lunes, 13 de enero de 2014

Capítulo 58 y 59 : "Volveré para Vengarme"

Holaaa chicas  espero que esten de 10 , que bueno que volvieron  algunas de mis elctoras favoritas las extrañee, besos

CAPITULO 58
—Voy a tener que regresar a Chicago —dijo ella—, al menos durante un tiempo. Tengo obligaciones y responsabilidades.

—En ese caso, deja a Ian conmigo.

Aquel pensamiento no se le había ocurrido. No estaba segura de cómo podría funcionar, aunque Ian adoraba a su padre y parecía estar muy feliz con su abuela. Al mirar a Pablo, se preguntó si no sería otro complot contra ella, un modo de quedarse con Ian. ¿Habría sido sincero en todo lo que le había dicho?

—Estoy viendo lo que estás pensando —dijo él, observándola atentamente—. Que te voy a robar a Ian y te voy a apartar de su lado. ¿No es así? —añadió. Lali se quedó completamente atónita—. Eso me había parecido. Tenemos un largo camino por recorrer, ¿verdad, cielo? No confías en mí.

—No te conozco.

—Eso es cierto. Muy bien, me esforzaré en eso. Tal vez pueda encontrar el medio de convencerte de que lo único que quiero no es sólo Ian. También te quiero a ti, y no sólo por el delicioso cuerpo que me da tanto placer.

—Te advierto que no acepto órdenes.

—Lo harás —afirmó él con una sonrisa.

Aquellas palabras enfurecieron a Lali. Se levantó y se dirigió hacia la
puerta, maldiciéndose por la debilidad que él le provocaba.

—Estás frustrada, mujer —dijo Pablo, recostándose sobre los almohadones—. Te aseguro que me puedo ocupar de ese problema con relativa facilidad cuando pueda volver a mover bien la espalda...

— ¡Eres un presumido!

—Voy a mirarte todo el tiempo —susurró, recorriéndola de los pies a la cabeza con una mirada de posesión que la dejó atónita—. Te dejaré agotada, y cuando termine, no querrás dejarme. Jamás volveremos a separarnos.

—No estás jugando limpio...

—No estoy jugando, cielo —replicó él con expresión sombría.

Lali no pudo encontrar una respuesta a aquella afirmación. Se sentía demasiado vulnerable en aquellos momentos.

—Que duermas bien —dijo. Entonces, abrió la puerta.

—Tú también. Buenas noches, mi niña.

Lali se detuvo y se volvió para mirarlo. Vio que él estaba sonriendo.
Después de un momento, ella también sonrió. Cerró la puerta y subió a su cuarto.

 A la mañana siguiente, Ian entró corriendo en el salón, en el que Emilia  y una somnolienta Lali estaban desayunando. La señora Dougherty ya les había llevado a Ian y a Pablo una bandeja a la habitación de éste.

—Mamá, ese hombre me ha dicho que me puedo quedar con él mientras tú te vas a Chicago. ¿De verdad que puedo?

— ¿Ese hombre?

-¡Sí! ¡Mi papá!

Al escuchar aquellas palabras, la mano de Emilia, que estaba sujetando una taza de café, empezó a temblar. La dejó sobre la mesa y los miró a ambos.

—Sí, claro que te puedes quedar con tu papá.

Ian miró a Emilia y frunció el ceño.

—Tú eres la mamá de mi papá. ¿Significa eso que eres mi abuela?

—Sí —murmuró Emilia  casi sin poder hablar.

El niño se acercó a ella y se le apoyó contra las piernas, mirándola con inocente fascinación.

—Jamás antes he tenido una abuela. ¿Me quieres?

—Oh, sí... Claro que te quiero.

—También te puedo leer historias, si quieres —dijo el niño—. A mi papá le gusta que le lea.

—Estoy segura de ello —musitó Emilia, casi sin poder respirar.

Ian sonrió y salió corriendo del comedor, dejando solas a las dos mujeres.

—Se lo dije anoche —le explicó Lali.

Emilia se estaba secando las lágrimas con una servilleta.

—Gracias —dijo—. Dadas las circunstancias, no esperaba...

— ¿Qué circunstancias? —Preguntó Lali—. No eres tan mala. De hecho, me gustaría contar contigo en mi equipo de trabajo. Tú y yo podríamos hacerle pasar un infierno a Vico.

Emilia consiguió esbozar una sonrisa.

— ¿No se lo vas a poder hacer pasar tú sola?

—Claro —afirmó Lali—. Voy a hacer que el señor Smith me lleve a ver al tío de Pablo para hablar con él sobre una oferta que probablemente haya recibido. No se lo digas a Pablo, ¿quieres?

—Debería hacerlo, ya lo sabes.

—No, no deberías. Voy a asegurarme de que tu nieto tenga una empresa que pueda heredar. Eso tampoco se lo puedes decir a Pablo.

— ¿Que es lo que estás tramando?

—Espera y verás.

Al otro lado del pasillo, Pablo estaba gritando al señor Smith cuando éste lo ayudó a levantarse de la colchoneta en la que había estado haciendo ejercicios.

—No protestes —le dijo el señor Smith con voz imperturbable—. Vas a disgustar al niño.

—Es mi hijo. No creo que mis protestas vayan a disgustarlo.

—Bueno, tal vez no, pero no te excedas. Vas bien y volverás a andar perfectamente dentro de nada.

Pablo miró a Ian, que estaba acostado sobre una colchoneta, leyendo un libro con fascinación.

—Es estupendo —dijo.

—Es cierto. Espero que pienses tener tiempo para él cuando vuelvas a la normalidad. Necesita un padre.

— ¿De verdad? Ya te tiene a ti —le espetó Pablo.

—Yo no soy su padre —replicó el señor Smith—. Soy su guardaespaldas. A principios de año, trataron de secuestrarlo. Yo estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado y conseguí impedírselo. Sin embargo, ese niño va a heredar más dinero de lo que tú tienes y eso lo convierte en un objetivo. Tú no puedes vigilarlo constantemente. Yo sí. 

Pablo estaba cambiando muy lentamente la opinión que tenía del señor Smith. Le molestaba el hecho de estar empezando a admirarlo.

—Aquí está seguro —dijo.

— ¿Sí? —Replicó el señor Smith con una risotada—. Nadie tan rico está seguro en ninguna parte.

El señor Smith se marchó a hacer un par de cosas antes de llevar a Lali a ver al tío abuelo de Pablo. Sin embargo, se sentía menos preocupado. Resultaba evidente que Pablo adoraba al niño y tenía muchas razones para creer que adoraba a Lali aún más. Todo iba a salir muy bien. Mientras avanzaba por el pasillo, empezó a silbar.



CAPITULO 59

A Lali le divirtió que El tio de Pablo no se sorprendiera de verla. El
anciano sonrió cuando la encontró de pie en el porche de su casa.

—Vaya, vaya —murmuró—. Ya me imaginé que vendrías. Supongo que querrás saber si te he vendido.

Lali se echó a reír.

—Ni siquiera tengo que preguntar. Me marcharé a mi casa.

—No sin un café. ¿Quién es tu amigo? —preguntó, señalando al señor Smith, que estaba apoyado contra la limusina.

—Mi guardaespaldas.

—Que entre también. Así se podrá tomar un café con nosotros.
Cuando los tres estuvieron tomando café, el anciano le habló a Lali
de la llamada de teléfono y la visita que había recibido de uno de los ejecutivos de Pablo, Bill, el que Lali recordaba por su actitud crítica hacia su jefe.

— Se muere de ganas por tener ese poder —comentó riendo—. Creo que tiene lo que hace falta para echar a Pablo y ocupar su lugar. Yo le he dicho que me lo pensaría. Me imaginé que tú también vendrías a verme.

—Te agradezco mucho lo que estás haciendo por mí y Pablo lo apreciará también, aunque me imagino que eso no te importa.

—No es mal chico cuando está lejos de Emilia.

—Hay muchas cosas que no sabes sobre ella —dijo Lali, frunciendo el ceño—. No te haría mal conocerla algún día. Ella no es lo que parece.

—Creía que era tu peor enemiga —replicó, sorprendido.

—Y yo también, pero ya no me lo parece.

Estuvieron charlando unos minutos y entonces, el señor Smith y ella se marcharon tras haberle dado las gracias al anciano por su apoyo y tras prometerse que se mantendrían en contacto.

—Es un buen tipo —dijo el señor Smith, de camino a casa.

—Sí, un verdadero ganadero, en el mejor sentido de la palabra —comentó—. Creo que me gustaría tener un rancho propio.

—Cómpratelo. Te lo puedes permitir.

—Sí, pero no me puedo permitir vivir en él. Mi vida se hace más compleja día a día. Si dejo la empresa, estaré defraudando a Nico. No puedo hacerlo. Por otro lado, no estoy dispuesta a que Vico, o Pablo, me la quiten.

—Maneja los hilos como tú quieras. Recoge los ases y luego negocia con tus propias condiciones. Puedes hacerlo. Por cierto —añadió, tras una pequeña pausa—, Pablo quiere casarse contigo.

—Lo sé.

—Te podría ir peor.

—Y a él también. Soy muy rica.

—Ésa no es la razón por la que quiere casarse contigo. Adora al niño. 

Hasta un ciego sería capaz de verlo.

—Quiere que deje a Ian con él cuando regrese a Chicago.

—No es mala idea. Yo me puedo quedar con ellos.

—Pablo y tú se matarian el uno al otro.

—No lo creo. Estamos empezando a comprendernos. Además, él me necesita para terminar su recuperación. No me dará muchos problemas.

El señor Smith iba a lamentar muy pronto sus palabras. En cuanto Pablo supo que LAli empezaba a hablar de marcharse, empezó a mostrarse muy impaciente y malhumorado en las sesiones de fisioterapia. Deseaba regresar al trabajo. Se sentía furioso porque el médico no le dejaba conducir. Entre queja y queja, no hacía más que lanzar maldiciones. No excluía a Lali ni a su hijo. Estaba de muy mal genio y éste degeneraba cada hora.

—Tienes a toda la casa desquiciada —le dijo Lali, furiosa con él—. ¡Tienes que dejar de gritarle a todo el mundo!

—No estoy gritando a nadie. Simplemente quiero volver a trabajar. ¡No puedo ocuparme de mis asuntos por teléfono!

— ¿Y por qué no? Así es como lo estoy haciendo yo.

—Smith no hace lo que le pido y ni siquiera me deja ir a mi ritmo.

—Eso se debe a que tú propio ritmo te devolverá de cabeza al hospital. Quieres ir demasiado deprisa.

—No soporto no avanzar... Me siento tan débil, Lali.

Aquél era el problema. Principalmente, Pablo odiaba depender de otras personas. Como sabía que ya no se iba a quedar paralítico, se iba poniendo cada vez más irritable e impaciente. Lali sonrió y se acercó a él.

— ¿Por qué no descansas un poco? Es muy temprano y el señor Smith se acaba de marchar para llevar a Ian al colegio —dijo ella. Se acercó a él y le rodeó la cintura con un brazo—. Has perdido peso —comentó, mientras se dirigían hacia la cama.

 Al menos, ya podía andar bien. Había hecho muchos progresos.

—He estado enfermo. Tú también estás más delgada —observó él, apretándole los hombros con un brazo—. ¿Es que no comes lo suficiente?

—Claro que sí. La señora Dougherty y tu madre nos están mimando demasiado a Ian y a mí.

Pablo no comentó nada al respecto. Las cosas aún seguían muy tensas entre Emilia y él. Pablo no había hecho ningún esfuerzo por mostrarse amistoso hacia ella.

—Ian me lee una historia todas las noches — murmuró secamente—. Estoy deseando que llegue el momento de que se marche a la cama.

—Te adora, Pablo

—Sería difícil no darse cuenta de ello —dijo cuando llegaron a la cama. Entonces, se giró para colocarse cara a cara con Lali—. ¿Me adoras tú también?

2 comentarios:

  1. Pablo no baja su prepotencia .
    K paciencia la d Lali .
    Lali les tiene k ganar a los dos ,a Vico y a Pablo.
    Cada día me gusta más el señor Smith.
    Besos

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  2. Por diossss Pablo le largo el acoplado entero junto con el camion a Lali y ella bastante bien q lo lleva... Ian esta para comerselo de lo dulce q es, un tierno total el chico nada q ver a su padre jajaja...
    Y el sr. Smith es lo mas jajaja lo trata lo mejor posible a Pablo y cuida muy bien de Lali e Ian uno de los mejores persnajes...
    Espero q subas pronto... Besos q estes bien... ;)

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