sábado, 21 de septiembre de 2013
Capítulo 10: "Volveré para Vengarme"
Hola chicas paso rapidísimo para dejarles nuevo capi,gracias por comentar siempre me alegra que les guste,las leo siempre besos que esten bien!
CAPITULO 10:
A medida que el alba iba colándose a través de las cortinas de la inmaculada habitación de su tía, Lali se estiró entre las sábanas de la cama con dosel. Volvía a recordarlo todo. La frialdad de Pablo. Las acusaciones de Emilia. La confesión de Peter... Aún podía sentir la amargura que experimentó mientras corría desde la casa de los Arrechavaleta a la de su tía Julia. Ni siquiera pudo contarle a la anciana la verdad de lo que había ocurrido. Le daba demasiada vergüenza.
Recogió sus cosas y se fue directamente al banco para sacar sus escasos ahorros. Sin saber muy bien lo que iba a hacer cuando llegara allí, sacó un billete de ida a Chicago, se despidió de sus preocupados tíos y se montó en el autobús. En silencio, se despidió de Pablo.
Había esperado que fuera tras ella. Estaba esperando un hijo suyo. Incluso había esperado que Emilia cediera y le dijera la verdad porque Emilia lo sabía todo sobre su embarazo. Sin embargo, nadie fue a la estación para detenerla.
Al llegar a Chicago, se aferró a su raída maleta y luchó contra el miedo instintivo de verse sola en una ciudad tan grande y sin medio alguno de mantenerse. Encontraría algún lugar en el que alojarse. Sin embargo se sentía enferma y sola. Pasó las tres primeras noches en el YMCA sin dejar de llorar. Echaba de menos a Pablo y la vida que podría haber tenido. Entonces, le hablaron de una casa en la que sólo había unos pocos inquilinos. Decidió probar suerte allí, esperando encontrar un poco más de intimidad para poder llorar su pena.
Recordó haberse marchado del YMCA y caminar por la acera envuelta en el frío del invierno. Cuando empezaron a caer unos copos de nieve, se preguntó qué era lo que podría hacer.
El destino intervino cuando se bajó de la acera sin mirar y se cayó al lado de una carísima limusina. Un minuto más tarde, un rostro amable e inteligente se hizo visible a pocos centímetros del de ella. Era un hombre de profundos ojos azules y cabello castaño claro.
— ¿Se encuentra bien? —le preguntó—. Está muy pálida
—Sí —murmuró ella—. Supongo que me he caído.
—Supongo que sí, pero nosotros hemos contribuido un poco,¿verdad, señor Smith?
Vio a un segundo hombre. Aquél era un gigante de ojos claros y
una imponente nariz. Iba ataviado con el uniforme de chófer.
—No pude frenar con suficiente rapidez —dijo—. Lo siento mucho. Ha sido culpa mía.
—No —insistió Lali—. Yo me siento algo débil. Estoy embarazada...
Los dos hombres intercambiaron una mirada.
— ¿Y su marido? —le preguntó el primero—. ¿Está con usted?
—No tengo marido —susurró ella. Sin poder evitarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas—. Él no lo sabe.
—Vaya. Bueno, en ese caso, es mejor que se venga con nosotros.
En su ingenuidad, Lali relacionaba las limusinas negras con el crimen organizado. Aquel hombre iba muy bien vestido y el chófer parecía un matón.
—No puedo hacer eso —dijo, sin dejar de mirar a los dos hombres.
— ¿Serviría de algo si nos presentáramos? Me llamo Nicolas Tennison. Éste es el señor Smith. Soy un hombre de negocios. Ni siquiera somos italianos — añadió con una sonrisa.
De repente, la aprensión que Lali sentía desapareció por completo.
—Eso está mejor. Ayúdame a meterla en el coche, Smith. Creo que nos estamos convirtiendo en el centro de atención de todo el mundo.
Lali se dio cuenta entonces de que estaban bloqueando el tráfico. Permitió que la metieran en la parte posterior de la limusina. A continuación, el señor Smith metió su maleta en el maletero.
Al verse en el interior del vehículo, Lali miró atónita a su alrededor. Piel auténtica, por no mencionar un bar, una televisión, teléfono, ordenador e impresora.
—Debe usted de valer una fortuna —dijo ella, sin pensar.
—Así es —musitó Nico—, pero no es oro todo lo que reluce. Soy un esclavo de mi trabajo.
—Efectivamente, todo tiene su precio —comentó Lali con cierta tristeza.
—Eso parece —afirmó él mientras Smith arrancaba la limusina—. Háblame del niño.
Sin saber por qué confiaba en él, Lali comenzó a hablar. Le habló sobre Pablo, sobre su incipiente historia de amor, de la interferencia de la madre de él y de su huida de Billings.
— Supongo que le debo parecer una vagabunda.
—No seas tonta. ¿Crees que el padre va a venir a buscarte?
—No. Creyó la historia de su madre.
—Es una pena. Bueno, puedes venirte a mi casa por el momento. No te preocupes. No soy ningún pervertido aunque esté soltero. Te cuidaré hasta que puedas valerte por ti misma.
—Pero yo no puedo...
—Tendremos que comprarte algo de ropa — comentó él como si estuviera pensando en voz alta—. Y también te tienes que arreglar el cabello.
—Yo no he dicho...
—Delia, mi secretaria, te cuidará mientras yo esté fuera. Haré que se venga a vivir a mi casa. También necesitarás un buen ginecologo. Haré que Delia se ocupe también de eso.
—Pero...
— ¿Cuántos años tienes?
—Dieciocho.
—Dieciocho... —murmuró—. Eres un poco joven, pero servirá.
— ¿Qué servirá?
—No importa —respondió él. Entonces, se inclinó hacia delante y la miró atentamente a los ojos—. Sigues enamorada de él, ¿verdad?
-Sí.
—Bien. Cruzaré ese puente cuando sea necesario. ¿Te gusta el quiche?
-¿El qué?
—El quiche. Es una especie de tortilla francesa. Ya lo verás cuando lleguemos a casa.
Su casa era un ático en uno de los hoteles más caros de Chicago. Lali se quedó atónita y encantada al ver tanto lujo. Estaba en medio del salón, como sumida en un trance.
—No dejes que todo esto te intimide —dijo Nico, sonriendo—. Te
acostumbrarás enseguida.
Así había sido. Sin saber cómo, se convirtió en una de las posesiones de Nicolas Tennison. Semanas más tarde, la convenció para que se casara con él y la envió a una de sus casas en las Bahamas, cerca de Nassau. Se convirtió en Mar Tennison. Nico se
ocupó de educarla en todo lo referente al mundo de los negocios entre las clases de parto natural con una enfermera que había contratado para que viviera con Lali y cuidara de ella.
Vivió el embarazo con la delicia de un verdadero padre, mimó a rabiar a su joven esposa y rejuveneció los veinte años que los separaban. Al recordar cómo había sido aquella época, Lali suspiró. Lentamente, había empezado a reemplazar el rostro de Pablo por el de Nico, a confiar en él. Empezó a quererlo. Cuando el niño nació, él presenció el parto en Nassau y, cuando le colocaron al niño en brazos, lloró de felicidad.
Más tarde, Lali descubrió que Nico era estéril. Ésa era la razón de que aún siguiera soltero a la edad de treinta y ocho años. Sin embargo, ser padre resultaba algo innato en él y trató a Ian como si el niño fuera su propio hijo.
En los meses del embarazo, jamás tocó a Lali. Ella no lo habría rechazado. Era más amable que ninguna de las personas que había conocido. La adoraba y, lentamente, ella empezó a corresponder a su cariño, a desear que estuvieran juntos.
Entonces, casi inevitablemente, acudió al dormitorio de Lali una noche. Le dijo que la amaba y, aunque no compartieron la misma pasión que ella había tenido con Pablo, resultó muy agradable. Nico era un amante experto y tierno. Le gustaron sus caricias. Si él sospechó alguna vez que, cuando cerraba los ojos, pensaba en Pablo al entregarse a él, jamás lo dijo. Eran compatibles se llevaban bien y sentían un respeto mutuo. Además. Ian era su mundo.
Todo se desmoronó el día en el que el avión en el que Nico viajaba se estrelló en el Atlántico. Justo la noche anterior, había sentido una profunda unión con él por fin había podido decirle que lo amaba.
Durante el entierro, se mostró tan apenada que incluso Vico, que siempre se había mostrado muy distante hacia ella, se apiadó de ella al ver que su pena era auténtica.
Nico había muerto, pero había sido un profesor excelente para ella, lo mismo que Lali había sido una alumna aventajada. Durante el primer mes, asombró a todos los directivos por su habilidad en el mundo de los negocios. A pesar del deseo inicial que tuvieron de deshacerse de ella, se convirtieron en sus más fervientes defensores para desesperación de Vico, quien en secreto se mostraba muy resentido por el poder que Lali iba acumulando día a día.
A medida que iba aumentando su poder y cuidando de su hijo, Lali no dejó de pensar nunca en Pablo y en su madre. Vico tenía razón en una cosa. Su interés por Arrechavaleta Properties iba mucho más allá de la adquisición de derechos sobre minerales.
Quería arrinconar a Pablo y hacerlo pedazos mientras su arrogante madre veía cómo lo destrozaba. Tanto si a Vico le gustaba como si no, no pensaba marcharse de Billings hasta que no hubiera puesto a los Arrechavaleta de rodillas. Se levantó y se vistió. Antes de marcharse, decidió tomarse una taza de café. En aquel momento, sonó el teléfono.
-¿Sí?
—Me alegro de que estés en casa —dijo el señor Smith—. Vico ha hecho que venga personalmente con los papeles de Jordán para que los firmes. Dijo que hasta una mensajería es demasiado lento. Estaré allí dentro de cinco minutos.
—Muy bien —contestó ella muy sorprendida. No era propio de Vico mandar el avión privado para entregarle unos papeles. Tal vez la fusión era más complicada que lo que había creído en un principio.
Recibió al señor Smith en la puerta con una taza de café solo muy fuerte.
—Aquí tienes —dijo él con una sonrisa, mientras cambiaban papeles por café. Entonces, le entregó el ordenador, la impresora, el fax y cajas de papel. Lali hizo que lo colocara todo en la biblioteca, que, a continuación, cerró con llave.
—Ahora ya no tengo excusa para no trabajar —comentó con una sonrisa—. ¿Cómo está Ian?
—Bien. Lo he dejado con Pilar. Regresaré antes de que me eche de menos. También te he traído esto — añadió Smith, entregándole una caja de zumo de naranja recién exprimido—. Necesitarás mucha vitamina C para recuperar tus fuerzas.
—Bueno, supongo que esto podría considerarse parte del equipamiento necesario —dijo ella, riendo.
—Esencial, si vas a vivir en Billings durante un tiempo —afirmó Smith. Entonces, mientras ella firmaba los documentos, se tomó el café—. ¿Has tenido noticias de él?
—Hoy no. Su madre y él cenaron anoche en el restaurante.
—¿Cómo va todo?
—Resulta muy doloroso, pero espero que el resultado merecerá la pena.
—No dejes que vuelva a atraparte. Al señor Tennison no le gustaría verte sufrir en dos ocasiones.
Lali sonrió al recordar lo mucho que Nico la había protegido. El señor Smith hacía lo mismo, por lo que era casi como tener a su marido a su lado.
—Eres muy bueno conmigo, señor Smith.
—No me cuesta nada serlo con alguien como tú. Ahora, firma esos papeles para que me pueda marchar de aquí. Tu cuñado está muy impaciente por dar por finalizada esa fusión.
—Ya lo veo —comentó. Leyó rápidamente los papeles para ver si había una razón oculta para tanta prisa por parte de Vico, pero los documentos eran rutinarios.
Comprendió que Vico había decidido arrebatarle la fusión para dejarla en evidencia.
—Pareces preocupada.
—Bueno, Vico se muestra muy competitivo.
—Eso es algo innato en la familia Tennison.
— Sí. Resulta muy extraño que no me diera cuenta antes, ¿verdad?
—Tienes mucho en qué pensar. No te preocupes. Tal vez sólo intente echarte una mano. Dios sabe que te vendría bien en algunas ocasiones. Trabajas demasiado.
— ¿De verdad? Bueno, te llamaré esta noche —dijo mientras lo acompañaba de nuevo hacia la puerta—. Dile a Ian que lo quiero mucho.
—Ya lo sabe.
Con eso, Lali observó cómo el señor Smith se metía en el taxi y se marchaba. Una vez más, volvió a quedarse sola. Diez minutos más tarde, alguien volvió a llamar a la puerta. Pensando que tal vez el señor Smith se había olvidado algo, abrió rápidamente. Se encontró con una visita muy inesperada.
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O es Emilia o Pablo????
ResponderEliminar@ROCHI16TA
Todo un caballero Nico.
ResponderEliminarAdoro a Smith.
Serán los k tienen k bajar la cabeza ante Lali.
Escribe prontito .
Besos.