CAPITULO 66:
Aquel
sábado de primavera no había resultado demasiado clemente para los ya
maltratados porteños. A un frío inusual para la estación, había seguido una
llovizna persistente.
Ahora
las finas gotas caían sobre el cuerpo de Lali, empapándola. Todavía llevaba la
camiseta liviana con la que solía salir a correr, y estaba comenzando a tener
frío.
Sin
embargo, se podía decir que se sentía feliz. O aliviada, que parecía ser una
forma distinta de lo mismo. Sí..., por fin se había decidido. Aquel iba a ser
el principio de una vida largamente soñada junto a Gas, pero que ahora iba a
tener como contrapartida a Vico. Ella podía hacerlo. Era muy capaz de ser feliz
a su lado. Todo era cuestión de buena voluntad. Y como cuando estaba en la
facultad, una vez ya decidida la fecha del examen, lo único que faltaba era
tirar para adelante.
Sí...
No quería que aquel fuera un día más... Necesitaba algo para recordar junto a
sus nietos, cuando fueran viejos. Por eso iba a colarse al departamento de su
futuro esposo, aprovechando que él estaba en una nota, (¿tenía la llave, no?),
para colgar una inmensa pancarta. Un cartelón que simplemente dijera “¿Te
queres casar conmigo?”...
¿Cuánto
faltaba para que volviera Pablo?... Él había dicho que regresaría hasta pasadas
las elecciones, y eso era recién en diciembre, unos pocos días después del
último programa del año de “RLP”. Hasta allí iba a cumplir con aquel estúpido
preaviso, y luego... Luego podrían volver a Mendoza, y retomar la vida allí
adonde se había interrumpido... Iba a tener ese hijo. Iba a cerrar los ojos, y
a cumplir aquella promesa. E iba a ser feliz, aunque tuviera que morir en el
intento.
—Disculpe,
señor... ¿Sabe de alguna librería por aquí?
—¿Qué
venda libros?
—No...
Lápices, y esas cosas...
—Está
la de los mendocinos, aquí nomás... ¿Conoce la calle Arce?
—No...
—Sigue
derecho por esta, y está justo allí.
—Gracias.
“Los
mendocinos”... Buena señal.
—Buenas
tardes... Necesitaba un papel especial... Como para hacer un cartel, y...
—¿Marianita?...
¿Sos vos ?
La
joven miró a la mujer entrada en carnes y en años que la saludaba.
—¿Doña
Carla?
—¡La
misma!... ¡Muchacha, qué crecida estás! Si no hubiera sido por ese pelo
hermoso
que tenes...
—Creo
que la última vez que usted estuvo en casa, yo debía tener... diez años, más no
menos igual no crecí demasiado
—¡Imagínate!...
¡Hace más de quince que tengo la librería!... Sé que tu madre murió, porque me
lo contó mi sobrina, que ahora está viviendo con nosotros... ¿Teacordás de mi
sobrina?...
Y
sin esperar respuesta, la dama se asomó por una puerta, y comenzó a llamar.
—¡Candela!...
¡Cande!... Vení a ver quién está aquí... –y luego, dirigiéndose de nuevo a
Lali, agregó— ¡Es cosa de Dios!... Nunca abro los sábados, pero hoy, como tenía
que hacer el escaparate...
Por
la puerta asomó la figura imponente de una mujer a punto de parir.
—¿Cande?...
¡Candela Vetrano! –se alegró Lali al verla.
Y
corrió de inmediato a su encuentro, para abrazarla. La muchacha, en cambio,
parecía estar en presencia de un fantasma.
—Lali...
–apenas llegó a musitar.
—¡Qué
maravilla!... Debe faltarte poco, ¿no?
—Es
en estos días –se apuró a intervenir la tía— Va a quedarse en Buenos Aires para
criar al niño, porque el padre... Bueno, has visto como son los hombres.
Cande
estaba ahora tan pálida, que Lali se asustó.
—¿Te
sentís bien?
—Sí...
Muy bien... ¿Y vos?
—Yo
estoy hecha un desastre, porque vengo de correr... No suelo andar por este
barrio, pero..., como tu tía dice, parece cosa de Dios.
—Sí...,
de Dios –repitió la muchacha— ¿Estás viviendo aquí, Lali?
—Sí...
Desde hace unos meses. Por ahora trabajo en “RLP”, pero pronto...
—¿El
programa de televisión con ese muchacho tan lindo? –se entusiasmo doña Carla.
—Sí...
Pero pronto... Pienso casarme, y volver a Mendoza.
—¿Vas
a casarte con Victorio? –preguntó la muchacha, que debía sentirse muy mal,
porque Lali pudo percibir en ella una gran angustia mientras hablaba.
—Sí...
Él todavía no lo sabe, porque pensaba aceptar su propuesta esta noche... ¿De
verdad estás bien?... ¿Por qué mejor no te sentas?... Mira que no sé asistir un
parto.
—No
temas... Estoy bien. Pero sí, prefiero sentarme.
—¿Victorio
D´Alessandro? –se interesó la tía— ¿El hijo de Leda?... ¿El dueño del diario?
—Bueno,
el diario ahora es de los tíos... La familia de él se quedó con la bodega.
—¡Que
suerte tenes, muchacha!... Es un hombre muy rico. No vas a tener necesidad de
salir a trabajar... No como mi pobre Cande. Decile que mi marido y yo...
¡Mándale saludos a tu novio!
—¡No!
–se espantó Cande—. Por favor, no le digas nada... Te suplico que no le digas
que me has visto, y mucho menos que estoy embarazada... ¡Te lo ruego!
—Se
hará como vos decís–la conformó su tía. Y llevándose a Lali a un rincón,
agregó— La pobrecita está muy avergonzada. ¡Fíjate en la situación en que está!
Y como Victorio ha sido su jefe en el diario...
—Quédate
tranquila, Cande... No le diré a nadie de este encuentro. Ni siquiera a él.
—¿Este
es el papel que querías, Lali?
—Sí...
Pero el azul, por favor... No, mejor el celeste... Y un marcador de fibra
plata... ¿Cuánto le debo?
—¿Cómo
quieres que te cobre, con todo lo que la buena de tu madre hizo por nosotros
cuando nos perseguían?... Nada, hija... Vete en paz.
—Bueno...
Muchas gracias... Y espero que todo sea para bien, y que tu bebé, sea el más
hermoso del mundo Cande.
—Lo
será, hija... ¡Lo será! –respondió la tía, mientras la futura madre observaba
al vacío.
Lali
tomó las cosas, y echó de nuevo a correr. Necesitaba llegar a casa de Vico
antes que él regresara de la revista. Podía preparar un bife de lomo al champignon,
y... No... Esa era la comida favorita de Gas. A Vico no le gustaba la carne. Él
prefería...
Y
entonces se detuvo abruptamente. La última vez que había visto a Cande...
Febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre... ¡Octubre!
Dio
media vuelta, enfurecida, sólo para correr de nuevo hasta el negocio, y
arrastrar aquel vientre inmenso hasta la calle.
—¿Él
lo sabe? –le preguntó, una vez afuera, cuidando de no ser escuchada por la tía,
a pesar de los esfuerzos de la buena mujer por lo contrario.
—Piensa
que lo aborté.
—¡Eso
es una crueldad!... Tenes que decírselo... Vico tiene derecho a saber que va a
ser padre. Y estoy segura que...
—Él
me exigió que lo abortara.
Y
aquellas breves palabras, apenas susurradas a su oído, hicieron colapsar lo poco
estable que todavía había en el mundo de Lali.
—¡Eso
es una infamia, Cande!... Conozco a Vico desde que...
—¿Conoces
su letra?... Tengo la dirección que él me escribió, junto con los dólares que
puso en un sobre, y que nunca toqué... Me dijo que no iba a arriesgarte por un
hijo que no quería y que no estaba preparado para tener.
Lali
sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—No
puede ser... ¡Lo conozco!... Él sería incapaz de... Hay límites...
—Yo
también creía conocerlo... Y me entregué a él porque lo amaba... Pero no era
más que un estafador... Un mentiroso que me mostraba un amor que sólo sentía
por vos... Pero ahora lo odio, y lo
desprecio... ¡No se merece a mi hijo, y no se lo voy a dar!
Lali la observó
alejarse, en silencio. Ahora también su propio cuerpo tambaleaba. ¿Acaso nunca
se terminaba de conocer al otro? “Persona es todo ser incomunicado, e
incomunicable” La voz de un viejo profesor de la universidad resonó de nuevo en
su memoria. Pero esta vez, además, se le hizo carne

no la verdad q Vico desde q llego es totalmente distinto... en realidad creo q nos mostro su verdadera personalidad!!!
ResponderEliminarMenos mal q Lali se entero a tiempo.... ya quiero ver q le va a decir!!!
Espero q vuelva Pablito..!!! ya se lo extraña!!!
Espero q subas pronto!!! Besoos q estes bien!!!!