viernes, 19 de abril de 2013

Capítulo 41: "Vos necia, Yo mentiroso"



Chicas les traigo nuevo capi super rapido estoy a full tengo parcial el martes y encima ya estoy trabajando asi que -10 de tiempo , besotes espero que les guste y gracias pro seguir leyendo se viene algo mas que un beso jajaja dentro de unos 10 capis todavia no coman ansias :)

CAPITULO 41:
Volvió a mirar el reloj de la pared. ¿Se sentiría mal? Ya llevaba como dos horas allí adentro... Y esa no era precisamente la forma en que Lali había pensado pasar aquella mañana de sábado, la primera en que asomaba el sol, luego de un largo y gélido invierno.
—Disculpe... Hace un rato que entró mi amiga para atenderse, y todavía no... ¡Rochi! 
Estaba preguntando por vos. Te tardaste demasiado.
—Me lo imagino –respondió la muchacha con disgusto, mientras caminaba en forma curiosa.
—¿Te ocurre algo?
—Nada –dijo secamente.
Y no volvió a abrir la boca hasta que llegaron a la calle.
—¡Sos una cerda, Lali! ¡No sé como fuiste capaz de ocultármelo!
—¿A qué te referís? No entiendo...
—¡Vamos! ¡No te hagas la inocente!... ¡Te estás acostando con alguien!
—¡No!... ¡¿De dónde has sacado eso?! Y, por cierto, ¿por qué sigues caminando tan extraño?
—Para que sepas, sucia traidora, lo sé todo.
—¿A qué te referís?
—A que no sos la única que... Vos sabes –agregó, señalando su sexo.
La muchacha observó su gesto, divertida.
—¿Quién te dijo?
—Tardaste tanto, que le pregunté a la depiladora... Y ella me contó.
—Y entonces decidiste...
—No iba a ser menos que vos... Y, no me importa lo que digas, nadie hace algo tan doloroso a menos que tenga con quién lucirlo... O que esté planeando hacerlo.
—No seas tonta, Rochi. Me depilo toda desde que tenía quince años. Soy deportista, ¿lo olvidas? Cualquier pelo molesta si nadas, o andas en bicicleta.
—Pues por aquí no veo ninguna piscina, ni una pista de carreras... ¡No! Vos andas con ganas de tener sexo...
Sí... Esa era una acusación que Lali no podía negar. Últimamente...
—Lo he hecho toda mi vida, cada quince días... Es como bañarme, o lavarme los dientes.
—¡Pero duele como la puta que lo parió! ¡No! A mi no me convences... Y además... Ahorras hasta en la comida, ¿y tiras el dinero de esta forma?
—Es una necesidad.
—Sobre todo si usas ropa interior como la que compraste el otro día.
—¿Revisas mis cosas?
—Cuando te mudaste a casa, tus bragas eran de abuelita. Ahora, en cambio...
—Las que compré costaban diez pesos menos que las de abuelita, y no estoy para lujos.
—No me convences... También Victorio piensa...
—¡¿Estás viendo a Vico?!
—A veces viene a casa, para preguntarme por vos. ¡Es encantador! Y, francamente, no se merece las cosas que le haces.
—¡¿Qué le hago?!
—Acostarte con Pablo delante de su nariz.
—¡Yo no me acuesto con PAblo!
Rochi la miró con desconfianza.
—Está bien... Supongamos que es así... Pero, ¿podes jurarme que no te mueres de ganas por hacerlo?
—No se jura –respondió Lali secamente.
Y aceleró la marcha. Rochi la seguía con dificultad, dando pasitos cortos, y maldiciendo.Pero su amiga ya no la escuchaba. 
Por otro lado….
—¡A Peter!... ¡Peter Lanzani!
—¡Rolo!... Disculpa... Todavía estoy sordo por los motores de la carrera del 
—¡Vamos, amigo! Vos no escuchas lo que no te conviene.
—¿Qué te debo, Rolo?
—Me debes información. Todo el mundo comenta que tu jefe está tramando algo. Y el mío no quiere caer por allí, para la última entrevista del año, y llevarse una sorpresa.
—¡Vamos! Sabes que Pablo le tiene miedo a tu jefe... Él sería incapaz de...
—Pues sabemos de muy buena fuente que Pablo consiguió algo que... nos inquieta.
—Si me dices de qué hablamos...
—¿Tengo cara de idiota, Peter?... Mi jefe pensó que iba a mantener contigo un 
diálogo interesante, pero está visto que...
—Tu jefe paga menos que el mío.
—Si averiguas algo, se podría rever aquello que te interesaba tanto.
—¿El puesto en Cancillería?
—Como sea... ¿Podes averiguar algo?
—En este mismo momento tengo a alguien infiltrado en su casa.
—¿Alguien?
—Una mujer.
—¡No seas idiota, Lanzani!... Martinez no confía en nadie, y menos en una 
mujer.
—Esta es distinta.
—Bueno... Vos sabrás... Pero, desde ya te digo que no queremos sorpresas... Y si no estamos del todo satisfechos, mi jefe no va a concurrir a esa última entrevista.
—¡No seas idiota, Rolo!... Ya es tradición que...
—Vos averigua eso, que yo me encargo de las tradiciones...
Sin decir más, aquel tipo nefasto se alejó de allí de inmediato. En realidad, como ambos conocían su oficio, en ningún momento se habían detenido. Por el contrario, todo el tiempo habían continuado la marcha como dos desconocidos, sin mirarse. 
Pero cuando el tal Rolo ya estaba a algunos metros, y a punto de doblar la esquina, se dio vuelta, y, desde la distancia, hizo un gesto con sus dedos índice y pulgar, como si disparara un tiro en medio de la frente de Peter.
Un buen recordatorio de que con esa gente no se jugaba.
En la casa de Pablo…
Todavía medio dormida, Lali estaba cerrando la puerta de la cocina, cuando un ruido proveniente del living llamó su atención. No era Pablo, estaba segura. A esa hora, (las ocho de la mañana), él todavía andaba por allí descalzo.
Atemorizada, se apuró a encender los monitores de vigilancia. Sabía que su jefe se traía algo importante entre manos, por lo que tenía que extremar los cuidados, y estar lista para lo peor.
Y lo peor estaba allí, justo en medio de la sala. Cosa rara... Sin ningún motivo, parada frente a esa imagen, Lali comenzó a sentir una opresión en el pecho. Era como si algo la apretara, hasta sacarle el aire. Se sentía agitada y con ganas de llorar... ¿Estaría teniendo un infarto, o algo así? No... No era un infarto...
Era algo así.
—Buenos días, Lali.
Desde la puerta de la sala, Macarena Paz, apenas cubierta por una de las camisas de Pablo, la saludaba, triunfante.
—Buenos días, Maca.
—Muero por un café... - dijo Maca
 “¡Pobrecita! ¡Y a mí que me bastaría con apretar tu cuello para aliviar tanto sufrimiento!”, pensó Lali. Pero en cambio, con una sonrisa falsa, señaló la cafetera.
—Está programada para las ocho en punto. Ya debe estar casi listo...
—¡Que suerte!... Anoche Pabli estaba imposible, y ahora me quiero morir.
“¡Y dale con darme ideas!”, refunfuñó en su interior la muchacha.
Pero, en vez de hablar, tuvo que soportar como la otra se desperezaba, de forma tan ampulosa que, en el movimiento, la camisa se abrió, dejando a la vista uno de sus pechos.
—Cúbrite, Maca... “Pabli” no está aquí, y nadie quiere que te enfermes... La 
primavera es la peor época para los resfríos.
“Cómo si pudiera tomar frío, con tanta silicona delante”
—¡Disculpa!... Bebo mi café, y voy a darme una ducha...
—Aquí está... Y tene cuidado, porque está caliente...Nadie quiere que te quemes.
“¿Para qué?, si ya estás bastante incinerada... ”Ambas mujeres se midieron como rivales.“Idiota”, pensaron al unísono.
Para cuando Maca se fue de la cocina, entró Pablo.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Ya está listo el café?
—Sí...
—Lo necesito... ¡Ayer tuvimos una nochecita con Maca!... Bueno, ella ya te habrá contado.
Lali lo observó atónita, sin molestarse en ocultar su molestia.
—¿Qué?... ¿Por qué pones esa cara?
—Me parece de muy mal gusto que ande comentando sus proezas nocturnas.
—¿A qué te referís?
La muchacha tenía un nudo en la garganta que le dificultaba hablar.
—A que... A mí no me importa lo que hagan Macarena y usted...
Pablo la enfrentó. Pero parecía más halagado, que otra cosa.
—Anoche no me acosté con Maca, si eso te preocupa...
—¡Por supuesto que eso no me preocupa!... ¿Por qué habría de preocuparme?
—Sos vos la que tiene que responder eso –comentó con satisfacción.
Y Lali sintió que lo odiaba.
Odiaba esa forma estúpida que tenía de sentirse superior. Odiaba esa risita sobradora, y esa manera de enfrentarla, haciéndola parecer una imbécil. Pero más odiaba que tuviera razón... ¿Por qué tenía que preocuparle tanto lo que su jefe hacía con la odiosa Maca?
—Como sea, Lali. Anoche Maca encontró a su marido con la empleada, y no 
estaban limpiando precisamente.
—Eso es espantoso...
—Yo no diría tanto... En tal caso, era previsible... Yo mismo se lo había advertido.  Era obvio que el tipo no tenía buenas intenciones...
Pablo clavó su mirada fría sobre Lali, antes de continuar.
—Pero siempre es así con ustedes las mujeres... La que no sigue mi consejo, 
termina después de un tiempo llorando entre mis brazos...
La muchacha, sin embargo, no se dejó embaucar por aquellos ojos verdes.
—¡Qué afortunado!... Usted siempre gana.
—Así soy yo...
Si... Así era él... Estúpido, machista... Mentiroso.
—Ya que está aquí, quería avisarle que hoy voy a tener que irme a las ocho...
—¡Imposible!... Tenes que revisar la nota de Mery para el programa.
—El programa es en una semana, y yo tengo que salir hoy.
—¿Tenes que verte con tu novio?
—Sí.
—Pues a Peter le va a dar lo mismo que se vean mañana.
—¡¿Cómo sabe...?! –comenzó a decir ella, pero se interrumpió al ver la cara de satisfacción de su jefe.
En efecto, Peter la había llamado para que, sin falta, se encontraran aquella noche. Pero..., ¿cómo lo sabía Pablo?
—¿Usted me hace seguir? –preguntó preocupada.
—No... Y no sabía que Peter era tu novio, pero lo imaginé, y vos acabas de confirmarlo.
—El doctor Lanzani no es mi novio.
—¿Ah, no?
—¿Por qué pensó que era él?
—Porque el domingo que te llevé a la Iglesia vi que su auto nos seguía...
—¿Cómo que “nos seguía”?
—¿No te lo dijo?
Lali se quedó pensativa, y su jefe continuó.
—He contratado a Peter Lanzani como abogado, porque es la persona más taimada que conozco. Es calculador y mentiroso. Y soy muy consciente que sólo es cuestión de tiempo para que me clave un puñal en la espalda.
—A mí me parece una persona excelente.
—Vos sos muy fácil de engañar, Lali.
—Lo dudo... De ser así...
La muchacha se interrumpió abruptamente.
—¿De ser así, qué?
—Usted ya me hubiera engañado.
Pablo la perforó con el frío de su mirada.
—En mí no confías, porque soy lo suficientemente sincero como para confesar que, cuando lo necesito, hago trampa... Y creo que no estás muy acostumbrada a los hombres sinceros... Él, en cambio...
—No le estoy pidiendo permiso, Martinez... Sólo quiero salir a las ocho.
Su jefe la enfrentó. Estaba tan cerca, que Lali podía sentir su respiración agitada.
—Ese tipo...
Pablo no pudo terminar. Vestida y cambiada, Macarena hacía su dramática entrada a la cocina, dispuesta a dar pelea, (cualquiera que fuera) Y bastó su presencia para que los ánimos de jefe y empleada se enfriaran de inmediato. De hecho, lo hicieron tanto, que el aire allí, a pesar de la primavera y el sol que entraba por la ventana, se volvió congelado.
La recién llegada los observó con desconfianza. ¿Qué ocurría ahora?... Había tardado lo menos posible... ¡¿Acaso no podía dejarlos solos ni un minuto?!...

3 comentarios:

  1. Q arpiaaaaaaaaaaaaaaaa Maca... es una guacha pero no logro tan facilmente lo q se propuso y Pablo es un guachoooo!!!! Justo ahi tenia q aparecer Maca cortandonos toda la diversion q venimos esperando de hace basante....
    Y a mi me comen las ansiaaaaaaaaaaas ya quiero q llegue el besoooooooooooo!!!!!
    En cuanto a Peter esta muy confiado de q Lali le va a buchoneear algo... solo espero q Pablo actue antes y le saque la mascara!!!!
    Espero q subas pronto.... Y EXITOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS en los parciales!!!!
    Besos!!!! :D

    ResponderEliminar
  2. Amooooo demasiado tu nove, subi pronto besos :*

    ResponderEliminar
  3. Pablo se delato con lo d Peter.Jajaja le hace saber k con Maca nada d nada.K oportuna esta piba con la excusa del marido se metio en la casa d Pablo.Espero k Pablo la saque rapidito d ahi

    ResponderEliminar