley. ¡Nadie quiere quedar mal con él!
—¿Qué estás inventando? ¿De dónde iba a saber Pablo que íbamos a venir aquí?
—¡No tengo ni idea cómo se enteró!... ¡El muy hijo de puta parece saberlo siempre todo!
—¡Es imposible!... En tal caso, tu jefe se habrá escudado en esa mentira para justificar el hecho de que simplemente cambió de opinión.
—¡Él lo obligó!... ¡Ese hijo de mil putas, que lo único que quiere es atraparte!
La muchacha le dio la espalda, y comenzó a caminar.
—¡Espera, Lali!... –le suplicó él, mientras intentaba retenerla—. ¡Es la verdad!.
—¿Queres hacerme creer que un tipo tan ocupado como MArtinez ha montado una gran conjura en mi contra?... Me encantaría pensar que es así, porque eso significaría que, aunque fuera un poco, le importo. Pero no, Vico. Yo no soy para él muy distinta que las otras con las que se ha acostado. Y no es un hombre de agitarse tanto por una mujer. ¡Lo lamento!
—¿Y si nunca conseguís otro trabajo?... Él es el único que podría interponerse en tu sueño de ser periodista... Sí... Quizás, como vos decís, no es hombre capaz de tomarse tanto trabajo por una mujer. Pero todos saben que es muy vengativo. ¡Y vos lo has humillado!
—¡Es una locura!
—¿Y si para cuando él regresa, no hay otro empleo para vos?
—Entonces, querido Vico, me volveré a Mendoza y le pediré a tus tíos el puesto que ocupaba Gas.
—¿Y te casarás conmigo?
Lali lo enfrentó. Su mirada era desesperada, pero todo su gesto era sincero. Sí..., aquel hombre que quería tanto, estaba sufriendo por su culpa.
—Sí... Si eso ocurre me casaré con vos
¿Por qué no? Al fin y al cabo, Victorio se lo merecía.

A la noche…
Durante una hora completa las bellas imágenes en blanco y negro se sucedieron en la pantalla, tan inevitables como el transcurrir de la vida. Pero cuando la bella Gelsomina concentró su mirada inocente y maravillada en aquella pequeña piedra que el mago le había entregado, Lali simplemente apagó el reproductor, y se quedó sentada allí en silencio, en medio de la oscuridad. Era demasiado para ella.
Como ocurría con aquella actriz, también su Gas estaba ahora muerto en la vida real. Sepultado en el pasado, mientras que su juventud y su belleza quedaba capturada en la memoria, como en aquella película. Su marido nunca iba a envejecer. No iba a convertirse en aburrido, o molesto. Como Gelsomina, iba a permanecer para siempre siendo lo mejor de si mismo... ¿Cómo iba a competir Vico con eso? Era cierto que a Pablo le había sido fácil desdibujar su recuerdo, pero él era como un ilusionista, capaz de construir con sus mentiras la más bella simulación.
Su amigo, en cambio... Vico no era Gas. Y lo peor, definitivamente no era PAblo. La musiquita de su celular la volvió a la realidad. Contestó sin mirar el visor. No quería saber con antelación quién la llamaba, (¿o no se atrevía a hacerlo?)
—¿Te gustó “La Strada”?
Lali se estremeció.
—No pude terminar de verla. Comencé a recordar a Gas, y me hizo mal.
Del otro lado se produjo un silencio solemne.
—¿Está ahí?
—¿Vas a casarte con Victorio?
La muchacha tambaleó. ¿Cómo podía saber que...? Se puso de pie, y encendió la luz.
—¿Usted habló hoy con el director de Perfiles, para que no me contratara?
—¿Estás buscando trabajo con él?
—Pronto voy a necesitarlo, y usted lo sabe.
—¿Y justo tiene que ser con ese idiota?... Ah, me olvidaba: Tu noviecito trabaja allí. Dios los cría...
—Que a usted no le guste, no justifica que...
—Pensa, Lali... ¿Cómo podía saber yo lo que ibas a hacer?... No, nuestro querido amigo me ha inculpado para poder negociar mejor con vos.. Quería conocerte primero, para luego tomarse su tiempo.
—¿Pero por qué mencionarlo a usted?
—¿Por qué no? Yo siempre soy el culpable ideal para los peores pecados. Haga lo que yo haga, igual todos piensan mal de mí. ¿No es cierto, Lali?
—¿Cómo supo que Victorio y yo...?
—Desde un principio me quedó claro lo que él quería. Y como el otro día lo nombraste, pensé que...
—¿Fue por eso?
—¿Por qué otra cosa?... ¿Crees que te hago seguir?
Lali se quedó pensativa.
Y desde el otro lado del mundo Pablo contempló la bella imagen de su asistente, su cuerpo casi desnudo, cubierto apenas por un camisón de tela liviana, enfocado por una de las numerosas cámaras que le permitían controlar lo que ocurría en su departamento a través de la Internet, incluso con todas las luces apagadas.
A todo color y en high definition pudo verla dirigirse hacia la sala, deleitándose en cada uno de sus pasos con el contorno de su figura, y su cabello castaño alborotado.
—¿Lali? ¿Me escuchas?
—Sí.
—¿Vas a acostarte?
—Sí.
—¿Vas a hacerlo ahora?
—Sí.
—¿Llevas puesto tu camisón?
La muchacha se estremeció.
—Todavía estoy vestida... ¿Por qué? ¿Necesita que vaya a algún sitio?
—Vos sabes que no lo quieres.
—¿Cómo?
—Sabes que no lo quieres.
Durante un tiempo los dos permanecieron callados.
—Voy a acostarme.
—No cortes, Lali...
Otra vez aquel silencio. Y luego, sin ningún preaviso, la voz grave de Pablo comenzó a acariciarla con dulzura. A envolverla. A tranquilizarla.
—Como te conté aquella noche... ¿Recuerdas aquella noche, Lali? guardo en mi memoria muy pocas cosas de mi infancia, o la vida con mis padres... Hoy lo pienso, y me doy cuenta que debía ser bastante mal criado, como todo buen hijo único. Sé que era frecuente que pasara el día enojado por algo que no había salido del todo a mi gusto... Y cuando así era, cuando al final del día me sentía solo, triste, o asustado, recuerdo que mi madre solía acostarse junto a mí... Era hermosa. Tenía el pelo negro y lacio, muy, muy largo, y a mí me encantaba que se olvidara por un rato de mi padre y se quedara a mi lado. Entonces me acariciaba con dulzura, porque era muy dulce, también lo recuerdo, y me decía: “Bueno, Pabli... Ahora hablemos para dormir...” Y durante un rato charlábamos de tonterías, “cosas lindas”, como decía ella, hasta que el sueño llegaba sin que yo me diera cuenta...
Un silencio cómplice los unió por unos segundos.
—Hablemos para dormir, Lali... Yo también estoy muy cansado de todo... Aquí ha hecho un frío horrible y quiero refugiarme entre las sábanas... ¿Por qué no vas a acostarte vos también, mientras charlamos?... ¿Queres?
A pesar de que hablaban por teléfono, por toda respuesta la joven se limitó a mover afirmativamente la cabeza. Y a él le bastó.
—¿En qué crees que andan Maca y Agus? –comentó divertido— El otro día les tendí una trampa. Me imaginaba que estaban juntos, así que, mientras hablaba por celular con uno, telefoneé al otro. Fue gracioso escuchar a la distancia el repique de la llamada.
Lali sonrió.
—Claro que luego, cuando se lo pregunté directamente, Maca lo negó... Creo que todos estos años Agus estuvo interesado en ella...
—Harían una linda pareja.
—El domingo pasé por una pista de patinaje, y no pude evitar la tentación de volverlo a intentar, como cuando era niño...
—¿Sobre hielo? –se maravilló Lali, mientras se dirigía hacia el dormitorio.
—Soy un desastre, pero fue divertido... De chico solía jugar al hockey sobre patines, pero tal parece que el hielo no es lo mismo.
—¡No! No lo es... El sábado fui con Vico. Y estaba allí, muy orgullosa, intentando hacer una pirueta de mis épocas de gimnasia artística, cuando un niñito se enredó entre mis piernas. Me caí, y después no había forma de secarme.
—¿Patinaste sobre hielo en primavera?
—Aquí en Buenos Aires la pista siempre es artificial. Estaba atestada de nenitos, pero igual fue divertido.
—¿Ya te has acostado? –susurró él, al auricular.
En efecto, la muchacha estaba en la cama, pendiente del pequeño receptor.
—Yo ya lo hice, Lali... Ahora es tu turno... Cerrá los ojos, y déjate llevar por el impulso del patín...
La joven lo obedeció.
—Hasta mañana, Lali.
—Hasta mañana –respondió ella. Y sólo cuando cortó la comunicación, agregó—, Pabli.


1 comentario:

  1. AMEEEE la charla de Lali y Pablo... es un tierno el cuando quiere!!! En realidad lo hemos visto tiernito solo con Lali!!!!
    Y me parece q Lali no deberia casarse con Vico y menos hacerle una promesa de tal tamaño cuando no esta segura y lo hace por razones muy equivocadas... Espero q nuestro Pablito haga algo para detenerla!!!
    Espero leernos pronto!!!
    Besos!!!

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