CAPITULO 44:
—No creo que eso tenga importancia ahora —replicó él.
Al ver que él no quería seguir hablando, Lali decidió cambiar de tema.
— ¿Quieres comer algo? Te podría traer una ensalada o un bocadillo.
— ¿Vas a hablarle al niño sobre mí?
Lali dudó. No sabía ni siquiera lo que ella misma sentía.
—No lo sé.
Pablo trató de moverse un poco contra los almohadones, pero sintió un fuerte dolor. Le habían quitado los puntos y estaba tomando analgésicos, pero el dolor le hacía sentirse muy incómodo. Lo peor era que aún no se podía poner de pie.
— ¿Por qué no puedo levantarme de esta cama? — preguntó, golpeándose un muslo de impotencia —. ¿Por qué tengo las piernas tan débiles?
—Has sufrido un accidente terrible. No puedes esperar superarlo de la noche a la mañana. Los músculos quedaron muy dañados.
—Igual que la columna vertebral. Por eso me operaron. Sin embargo, mi madre y tú hablaron con el médico antes que yo. No quiso decirme nada.
—Te dijo la verdad.
— ¿Volveré a caminar?
— Sí —respondió Lali. No podría haberle mentido.
—Tú no lo sabes. Ni siquiera tienes la más mínima idea.
— ¡Eso no es cierto! ¿Vas a escucharme? No te habrían dejado que regresaras a casa si no estuvieras seguro de que no volverías a caminar.
—Eso es lo que me dices constantemente
.
—Es la verdad.
— ¿Por qué estás tú aquí? ¿Porque sientes algo por mí o porque soy el padre de Ian?
—Por las dos cosas.
— ¿Te dijo mi madre que iba de camino a tu casa cuando esto me ocurrió? ¿Es ésa la razón de que te sientas culpable?
—No. Ella no me dijo adonde ibas, sino sólo que... que acababa de decirte lo que ocurrió hace seis años.
—Me volví loco —rugió él—. Me resultó difícil tragar la verdad. No quise escucharte cuando trataste de decirme que eras inocente.Eso fue lo que te dolió, ¿verdad? El hecho de que yo fuera tú pareja y, a pesar de todo, prefiriera creer las afirmaciones de otras personas.
—Así es —dijo Lali. Se sentó en una silla que había al lado de la cama—. Yo te amaba. Supongo que tenía la alocada noción de que tú sentías lo mismo por mí y que lo habías dicho en serio cuando me dijiste que nos casaríamos. Tendría que haberme imaginado que no sería así, pero yo tenía sólo dieciocho años y era la primera vez que estaba enamorada. No veía las cosas con claridad.
—Yo tampoco. Creía que tenías veinte. Me dije que tenías experiencia, aunque sabía la verdad de que era tu primera vez... No pude asimilar tu inocencia. Hasta que apareciste tú, no estaba seguro de que existiera entre las mujeres.
—Sabía que tú no querrías tener nada que ver conmigo si sabías lo verde que estaba. Por eso te mentí...
Pablo le miró el rostro, la boca y los dulces senos, que se destacaban bajo la ceñida camiseta que ella llevaba puesta.
—Era adicto a ti. Soñaba contigo, no dejaba de pensar en ti. Cuando estábamos separados, no pensaba en otra cosa. Y también estaba muy celoso. La acusación de Peter sólo enfatizó los temores que yo sentí cuando descubrí tu edad. Creía que eras demasiado joven e inestable para una relación duradera. Ésa fue la principal razón por la que te dejé. Después, me arrepentí de ello. Me pregunté si mi propio temor al compromiso te habría empujado a los brazos de Peter. No tenía ni idea de que mi madre lo había orquestado todo. Cuando empecé a sospechar la verdad, era demasiado tarde. No podía encontrar a Peter. Ni a ti.
—Nico me envió a las Bahamas cuando nos casamos, a la casa que tenía allí. Me pasé allí todo el embarazo.
—Mi detective no estaba buscando a Mar Tennison... ¿Por qué elegiste el nombre de Mar?
—Bueno, Nicolas me empezó a llamar así cariñosamente y me quedé con ello. Después, se me olvidó cómo me llamaba.
—Mi madre dijo que lo pasaste muy mal con Ian.
—Sí. Tuvieron que hacerme una cesárea. Aún no sé lo que pasó. Dejaron que Nico entrara en el quirófano, algo que no se suele hacer, porque pensaron que iban a perderme.
Pablo frunció el ceño. Había algo más, algo que Lali no quería decirle.
— ¿Por qué?
— ¿Acaso importa?
—Ven aquí.
Lali dudó. Él tenía la mano extendida. Estaba esperando. Al fin, cedió y se sentó en la cama a su lado.
— ¿Por qué creyeron que podrían perderte?
—Yo no quería vivir —susurró—. Nico lo sabía. Él... él estuvo a mi lado, hablándome todo el tiempo. Me describió a Ian y me dijo lo perfecto que era y me pidió que siguiera con vida porque Ian me necesitaría. Por eso te hable a ti cuando estabas en la UCI. Me acordé de lo que Nico me decía a pesar de que yo estaba anestesiada y me di cuenta de que probablemente habrías podido escuchar lo que los médicos habían dicho sobre tu espalda. Tenía que darte razones para vivir, igual que Nico me las dio a mí.
— ¿Pensaste en mi cuando viste a Ian? —le preguntó él, tomándole la mano.
—Sí. Eso me dificultó las cosas. Nico me amaba desesperadamente. Sentía tal sensación de culpa que no podía corresponderle. La noche antes de que él muriera fue la primera vez en tres años de matrimonio que yo... que yo realmente lo deseé. Y me alegro. Me alegro de haberle dado ese recuerdo y la esperanza de que yo podría amarlo para que no se muriera sin nada.
Pablo contuvo el aliento ante la amargura que ella mostraba en sus atormentados ojos.
—Dios, qué te hice...
CAPITULO 45
La estrechó entre sus brazos y dejó que ella llorara con fuerza contra su torso desnudo. Le acarició suavemente el cabello y le besó dulcemente la frente. Involuntariamente, la sangre empezó a caldeársele y comenzó a sentir las llamas del deseo.
—Dios... —susurró.
—Lo siento, ¿te he hecho daño? —le preguntó ella, secándose las lágrimas.
—No se trata de eso —dijo. Le llevó la mano debajo de la sábana y la colocó suavemente sobre la fuerza de su deseo. Cuando ella trató de apartar la mano, se la sujetó con fuerza.
—No —musitó—. Tócalo. Al menos, sigo siendo un hombre, aunque no pueda ponerme de pie.
Lali relajó la mano. A pesar de todo, no pudo evitar sonrojarse cuando él comenzó a moverle la mano suavemente y a gemir delicadamente.
—Pablo —protestó ella.
Por fin, consiguió apartar la mano.
—Hace mucho tiempo...
—Estoy segura de que no es así —murmuró. Aún se sentía algo avergonzada—. Tu amiga Eugenia parece perfectamente capaz de darte lo que necesites en este aspecto.
—Ella no es tú. Nadie lo ha sido nunca. No puedo conseguir con otras personas lo que me das tú. Jamás me acosté con Eugenia. Cuando tú regresaste, habría sido imposible.
Los recuerdos le iluminaron los ojos de deseo. De repente, Pablo se echó a reír cuando notó que su cuerpo había vuelto a experimentar una erección. Lali miró la sábana. Entonces, él la apartó, dejando que ella lo observara.
— ¿Ves lo que me haces? Un hombre de veinte años puede hacer el amor una y otra vez sin descanso. Ésa es la teoría. Mi cuerpo no sabe que se supone que ya no puede tener orgasmos múltiples.
—Jamás fue así —susurró ella—. Hace seis años, no parecías cansarte nunca. Recuerdo que, en una ocasión, hicimos el amor tres veces seguidas sin parar.
—La última vez. La noche antes de la sorpresa de mi madre. No sé si podré perdonarla por eso —susurró con la amargura reflejada en el rostro.
—Tienes que hacerlo. La vida sigue. Ya no se puede cambiar el pasado.
—Cuando regresaste a Billings, tú sentías una gran amargura. Estabas dispuesta a vengarte, costara lo que costara.
—Así es. Sin embargo, creo que tu accidente de coche me ayudó a reordenar mis prioridades. Desde que Nico murió, había vivido sólo para vengarme. Quería que tu madre te confesara sus pecados... ¡Si hubiera sabido lo que ocurriría cuando lo hiciera!
—Te habrías ido. Yo jamás habría conocido a Ian. Jamás te hubiera vuelto a ver...
—Te ha ido muy bien en estos seis años sin mí.
—Eso no es cierto. Las relaciones que he tenido han sido físicas, no emocionales. Cuando tenía un orgasmo, era de ti de quien me acordaba. Y me sentía culpable. Como si estuviera cometiendo adulterio.
—Así era como yo me sentía con Nicolas.
Pablo la miró durante un largo instante.
—Aún te deseo.
—Sí, lo sé, pero no puedes. No en las condiciones en las que tienes la espalda.
—Tú me dejarías, ¿verdad? Si yo no pudiera hacer el amor, tú me lo harías a mí si yo te lo pidiera...
— ¿Acaso no te lo he demostrado ya?
—Sí... —susurró Pablo. La estrechó con fuerza contra su cuerpo de modo que la boca de Lali quedó justo encima de la suya—. Me has devuelto mi hombría. No estaba seguro de que aún funcionara...
—Yo sí —dijo ella sonriendo.
—Bésame...
Los labios de Lali rozaron los de él. Pablo le agarró la cabeza y la sujetó donde él quería para así poder besarla lenta y apasionadamente.
—Te deseo tanto —susurró, mordisqueándole el labio inferior—. Quiero verme rodeado por esa cálida y sedosa suavidad...
Lali gimió de placer en la boca de él. Aquellas palabras le habían calentado la sangre. Se aferró a él, viviendo con aquel beso mientras el mundo daba vueltas a su alrededor.
—Quítate la ropa y acuestate conmigo —musitó Pablo.
—No puedo.
—Claro que puedes. Cierra con llave la puerta.
—No estás en forma.
—Claro que lo estoy —replicó él. La obligó a deslizarle la mano por el vientre y se lo demostró.
—Eso sí, pero no el resto de tu cuerpo. Podrías deshacer todos los buenos esfuerzos del doctor Danbury.
— ¿Qué es lo que me hizo?
—Te arregló las vértebras dañadas y te realizó una laminectomía para aliviar la presión de los nervios.
Mientras hablaba, Pablo le deslizó la boca por la garganta y, antes de que ella pudiera reaccionar, le quitó la camiseta para envolver entre sus labios el erecto pezón de Lali.
— ¡Pablo! —exclamó ella, experimentando enseguida la cruel puñalada del placer.
Con la mano que él tenía libre, le desabrochó el corpiño sin dejar de
alimentarse de ella. Segundos más tarde, Lali sintió el aire sobre su piel cuando él se lo levantó y empezó a mordisquearle suavemente los pechos.
— ¿Le diste de mamar a mi hijo?
—Sí... —gimió ella.
— ¿Dejaste que él te viera? —le preguntó, sin dejar de besar los senos.
-Sí...
—Maldita sea...
No dejó de lamerla de un modo fiero y completo por lo que, cuando él se hartó, ella estaba temblando y sonrojada con la fuerza del placer que Pablo había despertado en su cuerpo.
—Vas a darme otro hijo —dijo bruscamente—, pero esta vez no vas a salir corriendo. Voy a ver cómo engordas con él dentro. Voy a estar presente cuando nazca. Éste va a ser mío desde el momento en el que lo concibas. Jamás te dejaré marchar.
—Pablo, no puedes...
—Claro que puedo —replicó él con una sonrisa—. Tal vez aún no, pero sí podré dentro de unas semanas, cuando las fracturas y las cicatrices hayan curado. Aunque no pueda ir de acá para allá, podré hacer el amor. Así que, si permaneces aquí, va a ocurrir.
— ¿Por qué? —preguntó ella, mientras se colocaba el corpiño y la camiseta.

que tiriste lo de Lali!! casi llore jajjajaj bueno ahora quiero un rock pablali!! jajaj besos genia #LoveForPablo
ResponderEliminarAl menos ya saben como se sienten los dos con todo lo sucedido ,pasado y presente ,y taaan cerquita del futuro.
ResponderEliminarSon un amor! Que bueno que hayan aclarado un poco las cosas y esperemos que pablo se recupere pronto!!! Besos caro!
ResponderEliminarDani.
La verdad q Lali dentro de todo lo mal q la paso tubo muca suerte en encontrar a alguien como Nico q la protegio , amo y cuido como nadie hasta ese momento lo habia hecho...
ResponderEliminary ahora la escena de Pablo caliente es entre graciosa por como la encara y lanzada... me gusto tubo un poco de todo... ya parece un pendejo de como se pone jajaja
Espero q subas pronto... ya quiero ver como sigue este par...
Besos espero q estes bien... chaucha!!! :D