domingo, 29 de diciembre de 2013

Capítulo 50 y 51: "Volveré para Vengarme"


Holaaa chicas como andan?? espero que bien , les traigo dos capis mas espero que los disfruten, besos

CAPITULO 50: 

—Sí, hijo —respondió él sin pensar—, pero no demasiado —añadió. Miró a Lali y captó la mirada de preocupación que se le había dibujado en el rostro—. Estoy bien —afirmó—. En realidad, se trata de espasmos más que de verdadero dolor. Creo que está sanando.

—Muy bien —comentó Ian—. Así podremos jugar con los soldados más tarde.

—Te lo prometí, ¿verdad? —Musitó Pablo, revolviéndole el cabello al niño—. Yo siempre mantengo mis promesas.

—Igual que mi mamá. Ella siempre me dice que tengo que hacer lo que digo que voy a hacer para que la gente pueda confiar en mí.

Pablo miró a Lali y asintió.

—El poder confiar en una persona es muy importante. Si se pierde la confianza, uno tiene que esforzarse mucho para poder recuperarla.

— ¿Puedo traerles algo más? —preguntó Lali, sin comentar nada al respecto.

—No. Yo estoy bien —afirmó Pablo—. Conseguiré levantarme de esa maldita cama de un modo u otro. Entonces, ten cuidado, señora Tennison. Iré  por esos poderes en el momento en el que pueda caminar sin ayuda.

Lali se echó a reír.

—Eso no significa que los vayas a conseguir —le desafió.

—Espera y verás.

—El doctor Bryner ha llamado para decirte que tienes que ir una vez a la semana para que su fisioterapeuta compruebe que el señor Smith y tú estáis haciendo bien los ejercicios —comentó mientras colocaba los platos en la mesa.

—Odio los ejercicios —replicó él—. Espero que no tenga que sufrir más porque el señor Smith ya me hace trabajar más que un caballo todos los días.

—Bueno, al menos se estan acostumbrado el uno al otro.

Con eso, Lali salió de la habitación antes de que Pablo pudiera decir lo que estaba pensando.
Después de que Ian y él terminaran sus desayunos, el niño fue a por los soldaditos de juguete. Jugar con su hijo lo ayudó a olvidarse de sus problemas.
Mientras le explicaba a Ian los uniformes, se sintió como si hubiera dado un paso atrás en el tiempo y hubiera regresado a su infancia.
Miró al niño y se preguntó cómo reaccionaría el pequeño si supiera que Nicolas Tennison no era su verdadero padre. Sólo había un medio de averiguarlo, pero no se atrevía a hacerlo sin el consentimiento y el conocimiento de Lali.

Le molestaba pensar también que ella decidiera marcharse a Chicago. Evidentemente, no podía dirigir sus negocios desde Billings. No obstante, Pablo prefería no pensar en ello. No podía pedirle que dejara su herencia y su trabajo. Comprendió que, si ella decidía marcharse, tendría que dejarla ir. No pudo evitar pensar que sin la intervención de su madre, nada de aquello hubiera ocurrido jamás.
Lali y él se habrían casado y Ian llevaría su apellido. Resultaba sorprendente que él, que jamás había deseado el matrimonio, pensara tan positivamente en él pensando que así Lali y Ian estarían a su lado para siempre. Sin embargo, podría ser que fuera demasiado tarde. Tenía ya muy poco que ofrecerle a Lali en comparación con lo que ella ya tenía. Además, estaba el señor Smith. Sentía celos de la intimidad que compartía con Ian y Lali. ¿Se habría acostado Lali con él? ¿Estaría enamorada de él?

Ian lo quería mucho. Lo nombraba constantemente. De repente, recordó que, originalmente, había estado ya a las órdenes de Nicolas Tennison. No sabía si eso presentaría un problema si Pablo se atrevía alguna vez a pedirle a Lali que se casara con él. ¿Qué harían con el señor Smith? No merecía la pena pensar en ello. Tal vez jamás estuviera en situación de pedirle a Lali que se casara con él. 
Además, en aquellos momentos tenía otras preocupaciones, entre las que se encontraba evitar que LaLi se quedara con su empresa.


CAPITULO 51:

Los días que Lali pasó en la mansión de los Arrechavaleta transcurrieron tan rápidamente que, casi sin que se diera cuenta, habían pasado ya dos semanas desde su llegada.
Por primera vez desde la muerte de Nicolas, había tenido tiempo de jugar con Ian, de dar largos paseos y de tomarse el tiempo necesario para examinar su vida.

Como estaba pasando mucho tiempo en Billings, había apuntado a Ian en la guardería presbiteriana, a la que el señor Smith lo llevaba todos los días. El niño parecía haberse adaptado muy bien y llegaba muy contento a la casa todos los días.
Este hecho agradaba mucho a Lali, para la que Billings se estaba convirtiendo de nuevo en un hogar. Por el momento, los negocios parecían muy lejanos. No se había dado cuenta del tiempo que se había pasado trabajando. Ian crecía muy rápido y, al tener la oportunidad de pasar más tiempo con su hijo, empezó a darse cuenta de que sus gustos e intereses habían cambiado sin que ella se diera cuenta.

Si Lali estaba disfrutando con el tiempo que tenía para relajarse, Pablo lo llevaba cada vez peor. Empezó a gritarle a todo el mundo, en especial al señor Smith, que seguía ocupándose de la fisioterapia.
Lali no estaba segura de cómo enfrentarse a aquella situación. El doctor Bryner le había dicho que el estado de Pablo mejoraría rápidamente si seguía las instrucciones, pero Pablo se negaba a hacerlo. Se esforzaba demasiado y se mostraba demasiado impaciente por ver resultados. Ni Lali ni su madre podían conseguir que se lo tomara con más calma.

El que se llevaba la mejor parte era Ian. Después de venir de la guardería, se pasaba la mayor parte de la tarde con su padre, jugando, coloreando o leyéndole a Pablo. A Lali le divertía que aquello era lo único que Pablo parecía disfrutar.

—Es muy listo, ¿verdad? —le preguntó a Lali una noche, después de que Ian hubiera terminado de leerle un cuento y se hubiera marchado con el señor Smith a prepararse para la cama.

—Sí.

—Le gusta mucho el colegio.

—Sí. Se está integrando muy bien.

—¿Vas a dejar que se quede o vas a volver a desarraigarlo de nuevo? —le preguntó—. ¿Estás echando ya de menos tu trabajo?

—Me gusta estar ocupada. Por otro lado, me había distanciado un poco de Ian y eso no me gusta. Había estado cambiando bajo mis narices sin que yo me diera cuenta. Me avergüenza darme cuenta de que había estado demasiado preocupada con mis negocios para verlo.

—Los negocios te pueden dejar completamente ciego. Yo lo sé. Yo también he estado completamente ciego para la mayoría de las cosas más importantes — dijo. Se miró las piernas. Estaba sentado y completamente vestido—. Odio verme así. No hago más que preguntar cuándo podré conducir y cuándo podré irme a trabajar, y no hacen más que decirme que pronto. ¡Han pasado ya tres semanas!

—El doctor Bryner lo sabe. Has hecho muchos progresos, pero no puedes esforzarte demasiado, Pablo.

—Si no lo hago, tal vez no vuelva a salir de la casa. Odio la inactividad. Además, ya sabes que la paciencia jamás ha sido mi fuerte. ¡Lo peor de todo es que me siento tan débil!

-Pablo...

— ¿Por qué no te marchas a tu casa? —Le preguntó él, de repente, lleno de frustración y furia—. No te necesito.

—Si yo me marcho, Ian se viene conmigo. ¿Quién te leerá si él se va?

Pablo no quiso pensar en esa posibilidad. Suspiró profundamente y apartó la mirada.

—Me he acostumbrado a tenerlo cerca.

—Eres su ídolo. Antes, nombraba al señor Smith a cada palabra. Ahora eres tú. Tal vez deberías tomarte las cosas con un poco más de calma. Estás progresando. Ahora, ya puedes andar bastante bien.

—Sí —admitió él—, pero Smith se ríe de mí.

—No se ríe de ti. Resultó muy malherido en una de las últimas acciones de la guerrilla en las que participó. Tuvieron que hacerle la cirugía estética. La mejilla no le quedó del todo bien.

— ¿Guerrilla?

—Era mercenario profesional y también trabajó para la CÍA —le recordó ella.

—Es cierto. Supongo que él también habrá recibido fisioterapia en alguna ocasión... Seguramente tienes razón. No creo que me hiciera daño tomarme las cosas con más calma. Sólo un poco.

—Estoy segura de ello —afirmó Lali.

A la mañana siguiente cuando el señor Smith se presentó para la sesión de fisioterapia, Pablo no le dedicó miradas malhumoradas ni ácidos comentarios. Cooperó plenamente. Por primera vez. Emilia no se lo podía creer.

—Jamás pensé que accedería —dijo, aliviada.

— Aún no hemos pasado lo malo —le recordó ella—. Si Pablo no ve resultados a corto plazo, se desilusionará y volverá a apretar el ritmo.

— ¿Se te ocurre algo para ese caso?

—Tengo una última carta en la manga. Ha estado tan deprimido últimamente que ni siquiera parece él mismo.

—Lo sé. Conmigo sólo habla con monosílabos. Creo a veces que me odia por lo que hice.

—Lo superará, Emilia. Dale tiempo. Se ha llevado demasiados sobresaltos en las últimas semanas y la mayor parte de ellos son culpa mía. Vine aquí a vengarme. A los directivos de mi empresa no les va a gustar cuando se enteren. Y se enterarán. Mi cuñado se encargará de ello porque me quiere fuera de la empresa. Sin embargo, no voy a consentírselo. Él aún no lo sabe, pero estoy pisándole los talones. No va a poder quitarme las riendas de las manos hasta que yo las suelte. No estoy segura de querer hacerlo. La posible absorción de Arrechavaleta Properties por parte de mi empresa es lo que mantiene a Pablo alerta. Cada vez que menciono la absorción, se anima.

—Sí, pero si no empieza a mejorar, me temo que no le servirá ni eso.

Lali sabía que Emilia tenía razón, pero ella aún tenía más temores que no se atrevió a comentar delante de la madre de Pablo. Él no era la clase de hombre que pudiera aceptar que una mujer le arrebatara su empresa. Sin embargo, ella no podía zafarse de sus responsabilidades. ¿Cómo iba a afectar su relación con Pablo si tenía que utilizar Arrechavaleta Properties para controlar a Vico? Gaston y ella habían estado hablando constantemente por teléfono sobre los poderes sin que Vico lo supiera. Lali tenía la mayor parte de las acciones. Sin embargo, utilizar ese control iba a ser complicado

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