Holaaa chicas espero que anden bien, yo estoy media enferma asi que voy a estar tranqui descansando y subiendo a diario por supuesto, besotes
CAPITULO 17:
Lali estaba muy cansada del fin de semana. Se fue a la cama muy temprano, pero aún se sentía agotada cuando se levantó a la mañana siguiente para prepararse el desayuno.
El hecho de que alguien llamara a la puerta trasera la tomó completamente desprevenida y despertó dolorosos recuerdos.
Cuando Pablo iba a buscarla, muchos años antes, siempre acudía a la puerta trasera de la cabaña que su tía tenía en la reserva
india. Decía que era menos formal cuando Lali le preguntaba los motivos. Se preguntó quién podría ir a verla a una hora tan temprana.
Se arrebujo bien en el albornoz de color rosa porque hacía algo de fresco, se apartó el cabello del rostro y levantó la cortina para ver de quién se trataba. Igual que en los viejos tiempos. Era Pablo, estaba vestido para ir a trabajar, con un traje oscuro y una corbata muy conservadora.
Lali abrió la puerta.
— ¿Te has perdido? —le preguntó, sin expresión alguna en el rostro ni en la voz—. El restaurante está por allí —añadió, señalando una calle.
—Sé donde está. Lo que quiero saber es dónde has estado todo el fin de semana.
— ¿Quieres decir que has tenido tiempo para pensar en mí? Yo habría pensado que tu actual novia te mantendría lo suficientemente ocupado como para evitarlo.
—Así es —dijo él con la boca muy tensa.
—Bien. Para responder a tu pregunta, te diré que fui a ver al señor Smith.
—Pensaba que sólo eran amigos —replicó él con los ojos llenos de furia.
—Y lo somos. Nos visitamos de vez en cuando. El autobús resulta muy agradable para los viajes largos, ¿no te parece?
—No lo sé. Yo viajo en avión. ¿Has hecho ya café?
Entró en la cocina, tomó una taza y se sirvió café antes de tomar asiento frente a la mesa de la cocina.
—Espero que te sientas como en tu casa —comentó ella sarcásticamente.
—Así es. Me estás ocultando cosas.
— ¿De verdad? ¿Qué clase de cosas? —preguntó ella con el rostro impasible.
—No lo sé, pero lo descubriré. ¿Vas a preparar el desayuno?
—Esto es el desayuno —contestó, colocando unas tostadas en la mesa.
—No me extraña que estés tan delgada.
—De todos modos, lo quemo todo.
—Igual que entonces. No había quien te parara — comentó con una expresión de suavidad en el rostro—. Casi no podía mantenerte quieta durante cinco minutos.
—Soy demasiado inquieta para eso —admitió ella mientras se tomaba su tostada.
—Una de tus vecinas vio a una mujer marcharse de aquí. Muy elegante con un abrigo muy caro. Tomó un taxi.
—Sí —mintió ella, sin inmutarse—. Era la hermana del señor Smith. Iba de camino a Chicago y paró aquí para pasar la noche.
—Te llevas muy bien con su familia, ¿eh? —preguntó él, tragándose la mentira.
—Más de lo que me llevé nunca con la tuya.
—Mi madre vio muy bien lo que eras. Eras una ladronzuela que, desde el primer momento, sólo había ido a por mi dinero —comentó él con voz burlona.
—Me llevé mucho más que tu dinero —repuso Lali, pensando en Ian.
—Sí —afirmó Pablo, pensando en una cosa completamente diferente—. Mi cuerpo, mi autoestima y muchos regalos muy caros.
Lali lo había devuelto después de marcharse de Billings. Por supuesto, Emilia no se lo había dicho nunca.
— ¿De verdad sigues creyendo lo del dinero?
—Te dije que Peter lo devolvió. Sin embargo, jamás me dijo quién era su cómplice.
—No se habría atrevido a hacerlo —repuso ella, riendo.
—Jamás me escribiste. Ni siquiera trataste de hacerme entender la verdad por última vez.
—Pensé que se me podría acusar de robo si te decía dónde estaba. Yo no podía saber que Peter había confesado y que había devuelto el dinero.
—Por supuesto. Jamás se me ocurrió pensar en eso.
—Tal y como ocurrió, fue lo mejor que me pudo pasar. Encontré muchos amigos en Chicago.
—Te busqué en Chicago —admitió él, sorprendiéndola—. Y en otras ciudades. Jamás pude encontrarte.
—Pero no me buscaste en Nassau, ¿verdad? ¿Y por qué ibas a hacerlo? Yo era joven, pobre y estúpida. No era la clase de mujer que puede vivir rodeada de lujos.
— ¿Como qué estabas allí? ¿Cómo la acompañante de un hombre rico?
— ¿Cómo lo has adivinado? —observó ella con una gélida sonrisa.
— ¿Eras la acompañante del señor Smith?
—El señor Smith no es un hombre rico.
—Supongo que ya has aprendido que el dinero no puede comprar la felicidad.
—Lo sé hace mucho tiempo. Bueno, ¿vas a marcharte? El fin de semana ha sido muy largo y tengo que estar en el restaurante dentro de treinta minutos.
Pablo se terminó su café.
—Tienes medio día libre el jueves —dijo—. Te llevaré al campo de batalla de Custer y te compraré un par de pendientes.
Lo habían hecho en una ocasión, cuando habían estado prometidos. Los pendientes eran de estilo indio. Lali aún los tenía en su joyero, junto a los diamantes y esmeraldas que poseía. Jamás se los había vuelto a poner.
—No quiero pendientes.
—Acompáñame de todos modos. No se puede volver atrás en el tiempo, pero sólo por un día...
— ¿No le importará a tu novia? —preguntó ella, aunque sin sarcasmo alguno. No sabía qué hacer. No confiaba en Pablo.
—Ella, como todas las demás, no era más que una atracción pasajera —replicó él—. Ninguna de ellas se parecía a ti.
—No vayas por ese camino, Pablo. No he regresado a Billings para reavivar antiguas brasas. Simplemente estoy descansando. Tengo una vida en Chicago que estará esperándome cuando haya terminado aquí.
— ¿Descansando dices? ¿Trabajando en un restaurante para cobrar el salario mínimo?
Lali guardó silencio durante unos minutos. Había estado a punto de delatarse.
—Comparado con el trabajo en una fábrica de ropa, es como unas vacaciones —mintió.
Los ojos de Pablo la observaron muy cautelosamente durante un instante, pero, después de un minuto, perdieron el brillo de sospecha que había en ellos. Se levantó.
—No volveré a arrinconarte, si es eso lo que te detiene —dijo—. Reavivar el pasado no sirve de nada. No debería haber permitido que volviéramos al terreno físico. Sé que no puedes evitar el modo en el que reaccionas ante mí, Lali—añadió con resignación—. Tal vez no te lo creas, pero yo tampoco puedo. Sigo deseándote. Me
imagino que te desearé siempre.
—Lo único que ha habido siempre entre nosotros ha sido el deseo —afirmó ella—. No tengo espacio en mi vida para volver a experimentar esa atracción física.
—Cuando estábamos juntos, a mí me costaba mucho más. Jamás podía controlar lo que sentía. A veces, ni siquiera podía contenerme lo suficiente como para satisfacerte a ti. Dios mío, iba más allá de la obsesión. No pensaba en nada que no fueras tú.
—A mí me ocurría lo mismo —confesó ella—. Era demasiado joven para controlarlo y tú no dejabas de sentir resentimiento por mí al respecto.
—Tú me embrujaste —dijo él—. No podría haberte negado nada.
—Yo tampoco te lo pedí.
Pablo odiaba recordar aquella época. Él la había acusado de robo, la había hecho huir, había destruido su juventud. Ni siquiera podía culparla por haberse quedado con todos los regalos que le había dado. Lali no tenía nada. Sin embargo, sabía que había sido su propia obsesión la que había motivado todo. Se había aferrado a
cualquier excusa para echarla de su vida, para romper el compromiso. Se había sentido aterrado al descubrir que él no era más que un esclavo indefenso ante la pasión que sentía por ella.
—Yo no te di nada más que pena —susurró con voz profunda.
Lali quiso contárselo todo en aquel momento, sacar su cartera y mostrarle al niño que era su vivo retrato. Él le había dado a Ian. No obstante, sabía que aquel camino conduciría al desastre. Tenía que recordar el dolor.
—No me dirás que te sientes culpable a estas alturas —comentó entre risas.
—Me he sentido culpable todos los días de mi vida desde que te marchaste de Billings. Espero seguir sintiéndome así en mi lecho de muerte. Tú eras inocente. Incluso eso te robé.
—No me robaste nada —dijo ella, acercándose a él y extendiendo la mano para tocarle la mejilla—. Tú no pudiste evitar lo ocurrido más que yo. Te deseaba tan desesperadamente, Pablo.
— ¿Me deseas ahora?
Ella deslizó los dedos hasta la firme boca y los apretó contra los labios.

Claro k lo desea ,pero se contiene.
ResponderEliminarCreo k hasta k la madre d Pablo no ponga todo en claro ,la duda d Pablo estará entre ellos.
Buenísimo ,la estuvo buscando,aunque no muy bien.Paaaablo!!!!!!,existen los buenos detectives.
Holaaa percha-!!! paso un momento flash!!
ResponderEliminarpara decirte que estoy al día con tu nove primero que todos jajaj y segundo que me avises a mi blog si te podes conectar el sábado?...
mañana paso a comentar tu nove como tiene que ser besos!! que andes bien y que te mejores!!! :D