miércoles, 10 de abril de 2013
Capítulo 39 : "Vos necia. Yo mentiroso"
Hola chicas. como andan???yo recuperandome muy lentamente gracias por sus buenos deseos , le straigo rapidisimo nuevo capi porque estoy apunto de caer rendida a mi cama jaja, besotes
PD: Hannia parece el foro no ande desde hace unos dias no se que pasa segun lei por ahi es temporal :)
CAPITULO 39:
Las diez de la mañana. El corazón de Lali latía con fuerza. Todavía estaba a tiempo de arrepentirse. Simplemente era cuestión de darse la vuelta y...
El ruido que hizo la puerta al abrirse con violencia frente a sus propias narices, la asustó.
—Ah... Eras vos. Llegas dos minutos tarde.
Sí... Esa era la cálida bienvenida de su jefe... Pero, por alguna extraña razón, aquellas palabras ásperas sirvieron para calmarla.
Sí... Había hecho lo correcto... Ese era su lugar.
Lali entró a la cocina en el mismo instante en que Pablo partía hacia el living, dejándola sola. Para su sorpresa el desayuno estaba a medio preparar, y había dos tazas en la bandeja.
La joven se apuró a colocar las tostadas en el plato, servir el café, y llevar todo hasta la mesa del comedor. Allí estaba Pablo, leyendo el diario a medio vestir, como solía hacerlo todas las mañanas... ¿Estaría acompañado?
—¿A quién buscas, Berta?
—En la bandeja había dos tazas.
—Ah..., sí... Séntate.
Desde que se había levantado, nada había sido fácil para Lali. Y quizás por aquella angustia que había acarreado desde la noche anterior, no había encontrado el tiempo suficiente como para atar su cabello, que ahora caía como una catarata sobre sus hombros. Era extraño estar sentada allí, frente a su jefe, sin tener su rodete. Era como si no se tratara de trabajo, sino de... una cita.
La muchacha desvió su mirada, y pudo darse cuenta que también Pablo lo había notado.
Parecía hipnotizado por el movimiento de las ondas que caían sobre sus pechos. Lali se ruborizó. Y fue sólo cuestión de que sus mejillas enrojecieran para que, como si él lo hubiera intuido, volviera de inmediato a su diario. ¿Así iba a ser todo de ahí en más?... ¿Cada día iba a tener que transcurrir en medio de esa extraña tensión entre ambos?...
¡Era una locura!... Era peligroso... Era embriagador.
Lali se puso de pie, y se dirigió hacia el balcón, mientras ataba un nudo en su cabello, de forma tal de mantenerlo controlado, aunque fuera provisoriamente. Podía sentir la mirada de su jefe siguiendo sus movimientos, así que, incómoda, se asomó al vidrio, para ver el exterior.
—¿Qué buscas?
—Es que había un jazmín, y temo que...
—Yo lo regué.
—¿Usted?
La muchacha lo observó confundida, y Pablo se encerró en su diario, como si aquella mirada le produjera vergüenza.
—No sé por qué le has tomado tanto cariño a esa estúpida planta...—refunfuñó—. Antes de que llegaras aquí, ni siquiera sabía que existía...
Se produjo un silencio tenso.
“Vamos”, imploró Lali en su interior. “Vamos Pablo, decí una de esas cosas horribles que sueles decir, por favor... Algo que me haga odiarte... Muéstrame ese veinte por ciento que sabes ocultar tan bien” Y como si su jefe hubiera podido escuchar sus pensamientos, no tardó en complacerla.
—No perdamos el tiempo, Berta... Se ha acumulado demasiado trabajo en tu
ausencia. Y no me refiero a la casa. Es más, no quiero que pierdas el tiempo
haciendo de empleada. Te necesito para cosas más urgentes... Tal parece que los otros se han malacostumbrado con vos, y ya no saben hacer nada. La revista sale el jueves, y preciso que controles las diez notas principales que van en ella.
—¿Quiere que corrija la redacción?
—No. Todo... Necesito que hagas mi tarea, porque yo estoy investigando algo.
—¿Algo?
—No es asunto tuyo...
La muchacha se quedó pensativa.
—¿No me escuchaste, Berta?... No quiero que pierdas el tiempo.
—Es que... Yo volví al trabajo..., pero con una condición.
La mirada de Pablo estalló en millones de chispas.
—¡¿Una condición?!... ¡¿Después del cachetazo que me diste, todavía crees que podes darte el lujo de poner “condiciones”?!... Si la tonta de tu compañera no hubiera intentado seducirme, hoy vos no estarías aquí, así que no abuses de tu suerte...
—Como guste... Pero no voy a poder continuar trabajando si mi horario no se
respeta.
—¡No digas tonterías! Todos mis empleados saben a la perfección que su horario termina cuando acaba su trabajo. Nunca antes.
—Pues yo necesito...
—¿Insistes con esa estupidez de la Diplomacia?
La joven agachó la cabeza, y su jefe se envalentonó.
—Mejor. No era para vos
—No abandoné la idea. Sólo la pospuse hasta que aprenda el portugués.
—¡Excusas! Sabes que yo tenía razón.
—No sé portugués, y...
—Alguien que habla cuatro idiomas con soltura, no se asusta por aprender uno
más... ¡No seas orgullosa! Reconoce que te has equivocado.
—¡Yo no me equivoqué!... Y a usted más que a nadie le conviene que no
empecemos a hablar de equivoca...
Pablo no la dejó terminar.
—¿Y entonces para qué queres irte temprano? ¿Para salir con tu novio?
—Yo no tengo...
Lali había comenzado la frase con mucho ímpetu, pero al ver la sonrisa de satisfacción de su jefe, se apuró a volver atrás.
—Sí..., para salir con mi novio –se retractó.
Pablo abandonó su diario sobre la mesa, y la observó con descaro. ¿Así iba a ser siempre, de ahí en más?
—Bueno... Entonces veremos de darte el tiempo suficiente como para que no descuides al pobre muchacho... Y ahora, vete ya mismo a trabajar. La vida no se detiene porque estés enamorada.
La muchacha se apuró a obedecer a su jefe, y Pablo volvió a quedarse solo y pensativo.
Luego tomó su celular, marcó un número, y comenzó a hablar.
—¿Carmen?... ¿Recuerdas lo que te pedí el viernes? Sí, la agenda... Bueno,
necesito otro favor.
Dias Mas tarde…
Dos borrachos yacían en las sombras. Lali los esquivó con soltura, y se apuró a cruzar la calle. Eso era lo malo de andar tan tarde por allí, sobre todo en invierno. Claro que Pablo se había ofrecido a pagarle el taxi, (cosa a la que ella había accedido de inmediato), pero a último momento había preferido embolsar el dinero, y tomar el bus.
Por fortuna, ya faltaba poco para llegar a casa. Una tos seca que se escuchaba a la distancia la distrajo. Y otra vez tuvo aquella horrible sensación de estar siendo vigilada. Apuró el paso y aguzó el oído. ¡Allí estaba! Aquel ruido inconfundible de un llavero inmenso, balanceándose rítmicamente. Llaves, tos... Era él... No había duda.
Lali echó a correr, pero sólo para darse vuelta abruptamente, y así sorprender a su acosador.
—¡Escucha, idiota! –gritó sin mirar—. Si crees que...
La muchacha se estremeció. ¡Aquel no era Vico!
—Disculpa si te asusté, Lali. No fue mi intención.
—¿Qué haces siguiéndome en medio de la noche, Peter?
—Es que últimamente apenas podemos vernos... ¡Parece a propósito! Cuando vos terminas temprano, yo tengo trabajo, y cuando llegas tarde, yo estoy libre. Es como si alguien cruzara nuestras agendas... .
—¡Es cierto!
—Entonces, ¿por qué no aprovechamos este encuentro, y vamos a tomar algo?... Temo que si pasamos más tiempo alejados, te olvides de mí, y ya no me extrañes.
La joven sonrió.
—No sé... Mañana tengo que entrar a las ocho, y luego me espera un montón de trabajo...
—Me imagino, porque yo tengo el día libre... Pero, aunque sea por hoy, pierde unas horas de sueño, y vení conmigo... –suplicó el Peter con una sonrisa compradora.
Y la pobre muchacha no tuvo el valor para negarse. A pesar de su agotamiento, Lali se dejó conducir hacia el auto de aquel galán. Sí... Quizás también necesitaba un poco de diversión...
Y aquel doctorcito era alguien en quien podía confiar. Antes de ponerse en marcha, Peter observó a su presa, complacido.
Mientras, en la vereda, oculto tras un árbol, Vico tiritaba de frío, preguntándose cuánto tiempo más iba a poder soportar aquel gélido infierno al cual había sido tan injustamente confinado.
—¿Cuánto hace que no nos vemos, Lali?
—Yo creo que la última vez fue aquel domingo, antes de que regresara a trabajar con Pablo...
—Desde entonces te he dejado cientos de mensajes en tu contestadora.
—Y yo te los he respondido todos...
—Sí... Pero no sé qué le ocurre a mi secretaria... Por lo visto Carmen está vieja y olvidadiza, y, si fuera por mí, la hubiera despedido hace rato. Pero nuestro jefe le tiene mucha simpatía... Como sea, tus respuestas siempre me llegan tarde... ¿Cómo te están yendo las cosas con Martinez?
—De maravillas... La verdad es que el trabajo es fascinante.
—Eso no fue lo que te pregunté.
—¿A qué te referís?
—¿Cómo te van las cosas con Pablo? ¿No volvió a insistir con...?
—No hay tiempo para insistir con nada. No tienes ni idea la cantidad de información que procesamos todos los días.
—¿Y no te resulta incómo...?
—¡Claro que es incómodo! Es increíble como el trabajo se acumula. Casi no da
tiempo para...
—¡Lali!... ¿Me vas a dejar terminar alguna frase, o prefieres continuar hablando
sola? –preguntó, enojado.
—Disculpa.
Por lo que podía ver, la muchacha estaba a la defensiva. Era obvio que entre su jefe y ella ocurría algo.
—Mira, Lali... Voy a ser franco con vos. La verdad es que me resulta difícil pensar que puedas estar todo el día al lado de un tipo como Pablo, sin que...
Al ver la reacción de la muchacha, se detuvo en medio de la frase. Ella se apuró a responderle, airada.
—¡¿Qué ocurre?! ¿Ahora, de repente, también vos desconfías de mí?
—De vos no... De Pablo
—Y si es así, ¿por qué me llenaste la cabeza para que volviera al trabajo?
—Porque en su momento pensé que ibas a ser capaz de mantenerlo a raya... Pero viéndote tan ansiosa...
—¿Tan ansiosa?... Nunca me sentí mejor.
Lali no mentía. En efecto, aquellos dos últimos meses habían sido luminosos para ella. Junto a Pablo había recobrado esa rutina de trabajo e intimidad en que ambos parecían sentirse tan cómodos.
Peter insistió.
—¿Me vas a decir que no hay ni un poco de tensión sexual, a pesar de que están juntos y solos casi todo el día?
En ese momento llegó el camarero con el pedido, y la joven, por toda respuesta, se abocó a paladear su plato.
—Realmente tenía hambre –dijo al fin a su acompañante, que la miraba sin probar bocado, ni ocultar su enojo—. Y este salmón está riquísimo.
—¿Qué ocurre entre ustedes, Lali, cuando están solos?
—¿Qué queres que ocurra?... Sigo siendo la misma mujer de principios que rechazó los quinientos mil dólares, y Pablo, el mismo mentiroso. Cada día lebantó uno o dos preservativos usados. Eso es lo único que puedo decirte de su vida privada. Por el resto, todo se limita al trabajo.
—¿Y me vas a decir que en todas esas horas, nunca hablan de otra cosa?
—Sí... Hablamos... Política, cine, libros, comidas... Cosas.
—¿Nada personal?
—Jamás.
—¿Y él nunca te mira, o...?
—¡Nunca! –respondió la muchacha con decisión.
Pero, para su desgracia, no sabía mentir. Y aún a pesar de la pálida luz de las velas, Peter pudo notar de inmediato como el rubor se adueñaba de sus mejillas.
“¡Mierda que es astuto, este hijo de puta!”, se dijo Peter. “Está haciendo lo mismo que con Olivia Viggiano.
El muy desgraciado le suspiró en la nuca durante un año, hasta que por fin pudo llevársela a la cama... Y es que cuando se trata de mujeres, su paciencia es infinita”
—Te quedaste callado, Peter.
—Pensaba en Pablo... En la redacción se comenta que anda en algo grande.
—Si es así, lo ignoro. Jamás me cuenta esas cosas.
—Sin embargo, vos pareces saber mucho más de él que todos los demás.
—¡Esto está muy bueno!... –exclamó la muchacha, sin responder—. Aquí sí que
saben preparar el pescado.
Peter meneó la cabeza con decepción. ¡La estaba perdiendo!... Como siempre, el jefe se aprestaba a ganar la partida, cualquiera que fuera... No faltaba mucho para que esa tonta cediera. ¡Podía leerlo en su mirada! ¡En la forma en que hablaba de él! Y, para colmo, la ”nena” era en verdad una mujer de principios, y se tomaba muy a pecho lo del pacto de confidencialidad... No... Si no obtenía pronto sexo, o información, todo el trabajo que se había tomado con ella, iba a ser tiempo perdido..
—¿Conseguiste sacarle algo sobre Nicolas Vasquez?
—¿Cómo dices?
Peter se impacientó
—¿Averiguaste algo sobre el tipo que masacró a tu marido? –preguntó de mal modo.
Lali volvió a ruborizarse.
No... Hacía mucho tiempo que no pensaba en Vasquez... Ni en Gas. Ni en su pasado, ni en la promesa que todavía estaba pendiente, ni en su futuro...
Ni en Gas….
—¿Y vos Peter?... ¿Crees que podrías llegar a obtener alguna información para mí?
—Si todavía te interesa... Porque últimamente me da la impresión que te estás
ocupando de otras cosas...
Durante el resto de la comida, apenas se hablaron, enfrascados como estaban en sus propios pensamientos. Como si se tratara de un litigio, el joven doctor urdía una estrategia para ganar el caso, (o, lo que era lo mismo, a Lali) Debía ser precavido, y adelantarse a su jefe. Tenía que conquistar cuanto antes a Lali, si quería tenerla de su lado. Debía llevarla a la cama, fuera como fuera, antes que Pablo. La pobrecita era tan tonta, que confundía sexo con fidelidad, y si lograba ganarle de mano a su jefe, se aseguraba la lealtad de la muchacha para siempre.
Lali, en cambio, apesadumbrada, no pensaba en Peter, ni en Vico... Ni siquiera en Pablo......Por el contrario, ahora sólo recordaba a Gas. Horrorizada porque, sin darse cuenta, lo había comenzado a olvidar.
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jajajaja Pablo es un guacho mira q cruzarle las agendas... es lo mas!!!!
ResponderEliminarLas cosas de las q se aprovecha por ser el jefe...
Y Peter cada vez lo detesto mas y nose como Lali no se da cuenta... se le escapa tanto a Pablo y estes es peor q el!!!
Espero q suba pronto!!!
Besos q te mejorees y estes bien!!!! :D
Porfa sube mas nove ... estoy metidisima .. saludos desde Talca, Chile
ResponderEliminarPeter no va a ganar,la toma x tonta y tonta no es
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