jueves, 30 de enero de 2014

Capítulo 68 y 69: "Volveré para Vengarme "


Holaa chicas espero que esten bien, les dos nuevos capis espero que les guste, no se olviden de pasar por mi otra adaptacion , sin olvidarse de esta que ya llega a su final porsupuesto, besos

CAPITULO 68

Aquella noche, una cansada Lali regresó a Billings en el avión privado de Tennison. Antes, había llamado al señor Smith para que él fuera a recogerla al aeropuerto. Jamás se había sentido tan feliz en toda su vida. Lo único que le quedaba ya por hacer era hablar con Pablo y confesarle lo que había hecho. Al ganar el control de
la empresa de Pablo, podría haber fastidiado la fusión personal que tanto deseaba, pero esperaba y deseaba que no fuera así. Que Pablo fuera lo suficientemente adulto como para aceptar la derrota y no dejar que el orgullo los separara.

Cuando el señor Smith aparcó la limusina junto al avión, Lali se dio cuenta de que Ian no lo acompañaba.

— ¿Ocurre algo en la casa? —le preguntó, justo antes de meterse en el coche.

—Lo de siempre. Pareces cansada.

—Lo estoy. Completamente agotada. Han sido unas cinco semanas muy largas. ¿Cómo está Ian? ¿Y Pablo?

—Ian les está leyendo un cuento a todos los adultos de la casa.

-¿Y Pablo?

— Se me ocurren varios adjetivos. ¿Quieres que te diga unos  cuantos?

—¿Tan mal ha ido todo?

—Cuanto más mejora, peor carácter se le pone. Creo que el hecho de que tú estés en casa se lo suavizará un poco.

—Me reservo decir nada hasta que él descubra lo que yo he hecho. Les pedí a Vico y a la junta que guardarán el secreto hasta que yo hubiera tenido tiempo de decírselo personalmente a Pablo.

—Por lo que dices, has desbaratado los planes de Victorio.

—Así es —afirmó, sin explicar que había entregado su dimisión al mismo tiempo. Eso tendría que esperar hasta que viera cómo Pablo reaccionaba—, pero, para conseguirlo, he tenido que hacerme con Arrechavaleta Properties.

—Conozco a alguien a quien no le va a gustar eso. —Ya lo sé. El agujero que me estoy cavando se va haciendo cada vez más hondo. Creo que, para empezar, debería haberme quedado en Chicago y no haber venido aquí para jugar a Dios.

—Vivir para aprender. Pablo le ha comprado a Ian un perro. Un perro muy grande.

—Genial. Tal vez cuando regresemos a Chicago lo podamos poner en el jardín y hacerle una caseta —comentó con un cierto cinismo. 

Podría ser que tuviera que hacer precisamente eso. Pablo se podría poner tan furioso que los mandara a Chicago con perro
y todo.

—No lo comprendes. Las iguanas odian a los perros.

—Oh... En es caso, tal vez sea a Tiny a la que le tengamos que hacer la caseta propia —comentó con una sonrisa—. ¿Qué te parece un terrario con una fuente y árboles para que se pueda subir?

—¿De verdad? —comentó Smith muy contento. —De verdad. No te preocupes. Nos las arreglaremos.

—¿Dónde? ¿Aquí o en Chicago? Lali no lo sabía. 

Eso iba a depender de Pablo . A ella le preocupaba mucho, sobre todo por su posible embarazo. Se limitó a cerrar los ojos y a escuchar la radio mientras se dirigían a la casa de los Arrechavaleta.
Al llegar, vio que todas las luces estaban encendidas. Temía lo que iba a tener que hacer, pero no le quedaba elección. El hecho de que estuviera casi con toda seguridad embarazada iba a complicarlo todo. Si Pablo volvía a echarla, tras haber perdido su empresa a manos de Lali, la historia volvería a repetirse. ¿Y Ian? ¿Se produciría una terrible batalla por su custodia?

— ¡Mamá!

Y eso que se había estado preguntando si su hijo seguía enfadado con ella. Lali empezó a reír al ver a su hijo. Extendió los brazos y lo abrazó cálidamente. Sin embargo, no trató de levantarlo. Si estaba embarazada, no le iría bien realizar esfuerzos.

—Oh, Ian, me alegro tanto de estar en casa —susurró con los ojos llenos de lágrimas—. Te he echado tanto de menos, hijo... No te puedes imaginar cuánto.

—Yo también te he echado de menos —dijo el niño—. Al señor Smith no le gusta mi perro. Mi papá me lo compró. Es blanco y negro y se llama Harry.

—El señor Smith va a conseguir un terrario para Tiny y, entonces, le gustará también Harry.

Entró al interior de la casa, dejando al señor Smith que se ocupara del equipaje y del niño. Se detuvo en la entrada de la cocina, en la que estaba Emilia
.
— ¿Cómo estás?

—Muy bien. ¿Y tú? Pareces tan cansada, Lali. Ven. Haré que la señora Dougherty nos prepare un poco de café. ¿Has cenado?

—Tomé un bocadillo antes de marcharme de Chicago. Estoy agotada.

—Demasiado trabajo y poco descanso. Pablo hace lo mismo.

— ¿Cómo está? —le preguntó ella. Sus conversaciones telefónicas con Pablo habían sido cada vez más breves, como si la distancia estuviera afectando a su actitud hacia ella.

—Bueno, ha vuelto a trabajar toda la jornada — dijo Emilia

—Pero la espalda...

—Está curando bien. No puede levantar pesos, por supuesto, pero la mayor parte de su trabajo es mental o de escritorio. Lo único que ha tenido que dejar por el momento han sido sus caballos. ¿Es que no te lo ha dicho?

Aquello no auguraba un buen futuro. Volvía a haber secretos entre ellos.

— ¿Está en casa? —dijo, ignorando la pregunta de Emilia

—Estuvo, pero tenía una reunión tarde.

— ¿También conduce? —preguntó Lali, muy triste. El tiempo parecía  haberlo borrado todo entre ellos.

-Sí.

Emilia se puso a preparar café mientras Lali y el señor Smith llevaban a Ian a la cama. En el dormitorio del niño, el cachorro estaba durmiendo tranquilamente en una pequeña caseta. Aquello era tan sólo una solución temporal, porque el animal aún no podía salir al exterior. Después de arropar al niño, Lali se dirigió al salón.

—¿Cómo te ha ido? —le preguntó Emilia.

—Le he dado una buena lección a mi cuñado — respondió Lalih—. Se lo pensará dos veces antes de tratar de volver a jugármela otra vez.

—¿Y tu trabajo?

—Yo... aún no he decidido lo que voy a hacer — mintió.

No quería que Pablo supiera que había dimitido. Tras haberlo hecho, se estaba preguntando con fría aprensión si habría cometido un terrible error. Pablo había estado muy mal herido y tal vez todo lo que le había dicho había sido producto de su propia vulnerabilidad. Tras haberse recuperado, podría haber descubierto que sus
sentimientos no eran tan puros como había pensado.

—He tenido muchas cosas en la cabeza últimamente, tratando de evitar que Pablo se excediera. Se entregó al trabajo de todo corazón cuando descubrió que Vico Tennison estaba tratando de hacerse con los poderes que aún quedaban. Sabía que
Vico estaba en contra tuya. Vico  le ofreció los poderes si Pablo se aliaba con él para ayudarle a echarte de la empresa.

—¿Y Pablo accedió?

—No lo sé. Esta noche, cuando se marchó de aquí, estaba furioso. La empresa significa mucho para él, pero no sé si tanto como paraayudar a tu cuñado en contra tuya. Espero que no, Lali.

Sin embargo, Lali no estaba tan segura. Pablo había cambiado en su ausencia. Con una gran preocupación, se tomó el café.
Las dos mujeres llevaban poco tiempo en el salón cuando la puerta principal se abrió y cerró de un portazo. Se oyeron unos pasos y, a los pocos segundos, Pablo apareció en el umbral del salón, ataviado con un traje azul marino, con su sombrero en la mano y una mirada fría y acusadora en el rostro.

—Tienes los poderes, ¿verdad? —le espetó.


CAPITULO 69

—Así es —respondió Lali, sospechando que él tenía espías en Tennison que le habrían contado ya todo lo ocurrido.

—Incluso el de mi tío.

—No deberías haber confiado tanto en Victorio. Uno de tus directivos y él llevan semanas

—¿Qué directivo?

—Tu amigo Bill. ¿Es que no lo sabías? —le preguntó ella, furiosa por el modo en el que se había enfrentado a ella. Ni siquiera se había molestado en saludarla.

—No, no lo sabía. Y tú no me lo podías decir, ¿verdad? No se puede ayudar al enemigo, ¿no? —le espetó, sentándose al lado de su madre en el sofá.

—Al menos le podrías haber dado la bienvenida a Lali —le dijo emilia 

—¿Por qué? No va a estar aquí mucho tiempo. ¿No es así, Lali? Ahora que tienes lo que querías, vas a volver a Chicago para ocuparte de la empresa de tu esposo. Sin embargo, tal vez no sea tan sencillo. ¡No voy a quedarme quieto mientras tú diriges mi empresa!

Aparentemente, no sabía que Lali había dimitido. Recordó al directivo que había salido a hablar por teléfono y sumó dos y dos. Aquel hombre no habría sabido sobre su dimisión hasta después de que hubiera hablado con Pablo y, evidentemente, éste no le había llamado desde entonces.

— Sí, efectivamente tengo el control de Arrechavaleta Properties.

—Ya veremos por cuánto tiempo. ¿De verdad crees que voy a quedarme quieto viendo cómo desmiembras mi empresa? Te aseguro que no será así. Mientras estés en Chicago, haré todo lo posible por recuperar el control. ¿Cuándo vas a marcharte? ¿O acaso has decidido quedarte aquí para tratar de dirigir mi empresa? Si ése es el caso, es mejor que regreses a la casa de tu tía, porque no tolero subversivos debajo de mi techo.

-Pablo...

—Por supuesto, mi hijo se queda aquí. No te lo vas a llevar.

Lali  no podía creer lo que había escuchado. Lentamente se puso de pie. Se sentía furiosa. También estaba cansada y sorprendida.

—Eso ni lo sueñes. ¡Es mi hijo! ¡Hasta hace unas pocas semanas, ni siquiera sabías que existía!

—Ahora sí lo sé. Tenerlo en Chicago no me resulta conveniente. Quiero que se quede aquí para poder verlo. No pienso tener una relación a larga distancia con mi único hijo.

Aquello era una ironía, porque Ian no iba a ser su único hijo durante mucho tiempo. Sin embargo, Lali no pensaba darle esa información.

—Tú no me vas a dar órdenes. Y, si no tienes cuidado, te echaré por la puerta de Arrechavaleta Properties.

—Inténtalo.

—No —dijo Emilia, poniéndose de pie para colocarse entre ambos—. No pienso tolerar esto. Paren ahora mismo. Lali acaba de llegar a casa después de estar varias semanas en Chicago y, antes de que pueda descansar del viaje, tú te le tiras a la yugular por negocios.

—Se lo merece. Dios mío, ¿es que no te das cuenta de lo que ha hecho? También se trata de tu pan.

—¿De verdad es tu empresa más importante que Lali y tu hijo?

—Por supuesto que sí —respondió Pablo. Se sentía traicionado—. No se puede comparar el trabajo de toda una vida con unas pocas horas de placer en la cama.

Lali palideció. Bajó los ojos y guardó silencio. Se sentía agotada. En
aquellos momentos, cuando estaba embarazada e indefensa, él le clavaba un puñal en el corazón. La ironía de todo aquello era que lo que había hecho había sido para salvar su empresa del control de vico. Sin embargo, Pablo no lo sabía. Como siempre, había pensado lo peor de ella.

—Pablo, ¿cómo has podido decir eso?

Él se levantó y miró a Lali con frialdad. La había amado tan desesperadamente y ella lo había vendido. Le había derrotado en su propio terreno. No podía soportar lo que ella le había hecho.

—No te voy a echar esta noche, pero mañana quiero que tú y tu guardaespaldas se vayan de aquí.

—Mi guardaespaldas y yo estaremos encantados de marcharnos con mi hijo —replicó ella.

Pablo la miró lleno de furia e, inmediatamente, salió de la sala. Aparentemente, estaba ya en el piso superior porque Lali lo oyó subiendo las escaleras.

3 comentarios:

  1. Le doy un solo golpe,y lo mato!!!!.
    Me siento frustrada con Pablo ,no solo la despreció ,sino k también la ofendió.
    En estos momentos, no se merece ni el perdón ,ni excusarlo ,xk esté dolido x la perdida d su empresa.
    Antepuso la empresa a ella.

    ResponderEliminar
  2. Ahhhhhh tengo mucha broncaaaaa!!! Pablo se merece sufrir, rogar y llorar por el perdón de Lali ¬¬ Debería confiar un poco más en ella! No amenazar con quitarle a Ian y encima casi sabiendo que está embarazada otra vez :/ me frustraaaaaaa! subi prontooooo jajaja

    ResponderEliminar
  3. en estos momentos desearia MATAR A PABLO MUY MUYYYY LENTAMENTE.... Porq es tan estupido este chico por diossssssss!!! No puedo creer q cometa nuevamente el mismo error...
    Por dios yo fuera Lali le hubiese dado vuelta la cara de una cachetada y q se valla a freir churros!!!
    QUIEROOO MAS NOVE!!! Quiero ver como recciona Lali y como va a tener q rogar y diria q hasta arrastrarse Pablo por su perdon!!!
    Espero q subas pronto y estes bien!!! Besosss!!! :D

    ResponderEliminar