martes, 23 de julio de 2013

Capítulo 66: "Vos necia, Yo mentiroso"



CAPITULO 66:
Aquel sábado de primavera no había resultado demasiado clemente para los ya maltratados porteños. A un frío inusual para la estación, había seguido una llovizna persistente.
Ahora las finas gotas caían sobre el cuerpo de Lali, empapándola. Todavía llevaba la camiseta liviana con la que solía salir a correr, y estaba comenzando a tener frío.
Sin embargo, se podía decir que se sentía feliz. O aliviada, que parecía ser una forma distinta de lo mismo. Sí..., por fin se había decidido. Aquel iba a ser el principio de una vida largamente soñada junto a Gas, pero que ahora iba a tener como contrapartida a Vico. Ella podía hacerlo. Era muy capaz de ser feliz a su lado. Todo era cuestión de buena voluntad. Y como cuando estaba en la facultad, una vez ya decidida la fecha del examen, lo único que faltaba era tirar para adelante.
Sí... No quería que aquel fuera un día más... Necesitaba algo para recordar junto a sus nietos, cuando fueran viejos. Por eso iba a colarse al departamento de su futuro esposo, aprovechando que él estaba en una nota, (¿tenía la llave, no?), para colgar una inmensa pancarta. Un cartelón que simplemente dijera “¿Te queres casar conmigo?”...
¿Cuánto faltaba para que volviera Pablo?... Él había dicho que regresaría hasta pasadas las elecciones, y eso era recién en diciembre, unos pocos días después del último programa del año de “RLP”. Hasta allí iba a cumplir con aquel estúpido preaviso, y luego... Luego podrían volver a Mendoza, y retomar la vida allí adonde se había interrumpido... Iba a tener ese hijo. Iba a cerrar los ojos, y a cumplir aquella promesa. E iba a ser feliz, aunque tuviera que morir en el intento.
—Disculpe, señor... ¿Sabe de alguna librería por aquí?
—¿Qué venda libros?
—No... Lápices, y esas cosas...
—Está la de los mendocinos, aquí nomás... ¿Conoce la calle Arce?
—No...
—Sigue derecho por esta, y está justo allí.
—Gracias.
“Los mendocinos”... Buena señal.
—Buenas tardes... Necesitaba un papel especial... Como para hacer un cartel, y...
—¿Marianita?... ¿Sos vos ?
La joven miró a la mujer entrada en carnes y en años que la saludaba.
—¿Doña Carla?
—¡La misma!... ¡Muchacha, qué crecida estás! Si no hubiera sido por ese pelo
hermoso que tenes...
—Creo que la última vez que usted estuvo en casa, yo debía tener... diez años, más no menos igual no crecí demasiado
—¡Imagínate!... ¡Hace más de quince que tengo la librería!... Sé que tu madre murió, porque me lo contó mi sobrina, que ahora está viviendo con nosotros... ¿Teacordás de mi sobrina?...
Y sin esperar respuesta, la dama se asomó por una puerta, y comenzó a llamar.
—¡Candela!... ¡Cande!... Vení a ver quién está aquí... –y luego, dirigiéndose de nuevo a Lali, agregó— ¡Es cosa de Dios!... Nunca abro los sábados, pero hoy, como tenía que hacer el escaparate...
Por la puerta asomó la figura imponente de una mujer a punto de parir.
—¿Cande?... ¡Candela Vetrano! –se alegró Lali al verla.
Y corrió de inmediato a su encuentro, para abrazarla. La muchacha, en cambio, parecía estar en presencia de un fantasma.
—Lali... –apenas llegó a musitar.
—¡Qué maravilla!... Debe faltarte poco, ¿no?
—Es en estos días –se apuró a intervenir la tía— Va a quedarse en Buenos Aires para criar al niño, porque el padre... Bueno, has visto como son los hombres.
Cande estaba ahora tan pálida, que Lali se asustó.
—¿Te sentís bien?
—Sí... Muy bien... ¿Y vos?
—Yo estoy hecha un desastre, porque vengo de correr... No suelo andar por este barrio, pero..., como tu tía dice, parece cosa de Dios.
—Sí..., de Dios –repitió la muchacha— ¿Estás viviendo aquí, Lali?
—Sí... Desde hace unos meses. Por ahora trabajo en “RLP”, pero pronto...
—¿El programa de televisión con ese muchacho tan lindo? –se entusiasmo doña Carla.
—Sí... Pero pronto... Pienso casarme, y volver a Mendoza.
—¿Vas a casarte con Victorio? –preguntó la muchacha, que debía sentirse muy mal, porque Lali pudo percibir en ella una gran angustia mientras hablaba.
—Sí... Él todavía no lo sabe, porque pensaba aceptar su propuesta esta noche... ¿De verdad estás bien?... ¿Por qué mejor no te sentas?... Mira que no sé asistir un parto.
—No temas... Estoy bien. Pero sí, prefiero sentarme.
—¿Victorio D´Alessandro? –se interesó la tía— ¿El hijo de Leda?... ¿El dueño del diario?
—Bueno, el diario ahora es de los tíos... La familia de él se quedó con la bodega.
—¡Que suerte tenes, muchacha!... Es un hombre muy rico. No vas a tener necesidad de salir a trabajar... No como mi pobre Cande. Decile que mi marido y yo... ¡Mándale saludos a tu novio!
—¡No! –se espantó Cande—. Por favor, no le digas nada... Te suplico que no le digas que me has visto, y mucho menos que estoy embarazada... ¡Te lo ruego!
—Se hará como vos decís–la conformó su tía. Y llevándose a Lali a un rincón, agregó— La pobrecita está muy avergonzada. ¡Fíjate en la situación en que está! Y como Victorio ha sido su jefe en el diario...
—Quédate tranquila, Cande... No le diré a nadie de este encuentro. Ni siquiera a él.
—¿Este es el papel que querías, Lali?
—Sí... Pero el azul, por favor... No, mejor el celeste... Y un marcador de fibra plata... ¿Cuánto le debo?
—¿Cómo quieres que te cobre, con todo lo que la buena de tu madre hizo por nosotros cuando nos perseguían?... Nada, hija... Vete en paz.
—Bueno... Muchas gracias... Y espero que todo sea para bien, y que tu bebé, sea el más hermoso del mundo Cande.
—Lo será, hija... ¡Lo será! –respondió la tía, mientras la futura madre observaba al vacío.
Lali tomó las cosas, y echó de nuevo a correr. Necesitaba llegar a casa de Vico antes que él regresara de la revista. Podía preparar un bife de lomo al champignon, y... No... Esa era la comida favorita de Gas. A Vico no le gustaba la carne. Él prefería...
Y entonces se detuvo abruptamente. La última vez que había visto a Cande... Febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre... ¡Octubre!
Dio media vuelta, enfurecida, sólo para correr de nuevo hasta el negocio, y arrastrar aquel vientre inmenso hasta la calle.
—¿Él lo sabe? –le preguntó, una vez afuera, cuidando de no ser escuchada por la tía, a pesar de los esfuerzos de la buena mujer por lo contrario.
—Piensa que lo aborté.
—¡Eso es una crueldad!... Tenes que decírselo... Vico tiene derecho a saber que va a ser padre. Y estoy segura que...
—Él me exigió que lo abortara.
Y aquellas breves palabras, apenas susurradas a su oído, hicieron colapsar lo poco estable que todavía había en el mundo de Lali.
—¡Eso es una infamia, Cande!... Conozco a Vico desde que...
—¿Conoces su letra?... Tengo la dirección que él me escribió, junto con los dólares que puso en un sobre, y que nunca toqué... Me dijo que no iba a arriesgarte por un hijo que no quería y que no estaba preparado para tener.
Lali sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—No puede ser... ¡Lo conozco!... Él sería incapaz de... Hay límites...
—Yo también creía conocerlo... Y me entregué a él porque lo amaba... Pero no era más que un estafador... Un mentiroso que me mostraba un amor que sólo sentía por  vos... Pero ahora lo odio, y lo desprecio... ¡No se merece a mi hijo, y no se lo voy a dar!
Lali la observó alejarse, en silencio. Ahora también su propio cuerpo tambaleaba. ¿Acaso nunca se terminaba de conocer al otro? “Persona es todo ser incomunicado, e incomunicable” La voz de un viejo profesor de la universidad resonó de nuevo en su memoria. Pero esta vez, además, se le hizo carne

1 comentario:

  1. no la verdad q Vico desde q llego es totalmente distinto... en realidad creo q nos mostro su verdadera personalidad!!!
    Menos mal q Lali se entero a tiempo.... ya quiero ver q le va a decir!!!
    Espero q vuelva Pablito..!!! ya se lo extraña!!!
    Espero q subas pronto!!! Besoos q estes bien!!!!

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