jueves, 25 de julio de 2013

Capítulo 67: "Vos necia, Yo mentiroso"


Holiii traigo nuevo capiiii, besos
CARO

CAPITULO 67:
Para cuando Lali quiso acordarse, ya era de noche cerrada. ¿Cuánto tiempo había caminado?... No llevaba la cuenta. Sólo aquel cansancio, que la atenazaba. Y recién en la Avenida del Libertador, percibió que todavía arrastraba la bolsa de la librería. Sin pensar, la arrojó en un cesto, y con ella, aquel futuro perfecto e inalcanzable que había planeado tan cuidadosamente.
No. Gas estaba muerto, y ningún otro hombre la iba a acercar ni un centímetro a la vida que habían soñado juntos. Y bastó pensar aquello para que, como si tuviera una conexión con su corazón, su celular comenzara a vibrar con frenesí. Era Pablo. Lo sabía. No tenía que mirar el visor para tener la certeza. Era él...
Otro mentiroso.
Tomó el celular y, sin dudar, lo arrojó al cesto, junto con la bolsa. Con satisfacción se agachó para verlo retorcerse entre la basura. Sí... quizás aquella había sido su única decisión sensata en meses. No quería acabar llorando por el resto de su vida como Candela. No quería creer en lo que quería creer, sino en la verdad. No quería dejarse engañar por...
—¿Lali?
La muchacha se estremeció.
Era él. Y su presencia allí sólo podía significar una cosa.
¡Estaba perdida!
—Siempre lo supiste... Conoces a la perfección mis sentimientos hacia vos... Y creo, con sinceridad, que más allá de mis fallas, (¿qué hombre no las tiene?), he demostrado que era capaz de cuidarte y amarte... ¿O acaso no intenté defenderte en aquel galpón? ¿No arriesgué mi vida por vos?... ¿Por qué otra cosa crees que me pegaron aquel tiro? Me dirigía a arrebatarle el arma a aquel imbécil, porque yo soy capaz de cualquier cosa por vos...
La muchacha observó a aquel espantajo con disgusto. Alejado de la pequeña fortuna que ganaba en “RLP”, Peter no era ahora más que como el común de los hombres que podían verse en el colectivo, o caminando por la calle. Poco quedaba de su prestancia o su encanto adquirido a fuerza del despilfarro.
—Claro que harías cualquier cosa por mí... Ya me he dado cuenta: engañarme, violarme... ¡Cualquier cosa!
—No seas injusta... Estaba desesperado... Otro hombre hubiera reaccionado igual que yo. A menos que, como Pablo, sólo hubiera estado allí para llevar adelante una sucia representación.
—Me prometiste pruebas, Peter, y no las veo.
Aquel tipejo sonrió.
—¿Te dice algo el nombre “Alejo Ramos”?
—No.
—Alejo es uno de los esbirros menores de Vasquez. Un hombre que, un par de años atrás, estuvo junto a él en la provincia de Mendoza, para llevar a cabo sus trabajos sucios.
—¿Crees que fue él quien asesinó a Gas?
—¡No!... Tenes que entender que, no importa quien apretara el gatillo, el único que masacró a tu esposo fue Nicolas Vasquez. Eso ya es sabido... Alejo, en cambio, le vendió a tu Pablo la copia del video que todos buscan.
—¿Tenes pruebas?
—El diecinueve de marzo Alejo estuvo de visita en casa del jefe. ¿Qué fue a hacer?
—Es tu palabra contra la de...
—Busca en los videos de seguridad de esa fecha. Pregunta al personal de vigilancia...
—Quizás lo citó allí para entrevistarlo... Quizás lo único que quería era...
—¿Qué?... ¿Mandarle a decir algo a Vasquez?... No sé para que tomarse la molestia, cuando él tiene todo el tiempo del mundo para charlar con su socio. Como ahora, por ejemplo.
—¿A qué te referís?
—Esta es la lista de pasajes vendidos para el vuelo a Washington, en primera clase, en el que viajó Pablo... No mucha gente puede darse el lujo de comprar boletos en primera. Sólo nuestro jefe, y...
Lali le arrebató el papel que estaba agitando. Sí... Aquel listado parecía real. Y su autenticidad era algo muy fácil de corroborar. Y allí, escrito en letra de molde, junto al nombre de aquel hombre que amaba, estaba la prueba de su más oscura traición:
Vuelo 846 de United Airlines, con destino a Washington.
Asiento número 4 A, Pablo Martinez;
Asiento número 4 B...Nicolas Vasquez
Al otro dia….
Ni bien puso un pie en la redacción, Benja Amadeo salió de inmediato a su encuentro.
—¡Lali!... ¡¿Dónde estabas?!
—Por allí.
No pudo decir más. Aquel galán ya la estaba arrastrando hacia la sala de reuniones.
—Pablo está como loco... Desde el sábado que te está buscando...
—Ah.
—¡Y tu novio!... Creo que incluso llamó a la morgue judicial...
—¿Sí?... Quién te dice, y por ahí me encontraba.
Benja  la observó sin entender.
—¡Yo que creía que eras lesbiana, y después resultó que tenías novio! –comentó por decir algo.
—¿Lesbiana? ¿Quién te dijo eso?
—Maca.
—Ah...
—Ya llegamos... Pasa, por favor.
Como si fuera la novia en una boda, todos los presentes se pusieron de pie para seguir su entrada lenta y solemne. Al final del camino estaba la inmensa pantalla de cristal líquido, con la imagen de Pablo aguardándola.
—¿Te robaron el celular, Lali? –preguntó a modo de saludo
—No.
—Apareció en un basurero.
—Yo lo tiré... Me molestaban todo el tiempo con llamados inoportunos, y ni siquiera me dejaban dormir – acusó, mirando hacia el monitor.
—¿Dónde pasaste la noche? –preguntó Maca—. Tu compañera pensaba que...
—A mi compañera la vi el domingo...
—¡¿La viste?! ¡Que raro!... No contó nada... Y eso que ese pobre muchacho..., tu novio, estaba desesperado –acotó Agustin
—¡Lo tenías bien guardadito a tu novio! –le reprochó Maca—. ¡Lindo chico!
—Lo uso como pantalla, porque en realidad soy lesbiana –le replicó Lali.
Cruzaron miradas de odio, de esa forma cruel en que sólo dos mujeres podían hacerlo.
—Ya que Lali está sana y salva, y no parece muy dispuesta a hablar acerca de su aventura, ¿qué tal si olvidamos todo el asunto, y volvemos al trabajo? –propuso Agus, tratando de distender los ánimos.
Pero la voz de la muchacha lo convenció de que no iba a ser nada fácil lograrlo.
—Sólo vine para decirles que me voy. Mi tarea ya está cumplida... Claro que van a tener que resignarse a volver a trabajar, ahora que no pueden tirarme todo a mí, pero... Creo que van a poder sobrevivir, como hacían antes de que yo llegara.
Y entonces fue Pablo el que los sorprendió.
—Justamente de eso quería hablar con vos, Lali... Pienso regresar. De hecho, en media hora parto hacia el aeropuerto.
La muchacha entrecerró sus ojos, pero no le respondió. Para los otros, en cambio, aquella noticia causó una verdadera conmoción. Por un segundo, y gracias a los avances de la tecnología,
Lali y Pablo coincidieron en una mirada intensa, a pesar de hallarse a miles de kilómetros de distancia. Y no se trataba sólo de aquellos que separaban Washington de Buenos Aires.
—Tendrás que ir a buscarme al aeropuerto de Ezeiza a las siete en punto de la mañana, Lali.
—¡¿Yo?! Lo lamento... De acuerdo a lo pactado, no tengo por qué volver a verlo nunca más.
—No te preocupes, Pablo. Voy yo –se ofreció la otra dama del grupo, en el preciso momento en que Benja se excusaba.
—Yo a esa hora necesito dormir.
Agus, en cambio, tampoco dudó.
—Y yo voy a acompañarte, Maca.
Pero la dama saltó de inmediato al escucharlo, como si sus palabras la hirieran.
—¡Ni en tus sueños, Sierra!... No necesito de nadie más, cuando se trata de Pablo.
El joven editor no se molestó en ocultar su enojo, pero calló. Pablo, en cambio, no lo hizo.
—Irá Lali –ordenó con determinación. Y mirando a la muchacha, agregó— Justamente porque a mi regreso no volveremos a vernos, es que quiero liquidar mis asuntos con vos, cuanto antes. Lleva mis llaves, y todo lo mío que aún tengas en tu poder. Luego me acompañarás a mi departamento, y allí tendrás tiempo suficiente como para preguntarme todas esas cosas que, estoy seguro, te mueres por saber... No quiero que entre nosotros existan cuentas pendientes.
La joven lo enfrentó sin hablar. Y los demás contemplaron azorados esa forma extraña en que aquellos dos habían aprendido a compartir el silencio.
Más tarde en el aeropuerto…
Por tercera vez Lali se soltó el cabello, dejando que sus cabellos recorrieran en libertad toda la longitud de su espalda.
A su lado , el chofer de la editorial, la miraba subyugado. Y bastó encontrarse con aquel deseo, para que la muchacha lo atara otra vez, entrelazándolo malamente en una especie de rodete.
—¿A qué hora se suponía que tenía que venir? – preguntó su acompañante.
—A las siete... Pero hay huelga por..., bueno, por uno de los tantos motivos que encuentran todos los días para hacer huelga. Piensan que el avión estará aterrizando recién a las ocho.
—¿Quiere ir a tomar un cafecito? Hace frío aquí.
—No, gracias,... Si tomara algo, terminaría vomitando... No me siento nada bien.
—¿Estará embarazada, señorita? –replicó aquel hombre moreno con malicia.
Pero la cara de Lali lo hizo desistir de su broma. Y debió haber sido en verdad una cara terrible, porque el pobre se disculpó de inmediato.
—No quise ofenderla... En la redacción todos sabemos que usted...

—¿Que yo, qué?

1 comentario:

  1. Nooo la verdad que Vico es un tar-do!!! culpa suya Lali piensa mal de todos incluido Pablo... quien creo q ha sido el mas sincero de todos!!!
    Y laa ultima parte... no por diossssss no podias haberlo dejado ahiiii!!!!
    QUIERO OTRO CAP URGENTEMENTE... JAJAJAJA!!!
    Espero q subas pronto... besos q estes bien!!!!

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