domingo, 29 de septiembre de 2013

Capítulo 15 y 16: "Volveré para Vengarme"



Holaa chicas paso rapidisimo a dejarles dos capis, besos las quieroo

PD: percha perdon muy perdon me quede dormida temprano y no pude conectarme, el proximo finde hablamos :(

CAPITULO 15:

— ¿Les gustaría beber algo antes de cenar? —les preguntó cortésmente.

—Yo tomaré una cerveza alemana —dijo la rubia, antes de nombrar
específicamente la que quería

—. Asegúrate que no sustituyen cerveza con espuma. Detesto que me escatimen mi bebida.

—Sí, señora. ¿Qué va a tomar usted, señor?

—Vino blanco —respondió Pablo, secamente.

Ni siquiera la miró. La alegría con la que Lali los había saludado le desinfló las velas. Había llevado allí a Euge para poner a Lali celosa. No estaba del todo seguro de los motivos que lo habían empujado a hacerlo más que la deseaba. La deseaba más que nunca, pero ella no parecía dispuesta a ceder. Le iba a costar un triunfo volver a tenerla entre los brazos. La presencia de Eugenia ni siquiera parecía
incomodarla. 
La Lali de antaño se habría echado a llorar. Ella les sirvió con el impecable autocontrol que Nico le enseñó. Por su parte, Pablo
parecía más molesto y enojado a cada minuto que pasaba. Euge se quedó tan impresionada con su servicio, que insistió en que Pablo le dejara una enorme propina. Pablo se limitó a mirar con frialdad a Lali y a prometerle venganza. 
Con aquel gesto, Pablo había querido demostrarle que era capaz de atraer a otras mujeres. De pasada, Lali había sido capaz de ponerle riendas al deseo que sentía hacia él. Nada había cambiado. Pablo se había convertido en un playboy y no tenía interés alguno por el compromiso. 

Lali  haría muy bien en recordar que él la había arrojado a los leones antes para evitar que ese hecho se volviera a repetir. El viernes por la noche, cambió el turno con otra compañera y llamó a un taxi
para que la llevara al aeropuerto. Se puso una peluca negra y un carísimo abrigo, para que nadie en el aeropuerto la confundiera con Mariana Rinaldi. Sólo era una medida de precaución, por si alguien la veía subiéndose al avión privado de Tennison International.

Se subió rápidamente al avión y, en cuestión de minutos, iba en dirección a Chicago. Ian la estaba esperando en el aeropuerto con el señor Smith. Al verla, echó a correr en su dirección. No tuvo ninguna dificultad para reconocerla a pesar de su disfraz.

— ¡Mamá! —gritó.

Lali se inclinó y lo tomó en brazos. Entonces, empezó a dar vueltas con él, riendo de pura felicidad. Había echado tanto de menos a su pequeño...

—Bienvenida a casa —dijo el señor Smith, observando atentamente los raídos jeans y la camisa que ella llevaba por debajo del abrigo.

—No querrás que vaya a trabajar con un traje de diseño, ¿verdad?

—Tienes razón. Tu cuñado aún está fuera de la ciudad, pero prometió llegar a tiempo para el banquete de mañana por la noche.

—Bien. ¿Cómo va la fusión Jordán?

—Todo salió a la perfección.

—Oh, mamá. No hablen de negocios —suplicó Ian mientras se metían en el coche.

—Muy bien. Lo intentaré —prometió ella, dándole un beso—. Hasta mañana por la noche, haremos lo que tú quieras.

— ¿De verdad? ¡Genial!

Cuando se puso a jugar con su hijo, comprendió de verdad lo mucho que había extrañado su pequeño. Después de cenar, vieron juntos un documental y, entonces, Lali le leyó un cuento para que se fuera a la cama. Cuando el niño se quedó dormido, lo contempló con infinita ternura. Había tanta similitud entre los rasgos de Ian y los de Pablo. El parecido era aún más llamativo cuando el niño abría los
ojos verdes. 
Era el hijo de Pablo, aunque él no lo creyera nunca. Lali lo arropó y se dirigió al despacho. Allí, se sentó frente a su escritorio
y empezó a repasar todos los asuntos que requerían su atención. Estuvo trabajando hasta altas horas de la noche sin poder ponerse al día. Tendría que llevarse el resto de los papeles a Billings para poder terminarlos. Esperaba poder conseguirlo sin tener que
moverse de Billings, porque no quería que se viera con demasiada frecuencia el avión privado de Tennison International en el aeropuerto de Rimrocks.

A la mañana siguiente, Ian quiso ir al parque. Madre e hijo se dirigieron al más cercano acompañados del señor Smith. Los dos se sentaron en un banco mientras el niño jugaba.

— ¿Cómo va todo? —le preguntó el guardaespaldas.

—Sobrevivo. No me resulta fácil. Traté de sacarles información a algunos de los ejecutivos de su empresa y estuve a punto de que me despidieran por confraternizar demasiado con ellos.

— ¿Vas a rendirte? —preguntó el señor Smith. Su duro rostro se había arrugado para esbozar una sonrisa.

— ¿Tú que crees?

—Creo que Vico tiene razón. Te has topado con un adversario formidable —contestó, apartando bruscamente la mirada después de contemplarla durante un segundo. No hay nada malo en recortar las pérdidas

—Aún no he empezado... —dijo. Sin embargo, no pudo mentirle a su querido guardaespaldas — . Está bien. Tengo que admitir que me acerqué demasiado al fuego y que estuve a punto de quemarme. Sin embargo, te aseguro que no volveré a cometer la
misma equivocación dos veces.

—Eso espero. Aún recuerdo lo destrozada que estabas la noche que te encontramos.

—Me salvaste la vida...

—Estuve a punto de quitártela. Ni siquiera te vi.

— ¿Te he dicho alguna vez que Nico y tú me devolvieron  los deseos de vivir? —le preguntó—. Los dos me cuidaron tanto hasta que Ian nació. Hicimos juntos tantas cosas... Lo echo mucho de menos...

—Yo también —admitió el guardaespaldas—. Él me dio trabajo cuando nadie más lo habría hecho. Yo estaba acusado de asesinato. Nadie me habría contratado. Sin embargo, Nico creyó en mi inocencia. Me contrató, me encontró el mejor abogado criminalista de la ciudad y consiguió que me absolvieran.

—Lo sé. Nico me lo dijo.

—Al principio, recuerdo que te escondías de mí.

—Creía que habías sido miembro de la Mafia. Sin embargo, después de que Ian naciera, te convertiste en una persona muy querida para mí. Jamás te habría imaginado cambiando pañales a un niño.

—Yo tampoco —comentó con una sonrisa—. Y ahora que sí me imagino haciéndolo, no tengo con quien —añadió lentamente, sin mirar a Lali.

—Claro que sí. Nos tienes a Ian y a mí —afirmó ella, tocándole la mano muy brevemente.

—El niño esta sufriendo algunos problemas de acoso —confesó él, cambiando rápidamente de tema—. Me he tomado la libertad de enseñarle artes marciales.

— ¿Vas a enseñarle a mi hijo como matar a la gente?

—Voy a enseñar a tu hijo a no matar a nadie. También le enseñaré a tener confianza en sí mismo y posturas con las que disuadir a los que le acosan. Aprenderá concentración y, sobre todo, disciplina. Eso es muy importante para un chico.

— Sí, lo sé. Muy bien, no me importa.

Aquella noche, Vico llegó muy temprano para recogerla. Le saludó con su sonrisa más cortés. Su cuñado estaba muy elegante, aunque no tanto como lo hubiera estado Nico. Vico siempre había estado un poco a la sombra de su hermano.

—Estás preciosa —le dijo.

LAli sonrió. Se había puesto un diseño original de París, de terciopelo y raso verde esmeralda, con un corte muy moderno que enfatizaba su esbelta figura y destacaba su cabello y sus ojos.

—Gracias, Vic. Tú tampoco estás nada mal.




CAPITULO 16:

— ¿Has leído mi informe sobre la adquisición de Camfield Computers?

—Sí —respondió ella, mientras se dirigían a la limusina—. Eres muy bueno en tu trabajo, Vico, Nico estaría muy orgulloso del modo en el que has firmado ese acuerdo.

Vico pareció sorprendido.

—No sabía que te fijaras en lo que hago.

—Bueno, técnicamente no debería hacerlo. Después de todo, las operaciones internacionales no son asunto mío, pero admiro la habilidad empresarial cuando la veo.

Oigo muchos comentarios. Tu gente te seguiría al fin del mundo.

—Me abruman tus halagos —dijo él con una leve sonrisa

—Te los mereces —repuso ella, mientras los dos entraban en la limusina—. Vico, ¿no te cansas nunca de la presión?

—No —contestó él, algo sorprendido—. Los negocios son mi vida. Supongo que me gustan los desafíos. ¿Y tú?

—Algunas veces me gustaría tener más tiempo para estar con Ian. No es que no disfrute con mi trabajo es que, a veces, exige demasiado.

—Tal vez deberías delegar más —sugirió Vico, sin mirarla

—A Nico no le parecería bien.

—Nico está muerto

—Sí, lo sé —observó Lali, sorprendida por la frialdad con la que había hablado—, pero yo se lo debo todo.

— Sé que le estás muy agradecida por lo que hizo por ti, pero tienes que considerar también lo que tú hiciste por él. Estaba solo. Completamente solo. Literalmente, se estaba matando a trabajar. Tú lo cambiaste. Ian y tú. Murió siendo un hombre muy feliz.

—Ya sabes que yo lo quería mucho. Al principio no, aunque le estaba muy agradecida por lo que había hecho por mí, pero le tenía mucho cariño. Cuando... entonces había empezado a convertirse en todo mi mundo.

Vico la miró.

—Es una pena que muriera cuando lo hizo. Yo tendría que haber estado en ese avión. Él me estaba sustituyendo.

—Oh, Vic, no digas eso. Yo soy una fatalista. Creo que tenemos contados los minutos y los segundos de nuestras vidas, que tenemos asignado el momento de nuestra muerte. Si no hubiera sido en ese avión, podría haber sido de otro modo. No
sufrió. Fue muy rápido. Si le hubieran dado a elegir, así lo habría querido.

— Supongo que sí.

—No estás resentido conmigo, ¿verdad? —preguntó ella, de repente.

— ¿Resentido? ¿Por qué?

—Por haberme quedado con parte de la empresa cuando tú, con todo derecho, deberías haberte quedado con todo.

—No, claro que no...

Lali no creyó sus palabras. Vico no la miraba a los ojos.

—De todos modos, lo siento, Vico. Fueron los deseos de Nico, no los míos.

—Eso ya lo sé. ¿Cómo te va con el asunto Arrechavaleta?

El cambio de tema la agarró completamente desprevenida. Rápidamente, le contó todo lo que sabía hasta el momento.

—El único modo es tener más votos que él en la junta de accionistas y, para hacerlo, tengo que conseguir los suficientes apoyos como para conseguir que nos ceda todos los contratos o que deje de ser el presidente de su propia empresa. Sigo
trabajando en los apoyos. Creo que podré conseguirlos antes de que él se dé cuenta de lo que está pasando.

—Siempre es un error mezclar los negocios con los asuntos personales —dijo Vico suavemente—. Aunque los motivos sean muy nobles.

Lali parpadeó.

—Esto... Esto no es un asunto personal —replicó, poniéndose a la defensiva—. Tengo que conseguir esos contratos para mi programa de expansión.

—Sí, pero podríamos conseguirlos en Arizona, en Wyoming o en Colorado —comentó Vico con una sonrisa—. No tiene que ser Montana.

— ¿Podríamos? Las operaciones nacionales son mi dominio, Vico—afirmó con autoridad—. Yo tomo las decisiones que haya que tomar. Así lo quiso Nicolas. Otra cosa más —añadió, entornando los ojos—. Me he enterado de que algunos de nuestros 
clientes mutuos creen que estoy de vacaciones a cargo de la empresa.

—Me preguntó por qué pensarán eso —comentó él con aspecto inocente.

—Yo no lo sé —observó ella, furiosa consigo misma por no poder conseguir que confesara—. Bueno, a menos que tengas la intención de dejarme en evidencia delante del resto de los accionistas bajo acusación de mala dirección, no tienes autoridad alguna para desafiar mis decisiones.

—No seas absurda —replicó Vico

—Las expansiones siempre implican un módico riesgo. Nico era como yo. Le gustaba arriesgar. Tú eres más conservador. Jamás hemos estado de acuerdo en cómo ocuparnos de los proyectos, razón por la cual Henry decidió ponernos a cargo de dos
campos completamente distintos. Cuando consiga esos contratos, obtendré muchos beneficios. Tú no tienes que darme tu aprobación.

—Me parece que podrías terminar siendo víctima de tu propia trampa Ya te he dicho que ese Pablo es un tipo muy duro. Él ya se movía en este mundo cuando tú aún estabas aprendiendo. En el mundo de los negocios no se puede confiar en nadie. ¿Es
que no lo has aprendido ya?

—Estoy segura de poder confiar en ti, Vico —dijo Lali con una calculadora sonrisa.

—Por supuesto —replicó él, apartando el rostro—. Después de todo, yo soy familia tuya.

—Lo sé.

—Tienes razón, Lali. No tengo ningún derecho a decirte cómo ocuparte de tu parte de la empresa, pero, si necesitas ayuda, podría ponerme en contacto con los de la costa este.

Lali sonrió. Vico le estaba ofreciendo una rama de olivo. Ella la aceptó encantada. Don tenía contactos de los que ella carecía.

— ¿Tendrías tiempo?

—Sí. ¿Tienes un listado de los accionistas?

—Por supuesto. Te enviaré una copia esta noche.

Después de eso, Vico pareció mucho más relajado.

—Te agradezco mucho tu ayuda —reiteró Lali cuando llegaron a la casa de los Harrison.

—Yo estoy de tu lado, Mar. Ya lo sabes.

Sin embargo, no parecía haber pronunciado aquellas palabras de un modo muy convincente. Lali estuvo recordando la conversación durante gran parte de la noche.

Una vez en la fiesta, saludó a los anfitriones y a los invitados. Cuando fue a buscar a Vico, se lo encontró inesperadamente. Oyó un trozo de conversación que la dejó atónita.

—Ah, Mar —dijo en voz demasiada alta cuando se dio cuenta de su presencia—. Éste es Frank Dockins. Dirige Camfield Computers.

Lali extendió la mano y sonrió.

—Encantada de conocerlo —afirmó—. Ésta es la primera oportunidad que tengo de decirle lo contentos que estamos de que se hayan fusionado con nosotros. Sin duda, Vico le habrá dicho que voy a enviar a uno de nuestros mejores ejecutivos en el campo
de los ordenadores para que trabaje con ustedes. Queremos que la transición sea tan fácil como sea posible.

—Oh, sí —replicó el señor Dockins—. Victorio me estaba hablando precisamente de eso. Usted se ocupa de las operaciones nacionales, ¿verdad?

—Así es. Nicolas me preparó para hacerlo. Descubrió que yo tenía una habilidad natural para escoger empresas que encajaran con nuestra estructura empresarial. Solía decir que yo había sido una de sus mejores adquisiciones.

Dockins se echó a reír.

—Vico me ha contado que tiene usted un hijo pequeño. ¿No hace la presión que la vida en casa resulte difícil?

—Más de lo que se imagina. Supongo que voy saliendo adelante, pero la infancia de Ian está pasando demasiado deprisa. No se me da muy bien delegar en otras personas. En realidad, no confío en la gente, excepto en Vico, por supuesto —añadió, mirando a su cuñado. Él frunció ligeramente el ceño y apartó la mirada.

—Bonita fiesta —comentó el señor Camfield—. ¿Conoce usted al senador Lane?

—No muy bien, pero le voté.

—Es muy trabajador. Y no se le puede sobornar — comentó Vico. Al ver la expresión de Camfield, se echó a reír—. No. Te aseguro que no lo sé por experiencia.

Camfield se echó a reír y la extraña tensión que se había acumulado entre ellos desapareció como si jamás hubiera existido.

Aquella noche, cuando regresó a casa, Lali fue a ver a su hijo. Una vez más, le sorprendió el parecido que había entre el pequeño y Pablo. Era la viva imagen de su padre. Si Emilia lo viera, no dudaría ni un instante sobre quién era, aunque jamás podría admitirlo sin permitir que su hijo supiera lo que había hecho. Eso sería su
castigo. Ver al nieto que había deseado tanto y saber que lo había perdido para siempre.

Lali sintió un escalofrío al recordar una línea de las Sagradas Escrituras. La venganza me corresponde a mí. Si la venganza era dominio de Dios, ¿no utilizaba Él en ocasiones a las personas para llevarla a cabo? Se negó a ver ninguna otra interpretación. Había esperado demasiado tiempo.
El domingo se despidió de Ian y prometió permitir que el señor Smith lo llevara a Montana para una breve visita. Entonces, se puso su peluca y su caro abrigo y se montó en el avión para regresar a Billings.

Tras llegar a la estación de autobuses en taxi, se metió en los servicios para quitarse la peluca y ponerse las ropas de trabajo de Mariana Rinaldi. Salió de la estación con el aspecto de acabar de bajarse de un autobús y se dirigió a la otra parada
para tomar el que la llevaría a casa.

Miró con adoración la ciudad en la que había pasado su infancia. Billings era muy especial para ella. Había acallado el amor que sentía hacia aquellas calles durante sus años de exilio, pero, tras haber regresado, se sentía como si nunca se hubiera marchado. Casi sin darse cuenta, se preguntó cómo sería criar a Ian allí. 

Podría contarle las historias que su madre, su padre y sus tíos le habían relatado sobre sus antepasados irlandeses y escoceses, al igual que lo que el tío Cuervo Andante le había dicho sobre los indios Crow.
Montana era su hogar. Deseó que también pudiera ser el de Ian. Sólo el tiempo diría si eso sería posible.

2 comentarios:

  1. Que lleve a Ian a vivir con ella, Vico no me da buena espina!!!!
    @ROCHI16TA

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  2. Sigo dándole un voto d confianza a Vico,pero k esquive la mirada cuando Lali lo pone en una situación algo extrema ,no me produce precisamente confianza.

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