Holaa que bueno que pablito les paresca tierno por monentos lo es jajaja, les dejo un nuevo capi, besos
CARO
PD: percha mandame al facebook dedicado que dia y hora te conectas , espero q leas esto jajjaa
CAPITULO 65:
Aquella
era una horrible mancha de humedad. Y quizás porque la pared estaba recién
pintada, esa excrecencia sepia era mucho más evidente.
Lo
más curioso era que en ese contorno pretencioso se distinguía con claridad,
dibujaba en el techo, (dependiendo de como le diera la luz de la ventana), una
figura conocida.
Sí...
Parecía el perfil de un hombre... Allí estaba el pelo, la frente, la nariz...
Una gran nariz... Y visto así, desde ese otro ángulo, incluso Lali podía
asegurar que se trataba del retrato de alguien conocido.
¡Peter
¡Sí!... Esa era su nariz. ¿Qué sería de la vida de aquel personaje?... ¿Y las
pruebas que había ofrecido?... ¡Por supuesto!... No había ninguna. ¡Patético!
Tampoco de Cielo tenía noticias. ¿Se habría ofendido porque...?
—¡Lali!
—¿Sabías
que tenes una horrible mancha de humedad en el techo?
—¿Yo
te estoy besando, muerto de pasión, y vos lo único que miras es el techo?
—Disculpa...
Es que es horrible, y te va a terminar arruinando la pintura.
—¡Me
importa una mierda la pared y la pintura!
Últimamente,
cosa muy extraña, era común que Vico estallara frente a ella. En Mendoza, si
alguno de los tres gritaba, era Gas. Los demás lo escuchaban, sin tomarlo muy
en serio. Pero aquí, en Buenos Aires, era su amigo el que estaba siempre al
borde del colapso.
—¿Te
sentís bien, Vic?
—Tu
teléfono dio ocupado durante toda la noche, y dormí horrible.
—Yo
dormí muy bien... Por suerte hoy era sábado, porque no escuché el
despertador,
y seguí en la cama hasta las nueve.
—¿Con
quién mierda estuviste hablando tanto tiempo? ¿Con Cielo?
—¿Será
posible que uses alguna oración que no contenga la palabra “mierda” en ella?...
En Mendoza nunca...
—Mendoza
queda muy lejos –refunfuñó el otro.
—Ya
lo veo.
Lali
suspiró.
—¿Vamos
a comer?... Quiero terminar pronto para, luego de un par de horas, ir a correr.
—¿Te
vas a ir?
—Los
sábados corro... ¿Queres venir conmigo?
—¡No
voy a andar por allí como un idiota, enfundado en unos pantaloncitos de
mier...!
Vico
había iniciado la frase con violencia, pero de inmediato se detuvo.
—Disculpame
, Lali... Es que...
Pero
bastó una fracción de segundo, para que se enojara otra vez
—¡Una
mierda de disculpa!... Ya estoy grandecito, y digo lo que quiero. Vos haces lo
que se te da la gana, y yo hablo como se me canta en el quinto forro de las
pelotas.
—No
tenes que enojarte.
—¿Saldremos
esta noche?
—¿Esta
noche?... Prefiero que no... Voy a volver cansada de correr, y...
¿La
llamaría Pablo también aquella noche?... Claro que, como era sábado, no existía
la excusa de asignar tareas para el día siguiente…..¿La llamaría?
—¿Qué
mierda haces en la casa de tu jefe?
—Nada...
Miro cine italiano... Posiblemente hoy vea alguna película.
—Entonces
voy hasta allí, y la miramos juntos.
—¡No!...
–se espantó Lali de una forma tan cruel, que de inmediato tuvo que
agregar—
No es mi casa. No estoy allí como invitada, sino cumpliendo una tarea.
—Por
la que nadie te paga.
—Sabes
que gracias a eso no tengo que soportar a Riera
—¡Ese
hijo de mil putas!
Y
tanta vehemencia sorprendió otra vez a la muchacha.
—¿Qué
te está ocurriendo con Rochi?... ¿Acaso te gusta?
—¡No
digas tonterías! ¡Es una puta!...
Pero,
por raro que pareciera, aquella mala palabra no fue dicha con tanto desprecio,
como dolor. Un dolor que no pasó desapercibido para Lali.
—¿Para
qué queres casarte conmigo, Vico?... ¿De verdad me amas como decís, o no soy
más que una asignatura pendiente en tu vida?
—Jamás
te mentí, Lali. Oculté mis sentimientos, porque tenía que hacerlo, pero jamás
te mentí. Soy un hombre sincero, que te ama de verdad. Y no merezco lo que me
estás haciendo... Jugas conmigo de una forma que...
—Yo
no juego con vos.
—Anoche
estabas hablando con MArtinez, ¿no?
Lali
agachó la cabeza, avergonzada.
—Y
hoy también esperas su llamado...
—Es
inofensivo...
—Con
él nunca nada es inofensivo, y lo sabes...
Hecho
una furia se acercó hasta ella, sólo para tomarla con vehemencia
—¿Vamos
a casarnos, sí, o no? –preguntó embravecido—. ¿Te importan esos principios
cristianos que tanto pregonas, sí, o no?... Porque puede ser que yo ya no vaya
a Misa, pero todavía sé distinguir muy bien lo que es bueno y lo que es malo...
Puede ser que sea sólo un pobre periodista de provincia, pero no soy ningún
idiota...Vos seguís caliente con él. Y no vas a parar hasta...
La
joven se soltó, antes de que él acabara con una frase tan dolorosa.
—¡Déjame,
Vico!
—Podes
engañarme a mí, Lali... Podes engañar a los demás... Podes engañarte a vos
misma... Pero nunca vas a poder engañar a Dios... ¡Pénsalo, Lali!
La
joven lo observó desolada. Sí... No había forma de engañar a Dios.
Durante
calles y calles, Lali corrió con desesperación. Corrió como si en ello le fuera
la vida. Corrió a pesar del calor, o del cansancio. Corrió para escapar...
Pero,
para su desgracia, por mucho que se esforzara, su conciencia permanecía firme
detrás de ella, azuzándola ¿Qué derecho tenía a lastimar a un hombre bueno y
sincero como Vico, (quizás el mejor que había conocido, después de Gas), sólo
para aterrizar una y otra vez en los brazos de aquel mentiroso, mientras rogaba
en su interior porque no la dejara caer? ¿Qué estaba esperando de la vida? ¿Que
Pablo arrojara treinta años de su pasado al vacío, y se convirtiera mágicamente
en su príncipe azul?... ¿Acaso se podía esperar de un mentiroso que dejara de
mentir?
La
joven se detuvo exhausta junto a un árbol, intentando recuperar el aliento
perdido. Era hora de razonar. De escuchar con atención, y razonar.
¿Qué
era lo que quería Pablo para su futuro? Prestigio profesional, mujeres, más
dinero, y nada que lo atara.
¿Qué
era lo que quería Vico?
Lo
mismo que ella. Lo mismo que Gas. Servir al plan de Dios, y encontrar la
felicidad en aquel servicio. Vivir cada día como si fuera el último,
disfrutando de las pequeñas cosas en una dulce intimidad, sin competencias, o
fechas límites. Sentirse acompañado, e intentar ser feliz. Sí... Por muy
intenso que fuera aquel arrebato embriagador que sentía cuando estaba a su
lado, tendría que olvidar a Pablo.
Aquel hombre no era más que una imagen
“photoshopeada” de un príncipe azul. Una foto retocada de un ser perfecto, pero
que no existía en la realidad... Como siempre lo había hecho, una vez más
tendría que refugiarse en su Fe y en su razón para entender un mundo de
ficciones, que quería atraparla en su mentira.
Lali
suspiró. Y antes de que pudiera arrepentirse, tomó su celular.
—¿Vico?...
¿Queres salir conmigo esta noche?.....Sí... Hay algo que te quiero decir.

En estos momentos tengo gana de pegarle una buena a Lali... haber si asi reacciona y deja de pensar tanta estupides... no puede estar con Vico por esas simples y llanas razones se terminara arrepintiendo tarde o temprano!!!
ResponderEliminarEspero q nuestro Pablete haga algo para parar a la lo ca Lali de estos momentos!!!!
Espero subas pronto... Besos q estes bien!!!