CAPITULO 64:
Lali
, todavía dormida, acariciaba su almohada, gemía, daba vueltas, se estremecía
de placer.
Durante
unos minutos estuvo sonando aquella musiquita estúpida de su celular, pero ella
no podía escucharla, atrapada como estaba por aquel sueño profundo que la tenía
cautiva. Pero cuando, de tanto vibrar, el pequeño aparato terminó cayendo sobre
su cara, por fin abrió los ojos, y despertó a una realidad menos dulce y más
esquiva, pero igual de atrapante.
Medio
dormida, ni siquiera se tomó el trabajo de revisar el visor para saber quien
era, (¿o fue porque no se atrevía a averiguarlo?)
—Hola...
...
—¡Vico!....
...
—¿A
mi casa?
...
—¡No!
No vayas a mi casa... No estoy allí.
...
—Vas
a hacer un escándalo de esto, pero... Estoy en lo de Pablo.
Lali separó el pequeño aparato de su oreja, para
aminorar el impacto de los gritos de su novio.
—Te
recuerdo que él sigue en Estados Unidos...
...
—No...
No me lo pidió. Yo se lo pedí a él. Rochi estaba con Nico, y...
Otra
vez la muchacha se vio forzada a alejar el telefonito.
—¿Qué?
¿Ahora también te vas a enfurecer por lo que hace Rochi ? ¿Qué te importa a vos
si se acuesta o no con Nico?
...
—¡Basta
de decirle puta!... Rochi ya es grande, y no tiene por qué pedirte permiso. ¡Y
yo tampoco!
...
—Sí,
pienso quedarme aquí hasta que Pablo vuelva.
...
—¡Lo
llamo como se me dé la gana!
...
—Sí...
Por supuesto que estuve pensando en lo de nuestro casamiento... Pero es que...,
no sé... Necesito más tiempo.
La
muchacha perdió su mirada en aquella cama inmensa, y se estremeció. ¿Estaba
bien casarse con alguien por lástima, cuando se suspiraba por otro?
....
—¿Cuándo?
...
—¡¿Hoy?!
Pero no puedo hoy. Tengo que encontrarme con alguien, y...
....
—¡Claro
que me interesa un puesto en la editorial Perfiles! Lo sabes mejor que nadie.
Y, por supuesto que quiero entrevistarme con tu jefe, pero...
...
—¿A
qué hora es?
...
—Estaré
allí.
Y
sin tomarse el trabajo de decir adiós, la joven cerró su pequeño celular con
enojo. Lo arrojó a un costado, y volvió a acostarse, dejando que las sábanas la
acariciaran otra vez.
¿Para
qué negarlo? Mal que le pesara, aquella mañana había amanecido húmeda de placer
y deseo... Y por más que lo intentara, podía cerrar sus piernas, podía poner en
blanco su mente, pero no podía acallar su corazón. ...¿O sí?
Mas
tarde…
—Tus
trabajos son impresionantes... Me gustó como manejaste lo del diputado, porque
es muy difícil poder remontar una transmisión en vivo, luego de algo así... Lo
hiciste muy bien. Pero, por desgracia, en este momento mi equipo está completo...
—¡¿Cómo?!
–se sobresaltó Vico al escucharlo—. Ayer usted dijo que...
—¡Ayer!...
Pensé que iba a tener una baja, y... Pero lamentablemente no ocurrió, así que
no necesito a nadie.
—¿Y
el puesto de Martita López?... Usted dijo.
—No...
No va a poder ser... Pero estoy seguro que en cualquier otra oportunidad,
quizás más adelante, cuando te desvincules totalmente de Martinez...
—Ya
estoy desvinculada... Sólo lo cubro hasta que él regrese, pero después quedo
libre.
Aquel
hombretón rubicundo sonrió de una forma extraña.
—Claro,
lo imagino –se limitó a decir—. Pero por ahora...
Las
despedidas fueron rápidas, y, en cuestión de segundos, otra vez Lali y Vico
estaban en la calle.
—Te
lo dije, Vico.
—¡Me
lo dijo ayer!... ¡Y fue él quien lo ofreció!... No... Aquí está pasando algo
muy raro... Espera, Lali. Ya vuelvo.
—¡No!....
No puedo esperarte. Tengo que...
Pero
fue inútil. Estaba gritando al vacío. Por diez minutos permaneció parada allí,
en el patio interno de la redacción. Todavía no se sentía el calor sofocante
del verano, pero el sol ya calentaba sin piedad. La muchacha aprovechó aquella
espera para cerrar los ojos, y dejarse acariciar por sus rayos.
Su
mente comenzó a vagar, presa de aquella sensación. Sí, así eran las cosas con
Pablo. Igual que con el sol, sus caricias la quemaban, haciéndola sentir más
viva. Pero no ignoraba que si no se protegía, o si permanecía demasiado bajo su
influjo, tarde o temprano iba a terminar pagando las consecuencias.
—¡Fue
él!
El
grito de Vico la obligó a abrir los ojos, y volver a la realidad.
—¡Yo
sabía!... ¡Fue él! –insistió.
—¿A
qué te referís?
—A
que esta mañana Martinez llamó a mi jefe
para pedirle que no te contratara. Y en este negocio, las palabras de ese hijo
de puta son ley. ¡Nadie quiere quedar mal con él!
—¿Qué
estás inventando? ¿De dónde iba a saber Pablo que íbamos a venir aquí?
—¡No
tengo ni idea cómo se enteró!... ¡El muy hijo de puta parece saberlo siempre
todo!
—¡Es
imposible!... En tal caso, tu jefe se habrá escudado en esa mentira para
justificar el hecho de que simplemente cambió de opinión.
—¡Él
lo obligó!... ¡Ese hijo de mil putas, que lo único que quiere es atraparte!
La
muchacha le dio la espalda, y comenzó a caminar.
—¡Espera,
Lali!... –le suplicó él, mientras intentaba retenerla—. ¡Es la verdad!.
—¿Queres
hacerme creer que un tipo tan ocupado como MArtinez ha montado una gran conjura
en mi contra?... Me encantaría pensar que es así, porque eso significaría que,
aunque fuera un poco, le importo. Pero no, Vico. Yo no soy para él muy distinta
que las otras con las que se ha acostado. Y no es un hombre de agitarse tanto
por una mujer. ¡Lo lamento!
—¿Y
si nunca conseguís otro trabajo?... Él es el único que podría interponerse en
tu sueño de ser periodista... Sí... Quizás, como vos decís, no es hombre capaz
de tomarse tanto trabajo por una mujer. Pero todos saben que es muy vengativo.
¡Y vos lo has humillado!
—¡Es
una locura!
—¿Y
si para cuando él regresa, no hay otro empleo para vos?
—Entonces,
querido Vico, me volveré a Mendoza y le pediré a tus tíos el puesto que ocupaba
Gas.
—¿Y
te casarás conmigo?
Lali
lo enfrentó. Su mirada era desesperada, pero todo su gesto era sincero. Sí...,
aquel hombre que quería tanto, estaba sufriendo por su culpa.
—Sí...
Si eso ocurre me casaré con vos
¿Por
qué no? Al fin y al cabo, Victorio se lo merecía.
A
la noche…
Durante
una hora completa las bellas imágenes en blanco y negro se sucedieron en la
pantalla, tan inevitables como el transcurrir de la vida. Pero cuando la bella
Gelsomina concentró su mirada inocente y maravillada en aquella pequeña piedra
que el mago le había entregado, Lali simplemente apagó el reproductor, y se
quedó sentada allí en silencio, en medio de la oscuridad. Era demasiado para
ella.
Como
ocurría con aquella actriz, también su Gas estaba ahora muerto en la vida real.
Sepultado en el pasado, mientras que su juventud y su belleza quedaba capturada
en la memoria, como en aquella película. Su marido nunca iba a envejecer. No
iba a convertirse en aburrido, o molesto. Como Gelsomina, iba a permanecer para
siempre siendo lo mejor de si mismo... ¿Cómo iba a competir Vico con eso? Era
cierto que a Pablo le había sido fácil desdibujar su recuerdo, pero él era como
un ilusionista, capaz de construir con sus mentiras la más bella simulación.
Su
amigo, en cambio... Vico no era Gas. Y lo peor, definitivamente no era PAblo.
La musiquita de su celular la volvió a la realidad. Contestó sin mirar el
visor. No quería saber con antelación quién la llamaba, (¿o no se atrevía a
hacerlo?)
—¿Te
gustó “La Strada”?
Lali
se estremeció.
—No
pude terminar de verla. Comencé a recordar a Gas, y me hizo mal.
Del
otro lado se produjo un silencio solemne.
—¿Está
ahí?
—¿Vas
a casarte con Victorio?
La
muchacha tambaleó. ¿Cómo podía saber que...? Se puso de pie, y encendió la luz.
—¿Usted
habló hoy con el director de Perfiles, para que no me contratara?
—¿Estás
buscando trabajo con él?
—Pronto
voy a necesitarlo, y usted lo sabe.
—¿Y
justo tiene que ser con ese idiota?... Ah, me olvidaba: Tu noviecito trabaja
allí. Dios los cría...
—Que
a usted no le guste, no justifica que...
—Pensa,
Lali... ¿Cómo podía saber yo lo que ibas a hacer?... No, nuestro querido amigo
me ha inculpado para poder negociar mejor con vos.. Quería conocerte primero,
para luego tomarse su tiempo.
—¿Pero
por qué mencionarlo a usted?
—¿Por
qué no? Yo siempre soy el culpable ideal para los peores pecados. Haga lo que
yo haga, igual todos piensan mal de mí. ¿No es cierto, Lali?
—¿Cómo
supo que Victorio y yo...?
—Desde
un principio me quedó claro lo que él quería. Y como el otro día lo nombraste,
pensé que...
—¿Fue
por eso?
—¿Por
qué otra cosa?... ¿Crees que te hago seguir?
Lali
se quedó pensativa.
Y
desde el otro lado del mundo Pablo contempló la bella imagen de su asistente,
su cuerpo casi desnudo, cubierto apenas por un camisón de tela liviana,
enfocado por una de las numerosas cámaras que le permitían controlar lo que ocurría
en su departamento a través de la Internet, incluso con todas las luces
apagadas.
A
todo color y en high definition pudo
verla dirigirse hacia la sala, deleitándose en cada uno de sus pasos con el
contorno de su figura, y su cabello castaño alborotado.
—¿Lali?
¿Me escuchas?
—Sí.
—¿Vas
a acostarte?
—Sí.
—¿Vas
a hacerlo ahora?
—Sí.
—¿Llevas
puesto tu camisón?
La
muchacha se estremeció.
—Todavía
estoy vestida... ¿Por qué? ¿Necesita que vaya a algún sitio?
—Vos
sabes que no lo quieres.
—¿Cómo?
—Sabes
que no lo quieres.
Durante
un tiempo los dos permanecieron callados.
—Voy
a acostarme.
—No
cortes, Lali...
Otra
vez aquel silencio. Y luego, sin ningún preaviso, la voz grave de Pablo comenzó
a acariciarla con dulzura. A envolverla. A tranquilizarla.
—Como
te conté aquella noche... ¿Recuerdas aquella noche, Lali? guardo en mi memoria
muy pocas cosas de mi infancia, o la vida con mis padres... Hoy lo pienso, y me
doy cuenta que debía ser bastante mal criado, como todo buen hijo único. Sé que
era frecuente que pasara el día enojado por algo que no había salido del todo a
mi gusto... Y cuando así era, cuando al final del día me sentía solo, triste, o
asustado, recuerdo que mi madre solía acostarse junto a mí... Era hermosa.
Tenía el pelo negro y lacio, muy, muy largo, y a mí me encantaba que se
olvidara por un rato de mi padre y se quedara a mi lado. Entonces me acariciaba
con dulzura, porque era muy dulce, también lo recuerdo, y me decía: “Bueno,
Pabli... Ahora hablemos para dormir...” Y durante un rato charlábamos de
tonterías, “cosas lindas”, como decía ella, hasta que el sueño llegaba sin que
yo me diera cuenta...
Un
silencio cómplice los unió por unos segundos.
—Hablemos
para dormir, Lali... Yo también estoy muy cansado de todo... Aquí ha hecho un
frío horrible y quiero refugiarme entre las sábanas... ¿Por qué no vas a
acostarte vos también, mientras charlamos?... ¿Queres?
A
pesar de que hablaban por teléfono, por toda respuesta la joven se limitó a
mover afirmativamente la cabeza. Y a él le bastó.
—¿En
qué crees que andan Maca y Agus? –comentó divertido— El otro día les tendí una
trampa. Me imaginaba que estaban juntos, así que, mientras hablaba por celular
con uno, telefoneé al otro. Fue gracioso escuchar a la distancia el repique de
la llamada.
Lali
sonrió.
—Claro
que luego, cuando se lo pregunté directamente, Maca lo negó... Creo que todos
estos años Agus estuvo interesado en ella...
—Harían
una linda pareja.
—El
domingo pasé por una pista de patinaje, y no pude evitar la tentación de
volverlo a intentar, como cuando era niño...
—¿Sobre
hielo? –se maravilló Lali, mientras se dirigía hacia el dormitorio.
—Soy
un desastre, pero fue divertido... De chico solía jugar al hockey sobre
patines, pero tal parece que el hielo no es lo mismo.
—¡No!
No lo es... El sábado fui con Vico. Y estaba allí, muy orgullosa, intentando
hacer una pirueta de mis épocas de gimnasia artística, cuando un niñito se
enredó entre mis piernas. Me caí, y después no había forma de secarme.
—¿Patinaste
sobre hielo en primavera?
—Aquí
en Buenos Aires la pista siempre es artificial. Estaba atestada de nenitos,
pero igual fue divertido.
—¿Ya
te has acostado? –susurró él, al auricular.
En
efecto, la muchacha estaba en la cama, pendiente del pequeño receptor.
—Yo
ya lo hice, Lali... Ahora es tu turno... Cerrá los ojos, y déjate llevar por el
impulso del patín...
La
joven lo obedeció.
—Hasta
mañana, Lali.
—Hasta
mañana –respondió ella. Y sólo cuando cortó la comunicación, agregó—, Pabli.

AMEEEE la charla de Lali y Pablo... es un tierno el cuando quiere!!! En realidad lo hemos visto tiernito solo con Lali!!!!
ResponderEliminarY me parece q Lali no deberia casarse con Vico y menos hacerle una promesa de tal tamaño cuando no esta segura y lo hace por razones muy equivocadas... Espero q nuestro Pablito haga algo para detenerla!!!
Espero leernos pronto!!!
Besos!!!